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Hookup culture vs. la visión humanista del amor

Hookup culture vs. la visión humanista del amor

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La posmodernidad es el mundo de la inmediatez. ¿Tienes hambre? Pide un delivery. ¿Estás aburrido y quieres entretenimiento? Abre un servicio de streaming. ¿Quieres conocer una pareja? Abre cualquier app de citas. El acceso a las retribuciones inmediatas de tantas realidades tan variadas propicia que se piense que es lo mismo una hamburguesa, que un viaje en auto privado, que ver una serie,  que contactar un ser humano. Y no es que esto sea el origen de la Hook up culture, pues ella existe desde los años sesentas, sino que son condiciones que la hacen más presente. Además, la hacen parecer como el procedimiento normal y esperado para conocer una pareja. 

¿Es verdad que, para ligar con prospectos de parejas en apps, para luego tener citas, hace falta estar dispuesto a tener relaciones sexuales desde un principio? Una vez conocí a un amigo que ligaba con una chica hermosa. Él no lo esperaba, pero, la chica le dijo que, si él quería, podía darle la experiencia de vivir la intimidad sexual. Mi amigo quedó helado y fascinado, porque nunca le había ofrecido tal cosa de tal manera. Quería a la chica, pero no para vivir experiencias. Para no hacer el cuento largo: el ligue se enfrió, a pesar de que él le propuso a ella un noviazgo. En última instancia la cultura del Hook-up puede llegar a formar las expectativas y mentes de quienes buscan el amor de pareja. 

¡Cuántas preguntas hay! ¿Es adecuado y tiene sentido vivir la Hook-up culture? ¿Es el sexo una experiencia que se pueda vivir casualmente sin involucrar la totalidad de lo humano? Podemos reflexionar poco a poco sobre estas preguntas para encontrar sus respuestas.

Mundo de las citas, expectativas y placer sexual sin compromiso.

¿Cómo pides una cita? ¿Sabes el “guión” que hay que seguir para que el encuentro con un ligue sea bello y saber qué esperar? Pensemos en las citas o dates de los años cincuentas: el chico llegaba por la chica. Iban por un helado o hamburguesa. Iban al cine, y él la acompañaba a ella a su casa. Si acaso habría un beso luego de varias citas. En nuestro tiempo, ¿cómo conseguimos una cita? Hacemos un perfil en una app de citas, swippeamos a la izquierda, hacemos match y comenzamos a platicar. Luego vienen los siguientes pasos. Supongamos que el chico y la chica se dejan llevar: se ven para comer algo, y deciden tener una experiencia íntima sexual. Con suerte aquella relación se consolide como un noviazgo. Es más probable que no. Sin embargo, es complejo pensar que lo estable puede surgir de lo inestable. Esta cultura de sexo casual o Hook-up culture está fundamentada en una incorrecta comprensión de la libertad, pues en ella se dirige la libertad hacia el placer más inmediato, y no hacia el bien más adecuado.

Generalmente, el argumento de las personas que practican y viven esta cultura es: “Todos lo hacen. Si ambos estamos de acuerdo está bien y es válido, porque no le hacemos daño a nadie.” Parece un argumento bueno, pero es insuficiente porque no contempla la totalidad de la naturaleza humana. Veamos por qué. La inmediatez en la obtención de lo deseado trae la satisfacción, sin duda. Pero sólo puede haber satisfacción con las cosas que se usan, o dan algún servicio y no sirven para otro fin más. Las personas no son cosas para ser usadas, pues su fin no es, estrictamente, satisfacer las necesidades de alguien más. Pensar que las personas están siempre dispuestas a vivir el sexo sin compromiso, implicando futuro, fertilidad, y debilidad, y más en las aplicaciones de citas, lleva a su reificación, o sea, a su “cosificación”. Y está postura lleva a desdeñar la dignidad humana como valiosa por sí misma. La Hookup culture también es una renuncia a la apertura a la otredad. Es como decirle a aquella persona de la cita: “sólo te veo como un objeto para un momento de placer. No me importa tu futuro ni tu fertilidad. No te quiero completa. Conque esta actitud implica ver a las personas como se quiere que sean, y no como ellas son en sí mismas. lo cual es altamente narcisista. El principal problema de esta actitud está en la cerrazón egoísta, que no se abre a la otredad de la persona, y no la acepta cómo es. Y aún no hemos mencionado argumentos morales, sino de la manera de pensar individual. ¡Conque del mutuo consenso libre no se sigue la rectitud de un acto! No. Por más que ambos lo quieran y consideren que es aceptable y que no hay daño de por medio. Es más, de la aceptación de esta manera de pensar se pueden seguir daños más profundos, como el pensar que las mujeres o los hombres son más valiosos en función de si sólo son para pasar un divertido rato sexual, o si son madera de esposa o esposo. 

Foto: Artem Podrez

Reducción de lo humano a lo animal.

La normalización de la Hookup culture es desordenada en sí misma porque tiene una desproporcionada consideración de la valiosa dignidad humana como fin. Y no sólo eso, sino que trae consecuencias culturales que complican más las ya complejas relaciones humanas posmodernas. En los últimos años se han puesto de moda los coaches de seducción. Muchos de ellos hombres jóvenes y carismáticos que buscan conquistar mujeres y ofrecen sus servicios para los hombres que tienen dificultades para relacionarse con ellas. Abundan estos coaches en Youtube o en Instagram. 

En un sentido antropológico y filosófico, los coaches de seducción tienen tres grandes problemas. Por una parte, consideran que es recto aceptar la intimidad sexual sin compromiso y como experiencia. Por otra parte, usan la actividad y disposición sexual como patrón de medida del valor humano. Por ejemplo, estos coaches de seducción, y otros personajes de redes sociales, tales como los hombres Red pill o MGTOW (Men going their own way), que consideran que el valor de un varón o mujer tiene que ver mucho con su actividad sexual, usan términos como el de hombre o mujer alfa, beta, sigma, etc. Estos términos son más propios de la zoología que de la antropología. Bien se puede hablar de lobos alfa, beta o sigma, pero aplicar estos términos a los seres humanos es reducirlos a su animalidad. Los reduce a puros sementales o pies de cría. Oculta su humanidad. El tercer error de tales personas es considerar que conocen la mentalidad de las mujeres, o de los hombres, según el caso y que, con tal conocimiento pueden manipularlos para conseguir lo deseado.

Y es que pensar que los seres humanos son reductibles a sus comportamientos o deseos sexuales, no es sólo la base de una antropología reduccionista, sino que oculta a nuestros ojos la verdad de nuestra naturaleza humana, y trae consecuencias peligrosas. Por ejemplo, aceptar considerarse a sí mismo (hombre o mujer) un premio al estilo de las esposas trofeo (trophy wife) sugiere que el amor es cosa de merecimientos y no de donación libre y gratuita. Otra consecuencia es el tener expectativas irreales e incumplibles sobre el sexo opuesto: esperar a la indicada o indicado por que tenga que cumplir con toda una lista de requisitos: físico escultural, cartera llena, auto del año,trabajo bien pagado, etc. Tal lista rigurosa aleja del hallazgo del amor y lo hace más difícil. Ahora bien, quizás la consecuencia más peligrosa es la de generar una visión profundamente misógina o misándrica sobre la naturaleza humana. Quien piensa que los seres humanos pueden dividirse entre las que son para pasar un rato y las que tienen materia de cónyuge, desdeña el valor humano intrínseco y es capaz de llevar una doble vida. Llegado el caso, ¿qué impediría que esa persona considere que, quien antes era vista como virtuosa y valiosa, un día sea vista como un objeto de uso común? Esta duplicidad cínica pone en peligro a la comunidad y las vidas de sus miembros, pues quien piensa así podría auto-justificarse para hacer cualquier daño a la dignidad humana. 

El culto a la seducción y su consecuente cultura misógina o andrógina  también hace uso de términos que no reflejan la complejidad humana. Así, un macho alfa es un hombre que hace lo que desea y no se rinde a las expectativas de una mujer y sólo ve en ella posibilidad de placer o justificación. Beta proveedor es el hombre que vive para atender y proveer las necesidades de una mujer y pretende conquistarla de tal modo. El macho sigma es lo mismo que el alfa sólo que fuera de la jerarquía de machos y sin competir sexualmente con los otros. Un Chad es un alfa. Un Simp es un beta. Todos (o casi) están dentro de un “mercado sexual” por la atención de las mujeres. La Red pill, siguiendo el símil de la famosísima película Matrix, es la conciencia que toma el varón que quiere dejar de buscar mujeres “de poco valor” sale de la simulación que pretende buscar la validación femenina. Pues claro, en esta perspectiva son “valiosas” las mujeres que son materia de cónyuge, y son “poco valiosas” las que piden demasiado y sólo ofrecen su belleza física hasta  que se topan con el muro de la edad y comienzan a buscar el amor verdadero.

Como se ve, la nomenclatura es intrincada y se enfoca en hacer una reducción de lo humano a lo meramente animal. Considera que las relaciones humanas son cosa de dominancia jerárquica, de placer intenso, de cuerpos atractivos, y que el o la individuo más valioso es el que trabaja en sí mismo, no el que se abre a los otros. ¿Qué hacer ante esta propuesta reduccionista y amargada? Pues mostrar que el amor es materia de decisión y de voluntad, no sólo cosa de naturaleza corporal irracional o sentimental.

Pareja en Bilbao. Foto: Jo Ellen Moths

Amor y relaciones: ejercicio de la voluntad y del respeto a las personas.

El amor es una decisión. Es el deseo del bien, pero, sobre todo, del bien del otro cuando el amor madura. Si bien, las apps pueden ayudar a encontrar prospectos, el amor de pareja no es sólo cosa de una app de citas. Hace falta aceptar la fragilidad humana junto con la grandeza de su libertad, con su base orgánica, animal y sexual, sin dejar de tomar en cuenta lo racional y espiritual. 

Abrirse al mundo de las relaciones es apostar por el compromiso que cuida y favorece la naturaleza humana. De tal modo, la relación se convierte en un santuario en el que los novios crecen y se cuidan entre sí porque se aman y saben, mutuamente, que sus naturalezas son valiosas por sí mismas, aunque frágiles. La consideración de la naturaleza humana como limitada y necesitada de amor puede limpiar las expectativas desproporcionadas sobre una pareja, a fin de verla como un “otro semejante” que no es una mina de oro, sino un compañero o compañera de vida. De modo que, no está mal salir a divertirse y conocer prospectos de pareja. Lo que hace falta es dejar de pensar que es normal o recto que, tener citas implica siempre la apertura inmediata a la entrega sexual, pues el amor recto es entrega mutua de dos naturalezas humanas complementarias, abiertas al futuro, la fertilidad y la compañía. Esto implica tener apertura a abrazar la complejidad de la naturaleza humana y a compartir la vida, no sólo a satisfacer necesidades. La cuestión es cambiar nuestra mentalidad sobre el amor para que sea más humanista y no sea cosificada.

Hookup culture vs. la visión humanista del amor

¿Qué tanto es tantito? ¿Hasta dónde podemos llegar como novios antes del matrimonio?

Por Jackie François Angel

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Una de las preguntas que más inquietan a los jóvenes en relación con la sexualidad es: ¿Qué tan lejos puedo llegar con mi novio o mi novia antes del matrimonio?

Me parece de entrada que esta no es la pregunta correcta. Nunca deberíamos preguntarnos ¿Qué tanto puedo hacer o qué tan lejos puedo llegar con esta persona sin cometer un pecado mortal? ¿Qué tan lejos puedo llegar con la mujer de otro? ¿O con un futuro sacerdote? ¿Con una futura religiosa? No debiera ser esta nuestra inquietud. No se trata de qué tan lejos puedo llegar con alguien, o cuánto placer puedo obtener de ellos, o cuánto podemos usarlos. 

La pregunta que debiéramos hacernos es: ¿Cómo puedo ayudar a esta persona a llegar al Cielo? ¿Cierto? Si realmente estamos en este camino hacia la santidad y queremos ser santos, deberíamos preguntarnos en cada relación que tenemos: ¿Cómo puedo ayudar a esta persona a llegar al Cielo? Esto si se trata de nuestros amigos, nuestros padres, nuestros hermanos, o nuestro novio/a y cualquier persona.

¿Cómo puedo llevar a esta persona al Cielo? ¿Cómo puedo ayudarla a ser santa? En vez de ¿Qué tanto puedo usar a esta persona para mi propio placer… justo poquito antes de que sea un pecado mortal?

Preguntarme ¿hasta dónde puedo llegar con mi novio/a? es la pregunta equivocada.

A cada persona que conocemos, deberíamos tratarla como si fuera nuestro hermano o hermana en Cristo, porque realmente lo son. Tenemos que empezar a mirar diferente a la gente. En vez de mirarlos como objetos para usar para nuestro propio placer físico o emocional, tenemos que aprender a mirar a la gente como personas que deben ser amadas.

Así que aquí te van dos historias rápidamente:

Una vez estaba en la playa, y allí había un chico súper guapo jugando en las olas en el mar. Y en ese momento, pude haber elegido desear carnalmente a ese hombre en mi interior, en mi corazón. Ya sabes, empezar a fantasear tipo “Uy, nos vamos a casar y tendremos 5 bebés. Sería genial.” Pero en ese momento sólo tuve que mirarlo como a un ser humano, y decir: “Dios, gracias por este hombre, él es hermoso, y gracias por crearlo tan guapo.” Fin de la historia. ¡Amén! Y eso fue lo que ocurrió. 

Así que tuve que aprender a mirar a los hombres de una manera diferente en vez querer usarlos. Mirarlos como si fueran mis hermanos, diciendo “Gracias Dios por este hombre.”

Otra historia:

Un amigo y yo estábamos paseando en el centro comercial, y había uno de esos carteles gigantes de ropa interior y lencería de mujer. Y los dos giramos la cabeza en sentido contrario. Yo evité mirar el anuncio porque, como mujer, a veces estoy tentada a compararme con otras, como con estas modelos. Y mi amigo evitó mirar el anuncio diciendo “Esa es la hermana de alguien, la hija de alguien, y se llama Dolores.” Y yo pensé “¿Qué rayos estás haciendo?” y él me dijo: “Bueno, un sacerdote me dijo una vez, que si estoy tentado a desear lujuriosamente a alguien, que le pusiera nombre a esa persona.” “¿En serio? ¿Dolores? ¡Así se llama mi abuela!” Pero me pareció realmente bonito que hubiera chicos así en el mundo, que, en vez de tratar automáticamente a esa persona como un objeto, miraran a esa mujer como la hija de alguien o la hermana de alguien. “No quiero usarla en mi interior, ni en mi mente, ni en mi corazón. Yo quiero amarla como hija de Dios.”

Entonces, ¿hasta dónde puedo llegar con mi novio/a? Realmente nos estamos haciendo la pregunta equivocada. Tenemos que cambiar totalmente nuestra mentalidad, todo nuestro chip. Necesitamos aprender a amar a la gente y no a usarla.

Si quieren algunas pautas reales, porque muchos de ustedes piensan, “¡Oh, no! ¡Yo necesito reglas! Dame algo concreto.” Les daré algunas recomendaciones.

Así que primero; si quieres saber hasta dónde puedes llegar con tu novio o tu novia, este es un buen parámetro: Si lo puedes hacer a plena luz del día, en frente de tu abuela, o del Papa Francisco, vas bien. Pero, si tienen que esconderse o ir a lo oscurito para hacerlo, alejándose lejos del público, es porque saben que eso no está bien, que les da vergüenza, porque saben que deben ocultar sus actos, porque no están amando a esa persona, la están usando.

Es un criterio. Si lo pueden hacer a plena luz del día, enfrente de tu abuela o del Papa Francisco, van bien.

Otra historia:

Un sacerdote me lo explicó muy bien. ¿Cómo puedes distinguir entre usar a alguien y amar a alguien? Aquí hay una diferencia perfecta: existe una diferencia importante entre “afecto” y “excitación”. Las muestras de afecto son geniales, son buenas, bonitas. Por ejemplo, tomar de la mano, dar un beso, dar un abrazo. Son muestras de afecto que puedes hacer a plena luz del día en frente de tu abuela, sin sentir vergüenza. Pero cualquier cosa que te lleve a sentir excitación, eso está reservado para el matrimonio. 

Es una enseñanza de la Iglesia que el sexo es tan bueno, tan bonito, tan sagrado, que pertenece a un esposo y a una esposa. Así que cualquier cosa que te lleve a la excitación, al acto de consumación, al sexo, a ser un solo cuerpo, una sola carne (como dice San Pablo en la primera carta a los Corintios, capítulo 6), cualquier cosa que cause esa excitación, que eche a andar ese tren, que desboque ese tobogán, está reservada para el matrimonio.

Y ya sé que muchos de ustedes estarán pensando, “¿¡Qué!? ¿En serio? ¡Es una locura!” Y ¡Claro! Porque la cultura predominante nos dice que está bien tener sexo en una cita, que el sexo no es para tanto. Es muy interesante que nuestra cultura está obsesionada y ahora todo tenga que ver con ligar y tener sexo, y luego nos sentimos miserables y nos preguntamos por qué… Pues ¡porque no estamos hechos para tener sexo con cualquiera! Estamos hechos para unirnos a una persona por toda la vida hasta que la muerte nos separe.

El punto es que existe una diferencia entre afecto y excitación. Cuando estás saliendo con alguien, debes compartir lo siguiente: “Oye, no podemos hacer esto porque detonaría el tobogán, activaría los motores de la excitación.” Mucho ojo, porque hombres y mujeres fuimos creados diferentes y sentimos diferente.

Un amigo me contó que cuando estaba saliendo con su ahora esposa, estaban en el sillón viendo una película, y él puso su brazo alrededor de sus hombros, y ella pensaba “Oh, esto es muy lindo.” Y de pronto ella puso su mano sobre el muslo de él, toda contenta pensando “esto es tan bonito y lindo” y él por su parte sintió: “¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta! ¡El tren de la excitación se activa! ¡Ahhhh!” Entonces, para él era importante comunicarlo: “Oye, mira, hay algunas cosas que ocurren cuando me tocas de cierta manera. Ya sabes, activan el tobogán de la excitación.” Así que es bueno comunicar eso a la persona con la que estás saliendo.

Cuando se trata de besos, incluso los besos apasionados pueden detonar el tobogán de la excitación. Y quizá estás pensando “Es una locura, ¿estás diciendo que ni siquiera podemos besarnos?” Ese es el asunto otra vez. La pregunta no es ¿Hasta dónde puedo llegar? Sino ¿Cómo puedo cuidar y proteger a esta persona, en su cuerpo, mente, alma y corazón? Cuando te topes con el futuro esposo/a de tu ex novia/o el día de su boda, en vez de decir, “Oye, hasta aquí llegué con tu esposo/a”, ojalá puedas decir, “Oye, cuando estuve saliendo con esta persona, no me propasé con ella, la cuidé y protegí para ti. Yo le ayudé a crecer en santidad para ti, para su vocación.” Y no que digas, “Mira, quise ver hasta dónde podía llegar con él o con ella y casi llevarlo a pecar.” Creo que no. 

Tenemos una gran capacidad para el bien y la santidad, pero de igual manera tenemos una gran capacidad para el mal y el pecado. Y yo conozco en mi corazón todas las maneras en las que he manipulado, en las que he atraído hombres hacia mí, en las que he utilizado a un hombre a mi conveniencia, emocional y físicamente. He tenido que mirar en mi interior esa fealdad de mi corazón y pedirle a Dios que me ayudara a purificarlo, que me perdonara. “Dios, ayúdame a purificar esos malos deseos de mi corazón, el querer usar a alguien como objeto y manipularlo sólo para usarlo.” Pregúntate sinceramente cuáles son tus intenciones.

Es gracioso, un día oí a un papá decir que a todo futuro pretendiente de su hija él le advertía: “Oye, amigo. Cualquier cosa que le hagas a mi hija, yo te lo haré a ti.” Me causó gracia. “¡Eso significa que hay muchas cosas que no le puedes hacer a mi hija, eh!” ¡Híjole! Ni hablar. Es verdad. No deberíamos hacer nada íntimo a la hija de alguien, a la futura esposa de alguien, o al futuro esposo de alguien. Cuando estamos saliendo con alguien que quizá será el marido o la mujer de otro, o incluso aunque fuera nuestro futuro esposo o esposa, ¡uno no está casado hasta que se casa!

Cuando yo salía con mi ahora esposo, e incluso ya comprometidos, pensaba “Tengo que tratarlo de tal forma que si, por una pequeña casualidad, algo le pasara y él muriera antes de casarnos, y estuviera llamada a casarme con otra persona, ¿qué pasaría?” Aunque estuviera tan enamorada de él, y queriendo entregarme por entero a él, hasta que no estuviéramos realmente casados yo tenía que tratarlo como si él no fuera mío aún, porque así era. Tenía que amarlo de la manera apropiada, sin propasarme, por si acaso y porque era lo correcto.

Esto implica mucha oración, mirar los deseos de nuestro corazón, y pedirle a Dios que destruya esos deseos egoístas de nuestro corazón y que nos ayude a amar de verdad y no usar a la gente.

Espero que esto te haya ayudado un poco y rezo para que Dios te conceda los frutos de Su espíritu, que Dios te conceda la virtud de la castidad, autocontrol, modestia, paciencia, amabilidad y amor. Ven Espíritu Santo, danos esos dones, ayúdanos a producir esos frutos, para que así podamos ser para el mundo luz del radiante amor de Dios. 

Que Dios te bendiga y ¡ánimo!

Traducido y adaptado por Irene González Hernández del video “¿How far is too far before marriage?” de Ascension Presents

Hookup culture vs. la visión humanista del amor

Ser Pro-Vida en México

Por Pbro. Mario Arroyo

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El histórico fallo de la Suprema Corte de Justicia ha dejado sin protección legal a los millones de niños concebidos en tierras mexicanas. No es irrelevante el dato, pues basta constatar el alto número de mexicanos y mexicanas que nacen fuera del matrimonio para observar que a partir de ahora sus vidas peligran, no están protegidas.

No es el momento de caer en lamentaciones estériles, ni de poner el acento en lo frágiles y falaces que fueron las argumentaciones presentadas por los magistrados para respaldar su sentencia. El daño está hecho, de nada nos sirve darle vueltas al pasado, que no podemos cambiar, la actitud constructiva es imaginar el futuro, soñar con un futuro en el que quepan todos los mexicanos y mexicanas, sin ser excluido nadie por estar todavía en periodo de gestación.

Ante esta dura decisión los pro-vida enfrentan dos retos. El primero está en volverse “inasequibles al desaliento” o, como se diría popularmente, “no tirar la toalla”. El segundo reto en realidad es más arduo, pues supone cambiar la estrategia, reinventarse en el nuevo escenario, ciertamente hostil, en el que se encuentran.

No se trata de cerrar los ojos a la realidad, ni de minimizar el inmenso trabajo de filigrana realizado para defender la vida en 19 estados de la federación. No se trata de dar unas palmaditas en la espalda diciendo “ánimo, ¡tú puedes!” Se trata de examinar y discernir cuál es el bien posible asequible en esta nueva situación. Si antes la batalla estaba en las leyes, y en sensibilizar a los congresos estatales sobre el hecho de que la vida humana comienza desde la concepción y que por tanto debe ser protegida desde ese instante, ahora el Poder Judicial ha tirado por el suelo todo ese esfuerzo, ha pateado el tablero con un golpe de estrategia que, dicho sea de paso, ya se veía venir. En efecto, la cultura de la muerte ha ido imponiéndose y su esquema suele ser siempre el mismo: si no consiguen hacerlo por vía parlamentaria, acuden al expediente de la vía judicial. Siempre es más fácil convencer del error a un grupo pequeño de juristas que al grueso del Congreso.

Si la batalla ya no está en las leyes, si no parece viable revocar la sentencia, ¿qué pueden hacer los pro-vida, además de lamentarse? Brindar la batalla cultural. Para ello, tienen un aliado muy fuerte: la ciencia, la embriología, el estudio del maravilloso proceso de formación del ser humano a partir del momento de la fecundación. La filosofía también puede ser su aliada, profundizando en el concepto de dignidad y lo que ello implica. El derecho no, pues ya vemos que se vende al mejor postor, pero sí la biología, al resaltar el valor y el milagro que supone cada vida humana.

“Aborto sí, aborto no, eso lo decido yo” es uno de los eslóganes de las chicas del pañuelo verde. Tomemos el reto que plantean: ahora pueden abortar a placer, no hay frenos ni límites. Nos toca trabajar para que poco a poco vaya siendo la opción menos atractiva. Que no aborten primero porque no se embaracen sin desearlo, pero luego porque no quieran, aunque puedan hacerlo. Que el camino abierto sea recorrido por muy pocas, pero que la inmensa mayoría de mujeres redescubra el valor inconmensurable de la vida humana. Una batalla cultural, en definitiva, un gran desafío, no fácil ni sencillo, pues finalmente el aborto es negocio y hay muchos intereses económicos y políticos en juego.

Los pro-vida tenemos la urgente tarea de reinventarnos, pero “donde está el peligro, ahí está la salvación.” Puede ser una oportunidad maravillosa para que dejemos de ser reactivos y tomemos la iniciativa en el debate público. Abrumando, por decirlo de alguna forma, con los datos duros que arroja la ciencia sobre el desarrollo del embrión, su capacidad de sufrir, la formación de sus órganos, o su sustancialidad, diversa de la de la madre. Por otro lado, la campaña cultural deberá ir contracorriente también, exaltando la grandeza de la maternidad, privilegio exclusivo de la mujer, quizá la acción más grande que pueda el ser humano realizar, el dar la vida a otro ser humano. No verla como un obstáculo a la realización personal, sino como un medio para lograrla, integrándola a su vez con las otras dimensiones de la vida humana, como pueden ser la profesional, la cultural, la social, etc. La batalla cultural de mostrar que el embrión es una maravilla y de que no hay nada como ser madre, para que el camino del aborto sea cada vez menos socorrido.

Embrión 6 semanas.
MDNMDN