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Fin de Roe vs Wade

Fin de Roe vs Wade

Por Pbro. Mario Arroyo

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El fin de Roe vs Wade es el resultado, en gran medida, de un puñado de católicos competentes y coherentes: Samuel Anthony Alito, Brett Kavanaugh, Amy Coney Barrett, Clarence Thomas, y John Roberts quienes, basados en un profundo conocimiento jurídico, pudieron mostrar los vicios de fondo de la sentencia que ha enviado a la tumba a millones de niños norteamericanos. Sencillamente reconocen que eso –el aborto- no está en la constitución y le devuelven a cada estado en derecho de legislar al respecto. Se calcula que 26 de los 50 estados de la Unión Americana prohibirán el aborto o le pondrán severos candados a su práctica. Sin lugar a dudas una victoria histórica del movimiento pro-vida.

Mucho se ha escrito con ocasión de la histórica sentencia Dobbs vs Jackson Women´s Health Organization, aquí sólo quisiera poner el lente de aumento en el hecho de que la mayoría de los jueces que aprobaron la sentencia son católicos –sólo había uno protestante Neil Gorsuch- y, a diferencia de los otros “católicos prominentes norteamericanos” (Nancy Pelosi, Melinda Ann French y Joe Biden), ellos sí son coherentes con sus principios religiosos.

Ahora bien, no se piense que impusieron su sentencia por sus principios religiosos, obviamente en la motivación de la sentencia no se enuncian ningún género de argumentación religiosa. Todo es puramente jurídico; no están imponiendo su particular visión del mundo “católica”, sino que están enmendando un abuso jurídico de casi 50 años, basado en un falso testimonio. Como es sabido Norma McCorvey escribió su libro “I´m Roe” (Yo soy Roe) contando como mintió en el famoso juicio de 1971, cuya sentencia se emitió el 22 de enero de 1973, y cómo fue utilizada por los grupos pro-aborto de aquella época. Lo importante es señalar que la argumentación de la sentencia es puramente jurídica; están defendiendo la Constitución Norteamericana y la autodeterminación del pueblo estadounidense en este importante extremo.

En síntesis, no basta ser católico coherente, sino que es necesario ser competente, capaz. Esos cinco jueces católicos de la Suprema Corte de Justicia Estadounidense no llegaron ahí por ser católicos, sino por ser peritos en derecho. Y como tales, quisieron remediar el barbarismo jurídico que suponía Roe vs Wade, y lo consiguieron. Es decir, lo que más necesita la Iglesia, para ser de verdad “luz de las naciones”, es que haya muchos laicos como ellos: competentes y coherentes con su fe.

La verdad estábamos cansados de tantos católicos incoherentes que han llegado a los puestos de influencia más importantes del mundo: Joe Biden, presidente de los Estados Unidos, acérrimo defensor del aborto, lo mismo que Nancy Pelosi, Presidenta de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos. Es devastador el efecto negativo que puede tener para la sociedad la difusión de este tipo de catolicismo light, sin fuerza frente a las modas ideológicas del momento. Y es impresionante, el caso contrario, lo que pueden hacer un pequeño grupo de católicos bien formados, consistentes con su fe, en las mismas posiciones neurálgicas de la sociedad.

¿Qué corolario podemos sacar de tan feliz noticia? Primero, no caer en fáciles triunfalismos. Es una gran noticia, pero no podemos olvidar que hoy por hoy, los Estados Unidos difunden a nivel mundial el aborto como política pública. No podemos olvidar que los jueces cambian, y si hoy hay mayoría republicana, mañana puede ser demócrata, es decir, en política nunca una victoria es definitiva. Pero claro que podemos alegrarnos con este paso histórico, que se antojaba imposible, sobre todo porque el aborto parece avanzar impunemente en nuestro mundo, siendo esta la primera vez que retrocede en forma consistente.

Pero, sobre todo, podemos sacar un corolario personal: tener ilusión profesional, deseos de ser los mejores en nuestro campo de trabajo, para, desde ahí, servir al Reino de Cristo. En síntesis, formarnos muy bien tanto en el ámbito profesional como en el religioso, con la idea de hacer un mundo más acorde con el Corazón de Cristo, más respetuoso de la dignidad humana, más humano por más cristiano.

Fin de Roe vs Wade

Ayuno por Ucrania

Por Pbro. Mario Arroyo

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Como todos los años, llega el miércoles de ceniza, y con él la cuaresma. Pero este año es especial, pues el Papa Francisco nos invita a ofrecer a Dios el ayuno propio de este día por la paz en Ucrania. Hermosa intención, maravilloso deseo, pero, ¿en qué beneficia a los ucranianos el que yo me prive del desayuno? Indudablemente, sólo desde una óptica de fe puede comprenderse el misterioso pero real vínculo entre nuestras acciones y el gran teatro del mundo. Francisco tiene esta perspectiva privilegiada, que podríamos calificar como “realidad aumentada”, sirviéndonos del término propio de un desarrollo tecnológico hodierno. Es decir, la misma cruda realidad que todos vemos por los medios de comunicación, pero aumentada con la visión propia de la fe.

¿Qué nos dice esta “realidad aumentada” característica de la fe? Que no somos versos sueltos, puntos autónomos, libres e independientes entre sí, sino que formamos una gran sinfonía en la que misteriosa pero realmente estamos todos unidos y entrelazados. Es el dogma de “la comunión de los santos”. Las obras buenas que haga yo ayudan no sólo al beneficiario directo, sino que tienen un eco positivo en el conjunto de la humanidad, y hacen de este mundo un hogar más humano, más digno de la persona.

Junto con la “comunión de los santos”, la perspectiva de la fe nos indica que Dios y su providencia no se han ausentado de la historia; no es el dios deísta, que crea el mundo y se olvida de él. No, el Dios cristiano se compromete con el mundo e interviene, pues es, en definitiva, “el Señor de la Historia”. Digamos que, siempre desde una perspectiva de fe, como la que nos transmite Francisco con su petición de ayuno, los protagonistas de esta trágica historia no son solo Putin, Zelenski y Biden, sino también, de un modo discreto pero eficaz, como tras bambalinas, Dios mismo. En efecto, ya san Juan Pablo II hablaba de la misericordia de Dios como una fuerza que pone un límite a la capacidad de mal que anida en el corazón humano. El ayuno tiene como objetivo “mover” a esa misericordia para que ponga fin a la guerra, por derroteros que solo Dios y su providencia pueden vislumbrar.

Por ello, la visión cristiana de la guerra, sin dejar de ser realista, de forma que la considera, en cierto sentido, como el sumo mal, no es desesperada. Al contrario, mira la cruda situación con confianza y redescubre un misterioso y peculiar protagonismo, de modo que sus acciones ordinarias pueden sumar una ayuda al encuentro de una solución digna para el conflicto. Es decir, el cristiano no se desentiende y se encoge de hombros, como diciendo: “nada puedo hacer, soy muy pequeño, esto me agarra muy lejos”; no simplemente se deja abrumar por las escalofriantes imágenes que nos transmiten los medios de comunicación; por el contrario, al contemplar tanto dolor y sufrimiento, se siente interpelado personalmente para ofrecer su contribución espiritual a la solución de la guerra.

Protesta solidaria hacia Ucrania en Berlín. Foto: Leonhard Lenz.

En este sentido, la fe nos convierte de espectadores aterrorizados y pasivos, a protagonistas, misteriosos pero reales, de la historia. De ahí la petición de ayuno ofrecido por Ucrania por parte del Pontífice. Es la convicción de que cada uno es importante, “cada uno es necesario” (Benedicto XVI), cada uno puede ofrecer su granito de arena para construir la paz. Es el pecado del hombre el que espiritualmente causa la guerra; es la conversión del hombre, la que espiritualmente consigue, de la misericordia de Dios, la paz del planeta.

Por eso embona muy bien el precedente discurso -descabellado para quien carezca de una visión de fe- con el lema que Francisco nos propone para la cuaresma y que toma de san Pablo: “No nos cansemos de hacer el bien, porque, si no desfallecemos, cosecharemos los frutos a su debido tiempo. Por tanto, mientras tenemos la oportunidad, hagamos el bien a todos”. Así, nuestra respuesta personal al desbordarse del mal propio de la guerra es “ahogar el mal en abundancia de bien” (san Josemaría) en nuestra vida, con la esperanza de que ese bien reboce y contribuya a la paz en Ucrania. Como respuesta a la guerra el cristiano ofrece una batalla espiritual, se siente interpelado, protagonista y no espectador de la historia. Como diría san Pablo, “no te dejes vencer por el mal, vence al mal con el bien.”

Fin de Roe vs Wade

Obsesión por el aborto

Por Pbro. Mario Arroyo

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Un profesor universitario me preguntó: “¿estamos obsesionados los católicos con el aborto?”, a raíz de mi desconcierto sobre la afirmación de Joe Biden, quien sostiene que el Papa le dijo que era un buen católico y que podía acercarse a comulgar. Son dos temas diferentes, aunque confluyen en la triste realidad del aborto.

No es que los católicos estemos obsesionados con el aborto, pero ciertamente se trata de un rubro importante en el mundo de hoy. En expresión de la Conferencia Episcopal Norteamericana, se puede decir que es una “prioridad preeminente” de la agenda católica, pero ser preeminente prioridad no significa que sea la única o que sea excluyente, como bien explica el arzobispo Cordilione: “preeminente no significa única”. La diferencia estribaría en que las otras realidades que preocupan a la Iglesia Católica no son tan controversiales, hay un consenso bastante generalizado al respecto. En efecto, la protección a los migrantes, la lucha contra la trata de personas, la erradicación de la pobreza, la preocupación por el cambio climático, o la búsqueda de la paz, por citar algunas, son algunas de las preocupaciones de la Iglesia compartidas por el grueso de la sociedad; no así el aborto.

Ilustración de Yekaterina Glazkova para campaña provida en Polonia. Foto: Lukasz Klatewa

Eso se notó en la reciente reunión entre el Papa Francisco y Joe Biden. Si hemos de creer en lo que afirmó el segundo –y no hay razón de peso para no hacerlo-, no se habló del aborto –lo que nos hubiera gustado a todos los que somos provida– y en cambio se abordaron todos los demás temas que permitían alcanzar un consenso y trabajar en común. Esto es una muestra práctica de que los católicos no estamos obsesionados con el tema del aborto. Tampoco significa que al Papa no le importe el aborto, pues, por ejemplo, recientemente ha bendecido unas “campanas pro-vida”, “para recordar la voz de los no nacidos” y “anunciar el Evangelio de la vida”. Entonces ¿por qué no trató el tema con Biden? Claramente tiene más trascendencia negociar al respecto con el Presidente de los Estados Unidos que bendecir unas campanas. Aquí es donde está la incógnita, resolverla significaría interpretar a Francisco.

Adentrándonos en el pantanoso mundo de las interpretaciones, pienso que el Papa toma la opción fundamental por tender puentes, eludiendo las cuestiones controversiales, porque sabe que no va a conseguir demasiado y va a perder oportunidades de crear sinergia en otros temas importantes. Me parece una actitud análoga a la de Pio XII de no condenar públicamente el holocausto. Nuevamente se trata de un holocausto silencioso de millones de niños, pero Francisco sabe que enarbolar esta bandera fue uno de los factores para que Biden ganara la presidencia, y que no va a conseguir nada confrontándose con él. Es decir, se trata de una decisión de prudencia política, equivalente a considerar perdida una batalla e intentar ganar puntos en otras importantes. Nuevamente, es evidente, los católicos no estamos obsesionados con el aborto y nuestra agenda es mucho más rica que ese monotema, aunque nos duela particularmente ver la evolución del problema.

Papa Francisco y Joe Biden (2015) Foto: David Lienemann
Papa Francisco y Joe Biden (2015) Foto: David Lienemann

Lo que me parece más cuestionable, sin embargo, es que el Papa le haya animado a comulgar. Yo, personalmente, dudo mucho que así haya sido; y dudo también que el Papa lo vaya a desmentir públicamente. En este rubro, me parece, Biden está utilizando al Papa, para “defenderse” de la Conferencia Episcopal Norteamericana, que tiene pendiente, por petición del mismo Francisco, establecer una política clara al respecto.

Biden puede ser muy sagaz e instrumentalizar a Francisco. Puede que le “autoricen” comulgar. Pero es un hecho que está promoviendo a nivel global uno de los crímenes más graves contra la vida humana, y que eso pesa sobre su conciencia, pues es su responsabilidad ineludible. En este sentido, si eventualmente se acerca a comulgar, no va a ser en beneficio propio, pues ningún Papa puede abolir la Escritura, que claramente sentencia “quien come y bebe indignamente el Cuerpo, come y bebe su propia condenación”. Y cara a Dios, el Presidente de los Estados Unidos es un ser humano igual que todos, pues “Dios no hace acepción de personas”. Sus credenciales y astucias de poco servirán cara al juicio divino, y lo triste es que parece no darse cuenta. Recemos por él.

MDNMDN