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Una oferta que no podrás rechazar: del Padrino a Gomorra

Una oferta que no podrás rechazar: del Padrino a Gomorra

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Llegamos a Catania, Sicilia, cuando ya estaba oscuro. Tomamos el autobús hacia el centro y nos bajamos en el puerto. No era un malecón en el que se pudiera pasear, sino que era la zona del puerto de carga, con contenedores y barcos gigantes. En resumen: una zona poco turística. 

Al menos otras cuatro personas se bajaron en la misma estación. Los autos y motonetas no se detenían, así que le dije a Steffen, mi compañero de viaje, que ignorara su mentalidad alemana, porque cruzaríamos la calle a la italo-mexicana. Después de varias semanas se acostumbró, aunque realmente le fastidió la velocidad y la falta de reglas viales. 

Una vez, del otro lado, continuamos derecho al menos cuatro cuadras más. Cabe destacar que era una calle empinada de un sólo sentido, aunque esto no evitaba que se estacionaran. Habían varias bolsas de basura y un polvo negro –al día siguiente a plena luz me di cuenta de que el polvo negro era ceniza del volcán Etna- la zona se veía un poco descuidada y nos pusimos nerviosos. Finalmente, giramos a la izquierda en una estrecha calle, obscura y solitaria. Steffen me preguntó si llegamos a la dirección correcta. Eso es lo que marcaba el mapa, pero, si el lugar estaba muy mal, al día siguiente buscaríamos otro. 

Edificios abandonados en Catania. Foto: A. Fajardo

Cuando reservé la habitación me fijé que era un lugar muy céntrico a un precio relativamente razonable. Después leí en los comentarios que los turistas percibían que el barrio no era muy tranquilo, pero, para los primeros días en que no tendríamos un auto, estaría bien. Claro que después, sabiendo que el mayor índice de autos robados es en Catania, preferí buscar otro lugar para la última noche. Afortunadamente, nunca utilizamos el seguro en Sicilia.

Giuseppe nos abrió el portón y, después de saludarnos, nos advirtió: “esta calle puede llevarlos directo al centro, pero mejor no la usen, especialmente de noche. Si quieren ir al centro salgan de nuevo a la calle más ancha y después caminen por la avenida o una de las calles principales. No pasa nada, pero mejor no vayan por ahí.” Teníamos hambre, así que después de dejar las maletas, caminamos hacia la calle principal y encontramos un local a punto de cerrar en el que compramos una arancina, que es un plato típico siciliano, una bola de arroz empanizado relleno de Ragù u otros sabores.

Hicimos caso a la advertencia. Volvimos y cenamos en la habitación. Al día siguiente, respaldados por el sol, comprobamos que la zona no era tranquila, que en la calle por la que no deberíamos pasar había varias prostitutas y chulos. La calle estaba prácticamente vacía y aún así te sentías observado. También encontramos muchísimos edificios abandonados, un fenómeno que se observa en toda Sicilia.

Casas abandonadas en Paceco, provincia de Trapani.
Foto: A. Fajardo

Entre Sicilia y México hay muchas semejanzas: el paisaje –las buganvilias y nopales– a veces árido, otras montañoso, es una de ellas, pero sobre todo la gente amable, dispuesta a ayudar y de carácter alegre. Otra semejanza se observa en los cambios radicales de zonas: caminas por un lugar normal y, si te desvías una calle, entras a un barrio que ya no es bonito, ni limpio, ni tranquilo. Esto sucedió varias veces, pero recuerdo una especialmente. 

Hace más de ocho años estuve una semana en Palermo y fue un tiempo fantástico, así que quería rememorar aquella semana de mi juventud. Y claro que lo hicimos, por ejemplo, cenamos en el mercado de la Vucciria, justo como lo hice hace años con mis amigos, aunque ahora el mercado es bastante popular, especialmente para los turistas. Buscando las calles que antes había recorrido, de pronto, nos encontramos caminando en una zona en la que nos sentimos un poco inseguros, las calles y los edificios se notaban abandonados y lo único que pudimos hacer es caminar lo más rápido posible e intentar orientarnos buscando la catedral. No me espanta. Lo mismo sucede en México.

Ni siquiera era el barrio más peligroso; aquel en el que los policías viven acuartelados en la estación -como  nos contó un amigo que además es militar- en el que el ejército entra como si estuviese en situación de guerra: siempre en contacto con la caserma, monitoreando sobre todo su entrada y salida. Mi amigo confesó que al entrar al barrio Zen1, en la zona de Brancanccio, experimentaba el mismo estado de alerta que el periodo que pasó en Afganistán. No es una exageración. En las zonas en las que estas organizaciones mandan, la mortandad es equiparable a las zonas en guerra. 

Streetart en algún barrio palermitano. Foto: A. Fajardo

Las semejanzas más brutales y tristes entre México y Sicilia son las causas y efectos de las organizaciones criminales: los narcos y la mafia. No hablo de la romantización que se ha hecho de estos personajes, sino de las familias destruidas, la mala fama que acarrea, la libertad aprisionada y sus consecuencias. 

La trilogía de El padrino de Francis Ford Coppola es una de las obras maestras del cine y también de mis películas favoritas. Todo comienza y gira en torno de la vendetta, un concepto crucial para comprender la antigua mafia. Vito Andolini sufre el asesinato de su padre a manos de un jefe mafioso (Don Ciccio) que, para evitar que se vengara en el futuro, decide también matarlo a él. Porque la venganza se transmite de generación en generación. Así que su madre lo envía a Estados Unidos. 

No es mi intención reseñar la trilogía, sino abrir la conversación. Basta con mencionar que, tras establecerse en Nueva York, Vito Andolini se convierte en Don Vito Corleone (Marlon Brando y en su juventud Robert De Niro) un importante jefe mafioso, el padrino, quien hacía ofertas que no podrías rechazar. 

Stencil Don Vito Corleone en el mercado de la Vucciria, Palermo. Foto: A. Fajardo

Sonny y Fredo siguen los pasos de su padre en el negocio y Michael (Al Pacino) prefiere mantenerse al margen. Sonny muere tras querer vengarse de un intento de asesinato a su padre y eso lleva a que Michael lo vengue y tenga que huir por un tiempo a Sicilia. En pocas palabras, Michael toma el lugar de Don Vito y se convierte en el padrino; y en la última película su sobrino tomará su lugar. 

Como dato cultural, las escenas de El padrino no fueron filmadas en Corleone, sino en el pequeño pueblo sobre un acantilado llamado Savoca y que es considerado uno de los más bellos de Italia, y donde todavía puedes sentarte a tomar un café en el mítico Bar Vitelli, el lugar en el que Michael le pide al padre de Apollonia conocerla. La iglesia en la que Apollonia y Michael se casaron es de la Santísima Anunciación en el pueblo de Forza d ́Agrò; la famosa Villa en la que explota el automóvil se encuentra en Fiumefreddo di Sicilia, un sitio en las faldas del Etna.

Bar Vitelli en Savoca. Foto: A. Fajardo.

Una de las escenas más impactantes y mejor logradas de la historia del cine: el intento de asesinato a Michael mientras en el fondo suena la opera Cavalleria Rusticana y culmina con la muerte de su hija, sucede en el Teatro Massimo de Palermo.

¿Por qué no filmaron en Corleone si todo te hace pensar que el origen de la familia es corleonesi? La película está ambientada en los años 50, pero fue filmada en los 70, así que para ese entonces Corleone no era el sitio adecuado. Estaba demasiado modernizado. 

Se ha especulado mucho sobre quién inspiró el personaje de Don Vito. Incluso en una entrevista, Mario Puzo, afirmó que algunas historias se las contaba su madre cuando era niño y que se inspiró en ella para crear a un personaje fuerte y sabio. Aunque, claro, también tuvo que documentarse sobre la mafia y para ello hay dos personajes clave: Carlo Gambino y Totò Riina.

Teatro Massimo, Palermo. Foto: A. Fajardo.

Carlo Gambino fue el líder de la Familia Gambino, una organización que existe hasta la fecha y sus negocios se diversificaban entre el transporte, construcción, sindicatos y recolección de basura. Gambino nació en la provincia de Palermo y emigró a Estados Unidos en 1921. En los años 50 fue elegido el jefe de la mafia en Nueva York; mantenía el perfil bajo y se oponía al narcotráfico. También se relacionó con políticos e, incluso, con Frank Sinatra. Vivió 74 años, de los cuales solamente 22 meses estuvo en prisión; tuvo tres hijos y su primo Paul Castellano tomó su lugar cuando murió. Con esta breve información, casi podemos afirmar que la vida ficcional de Don Vito Corleone es casi idéntica a la de Carlo Gambino. Especialmente por su oposición al narcotráfico. Recordemos que en la película, el dinero provenía de la protección (pizzo), transportes, sindicatos, construcción, armas y después Fredo introdujo los casinos. 

Pero como siempre ocurre, la realidad supera a la ficción y, aunque la mafia comienza así y claramente diversifica sus negocios, también es evidente que se ha liado con el narcotráfico, especialmente la cocaína.

Roberto Saviano escribe en el libro Cero, cero, cero: Cómo la cocaína gobierna el mundo al respecto y analiza cómo los narcotraficantes blanquean el dinero; las conexiones entre estas organizaciones sobrepasan fronteras; no es casualidad que en la última captura del Chapo encontraran una copia de este libro entre sus pertenencias. De cierta forma, la figura del Padrino ha inspirado a más de uno e incluso existe una versión mexicana: el padrino Miguel Ángel Félix Gallardo, el jefe de jefes o el zar de la cocaína; líder en los 80´s del cártel de Guadalajara. 

Portada italiana del libro “Cero, cero, cero” de Roberto Saviano.

La vida de Salvatore (Totò) Riina no es tan semejante a la de Carlo Gambino, pero es posible que también influyera a Puzo y sin duda marcó la región y ha sido uno de los capos más influyentes. Riina nació en 1930 en Corleone; la provincia era muy pobre y la familia pasaba hambre, un día su padre y hermano encontraron una bomba americana en el campo y decidieron abrirla para vender el metal y la pólvora, pero explotaron. Tras la muerte de sus padres se acercó al mafioso local, Liggio, que trabajaba para Don Navarra, el capo de Corleone. Basta decir que, con tan sólo diecinueve años, Totò Riina fue condenado a doce años en prisión por homicidio. En 1956 es liberado y junto con Liggio comienza una lucha. Uno tras otro eliminan a los hombres de Don Navarra, pero para 1963 es nuevamente encarcelado por portar un arma sin permiso y documentos falsos. En 1969 es puesto en libertad por “insuficiencia de pruebas”, lo que significa que amenazó a los jueces y sus familias. Él, Liggio y Provenzano ganaron fama de sanguinarios, y comenzaron a hacer negocios con las familias palermitanas de la Cosa Nostra. 

Totò Riina fue relacionado con la masacre de la calle Lazio, en la que eliminaron al capo rebelde Michele Cavataio. Tristemente la mafia llegó al estado y formó su escuadra política, como en el caso de Vito Ciancimino quien fuera alcalde de Palermo en 1971 y tenía evidentes conexiones mafiosas. 

En 1978, comienza una guerra entre las familias mafiosas para eliminar a los viejos capos, pero también a políticos y procuradores que luchan contra la mafia como: Piersanti Mattarella, Pio La Torre, Rizzotto, Della Chiesa, Bernardino Verra y los famosos asesinatos de los procuradores del Maxiproceso de 1992: Giovanni Falcone y Paolo Borsellino. Los dos últimos asesinatos fueron la gota que derramó el vaso, la gente estaba harta y en 1993 arrestaron a Riina, quien murió en 2017 a los 87 años. 

Mural Bernardino Verro, General Carlo Alberto della Chiesa y Placido Rizzotto en el CIDMA, Corleone. Foto: A. Fajardo

Sea quien sea la inspiración de Mario Puzo, entre la mafia de la pantalla y la real existen algunas inconsistencias. En primera, nos muestran hombres bien vestidos y con gabardinas, acorde a la moda de los años 50, y de ahí no hemos podido modificar mucho nuestro imaginario. Cuando la mayoría de las veces ni siquiera se ven como los imaginamos. Roberto Saviano analiza sobre todo el caso de los narcotraficantes mexicanos, que quizá antes usaban camisas a cuadros, botas y sombreros, pero ahora los hijos estudian en universidades prestigiosas, hablan inglés fluidamente, son expertos en negocios y marketing, se visten con trajes de Armani y relojes carísimos.

En segunda instancia, nos los muestran como hombres honorables y de familia; claro que tienen una familia, pero tendríamos que repensar en qué clase de vida sumergen a sus hijos y a sus esposas. Como último punto, afirma que respetan por sobre todas las cosas a niños y mujeres. Pero entonces ¿qué sucedió con Giovani De Mattei en 1993 y Cocò Castelongo en 2014? 

El pequeño Giovanni era hijo de un hombre que decidió hablar con la policía y al que transfirieron a una localidad protegida. En 1993, unos hombres vestidos de policía secuestraron a Giovanni. El pequeño estuvo mucho tiempo secuestrado hasta que finalmente el boss decide asesinarlo y deshacer su cuerpecito en ácido.

El pequeño Cocò tenía 3 años, su madre Maria Antonia Ianicelli estaba en prisión por asociación delictiva. El pequeño y sus hermanas vivían en casa de sus abuelos, pero era una familia perteneciente a la ́ Ndrangheta. 

Giuseppe Ianicelli, el padre de Maria Antonia, era un capo de poca monta que pasó varios años encarcelado. Cuando salió de la cárcel, su hija pensó que quizá querría cambiar de vida, pero Ianicelli empezó a formar un nuevo clan. Cuando Ianicelli salía a la calle, utilizaba de escudo al pequeño Cocò y a su amante, una chica marroquí. Los tres fueron asesinados a sangre fría y sus cuerpos fueron quemados. En la escena del crimen dejaron una moneda de cincuenta centavos, que significaba lo poco que valían sus vidas. Maria Antonia Ianicelli narra el suceso en el documental Mafia is Cose Nostre (2018). El acto conmocionó a toda Italia. ¿Qué hay del respeto por los niños y las mujeres? Nulo. Esa es la verdadera cara de la mafia.

Busto de Bernardino Verra en Corleone. Foto: A. Fajardo

La mafia surgió en el siglo XIX tras la unidad de Italia, sobre todo en tres regiones -Sicilia, Calabria y Nápoles- como una asociación delictiva que imitaba las estructuras de las asociaciones secretas y usan métodos de represión e intimidación. Su mayor poder era precisamente el silencio, para moverse entre las sombras.

Nunca es demasiado tarde para hacer los matices pertinentes y es que, aunque el gusto por el crimen, la violencia, el silencio y los métodos suelen ser parecidos, al grado de que todo lo englobamos en la abstracción de “mafia y mafiosos”, hay que distinguir también sus diferencias, que no son únicamente regionales.

En Sicilia se encuentra la mafia o Cosa Nostra, que es la estructura jerárquica que observamos en las películas y que emigró a los Estados Unidos: los soldados son los que simplemente ejecutan órdenes; después está el Capodecina o sea el jefe de diez esbirros y cada capo de familia tendrá a un Consigliere o consejero que le ayuda en la toma de decisiones. Tres familias conforman un mandato, que a su vez está bajo las órdenes de la comisión provincial. El capo de todas las comisiones es el Capo dei capi o jefe de jefes y es la punta de la pirámide. Aunque se habla de familias, no por fuerza tienen una relación sanguínea; además de que los jefes son regularmente votados.

En Calabria mandan los capos de la ´Ndrangheta, su nombre significa irónicamente “actúo como un hombre decente”. Es la única mafia que tiene negocios en los cinco continentes y la mafia más rica de Europa. Se consideraba que era la menos poderosa, porque actúa en zonas rurales y por eso no es el centro de la noticia, sin embargo, al subestimarla y perseguir a la Camorra y a la Cosa Nostra, le dieron pie a que creciera. Si estás ocupado con el chico problemático y que hace mucho ruido, descuidas a los otros y es posible que surja una nueva cabecilla. Justamente esto sucedió con la ´Ndrangheta, que controla el negocio de la cocaína, los juego de azar y los desechos tóxicos y radioactivos. Aunque también hay cierta jerarquía, el poder se hereda de padres a hijos. 

En Nápoles se encuentra la Camorra, que es una organización más horizontal. Hay varios clanes y cada uno tiene su propio boss y jerarquía. Es un poco menos estable que las otras dos, precisamente por la guerra entre los clanes que luchan entre sí, como el clan de Raffaele Cutolo contra el clan de la Nuova Famiglia. En los años 80 se contaban 32 clanes, pero ahora hay por lo menos 108, además de que se pensaba que era una variante desorganizada de la mafia. Del 2004 al 2007 fueron los años más sanguinarios y aunque la mayoría de los muertos pertenecen a un clan, siempre hay por ahí una bala perdida.

Roberto Saviano escuchaba por una radio cuando alguien informaba sobre un crimen y a veces llegaba antes que la policía, en su scooter, para registrar e investigar. Así fue como comenzó sus investigaciones sobre la Camorra y los clanes Di Lauro, Nuvoletta y dei Casalesi. En 2006 -a los 29 años- publicó el libro Gomorra y en 2008 Matteo Garrone dirigió la película, que ha sido una de las más vistas en Italia. El libro también fue todo un éxito publicado en 52 países. Saviano desmanteló la estructura y la Camorra lo amenazó de muerte, de cierta forma, la fama del libro lo condenó a vivir como persona protegida. Aunque afirma que el interés por sus palabras lo mantiene seguro, cuando la atención mediática decayera, entonces correría más peligro.

Portada del libro Gomorra de
Roberto Saviano.

Ya desde el principio es escalofriante, Gomorra comienza en el puerto de Nápoles. Cargan un contenedor. Cuando lo abren, caen los cuerpos de aquellos migrantes chinos que son explotados para producir falsificaciones de bolsas, zapatos y ropa. Llegan muchas personas y cargan como si fuera algo muy normal los cuerpos en otro contenedor. Cuando los migrantes chinos mueren, utilizan los mismos documentos, para que otro emigrante chino lo reemplace y, a cambio, la mafia transporta sus cuerpos a China para que los entierren. Incluso uno de estos diseñadores hizo un vestido que fue utilizado por una celebridad en una alfombra roja, aunque, claro, el diseño era de una gran casa de moda, no de un sastre chino oculto en alguna provincia napolitana. Pero las falsificaciones no son el único negocio de la Camorra, otro muy productivo es el tratamiento de los desechos tóxicos, que simplemente son botados en un orificio de la tierra, traspasando el manto acuífero y produciendo enfermedades entre los pobladores. La Camorra no solamente tiene el negocio de la droga, sino que con estos otros negocios incluso puede ramificarse hacia negocios que aparentemente son limpios y dentro del sistema. La denuncia más triste es la de los chicos que desde pequeños están envueltos en este mundo, que quieren imitar al gánster del momento, a las películas y que se convierten en copias burdas, que se prestan para hacer las tareas más básicas de recaderos, pero que poco a poco suben escalones en el clan.

Curiosamente, narra Saviano, la mayoría de los capos, cuando no son eliminados entre ellos, cometen deslices que les pueden resultar caros: la mayoría han sido descubiertos al salir de sus escondites, al reunirse con alguna mujer. Cabe resaltar, que aunque se consideren hombres de familia, se les encuentra cuando no pueden soportar por más tiempo eludir un encuentro con sus amantes. Rechazan tanto los pequeños placeres cotidianos, que terminan arriesgando todo por cinco minutos de un polvo frenético. El patrón se repite, es parte de su naturaleza.

Saviano no es un idealista y tampoco un temerario, sino que denuncia con valentía, justo como exhorta Paolo Borsellino: “Hablen de la mafia, hablen en el radio, en televisión y en los periódicos. ¡Pero hablen!” Saviano habló y ahora vive las consecuencias, y aunque es una vida dura, hizo lo que tenía que hacer. Porque parte de la solución del problema es señalarlo y delimitarlo para poder hacer un plan de acción.

Manta Falcone y Borsellino. Foto: Orzetto.

El poder de la mafia radica justamente en el silencio, que la muestra como algo casi inexistente, pero cuando la nombramos y pasamos de las abstracciones a las personas concretas también la lucha se materializa. Además de que es preciso observar su evolución, para estar preparados. Las organizaciones criminales han cambiado con el tiempo, del silencio absoluto han pasado a los perfiles de Facebook y vídeos de TikTok. Hace algunos meses publicaron en el periódico Frankfurter Allgemeine (FAZ) una nota sobre cómo la mafia utilizaba el TikTok y la cultura popular, como en el caso de Emanuelle Sibillo un boss de diecinueve años que murió en una guerra de clanes. Algunos hacen videos en los que besan su busto o se muestran emocionados visitando una capilla que levantaron en su honor. Además de que Sibillo subía a Facebook varios vídeos donde mostraba su poder, para amedrentar y reclutar jóvenes. Otro caso es la Fanpage de Vincenzo Torcasio, alias Japan, de la ´Ndrangheta, que aunque está en prisión con una condena de 30 años, su cuenta tiene aproximadamente ochenta mil seguidores. Ellos no son los únicos, en México, los narcos comenzaron a subir en el –arcaico– Youtube sus propios vídeos mucho antes de que estas nuevas generaciones de camorristas utilizaran el TikTok. 

Estas páginas de personas públicas, son una de las tantas hipocresías de Facebook, por mencionar otra, están los grupos que sin lugar a dudas son pedófilos y en los que incluso podría haber un mercado de trata. Pero claro, eso no es nada, en lugar de eso, es mejor bloquear contenido y memes que podrían herir susceptibilidades de corrección política. 

Un punto clave y peligroso es la imitación. Si deslizamos nuestro dedo en TikTok nos aparecen vídeos de lo más variados y entre ellos podría haber alguno de un camorrista, en la que los emojis tienen otro significado y son propiamente un lenguaje secreto aunque a la vista, y los niños y adolescentes los miran sin discernir lo que ven. Consumen contenido mafioso y como muestran el lado cool de los viajes, los relojes, los autos y las mujeres, pueden comenzar a imitar y ponerse en contacto con ellos. Mi denuncia no es nueva y los efectos se ven desde hace algún tiempo: los niños en Sinaloa disfrazados de sicarios, las mujeres que se operan de acuerdo con la estética que les gusta a los narcos, los niños que cobran dinero a sus compañeros para no molestarlos.

Quizá las series sobre Pablo Escobar y Narcos (Colombia y México) muestran más la crudeza, pero también de cierta forma muestran un tipo de vida que a algunos les puede resultar atractiva. Lo peor es que también se genera cierta empatía y admiración. Y así es como llegamos incluso a “documentales” como el de Kate del Castillo y su encuentro con el Chapo. 

La romantización de la mafia ni siquiera muestra por completo las jerarquías, porque obviamente no vivirán con los mismos lujos el jefe que el sicario. Y ni siquiera muestran la mayor paradoja: jefes millonarios que viven escondidos en cuchitriles, porque el dinero no les compra la libertad. 

Archivo de la policía: Salvatore (Totò) Riina.

No me refiero solamente a la libertad contrapuesta con la prisión, sino que en algún punto la persona deja de pertenecerse. Obedecen órdenes, casi como androides, sin importar su jerarquía. Aunque tienen el dinero y las excentricidades para tener un zoológico como Escobar, un Cadillac como Al Capone, celulares bañados en oro, o un mausoleo que parece mansión; al mismo tiempo viven sin libertad, escondidos en búnkeres obscuros o lugares en los que viven miserablemente, pero sobre todo lejos de aquellos a los que aman y con el miedo constante a perderlo todo, a la policía o a que alguien más poderoso decida asesinarte en la madrugada.

Giacomo Campiotti -el director de Prefiero el paraíso (2010), Bakhita (2009); Moscati: el médico de los pobres (2007) entre otras- filmó una película que no tiene desperdicio: Liberi da scegliere: Hijos de la ´Ndrangheta (2019) basada en una historia real. Pertenecer a la ´Ndangheta se transmite de generación en generación, al igual que la vendetta, los niños crecen rodeados de armas, odio e inestabilidad. La idea de familia es casi sagrada, sólo se confía en la familia, pero es una familia disfuncional; en la que el padre es un proveedor ausente y la madre se limita a cocinar y criar en esos valores mafiosos. Los hijos obedecen las órdenes del padre y siguen su camino: delincuencia, cárcel y muerte. Las hijas tienen que ser amas de casa sumisas, condenadas a repetir las vidas de sus madres: casarse con alguno de los hombres del clan, visitar a sus hijos en prisión y llorarles cuando mueran. 

Un juez –a pesar de la amenaza de muerte y de que otros no quisieran colaborar por miedo– le da la libertad condicional a Domenico, un menor de edad, pero establece que su madre es incapaz de cuidarlo, por lo que el estado se volverá su tutor. Para ello tiene que sacarlo de Calabria, cruzan el estrecho de Messina (entre la bota y Sicilia) y vive en una casa de acogida junto con otros jóvenes. Al principio se muestra renuente, pero después experimenta la diferencia entre una vida libre y otra en la que debe obedecer en todo al capo, entre una vida que le permite las alegrías de la vida, como cenar con amigos y nadar en el mar, a diferencia de la constante ansiedad de las armas.

Al principio la decisión fue muy cuestionada, ¿acaso las madres de mafia no tienen derechos sobre sus hijos? Sí y no. El bienestar del niño es el principal derecho y si la madre no puede garantizar que el niño tenga una vida buena, entonces tampoco debería tener ese derecho. La mafia se cultiva en la familia, por lo que esta iniciativa es una lucha contra una de las raíces más profundas de la mafia, al tiempo de que garantizas una vida digna. Los niños de la mafia están obligados a crecer muy rápido y ningún niño debería pasar por eso. 

Portada de la película Libres para elegir: los hijos de la ´Ndrangheta.

Recorrimos muchos caminos en Sicilia, evitamos las autopistas, para poder detenernos cuando quisiéramos y mirar el paisaje. A fin de cuentas el viaje era el camino. Salimos de Palermo con dirección a Villa Adriano, el pueblo en el que Giuseppe Tornatore filmó Cinema Paradiso; y dormiríamos en Corleone. El navegador a veces nos llevaba por caminos francamente intransitables, y así fue como condujimos por el monte y en carreteras curveadas en las que sólo podía pasar un auto. Terracería y del otro lado el barranco. Ahí noté que comienzo a parecerme a mi madre o que quizá confío más cuando mi padre va al volante, cualquiera de las dos opciones es posible. En algún punto tuvimos que detenernos porque los borregos nos rodearon y bloquearon el paso. Casi al final del día llegamos a Corleone, aunque semanas antes mi querida amiga siciliana me había advertido “en Corleone no hay nada”; ella se refería a que no es un lugar tan turístico. Yo ya sabía que no vería nada de El Padrino ahí, pero de todos modos pensé que si estaba en Sicilia, tenía que ir a Corleone, porque aunque no es el pueblo más bello, sí es significativo.

Borregos en la carretera siciliana.
Foto: A. Fajardo

El Centro Internacional de Documentación de la Mafia y el Movimiento Antimafia (CIDMA) estaba a punto de cerrar y nos unimos a la última visita guiada. En el centro se pueden observar varias fotografías, pero necesitas que la guía te cuente la historia de cada una, para que comprendas que la mafia tiene siempre esa doble cara. De un lado las fotos de las mujeres de los capos, con pieles en salones con mármol y bebiendo champaña; del otro lado las mujeres en la miseria sosteniendo a un hijo muerto en brazos. En este lugar aprendí que la mafia no debe ser romantizada, que debemos mostrar más su cara perversa: que el TikTok con el Ferrari y los zapatos Gucci tienen un precio de sangre; que la mafia no respeta ni a niños ni a mujeres, empezando por los propios; que viven sin libertad.

En una de las salas también se encuentran las carpetas con la documentación del Maxiproceso, son copias, pero la información es pública y además es la representación del cambio de estructura. Al principio, algún procurador investigaba a algún capo y cuando el procurador era asesinado la información también desaparecía y tenían que empezar desde cero. Con el Maxiproceso todos podían acceder a la investigación, así que si alguien era asesinado, el proceso no se detenía. De ahí la importancia de Giovanni Falcone y Paolo Borsellino.

Sala de las carpetas. CIDMA, Corleone.
Foto: A. Fajardo

Además de concientizar sobre la verdadera cara de la mafia, la población se ha revelado, especialmente los jóvenes, quienes ya no están dispuestos a vivir en la opresión y con pequeñas acciones concretas, pero poderosas, lo demuestran. Qui non si paga il pizzo, afirman con una pegatina a la entrada de algún negocio, cafetería o cooperativa. Con una mezcla de valentía y miedo resisten las amenazas y libran una batalla, porque no seguirán pagando por “protección”. No seguirán sometidos. 

Giovanni Falcone definió a la mafia en Cosas de la Cosa Nostra como un poder que abusa de los valores, como la familia y el honor:

“La mafia: sistema de poder, articulación del poder, metáfora del poder, patología del poder. La mafia, que se transforma en estado y donde el estado está trágicamente ausente. La mafia: sistema económico, por siempre implicado en actividades ilícitas, fructíferas y que pueden ser explotadas metódicamente. La mafia es la organización criminal que usa y abusa de los tradicionales valores sicilianos”.

Giovanni Falcone, Cosas de la Cosa Nostra

El poder es la facultad de hacer alguna cosa, pero al vivir dentro de una comunidad el poder tiene límites delimitados por el bien común. Es por eso que la mafia, aunque tenga poder y así lo manifiesta, tiene un poder viciado, enfermo, patológico. Tienen el poder de hacer lo que quieren y por eso no tienen escrúpulos, pero tienen una aparente libertad. Son juegos de poder, en los que viven con el ansia de perder lo que tienen. Son poderosos, pero viven ocultos en un búnker húmedo con una hornilla eléctrica y sus familias son las que pagan las consecuencias. 

La mafia ha cambiado su modo de operación, ahora llevan cuellos blancos, pero siguen manchados de sangre. Ya no les importa ser mediáticos, incluso parece que es su nueva estrategia de marketing, aunque no por ello los periodistas y procuradores dejan de ser asesinados. Su poder se extiende en el mundo y aún así son sólo un puñado en comparación con la gente de buena voluntad. Hablemos de ellos y de lo que hacen, hablemos para que los niños sigan siendo niños y no se les fuerce a crecer con las falsas imágenes, hablemos para que los niños quieran ser como aquellos que sin miedo se han atrevido a hablar.

Una oferta que no podrás rechazar: del Padrino a Gomorra

El trabajo infantil con el que estamos de acuerdo

Hasta hace relativamente poco tiempo, las niñas y los niños eran vistos en casi todo el mundo como fuerza de trabajo en miniatura. Una de las grandes luchas –por desgracia, todavía inconclusas– de los organismos de protección de los derechos humanos a nivel mundial es acabar con la explotación y el trabajo infantil.

Sin embargo, hay una forma de explotación infantil con la que todos, incluso en los países desarrollados, parecen estar de acuerdo, y que observamos año tras año, incluso con beneplácito: el trabajo de las estrellas infantiles.

Desde luego, hay muchos menores de edad con talento y ganas de explorar sus inquietudes artísticas, y no hay nada de malo en que reciban el apoyo de sus padres para desarrollar una carrera propia; sin embargo, la experiencia acumulada parece indicar que es casi imposible producir una súper estrella infantil, sin incurrir en distintas formas de abuso o explotación, básicamente, porque una súper estrella infantil tiene que atender exigencias comerciales que son imposibles de compaginar con las actividades propias de sus edad, como los estudios, el juego, el descanso y la vida familiar.

Y cuando se habla de experiencia acumulada en esta materia, es que hay mucha experiencia acumulada, prácticamente desde los inicios de la industria del entretenimiento como la conocemos.

Judy Garland

La inolvidable Dorothy de El Mago de Oz hizo su debut en el teatro musical cuando apenas tenía 2 años. Su padre, Frank Gumm (que fue luego acusado de abuso sexual de menores) era un empresario teatral que le marcó a sus hijas el camino en la industria del espectáculo. Las hermanas Gumm integraron un grupo de vodevil, que incursionaba en pequeñas producciones cinematográficas. A los 13 años, Frances Gumm cambió su nombre por el de Judy Garland y firmó un contrato con la Metro-Goldwin-Meyer que le abrió las puertas del gran estrellato. Formó una pareja profesional con el también actor infantil, Mickey Rooney y comenzó a filmar comedias de considerable éxito, hasta que obtuvo el papel de su vida en El Mago de Oz, a los 16 años.

El lado oscuro de la historia es que, para poder soportar las largas jornadas de trabajo y las múltiples exigencias de la industria, Judy Garland, al igual que muchos otros niños actores de su tiempo, comenzó a recibir desde muy joven altas dosis de anfetaminas y barbitúricos, que la llevaron a la adicción, la inestabilidad emocional y el desgaste físico.

Después de una vida de excesos y altibajos familiares, Garland, enferma y envejecida, murió, víctima de una sobredosis, cuando apenas tenía 47 años.

Judy Garland en “El mago de Oz”.

Michael Jackson

El llamado “Rey del pop” era el octavo hijo de una familia afroamericana de clase baja. Hijo de Joseph Jackson –un trabajador del acero, exboxeador y guitarrista–, Michael formó con sus hermanos el grupo de los Jackson 5, y a los 10 años firmó un contrato con la legendaria casa productora Motown Records. Dotado de un extraordinario talento como cantante y bailarín, además de una enorme sensibilidad, Michael se convirtió en el centro de la actividad artística y económica de su familia. Pero junto a la fama y el éxito, vivió una infancia marcada por el abuso psicológico y las constantes golpizas que le propinaba su padre, para obligarlo a ensayar y trabajar en horarios extenuantes.

Michael se convirtió en la estrella pop más grande de todos los tiempos, obtuvo un éxito que nunca se había visto y que, probablemente, no vuelva a verse jamás; pero también desarrolló múltiples problemas de personalidad, desórdenes alimenticios, compulsión por la cirugía plástica, adicciones y problemas de salud. Vivió toda su vida adulta rodeado de escándalos, tanto por su extravagancia e inestabilidad, como por las acusaciones de abuso sexual de menores que lo persiguieron durante sus últimos años de vida.

Obsesionado con su infancia perdida, Michael creó un mundo ilusorio a su alrededor y se alienó por completo de la realidad. Nunca logró tener una vida normal ni relaciones familiares estables. Murió extenuado, a los 50 años a causa de una sobredosis de propofol, una sustancia anestésica que se usa en el quirófano, pero de la que él abusaba simplemente para poder dormir.

Michael Jackson

Macaulay Culkin

Mundialmente famoso por haber interpretado a Kevin en Mi pobre angelito (Home Alone) cuando tenía sólo 10 años, Maculay Culkin se convirtió en la mayor estrella infantil del cine en la década de los 90. Provenía de una familia pobre y su padre tenía una personalidad violenta y abusiva. Además de Kevin, Maculay Culkin interpretó papeles memorables, tanto en comedias como en dramas, desde el adorable Thomas de Mi primer beso (My Girl), hasta el perverso Henry de El ángel malvado (The good son) e, incluso, a Ricky Ricón en su versión cinematográfica.

A los 14 años había filmado ya 15 películas y se retiró deseando una vida normal, pero tuvo que pelear con sus padres en los tribunales por el control de su fortuna. A partir de entonces tuvo problemas legales por su abuso de sustancias, y mantuvo una vida familiar inestable. Se casó a los 18 años con la actriz Rachel Miner, de la que se separó 2 años después. Ha mantenido relaciones con las actrices Mila Kunis, Jordan Lane Price y Brenda Song. Fue el mejor amigo de Michael Jackson, hasta la muerte de éste.

Macaulay Culkin

Lindsay Lohan

Lindsay comenzó su carrera como modelo infantil, cuando sólo tenía 3 años, para marcas como Abrecrombie o Calvin Klein, hizo comerciales y comenzó a actuar durante su infancia, hasta que –a los 11 años de edad– consiguió el doble papel protagónico en Juego de Gemelas (Parent Trap). Al enorme éxito de su interpretación, con la que Disney recaudó casi 100 millones de dólares, le siguieron enormes éxitos en comedias para adolescentes como Un viernes de locos (Freaky Friday), Herbie y el clásico Chicas pesadas (Mean Girls).

Sin embargo, el peso de una familia profundamente disfuncional y desproporcionadamente avariciosa, los problemas legales de sus padres y, sobre todo, la descontrolada adicción a la cocaína en la que cayó desde muy joven, fueron los factores que hicieron que Lindsay Lohan perdiera lo que parecía la carrera más prometedora de su generación y terminara convertida en un mal recuerdo de Hollywood.

Lindsay Lohan

Luis Miguel

En nuestro país también ha habido historias tristes o escabrosas vinculadas con estrellas infantiles, pero no cabe duda que la más importante ha sido la de Luis Miguel. Hijo de Luisito Rey –que también fue en su momento cantante infantil–, Luis Miguel comenzó su carrera a los 11 años, cantando en fiestas y eventos privados. A lo 12 firmó su primer contrato discográfico con EMI y se convirtió de inmediato en una gran estrella en México. A lo largo de su pubertad y adolescencia alcanzó el mayor éxito internacional, tanto en Latinoamérica como en España e incluso en Italia. A lo largo de su carrera ha vendido más de 100 millones de discos.

Sin embargo, detrás del éxito se escondía una historia de abuso físico y psicológico por parte de su padre, que lo obligaba a trabajar jornadas extraordinarias, incluso introduciéndolo en el uso de drogas para mantener el ritmo de trabajo.

La historia familiar de Luis Miguel está marcada por la misteriosa desaparición de su madre, Marcela Basteri, así como por los desfalcos económicos y la conflictiva relación con su padre. Si bien, Luis Miguel sigue siendo un referente dentro de la industria musical de habla hispana, en los últimos años no ha logrado mantener el hermetismo con el guardaba su privacidad en la juventud y se le ha visto enfrentar problemas familiares, descontroles de peso y luchar contra sus adicciones.

Luis Miguel.
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