Generic selectors
Exact matches only
Search in title
Search in content
Post Type Selectors
El justo San José: Fragmentos del libro “La infancia de Jesús” de Benedicto XVI

El justo San José: Fragmentos del libro “La infancia de Jesús” de Benedicto XVI

Selección de Irene González

Síguenos en nuestro canal de Telegram:
https://t.me/spesetcivitas

El libro de “La infancia de Jesús” es la tercera y última parte de la trilogía de Jesús de Nazareth de Benedicto XVI y refleja la búsqueda personal del rostro de Jesús por parte del ahora Papa emérito. El libro profundiza el evangelio de la infancia de Jesús que se narra en San Mateo y San Lucas. Esta obra destaca por su profundidad teológica, rigor en la interpretación de los textos bíblicos y una profunda piedad con las que Benedicto XVI aborda la infancia de Jesús. La vida de Jesucristo y su mensaje es una historia actual que nos habla de la incansable búsqueda del corazón humano por la única verdad capaz, por sí sola, de brindarnos una profunda alegría.

Ofrecemos a nuestros lectores una selección de textos para meditar cómo José vivió el misterio de la Encarnación.


San José y el niño. Foto: Ange Sista.

El Salmo 1 ofrece la imagen clásica del “justo”. Así pues, podemos considerarlo casi como un retrato de la figura espiritual de San José. Justo, según este salmo, es un hombre que vive en intenso contacto con la Palabra de Dios; “que su gozo está en la ley del Señor” (v.2). Es como un árbol que, plantado junto a los cauces de agua, da siempre fruto. La imagen de los cauces de agua de las que se nutre ha de entenderse naturalmente como la palabra viva de Dios, en la que el justo hunde las raíces de su existencia. La voluntad de Dios no es para él una ley impuesta desde fuera, sino “gozo”. La ley se convierte espontáneamente para él en “evangelio”, buena nueva, porque la interpreta con actitud de apertura personal y llena de amor a Dios, y así aprende a comprenderla y a vivirla desde dentro.

Esta imagen del hombre que hunde sus raíces en las aguas vivas de la palabra de Dios, que está siempre en diálogo con Dios y por eso da fruto constantemente, se hace concreta … en todo lo que a continuación se dice de José de Nazaret. Después de lo que José ha descubierto [que María estaba embarazada], se trata de interpretar y aplicar la ley de modo justo. Él lo hace con amor, no quiere exponer públicamente a María a la ignominia. La ama incluso en el momento de la gran desilusión. No encarna esa forma de legalidad de fachada que Jesús denuncia en Mateo 23 y contra la que San Pablo arremete. Vive la ley como evangelio, busca el camino de la unidad entre la ley y el amor. Y, así, está preparado interiormente para el mensaje nuevo, inesperado y humanamente increíble, que recibirá de Dios.

Mientras que el ángel “entra” donde se encuentra María, a José sólo se le aparece en sueños, pero en sueños que son realidad y revelan realidades. Se nos muestra una vez más un rasgo esencial de la figura de San José: su finura para percibir lo divino y su capacidad de discernimiento. Sólo una persona íntimamente atenta a lo divino, dotada de una peculiar sensibilidad por Dios y sus senderos, le puede llegar el mensaje de Dios de esta manera. Y la capacidad de discernimiento era necesaria para reconocer si se trataba sólo de un sueño o si verdaderamente había venido el mensajero de Dios y le había hablado.

Estatua de San José y el niño, Livigno, Lombardia. Foto: Massimo Filigura

El mensaje que se le consigna es impresionante y requiere una fe excepcionalmente valiente. ¿Es posible que Dios haya realmente hablado? ¿Que José haya recibido en sueños la verdad, una verdad que va más allá de todo lo que cabe esperar? ¿Es posible que Dios haya actuado de esta manera en un ser humano? ¿Que Dios haya realizado de este modo el comienzo de una nueva historia con los hombres? Mateo había dicho antes que José estaba “considerando en su interior” cuál debería ser la reacción justa ante el embarazo de María. Podemos por tanto imaginar cómo lucha ahora en lo más íntimo con este mensaje inaudito de su sueño: “José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo” (Mt 1,20).

A José se le interpela explícitamente en cuanto hijo de David, indicando con eso al mismo tiempo el cometido que se le confía en este acontecimiento: como destinatario de la promesa hecha a David, él debe hacerse garante de la fidelidad de Dios. “No temas” es lo que el ángel de la anunciación había dicho también a María. Con la misma exhortación del ángel, José se encuentra ahora implicado en el misterio de la Encarnación de Dios.

El justo San José: Fragmentos del libro “La infancia de Jesús” de Benedicto XVI

La respuesta de María: Fragmentos del libro “La infancia de Jesús” de Benedicto XVI

Selección de Irene González

Síguenos en nuestro canal de Telegram:
https://t.me/spesetcivitas

El libro de “La infancia de Jesús” es la tercera y última parte de la trilogía de Jesús de Nazareth de Benedicto XVI y refleja la búsqueda personal del rostro de Jesús por parte del ahora Papa emérito. El libro profundiza el evangelio de la infancia de Jesús que se narra en San Mateo y San Lucas. Esta obra destaca por su profundidad teológica, rigor en la interpretación de los textos bíblicos y una profunda piedad con las que Benedicto XVI aborda la infancia de Jesús. La vida de Jesucristo y su mensaje es una historia actual que nos habla de la incansable búsqueda del corazón humano por la única verdad capaz, por sí sola, de brindarnos una profunda alegría.

Ofrecemos a nuestros lectores una selección de textos para meditar la respuesta de la Virgen María al acoger a Cristo en su seno y en su corazón. 


María es el Arca de la Alianza, el lugar de una auténtica inhabitación del Señor. “Alégrate, llena de gracia.” Es digno de reflexión un nuevo aspecto de este saludo: la conexión entre la alegría y la gracia. En griego, las dos palabras, alegría y gracia (chará y cháris), se forman a partir de la misma raíz. Alegría y gracia van juntas.

La respuesta de María, se desarrolla en tres fases. Ante el saludo del ángel, primero se quedó turbada y pensativa. Su actitud es diferente a la de Zacarías. De él se dice que se sobresaltó y “quedó sobrecogido de temor” (Lc 1,12). En el caso de María, se utiliza inicialmente la misma palabra “se turbó“, pero ya no prosigue con el temor sino con una reflexión interior sobre el saludo del ángel. María reflexiona (dialoga consigo misma) sobre lo que podía significar el saludo del mensajero de Dios. Así aparece ya aquí un rasgo característico de la imagen de la Madre de Jesús, un rasgo que encontramos otras dos veces en el evangelio en situaciones análogas: el confrontarse interiormente con la Palabra.

María y el niño. Foto: Woflgang Krzemien.

Ella no se detiene ante la primera inquietud con la cercanía de Dios a través de su ángel, sino que trata de comprender. María se muestra por tanto como una mujer valerosa, que incluso ante lo inaudito mantiene el autocontrol. Al mismo tiempo, es presentada como una mujer de gran interioridad, que une el corazón y la razón y trata de entender el contexto, el conjunto del mensaje de Dios. De este modo, se convierte en imagen de la Iglesia que reflexiona sobre la Palabra de Dios, trata de comprenderla en su totalidad y guarda el don en su memoria.

La segunda reacción de María resulta enigmática para nosotros. En efecto, después del titubeo pensativo con que había recibido el saludo del mensajero de Dios, el ángel le había comunicado que había sido elegida para ser la madre del Mesías. María pone entonces una breve e incisiva pregunta: “¿Cómo será eso, pues no conozco varón?” (Lc 1,34).

Pensemos de nuevo en la diferencia respecto a la respuesta de Zacarías, que había reaccionado con una duda sobre la posibilidad de la tarea que se le encomendaba. Él, como Isabel, era de edad avanzada; ya no podía esperar un hijo. Por el contrario, María no duda. No pregunta sobre el “qué”, sino sobre el “cómo” puede cumplirse la promesa, siendo esto incomprensible para ella: “¿Cómo será eso, pues no conozco varón?”. 

María no ve posible de ningún modo convertirse en madre del Mesías mediante una relación conyugal. El ángel le confirma que ella no será madre de modo normal después de ser recibida en casa por José, sino mediante “la sombra del poder del Altísimo”, mediante la llegada del Espíritu Santo, y afirma con aplomo: “para Dios nada es imposible” (Lc 1, 37).

Escultura de la Virgen María en Varsovia.

Después de esto sigue la tercera reacción, la respuesta esencial de María: su simple “sí”. Se declara sierva del señor. “Hágase en mí según tu palabra” (Lc 1,38).

Dios busca ahora una nueva entrada en el mundo. Llama a la puerta de María. Necesita la libertad humana. No puede redimir al hombre, creado libre, sin un “sí” libre a su voluntad. Al crear la libertad, Dios se ha hecho en cierto modo dependiente del hombre. Su poder está vinculado al “sí” no forzado de una persona humana. En el momento de la pregunta a María el cielo y la tierra, por decirlo así, contienen el aliento. ¿Dirá “sí”? Ella vacila… ¿Será su humildad tal vez un obstáculo? “Sólo por esta vez no seas humilde, si no magnánima. Danos tu “sí”.” Éste es el momento decisivo en el que de sus labios y de su corazón sale la respuesta: “Hágase en mí según tu palabra.” Es el momento de la obediencia libre, humilde y magnánima a la vez, en la que se toma la decisión más alta de la libertad humana.

María se convierte en madre por su “sí”. Los Padres de la Iglesia han expresado a veces todo esto diciendo que María habría concebido por el oído, es decir, mediante su escucha. A través de su obediencia la palabra ha entrado en ella, y ella se ha hecho fecunda. En este contexto, los Padres han desarrollado la idea del nacimiento de Dios en nosotros mediante la fe y el bautismo, por los cuál es el Logos viene siempre de nuevo a nosotros, haciéndonos hijos de Dios.

Altar a la Virgen de Guadalupe, San Miguel de Allende.
Foto: Sofía Rabasa.

“Y el ángel la dejó”. El gran momento del encuentro con el mensajero de Dios, en el que toda la vida cambia, pasa, y María se queda sola con un cometido que, en realidad, supera toda capacidad humana. Ya no hay ángeles a su alrededor. Ella debe continuar el camino que atravesará por muchas oscuridades, comenzando por el desconcierto de José ante su embarazo hasta el momento de la noche de la Cruz.

En estas situaciones, cuántas veces habrá vuelto interiormente María al modo en que el ángel de Dios le había hablado. Cuántas veces habrá escuchado y meditado aquel saludo: “Alégrate, llena de gracia”, y sobre la palabra tranquilizadora: “No temas.” El ángel se va, la misión permanece, y junto con ella madura a la cercanía interior a Dios, el íntimo ver y tocar su proximidad.

El pesebre de Belén

Por Pedro Peón Espejo

El velo de la noche se aproxima:
concluye la bucólica tarea,
descienden los pastores de la cima
y emprenden el retorno hacia la aldea. 

Los tintes del crepúsculo se extinguen
(el malva y el naranja y el añil)
y, en el domo celeste, se distinguen
los astros cuya luz aún es sutil. 

“El agua en el ambiente se congela
y nacen las estrellas de cristal”
(imagínase en la torre el centinela
mirando el firmamento sideral). 

Los montes aledaños palidecen,
de escarcha la ventisca los corona.
Las madres a los hijos adormecen,
dispuesta a descansar está la zona.

Son reino de una paz inalterable
las tierras milenarias de Judea.
Sólo se oye el rumor imponderable
de la nieve ligera que golpea. 

Advierte el centinela un movimiento:
un par de peregrinos, ya los ve:
María viene encima de un jumento,
guiado por el santo y buen José.

“Venimos desde lejos –dice el hombre–
¡posada! que está encinta mi mujer…
Soy hijo de David, José es mi nombre,
¡posada! que mi hijo va a nacer.”

El frío y el silencio: la respuesta.
“Dios no nos abandona, ya verás”,
consuela el carpintero, aunque le cuesta
creer que lo que ha dicho no es falaz.

El guardia de la torre los observa,
¡conmuévese de pena en su interior!
Una gruta muy húmeda y con hierba,
no tiene más que eso el buen señor. 

Les dice aquel vigía: “Bienvenidos,
han llegado a las puertas de Belén.
Semejan a estas horas forajidos,
nadie va a recibirlos, como ven.

“Quisiera yo ofrecerles hospedaje
que sea digno de un hijo de Israel.
Sólo tengo un incómodo paraje:
la cueva que se ve en el patio aquel.”

Dan gracias con el alma y va María
a instalarse entre el asno y entre el buey.
¡Un pesebre con paja! ¿se diría
que es la cuna adecuada para un Rey? 

El Rey de la justicia y de la gloria,
Creador del universo y de la vida,
nació en la plenitud de nuestra historia
cumpliéndose la Alianza prometida.

Siendo el Amo y Señor de cuanto existe
bien pudo preferir comodidad,
quiso en cambio un pesebre frío y triste.
¡Lección incomparable de humildad!

Jesús siendo tan rico se hizo pobre
para así compartirnos su riqueza,
demos gracias a Dios de que así obre
pues nos enriqueció con su pobreza.

Ahí está el Salvador omnipotente:
durmiendo sobre paja, en un pañal.
Lo arropan con su aliento suavemente
las bestias y las aves del corral. 

La bienaventurada y dulce Madre
contempla la inocencia de su faz…
José, que es bueno y santo y es su padre,
admira al niño, Príncipe de Paz.

En esta Navidad que ya se acerca
concédeme Señor algo especial:
en vez de aquel pesebre, ven más cerca,
nace en mi corazón, no estarás mal.

El justo San José: Fragmentos del libro “La infancia de Jesús” de Benedicto XVI

Calendario de Adviento 2021

María Emilia Rivera Sánchez

Ya se acerca la Navidad, y estamos invitados a ser parte de una gran celebración para la que nos debemos preparar y esperar. A esta preparación se le llama “adviento” que significa venida. Es una época llena de esperanza y alegría. Hay diferentes actividades para prepararnos mientras esperamos a que llegue el día de la celebración. Los días que dura el adviento los puedes ir siguiendo en un calendario que será especial para el recuento de la llegada de la Navidad.

¿Qué celebramos?

El nacimiento del niñito Jesús este 25 de diciembre. ¡Qué emoción! Yo ya estoy bien puesta para el festejo, ya quiero que sea.

¿Qué debo esperar, para qué prepararme?

Nos preparamos para esperar a Jesús que nos ama y vino a salvarnos. Cuando Jesús nació tenía una misión que cumplió y después se fue. Dijo que regresaría. Él nos ayuda para ser mejores y nos vino a salvar de lo que nos hace mal. Ahora esperamos a que regrese.

¿Quién es el niño Jesús?

Es Dios que se hace uno como nosotros, porque nos ama y quería entender porque luego nos da flojera hacer las cosas, porque desobedecemos, porque no queremos hacer la tarea y otras cosas que nos cuesta trabajo hacer. Para que Él nos ayude y no nos cueste trabajo portarnos bien. Él vino para salvarnos de hacernos mal y hacer el mal a otros.

Es todo un reto

Cumplir con nuestros propósitos no será fácil. Por eso Jesús nos presta a su mamita María para lograrlo pero también nosotros debemos echarle ganas.

¡Ánimo!

Este 2021 como el 2020 ha sido un años difícil. Hay muchas cosas que los niñ@s no entendemos. Nos ha tocado esperar. Esperar a que nos dejen ir a la escuela, a salir al parque, ver a nuestra familia o amigos. La verdad, hemos tenido que esperar mucho.

¿Cómo debo prepararme?

Haciendo el bien a los demás. Cada día del calendario encontrarás diferentes actividades que podrás cumplir con alegría pero que te pueden costar un poco de trabajo hacer (sacrificio). Por ejemplo, obedecer a tus papás, compartir un juguete, etc. Cada una de estas actividades se llaman propósito y si al final del día lo has cumplido podrás marcar el día que corresponde, y así sucesivamente cada día.

No lo haremos solos

Iremos con la virgencita María, nuestra buena madre. Porque ella es su mamita y conoce muy bien a Jesús. Cada día del calendario de adviento nos ayudará a tener un encuentro con su hijo Jesús a través de cada uno de los propósitos que logremos cumplir.

Tu calendario

En internet puedes encontrar ideas para imprimir o hacer tu propio calendario de adviento. Hazlo en familia será muy divertido.

El justo San José: Fragmentos del libro “La infancia de Jesús” de Benedicto XVI

La corona de adviento

Por María Emilia Rivera Sánchez

Todos conocemos la corona de adviento, uno de los adornos más tradicionales y bonitos de esta época, ¿cuál es su significado?

El círculo de la corona significa que Dios no tiene principio ni final.

El color verde significa que Dios está vivo entre nosotros y eso nos llena de esperanza.

Las 4 velas (tradicionalmente 3 moradas y una rosa) representan los 4 domingos que dura el adviento.

Las 3 velas moradas representan la actitud de la vigilia y penitencia que debemos tener para prepararnos y recibir a Jesús.

La vela rosa significa la alegría por el nacimiento de Jesús que está cerca.

La vela blanca representa el nacimiento de Jesús, es Navidad.

Prepara tu corona de adviento con materiales que tengas a la mano. Para Jesús es más importante un corazón que se dispone para recibirlo. Recuerda que nuestro corazón es el pesebre en el que quiere nacer el niñito Jesús.

A mí me gusta prender cada domingo de adviento una vela. Luego entre toda mi familia leer una lectura del Evangelio que corresponde a ese día, ya que nos narra lo que iba pasando antes del nacimiento de Jesús. Y luego, agradecer a Dios por todo lo que me da y ofrecerle una acción que debemos cumplir toda la semana como señal de que queremos recibir a Jesús en nuestro corazón.

Y el 24 de diciembre, antes de la cena de Navidad entre todos prendemos la vela de color blanco, arrullamos y le cantamos al niñito Jesús. Me llena de mucha alegría su nacimiento porque nació por amor y eso me hace feliz.

Si quieres saber la fecha de cada domingo de adviento para encender tu vela, te invito a que leas lo que escribí acerca del “Calendario de Adviento 2020”.

En esta pandemia hemos dejado de hacer muchas cosas que nos gustan pero no podemos dejar de festejar la Navidad porque yo pienso que la Navidad se vive en el corazón.

Foto BFC
MDNMDN