Generic selectors
Exact matches only
Search in title
Search in content
Post Type Selectors
Una mexicana muy flamenca: Conversación con la bailaora Carmen Bautista

Una mexicana muy flamenca: Conversación con la bailaora Carmen Bautista

Síguenos en nuestro canal de Telegram:
https://t.me/spesetcivitas

No es mi intención escribir sobre los orígenes del flamenco, que además bastante depende de especulaciones históricas o elaborar un análisis sobre el ritmo, la división de las estrofas o los palos. No soy especialista en música y mucho menos de este arte en particular y por eso prefiero dejar a los más versados su estudio.

El flamenco es Patrimonio Cultural Inmaterial y quizá una de las artes más representativas de España. Y es que en el imaginario colectivo cuando mencionan a España, te piensas que todas las mujeres van por la calle con los vestidos de puntos de colores, flores, peineta y mantilla… con el traje de flamenca, en pocas palabras, como si siempre fuera la Feria de abril. Y te imaginas a todos apretujados en las casetas bebiendo rebujitos, comiendo un pescaíto y bailando sevillanas con mucho arte.

En esta ocasión quiero reflexionar sobre el arte como esperanza de futuro. Una problemática urgente es la niñez marginal: aquellos niños que por no tener mayores opciones y esperanzas se ven volcados hacia la calle. Una calle que no les promete un buen presente y mucho menos un mejor porvenir. En los barrios marginales la educación ya es un lujo y las actividades extraescolares son casi impensables. Sin embargo, algunas personas se lo han pensado muy bien para atraer a los niños fuera de los peligros de las calles.

Remedios Málvarez muestra en su documental Alalá, que significa “alegría” en calé, como el arte del flamenco ha preservado a varios niños del barrio más conflictivo de Sevilla, el polígono sur, de la calle. El Centro Cívico El Esqueleto y la fundación Alalá, ideada por el guitarrista Emilio Caracafé instruyen a los niños en el canto, la danza y la guitarra. La población es principalmente calé y el flamenco corre por sus venas. Así es como los niños, que quizá no se convertirán en cantaores, bailaores o guitarristas, pueden mirar con mayor esperanza al futuro. Sin embargo, esta no es la única iniciativa. En otros lugares se emplearán otros métodos, actividades, deportes o cursos; pero todos tienen la finalidad de evitar que los niños caigan en la vida “fácil” de la calle.

Esto no significa que por ir a una escuela ya automáticamente serán salvados y tendrán una mejor infancia; sería demasiado inocente creerlo. Pero lo que puede lograr un buen maestro es infundir en un alumno una gran pasión que le ayude a direccionar su vida. Ayudarles a encontrar un futuro, acompañarlos cercanamente para que tengan confianza en sí mismos.

Con la idea del baile, que forma en la disciplina y la educación como la base para un futuro con mayores perspectivas es que pensé en conversar con Carmen Bautista, quien es bailaora y docente. Carmen ha bailado en Zurich, Viena, Sevilla, en varias ciudades de Italia y en México; y combina con su arte muy flamenca el arte de la docencia. Carmen ha inspirado a varias niñas en el baile, con una mano segura, firme y amistosa les ha enseñado a creer en ellas mismas a través del baile.

Carmen, gracias por conversar conmigo para Spes. Ya desde hace varios años dejaste México para vivir en la capital del flamenco. Haz hecho giras por diferentes ciudades europeas y México. Eres bailaora y docente, por lo que además de bailar en un tablao, también enseñas. Tu carrera, como bailaora, va viento en popa, pero en lo personal, ¿qué tal llevas la vida cotidiana como expatriada?

Llevo cuatro años, ya voy por el quinto. Creo que Sevilla es el Disneylandia del flamenco. Ya hice raíces. Al principio es un poco extraño llegar a un lugar completamente nuevo y acostumbrarse a todo, desde lo más simple como el cambio de dinero: como dejar de pensar que cuarenta euros equivalen a cuarenta pesos. Pero puedo decir que ya tengo una familia: los amigos que he hecho.

Me alegra que te encuentres bien en Sevilla y sobre todo muy bien acompañada. Entrando ya en la cuestión del baile; de todos los diferentes tipos de ritmos y bailes, ¿cómo es que surgió en ti la inquietud por el flamenco?

Desde que era pequeña estuve en clases de baile: tahitiano, jazz, ballet y gimnasia, pero nunca hice flamenco. Mi escuela de baile es parte del INBA y antes de estudiar la carrera puedes tomar un nivel previo de formación básica, que dura siete años. Durante la primaria, de estos siete años, a veces me cruzaba con los chicos de la carrera de flamenco y aunque me llamaba la atención, me interesó verdaderamente hasta que tomé la primera clase.

En esta escuela te forman como docente y el último año tienes que hacer prácticas; cuando tenía once años tomé la clase de una chica que estaba por graduarse y me encantó. Y pensé que justamente eso era lo que quería hacer. A los once años tomé mi primera clase de flamenco, después de haber pasado por otros bailes, y ya no lo dejé. Desde los once años estuve segura de que quería estudiar la carrera en danza española.

Mencionas que antes tomabas clases de otros tipos de baile hasta que descubriste tu pasión por el flamenco, pero, aunque se dice que “quien mucho abarca, poco aprieta” y es mejor enfocarse en ser el mejor en un ritmo, ¿por qué decidiste centrarte únicamente en el flamenco y no en el jazz o ballet?

Venía de una crisis de violencia escolar. Las clases de danza son muy fuertes, los maestros tradicionales no tienen una formación docente y antes era mucho peor: a veces utilizaban métodos poco ortodoxos y perdían fácilmente la paciencia. Porque a la vez ellos aprendieron desde esa “metodología”. Por ejemplo, algunos bailarines de ballet practicaban con métodos extremos como colocar la flama de un encendedor debajo de la pierna para poderla sostener en alto el mayor tiempo posible. A mí no me ocurrió, pero me regañaban constantemente e incluso le decían a mi mamá que era la peor del grupo y que tenía sobrepeso. Por eso ya no quería bailar, ya no quería ir porque no le veía sentido, hasta que descubrí el flamenco y una nueva perspectiva de enseñanza.

El baile tiene una exigencia corporal muy fuerte; como las gimnastas que por lo regular deben contar con cierto peso y estatura. Sí que debe ser una gran presión, especialmente para una niña pequeña. Sin embargo, mencionas que hubo un cambio radical en el método de enseñanza. El papel de un buen maestro es fundamental y es algo que tu misma ejerces: aprendiste y enseñas.

Claro, es algo que he observado durante mi formación: la figura del maestro. En México vemos a los maestros desde una perspectiva vertical, pero en Sevilla hay una perspectiva más horizontal, y he aprendido muchísimo.

Y la cercanía no le quita la profesionalidad o respeto al profesor. Cambiando un poco el tema. Es muy común preguntarles a los niños, ¿qué quieres ser cuando seas grande? Y al final muchos terminan haciendo una cosa diametralmente opuesta, porque es muy difícil saber desde tan temprana edad lo que queremos hacer. Sin embargo, tu tenías muy claro que querías estudiar danza española, pero nosotras nos conocimos en un salón de la Facultad de filosofía. ¿Puedes decirme algo más al respecto?

Sí, yo tuve muy claro desde los once años a qué quería dedicarme y cada año escolar lo pasaba como un paso menos para mi meta. En secundaria pensaba, “ahora falta menos”, pero cuando iba a terminar la prepa, pensé que quería estudiar otra cosa. Y para que veas lo fundamental que es un buen maestro: disfrutaba tanto las clases de ética de Adriana Clavel que descubrí que la filosofía también me encantaba.

La carrera de danza era por la tarde y las clases de filosofía por la mañana, pero era demasiado. Imagina, salir de Mixcoac después de clases corriendo hasta el centro para las clases de flamenco en la tarde y en la noche ir hasta el norte. Y así todos los días. A veces llegaba a las clases, estaba muy emocionada y quería aprender, pero el cansancio me ganaba. Me dolió dejar la carrera de filosofía, pero lo hice después de discernir: ¿cómo te ves en realidad? Y me veía más en el flamenco.

Es que era demasiado: un día lleno de actividades y no tenías casi momentos de descanso. Algo que también me resulta curioso es que yo pensaba que igual tendrías una influencia cercana, que te introdujo al flamenco, yo qué sé, una abuela o tía o alguien de la familia que bailara, porque no es tan común.

En México no es tan fácil tener una referencia cercana al flamenco a menos de que se trate de una familia con ascendencia española directa. Así que no es tan sencillo despertarse un día y decir “quiero bailar flamenco” como si fuera algo muy común.
Aunque culturalmente existan referentes, en mi familia no había una conexión directa. Recuerdo que siendo chica, en alguna ocasión le dije a mi mamá que me gustaba el flamenco. Y ella buscó un disco, y según yo, me ponía a bailar con los pasodobles. Que aunque no es flamenco, esa era su referencia. Mi mamá me acercó del modo que pudo y así ayudó a encender la chispa. Pero algo dentro de mí decía: debe haber algo más.

El flamenco además de un baile es parte de una cultura muy española e incluso se podría considerar calé con esta mezcla gitana. Últimamente parece que todo puede ser “apropiación cultural” e incluso ha caído en una sensiblería en la que cualquiera puede ofenderse sin que sea su “cultura” la que es “utilizada”. Eso me recuerda un vídeo en el que un gringo se viste con zarape y sombrero, va por la calle y les pregunta a estudiantes si les parecía ofensivo su vestuario. Y ellos respondían que eso no era un disfraz, que a lo mejor tenía un significado y claro, terminaban con la etiqueta de “apropiación cultural”. Después fue al barrio mexicano y a nadie le molestaba, no era ofensivo, es más les resultaba hasta simpático. Considerando la sensibilidad de algunos sectores por la apropiación cultural, ¿te ha sucedido que alguien te cuestione que bailes flamenco y no danza regional mexicana? ¿O te han puesto la etiqueta de la apropiación cultural?

Eso como tal no, nadie me ha cuestionado que baile flamenco y no otro ritmo, pero sí es todo un tema. Mucha gente viene a Sevilla a bailar flamenco y aquí se queda. Por ejemplo, bailo con un grupo de artistas callejeros, y a veces la gente pregunta “¿todos son españoles?” y respondemos “no, somos mexicanos, argentinos, la otra es de Brasil.” E inmediatamente mencionan que parecemos españoles.

Aunque claro que también hay una distinción entre los estudiantes internacionales y los que son propiamente españoles y no sólo eso, los andaluces.

Además, el flamenco tiene un trasfondo cultural muy amplio, que a veces ni siquiera los locales conocen. Se conoce más en Andalucía, pero tiene una base rítmica de África y de ritmos orientales. Tanta mezcla hubo en España y tantas influencias de ritmos, pero no por ello tiene un origen cien por ciento andaluz. Incluso en la danza y la música se puede encontrar algo muy clásico; el flamenco va evolucionando y se va expandiendo, y creo que por eso puede ser universal. Por ejemplo, en Japón es dónde hay más academias de flamenco.

Qué curioso, nunca me hubiera imaginado tantas academias en Japón o a japoneses bailando flamenco. Es muy internacional. Y es muy interesante lo que mencionas de la mezcla. Yo tenía la idea de que era un baile propio de Andalucía y los gitanos.

Cuando se aloja en Andalucía es por los gitanos, y hay un cataor que recopilaba los cantos de las familias gitanas. Pero no es que sea propio de un grupo étnico, sino que siempre hubo esta apertura de la mezcla. No podía darse desde un grupo cerrado, porque los gitanos iban a los teatros y ahí estaban los payos; entonces esta mezcla fue creando el contexto andaluz.

Carmen, ¿cuál sería el reto más grande para una bailaora?

Me parece que es buscar y encontrar su propio estilo. Porque por mucha técnica que puedas tener es importante tener algo que comunicar. El nivel técnico de alguien puede ser increíble: la cantidad de giros y zapateados que pueda dar. Pero imagina transmitir tu propia historia por medio del baile. Porque no basta con seguir los pasos que aprendes en un curso, eso sería una simple repetición y se podría perder la esencia por la técnica. Buscarnos, recrearnos y dar algo de nosotros en el baile.

Claro y es lo que puede diferenciar a 20 cantaores del Camarón. Entre la técnica y lo espontáneo.

Sí, ahora muchos cantaores cantan como Camarón. Es difícil, porque tampoco se puede hacer todo muy diferente, pero si se necesita dar algo propio. Algo muy tuyo.

El flamenco es un arte y una emoción que ya no puede delimitarse ni por un origen. Porque tanto arte puede tener una sevillana que una mexicana o venezolana. Cuando yo bailo soy más yo, porque conecto con mis emociones y después conecto con mis compañeros. Es como un ritual: la guitarra, el canto y el baile; a veces no tienes que conocer a tus compañeros para poder conectar con ellos.

Tan internacional es el flamenco que hasta escuché la fusión del vídeo “Carmen de la cueva” de Stella Papa en el que participaste, ¿cómo fue rodar este proyecto?

Ella es griega y hay muchos proyectos de fusión, que quedan muy bien por las raíces del flamenco. Stella Papa contrató a otra cantaora flamenca, a mi me enseñaron la canción, la entendí y sólo bailé. La fusión fue muy interesante del griego con el ritmo flamenco, pero justamente por el ritmo es que se puede dar muy bien. Aunque el trabajo en el flamenco es también muy espontáneo, me hablaron de ella, la conocí y grabamos.

Para concluir, a pesar de que estos proyectos soy espontáneos, ¿qué planes tienes a futuro?

He bailado y sigo intentando crecer como intérprete. A veces me puedo bloquear y pensar que no es suficiente, pero busco seguir creciendo. Sin embargo, hay mucha gente y trabajo informal; bailar en los tablaos en Sevilla a veces es complicado. Pero me gusta viajar y enseñar, entonces me gustaría bailar en diferentes partes del mundo y enseñar. Iré a México a bailar y dar varios cursos y espero en un futuro ir a Japón. Mi novio es guitarrista y trabajador social y queremos hacer un proyecto que no sólo sea estético, sino que también se fomente la inclusión. Entonces veremos a dónde nos lleva la docencia y el baile.

La voce contro il tempo e l’oblio: Conversazione con Elizabeth Hertzberg

La voce contro il tempo e l’oblio: Conversazione con Elizabeth Hertzberg

Seguici in Telegram:
https://t.me/spesetcivitas

Altre lingue: 🇪🇸 🇬🇧

Qualche anno fa mi sono seduta in Babelplatz – una piazza molto centrale di Berlino tra la cattedrale cattolica e l’Università Humboldt, famosa perché durante l’epoca nazionalsocialista vi furono bruciati libri inappropriati – e con una birra in mano ho guardato su uno schermo gigante il Tristano e Isotta di Wagner. Di solito una volta all’anno l’Opera di Berlino (Staatsoper) organizza un evento gratuito all’aperto sotto il motto “Staatsoper für alle” (opera per tutti). In questo modo, l’opera può raggiungere diverse generazioni e anche il passante occasionale.

Anche se si potrebbe pensare che l’opera sia per pochi, soprattutto se segue parametri più tradizionali come in Italia, è anche vero che alcuni altri luoghi sono aperti a nuove interpretazioni e innovazioni, come nel caso di Berlino, Budapest e gli Stati Uniti, dove non ci sono remore a presentare un’opera su uno schermo gigante in uno stadio di baseball. Ricordo persino una rappresentazione di Don Giovanni della Staatsoper di Berlino in cui i costumi storici furono lasciati da parte per renderla più contemporanea. Eppure il grido del Commendatore risuonava nella sala. Da un lato, l’opera potrebbe diventare più democratica, senza perdere qualità e tradizione, nel tentativo di interessare sempre più persone.

Proprio su questo punto è iniziata la mia conversazione con Elizabeth Hertzberg, una giovane soprano californiana che vive a Milano da dieci anni. Elizabeth ha studiato al Conservatorio di San Francisco, ha ottenuto una borsa di studio dalla Fondazione Avanti e ha anche partecipato e vinto diversi concorsi di canto. Le sue interpretazioni sono varie, da Ameniade (Tancredi), Ilia (Alcina), Rosina (Il barbiere di Siviglia), Zerlina (Don Giovanni), Frasquita (Carmen), Valencienne (La vedova allegra), Lucy (The Telephone), Lisa (Das Land des Lächelns) alla musica da camera e molte altre.

La Hertzberg ha studiato un master in interpretazione e tecnica vocale al conservatorio di Modena, dove ha incontrato la famosa soprano bulgara Raina Kabaivanska, che è stata anche sua insegnante e con la quale ha registrato un album. L’Orchestra Filarmonica Italiana, la Kabaivanska e la Brilliant Classics si riunirono al Teatro Comunale della città di Modena per eseguire l’opera Telephone di Menotti. Elizabeth aveva il ruolo di Lucy; e confessa che è stata una grande esperienza e che è stata una grande impressione trovare il disco alla Feltrinelli, una delle librerie più importanti d’Italia. Per Elizabeth fu una grande soddisfazione e sorpresa, quando un anno dopo aver registrato il disco, lo ha trovato nella sezione musica della Feltrinelli e ha pensato che qualcuno avrebbe voluto comprarlo e ascoltare la sua voce. In questo settore si lavora su un progetto, e quando un progetto si conclude con successo dà un certo senso alla vita.

La voce di Elizabeth Hertzberg è stata ascoltata da migliaia di persone alla Carnegie Hall, al teatro dell’opera di Sofia (Bulgaria), nei teatri di Parma, Modena, nelle chiese e nelle sale storiche di varie città europee. Secondo le sue stesse parole, essere una cantante significa portare la musica in tutti gli angoli del mondo. E così, la sua voce diventa lo strumento contro il tempo e l’oblio.

Elizabeth Hertzberg, Kennedy Center Opera House.

La ringrazio per aver trovato tempo per questa intervista, tra le continue prove, impegni e concerti. Lei vive da diversi anni in Italia, dove c’è una grande tradizione lirica, quali differenze trova con le produzioni in altri paesi?

In ogni grande e piccola città italiana c’è un teatro dove ci sono regolarmente produzioni di Puccini, Verdi e anche Mozart. Si può dire che l’Italia, essendo la fondatrice dell’opera, è più tradizionale, rispetto ad altri posti come Berlino e Budapest. Le produzioni di compositori contemporanei non sono comuni, perché hanno già Puccini, che è un grande. A volte sembra che l’opera sia bloccata in Tosca, Le nozze di Figaro e Don Giovanni. Mentre in altri posti c’è più sperimentazione e più apertura, per esempio al Metropolitan Opera c’è una produzione, Euridyce, che riprende il mito di Orfeo e il salvataggio di Euridice dagli inferi, ma dalla sua prospettiva. Il libretto è di Sarah Ruhl e la musica è di un giovanissimo compositore americano, Matthew Aucoin. Ha solo 31 anni e ha già messo in scena un’opera nella Met. È importante continuare con la tradizione delle grande opere, che hanno il potere di muovere la nostra profondità, ma è anche ugualmente importante lasciare uno spazio con la finalità di che le nuove proposte possono essere sentite. Queste nuove opere possono diventare le prossime grande opere.

Mamma mia veramente è giovanissimo. Qualche anno fa ho assistito a una rappresentazione di Don Giovanni, dell’Opera di Berlino e sono rimasta sorpresa dal fatto che, sebbene si trattasse dello stesso libretto e della stessa musica di Mozart, si erano presi alcune libertà interpretative, soprattutto nei costumi, che erano contemporanei e lasciavano fuori l’atmosfera del periodo. Credo che questo e i programmi dell’opera all’aperto aiutino molto a rinnovare il pubblico. Oltre al fatto che i biglietti non sono inaccessibili.

Il momento storico dell’opera è qualcosa d’importante per capire il tempo e la visione del mondo del compositore, ma è anche bene avere una mente aperta a nuove interpretazioni. In America succede qualcosa di simile, per esempio quando un’opera viene eseguita in uno stadio di baseball. È qualcosa di necessario perché quest’arte sopravviva, per portare molte persone a vivere un’esperienza che tocchi il loro cuore. Altrimenti, la cultura dell’opera potrebbe morire.

Bist du bei mir, J. S. Bach

È vero, in un certo senso l’opera cessa di essere per un gruppo dell’élite culturale per poter raggiungere molti e  far apprezzare la bellezza, senza diminuire la qualità. Avvicinare l’alta cultura alla cultura di massa è senza dubbio un passo importante per mantenere la tradizione. In un’occasione a Milano, ho pesato illusoriamente di poter comprare un biglietto per la Scala, ma erano esauriti e un po’ cari per il budget da studente che avevo. Per non parlare del prezzo.

Purtroppo non è così facile entrare alla Scala, acquisire un biglietto essendo uno studente o un giovane è complicato. Perché anche se c’è un certo numero di biglietti che lasciano per l’ultimo minuto, bisogna andare all’ufficio per registrarsi e tenere d’occhio tutto il giorno per vedere se ci sono dei biglietti rimasti. Chi può tenere d’occhio tutto il giorno? Anche se tu volessi andare, se non hai i soldi, non puoi permetterti di perdere la giornata lavorativa. Questo limita davvero il pubblico. Idealmente sarebbe più facile, ma siamo a Milano e il galateo funziona così. In un’occasione, un ragazzo è arrivato in ritardo e sudato perché, anche se aveva il biglietto, non lo facevano entrare all’ingresso perché indossava i jeans. Così è dovuto correre da H&M per comprare un paio di pantaloni più formali e tornare indietro.

Su una nota più personale, com’è nato il suo interesse per l’opera e la sua vocazione di cantante?

Da quando avevo sei anni, ho iniziato a suonare il pianoforte. Avevo già allora un interesse per la musica, ma non avevo ancora scoperto la voce. Quando avevo dieci anni, i miei genitori comprarono un CD con diverse versioni dell’Ave Maria di Schubert, e quando lo ascoltai, provai a imitarlo cantando e mi resi conto che potevo raggiungere i toni. Fu così che scoprii la mia voce. Poco dopo una zia, che amava l’opera, mi fece vedere l’opera La Traviata e non avevo mai visto niente di così bello. Pensai che fosse un sogno e che quello era il mondo in cui volevo vivere. La musica mi ha sedotto.

Fin da quando eri bambina. L’opera è di solito in italiano, tedesco e francese. Quante lingue bisogna imparare o basta memorizzare il libretto?

Un cantante ha una formazione molto completa, soprattutto se sei americano, perché l’opera non è nostra, come lo è per gli europei. In Spagna c’è la zarzuela, l’Italia e la Germania hanno una tradizione di opera e di musica da camera ed è per questo che la maggior parte della musica classica è in quelle lingue. Al conservatorio si studiano queste lingue, anche se questo non significa che le parli come se le avessi imparate vivendo lì. Quando ci si prepara, si studia il testo, lo traduco, capisco il significato del testo e quindi lo posso esprimere. Inoltre, i musicisti hanno un buon orecchio, quindi possiamo imitare gli accenti.

The Telephone, Menotti.

Tu hai un ottimo orecchio e la capacità di imitare; mi piacerebbe anche a me averlo, io vorrei migliorare il mio accento. Hai una formazione molto completa, ma ti stai ancora allenando, come combini la formazione e i concerti con la maternità?

Solo una parola: i nonni. Senza aiuto non si può fare nulla. Fortunatamente mia madre ha potuto passare molto tempo con noi. Naturalmente anche mia suocera ci aiuta. E ora mio padre sta passando un po’ di tempo qui. Poi mia madre verrà per la prossima stagione concertistica.

I nonni sono una parte fondamentale della genitorialità. Cambiando un po’ argomento, quale personaggio ti piacerebbe interpretare o quale di quelli che hai interpretato è il tuo preferito e perché?

Che domanda difficile, perché non è che ho un personaggio preferito. Mi piace scoprire sempre nuova musica, non solo l’opera, ma anche la musica da camera come Bach. Mi innamoro dei pezzi che studio in quel momento. Per esempio, in questo momento sto studiando Lulu di Berg, che è un’opera molto difficile. Berg era un compositore austriaco, nel 1935, fu studiante di Schoenberg. In questo momento Lulu e la sua aria è quella che mi ha rubato la mente. In realtà ho trovato online il primo e il secondo atto, ma il terzo mancava e si poteva ordinare a prezzi esorbitanti. Qualche giorno fa ero a Budapest e uscendo dal concerto ho trovato una libreria di musica usata. E lì, ad aspettarmi, ho trovato il terzo atto. Avevo bisogno del terzo atto per capire meglio Lulu. Per fortuna mi stava aspettando; sapete, sono queste le cose belle della vita, quei piccoli regali che ci aspettano e ci sorprendono.

Elizabeth Hertzberg nella Sofia Opera and Ballet.

Il terzo atto era per te; ti aspettava dove meno te lo aspettavi. Hai questo processo di innamoramento del pezzo e poi come ti prepari ad eseguirlo?

Il momento culminante è il concerto, e naturalmente è molto bello, ma la mia parte preferita è il lavoro precedente per raggiungere l’interpretazione. Il lavoro che si fa con i musicisti è molto importante, perché insieme si scoprono molte cose e sfumature. Poi si può sperimentare la bellezza della musica. Cantare è qualcosa di molto speciale, molto intimo, perché la voce è uno strumento e il tuo corpo allo stesso tempo. Ascolti il tuo timbro e la tua risonanza e interpreti. Impari dai compositori, li leggi e tutto è molto poetico. Più vai in profondità con il testo e più capisci le cose e così hai la tua esperienza musicale. E poi trasmetti questa esperienza al pubblico.

A proposito di questa esperienza, può essere molto commovente. A volte è molto visibile che un cantante sia commosso, ma la voce non vacilla e continua a cantare. Come puoi cantare se sei commossa?

Quando si canta in pubblico, in un concerto, bisogna avere la forza mentale di controllarsi. L’auto-movimento è un atto egoista, perché hai già vissuto quell’esperienza, e nel momento del concerto si tratta di dare. Mi è capitato nella pratica di commuovermi; l’altro giorno stavo provando il Sommerabend e altri pezzi di Aldo Finzi e Castelnuovo-Tedesco. Ho sentito l’atmosfera estiva, i grilli, il fiume e improvvisamente mi sono commossa, perché ho pensato: che bello che sia così che mantengono in vita queste persone. Continuiamo a ricordarli e mantenendo viva la loro musica, combattiamo contro il tempo e l’oblio. Spero di rendere giustizia a ciò che hanno scritto. Perché la voce è il cuore e lo strumento che riesce a comunicare tempi passati, sentimenti e vita.

La voce contro il tempo e l’oblio: Conversazione con Elizabeth Hertzberg

La voz contra el tiempo y el olvido: Conversación con Elizabeth Hertzberg

Síguenos en nuestro canal de Telegram:
https://t.me/spesetcivitas

Otros idiomas: 🇬🇧 🇮🇹

Hace algunos años me senté en Babelplatz –una plaza muy céntrica en Berlín entre la catedral católica y la Universidad Humboldt y que es famosa porque en el tiempo del Nacionalsocialismo quemaron los libros inadecuados en este lugar– y con una cerveza en mano, vi por una pantalla gigante Tristan e Isolda de Wagner. Por lo regular una vez al año la ópera de Berlín (Staatsoper) organiza un evento al aire libre y gratuito, bajo el lema “Staatsoper für alle” (ópera para todos). De este modo la ópera puede llegar a diferentes generaciones e incluso a algún transeúnte despistado. 

Aunque podría pensarse que la ópera es para algunos cuantos, sobre todo si sigue parámetros más tradicionales como en Italia, también es cierto que algunos otros lugares están abiertos a las nuevas interpretaciones e innovaciones, como es el caso de Berlín, Budapest y Estados Unidos, en donde no se tiene reparos para presentar alguna ópera en una pantalla gigante de algún estadio de baseball. Incluso recuerdo una interpretación de Don Giovanni por la Staatsoper de Berlín en la que el vestuario histórico se dejó de lado, para hacerla más contemporánea. Aún así retumbó en la sala el grito del comendador. Por un lado la ópera podría democratizarse más, sin que perdiera la calidad y la tradición, en un intento de que cada vez más personas se interesen en ella. 

Justamente tratando este punto, comenzó mi conversación con Elizabeth Hertzberg, una joven soprano californiana que desde hace diez años vive en Milán. Elizabeth estudió en el Conservatorio de San Francisco, obtuvo una beca de la fundación Avanti y también ha participado y ganado varios concursos de canto. Sus interpretaciones son variadas, desde Amenaide (Tancredi), Ilia (Alcina), Rosina (El barbero de Sevilla), Zerlina (Don Giovanni), Frasquita (Carmen), Valencienne (La viuda alegre), Lucy (The Telephone), Lisa (Das Land des Lächelns) hasta música de cámara y muchas otras más.

Hertzberg estudió un máster en interpretación y técnica vocal en el conservatorio de Módena, donde conoció a la famosa soprano búlgara Raina Kabaivanska, quien además fue su profesora y organizó la grabación de un álbum. En el teatro comunal de la ciudad de Módena se reunió la Orquesta Filarmónica Italiana, Kabaivanska y Brilliant Classics para interpretar la ópera Telephone de Menotti. Elizabeth cantó el papel de Lucy; y confesó que fue una experiencia maravillosa y cuando encontró el disco en uno de los estantes de la librería más importante de Italia, la Feltrinelli, le produjo una gran impresión. Para Elizabeth fue una gran satisfacción y sorpresa, cuando un año después de grabar el disco, lo encontró en la sección musical de la Feltrinelli y pensar que alguien quisiera comprarlo y escuchar su voz. En esta industria, se trabaja bajo proyecto, y cuando un proyecto concluye con éxito da cierto sentido a la vida.

La voz de Elizabeth Hertzberg la han escuchado miles en el Carnegie Hall, la ópera de Sofía (Bulgaria), teatros de Parma, Módena, iglesias y salas históricas de varias ciudades europeas. En sus propias palabras, ser cantante, implica llevar a todos los rincones la música. Y así, su voz, se convierte en el instrumento contra el tiempo y el olvido.

Elizabeth Hertzberg en el Kennedy Center Opera House.

Gracias por tomarte el tiempo para esta entrevista, entre los continuos ensayos, compromisos y conciertos. Vives desde hace varios años en Italia, donde hay una gran tradición lírica, ¿qué diferencias encuentras con las producciones en otros países?
En todas las grandes y pequeñas ciudades italianas hay un teatro en el que regularmente hay producciones de Puccini, Verdi y también Mozart. Se podría decir que Italia, al ser la fundadora de la ópera, es más tradicional, en comparación con otros lugares como Berlín y Budapest. No son comunes las producciones de compositores contemporáneos, porque ya tienen a Puccini, que es un grande. A veces parece que la ópera se quedó en Tosca, las Bodas de Fígaro y Don Giovanni. Mientras que en otros lugares se experimenta más y hay una mayor apertura, por ejemplo en la Metropolitan Opera hay una producción, Eurídice, que retoma el mito de Orfeo y el rescate de Eurídice del inframundo, pero desde la perspectiva de ella. El libreto es de Sarah Ruhl y la música es de un compositor americano jovencísimo, Matthew Aucoin. Tiene solamente 31 años y su música ya ha sido interpretada en el escenario de la Met. Es importante continuar con la tradición de las grandes óperas, que están hechas de belleza y tienen el poder de mover algo profundo en nuestro interior, pero es igualmente importante dejar un espacio para que nuevas propuestas puedan ser escuchadas. A fin de cuentas podrían convertirse en las próximas grandes óperas.

Vaya que es joven. Hace algunos años asistí a una presentación de Don Giovanni, de la ópera de Berlín y me sorprendió que aunque era el mismo libreto y la música de Mozart, se habían tomado algunas libertades interpretativas, sobre todo en el vestuario, que era contemporáneo y dejaron de lado la sensación de la época. Creo que eso y los programas de la ópera al aire libre, ayudan muchísimo a renovar al público. Además de que los boletos no son impagables.

El momento histórico de la ópera es algo importante para comprender el tiempo y cosmovisión del compositor, pero también es bueno tener la mente abierta a las nuevas interpretaciones. En América sucede algo parecido, por ejemplo cuando hacen una ópera en un estadio de baseball. Es algo necesario para que este arte sobreviva, que pueda llevar a muchos a vivir una experiencia que les toque el corazón. De otro modo, la cultura de la ópera podría morir.

“Bist du bei mir”, J. S. Bach.

Cierto, de algún modo la ópera deja de ser para un grupo de la élite cultural para poder llegar a muchos y que aprecien la belleza, sin que por ello la calidad disminuya. Acercar la alta cultura a la cultura de masas es sin duda un paso importante para mantener la tradición. En una ocasión en Milán, ilusamente, pesé que podría comprar un boleto para la Scala, pero estaban agotados y un poco caros para el presupuesto de estudiante que llevaba. Sin mencionar la etiqueta.

Por desgracia no es tan fácil entrar a la Scala, adquirir un boleto siendo estudiante o un joven es complicado. Porque aunque hay un número de boletos que dejan para el último minuto, tienes que ir a la oficina a registrarte y estar al pendiente durante todo el día por si realmente quedaron boletos sobrantes. ¿Quién puede estar al pendiente todo el día? Aunque tuvieras todas las ganas de ir, si no tienes el dinero, tampoco puedes permitirte faltar a la jornada laboral. Eso delimita mucho al público. Lo ideal sería que fuera más fácil, pero estamos en Milán y así funciona la etiqueta. En una ocasión, un chico entró con retraso y sudado porque aunque tenía el boleto, en la entrada no lo dejaban entrar por vestir jeans. Entonces tuvo que correr a H&M a comprar un pantalón que se viera más formal y regresar corriendo.

En cuestiones más personales. ¿Cómo empezó tu interés por la ópera y tu vocación como cantante?

Desde que los seis años empecé a tocar el pianoforte. Entonces ya tenía interés por la música, pero aún no descubría la voz. A los diez años mis padres compraron un CD con diferentes versiones del Ave María de Schubert, y cuando lo escuché, intenté imitar cantarla y me di cuenta de que alcanzaba los tonos. Así descubrí mi voz. Poco después una tía, que adoraba la lírica, me enseñó la ópera de La Traviata y no había visto nada tan bello. Pensé que era un sueño y que ese era el mundo en el que quería vivir. La música me sedujo. 

La ópera por lo regular es en italiano, alemán y francés. ¿Cuántos idiomas debes aprender o basta con memorizar el libreto?

Un cantante tiene una formación muy completa, sobre todo si eres americano, porque la ópera no es nuestra, como lo es para lo europeos. En España está la zarzuela, Italia y Alemania tienen una tradición de ópera y música de cámara y por eso la mayor parte de la música clásica está en esos idiomas. En el conservatorio estudiamos esas lenguas, aunque eso no significa que lo hablas como si lo hubieras aprendido viviendo en el lugar. Cuando te preparas, estudias el texto, lo traduces, entiendes el sentido del texto y así puedes exprimirlo. Además de que los músicos tenemos buen oído y así podemos imitar los acentos. 

Ópera The Telephone de Menotti.

Vaya que tienen muy buen oído y capacidad de imitación, ya quisiera yo un poco para mejorar el acento. Tienes una formación muy completa, pero sigues formándote. ¿Cómo compaginas la formación y los conciertos con la maternidad?

Basta decirte una palabra: abuelos. Sin ayuda uno no puede hacer nada. Por fortuna mi madre ha podido pasar mucho tiempo con nosotros. Claro que también ayuda mi suegra. Y ahora mi padre está pasando una temporada aquí. Después vendrá mi madre para la siguiente temporada de conciertos.

Los abuelos son una parte fundamental en la crianza. Cambiando un poco el tema, ¿qué personaje te gustaría interpretar o cuál de los que interpretaste es tu favorito y por qué?

Que pregunta tan difícil, porque no es que tenga un personaje favorito. Siempre me gusta descubrir música nueva, no sólo ópera, también música de cámara como Bach. Yo me enamoro de las piezas que estudio en ese momento. Por ejemplo, ahora estoy estudiando a Lulú, de Berg, que es una ópera muy difícil. Berg fue un compositor austriaco que vivió durante la primera parte del siglo veinte y fue estudiante de Schoenberg. En este momento Lulú y su aria es la que me ha invadido la cabeza. De hecho encontré en línea el primer y segundo acto, pero el tercero no estaba y podías encargarlo por precios exorbitantes. Hace algunos días estuve en Budapest y saliendo del concierto, encontré una librería de libros de música usados. Y ahí, esperándome, encontré el tercer acto. Lo necesitaba para comprender mejor a Lulú. Y ahí estaba, justo en el librero, con mi nombre escrito; sabes, son esas cosas bellas de la vida, esos pequeños dones que nos esperan y sorprenden.

Elizabeth Hertzberg en la Ópera y Ballet de Sofia, Bulgaria.
Elizabeth Hertzberg en la Ópera y Ballet de Sofia, Bulgaria.

El tercer acto era para ti, te aguardaba donde menos lo hubieras pensado. Tienes este proceso de enamorarte de la pieza y después ¿cómo te preparas para interpretar?

El momento culmen es el concierto, y claro que es muy bello, pero mi parte preferida es el trabajo previo par lograr la interpretación. El trabajo que haces con los músicos es muy importante, porque juntos descubrimos muchas cosas y matices. Entonces puedes experimentar la belleza de la música. Cantar es algo muy especial, muy íntimo, porque la voz es un instrumento y tu cuerpo a la vez. Escuchas tu timbre y tu propia resonancia e interpretas. Aprendes de los compositores, lees sus notas y pasas tiempo con los textos escritos por diferentes poetas y libretistas, incluso algunas veces por los propios compositores. Mientras más profundizas con el texto comprendes más cosas y así tienes tu propia experiencia musical.  Y después transmites esa experiencia a los espectadores.

Sobre esta experiencia, puede ser muy conmovedora. A veces es muy visible que un cantante se conmueve, pero la voz no se entrecorta y sigue cantando. ¿Cómo puedes cantar si te conmueves?

Cuando cantas en público, en un concierto, debes tener la fuerza mental para controlarte. Dejarte auto-conmoverte es un acto un tanto egoísta, porque tu ya viviste esa experiencia, y en el momento del concierto se trata de dar. Me ha sucedido en las prácticas que me conmuevo, el otro día estaba practicando la Sommerabend y otras piezas de la Heine Lieder de Castelnuovo-Tedesco. Sentí la atmósfera del verano, los grillos, el río y de pronto me conmoví, porque pensé, que bello es que así mantenemos vivos a estas personas. Estos compositores increíbles, sus almas y sus pensamientos que están en papel, vuelven a la vida con la música. Continuamos recordándolos y al mantener viva su música luchamos contra el tiempo y el olvido. Espero hacer justicia a aquello que escribieron. Porque la voz es el corazón y el instrumento que logra comunicar los tiempos pasados, los sentimientos y la vida.

La voce contro il tempo e l’oblio: Conversazione con Elizabeth Hertzberg

Alumbramiento

Síguenos en nuestro canal de Telegram

https://t.me/spesetcivitas

He aquí que concebirás y darás a luz a un hijo.

Lucas I, 31.

Eran las doce de la noche. Apenas uno o dos días antes había conseguido entregar mis avances de la tesis doctoral, así que estaba libre para concentrarme por completo en el acontecimiento más extraordinario de mi vida: el nacimiento de nuestro primer hijo. Los días recientes habían sido complicados y algo molestos. El cansancio de Isa era cada vez más notorio. Justo esa noche reflexioné sobre lo tirado que estaba nuestro pequeño departamento; estuve a nada de iniciar una de esas discusiones absurdas, pero estaba cansado y no me pareció correcto liarme en una discusión en la que seguro yo no tenía la razón. Así que decidí empezar aquella novela que había comprado la navidad pasada durante nuestra visita a mi hermano en Londres. La novela se llama “Everything is illuminated”. Llamó mi atención desde su aparición en el 2003. Su lanzamiento coincidió con mi primera visita a Londres para encontrarme con mi hermano que tenía un trabajo ahí que le llevaría como tres semanas: mi hermano es asesino a sueldo; no, no es cierto.  En fin, tomé la novela, me tiré en la cama y me dispuse a desvelarme un poco.

De pronto Isabel me dijo que quizá tenía un ligero sangrado. Algo nos había comentado nuestro Dr, el Dr. Balig, sobre el sangrado. Mencionó que cuando viéramos agua o sangre nos fuéramos inmediatamente al hospital: era la señal de que Agustín estaba por nacer. Me pareció una señal evangélica, también cuando el centurión romano penetró con su lanza el torso de nuestro Señor brotó agua y sangre, y con ello nacimos a la vida eterna.

Miré las supuestas gotas y distaban mucho de mi idea de “sangre y agua”. Esperaba algo más espectacular, uno siempre espera algo espectacular. Pensé no darle importancia al fenómeno, Isabel también sugirió que probablemente no sería nada. Pero tras un momento de reflexión y consciente de que mi principal característica es dejar todo  — lo importante, lo urgente y lo no importante —para después – decidí que era mejor actuar rápido. Llamé un taxi y nos pusimos a empacar. A los pocos segundos tocaron el timbre del departamento. Cuando contesté unas voces adolescentes me dijeron que traían la pizza que había ordenado. Les respondí que yo no había ordenado nada y que mi mujer estaba por alumbrar y tenía que marcharme al hospital, algo argumentaron y entonces les grité, así en español, ¡que se fueran al carajo! Bajamos y el taxi ya nos estaba esperando. De los pubertos inoportunos ni rastro. Ya se ve que incluso en los momentos más sublimes de nuestra vida no dejan de ocurrir cosas chuscas.

Bondensee en la tarde. Konstanz. Alemania.

Por alguna razón el taxista manejó lo más despacio posible. Vivimos en un pueblo que se llama Konstanz, el último pueblo alemán antes de Suiza. Las calles por las noches suelen estar desiertas. Isa desesperada me preguntaba por qué íbamos tan lento. Eventualmente  llegamos al hospital. Nos llevaron a un cuarto donde Isa se recostó. Ya entonces comenzaba a sentir dolores. Debo abundar un poco sobre mi vestimenta para ir al hospital, porque la preparé con anticipación y cuidado.

Llevaba mis zapatos y cinturón de vestir, un pantalón que pretendía ser otoñal y una playera polo. En mi opinión me veía como todo un padre joven: cool, pero responsable y serio. Me pareció muy importante cuidar mi aspecto durante el proceso del parto: no quería que las enfermeras, las doctoras o quien fuera nos tomaran por una parejita de novios despistados que habían olvidado el condón. Que naciera Agustín no es una cuestión de mala planificación ¡es nuestro mayor golpe de suerte!

Los dolores de Isabel fueron aumentando. La enfermera le ofreció algo para calmarlos pero Isa prefirió no tomar nada, pensaba que ese sería el mejor modo de preparación para los dolores de parto. Como a las 5 o 6 de la mañana por fin aceptó los calmantes; aunque el dolor disminuyó no concilió el sueño. En retrospectiva se lamenta por no haber aceptado los calmantes desde el principio.

A las 7 de la mañana entró la partera “Frau Stefelin” a llevarse a Isabel con todo y cama. Me apresuré a levantarme para seguirla, pero dijeron que no me preocupara y tratara de dormir. No transcurrió mucho tiempo, de nuevo Frau Stefelin entró al cuarto y me urgió a pasar a otra sala. Por un momento temí que el parto ya hubiera ocurrido y que me lo hubiera perdido por holgazán; no fue así.

Encontré a Isa, con una doctora y la partera, en un puro grito de dolor. El cuarto no tenía nada en particular, ni foco redondo en el techo, ni fierros para que la mamá ponga los pies. Supuse que pronto nos llevarían a otro cuarto. Los gritos de Isa fueron en aumento, la partera me pedía a cada instante que tradujera lo que decía para Isabel: jetzt stoßen (dice que pujes) nicht weiter (ya no) weiter (otra vez). No eran cosas demasiado importantes y me parecía que Isa entendía todo. De continúo le preguntaban si tenía mucho dolor, lo cual era evidente. Sobre todo se quejaba de dolor en la espalda: Rückschmerzen! gritaba sin parar.

Me pidieron que le apoyara la espalda con fuerza e intentara darle un masaje. Hice lo que pude, pero no creo que haya servido de mucho. Isa esperaba que en algún momento vendría la anestesia. Nunca llegó.

De pronto entró al cuarto otra mujer que sí parecía doctora, mayor que las otras que eran muy jóvenes. Lo primero que hizo fue preguntarme si me sentía bien, dijo que estaba pálido y como si fuera a perder el conocimiento. En efecto, yo experimentaba un fuerte mareo y no veía bien, pero me moría de vergüenza de desmayarme en un momento tan importante, y me daba pena declarar mi problema; la doctora pidió a las otras mujeres que me dieran algo. Me aparté por unos segundos de Isabel tomé aire y volví al masaje.

En esos minutos, que no sé cuánto duraron, me sentí profundamente confundido. Yo también era responsable de la  situación tan dolorosa en que se encontraba Isabel, pero no sentía nada fuera de un ridículo mareo. Uno oye en la Biblia eso de “parirás a tus hijos con dolor”, pero no le presta demasiado importancia porque se lo dicen a Eva, y sin embargo es muy cierto: los hijos vienen al mundo con dolor, en medio de llanto, de sangre y de agua.

Le pidieron a Isabel que siguiera pujando mientras la partera introducía su mano hasta más allá de la muñeca en el vientre de Isabel. Entonces sucedió. Donde antes sólo veía  a Isa apareció un rostro humano, con los ojos cerrados como entre aturdido y traumado; la piel era rosácea, casi roja, pero de la humanidad del rostro no había ninguna duda: alguien salía de dentro de Isabel. Tras la cabeza vino el resto del cuerpo; cuerpo sano, completo, gracias a Dios.

El bebé quedó enroscado como un ovillo entre las piernas de Isa, en medio de un charco de sangre. La partera pidió a Isabel que lo cargara, Isabel gritó “ich kann nicht sehen!” (“no puedo ver”); asombrada la partera pensó que Isabel se había quedado ciega, rápidamente le mencionó que  necesitaba sus lentes, corrí por los lentes.

Ya con los lentes Isabel vio por primera vez claramente a Agustín, en algún momento antes de esa primera mirada cortaron el cordón umbilical. Isa levantó a Agustín ensangrentado y desnudo y lo colocó contra su pecho, también desnudo. Agustín lloraba inconsolable y desorientado. Algunos minutos pasaron y luego la partera le pidió a Isabel que amamantara al bebé. No fue en absoluto complicado, Agustín buscó el pecho de su madre y abrazándola —como desde entonces lo he visto hacerlo tantas veces—comenzó a mamar el líquido vital. Yo no sabía qué hacer ni a dónde mirar.

Los ojos se me llenaban de lágrimas, no quería estorbar el primer instante de reconocimiento que viven dos personas que han vivido juntas sin conocerse por tantos meses.

A mi mente venían los vómitos, las noches de insomnio, los súbitos calambres, la somnolencia invencible y los incontables dolores que había visto padecer a Isa durante unos ya muy largos 9 meses. De golpe comprendí los dolores que padeció mi madre, los que padecen todas las madres a fin de renovar el mundo.

Pero por encima de todo eso se me imponía la vida con toda su fuerza y belleza, con todo su poder; sentí vértigo ante el milagro de un nuevo ser.

Pasados algunos minutos trajeron algo de comer. Isa no comió casi nada, estaba por completo arrobada y no dejaba de mirar a su hijo. Entonces recordé cómo me hacía gracia cuando durante las noches del embarazo me preguntaba: “¿Cómo va a ser? ¡Ya lo quiero conocer!”

Casi después de una hora separaron a Isabel del bebé para vestirlo. Pero antes, por fin, me lo dieron a mí. Yo lo cargué entre mis manos, porque aún era muy pequeño para sujetarlo con los brazos y lo olí como he visto que los felinos huelen a sus cachorros, y le canté alguna canción que he olvidado, le dije que lo estábamos esperando y que lo íbamos a querer mucho. Luego lo vistieron y nos llevaron a otro cuarto.

Los días en el hospital estuvo siempre Agustín junto a nosotros metido en una cunita transparente. Conmovidos observábamos como a cada momento hacía quejidos como de quien se asusta y juntaba sus manos. Nos dijeron que era normal.

Leyendo el FAZ. Konstanz, Wollmatingen, 2007.

Por las noches no me dejaban quedarme en el hospital. Tenía que volver al departamento. Nunca he estado tan solo en toda mi vida. Ahí entendí por qué mi papá siempre que va a trabajar a Acapulco sin  la familia dice al teléfono que se siente solo. No hay nada como la soledad del padre sin esposa y sin hijo. Tuve tiempo para meditar sobre lo profundamente antinatural de mi situación, lo propio del padre es estar con su familia; no en un departamento muriéndose de aburrimiento y de melancolía. Fue en esos días cuando mis amigos decidieron llamarme “El perro sin dueño”.

Por las mañanas iba a ver a Isabel y me quedaba todo el día en el hospital. Nos explicaron cosas muy importantes: que el pañal se pone entre las piernas, que cuando el niño está sucio hay que bañarlo und so weiter und so fort (y así…) Después de tres días de dormir solo estaba desesperado. Tomé la decisión de llevarme a Isabel y a Agustín por la buena o por la mala; antes de que hiciera una locura los dejaron salir.

Desde entonces se ha llenado nuestra vida de una nueva luz, de una alegría que nos hace sonreír involuntariamente todo el tiempo, como borrachos. En un instante he pasado del ocaso de la juventud al alba de la paternidad. A veces imaginó que esto no puede durar, que algún día  llamará a la puerta un funcionario para agradecernos nuestra ayuda y notificarnos que nuestro tiempo con Agustín ha terminado; gracias a Dios eso no sucederá. Ruego que Agustín deje de vivir con nosotros el día que él decida hacerlo.

Agus y su hermano Bernardo. Metepec 2021 aD

Sé que esta narración no es demasiado buena. Ninguna narración que hable sobre el nacimiento puede serlo, cualquier descripción es nada y menos que nada. Cualquier cosa que hayan escrito los hombres es trivial. El nacimiento es incomprensible. Como decía un amigo muy querido que se confesaba ateo cuando nació su hijo Nicolás: “si no fuera por las connotaciones religiosas del término…, yo calificaría esto como un milagro.” Y sí, es un milagro, espero que nunca lo olvidemos.

Fernando Galindo

Segunda Versión corregida por Isa “Frau Álvarez”:

Konstanz, 13 de enero  2007a.D. cuarto mes de Agustín

La voce contro il tempo e l’oblio: Conversazione con Elizabeth Hertzberg

La dificultad de América

Por Víctor J. Gómez Villanueva

Síguenos en nuestro canal de Telegram:
https://t.me/spesetcivitas

Desde hace poco, hablar de mi país deviene en un inevitable problema de comunicación. No tiene mucho tiempo que vivo en Europa. Si intento hacerme entender, el imaginario de mi interlocutor empieza a desbordarse a tal punto que cuando intento detenerlo ya me siento asfixiado entre espesos tallos de bananos, palmas y cafetales que surgen a borbotones de un sólido estereotipo selvático. Pero no me molesta en absoluto el aura mágica de mi proveniencia, y acaso más bien me fascina, porque así me imagino sobre una araña gigantesca que surca valerosamente la sierra oaxaqueña para dejarme justo frente a la puerta de mi abuela centenaria. Admito que a ratos el estereotipo me suena bien y lo disfruto. Lo que en verdad me molesta es la ambigüedad conceptual con la que tengo que lidiar cada vez que me tomo una cerveza con un desconocido. Es un bloqueo lingüístico que, si yo fuera sólo un poco más obsesivo, no me permitiría entablar una conversación.

América. Basta sugerir este nombre propio como lugar de procedencia para dejar pasmado a cualquiera en estas latitudes. Yo soy americano, pero ¿qué carajo es América? ¿México, mi país de origen, está realmente en América? Ni yo lo sé. Cuando en 1507 el erudito germánico Mathias Ringmann introdujo en su Cosmographiae Introductio el título “América”, para honrar al cosmógrafo Vespucio, no se imaginó el lío y la rebatinga en la que nos iba a meter a tantos ilusos. Yo, unos cuantos siglos después, tengo que habérmelas con su casual ocurrencia. El primer problema al que se enfrenta cualquier coterráneo mío es una cuestión de absoluta destreza intelectual. En caso de que sea difícil comprender este punto, le recomiendo a Usted, noble lector, que busque cuanto antes una hoja de papel y siga mis instrucciones. Usualmente si Usted divide una hoja por la mitad horizontal, del acto resultarán una parte superior y una inferior. Ahora bien, el siguiente es un punto sumamente abstracto y le recomiendo antes respirar profundamente: si en vez de una hoja, Usted aplica la misma noción de superior-inferior a un mapa de América, sorprendentemente descubrirá el norte y el sur. Fíjese en el extraño dibujito del continente americano después de haber doblado la hoja por la mitad (si se me permite el tecnicismo, se llama ecuador). La parte superior equivale a Norteamérica, la inferior equivale a Sudamérica.

Americo Vespucio.

Una lectura atenta de este ejercicio intelectual aquí propuesto probablemente incitará la siguiente pregunta: ¿Por qué Centroamérica no está en el centro? Admito que éste es un problema para la explicación antes ofrecida. Pero aventuro, con carácter de tentativo, la siguiente hipótesis. “Centro” es, en primer lugar, el punto interior que se toma como equidistante de los límites de un cuerpo; sin embargo, “centro” es también un punto de convergencia de información, decisiones o cultura. De esta suerte, Centroamérica no es el centro geométrico, pero sí el punto de convergencia, el vaso que, en lo que respecta al habla y la cultura, comunica el sur con el norte de América.

Mapa de Norteamérica.

La pregunta crítica es: ¿y dónde diablos queda México? Acaso incurro en una necedad, pero sinceramente yo veo a mi país en la parte superior del mapa, dígase, en Norteamérica. Hasta donde yo entendí, y agradezco la tenacidad didáctica de algunos de mis profesores, en la geometría no importa si un cuadrante del plano es más pobre o moreno que el otro. Sólo importa si un cuadrante está arriba o abajo, para llamarle en consecuencia superior o inferior. En vista de esta difícil y a veces resquebrajosa argumentación, un día me atreví a decir, frente a los ojos exorbitados de mis oyentes que me laceraban:

– Yo nunca he ido a Sudamérica…

Imaginen la corriente de sus pensamientos: ¿un mexicano no ha ido a Sudamérica?, ¿y de dónde se cree que viene?, ¿me habrán engañado en el colegio?, ¿o dónde queda entonces México?

– …porque México está en Norteamérica, ¿sabes?

Mapa de Sudamérica

En el punto más álgido de mi crisis, me aferré a una esperanza y me dije: “Podrán no saber si México está al sur o al norte del continente, pero por lo menos sabrán que México está en América.” Y el remedio fue peor que la enfermedad. Las caras extrañadas de una nueva bandada de interlocutores me sugerían que no estaban dispuestos a aceptar que yo fuera “americano”. No es que no supieran que México estaba en América (salvo en contadas y memorables excepciones) eso lo sabían. Es que yo no era americano. Desesperado, consulté la RAE y verifiqué el engaño. Usted, amable lector, podrá pensar que americano es el natural de América, pero en la cuarta acepción (que, por abuso pragmático, debería ser la primera) aparece el demonio de mi historia nacional: “estadounidense”.

En 1823 los EUA decidieron no aceptar más la influencia europea en el continente americano y la intentona de la restauración monárquica; el más mínimo conato sería considerado un acto de agresión contra las franjas y las estrellas. James Monroe, un Capitán América decimonónico, sintetizó este programa político en una frase lapidaria: “América para los americanos”. Más allá de la tragedia histórica que significó para los mexicanos, esto también fue una desgracia semántica, porque entonces el gentilicio “americano” dejó de tener sentido alguno. Todo mundo se creyó la idea de que los americanos son nada más los estadounidenses, y que por lo tanto los mexicanos son algo así como un quiste geográfico.  

La voce contro il tempo e l’oblio: Conversazione con Elizabeth Hertzberg

Caminando hacia el futuro, de Armenia a Rusia. Charla con Diana Hayrapetyan

Por Emiliano Torrina

Síguenos en nuestro canal de Telegram:
https://t.me/spesetcivitas

Al norte Georgia, al sur Irán, al este Azerbaiyán y al oeste Turquía. Armenia es un país reducido geográficamente más con una basta riqueza cultural . Este pequeño país del Cáucaso central ha sabido permanecer unido en repetidas dominaciones de imperios extranjeros: persas, griegos, romanos y turco otomanos. 

Mapa de Armenia.

Es importante mencionar el -no muy conocido- genocidio que el pueblo armenio sufrió sistemáticamente por parte del imperio otomano, durante ocho largos años (1915- 1923). Bajo el lema “Turquía para los turcos”,  entre 1.5 y 2 millones de armenios fueron asesinados, otros tantos lograron escapar gracias a la ayuda de judíos o turcos contrarios al exterminio. Actualmente la población armenia o de origen armenio es mayor en el extranjero que en territorio nacional.

La historia que voy a contar no va del genocidio, pero está ligada a él. Poco tiempo después de la independencia armenia del estado turco otomano y del imperio ruso, Armenia fue anexada en 1920 por la  naciente Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). La anexión  traía una mediana paz que no duraría mucho, pues con Stalin al poder, en 1924, las cosas se tornarían desfavorables para el pueblo armenio.. Así llegamos a 1991, la caída de la URSS trae consigo la independencia de Armenia; esto marcará un antes y un después en la vida de mi amiga Diana. 

Diana Hayrapetyan estudia para ser intérprete profesional en la universidad de economía de Plekhanov en Moscú, Rusia. Habla inglés, ruso y armenio, actualmente está estudiando francés. Tiene un club de conversación donde enseña inglés a jóvenes rusos.

Diana Hayrapetyan

Diana, gracias por aceptar mi invitación. Cuéntame, ¿Cuál es el origen de tu familia? ¿De dónde viene?

Es un placer hablar contigo Emi, verás, yo soy 75% armenia, mis abuelos paternos son armenios; se llaman Stephan y Roza. Simón, mi abuelo materno es armenio también  y Tamara, su esposa y mi abuela, es rusa.

Que interesante, Diana. Dime, ¿Cómo se conocieron tus abuelos? Especialmente Simón y Tamara.

Simón tenía una compañía que pavimentaba caminos y carreteras, un día le surgió un trabajo en Irkutsk, Rusia; estuvo ahí por un tiempo y se enamoró de mi abuela. Regresó con ella, se casaron y se establecieron en Armenia.

Casa de la familia en Borisoglebsk.

Estoy revisando el mapa y ¡Dios! Es una distancia tremenda.

Lo es. Irkutsk se encuentra en el distrito de Siberia a orillas del río Angará muy cerca del lago Baikal. Mi abuelo vivía en Tashir, una aldea pequeña cercana a la frontera con Georgia.

Ya veo, una gran aventura sin duda. ¿Qué me dices de tu familia paterna? ¿De qué parte de Armenia eran?

También de Tashir, de hecho ahí mismo nacieron mis padres.

Hablando de tus padres, dime, ¿Cómo se llaman? ¿Cómo se conocieron? ¿Por qué dejaron Armenia?

Mi papá se llama Arthur aunque su nombre se pronuncia con una “T” fuerte, no suave como sería la pronunciación en inglés del Reino Unido o Estados Unidos. Mi mamá se llama Silva, pero aquí en Rusia la conocen como Sveta o Svetlana. La hermana de mi papá era compañera de mi mamá, así se conocieron. Con la caída de la URSS las escuelas rusas desaparecieron y muchos trabajos se perdieron. Es por eso que decidieron salir del país tan pronto como pudieron.

Arthur y la pequeña Diana.

¿Cuándo llegaron a Rusia? ¿A qué ciudad llegaron?

Mi madre tenía 18 años y mi papá 25 al momento de casarse, eran muy jóvenes cuando la URSS cayó y tenían miedo que mis hermanos Ararat y Roma tuvieran un mal futuro, además estaban planeando tener otro hijo y querían naciera en un mejor lugar; así que en 2001 mis papás y mis hermanos fueron a la ciudad de Borisoglebsk donde meses después nací yo. Tiempo después, cuando tenía 7 años, fuimos a vivir a Moscú y seguimos aquí.

Debió ser duro para tus padres llegar a un país sin trabajo, con dos hijos pequeños y uno por venir. ¿Cómo se adaptaron a la ciudad?

Honestamente no fue tan difícil pues mis padres hablan ruso a la perfección ya que en la escuela desde niños les enseñaron el idioma. Mi papá junto con su padre y sus hermanos fundaron una compañía de cartón y poco a poco se fueron estableciendo en Rusia, mi mamá  comenzó a hacer manicura y pedicura, ese ingreso extra nos ayudó mucho. Mis hermanos se adaptaron bien al cambio y yo al nacer ahí no tuve ninguna dificultad.

Roza y sus hijas.

A propósito de cambios, cuéntame, ¿Notas alguna diferencia entre tu familia y la de tus amigos? ¿Cómo es una familia Armenia?

 Hay varias diferencias. Los rusos suelen ser más conscientes de la privacidad de las personas y no suelen cotillear sobre otras personas, los armenios al ser tan unidos llegan a molestarme un poco, tengo primos que viven fuera del país y conocen a la perfección mi vida diaria, quiero a mi familia no te lo puedo negar, pero a veces me gustaría un poco de espacio para mí misma. Sabes, es raro, pues amo las reuniones familiares y los cumpleaños, son unas fiestas increíbles donde todo se comparte, ha habido ocasiones en las que hemos viajado largas distancias para reunirnos con nuestra familia en otras ciudades de Rusia y ellos también hacen lo mismo.

Pero no todo es malo con los armenios, Emi. Los chicos rusos son algo perezosos, en mi opinión, especialmente aquellos que viven en grandes ciudades como Moscú, los armenios por el contrario trabajan desde muy jóvenes pues la situación económica allá es algo mala. Esto los hace más considerados y respetuosos hacía las mujeres. Al principio de la universidad mis compañeros, tanto hombres como mujeres, me querían saludar con un beso o un abrazo. Yo no estoy acostumbrada a esto, sólo mi familia me abraza y me besa y así estoy bien. No es que sea antisocial, para nada, sólo que no me comporto igual que los demás. Con el tiempo mis amigos terminaron por entenderme y ahora no me siento rara.

Familia Hayrapetyan.

¿Has visitado Armenia alguna vez? Seguro aún tienes familia ahí, ¿Cierto?

Sí, he ido en tres ocasiones cuando tenía doce, catorce y dieciséis años. Las primeras dos veces estuve en Tashir con mi abuela Roza y mi madre. La última vez fui también con mi madre a Tashir pero con una de mis tías maternas, en esos días visitamos la capital, Ereván. Fue muy bello, los paisajes eran hermosos y el aire mucho más limpio que el de Moscú.

Diana, ha sido un gusto escuchar tu historia y la de tu familia. Agradezco tu disposición y buena voluntad.

Ha sido una experiencia muy bonita para mí, Emi, me has hecho conectarme más con mis orígenes y mi familia. Gracias por darme la oportunidad de hablar de mis países. Mi familia te desea lo mejor, saludos.

MDNMDN