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Matrimonio: ¿entrarías a un negocio con posibilidades de fracaso mayores a 40%?

Matrimonio: ¿entrarías a un negocio con posibilidades de fracaso mayores a 40%?

Por Ángeles Arizaleta

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¿Qué significa estar casado? ¿Qué significa decir: “sí quiero”? ¿Cuál es nuestro papel como esposa/esposo?

En el ajetreo de la vida de una  mamá de dos niñas muy pequeñas y profesionista, no hay demasiado tiempo libre para hacerse estas preguntas existenciales, pero cuanta más gente y más parejas conozco, más me viene a la mente una pregunta que me hubiera gustado hacerme hace 10 años, antes de que me dijeran “Señora”.

En la era de la información y de las experiencias sin consecuencias ¿por qué la tasa de divorcios sigue creciendo? ¿Cómo es que la generación anterior se conocía muy poco al casarse y llegan a celebrar incluso bodas de Oro? ¿Cómo explicarse que en otras religiones los novios se conocen casi el día de la boda? Y del lado opuesto, cada vez son más las parejas que optan por irse a vivir juntas antes de casarse, o simplemente irse a vivir juntas sin intención de casarse.

La figura del concubinato (término legal para aquellas parejas que sin estar casados y sin impedimentos legales para contraer matrimonio viven juntos, haciendo una vida en común por un periodo mínimo de un año, según el Código Civil para el Estado de México) ha cobrado importancia en los últimos años en México y no se diga en el resto del mundo. Cada día son más las parejas que dicen tener un compromiso y viven juntos durante años, teniendo incluso hijos en común, pero a quienes casarse no les interesa en lo más mínimo.

En lo personal, no creo que vivir con alguien antes de casarse sea una especie de seguro o fórmula mágica para un matrimonio longevo y feliz. Esta hipótesis se basa en que “si se llegan a conocer las dos partes al 100% antes de asumir un compromiso legal, ya no hay sorpresas y por lo tanto ya no habrá divorcio”. La vida en común sería un “trial run”, una especie de prueba de manejo como hacemos cuando vamos a comprar un coche (cuando las concesionarias tenían coches claro). Pero el problema de la teoría de vivir juntos antes de casarse es que nunca vamos a terminar de conocer al 100% a la otra persona ¡muchas veces no llegamos incluso a conocernos a nosotros mismos!

Vivir unos años con una persona no nos dará el conocimiento total para saber cómo reaccionará ante cualquier situación. La vida está llena de situaciones inesperadas que no aparecieron en esa “prueba de manejo”. Nunca podemos saber con certeza como va a reaccionar nuestra pareja ante un hijo enfermo, o ante un problema financiero fuerte. Además, las personas no somos seres estáticos, estamos en constante evolución, cambio y maduración; y como éramos a los 20, probablemente no deberíamos seguir siendo a los 30.

Puede ser que esta sea la explicación a todas aquellas parejas que aun habiendo vivido juntos, se terminan divorciando. Creo firmemente que vivir con alguien antes de casarse no es un “seguro de matrimonio”. Casi 10 años de matrimonio me hacen pensar que, si bien es sumamente importante conocer a la otra persona antes de casarse, es mucho más importante llegar al matrimonio teniendo una idea muy clara, objetiva, y muy realista de qué es un matrimonio y cuál es el rol de nuestra pareja en él.

Si nuestras expectativas del matrimonio están fundamentadas en un concepto maduro, claro y de acuerdo con lo que es realmente un matrimonio, podríamos quizá decidir en unos pocos meses si esa persona que nos lleva flores los viernes podría cumplir con el papel de esposo o no.

¿Qué es entonces un matrimonio? Y ¿cuál es el rol verdadero de un esposo/esposa?

Histórica, legalmente y también en nuestras costumbres el matrimonio se ha entendido como un contrato; un contrato muy sui generis, pero al fin y al cabo un contrato. Si un matrimonio es un contrato ¿por qué lo vemos de una manera tan diferente a como veríamos un contrato mercantil? A veces parece que nos preocupa muchísimo menos romper el contrato matrimonial que romper un contrato de negocios.

Desde una perspectiva pragmática y de economista, yo entendería los roles en el contrato del matrimonio así:

  • Los contratantes son tú y tu esposo/esposa.
  • Las utilidades que buscan en este contrato y este negocio son los hijos (aunque a veces se comporten como pérdidas más que como ganancias).  Sobre este punto, nadie entraría a un negocio donde no hubiera utilidades, por lo tanto, entrar a un matrimonio sabiendo que no habrán hijos (porque no quieren), no constituye un matrimonio realmente, y es por esto que la Iglesia lo considera materia de nulidad matrimonial.
  • El fine print (o letras chiquitas con términos legales complicadísimos) son los problemas que inevitablemente van a aparecer. Aquí puede entrar la familia política, los problemas económicos, los desacuerdos en la crianza de los hijos, y un sinfín de temas.

Además, hay un cuarto elemento que no está presente en contratos mercantiles y es lo que hace más complicado (y más especial) el contrato del matrimonio: el amor. El amor es el sustento de ese contrato y lejos de ser un romanticismo, el amor en un matrimonio se traduce en la disponibilidad para ceder (en todo aquello que no es importante), para crecer (en lo individual y como pareja y familia) y para perdonar los muchos errores que cometemos ordinariamente (siempre y cuando haya disponibilidad para cambiar y aprender de ellos).

Cuando vamos a entrar a un negocio leemos el contrato mil y una vez, se lo damos a un abogado para que lo revise, lo afinamos y pulimos hasta que estamos completamente seguros de que no se nos pasó nada. ¿Por qué no entonces revisamos lo que implica un matrimonio con la misma minuciosidad que un contrato mercantil?

Muchos cursos pre-matrimoniales duran un día o incluso pocas horas. Y eso si es que nos casamos por la Iglesia, seguramente un juzgado no pide más que identificaciones y comprobantes de domicilio. ¿Cómo a alguien le puede sorprender que de cada diez matrimonios en CDMX cuatro terminarán en divorcio?

Creo que la cultura popular tiene mucha culpa en la idea falsa con la que se entra al matrimonio. Crecemos viendo series y películas que presentan al romanticismo como sinónimo de éxito matrimonial; historias en las que el físico de los enamorados es la base del amor, y en las que la princesa una vez casada vive “feliz para siempre” con el príncipe. Generaciones enteras crecieron con esta idea, y si ahora le sumamos el papel estelar de las redes sociales, nos formaremos una idea aun más falsa y más inalcanzable de lo que es un matrimonio y de lo que es en realidad un esposo/esposa.

Basta abrir Instagram y revisar lo que sube cualquier influencer que está casada: mil fotos con su esposo, los dos por supuesto parecen modelos, siempre están viajando, él siempre le está regalando bolsas o joyas, festejan su aniversario a lo grande cada año, etc… En estos perfiles jamás veremos una discusión, un olvido, un descuido, o un problema. Y esto no se queda en los influencers o figuras públicas, también es un problema en nuestro círculo social. ¿Cúantas veces no nos hemos comparado con otros papás de la escuela o incluso amigos cercanos que siempre se ven felices en las fotos, saliendo a cenar y de viaje a todos lados? ¿Y cuántas veces nos hemos enterado de que estas parejas “perfectas” se acaban divorciando? Las redes sociales, en particular Instagram son un escaparate. Al igual que un comerciante, el usuario vende lo que quiere y le conviene para crearse una imagen.

Por supuesto no estoy condenando las series y las redes sociales (claro que tengo una multitud de suscripciones en mi TV y claro que uso Instagram), mi argumento es que la exposición a ideas falsas de amor y de felicidad sí terminan repercutiendo en la idea que tenemos cuando entramos a un matrimonio. Por eso me parece tan importante prepararse mucho tiempo antes de casarse, incluso de conocer a la persona con la que nos vamos a casar, para formarnos una idea muy clara, centrada y  fundamentada en bienes supremos (valores, pues), de qué es un matrimonio y qué debemos buscar en un esposo/esposa.

Si tenemos una idea clara de qué implica el papel de un esposo, podremos saber qué buscar en un novio sin tener que vivir con él para conocerlo plenamente. Un esposo entonces ¿es un “roomate”? ¿Es un amante? ¿Es un amigo? Lo complicado (y lo increíble) de un esposo es que es todo esto y más. Es una contraparte. Por eso la importancia del hombre y la mujer: solo ellos se complementan.

Retomando el tema del contrato, ¿qué cualidades buscamos en un socio de negocios? Yo en lo personal buscaría a una persona ecuánime, madura, estable, que sepa que no me va a tranzar ni se va a aprovechar de una situación difícil. Conozco personas divertidísimas con quien me encanta platicar, pero no haría un negocio con ellas jamás. Si el matrimonio es un contrato, deberíamos fijarnos bien con quién estamos haciendo ese contrato, y saber que ante cada problema y cada chispeo o tormenta, estaremos obligados contractualmente a resolverlo juntos, como socios en un negocio.

Si la evidencia (y el favorito al Nóbel de Economía) nos dicen que el mayor determinante de la felicidad en nuestra vida es el matrimonio ¿no valdría la pensar revisar mejor este contrato antes de firmar?

El poder de una mujer

El poder de una mujer

Por Salvador Fabre

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Hay dos equívocos fundamentales a los cuales quiere responder esta historia real: que la mujer en la Iglesia ha estado históricamente relegada, carente de poder, o de “empoderamiento” como diríamos hoy; y que la Edad Media era una época oscurantista, donde la mujer no contaba para nada. La vida de santa Catalina de Siena desmiente ambos supuestos. Cabría añadir un tercero: que la contemplación, la vida mística nos lleva a desentendernos de los avatares de este mundo, pues tenemos la mirada y el corazón, puesto en el venidero. También la vida de esta santa quiebra dicho paradigma.

Santa Catalina de Siena vivió muy pocos años, pero tuvo una vida muy intensa. Nace en 1347 y muere en el 1380, es decir, hacia el ocaso del a Edad Media. Sin embargo, su mensaje goza de una perenne actualidad, más aún, de una palpitante actualidad, pues encarnaría lo que podríamos llamar una “luchadora social”. Efectivamente Catalina luchó en un primer momento contra la pobreza y a favor del desarrollo y del protagonismo de la mujer en su ciudad, más tarde por la paz en Italia entre las distintas ciudades enemigas, y por la paz dentro de la Iglesia. Esas cuatro luchas de Catalina: contra la pobreza, para promover a la mujer, por la paz en el mundo y en la Iglesia son plenamente actuales, y por ellos podemos ponerlas bajo su patrocinio.

Santa Catalina desarrolló una intensa labor epistolar, para conseguir dos fines fundamentales: la paz entre las diversas ciudades italianas y la vuelta a Roma del Papa, que llevaba años viviendo en Aviñón, Francia. Enviada como embajadora de Florencia ante el Papa para implorar la paz con los Estados Pontificios, consigue la vuelta del Papa Gregorio XI a Roma en 1377, y la paz de Florencia con el Papa Urbano VI, su sucesor.

Como puede verse, Catalina estuvo plenamente inmersa en las aventuras de su tempo, en los problemas políticos y eclesiales. Fue el instrumento de Dios para conseguir el fin del papado en Avignón (una serie de 7 papas gobernaron la Iglesia desde esa ciudad) y le tocó ver con dolor cómo se producía el famoso “Cisma de Occidente”, la elección doble de pontífices, que entre 1378 y 1417 se disputaron el dominio de la Iglesia, llegando a ser incluso 3 papas en 1410. Ante esa disyuntiva ella apoyó a Urbano VI como Papa auténtico.

Santa Catalina de Siena.
Óleo: Juan Bautista Maíno (1612).
Museo del Prado.

Pero, independientemente de los detalles de la historia, lo que vemos en la vida de Catalina es a una mujer protagonista de cambios reales en la sociedad y la Iglesia. Consigue la paz entre diversas ciudades italianas y la vuelta del papado a Roma. Es decir, influye decisivamente en el curso de la historia en plena Edad Media, al tiempo que se desvive por los pobres y por la participación de la mujer en la vida de su sociedad.

Su función es única en la historia de la Iglesia, hasta ahora, pero puede tener una cierta continuidad en un futuro cercano. Catalina representó la voz de la conciencia para el Papa, la voz del Espíritu Santo que le imploraba volver a Roma, para no ser el Papa de un país, Francia, sino de la Iglesia universal. En efecto, “romanidad” quiere decir universalidad o catolicidad, una de las notas esenciales queridas por Dios para su Iglesia, y que se había perdido por casi setenta años. Su única autoridad era moral -la fama de su santidad-, no tenía nombramientos especiales, pero influía directamente en la cabeza de la Iglesia.

Ahora el Papa pide a la mujer una mayor participación en la vida de la Iglesia, el próximo sínodo de obispos, ya no será solo de obispos, sino también de laicos, y el Papa pidió expresamente que la mitad fueran mujeres. SU función es como la de santa Catalina, asesorar al Papa, aconsejarlo. En efecto, tener el carisma petrino no lo vuelve perfecto, y muchas veces, precisamente por la importancia de su cargo, está más necesitado del consejo que el común de los mortales; consejo que muchas veces puede venir de una mujer, como en el caso de nuestra santa. Digamos entonces que la participación de la mujer en el gobierno de la Iglesia en primer lugar y en el desarrollo de la sociedad (la lucha por la paz, contra la pobreza y por la promoción de la mujer), no es de índole jerárquico -como quieren quienes propugnan la ordenación sacerdotal femenina- sino carismático, como lo vivió santa Catalina y en su estela multitud de mujeres a lo largo de la historia.

El poder de una mujer

Mujer e Iglesia

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Por Salvador Fabre

La relación entre la Iglesia y la mujer es compleja. En los años recientes ha llegado incluso a ser tensa. Así, muchos de los desfiles del 8 de marzo llevan incluidos, como parte del paquete, el ataque o la vandalización de templos católicos. ¿Qué reclaman las mujeres a la Iglesia? En realidad, toda una batería de temas. Sin pretensiones de exhaustividad podemos enumerar los siguientes: la oposición de la Iglesia al aborto, el rechazo del sacerdocio femenino, el hecho de que Dios se haya hecho hombre –Jesucristo-, y no mujer; el mismo sustantivo “Dios”, que es masculino; la profecía del Génesis, donde dice que el varón dominará a la mujer (Génesis 3, 16), el suponer que, para la Iglesia, la principal función de la mujer es traer hijos al mundo y cuidar de su casa, y un largo etcétera.

              Como se ve, el contencioso no es sencillo. La lista de agravios es grande y, en definitiva, la cosmovisión del mundo y de la realidad son diversas. La visión feminista es antagónica respecto del catolicismo, la visión católica busca en cambio tender puentes, ver lo que tenemos en común, analizar los campos en los cuales no vamos a estar enfrentados, sino que podemos ir de la mano; en síntesis, poner más el acento en lo que nos une, que en lo que nos separa, sin negar que existen rubros donde no parece posible un punto de encuentro próximo, como podría ser el caso del aborto.

              ¿En qué temas podemos ir de la mano? En primer lugar, en la denuncia de la violencia contra la mujer. La Iglesia enseña que la mujer tiene la misma dignidad que el varón, y que debe ser respetada en toda su integridad. La Iglesia denuncia proféticamente tanto el feminicidio, como toda otra forma de violencia ejercida contra la mujer, ya sea física o psicológica. Es decir, traduciéndolo a términos religiosos, considera estas prácticas como un pecado grave, además de ser un delito. Hay muchas estructuras en la Iglesia universal, ya sean oficialmente católicas, o promovidas por personas católicas, que dan apoyo e incluso asilo a las mujeres víctimas de la violencia.

              La Iglesia, durante el pontificado de Francisco, ha hecho sinergia con la autoridad civil en muchos lugares, para oponerse a la trata de personas. La lucha contra la trata es clave en la mente de Francisco; y la Iglesia ha ofrecido su estructura para sacar a muchas mujeres de esta red y reinsertarlas en la vida social. Ha sido profética su denuncia de la prostitución.

En forma semejante, la Iglesia defiende también la dignidad femenina al oponerse, enérgicamente, a los “vientres de alquiler”, por considerar esta práctica contraria a la dignidad de la mujer. Muchas mujeres, tristemente, se ven orilladas a este tipo de prácticas por motivos económicos. La Iglesia, ofrece albergues, terapias y capacitación profesional, para que las mujeres pobres no cedan a este tipo de tentaciones.

              La doctrina sexual de la Iglesia, tan vilipendiada por muchos grupos feministas, puede, sin embargo, ir de la mano con bastantes de ellos, al condenar la pornografía. Considera esta práctica, tan difundida en el mundo actual, como un modo de infravalorar a la mujer, de convertirla en objeto de placer; una forma de instrumentalizarla para satisfacer los más oscuros anhelos del varón. La pornografía, que tiende muchas veces a ser agresiva, minusvalora a la mujer. Es verdad que sobre este tema no hay consenso en el feminismo, pues unas corrientes defienden que la mujer tiene derecho sobre su propio cuerpo y debe ser libre de decidir si se dedica o no a la prostitución y/o la pornografía; mientras que otras corrientes feministas ven en estas dos prácticas, un claro ejemplo de machismo cultural.

              Estas tensiones, entre feminismo e Iglesia, también han servido para “actualizar a la Iglesia”, haciéndola más sensible a los legítimos reclamos de la mujer. Así, por ejemplo, la Santa Sede defiende el derecho de la mujer a realizarse en la esfera pública y a acceder a los más altos cargos de gobierno o alcanzar los más elevados estándares de formación académica. Al mismo tiempo sensibiliza al varón para que desempeñe, al mismo nivel que la mujer, las tareas del hogar. Promueve que la mujer estudie, y que participe en la Iglesia. Considera, sin embargo, que tener hijos no se opone a la realización personal de las mujeres, y que, al oponerse al aborto, también defiende a la mujer, pues más de la mitad de los abortos son de niñas.

Dr. Salvador Fabre

masamf@gmail.com

El poder de una mujer

Un manual para ejercitar la paciencia: Cinco panes y dos peces

Con la misma esperanza, de que un día de estos o alguna de estas semanas volveré a casa, escribo, no asemejando las situaciones, sino siguiendo los pasos, siguiendo el manual: los cinco panes y los dos peces para alcanzar la serenidad y la paciencia.

Andrea Fajardo

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Uno de los males contemporáneos de la sociedad es el desprecio hacia la vulnerabilidad. Queremos ser siempre fuertes, duros, jóvenes y tener todo bajo control. Olvidamos que si nos cortamos también sangramos,que somos finitos, falibles y necesitados. ¿Quién quiere ser vulnerable? Parecería ridículo, y sin embargo en la vulnerabilidad y la flaqueza hay mayor fuerza. Una contradicción, pero así es el mundo: contradictorio, extraño e incontrolable.

El viernes desperté como cualquier día normal y me preparé para una revisión rutinaria; después de desayunar puse en una bolsa mis documentos, la cartera, el teléfono con la mitad de la batería porque planeaba volver a casa después de un par de horas, tomé el rosario –no tanto porque fuera a rezar en ese momento, sino porque siempre lo cargo, como se carga la cartera­– y por último, guardé el libro Cinco panes y dos peces del Cardenal Van Thuan (1928 – 2002). Un libro muy ligero, con menos de 90 páginas y que no tiene desperdicio. Caminé hacia la estación del Sbahn, transbordé una vez y luego tomé el autobús hasta el consultorio.

Un día normal, como cualquier otro, en el que pensamos que todo está bajo control, pero no hay nada más alejando de la realidad que pensar que podemos controlar minuciosamente lo que sucede, como si la vida fuera un reloj suizo. La doctora me miró seriamente y me dijo que debía llamar una ambulancia. ¿Una ambulancia? Nunca me he subido a una y me siento bien, no me siento enferma, no siento nada extraño, lo que sí siento es miedo. Los paramédicos llegan, me colocan en una silla y me bajan; quería decirles, si acaso no preferían que bajara por mi propio pie las escaleras, pero desde ese momento, la voz se debilita y en plena vulnerabilidad extiendes tus manos, otro te ciñe y te lleva hacia donde no quieres. (Cf. Juan 21, 18)

La ambulancia se dirige hacía algún hospital, ellos saben hacia dónde, yo sólo me dejo conducir y cuando llegamos alcanzo a ver el nombre. Sin saber bien dónde estoy, al menos puedo avisar en dónde me encuentro y pedir que me traigan un par de cosas por si acaso. De pronto comienza un espiral de miedo, angustia, revisiones, inyecciones, catéter, muestras de sangre, piquetes, noticias a medias, diagnósticos incomprensibles, soledad y espera. Algo que en momentos me resulta abrumador, como si estuviera dentro de la misma estación esperando a Godot, sin saber qué espero y por cuánto tiempo, hasta que llega una respuesta y después una nueva espera, con una nueva angustia que carcome, hasta que se repita el ciclo o termine.

Esperando a Godot, Buenos Aires 1956.
Fuente: Revista Teatro.

Hace muchos años, Fernando Galindo, dijo en una clase que una de las funciones de la filosofía es aprender a ser resistentes a la frustración. Quizá ya no recuerde esa clase, pero fue una frase que me impactó y que me gusta repetir a mis alumnos. Es cierto, una de las funciones prácticas de la filosofía es que de cierto modo aprendemos a resistir la frustración. Ahora está de moda hablar de la resiliencia, que consiste en adaptarse a la adversidad del mejor modo posible. Prefiero pensar en esa tolerancia a la frustración y que desemboca en la paciencia.

Etimológicamente la paciencia viene del verbo latino pati (patientia) y que significa sufrir. Bíblicamente es un don del Espíritu Santo que consiste en saber sufrir. Podemos pensar que la paciencia es un esperar pasivo y sufriente hasta que la adversidad termine, sin embargo, no hay nada más activo que ser paciente. Y en ese sentido el libro Cinco panes y dos peces es el manual perfecto para ejercitarnos en la paciencia.

Desde que comencé el libro, el mes pasado, pensé que merecía una reseña, porque consiste en el testimonio de 13 años en prisión de un inocente y expone ante los jóvenes siete claves para ser pacientes en la adversidad. Claro que desde la comodidad del hogar y las distracciones diarias lo dejaba para el día siguiente, y así sucesivamente. En mi defensa debo decir, que estaba en México y que mi plan era hacerlo cuando regresara al frío invierno berlinés.

Cinco panes y dos peces.

Llevo más de una semana en el hospital y hasta el momento no sé cuándo volveré a casa, ante la incertidumbre, pensé que podría escribirla al regresar, pero ésta mañana he cambiado de parecer: no hay mejor momento para escribirla que bajo estas circunstancias. El cardenal Van Thuan escribió parte de su testimonio y lo que aprendió en el cautiverio. Él ejerció cada día durante 13 años la paciencia; sin saber cuándo podría ser liberado, pero con la esperanza de que algún día lo sería. Con la misma esperanza, de que un día de estos o alguna de estas semanas volveré a casa, escribo, no asemejando las situaciones, sino siguiendo los pasos, siguiendo el manual: los cinco panes y los dos peces para alcanzar la serenidad y la paciencia.

El cardenal Van Thuan comienza el libro inspirado en el Evangelio de Juan (Jn. 6, 5-11) para resumir sus vivencias que “a veces con gozo, a veces en sufrimiento, en la cárcel, pero siempre llevando en el corazón una esperanza rebosante” en 7 puntos que lo ayudaron durante los 13 años de cautiverio.

Van Thuan, obispo de Saigon (Vietnam) fue detenido el 15 de agosto de 1975, día de la Asunción, y liberado el 21 de noviembre de 1988, día que se conmemora la presentación en el templo de la Virgen María. El motivo de su detención fue ser un sacerdote católico en un país bajo el régimen comunista, en otras palabras, una víctima más de la persecución cristiana de esta época.

A continuación, les presento los cinco panes y los dos peces:

François-Xavier Nguyen Van Thuan

“Es verdaderísimo: todos los prisioneros, incluido yo mismo, esperan cada minuto su liberación. Pero después decidí: Yo no esperaré. Voy a vivir el momento presente colmándolo de amor”.

Cardenal Van Thuan

Primer pan: vivir el momento presente

Tras su detención y mientras lo conducían 450 km en la oscuridad nocturna sintió tristeza, abandono y cansancio. En el camino recordó las palabras de un sacerdote que estuvo prisionero 12 años en China, y que se la vivió esperando. Fue entonces que tomó una decisión. “Es verdaderísimo: todos los prisioneros, incluido yo mismo, esperan cada minuto su liberación. Pero después decidí: Yo no esperaré. Voy a vivir el momento presente colmándolo de amor”.

No podemos estar siempre esperando, ¿esperando qué? A veces lo que esperamos nunca ocurre. Esto no significa que debemos sumergirnos en la apatía y dejar de esperar cosas, sino que hay que esperar de otro modo, no pasivamente, sino activamente.

En esos momentos Van Thuan consiguió lo necesario para comenzar a escribir su libro El camino de la esperanza, porque le preocupaba dejar a los pocos católicos sin pastor. Van Thuan se pregunta ¿cómo puedo vivir el momento presente con amor? Dejando lo que es accesorio y concentrándonos en lo esencial e imprimiendo en cada acto, así sea simple, el máximo de amor posible.

Si te toca esperar, entonces espera con amor; si te van a inyectar, sacar sangre, hacer otra prueba, tomar pastillas: hazlo con amor. Es fácil decirlo y muy difícil hacerlo, pero cada día se puede intentar de nuevo. Van Thuan no sabía cuánto tiempo tendría que esperar en el encierro, y yo tampoco, pero la espera se vuelve más soportable cuando la ofrecemos y vivimos intensamente, no en la pasividad.

Es posible elegir esperar en la angustia, desesperación y la tristeza, o intentar, aunque sea muy duro y cueste una fuerza enorme, esperar activamente: descansando en la paciencia. Claro que hay momentos más difíciles, pero no hay que olvidar que no estamos solos.

Segundo pan: Discernir entre Dios y las obras de Dios

Van Thuan es un sacerdote muy dinámico y activo, por lo que el cautiverio en un pequeño espacio y soledad era una tortura mental que lo tenía al borde de la locura. Una noche escuchó en su corazón que debía aprender a discernir entre Dios y las obras de Dios. Todas las actividades pastorales que realizaba eran obras de Dios, pero no eran Dios. Y él había elegido a Dios, a su voluntad, no a sus obras.

Es como aquella inspiración de Margarita María Alacoque “encárgate tú de mis cosas, que yo me encargaré de las tuyas”, porque a fin de cuentas Dios lo resuelve todo mejor de lo que nosotros lo podemos solucionar. De este modo Van Thuan dejó su misión pastoral en manos de Dios, porque comprendió que Él lo quería ahí, en prisión. En ese momento sintió una paz que ya no lo abandonó.

Hace algunos días intenté salir voluntariamente, aunque estaba indecisa al no comprender cien por ciento el diagnóstico y los procesos, pensando que los médicos alemanes pecan de exageración. Llevaba días de desesperación, con dolor en un brazo por las constantes tomas de sangre, en los dedos por las mediciones de azúcar y en el otro brazo por el catéter. Y en esa desesperación y sin sentirme enferma, pensé que aun cuando tuviera que guardar reposo, estaría mucho mejor en casa.

Quería irme a toda costa, pero sin un panorama claro, durante la noche y con los nervios a flor de piel aumentados por la oscuridad, en oración pedí ayuda para discernir. Aquella mañana me levanté alegre, pensando que me iría en pocas horas y en oración repetía, “yo no sé lo que es mejor, pero quisiera volver a casa, si esa es tu voluntad abre toda puerta y hazlo de forma sencilla; pero si no debo irme y es tu voluntad que me quede, dilo claramente y dame serenidad para aceptarlo”. Basta decir que no pudimos hacer la alta voluntaria, tampoco me dieron una fecha aproximada de salida, y aunque en el momento pensé “qué pesado estar aquí sin fecha final”, poco a poco he tenido una mayor serenidad para vivir un día a la vez en el hospital, porque por el momento aquí es donde debo de estar.

Portada del libro “El camino de la esperanza” del Card. Van Thuan.

Una fuerza que sostiene es saber que otros oran por ti, que una comunidad que te ama y se preocupa, intercede por ti así sea al otro lado del Atlántico.

Andrea Fajardo

Tercer pan: Un punto firme, la oración

“ ”Padre, en la prisión usted ha tenido mucho tiempo para orar.” No es tan simple como se podría pensar. El señor me ha permitido experimentar toda mi debilidad, mi fragilidad física y mental. El tiempo pasa lentamente en la prisión, particularmente durante el aislamiento”. Se dispone del tiempo, pero a veces cuesta demasiado concentrarse o dejar de sentirse solo. Así que en ocasiones basta con una oración sencilla: “cuando me faltan las fuerzas y no logro siquiera recitar mis oraciones, repito: “Jesús, aquí estoy, soy Francisco”. Me entra el gozo y el consuelo, experimento que Jesús me responde: “Francisco, aquí estoy, soy Jesús”.”

No siempre tenemos la disposición de una oración con palabras complicadas, es más, las palabras sobran, basta con algo sencillo, como los niños cuando se espantan y gritan por papá y mamá. No tiene que decir mucho e inmediatamente los padres van y los tranquilizan con su presencia. Así que podemos simplemente llamar a Jesús o al soplo del Espíritu Santo, y ellos sin dudarlo acudirán.

Van Thuan también menciona que le gusta orar con la Palabra de Dios, pero cuando lo apresaron no pudo tomar la Biblia, lo único que llevaba consigo era el rosario. Así que recolectó todos los pedacitos de papel que pudo y en ellos escribió más de 300 frases del Evangelio, hizo una pequeña Biblia que utilizaba para orar. Entre otras oraciones se encuentra el Magnificat, Te Deum y el Veni Creator.

Es cierto que tras los momentos difíciles la oración serena e incluso alegra el corazón, nos aliviana el peso. Pero quisiera añadir que no es solamente la propia oración, también la comunidad es muy importante. Una fuerza que sostiene es saber que otros oran por ti, que una comunidad que te ama y se preocupa, intercede por ti así sea al otro lado del Atlántico.

El aspecto comunitario de la religión es muy importante, pero no sólo por la comunidad que se forma al participar de los mismos ritos, sino que hay una forma de amor desinteresado que los une, fortalece y acompaña. Aprovecho para agradecer a todos aquellos que me han tenido presente en sus corazones y que me acompañan cercanamente a pesar de la distancia.

Cuarto pan: Mi única fuerza, la Eucaristía

Es muy conocido y conmovedor el testimonio del cardenal Van Thuan y la Eucaristía. Se las apañó para que le enviaran vino por motivos medicinales y cada día a las 3 de la tarde celebraba la misa, con tres gotas de vino y una de agua, en la palma de su mano. Pero esta fuerza no la guardó para sí mismo, sino que en ocasiones podía compartirla con otros católicos, quienes también en la prisión tenían la oportunidad de comulgar: “Fabricamos bolsitas con el papel de las cajetillas de cigarros para conservar al Santísimo Sacramento. Jesús eucarístico estuvo siempre en la bolsa de mi camisa”.

Y no solamente la misa, también los presos montaban guardias nocturnas y adoraban a Jesús Eucaristía, quien les “ayudaba inmensamente con su presencia silenciosa”. Van Thuan, en esta locura y escándalo para el mundo, incluso se atreve a decir que aquellas misas en el cautiverio fueron las más bellas de su vida.

En México algunas cosas son más sencillas, siempre se conoce a algún padre o ministro de la Eucaristía, que visita a los enfermos. Sin embargo, en Alemania, un país que otrora se autodenominaba cristiano, la Iglesia es un poco más fría y ciertas cosas no son tan sencillas. Si bien no puede venir un sacerdote o ministro diario a traerme la comunión, sí puede ocurrir algunas veces. El día que el padre vino a visitarme y me trajo la Eucaristía, me sentí alimentada, cobijada y con la fuerza para resistir. Y para estos casos, podemos contar también con la comunión espiritual.

Card. Van Thuan en prisión.
Fuente: cardinalvanthuan.org

Ver con otros ojos, con los ojos de Jesús, ayuda a amar y perdonar incluso a aquellos que nos hacen mal.

Andrea Fajardo

Quinto pan: Amar hasta hacer la unidad es el testamento de Jesús

Al principio los guardias no le hablaban a Van Thuan, lo trataban como un enemigo y el trato ensombrecía el ambiente. Hasta que un día pensó que, a pesar de la cautividad, él tenía una mayor riqueza: el amor de Cristo. A partir de ese momento comenzó a amar a los guardias y a ofrecer pequeñas muestras cotidianas de caridad, una sonrisa, una palabra amable e incluso llegó a enseñarles otros idiomas y resolver sus dudas religiosas. El ambiente cambió radicalmente.

Van Thuan escribe en El camino hacia la esperanza, “cuando hay amor se siente el gozo y la paz, porque Jesús está en medio de nosotros. Viste un solo uniforme y habla una sola lengua: la caridad”. Ver con otros ojos, con los ojos de Jesús, ayuda a amar y perdonar incluso a aquellos que nos hacen mal, algo que encontraban inconcebible los guardias.

Los cristianos deberíamos ser el instrumento del amor de Dios en el mundo. “El más grande error es el no darse cuenta que los otros son Cristo. Hay muchas personas que no lo descubrirán sino hasta el último día. Jesús fue abandonado en la Cruz y ahora lo sigue estando en el hermano y en la hermana que sufre en cualquier rincón del mundo. La caridad no tiene límites; si los tiene no es caridad”.

Cuando nos duele una muela, toda nuestra atención se centra en esa muela. Incluso la sentimos más porque estamos constantemente al pendiente de ese dolor y dejamos de notar otras sensaciones corporales. Lo mismo sucede con el sufrimiento, que puede llevarnos a centrarnos únicamente en nosotros mismos y cuando sólo pensamos y atendemos nuestra miseria caemos en la victimización y el egoísmo: Nos auto-pobreteamos, nos sentimos la única víctima, el único sufriente.

En una semana cambié cuatro veces de compañera de habitación. Cada una con situaciones diferentes, cada una con un propio dolor. En el hospital te puedes encontrar de todo dependiendo de la sección: desahuciados, gente con dolores tremendos, mujeres que acaban de parir, bebés prematuros en incubadoras o que deben ser operados, mujeres que yacen con el miedo de perder a sus bebés y tantas incontables enfermedades y sufrimientos.

Desde hace algunos días comparto habitación con la misma mujer, ella tampoco sabe cuánto tiempo se quedará, también tiene miedo y sufre. En las mesas de noche ella tiene el Corán y yo tengo la Biblia. A veces ella llora, otras veces, lloro yo. Pero si algo ha sucedido es que, a pesar del propio sufrimiento, no nos hemos cerrado al sufrimiento de la otra. Me preocupa su diagnóstico, me apena verla llorar, no necesitamos hablar mucho porque basta una palmadita en la espalda y la seña de que oraré también por ella. Ella se preocupa por su bebé, por su hija y su marido, y dentro de toda la avalancha, no hace oídos sordos a mis problemas, porque sin que lo esperara me compartió un plátano y me consiguió una sopa. Cosas sencillas porque la caridad comienza por lo pequeño y escala hacia lo más grande. Esa es la caridad que todo lo transforma y que acompaña, que nos hace salir de nosotros mismos.

Primer pez: María inmaculada mi primer amor

La madre y la abuela de Van Thuan infundieron su amor a María y ella ha sido una señal a lo largo de su vida. Lo arrestaron el día de la Asunción y lo liberaron, de una forma tan sencilla, que incluso sorprende, el día de la presentación de la Virgen en el templo. Van Thuan reconoce la mano de María a lo largo de su vida y especialmente durante el cautiverio. Cuando física y moralmente se sentía abatido en la prisión, oraba el Ave María, pero no solamente pide por su intercesión, sino que también le pregunta “Madre, ¿qué cosa puedo hacer por ti? Estoy listo para seguir tus órdenes, para realizar tu voluntad por el Reino de Jesús”.

Van Thuan nunca se sintió abandonado por María, y como mexicanos, nos es natural saber que en las aflicciones y miedos ¿acaso no está aquí la que es nuestra madre? “Para mí, María es mi Madre, que me dio Jesús. La primera reacción de un niño que siente miedo, que está en dificultades o sufre, es la de clamar: “mamá, mamá”, esta palabra es todo para el niño”. Es un reflejo natural buscar el apoyo materno, a veces mucho más instintivo que buscar al padre, por eso María, como madre, es una figura tan accesible.

Van Thuan pensaba constantemente en el Virgen del Perpetuo Socorro, y lo mismo hago yo. Me fascina el icono: María sostiene firmemente y con ternura al bebé Jesús, quien está espantado porque unos ángeles le presentan la Cruz y el martirio. El bebé Jesús tiene miedo y tiembla, por lo que uno de sus zapatos está a punto de caer. Pero ahí está María con la mirada serena y sosteniéndolo con sus manos.

Desde hace muchos años tengo especial cariño al icono de la Virgen del Perpetuo Socorro, cuando la vi en Roma y un querido sacerdote amigo mío me explicó, lleno de ternura, el temblor de Jesús que se ve en su pequeño pie y zapato quedé profundamente conmovida.

Por las noches, antes de dormir, coloco el rosario en mi vientre, porque es como tener la mano de María, y a modo de jaculatoria le digo: “madre, sostén con tu mano a Elías, del mismo modo y con el mismo amor con que sostuviste al bebé Jesús”.

Icono Nuestra Señora del Perpetuo Socorro.

Segundo pez: he elegido a Jesús

A modo de conclusión Van Thuan nos presenta 24 puntos prácticos para vivir un día unidos a Jesús. Recuerdo que querido amigo, y ahora sacerdote, dijo en alguna ocasión que el camino de santidad se construye día con día, que cada mañana podemos orar para que Dios nos conceda 24 horas de fidelidad. Estos últimos 24 consejos, que pueden parecer breves y sencillos, nos ayudan a mantenernos en la esperanza, la paciencia y la fidelidad.

Cinco panes y dos peces: Testimonio de 13 años de cárcel es un manual muy práctico, escrito desde lo que podría haber sido la desolación, para ayudarnos a ejercitar la paciencia en un mundo turbulento.

El poder de una mujer

Los hombres son red pill y las mujeres son de alto valor: Mitos y falacias de los expertos en seducción

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Vivimos la época de la inmediatez. La información está al alcance de un click, todo se ha vuelto inmediato, incluso las relaciones de pareja. No es nueva la existencia de las aplicaciones para encontrar a tu media naranja. Sin embargo, en años recientes se ha puesto de moda la figura de los coaches o gurús de seducción: hombres y mujeres influencers que afirman tener el método más efectivo para conseguir un ligue, tratarlo y convertirlo en una relación.

Ofrecen sus cursos, productos, textos y consultas personalizadas que supuestamente garantizan el éxito para conseguir pareja. En general los coaches se manejan del siguiente modo: los que son hombres ven a la mujer como un objeto de placer o como una validadora de su narcisismo. Los coaches de seducción hombres tienden a imaginar cómo piensan las mujeres sin serlo y sin estar en su lugar, sin apertura a su naturaleza. Por su parte las coaches mujeres tienden a  ver al hombre como un proveedor que tiene que merecer, con bienes materiales y esfuerzo sin proporción, la compañía y energía femeninas.

Ambos coaches, hombres y mujeres, caen en dos problemas que tienen que ver con su comprensión de la naturaleza humana. Por una parte, tienen una profunda cerrazón sobre sí mismos en cuanto a su género. Dicen lo que el otro, o la otra, tiene que ser sin escucharlos y sin aceptar lo que son por sí mismos. El segundo problema es que tienen un exceso de interés en su propia mismidad, sin fijarse en la unión común que pueden tener a la vez hombre y mujer porque ambos son, ante todo, personas. Por ejemplo: los coaches hombres se fijan demasiado en su masculinidad, y las mujeres en su feminidad, sin que ninguno se pregunte profundamente cómo pueden ambos aspectos complementarse entre sí.

Parece que ambos errores tienen su origen en una condición previa, que es el de reducir lo humano a lo animal. Cuando se busca pareja de una manera tan intensa, sobresale el aspecto instintivo del cortejo. No hay mucho lugar para otros aspectos humanos como la racionalidad, el diálogo, el amor o la vida en conjunto. Entonces, sucede que cuando hay mucha atención en el cortejo instintivo, hay una preferencia de los y las coaches por usar terminología de etología, no de psicología humana, para explicar los comportamientos que hay que tener o evitar durante el cortejo: alfa, beta, sigma, proveedor, premio.

Foto: Tim Mossholder.

Esta base que privilegia lo animal sobre lo humano lleva a un uso de un vocabulario deshumanizado y exagerado. Naturalmente, cada tipo de comunidad de coaches tiene un vocabulario específico. Más o menos se parecen entre ellos. Con estos términos o neologismos se busca explicar un comportamiento y encasillar un tipo de actitud que tiene el sexo opuesto. Luego viene la calificación moral en función de esta perspectiva.

Se puede mencionar los ejemplos que usa la comunidad de los hombres red pill. Esta comunidad se llama así porque, con su nombre, hacen referencia  a las dos píldoras que aparecen en la película Matrix. La píldora azul, blue pill, nos deja dentro de la simulación, sin ningún cambio. La píldora roja, red pill, nos saca de la simulación y nos permite cambiar. Los hombres red pill ya han tomado la píldora roja y se han despertado de la simulación en la que los hombres “buenos”, decentes como la sociedad los desea, y que son atentos con las mujeres, son los que obtienen una pareja. Cuando salen de esta simulación se dedican a trabajar su masculinidad, sin ponerse como objetivo la búsqueda de la pareja. Se consideran hombres libres, ultra-masculinos, y con la idea de que la delicadeza y la atención son propias de varones inferiores, quienes no obtendrán la atención de las chicas. Esta comunidad hace uso de términos como los siguientes:

Alfa: es el varón físicamente apto, líder, y orgulloso de su masculinidad, que sabe que es de alto valor por sus acciones. Está dispuesto a considerarse el premio para una mujer.

Beta: es el varón que trata de conquistar a una mujer con las atenciones y estando al pendiente de sus necesidades. Ante los ojos del alfa, el hombre beta no es físicamente apto y, sobre todo, no se considera la parte valiosa de la relación, sino que pone el valor en la mujer buscada.

Sigma: es el varón que es físicamente apto y, dentro de la jerarquía de otros hombres está al nivel del alfa, pero por decisión propia decide salir de tal orden, para no competir.

Muro: es la aparente barrera a la que una mujer se enfrenta cuando llega a los 30 años, edad en la que ya no es atractiva a los hombres, y que parece ser una trampa de la que no hay salida.

Carruselera: mujer joven que dedica mucho tiempo a divertirse con diversos hombres en el carrusel de la vida sexual activa. Causa por la que no parece mostrar interés por la vida estable, y que no es material de esposa.

Material de esposa: lo muestra la mujer joven que no tiene actitudes de diversión con varios hombres, y que pretende vivir estable. Me pregunto:¿hay material de esposo?

Simp: es el hombre que muestra atenciones desmedidas a una mujer y que trata de conquistarla laudándola más de lo que es razonable. Es parecido o idéntico al beta.

Por su parte, las coaches de seducción usan su propio vocabulario. En él tienden a poner en el centro de la relación a la mujer, como si fuese el premio. De sus palabras recojo sólo dos términos:

Mujer de alto valor: es la mujer que se considera el premio de la relación desde el principio y que sólo está dispuesta a estar con un hombre proveedor exitoso financieramente.

Pickmeisha: mujer que ruega para tener una relación estable con un hombre, que no se valora a sí misma. Viene del inglés pick me o sea “escógeme”. Con esto, la mujer pretende conseguir la atención masculina como sea.

La breve revisión de estos términos muestra los dos errores en los que caen tanto los coaches varones como mujeres: se centran demasiado en su propia naturaleza de masculinidad y feminidad. No buscan la complementariedad en el otro. No le permiten ser lo que es, sino que, para aceptarlo, tiene qué cumplir con una expectativa. La obediencia a tal expectativa mata la espontaneidad de la relación, pues no permite que haya un encuentro entre otredades que puedan complementarse.

Parece que la actitud que enarbola el pensamiento de “te quiero, siempre y cuando cumplas mis expectativas y me consideres el premio porque yo soy de alto valor” no permite que el encuentro suceda. De ahí la tristeza y la depresión de muchos jóvenes que buscan pareja: no se permiten encontrar lo que el otro o la otra es, sino que buscan encontrar una imagen que sólo existe en sus exigencias mentales.

¿Qué hace falta para encontrar y amar a una persona real? Aceptarla como realidad concreta e individual y no como una imagen que tiene que cumplir exigencias. Hace falta permitirle ser lo que es, y dejarnos sorprender por su realidad inintercambiable. En última instancia, las historias de amor son siempre de aventura. Cualquier relación es siempre un salto de fe. Hace falta el trato humano, la delicadeza, la transparencia en la comunicación y un diálogo enriquecedor entre dos partes. Recordemos que amamos y servimos a personas concretas y no a ideas abstractas. Siempre, atreverse a amar es una decisión de valientes.

MDNMDN