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Amor y muerte

Son célebres los retratos de mujeres con un cuello alargado y ojos almendrados que pintaba Amadeo Modigliani. Varios de estos retratos son de Jeanne Hébuterne: musa y compañera del pintor judío.

La relación entre Modigliani y Hébuterne va más allá del arte, el amor y la muerte. La familia Hébuterne no consideraba apropiado que Jeanne viviera sin casarse con un pintor judío al que consideraban un libertino; a pesar de la desaprobación de a familia, la pareja se mantuvo unida hasta la muerte. En 1918 Modigliani enfermó de tuberculosis. Para mejorar la salud del pintor, la pareja se mudó a Niza donde nació Jeanne Modigliani, quien años más tardes escribió la biografía de su padre.

La familia regresó a París en 1920. Modigliani continuaba con su vida bohemia a pesar de la enfermedad, que causó su muerte a los 35 años. En la madrugada del mismo día Jeanne Hébuterne –en el noveno mes de embarazo– saltó de un quinto piso. Mientras que Modigliani fue enterrado precedido por los honores de la comunidad artística –incluido Picasso– en el cementerio de Pére-Lachaise; Jeanne fue enterrada casi en secreto, por tratarse de un suicidio. Diez años después el hermano de Modigliani convenció a la familia Hébuterne para que trasladaran los restos de Jeanne a la misma tumba del pintor. Desde 1930 Modigliani y Hébuterne reposan juntos en el cementerio parisino. El epitafio de Jeanne dice: “Compañera devota hasta el sacrificio extremo”.

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El enigmático epitafio griego

El enigmático epitafio griego

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Una de las tumbas más visitadas en Pére-Lachaise es la de “el Rey Lagarto” Jim Morrison, poeta y vocalista del grupo The Doors. Morrison murió en París en 1971 con apenas 27 años –pertenece al club de los 27– a causa de un problema cardiaco. Morrison yace cerca de los restos de Oscar Wilde, uno de sus autores preferidos. El deseo de ser enterrado cerca de Wilde motivó que sus restos permanezcan en París y no en Estados Unidos.

La tumba fue objeto de vandalismo por parte de los fanáticos, que llegaron incluso a robar el busto que la adornaba, es por ello que la tumba no tiene lápida. Entre las flores, que dejan los visitantes, también se puede encontrar ocasionalmente una botella de Bourbon. Y es común que admiradores rompan el silencio sepulcral con temas como Light my fire y Riders on the storm.

El mayor enigma de la tumba de Morrison es el epitafio en griego elegido por su padre- y que tiene diversas interpretaciones: kata ton daimona eaytoy. La frase podría tener un origen en el movimiento esotérico –Thelema– formado por Aleister Crowley en 1900. Algunos interpretan y traducen el epitafio como: “fiel a su espíritu”, “al espíritu que llevaba en su interior” e incluso “cada uno es dueño de los demonios que lleva dentro.” Con o sin enigma, el epitafio afirma firmemente que Morrison murió en su ley.

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Besar la esfinge

La tumba más emblemática en Pére-Lachaise es la del dramaturgo irlandés Oscar Wilde. Tras una estancia en la cárcel de dos años murió en bancarrota en París. Los pocos amigos que tenía pudieron pagar por una tumba modesta en un cementerio a las afueras de París. Nueve años después de su muerte -su amigo Robert Ross- trasladó el cuerpo al famoso cementerio. Jacob Epstein esculpió en una piedra de 20 toneladas una esfinge en pleno vuelo, inspirado por el poema “La esfinge” de Wilde. La escultura molestó a varios, especialmente por los testículos, que fueron cubiertos y años después alguien los robó.

Los admiradores comenzaron con la tradición de besar la tumba y dejar la marca del labial, asimismo dibujaban corazones y mensajes. La piedra era decorada una y otra vez con besos rojos. Sin embargo la pintura penetraba en la piedra y cada vez era más difícil limpiarla porque se volvía porosa. Las advertencias y multas no servían, tampoco una placa en la que se pedía que no se besara la tumba. Es por ello que en 2012 el nieto de Oscar Wilde decidió colocar una vitrina de dos metros de altura rodeando la tumba. Así como una gota constante puede penetrar en la roca, los besos erosionaban la tumba.

La música llora en París

La musa de la música Euterpe llora sobre la tumba del compositor polaco Chopin, quien desde 1849 descansa en el cementerio parisino Pére-Lachaise. El funeral fue atendido por 3,000 personas y como última voluntad se interpretó el Réquiem de Mozart en la iglesia de la Madelain.

Un poco de tierra, que Chopin cargaba siempre consigo desde que salió en 1830 de Polonia, fue colocada en la tumba. Sin embargo se podría decir que el compositor tiene dos sepulturas, una que es visitada por miles de admiradores en París y otra un poco menos conocida en Varsovia. Ludwika, la hermana de Chopin, no solamente regresó a casa con los manuscritos y pertenencias de Frédéric. Como una reliquia guardó el corazón de su hermano en formol. El corazón de Chopin se encuentra en la iglesia de la Santa Cruz en Varsovia.

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