Lejos en septiembre: no lloro, nomás me acuerdo

Cada vez que mi abuela recibía una llamada de Culiacán, el síndrome de septiembre se activaba en ella; en la nostálgica distancia, Sinaloa era su México.

Cada vez que mi abuela recibía una llamada de Culiacán, el síndrome de septiembre se activaba en ella; en la nostálgica distancia, Sinaloa era su México.