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Un mismo horizonte para todos los mexicanos. Justicia y otros pendientes con la discapacidad.

Un mismo horizonte para todos los mexicanos. Justicia y otros pendientes con la discapacidad.

Por María Teresa Sánchez Gómez

Mi experiencia con la discapacidad y la convivencia con las personas que la presentan, me ha enseñado como médico rehabilitador que no es suficiente ser sensible ante este tema; se requiere ser consciente del valor y de la dignidad que todo ser humano tiene para vivir una vida plena, de la necesidad de pertenecer a una comunidad y participar de diferentes actividades. Garantizar una vida digna para todos los individuos exige el conocimiento de las razones morales y legales que dan sentido a  nuestra vida en comunidad.

Para saber y poder atender las necesidades de las personas con discapacidad en México debemos cambiar el enfoque con que concebimos a la discapacidad: Eliminar los prejuicios, los estigmas y los paradigmas para romper las barreras socioculturales que más han lastimado a las personas con discapacidad y a sus familias.

Modificar la forma de mirar la discapacidad es descubrir en el otro la misma dignidad que tengo yo. Es encontrar en el otro lo mismo que hay en mi persona.

Hay quien dice que la discapacidad es un color básico en la paleta de la diversidad humana. Por eso debemos empezar a reconocer que la diversidad en la apariencia física de las personas despierta distintos impulsos que modifican la conducta de los individuos en la forma en que formulan ideas, tabús o sienten escrúpulos. Esta conducta  influye en el momento de construir conceptos acerca de las personas, y de acuerdo a ese concepto la forma en que se valora a las personas.

La diversidad en la apariencia física puede llevar a la conducta de las personas en dos sentidos opuestos. Uno, negativo o de rechazo, que conduce a la segregación o a la exclusión. Otro, positivo o de entendimiento, que permite la inclusión.

La discapacidad, va más allá de las barreras físicas de un individuo, la discapacidad está sobre todo en las barreras del entorno.

Algunos datos acerca de la discapacidad en México

Las diferentes encuestas y censos que se realizan a nivel mundial y en nuestro país, ayudan a tener un mejor conocimiento acerca de la realidad de las condiciones en que vive la gente con alguna discapacidad. Los datos y estadísticas miden diferentes indicadores acerca de la discapacidad. Gracias a estos datos se pueden diseñar políticas públicas y programas que aseguren el respeto a los derechos de las personas con discapacidad.

La falta de aceptación por las familias que tienen a uno de sus integrantes con discapacidad o la insuficiente cobertura territorial para la aplicación de estas encuestas son algunas de las limitantes que dificultan la tarea de contar a todos y todo.

Hay más de mil millones de personas que viven con algún tipo de discapacidad a nivel mundial, de los cuales 80% se encuentra en situación de pobreza, según la Organización Mundial de la Salud.

En nuestro país, datos obtenidos de la Encuesta Nacional de Dinámica Demográfica (ENADID) de 2018 hablan señalan que  más de 7 millones de niñas, niños, adolescentes, jóvenes y adultos tienen alguna discapacidad.  La discapacidad se presenta con mayor frecuencia en mujeres. Una misma persona puede presentar uno o más tipos de discapacidades. El tipo de  discapacidad que predomina es la motora, seguida de la discapacidad visual, mental y auditiva.

La mitad de las personas con discapacidad son personas adultas mayores, debido al envejecimiento demográfico. Las principales causas que la originan, son las enfermedades y la edad avanzada.

¡Solo 60% de la población con discapacidad en edad escolar asiste a la escuela! El nivel más alto de educación es la primaria. Las personas con discapacidad motora son las que menos asisten a la escuela debido  — en su mayoría — a las barreras arquitectónicas que dificultan la movilidad.

Casi 40% de la población con discapacidad de más de 15 años participa en actividades económicas. Menos de la mitad de la población con discapacidad acepta tener un ingreso por algún programa de gobierno.

La discapacidad también impacta a las personas que no la presentan, pero conviven con ella: familiares, amigos, vecinos, compañeros de trabajo, maestros, etc. Por lo que las cifras pueden aumentar si se miden más indicadores que incluyan a todas las personas que viven en torno a la discapacidad.

Todos estos datos muestran la pobreza, marginación, discriminación, exclusión y falta de garantía en el cumplimiento de los derechos de las personas con discapacidad. El problema empieza a ocurrir desde sus hogares,  la escuela, el trabajo o la calle. Es ahí, en lo cotidiano donde se presenta la alternativa de enfoque para abordar la discapacidad desde la inclusión social y garantizar sus derechos.

Existen otros datos y estadísticas que reportan el abandono, maltrato, violencia y explotación que sufren las personas con discapacidad. Estos datos son difíciles de obtener debido a que quienes deberían reportarles son las mismas personas que causan estas condiciones: familiares o cuidadores. Y por desgracia, quienes son víctimas no denuncian estos abusos debido a sus limitaciones físicas o intelectuales,  al aislamiento al que están sometidas o a la falta de conocimiento de sus derechos.

De todos los grupos más vulnerables de la sociedad, el grupo con mayor proporción es el de las personas con discapacidad.

Una mirada más justa

La óptica de la sociedad acerca de la discapacidad podría resumirse en tres paradigmas distintos: El paradigma tradicional, es en el que entiende a la discapacidad como un castigo para quien hace el mal. Está presente desde tiempos remotos hasta hoy en día. 

Debido a la primera y segunda guerra mundial en el siglo pasado se estableció el paradigma médico-asistencialista: Eran tantas las personas que quedaron con algunas secuelas que condicionaron discapacidad que se convirtió en un problema de salud pública. Un problema que requería ser atendido de manera más amplia, por lo que el gobierno se involucró en dicha atención.

Recientemente — a nivel internacional — ha surgido un nuevo paradigma que permite tener una visión que aborda la inclusión social y al modelo de derechos:

En el 2006 la Organización de las Naciones Unidas aprobó la “Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad”, en la que México participa. Este instrumento internacional afirma que las personas con discapacidad deben disfrutar de todos los derechos humanos y libertades fundamentales, reconociendo que no es la discapacidad por sí misma la que limita, sino las barreras del entorno social.

En 2007, fue firmada y ratificada esta convención por nuestro país, con lo que nos comprometimos a seguir sus lineamientos y principios, modificando  políticas públicas y legislación para que las personas con discapacidad disfruten plenamente de sus derechos.

Esta convención junto con otros instrumentos internacionales, como la agenda 2030 para el desarrollo sostenible de la ONU,  leyes derivadas de nuestra Reforma Constitucional en Materia de Derechos Humanos de 2011, el Plan Nacional de Desarrollo del gobierno federal de México, y diferentes programas y políticas públicas en materia de accesibilidad, tienen como principal objetivo proteger y hacer cumplir los derechos de las personas con discapacidad para asegurar su inclusión y participación en las actividades de nuestro país.

Seamos alegría y esperanza para otros

La discapacidad se presenta no sólo por las limitaciones físicas o intelectuales de una persona sino más bien, cuando a estas limitaciones se suma todo tipo de barreras que hay en el entorno, en la mente y en corazón del resto de las personas; tenemos tareas pendientes tanto en cuestiones de planeación urbana y movilidad, como en la inclusión laboral o educativa, y en la disminución de la discriminación.

Hay diferentes tipos de barreras a las que se enfrenta la discapacidad, pero la de tipo sociocultural es una de las más importantes. Debido a que son las principales fuentes de prejuicios, estigmas y paradigmas. Estos pre conceptos se conciben desde la misma persona que presenta alguna discapacidad, su familia y la sociedad.

Nuestro país es el ámbito idóneo para el encuentro, porque solo en conjunto nos reconocemos como parte de una misma nación, de un mismo pueblo. Es el lugar donde se debe resaltar el derecho a la dignidad personal, a la inclusión y a la participación generosa para la construcción de un futuro esperanzador. Estos son los derechos inalienables para cualquier persona, sean cuales sean sus circunstancias individuales.

La discapacidad es una realidad, ignorarla no significa que no existe. La indiferencia y el egoísmo de no querer aceptar esta realidad no nos exenta de la probabilidad de adquirirla. Todos somos portadores de esa probabilidad debido a un accidente, a una enfermedad o al envejecimiento.

Este 15 de septiembre que celebramos a nuestra Patria y recordamos con agradecimiento a los hombres y mujeres del pasado que han forjado esta nación,  no olvidemos a aquellas mujeres y hombres  que hoy  claman el reconocimiento de su dignidad y el respeto de sus derechos.

Celebremos este México lindo y querido sin dejar de lado el sufrimiento de quienes padecen pobreza, marginación y abandono por parte de una sociedad que a veces se sumerge en el fango de la mezquindad.

El nuevo paradigma acerca de la discapacidad tiene pocos años de empezar a cambiar la forma de concebir a la discapacidad. Todavía hay mucho por hacer para garantizar los derechos de todos. Reflexionemos: ¿qué estamos haciendo por el otro? Como ciudadanos estamos convocados a trabajar por la paz y la justicia, por el bien común para todos.

Este año la pandemia ha aumentando la brecha que dificulta garantizar los derechos de las personas con discapacidad. La educación, el trabajo, los medios de comunicación, el transporte, el acceso a la salud y a otros servicios  son retos para el progreso en pos de la calidad de vida humana que es posible  si alcanza a todos y se ajusta al respeto de los derechos de cada persona.

Este México justo que todos anhelamos podrá ser si ponemos nuestro esfuerzo al servicio del derecho y los derechos, decretando la igualdad de toda persona, independientemente a nuestra gran diversidad. Resistamos toda injusticia que cada uno lleva en sí mismo. Luchar por la justicia es un combate sin fin: bienaventurados los sedientos de justicia, que nunca serán colmados.

Juntos pongamos nuestra mirada en el futuro, solo unidos podremos salir adelante.

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