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The Second Coming

The Second Coming

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Traducción de Fernando Galindo y Alberto D. Horner

Collage de Gabriel S. Delgado

BY WILLIAM BUTLER YEATS

Turning and turning in the widening gyre
The falcon cannot hear the falconer;
Things fall apart; the centre cannot hold;
Mere anarchy is loosed upon the world,
The blood-dimmed tide is loosed, and everywhere
The ceremony of innocence is drowned;
The best lack all conviction, while the worst
Are full of passionate intensity.

Surely some revelation is at hand;
Surely the Second Coming is at hand.
The Second Coming! Hardly are those words out
When a vast image out of Spiritus Mundi
Troubles my sight: somewhere in sands of the desert
A shape with lion body and the head of a man,
A gaze blank and pitiless as the sun,
Is moving its slow thighs, while all about it
Reel shadows of the indignant desert birds.
The darkness drops again; but now I know
That twenty centuries of stony sleep
Were vexed to nightmare by a rocking cradle,
And what rough beast, its hour come round at last,
Slouches towards Bethlehem to be born?

Vuelta tras vuelta en la torva creciente
no puede oír al cetrero el halcón.
Todo se destruye; el centro no puede resistir;
crasa, la anarquía se desborda sobre el mundo;
opaca de sangre, la marea se desborda, y por doquier
la ceremonia de la inocencia se ahoga.
Los mejores carecen de toda convicción; en cambio, los peores
están llenos de brío apasionado.

Seguramente alguna revelación se apronta
Seguramente la segunda venida se apronta
¡La segunda venida! Difícilmente surgen esas palabras
cuando una vasta imagen fuera del Spiritus mundi
turba mi vista: en algún lugar, en las arenas del desierto,
una figura con cuerpo de león y cabeza de hombre,
una mirada blanca e inmisericorde como el sol,
mueve sus lentos muslos, mientras todo en derredor
revuelve las sombras de las desérticas aves indignadas.
Cae la oscuridad de nuevo; pero ahora sé
que veinte siglos de sueño pétreo
fueron turbados hasta la pesadilla por una cuna meciéndose,
¿y qué burda, salvaje bestia, al llegar al fin su hora,
se contorsiona hacia Belén para nacer?

Source: The Collected Poems of W. B. Yeats (1989)

Nusrat, la poesía mística sufí y el gozo de la unión divina

Nusrat, la poesía mística sufí y el gozo de la unión divina

Crédito de portada: Soner Arkan

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Hay dos músicos no católicos que deseo que estén en presencia de Dios. Uno es Johann Sebastian Bach. Sé que fue protestante. Fue luterano toda su vida. Sólo compuso una misa para el culto católico. Sin embargo, todos sus trabajos corales y oratorios exudan una devoción a Dios que se contagia. Sus letras son sencillas: para que el pueblo germánico las entendiera. El otro músico no es cristiano. Ni
siquiera es occidental. Es un musulmán paquistaní místico, dedicado a cantar las alabanzas de Dios, Nusrat Fateh Ali Khan. Un poeta de Dios en todo mérito.

Nusrat nació en Pakistán en 1948. Murió en Londres en 1997. Su familia se había dedicado a la poesía y cultos religiosos islámicos por más de 600 años. A lo largo de varios siglos en el norte de Pakistán, en la región del Punjab, se desarrolló un encuentro entre la cultura musical india y el islam en su vertiente mística que es el sufismo. El sufí, practicante místico de sufismo, vive con la convicción de que Dios
está siempre cerca, o sea que el contacto con Él es asequible. Esto, independientemente de que Dios sea un misterio inescrutable para la lógica y que esté fuera de la comprensión racional. De tal modo el sufí no se enreda en cuestiones filosóficas, sino que vive intensamente el misterio de las paradojas divinas en el gozo de su contemplación.

La poesía mística sufí expresa las verdades que brotan de la contemplación de Dios en clave de paradojas. De modo que no son una serie de explicaciones, sino de enigmas insolubles que acercan al creyente a la unión con Dios de un modo más directo. En una serie de invocaciones, relatos y paradojas, el cantor y poeta transmite sus sentimientos y reflexiones sobre la inefabilidad divina junto con la fuerte experiencia de su presencia.

Foto: Leo Arslan

¿Cómo es el qawwali?


El qawwali es un tipo de canto y poesía mística que habla sobre el gozo humano ante la inefabilidad de Dios. Es una obra coral y colectiva, guiada por un cantor principal, y se acompaña con instrumentos de la tradición indostaní, como la tambura y el tabla, así como del armonio y de las palmas de todos los presentes. El término qawwali viene del árabe qawal, que significa “recitación”, en este caso, una
recitación literaria, que se convierte en reflexión personal y colectiva de una comunidad. Generalmente el qawwali se canta en urdu, una lengua indoeuropea parecida al hindi, pero que se habla en Pakistán. Naturalmente, asume muchos términos islámicos en árabe clásico.

En Pakistán, se conoce a Nusrat como el “shahenshah-e-qawwali”,o sea, el emperador del qawwali, pues llegó a ser un gran intérprete de este género religioso y popular. A la fecha es tenido como un gran ejemplo. Con su música encendió la devoción a Dios en el corazón de muchos musulmanes alrededor del mundo. Pero ¿cómo está estructurado este género de poesía? Hay muchos subtipos de esta
literatura, pero, en general, tiene cinco partes: Primeramente hay una improvisación musical, llamada Ragga, propia de la música india. Luego vienen unas breves palabras sobre la naturaleza divina. Viene después un relato cosmogónico, que une a la divinidad con el cosmos. Continúa un relato islámico, propio de esta religión. Al final viene una reafirmación de la absoluta presencia de Dios, independientemente de que esté llena de paradojas para nosotros.

Asomo a algunos versos de qawalli:
Hay una pieza o poema de qawalli que me encanta. Se intitula Allah Hoo, que se traduce como “Dios es”. En esta pieza, se hace énfasis en que Dios “simplemente” es, y que es inútil buscar otra explicación, sino que sólo hace falta vivir el gozo de la experiencia de la unidad con Dios. En ese sentido, el cantor ayuda a que los oyentes se acerquen a la unidad con Dios, no a través de razonamientos, sino por la experiencia del misterio divino que es una paradoja que se contempla con deleite.

Al principio de esta pieza, el poema dice: “ Rey de reyes, el que no tiene igual (…) Cada ser testifica que Tú estás presente. Cada ser canta tus glorias. Tú estás presente en cada ritmo, en cada tonada. De tu Nombre está cada comienzo y a tu Nombre va todo fin” Con estas palabras el cantor pretende decir que Dios no es lejano, sino que está presente en todas las cosas, o que ellas apuntan a Él.
Dios no es las cosas, pero ellas apuntan a él. Más bien, Él está presente antes que ellas, en un “nada” que significa la ausencia de las criaturas. El relato cosmogónico dice de ello: “Cuando no existía esta región, ni existía la tierra. Cuando ni la luna ni el sol existían ni tampoco el universo. Cuando el Secreto de la existencia no había sido dado a nadie. ¡Cuando no había ahí nada, no había nada más que Tú!” El
poeta manifiesta con este verso la superioridad causal de Dios, que no se identifica con ninguna cosa, y que está fuera del tiempo, pero le da referencias bellas como la del sol, la luna, y la presencia divina.

El poema continúa refiriéndose a la gloria de Dios presente en todas las cosas y dejando en confusión a la mente humana, sobre todo la del filósofo, que es demasiado analítica: “Cada cosa refleja tu gloria. Cada ser grita que Tú eres el Sustentador. Dios es. Es la distinción de tu Rostro misterioso. Tu eres el eterno Señor del universo. Cada instante tu muestras tu gloria y azoras a la mente inquisitiva, Cada rama canta las alabanza de tu creación. Cada hoja manifiesta la gloria de tu creación.” La mente inquisitiva no puede disfrutar de la unión con Dios, por eso el asombro da paso a la aceptación sin exigir una explicación racional limitada a la naturaleza humana. Luego, en el relato islámico, el poema refiere al episodio del viaje nocturno, en el que Mahoma, guiado por el ángel Gabriel viajó a Jerusalén y de ahí, montado en la creatura alada Buraq, visitó el Cielo y vio a Dios:

“Cuando el profeta ascendió á los cielos y fue removido el velo entre el Señor y el sirviente (…)” Con ello se hace una referencia a la vida de Mahoma como autoridad, que busca quitar lo que separa a Dios de las creaturas. Yo, desde una perspectiva católica, me conmuevo profundamente con este genero de poesía mística. Hay muchos aspectos que aprender de ella para mejorar nuestra relación con Dios, pues el qawwali es fundamentalmente oración, yo digo que es casi un sacramento, pues hace sentir viva la presencia de Dios a una comunidad.

Me quedo con tres aspectos. Por una parte, con que Dios está siempre presente y no es difícil encontrarlo porque toda la creación apunta a Él. Luego con la aceptación de que nuestro intelecto humano se puede confundir y ofuscar ante las paradojas divinas. No hace falta explicación, solo hace falta sentir y vivir la experiencia de unión divina. Por último, cuando visito al Santísimo, no puedo evitar
recordar el verso que dice que el velo que separaba al Señor del sirviente fue removido. Si al Profeta le fue dado ver a Dios de modo breve y fugaz, aquí en el sagrario puedo ver a Dios sin el velo y por un largo tiempo. Puedo ver y dejarme ver. Se puede dejar hacer al Creador la unión mística. El cantor con características de profeta. El cantor, en este caso Nusrat, como un poeta místico, es eminentemente un factor de unión entre la gente y Dios. Por eso tiene características de profeta: indica a la gente que Dios está presente y se deja alcanzar. Que somos nosotros quienes ponemos obstáculos para experimentar su presencia al tratar de explicarla. El poeta tiene funciones de profeta por estas características:

  1. Dice las verdades de Dios en lenguaje sencillo, incluso si son complejas
    paradojas.
  2. Transmite su devoción profunda e intensa hacia Dios, con palabras, canto y
    gestos. Puede hacerlo con seguridad y gozo patente. Invita a los demás a
    mostrar devoción a Dios.
  3. Manifiesta que las paradojas divinas pueden contemplarse con disfrute y
    aceptación. No necesitan de explicación.
  4. Muestra las cosas que no son evidentes, y profundiza el sentido de la poesía
    como reflexión.
  5. Invita a los oyentes a cambiar de vida para que vivan en la constante
    presencia de Dios, dejen las acciones y cosas que apartan de Él, y vivan con
    fe y felicidad.
    Te dejo aquí las dos versiones del mismo canto. Del segundo traduje del inglés los
    versos citados. Con ello podemos abrirnos a comprender otras tradiciones religiosas
    que hablan sobre la experiencia de Dios en lo cotidiano.


Video con letra:

Nusrat, la poesía mística sufí y el gozo de la unión divina

Una locura bien decidida

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Ilustración: fotografía de rusyena tomada de Unsplash

Don Quijote, hasta cierto punto, es un criminal suelto. Basta con leer sus primeras aventuras. Vemos a alguien capaz de acometer a un inocente fraile de san Benito, tumbarlo a fuerza de lanza de la mula en que venía, y a Sancho, su ejemplar escudero, lo vemos robarle al pobre fraile todas sus pertenencias. Déjenme compartirles el pasaje y luego explicarles por qué escribo esto:

Y sin esperar más respuesta picó a Rocinante y, la lanza baja, arremetió contra el primero fraile, con tanta furia y denuedo, que si el fraile no se dejara caer de la mula él le hiciera venir al suelo mal de su grado, y aun malferido, si no cayera muerto. […] Sancho Panza, que vio en el suelo al fraile, apeándose ligeramente de su asno arremetió a él y le comenzó a quitar los hábitos. Llegaron en esto dos mozos de los frailes y preguntáronle por qué le desnudaba. Respondioles Sancho que aquello le tocaba a él legítimamente, como despojos de la batalla que su señor don Quijote había ganado. (Parte I, cap. VIII).

Quise escribir este breve ensayo, después de leer detenidamente durante dos años la novela, para exhibir lo inadecuadas que pueden llegar a ser ciertas representaciones de éste, probablemente el más famoso de los caballeros. En algunos contextos, los clásicos son los libros más leídos; en otros, se habla mucho de ellos sin haberlos leído. Parte de la culpa la tenemos nosotros, filósofos y humanistas, cuando presentamos estos libros como sumamente nobles y elevados —nobles en el mal sentido de la palabra: petulantes—. No lo son. Son, más bien, libros divertidos y enriquecedores.

Una de las escenas que más disfruté, y con la que me torcí de la risa, es cuando Sancho no se atreve en la noche a apartarse de don Quijote, y decide hacer «lo que otro no pudiera hacer por él» allí junto. “Hacer sus necesidades”, como decimos ahora. Al grado en que don Quijote se ve obligado a decirle «que ahora más que nunca hueles, y no a ámbar» (Parte I, cap. XX), entre otros regaños y reproches graciosos. A ambos personajes, lejos de ser leyendas intangibles, los conocemos como seres de carne y hueso. Y como esos personajes humanos que son, tienen mucho que enseñarnos. Me gustaría ofrecer una probada de ello, para que quienes ya han leído la novela disfruten al recordar y volver a tan grata lectura y quienes no, sepan que encontrarán en ella algo mucho más interesante que lo que solemos imaginarnos cuando aún no la hemos leído.

Volviendo a la idea del Criminal Andante, ciento cincuenta páginas después de la aventura de los frailes (si se me permite usar la edición de Francisco Rico como referencia), don Quijote libera a una cadena de galeotes, esto es, bandidos que habían sido condenados a remar en las galeras. Tras liberarlos, él y su escudero se esconden en la Sierra Morena, porque saben que la Santa Hermandad podría arrestarlos legítimamente en cualquier momento. Rara vez escuchamos hablar de los heridos y graves desmanes que produjo la locura de este personaje.

Porque el Quijote, a despecho de todo ello, es de nuestros héroes favoritos. Mientras planeaba cómo escribir este ensayo, le pregunté a mi abuelo, quien también leyó el libro este año que pasó, cuál le parecía que era la idea principal de la novela.

—Ayudar a la gente, hijo —me dijo.

No me dejarán mentir si digo que los pasajes en los que nuestro héroe hace un recuento de sus labores son de lo más emblemático de la novela. El mismo Sancho repite ya la fórmula al final de la novela, cuando habla, en contraposición del Quijote de Avellaneda, del «verdadero don Quijote de la Mancha, el famoso, el valiente y el discreto, el enamorado, el desfacedor de agravios, el tutor de pupilos y huérfanos, el amparo de las viudas…» (Parte II, cap. LXXII).

Que por cierto, a propósito de las viudas y las doncellas desamparadas, una cosa son las ideas del protagonista y otra muy distinta las ideas del escritor. El Quijote es un tanto machista, sí, sin embargo Cervantes no.

Una de los personajes, la pastora Marcela, decide apartarse a vivir en el campo porque no quiere la vida de una mujer casada. Su razonamiento consiste en que, por más que muchos hombres la pretendan, reconozcan su hermosura y la amen bien, ella no está obligada a corresponder a ninguno. Hay un pretendiente llamado Grisóstomo que se suicida por ella. Y ella explica en un muy bello discurso por qué no es culpa suya la muerte de Grisóstomo. Al final de la escena, después de que Marcela deja en claro lo absurdas que son las actitudes de los enamorados que quieren forzar a las mujeres a corresponderles, don Quijote trata de alcanzar a la pastora Marcela, para ofrecerle su protección; mas a pesar de sus intentos, está claro que ella no lo necesita.

Con todo y sus defectos, no deja de ser un héroe. Una cualidad fundamental de su carácter heroico es su resolución, es decir, la capacidad de actuar conforme a sus propósitos y mantenerse firme en sus decisiones. En ética, la resolución es un tema recurrente; sin ella, nadie puede alcanzar la felicidad. En el caso de don Quijote, él está resuelto a vivir y comportarse según las normas de caballería, porque está convencido de que eso dará plenitud a su vida de un modo genuinamente personal.

En el camino de una de sus aventuras, se encuentra con Vivaldo, un caminante que, hablando con él, se entera de su locura. En esa conversación surge una comparación entre los frailes cartujos y los caballeros andantes. Don Quijote lo explica de la siguiente manera: «Quiero decir que los religiosos, con toda paz y sosiego, piden al cielo el bien de la tierra, pero los soldados y caballeros ponemos en ejecución lo que ellos piden, defendiéndola con el valor de nuestros brazos y filos de nuestras espadas, no debajo de cubierta, sino al cielo abierto, puestos por blanco de los insufribles rayos del sol en el verano y de los erizados yelos del invierno.» Y continúa: «Así que somos los ministros de Dios en la tierra y brazos por quien se ejecuta en ella su justicia» (parte I, cap. XIII). Hace lucir a la caballería como una actividad más fructífera y honorable que la vida consagrada. En su descripción exagera. Él sabe que todos los presentes consideran que la vida consagrada es más noble y sensata. Nada más con decir que, si se hubiera decidido a ser fraile cartujo, no lo llamarían loco.

Puestos en estos términos, más adelante, surge una pregunta; si la vida de los frailes cartujos conforma un camino más directo y llevadero hacia la santidad (en el que hay una consagración explícita y no hace falta sufrir los erizados hielos del invierno), ¿por qué Sancho y Quijote no adoptan mejor esa vida? Porque esa vida, por más deseable que sea, no es la suya.

Su resolución por la caballería es, de hecho, una locura, y quienes lo rodean lo consideran así. No obstante, cuando hablamos del Quijote como un loco, conviene calibrar el ancho de su locura. Todos los personajes que conviven el suficiente tiempo con él están de acuerdo en que su locura está delimitada al tema de la caballería. Cuando habla de cualquier otro tema, lo aprecian como una persona sumamente sabia (da consejos a los padres, a los enamorados, a los jóvenes; habla de historia, de arte, de ética y de política con suma perspicacia). El Quijote es loco sólo respecto de una cosa. Y además de sabio, era una persona muy agradable. En su lecho de muerte, a propósito de lo mucho que lo querían sus seres cercanos, el narrador nos dice: «porque verdaderamente, como alguna vez se ha dicho, en tanto que don Quijote fue Alonso Quijano el Bueno a secas, y en tanto que fue don Quijote de la Mancha, fue siempre de apacible condición y de agradable trato, y por esto no sólo era bien querido de los de su casa, sino de todos cuantos le conocían» (Parte II, cap. LXXIV).

Así que, sí, estaba loco, pero sólo un poco. Una de las razones de los demás personajes por las que se dice que está loco se basa en que la edad de la caballería en esos tiempos ya había quedado atrás, o que sólo existe en los libros. El argumento parece bueno hasta que lo piensas en otros contextos.

Imaginemos que nadie se esforzara por hacer lo que no existe, o lo que ya no existe. Si no tiene sentido esforzarse por ser un caballero andante porque la caballería ya no existe, entonces, siendo consecuentes, tendríamos que pensar que no tiene sentido esforzarse por tener un país justo porque ya todos son corruptos; o que no tiene sentido luchar por la igualdad de la mujer porque hay muchos que las menosprecian. Nadie haría nada. Siempre que nos esforzamos, lo hacemos para conseguir lo que no existe (o para cuidar lo que puede dejar de existir). Estudiamos una licenciatura cuando no tenemos una licenciatura, precisamente porque no la tenemos y queremos tenerla; construimos asociaciones que todavía no han sido instituidas; favorecemos a personas que aún no son oficialmente amigas nuestras, y un largo etcétera.

Será la caballería de don Quijote una completa locura, y de cualquier modo su resolución es totalmente sensata.

Sabemos que al final del libro se arrepiente (pide un cura y se confiesa, y públicamente se retracta); tanto, que ordena desheredar a su sobrina si ella llegara a casarse con alguien que tenga algo que ver con la orden de caballería. Pero ¿exactamente de qué se arrepiente? Si queremos entender esta novela o, mejor dicho, interpretarla, hemos de compaginar al Quijote heroico que combate molinos de manera irreductible y pertinaz con el Quijote derrotado por el Caballero de la Blanca Luna. Para quienes no lo han leído, el Caballero de la Blanca Luna es un personaje que reta a un duelo al Quijote, con la condición de que, si lo vence, estará obligado a renunciar por un año a la caballería. Y lo derrota.

Algunas reseñas de cine incluyen una alerta cuando van a revelar algún suceso central de la trama. No hacen falta esas alertas cuando se trata de los clásicos de la literatura: lo interesante de los clásicos, más que saber la historia, es leerlos. Por ello, no guardaré recato en seguir hablando del final.

Aunadas a la tradición literaria de novelas de caballería, Cervantes retoma las ficciones de la tradición poética pastoril. La historia de Grisóstomo y la pastora Marcela es uno de estos casos. Al menos en castellano, la obra de Garcilaso de la Vega es la más representativa de la tradición de poesía pastoril.

Y resulta que los versos y el vocabulario de Garcilaso ornamentan incontables escenas del libro. Por ejemplo, cuando llegan a la casa de don Diego de Miranda, nuestro caballero se topa con unas tinajas del Toboso, que le obligan a pensar en Dulcinea. Al momento, exclama:

¡Oh dulces prendas, por mi mal halladas,
dulces y alegres cuando Dios quería!

Son nada menos que los primeros versos del soneto X de Garcilaso.

Pues bien, después de derrotado, ya que está obligado a renunciar por un año a su profesión, él y Sancho deciden que, mientras, se convertirán en pastores como los de las églogas de Garcilaso. Una égloga es precisamente un poema que idealiza la vida del campo y de los pastores, y que generalmente trata sobre el desamor de los pastores.

El ideal caballeresco y el ideal pastoril difieren bastante. ¿Qué quiere decir el hecho de que el Quijote muere tras decidir ser pastor? Los caballeros duermen poco, comen mal, reciben heridas, en fin, sufren. Y lo hacen en vistas a favorecer a los necesitados; realizan una misión que de no ser por ellos ninguna otra persona emprendería. Están motivados ya sea por honor, por su dama, por sus seres queridos, y también por el compromiso que sienten hacia las demás personas.

Los pastores, en cambio, no tienen propósitos que los conduzcan a salir de sí mismos. En todo caso, están fuera de sí mismos en el mal sentido de la expresión. Sufren por amor no correspondido, pero no tienen propósitos. Leemos en los poemas pastoriles asombrosas escenas naturales contrastadas con la tristeza de los pastores. Una estancia de las églogas más famosas, la Égloga I de Garcilaso, describe:

El sol tiende los rayos de su lumbre
por montes y por valles, despertando
las aves y animales y la gente:
cuál por el aire claro va volando,
cuál por el verde valle o alta cumbre
paciendo va segura y libremente,
cuál con el sol presente
va de nuevo al oficio
y al usado ejercicio
do su natura o menester l’inclina;
siempre está en llanto esta ánima mezquina
cuando la sombra el mundo va cubriendo
o la luz se avecina.
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.

Esa ‘ánima mezquina’, aunque tiene razones para llorar, no parece tener razones para dormir en las piedras, comer mal, sudar y arrojarse a las batallas peligrosas. La vida de los caballeros es un transcurso lleno de propósitos. La vida de los pastores es un final paralizado por un lamento.

No hay una historia del pastor Quijótiz y su amigo el pastor Pancino. De hecho, Garcilaso tampoco cuenta historias, sino que cuenta «el dulce lamentar de dos pastores». La historia del Ingenioso Hidalgo termina de un modo no muy distinto al que comienza. Termina dejando las armas, y había comenzado tomándolas. Antes y después no hay historia. En su primera salida, hablando consigo mismo, él se imagina cómo narrarán su historia, cómo dirán que «el famoso caballero don Quijote de la Mancha, dejando las ociosas plumas, subió sobre su famoso caballo Rocinante y comenzó a caminar por el antiguo y conocido campo de Montiel» (Parte I, cap. II).

La vida, quiere decirnos Cervantes, está fuera de las ociosas plumas (de la almohada, es decir, de la comodidad) y de los lamentosos finales (o de los idílicos escenarios de paz y estabilidad). Lo principal está en la lucha por los propósitos honorables.

Si esto es cierto, queda aún una pregunta por responder: ¿cuáles son esos propósitos honorables? ¿Cómo distinguir un propósito honorable de un molino de viento que nos arrojará al suelo estúpidamente?

De algo se arrepiente don Quijote, y no he respondido esa otra pregunta que planteé líneas atrás. Me atrevo a decir que se arrepiente de, en ocasiones, haber luchado por las imaginaciones equivocadas y también, en otras ocasiones cuando sus objetivos eran los correctos, de haberlo hecho de la manera inadecuada. Pero no veo cómo podría arrepentirse del hecho de haber luchado.

La siguiente vez que lea el Quijote, pondré especial atención en todos esos pasajes en los que se confunde realidad con ficción. Quisiera saber cómo reconstruir esa ética de las ficciones que vemos palpitar en la novela.

Por lo pronto, queridos amigos, espero haber exhibido la resolución del ingenioso don Quijote, uno de los incontables descubrimientos que uno puede sacar de esta novela: la determinación de traer a la existencia todo el bien que aún no existe.

Ilustraciones, en orden de aparición, de Ashlyn Smith, Timothy Dykes, Nik Shuliahin, Mick Haupt, Farina Hussain, Michal Matlon tomadas de Unsplash.

Nusrat, la poesía mística sufí y el gozo de la unión divina

La libertad está en el interior

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Salvo por la pena de muerte que, desgraciadamente, todavía existe en algunos órdenes jurídicos, la cárcel es la pena física máxima que se puede imponer a una persona, por lo menos en los regímenes civilizados.

En la historia de la literatura se cuentan numerosos casos de escritores y poetas que han pasado –justa o injustamente– un tiempo en prisión, y que desde su experiencia de reclusión han producido bellísimos ejemplos del poder liberador de las letras.

Todos sabemos que el Quijote nació en la Cárcel Real de Sevilla, mientras Cervantes (que ya había sido prisionero 5 años en Argel) enfrentaba un proceso por malversación de fondos públicos como resultado de su trabajo como recaudador de impuestos, pero su caso, si bien célebre, no es inusual.

El gran poeta y místico español, San Juan de la Cruz, pasó 8 meses en reclusión dentro de la cárcel conventual de los carmelitas de Toledo, debido a los conflictos derivados de la pugna entre calzados y descalzos; y durante esos meses de injusta cárcel comienza la composición de una de sus obras más apreciadas, el Cántico espiritual, en el que se refleja la desolación de un alma –la esposa– que se ve abandonada de su amado, que es como San Juan de la Cruz se refiere a Dios:

¿Adónde te escondiste,
amado, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste,
habiéndome herido;
salí tras ti, clamando, y eras ido.

Pastores, los que fuerdes
allá, por las majadas, al otero,
si por ventura vierdes
aquél que yo más quiero,
decidle que adolezco, peno y muero…

Cántico espiritual
San Juan de la Cruz.
Óleo Vicente Berdusán, 1676.

Por su parte, el poeta maldito Paul Verlaine tuvo que pasar dos años en la cárcel de Mons, en Bélgica, por haberle disparado a su joven amante, el también poeta, Arthur Rimbaud, en un ataque de celos y delirio alcohólico.

Durante su periodo de reclusión, Verlaine escribió Romanzas sin palabras, basado en su tormentosa relación con Rimbaud, así como un libro de poemas llamado Carcelariamente, que nunca se publicó.

Llora en mi corazón
como llueve en la ciudad.
¿Qué es esta desazón
que hiere mi corazón?
¡Dulce rumor de la lluvia
por tierra y en los tejados!
¡Para un alma con abulia,
oh el canto de la lluvia!
Porque llueve sin razón
en esta alma que se asquea.
¡Cómo! ¿ninguna traición?
Este duelo es sin razón.
Es, claro, la pena peor,
la de no saber por qué,
sin encono y sin amor,
siente mi alma tal dolor.

Romanzas sin palabras – Llueve suavemente sobre la ciudad
Paul Verlaine. Foto: M. Dornac, museo Carnavalet.

Oscar Wilde pasó también dos años en la cárcel, acusado de sodomía y de grave inmoralidad, debido a su relación con Lord Alfred Douglas, hijo del marqués de Queensberry. Para el carácter sensible y delicado de Wilde, la cárcel de Reading fue un tormento, y durante el tiempo que permaneció ahí escribió su libro-epístola, De Profundis, dirigido a su antiguo amante, en la que alcanza verdaderas cimas estéticas en medio del dolor. Pero también es producto de su experiencia en la cárcel, la Balada de la cárcel de Reading, un poema escrito después de su liberación, pero en el que refleja sus impresiones a partir del ahorcamiento de un excompañero de prisión, Charles Wooldridge, que había sido miembros de la Guardia Real y que fue condenado a muerte por haber asesinado a su propia esposa.

No tenía ya chaqueta roja
como es el vino y es la sangre;
y sangre y vino eran sus manos
cuando le hallaron el cadáver
de la pobre mujer que amaba,
y a la que dio muerte el infame.

Andaba él entre los presos
con traje gris y con gorrilla:
Parecía feliz su paso.
Mas nunca antes ví en la vida
un hombre tal que, intensamente,
mirara así la luz del día…

Balada de la cárcel de Reading
Oscar Wilde, 1882.
Foto: Napoleon Sarony.

Pero quizá uno de los mayores ejemplos de poeta encarcelado que encontró en las letras una forma de liberarse, hasta trascender su propia realidad de encierro, es Miguel Hernández, poeta de la Generación del 36, que durante el tiempo que pasó en la cárcel de Torrijos, como resultado de su filiación política republicana, después de la guerra civil española, recibió una carta de su mujer, en la que le contaba que sólo tenía pan y cebollas para comer. El poeta escribe a partir de esa carta sus maravillosas Nanas de la cebolla, en las que si bien se refleja el dolor y la impotencia que siente por estar separado de su familia, también dirige su pensamiento hasta su hijo recién nacido, que se alimenta sólo de la leche de su madre, y le recomienda la risa, la alegría y la esperanza, como un signo del futuro y de la vida que no se apaga.

Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en los ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que en el alma al oírte,
bata el espacio.

Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.

Es tu risa la espada
más victoriosa.
Vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.

Nanas de la cebolla

Como si ser privado de la libertad no fuera suficiente castigo, las personas que pasan por la experiencia de la cárcel muchas veces afrontan, además, maltratos, injusticias y humillaciones. Quizá por eso, la cárcel también es un espacio en el que algunas personas, sobre todo las que están dotadas de un especial talento o sensibilidad, buscan formas de expresión que los libere internamente.

Las nanas de la cebolla de Miguel Hernández. Música Joan Manuel Serrat.

Sal Terrae

Por Santiago Bravo

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Estoy pensando en la blanca sal
que da sabor a todo alimento, 
pero si pierde su condimento
¡Tírala al polvo, porque es igual!
Y digo; ¡Cuánto será mi mal
si no te tengo, Señor, adentro!
Pues cuando miro, yo no te encuentro
en lo que guarda mi corazón;
sufro yo entonces la cruel pasión
de quien da vueltas sin tener centro.

¿Con qué milagro se ha de salar
la sal vacía de su substancia?
O ¿Con qué ciencia, arte o constancia
puede un desierto volverse mar?
Pero no quiero, Señor quedar
desperdigado por el camino
en el que pasas, cual peregrino,
con tus dolores, llanto y caídas.
Yo quiero darte lo que me pidas,
pero antes dalo, Señor con tino.

Vierte en mi polvo sólo una gota
de las que lloras, yendo de largo;
que un solo trago de llanto amargo
sabrá salar a mi sal, tan rota;
que si mi llanto sin sabor brota,
el tuyo sabe lo que es amor
y en él salado sabrá mejor
el mío que toda la sal del mundo.
¡Haz que, probando dolor fecundo,
llore y te sepa, Dulce Señor! 

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