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The Second Coming

The Second Coming

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Traducción de Fernando Galindo y Alberto D. Horner

Collage de Gabriel S. Delgado

BY WILLIAM BUTLER YEATS

Turning and turning in the widening gyre
The falcon cannot hear the falconer;
Things fall apart; the centre cannot hold;
Mere anarchy is loosed upon the world,
The blood-dimmed tide is loosed, and everywhere
The ceremony of innocence is drowned;
The best lack all conviction, while the worst
Are full of passionate intensity.

Surely some revelation is at hand;
Surely the Second Coming is at hand.
The Second Coming! Hardly are those words out
When a vast image out of Spiritus Mundi
Troubles my sight: somewhere in sands of the desert
A shape with lion body and the head of a man,
A gaze blank and pitiless as the sun,
Is moving its slow thighs, while all about it
Reel shadows of the indignant desert birds.
The darkness drops again; but now I know
That twenty centuries of stony sleep
Were vexed to nightmare by a rocking cradle,
And what rough beast, its hour come round at last,
Slouches towards Bethlehem to be born?

Vuelta tras vuelta en la torva creciente
no puede oír al cetrero el halcón.
Todo se destruye; el centro no puede resistir;
crasa, la anarquía se desborda sobre el mundo;
opaca de sangre, la marea se desborda, y por doquier
la ceremonia de la inocencia se ahoga.
Los mejores carecen de toda convicción; en cambio, los peores
están llenos de brío apasionado.

Seguramente alguna revelación se apronta
Seguramente la segunda venida se apronta
¡La segunda venida! Difícilmente surgen esas palabras
cuando una vasta imagen fuera del Spiritus mundi
turba mi vista: en algún lugar, en las arenas del desierto,
una figura con cuerpo de león y cabeza de hombre,
una mirada blanca e inmisericorde como el sol,
mueve sus lentos muslos, mientras todo en derredor
revuelve las sombras de las desérticas aves indignadas.
Cae la oscuridad de nuevo; pero ahora sé
que veinte siglos de sueño pétreo
fueron turbados hasta la pesadilla por una cuna meciéndose,
¿y qué burda, salvaje bestia, al llegar al fin su hora,
se contorsiona hacia Belén para nacer?

Source: The Collected Poems of W. B. Yeats (1989)

Gente de chile, dulce, mole y pozole… Y sí hubo “sitio para ellos en la posada” (Lc 2,7)

Gente de chile, dulce, mole y pozole… Y sí hubo “sitio para ellos en la posada” (Lc 2,7)

Por Irene Hernández Oñate

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En su mensaje de navidad “Urbi et orbi” de 1981 san Juan Pablo II recordaba que muchos no quisieron acoger a José y María. «No había lugar para ellos en la posada» (Lc 2,7) Y mencionaba que “El mundo, que no acepta a Dios, deja de ser hospitalario con el hombre.” Pero el pasado 14 de diciembre fui invitada a una posada navideña de lo más interesante debido a que los asistentes fueron de lo más variopinto que se puedan imaginar y en un ambiente muy hospitalario. Sí hubo sitio para todos en la posada. 

Primero, la posada se llevó a cabo en la casa de una familia singular porque la componen los padres (papá y mamá) y ¡seis hijos, todos varones! El más pequeño de brazos y el mayor de preparatoria. Si mal no recuerdo, tiene más de un lustro que no me presentaban a una familia tan numerosa. Hoy en día por mis lares lo que abundan son los hijos únicos.

   Se podrán imaginar que la asistencia infantil y juvenil fue nutrida y lo que verdaderamente llamó mi atención fue que ninguno de los chicos, ni uno solo, estaba “autisteando” con algún celular, tablet o pantalla alguna. Fue muy refrescante ver a tanto chiquillo pulular por todo el lugar y entretenerse en actividades que en mi infancia eran las normales (futbol, correteadas, pláticas, etc.).

   También llamó mi atención un joven adulto, filósofo, poeta y músico (en sus veintes), que departía con un grupo de niños de manera natural y amable. Me dio la impresión de estar encantado organizando un coro espontáneo de chicos para cantar villancicos. Fue muy entretenido ver cómo los chiquillos lo escuchaban con atención y lo miraban con admiración. ¡Bien por los adultos jóvenes sin prejuicios generacionales! En mi experiencia los jóvenes adultos de su edad son chocantes, pagados de sí y repelentes a los niños. Si están con ellos es porque, o son animadores pagados o quieren quedar bien con los padres de los mismos.

   Llegó el momento de iniciar la posada y oh sorpresa… ¡Se comenzó con el rezo del rosario!  Cada misterio gozoso fue dirigido por diferentes niños y todos los presentes rezamos a coro. Uno que otro niño se puso nervioso frente al micrófono, pero no por eso el momento fue menos emotivo. Entre misterio y misterio se cantaron los villancicos que prepararon los niños. En verdad es milagroso el ambiente festivo que pueden lograr una guitarra y una flauta dulce. Para cerrar con broche de oro el rosario, un sacerdote de la Obra hizo gala de su fervorosa memoria y dirigió las letanías y las oraciones finales. El susodicho “padrecito” pasó la prueba con honores ya que mencionó en perfecto orden las tres nuevas letanías que el papa Francisco agregó a las letanías lauretanas. 

Confieso que nunca había asistido a una posada en la que se rezara el rosario; mi experiencia con dicha devoción ha sido principalmente en velorios donde señoras muy mayores lo rezan como si quisieran ganar el premio a la “rezandera” más veloz sin importar el desconcierto de los presentes.

   La “pedida de posada con los peregrinos” fue muy semejante a la mayoría de las posadas a las que he asistido a lo largo de los años: nunca es pareja la cantidad de gente que canta “afuera” y la que canta “adentro”, las voces son poco afinadas, pero entusiastas, hay velitas que se apagan a cada rato y lucecitas de bengala que los pequeños se acaban mucho antes del “entren peregrinos”.

   Los sagrados alimentos estuvieron muy sabrosos, hubo tamales tamaño “jumbo” (los que consigo en mi colonia son tres veces más pequeños), tostadas que desbordaban su guisado, flautas caseras que se acabaron de volada, refrescos, agua de jamaica, ponche y galletas con forma de muñeco de jengibre, entre otros. Afirmo que todas las señoras que se cooperaron con los alimentos cocinan muy rico.

   El evento de las piñatas me pareció muy cuidado ya que hubo suficientes piñatas para todos los grupos de edades y quienes las manejaron supieron administrarlas con giros de volantín muy profesionales para que nadie se quedara con las ganas de dar unos cuantos palos a los contenedores de los pecados capitales y por supuesto al aire. Cabe señalar que nadie resultó herido ni mareado.

   Ya con el fresco y la obscuridad de la tarde encima, llegó el vino tinto para lo adultos los cuales se pusieron en “mood” de bohemia poética muy “padre”. Incluso un joven yucateco de ilustre familia, poeta de rima clásica, tuvo oportunidad de leer varios textos de su primer poemario publicado así como autografiar algunas copias del mismo para varios de los presentes. Se recitaron textos en inglés y en francés con su respectiva traducción al castellano y fue muy grato observar cómo varios niños pequeños escuchaban extasiados. Luego hizo su aparición el karaoke y los cantantes amateurs en verdad resultaron muy entonados y desenvueltos. En tiempos de crisis económica podrían dedicarse también a la “artisteada”.

   Entre los distintos asistentes hubo incluso un campesino urbano. Resulta que el hijo menor de la familia Fajardo, cultiva “microgreens” ¡en el sótano de su casa! (Si quieren saber qué son los “microgreens” escríbanle, por favor). Menciono a los hijos de la familia Fajardo porque fueron invitados ilustres del evento y me hicieron el gran favor de llevarme desde la Ciudad de México hasta Toluca que fue donde se llevó a cabo la posada que aquí reseño.

   También fue de lo más agradable platicar unos momentos con la “señora de la casa” que a mi parecer es la roca que sostiene todo y a todos con su silenciosa y patente presencia.

   Quedo muy agradecida de haber sido invitada a esta hermosa posada navideña de SPES, ejemplo de auténtica y espontánea hospitalidad cristiana.

Gente de chile, dulce, mole y pozole… Y sí hubo “sitio para ellos en la posada” (Lc 2,7)

Meditación sobre la desesperanza

Por Pbro. Mario Arroyo

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Hechos lamentables, como la legalización del aborto en México o la implantación de un régimen comunista en el Perú o, más cercanamente, la aparente ineficacia de las oraciones para pedir por enfermos de COVID-19 o de otra enfermedad, nos dejan sentir con fuerza perturbadora la tentación de la desesperanza.

Más de una persona me ha planteado, dolorida, si Dios nos ha abandonado, si escucha nuestras oraciones, si de algo nos sirve rezar o, en los casos más extremos, si Dios existe, o  no será más bien que todo es fruto del ciego azar.

Van estas líneas con la esperanza de que, sin perder el realismo de su cruda verdad, arrojen una luz tenue pero consistente de esperanza, concretamente frente a la reciente legalización del aborto en México. Legalización a al que mucha gente se opuso participando cívicamente para garantizar la protección de la vida humana desde el momento de la concepción. Estas modestas reflexiones pueden extenderse a los demás rubros “desesperanzadores”, y quieren ser el esbozo de una “teología de la esperanza”.

¿A qué da lugar esta realidad perturbadora? A la sospecha de la banalidad de los esfuerzos y las luchas humanas por defender la dignidad de la vida humana, de toda vida humana desde el momento de la concepción. De pronto nos sentimos ingenuos peones en un tablero en el que nuestras convicciones cívicas, ciudadanas, cuentan poco o nada; y donde todo lo deciden oscuros y omnipresentes poderes que manejan la sociedad como a una marioneta. Es la frustración de la impotencia frente a la prepotencia del poder económico o mediático, que vuelve aparentemente ridícula e insignificante nuestra participación ciudadana, por más sacrificada y convencida que sea.

En situaciones así ¡cómo echamos de menos figuras como las de san Juan Pablo II! que con fuerza y convicción puedan gritar a los cuatro vientos: “¡no tengan miedo!”

No tenemos ahora a un san Juan Pablo II, pero siguen siendo válidas sus palabras,  y sigue siendo  eficaz la oración, pues como dice la Escritura Santa “no se ha empequeñecido la mano del Señor” (Isaías 59,1). Lo cierto es que los parámetros del Señor no son los nuestros; “sus caminos no son nuestros caminos” parafraseando al profeta Isaías (cfr. Isaías 55,8). Para Dios “mil años son como un día y un día como mil años.” (2 Pedro 3, 8) Dios nos invita a seguir trabajando con fe, fe que “es la seguridad de las cosas que no se ven” (Hebreos 11,1) con esperanza, con visión de eternidad, que es la visión de Dios; de forma que poco a poco, a pesar de los constantes descalabros —pareciera que el catolicismo social está en permanente retirada— nos volvamos “inasequibles al desaliento”, en expresión de san Josemaría.

Es lógico que hechos como estos nos duelan. Los miles, quizá millones de niños que no alcanzarán a ver la luz  gritan clamando justicia. La justicia que nosotros, por ahora, somos incapaces de garantizar y que, en expresión del Papa Emérito Benedicto XVI “sólo Dios puede crear”. Las injusticias nos pueden doler, nos pueden pesar, pero no nos debieran sorprender. Un atento examen de la Sagrada Escritura nos enseña que esto ya estaba previsto. Basta mirar la Segunda Epístola a los Tesalonicenses o el Apocalipsis para caer en la cuenta de que no nos estamos saliendo del guion, y de que continuamos siendo protagonistas.

Farol Buenos Aires. Foto: Mariana Barry.

Es duro, pero es  parte de la revelación, de aquellas verdades inconmovibles que Dios en su infinita sabiduría ha querido comunicarnos: “primero tiene que venir la apostasía, y manifestarse el Hombre impío, el hijo de la perdición… el misterio de la impiedad ya está actuando” (2 Tesalonicenses 2, 3-7) Primero viene el desbordarse de la iniquidad —creo que eso es lo que estamos viviendo ahora.

Ahora bien ¿qué es lo que nos toca a nosotros? “mantenernos firmes”, o como dice el Apocalipsis: “Aquí se requiere la paciencia y la fe de los santos” (Ap. 13, 10). Por eso, no debemos desertar del mundo al que amamos.

En esta palestra Dios nos forja, nos hace crecer, desarrolla nuestra paciencia, mientras sucede lo que ya estaba profetizado en el Apocalipsis (22, 11): “Que el injusto siga cometiendo injusticias y el manchado siga manchándose; que el justo siga practicando la justicia y el santo siga santificándose”. Ahí entramos nosotros, siendo justos, santificándonos, y esperando con humildad una salvación que no será obra de nuestras manos, sino de las de Dios. Por eso podemos seguir fortaleciendo nuestra esperanza.

¿Qué hacer entonces? Seguir trabajando, con la esperanza puesta en Dios y una sonrisa en los labios, amparados en las frases de la Escritura: “mis elegidos no trabajarán en vano” (Isaías 65, 22-23) y “conscientes de que vuestro trabajo no es vano en el Señor” (1 Corintios 15,58) Sabiendo que a través de muchas derrotas al final la victoria es de Dios.

¿Y ante el desaliento presente por las batallas perdidas? Recordemos las bellas palabras de Nican Mopohua: “¿no estoy yo aquí, que soy tu Madre, no estás por ventura en mi regazo y entre mis brazos?, ¿qué más necesitas?”

La Revista SPES ¿Por qué es importante un espacio así?

Por Irene Hernández Oñate

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Porque es una revista digital auténticamente incluyente donde párvulos, niños, adolescentes, adultos, ancianos e intelectuales tienen un lugar común para compartir y reflexionar sobre lo que la vida les ha dado: contentos, fracasos, conocimientos, logros, cantos, anécdotas, dudas, poemas, tristezas, coplas, esperanzas, sabiduría, motivación existencial, aspiraciones, viajes, amistades, canciones, placeres, ficciones, aversiones, amores, pasiones y todo, todo lo que la vida da. 

    Porque quien ha fundado esta iniciativa es un ser humano que se eleva más allá del hombre casi a la altura del niño. Ese niño que es un sabio ingenuo que comparte todo porque bien sabe que sólo aquél que comparte puede ser dueño de algo.

Porque me parece loable y cristiana la labor de mentor que ha ejercido el fundador de esta revista para repartir el Verbo a todos los rincones.

  Claro que se trata de un espacio al que no cualquiera puede acceder, ya sea como colaborador o como usuario, ya que este espacio le está vedado a quien no sabe leer ni escribir. Porque aunque la palabra, oral o escrita, parece cosa de nada, conozco individuos a quienes les han mutilado su capacidad para entender lo que se transmite con la escritura o con el discurso coherente. Y no me malinterpreten, pero incluso los párvulos como María de cinco años, que cursa el jardín de niños y que habla sobre el “espinosaurio” hace un discurso coherente. Porque -¿qué es una palabra?-. Una palabra escrita, para quien no conoce ni comprende los signos convencionales que la forman, puede ser un acertijo, un garabato o nada… y una palabra hablada para quien no conoce ni comprende los sonidos convencionales que la forman lo mismo.

   Por lo anterior, y esto es paradójico, considero que quien puede disfrutar y ser parte de espacios incluyentes como SPES también pertenece a una élite muy afortunada cuyo  disfrute lúdico tiene cierto grado de refinamiento en comparación por ejemplo, con un funcionario de cierto grupo político de cierto país, que tuvo el desatino de afirmar que “leer por placer es un vicio capitalista”.

   La palabra que es una cosa de nada, pequeña, corta, un aliento, un soplo, un sonido que va y viene cuando se la mezcla con muchas otras, llega y arraiga en lo hondo del individuo que Dios destinó para ella.  Y siendo esto así, considero que la élite de la que hablo  siempre tendrá la capacidad de ser feliz pase lo que pase en sus circunstancias. Además, quien escribe o habla desde su corazón, que para los hebreos es la sede del entendimiento, sin dobleces y con ánimo de compartir, construir, sumar y aportar, puede ser el profeta que como dice Giovanni Papini en su Historia de Cristo, recuerde “a los traidores los juramentos; a los malos, la caridad; a los corrompidos la pureza; a los feroces, la misericordia; a los [gobernantes], la justicia; a los rebeldes, la obediencia; a los pecadores, la pena; a los orgullosos la humillación y conduzca a los idólatras al verdadero Dios”.

   Por último, aprovecho este espacio para agradecer al Creador, que para mis padres fuera de suma importancia que mis hermanos y yo aprendiéramos a leer y escribir nuestra lengua materna y así disfrutar de ella.

Gente de chile, dulce, mole y pozole… Y sí hubo “sitio para ellos en la posada” (Lc 2,7)

Il caffè sospeso

Valerio Pellegrini

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Siamo a Napoli centro. Il vociare dei commercianti e dei turisti riempie le strade di colore e allegria. Mentre ci perdiamo tra i piccoli vicoli adiacenti a Via S. Gregorio Armeno tra odori di pizza e castagne scorgiamo un bar. Decidiamo dunque di entrare per bere qualcosa, si proprio un bel caffè è quel che ci vuole dopo questa bella camminata! Andiamo al bancone per ordinarlo quando, inaspettatamente, ci viene servito senza dover pagare, “è sospeso” dice il barista. Ebbene sì, con sorpresa e improvvisamente, scopriamo e ci troviamo catapultati in questa tradizione tutta napoletana del caffè sospeso. Un caffè che ci aspettava, offerto da qualcuno che è passato prima di noi, qualcuno che neanche conosciamo, per quelli che sarebbero venuti dopo. 

Caffè Gambrinus, Napoles
Gran Caffè Gambrinus, Napoli

È a partire da questa tradizione che vorrei parlarvi dell’attesa, visto anche l’imminente inizio del tempo dell’avvento. Quello dell’attesa è un tema centrale nella nostra modernità in cui tutto sembra essere così veloce, fatto di istanti, di momenti che si perdono tra un luogo ed un altro tra una persona ed un’altra, attimi da rubare al presente per poterci sentire vivi anche solo per qualche secondo. Tanti momenti che non riusciamo più a vivere pienamente, assaporandone l’intensità, perché già stiamo aspettando l’istante successivo che forse sì, sarà quello buono per poter finalmente essere pienamente noi stessi!

Sembra quasi che, in questo turbinio che va tra un messaggio sui social networks, una e-mail e una chiamata, ci troviamo come continuamente immersi nei vicoli di Napoli fatti di colori, profumi, allegria, caos vagando senza meta tra un ristorante, un negozio e un aperitivo. Come i vicoli di Napoli, i continui input a cui siamo sottoposti potrebbero disorientarci, farci sentire persi e addirittura anche soli. Dei nuovi Robinson Crusoe metropolitani.

Piazza del plesbiscito, Napoli

Abbiamo forse perso la capacità di aspettare e di avere pazienza? Abbiamo forse perso la capacità di assaporare con lentezza i diversi gusti del presente e della vita? Eppure è proprio nell’essere presenti nel qui ed ora che scopriamo la bellezza della vita! Quello che invece sperimentiamo è una costante insoddisfazione, una voracità, una fame di istanti che riaccenda la nostra dopamina un secondo dopo l’altro. Verrebbe da domandarsi con T.S. Eliot: “Dov’è la saggezza che abbiamo perso nella conoscenza? Dov’è la conoscenza che abbiamo perso nell’informazione?”.

Forse per comprendere a pieno la dinamica dell’attesa e la sua radice è necessario entrare pienamente nella dinamica del caffè sospeso, una dinamica di gratuità che per un momento ci tira fuori dal tram tram di Napoli e da tutti i suoi continui stimoli. Ma cosa ha a che fare la gratuità con l’attesa? Come un semplice caffè offerto ci può parlare dell’attendere?

A questo punto è necessario fare un balzo indietro ed entrare nel mistero delle parole. Non è casuale che la parola attendere in spagnolo (esperar) abbia la stessa radice della parola speranza (esperanza), il latino spes che a sua volta deriva dal sanscrito spa che significa guardare. Un significato originario simile può ritrovarsi curiosamente anche nell’italiano aspettare, dal latino ad-spicere, guardare verso, ed anche nel verbo inglese to wait (aspettare) che ha la stessa radice del verbo to watch (guardare): il franco wahtijan, e che significa proprio guardare.

Già questi brevi cenni etimologici ci fanno intuire che la parola attendere ha a che vedere con il guardare. Ma perché guardare? Cosa significa guardare? E poi guardare chi o cosa? È sufficiente guardare noi stessi per aspettare o è necessario guardare un altro? È qui che forse si svela il mistero del caffè sospeso e quindi anche dell’attesa. La società in cui viviamo sembra invitarci continuamente a guardare, ma a guardare noi stessi, le nostre esigenze, le nostre necessità, a creare la nostra storia di Instagram per essere guardati o addirittura guardarci da soli, ma raramente ci invita a guardare le necessità dell’altro.

Una volta entrati in quel bar di Napoli il tempo si è come fermato, si è sospeso per l’appunto, siamo rimasti sospesi nel presente proprio come il caffè, siamo rimasti sorpresi, ci siamo sentiti improvvisamente guardati, in una parola amati. Un’esperienza di gratuità ci ha come restituito il tempo, il presente, qualcuno aveva dato qualcosa di sé per noi e proprio non aspettandocelo ci ha ridato la speranza, la capacità di attendere e quindi di amare non solo noi stessi ma anche l’altro e ciò che ci circonda. Quella persona che ci aveva pagato il caffè ci aveva guardato, pur non conoscendoci e non sapendo chi sarebbe stato il prossimo cliente, aveva donato senza aspettarsi nulla in cambio. 

Foto: Richard Balane by Pexels

La nostra capacità di attendere è il nostro saperci già attesi, il caffè sospeso è forse una metafora per parlare a tutti noi in questi tempi così confusi, veloci e movimentati in cui le brutte notizie si succedono e attendiamo tutti una buona notizia. Il caffè sospeso ci parla proprio dell’avvento, un momento in cui ci mettiamo nell’attesa di scoprirci attesi. Cosa è l’attesa della nascita di Gesù se non un momento sospeso in cui scoprirci amati, attesi dalla buona notizia dell’amore che viene e verrà ogni giorno? Cos’è la nascita di Gesù se non quella grazia, quella gratuità inaspettata che ci sorprende ogni giorno della nostra vita, che ci ridà la capacità di sperare, di aspettare e di amare?

Gran Caffé Gambrinus
Gran Caffé Gambrinus, Napoli

 Quella persona che ci ha offerto quel caffè ci ha atteso affinché noi potessimo scoprirci attesi, nel suo dono ci siamo scoperti dono. Ecco che usciti da quel bar di Napoli possiamo guardare a tutti quei colori, quei sapori, quei suoni che prima ci sembravano senza senso, che ci portavano ad una confusione eccitante e a allo stesso tempo ad un senso di angosciante solitudine, con occhi nuovi, con gli occhi di colui che si sa già atteso, che accoglie, e tutto improvvisamente riacquista senso. Nulla è più come prima, non siamo più ladri di istanti, non dobbiamo più cercarci tra un’emozione e l’altra o difenderci da questo apparente caos ma siamo improvvisamente amati e amanti. Un vero mistero, una vera grazia! 

(Proprio in questi giorni nella chiesa di San Severo fuori le mura, al Rione Sanità, nel cuore di Napoli, è partita l’iniziativa del tampone sospeso dell’associazione Sanità Diritti in Salute e di Fondazione San Gennaro che permette di poter effettuare un tampone Covid a 18 euro. Chi vuole, può donare anche un tampone a chi non può permetterselo. Verrebbe da da dire, questa è davvero la buona notizia!)

MDNMDN