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¿Existen los milagros?

¿Existen los milagros?

Por Guillermo Salas Vargas

Reseña del libro “Can a Scientist Believe in Miracles?” de Ian Hutchinson, IVP Books, Downers Grove, Illinois, 2018.

Para quienes nos decimos cristianos y procuramos mantener viva nuestra fe, es reconfortante encontrar libros escritos por científicos eminentes que podríamos catalogar como de “teología natural”: libros que nos presentan una realidad natural estudiada a partir de herramientas científicas, y que es compatible con las verdades que conocemos por medio de la Revelación y la tradición de la Iglesia.

Este es el caso de varios libros cuya lectura recomiendo, a saber:

“Los milagros” libro clásico del muy conocido C.S. Lewis, autor de muchos títulos, entre los que se encuentran “Mero Cristianismo”, “Cartas del Diablo a su Sobrino”, “Crónicas de Narnia”, “La Abolición del Hombre,” etc.  El libro “Los milagros” fue publicado inicialmente en 1947 y se ha reimpreso muchas veces.

“Ciencia y Teología”, de John Polkinghorne, quien se destacó como profesor de matemática física en la Universidad de Cambridge, y actualmente es académico de número (fellow) de la prestigiada Royal Society. También ha publicado varios títulos; este libro en particular fue publicado en español por la editorial Sal Terrae en el año 2000.

“¿Cómo habla Dios?”, de Francis Collins, quien dirigió el Instituto de Investigación del Genoma Humano. En el año 2001 Collins y su equio del instituto descubrieron la información genética que contiene cada célula del cuerpo humano. Este libro fue publicado inicialmente en inglés en el año 2006, y la editorial Ariel lo publicó en español en 2016.

“God’s Undertaker: has science buried God?” [Sepulturera de Dios: ¿la ciencia ha enterrado a Dios?] de John Lennox, editado en 2009 por Lion Books. Lennox es profesor de matemáticas en la Universidad de Oxford y es experto además en filosofía de la ciencia.

“Una Visión Enriquecida de la Realidad: el díalogo entre la teología y las ciencias naturales”, de Alister Mc Grath. Este libro fue co-editado en español apenas en 2019 por la Editorial Sal Terrae y la Universidad Pontificia de Comillas. Este autor es  experto en biología molecular de la Universidad de Oxford, y también ha escrito muchos otros libros.

En la misma línea de los libros arriba mencionados está el de Ian Hutchinson “Can a Scientist Believe in Miracles?” [“¿Puede un científico creer en milagros?”]. Hutchinson es ingeniero nuclear y físico especializado en plasma y profesor en el Massachusetts Institute of Technology. El plasma es el estado natural de la materia estelar que se forma artificialmente en las reacciones de fisión nuclear. El libro de Hutchinson llegó a mis manos a través de mi amigo, el Dr. Julio Herrera, profesor de ciencias nucleares en la UNAM y colega de Hutchison

Nacido en Inglaterra en 1951, el prof. Hutchinson se convirtió al cristianismo en su juventud, durante su paso por la Universidad de Cambridge, donde hizo amistad con personas de fe cristiana que tomaban su religión en serio.

Hutchinson ha participado en multitud de debates organizados por “The Veritas Forum” en círculos universitarios anglo-parlantes a lo largo de más de 25 años. Como la gran mayoría de ellos fueron video-grabados, el autor desarrolla en su libro las respuestas a 220 preguntas que reflejan las inquietudes que le han expresado los estudiantes universitarios durante esos debates.

Ian Hutchinson. Imagen de la Grace Valley Fellowship

La cuestión que da el título al libro es: “¿Ocurren los milagros?” (Cap. 9). Para responder a esta pregunta el autor comienza por recordarnos que el filósofo esocés David Hume escribió en 1748 el libro “On Miracles” [“Sobre los milagros”], en el que niega la posibilidad de que existan. Hutchinson nos hace ver que el argumento de Hume es falaz, pues primero define un milagro como algo que no puede ocurrir, y luego presenta esa definición como “prueba” de lo mismo.

No obstante, Hutchinson se propone ir más allá en la comprensión del pensamiento de Hume, reformulando el argumento así: “Un milagro es por definición una violación muy infrecuente de las leyes naturales que regulan el curso normal de los eventos. La evidencia para lo que ocurre muy infrecuentemente es siempre mucho menor que la evidencia que existe para lo que ocurre regularmente. Una persona sensata debe adecuar su creencia a la evidencia. Por lo tanto, una persona sensata no debe creer en que existan los milagros”.

En otras palabras, si una persona afirma que ha atestiguado un milagro, hay que asignar a la veracidad de esa afirmación una probabilidad muy baja (para Hume, de cero), y a su falsedad la probabilidad complementaria, de manera que Pm + Pe = 1; en donde Pm es “la probabilidad de que existió el milagro” y Pe “la probabilidad de que el testigo esté en un error”.

Para reforzar su argumento, Hume se basa parcialmente en la creencia de que es imposible que ocurra algo que nunca ha ocurrido antes. Pero evidentemente esto es un error, pues sabemos que -sin que fuera un milagro- un hombre pisó la luna por primera vez el 20 de julio de 1969, algo que no había ocurrido antes.

Por otra parte, Hume argumenta que, por definición, nada que haya ocurrido puede haber sido un milagro. Hutchinson señala que “en este caso, la filosofía de Hume es el fundamento de la evaluación de la evidencia, en lugar de que la evidencia empírica sea la base de su filosofía”. Por tal razón, nuestro autor argumenta que, al contrario de Hume, debe uno estar abierto a la posibilidad de que Dios pueda suspender excepcionalmente las leyes de la naturaleza para operar un milagro.

Hutchinson afirma que creer en ciertos milagros no es lo mismo que ser supersticioso, ya que las supersticiones siempre son creencias erróneas acerca de cómo funciona la naturaleza en  condiciones habituales. Dichas supersticiones se han ido disipando, afortunadamente,  con el avance científico. Sin embargo, la ciencia bien entendida no puede excluir la posibilidad de que existan los milagros en general. Para afirmar que los milagros no existen “porque son milagrosos”, se requiere adoptar una creencia que no está justificada por la evidencia científica; curiosamente, negar rotundamente la posibilidad de que existan los milagros es un acto de fe, y no el resultado de una demostración o una argumentación.

Hutchinson dedica otras 24 páginas a tratar el tema de la posibilidad de que existan los milagros. Considera que es perfectamente razonable sospechar que muchos de los reportes de milagros que escuchamos o leemos no son verídicos. Sin embargo, los que creemos en el milagro de la Encarnación podemos tener confianza en la “Buena Noticia” que nos trae el Evangelio, aún cuando en general tendemos a creer más fácilmente en las malas noticias que en las buenas.

Otro ejemplo que podemos dar de la defensa que hace Hutchinson de sus creencias religiosas es su manera de abordar el tema de la Sagrada Escritura: dice que hay que comprender que la Biblia, “como cualquier obra literaria, requiere ser leída con un cierto grado de empatía, conocimiento de las realidades sociales de cada época, de una interpretación constructiva y no meramente escéptica, y de un compromiso serio, alejado de la caricaturización”. (Pág. 184).

Como puede colegirse de mis comentarios, la obra del Profr. Hutchinson y la de los demás autores mencionados en esta nota confirman que se puede ser creyente y a la vez un científico eminente, aún en el presente siglo.

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