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2 de enero: El sabio conoce el tiempo

Klaus Hemmerle

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Enero: La plenitud de los tiempos.

El sabio conoce el tiempo. Sabe que el ser humano no puede hacer y fabricar todo, sino que debe responder, responder a una llamada, responder a un don, que le son entregados. Sabe, que tiene que continuar tejiendo un hilo que le han arrojado. Y que tiene la responsabilidad de lanzar ese hilo a otros.

Sabio es quien entiende el tiempo, su conexión y sus límites, su avance y su escurrimiento, su diminuto “Ahora” y su “No-más” y “Aún-no” sin final.

(Tomado de un artículo, 1976)

Tomado de: Gottes Zeit – unsere Zeit. (El tiempo de Dios – nuestro tiempo) Selección y edición de Erich Strick. Editorial Neue Stadt. Múnich. 1995. Traducción: FG.

2. Januar

Der Weise kennt die Zeit. Er weiß, daß der Mensch nicht alles machen und herstellen kann, sondern daß er antworten muß, antworten auf einen Anruf, antworten auf eine Gabe, die ihm zufallen. Er weiß, daß er an einem Faden weiterzuspinnen hat, der ihm zugeworfen ist, und daß er die Verantwortung hat, wieder anderen den Faden zuzuwerfen.

Weise ist, wer die Zeit versteht, ihren Zusammenhang und ihre Grenze, ihren Fortschritt und ihr Verrinnen, ihr winziges Jetzt und ihr unendliches Nicthmehr und Nochnicht.

(Aus einem Artikel, 1976)

Mirar con los ojos del tiempo la cotidianeidad: Conversación con Domitille Cure

Mirar con los ojos del tiempo la cotidianeidad: Conversación con Domitille Cure

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Con el paso de las estaciones nos damos cuenta del avance de la vida. La temporalidad cambia de colores: los árboles cambian del verde al amarillo hasta perder el follaje; las mandarinas que encontramos en otoño se cambian por las fresas y cerezas del verano; los vestidos ligeros y coloridos de algodón dan paso a los abrigos pesados y obscuros. 

La vida, dividida en cuatro temporadas, nos enseña a lidiar con los constantes cambios. Simbólicamente representamos la primavera con la infancia, el verano con la juventud, el otoño con la madurez y el invierno con la vejez. Las plantas, los animales y los hombres pasan por un ciclo, claramente hay un comienzo y un final; sin embargo no creo que podamos decir con tanta simpleza que la vejez es invernal y la infancia es primaveral. Me parece que somos seres estacionales, a veces nos sentimos más veraniegos, otras veces primaverales y otoñales. A veces una estación puede durarnos años y otras meses. En ocasiones pensamos que un amigo es más solar, siempre sonriente y viste con colores brillantes; y otras veces encontramos una ciudad, como Berlín, casi siempre vestida de negro, como un eterno otoño-invierno. Así que lejos de asociar el invierno con la decrepitud, simplemente hay que observar que así como la tierra necesita de una helada para preparar de nuevo el florecimiento de las flores; del mismo modo nosotros debemos pasar por altos y bajos. 

Colaboración para el Berliner Planze Kalender 2022
Ilustración: La Météo

Nuestros recuerdos también se mueven dentro de esta temporalidad, recordamos la cerveza que tomamos con una amiga en el parque para aprovechar los primeros días soleados de primavera; un verano en la costa; alguna caminata con amigos mientras pisamos las hojas otoñales; la última Navidad de alguien. Y la vida se nos representa con este ciclo que va y viene. Las estaciones son el reloj del mundo.

La Météo, en francés, significa el tiempo o el clima. En palabras más técnicas, la meteorología estudia los fenómenos climáticos y atmosféricos para pronosticar el tiempo o el clima de un lugar específico. Precisamente esto hace Domitille Cure, con su marca de ilustraciones La Météo. Domitille estudia las estaciones, los colores, temperaturas, predice y graba la temporalidad en sus impresiones. 

Podría parecer banal, pero una decoración adecuada puede ayudarte a sentirte en casa. En mi caso, después del caos de la mudanza, me encontré con las paredes desnudas y su palidez me pedía a gritos un poco de color. Diariamente tenemos que lidiar con lo que colgamos en las paredes, así que la imagen que verás mientras bebes tu café diario tiene que encantarte. 

Imagiers La Météo.

Jamás he entendido a los coleccionistas de arte que compran una obra por estatus. Se debería comprar por la estética que te transmite. Como en el caso del famoso falsificador-pintor Wolfgang Beltracchi, quien tiene la habilidad de copiar el estilo de varios pintores y sus copias eran tan fabulosas que cualquiera podía jurar que se trataba de una obra perdida de algún pintor importante. Cuando lo descubrieron, siguió pintando con los diversos estilos que podía imitar, pero firmaba con su nombre. Pues la falsificación se produce solamente hasta que se firma con otro nombre. Sin embargo algunos de los que compraron sus obras, decidieron que perdieron valor, porque compraban una firma y un estatus, no una pintura que les gustara y evocara algo. Pero no es mi intención escribir un texto sobre estética. Quedémonos con una idea: que te guste y disfrutes lo que miras en tu casa.

Era finales de otoño cuando coincidí con Domitille Cure en una clase de alemán. Cuando llegó el invierno con sus mercadillos navideños compré mis primeras ilustraciones: unos limones (citrons) y un gato (chat). Cada vez que entro a la cocina, lo primero que veo son sus colores vivaces que me recuerdan el verano y tierras soleadas lejanas de Berlín. 

Domitille es una artista francesa que estudió diseño en la Universidad de Glasgow y vive en Berlín, una ciudad en la que confluyen artistas internacionales y que cuenta con una gran variedad cultural. Desde hace tres años Domitille, junto con la artista sueca Maja Björk –quien ilustra imágenes de la vida y la cotidianeidad– participan en un mercado de arte. La pandemia cerró por mucho tiempo los lugares públicos y aunque los mercados son al aire libre, la vida cultural berlinesa está regresando lentamente desde el verano pasado; esto dio pie a que los ilustradores pasaran de las exhibiciones al Etsy, que tiene la ventaja de llegar a cualquier ciudad. Las impresiones de Domitille han llegado a México, Corea y varios países de Europa. 

Platón consideraba que el artista era un entusiasmado, con un dios dentro (en-theos) y que su obrar era inspirado. En ocasiones se piensa que la inspiración es un impulso irracional que aparece sorpresivamente, pero me parece que la inspiración, aunque puede llegar a cualquier hora, también requiere del ejercicio constante. En palabras de Picasso: “la inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando”. Para comprender un poco mejor el trabajo, el esfuerzo y la inspiración de las ilustraciones que adornan mis paredes conversé con Domitille.

Retrato de Domitille Cure por Maja Björk.

Muchas gracias por tomarte el tiempo para esta entrevista, creo que a muchos que conocen tu trabajo les da también curiosidad conocer un poco más a la ilustradora. Elegir una ilustración para decorar tu hogar u oficina es algo íntimo y se produce un vínculo, una relación entre el ilustrador, la imagen y quien la mira. De cierta forma, miramos el mundo a través de tus ojos. Y quisiera que me hablaras un poco sobre ese mundo. Por lo regular tus ilustraciones no son composiciones, sino que son imágenes precisas: tomates, mariposas, flores, animales. ¿Por qué dibujas lo que dibujas? Y ¿qué significan para ti tus ilustraciones? ¿Qué buscas transmitir?

Gracias por tan bello retrato de la esencia de mi mundo. Como bien dices, mi marca, La Météo, se inspira en las estaciones del año, en Francia, en la botánica y sobre todo en la idea de la temporalidad: tomo un elemento efímero de una estación y lo inmortalizo en otra. En los años 90, en Francia teníamos estos carteles inspirados en imagiers, que es un libro de imágenes, con animales o dibujos botánicos que se utilizaban a menudo como decoración de la cocina. Las imágenes se clasifican por temas y tienen su nombre asociado debajo. Es un concepto bastante simple, pero me gustó la idea de reapropiarme de él con mi propia estética y también de perpetuar la idea de un arte popular accesible para todos.

Para mi tus ilustraciones muestran pequeños detalles y escenas de la vida; como una invitación a poner atención a lo cotidiano y aprender a apreciarlo. Quisiera saber un poco más sobre tu proceso creativo, ¿cómo pasas de la observación a la ilustración?

¡Eso es exactamente! Mis dibujos pretenden realzar las cosas cotidianas que pueden parecer banales o que a veces nos olvidamos de mirar, dándoles una nueva mirada o un nuevo color, literalmente. Me gusta pensar que con la elección de paletas brillantes, mis ilustraciones pueden tener el efecto de las vitaminas en invierno, aunque claro, que también a veces son un poco nostálgicas. 
Mi proceso creativo se basa en mis exploraciones en la naturaleza, viajes, libros iconográficos como los de Taschen, imaginarios botánicos clásicos o las películas de la Nouvelle Vague. Me empapo de lo que veo y trato de inmortalizarlo en un boceto, un collage o un juego de colores. A veces mis imágenes son sencillas e iconográficas, como la serie botánica inspirada en los imagiers, otras veces intento expresar un momento concreto, como la escena del desayuno inspirada en la película Le Rayon VertEl rayo verde– que me recuerda los veranos vividos en Francia y evoca la nostalgia de un momento pasado. 

Cuatro postales de paisajes. La Météo.

No me parece una coincidencia tu nombre artístico, La Météo, en relación con tus ilustraciones. Creo que las estaciones influyen en tu proceso creativo. ¿Cómo comenzaste con este proyecto? 

Absolutamente, quería expresar algo cambiante como una estación, pero expresarlo en relación con nuestras emociones y como una metáfora de nuestra espiritualidad. La Météo no trata sólo del tiempo y las estaciones, sino también del paso del tiempo y de los pequeños y sencillos momentos que forman parte de nuestras vidas. En el otoño de 2019 creé La Météo, justo cuando nos conocimos. Había empezado a trabajar en una serie de collages y quería encontrar la forma de imprimirlos. En esa época descubrí la risografía y empecé a imprimir mis ilustraciones en Drucken3000, una imprenta berlinesa especializada en este proceso. Y así comencé a imprimir con ésta técnica, en la que era necesario limitar la elección de colores, pero mantener los atrevidos contrastes de mis collages iniciales.

En cuestiones un poco más técnicas, el papel debe tener cierta porosidad para que el color se vea tan vivaz. ¿Podrías describir brevemente y de forma sencilla el proceso técnico de la impresión? O ¿cómo trabajas en tu taller? 

Por supuesto. Utilizo dos procesos de impresión para mis grabados: la risografía y la serigrafía. Me gustan ambas técnicas por diferentes razones. La risografía por la textura granulada que da la tinta. La tinta es más transparente que la serigrafía y cuando las tintas se superponen, se pueden crear increíbles combinaciones de colores. Con  solamente tres colores básicos se pueden crear varios de tonos diferentes. Y la serigrafía me gusta por los colores vivos y el aspecto casi pintado de la impresión final. Con esta técnica puedo crear contrastes ricos e interesantes. Me fascina el proceso de mezclar cada color antes de la impresión, es una parte realmente importante de mi trabajo porque definirá todo el ambiente de la ilustración final. Finalmente imprimo personalmente las serigrafías en el estudio que comparto con otros artistas en el barrio de Wedding y las risografías en Rosenthaler Platz. Todo mi trabajo se crea e imprime en Berlín, aunque con mi toque personal francés.

Domitille en el taller de impresión.

Quisiera abordar cuestiones más personales con dos preguntas muy concretas. ¿Dibujabas desde pequeña? Y ¿cuál fue la reacción de tu familia cuando decidiste ser ilustradora? 

Sí, siempre me ha gustado dibujar y desde pequeña he sido creativa. Creo que encaja con mi personalidad soñadora y a veces me ayuda a expresarme sin necesidad de utilizar palabras. En el instituto, descubrí el movimiento fauvista, artistas como Gauguin y Matisse que pintaron mujeres y paisajes con colores vivos. El color aportaba mucha emoción a las obras, al tiempo que hablaba de viajes y descubrimientos. Esto me llamó la atención e inspiró mi forma de dibujar o pintar con el color. Más tarde, cuando tenía 20 años, viví una temporada en el sur de Francia siguiendo los pasos de los fauvistas, descubrí la Provence, cuyas paletas han inspirado mi trabajo en los últimos años. 
Sobre tu segunda pregunta, diría que no hubo realmente ese momento teatral –que te puedes imaginar en las películas– en el que anuncié: “mamá, papá, voy a ser ilustradora” (risas). No, fue más bien algo que se estableció orgánica y lógicamente con el tiempo. Mis padres no siempre entendieron a dónde iba y por qué, pero siempre me apoyaron en mis decisiones de ir a vivir al extranjero o de estudiar arte en la Escuela de Arte de Glasgow.

Todos tenemos algún libro, canción o pintura que nos ha influido en nuestra percepción de la vida. ¿Quién o qué ha sido tu mayor influencia?

Creo que la inspiración evoluciona y cambia a medida que conocemos gente nueva y descubrimos cosas nuevas, y esto es lo que principalmente construye y enriquece nuestra identidad creativa. Si tuviera que definir una obra que haya inspirado mi trabajo de forma continua durante años, creo que es el movimiento cinematográfico de la Nouvelle Vague de los años 60, en particular las películas de Eric Rohmer. Me parece que este director domina el arte de la sencillez a la perfección. De hecho, todas sus películas se hacen sin guiones. Representa una Francia del pasado, un poco ingenua y llena de ligereza en una atmósfera muy rica en colores, típica de la estética de este movimiento cinematográfico.

Domitille Cure en Design-Market:
imagiers y Le Rayon Vert. La Météo.

Quizá sea difícil decidir cuál es tu ilustración favorita. Pero ¿cuál es la ilustración más vendida y por qué crees que eligen más esa? 

Me gusta mucho la ilustración del desayuno inspirada en la película Le Rayon Vert de Eric Rohmer. Es la que me resulta más íntima y la que, en definitiva, más evoca esta idea de estacionalidad. Para mi, esta imagen, es mi magdalena (madeleine) de Proust de mis veranos en Francia. Desayunar al aire libre, bajo el sol, leyendo el periódico mientras bebo un café en una taza grande. Es curioso porque otros franceses me han dicho que también les recuerda a eso y me alegro de haber conseguido captar ese fugaz momento.

Muchas veces en las entrevistas de trabajo preguntan: “¿dónde te ves en cinco años?” Esa pregunta siempre me ha parecido difícil de responder, porque en lo personal me cuesta planificar o tener un esquema de la vida. Por el contrario, creo que la vida muchas veces acontece como menos lo esperábamos. Así que me parece un poco injusto preguntarte sobre el futuro y que adivinemos sobre el porvenir. Aunque sí quisiera saber un poco sobre tus planes… no sobre las ilustraciones de los siguientes años, pero al menos si ya tienes una idea de la próxima. Y si te gustaría ilustrar en otros materiales, por ejemplo bolsas de algodón, playeras, cuadernos o libros.

Esa es una buena pregunta. Me interesa mucho seguir trabajando en ilustraciones inspiradas en películas y también quisiera recopilar todos mis dibujos botánicos en un libro infantil. Más allá de las ilustraciones en papel, me encantaría ofrecer artículos de papelería o de moda, como, por ejemplo, unos bonitos calcetines afrutados. Estoy impaciente por seguir desarrollando y perfeccionando este proyecto tan querido para mí.

Auto-retrato.

Si quieres conocer más sobre el trabajo de Domitille Cure o conseguir alguna de sus ilustraciones puedes visitar el Instagram de La Météo o su tienda de Etsy.

Mirar con los ojos del tiempo la cotidianeidad: Conversación con Domitille Cure

La voz contra el tiempo y el olvido: Conversación con Elizabeth Hertzberg

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Hace algunos años me senté en Babelplatz –una plaza muy céntrica en Berlín entre la catedral católica y la Universidad Humboldt y que es famosa porque en el tiempo del Nacionalsocialismo quemaron los libros inadecuados en este lugar– y con una cerveza en mano, vi por una pantalla gigante Tristan e Isolda de Wagner. Por lo regular una vez al año la ópera de Berlín (Staatsoper) organiza un evento al aire libre y gratuito, bajo el lema “Staatsoper für alle” (ópera para todos). De este modo la ópera puede llegar a diferentes generaciones e incluso a algún transeúnte despistado. 

Aunque podría pensarse que la ópera es para algunos cuantos, sobre todo si sigue parámetros más tradicionales como en Italia, también es cierto que algunos otros lugares están abiertos a las nuevas interpretaciones e innovaciones, como es el caso de Berlín, Budapest y Estados Unidos, en donde no se tiene reparos para presentar alguna ópera en una pantalla gigante de algún estadio de baseball. Incluso recuerdo una interpretación de Don Giovanni por la Staatsoper de Berlín en la que el vestuario histórico se dejó de lado, para hacerla más contemporánea. Aún así retumbó en la sala el grito del comendador. Por un lado la ópera podría democratizarse más, sin que perdiera la calidad y la tradición, en un intento de que cada vez más personas se interesen en ella. 

Justamente tratando este punto, comenzó mi conversación con Elizabeth Hertzberg, una joven soprano californiana que desde hace diez años vive en Milán. Elizabeth estudió en el Conservatorio de San Francisco, obtuvo una beca de la fundación Avanti y también ha participado y ganado varios concursos de canto. Sus interpretaciones son variadas, desde Amenaide (Tancredi), Ilia (Alcina), Rosina (El barbero de Sevilla), Zerlina (Don Giovanni), Frasquita (Carmen), Valencienne (La viuda alegre), Lucy (The Telephone), Lisa (Das Land des Lächelns) hasta música de cámara y muchas otras más.

Hertzberg estudió un máster en interpretación y técnica vocal en el conservatorio de Módena, donde conoció a la famosa soprano búlgara Raina Kabaivanska, quien además fue su profesora y organizó la grabación de un álbum. En el teatro comunal de la ciudad de Módena se reunió la Orquesta Filarmónica Italiana, Kabaivanska y Brilliant Classics para interpretar la ópera Telephone de Menotti. Elizabeth cantó el papel de Lucy; y confesó que fue una experiencia maravillosa y cuando encontró el disco en uno de los estantes de la librería más importante de Italia, la Feltrinelli, le produjo una gran impresión. Para Elizabeth fue una gran satisfacción y sorpresa, cuando un año después de grabar el disco, lo encontró en la sección musical de la Feltrinelli y pensar que alguien quisiera comprarlo y escuchar su voz. En esta industria, se trabaja bajo proyecto, y cuando un proyecto concluye con éxito da cierto sentido a la vida.

La voz de Elizabeth Hertzberg la han escuchado miles en el Carnegie Hall, la ópera de Sofía (Bulgaria), teatros de Parma, Módena, iglesias y salas históricas de varias ciudades europeas. En sus propias palabras, ser cantante, implica llevar a todos los rincones la música. Y así, su voz, se convierte en el instrumento contra el tiempo y el olvido.

Elizabeth Hertzberg en el Kennedy Center Opera House.

Gracias por tomarte el tiempo para esta entrevista, entre los continuos ensayos, compromisos y conciertos. Vives desde hace varios años en Italia, donde hay una gran tradición lírica, ¿qué diferencias encuentras con las producciones en otros países?
En todas las grandes y pequeñas ciudades italianas hay un teatro en el que regularmente hay producciones de Puccini, Verdi y también Mozart. Se podría decir que Italia, al ser la fundadora de la ópera, es más tradicional, en comparación con otros lugares como Berlín y Budapest. No son comunes las producciones de compositores contemporáneos, porque ya tienen a Puccini, que es un grande. A veces parece que la ópera se quedó en Tosca, las Bodas de Fígaro y Don Giovanni. Mientras que en otros lugares se experimenta más y hay una mayor apertura, por ejemplo en la Metropolitan Opera hay una producción, Eurídice, que retoma el mito de Orfeo y el rescate de Eurídice del inframundo, pero desde la perspectiva de ella. El libreto es de Sarah Ruhl y la música es de un compositor americano jovencísimo, Matthew Aucoin. Tiene solamente 31 años y su música ya ha sido interpretada en el escenario de la Met. Es importante continuar con la tradición de las grandes óperas, que están hechas de belleza y tienen el poder de mover algo profundo en nuestro interior, pero es igualmente importante dejar un espacio para que nuevas propuestas puedan ser escuchadas. A fin de cuentas podrían convertirse en las próximas grandes óperas.

Vaya que es joven. Hace algunos años asistí a una presentación de Don Giovanni, de la ópera de Berlín y me sorprendió que aunque era el mismo libreto y la música de Mozart, se habían tomado algunas libertades interpretativas, sobre todo en el vestuario, que era contemporáneo y dejaron de lado la sensación de la época. Creo que eso y los programas de la ópera al aire libre, ayudan muchísimo a renovar al público. Además de que los boletos no son impagables.

El momento histórico de la ópera es algo importante para comprender el tiempo y cosmovisión del compositor, pero también es bueno tener la mente abierta a las nuevas interpretaciones. En América sucede algo parecido, por ejemplo cuando hacen una ópera en un estadio de baseball. Es algo necesario para que este arte sobreviva, que pueda llevar a muchos a vivir una experiencia que les toque el corazón. De otro modo, la cultura de la ópera podría morir.

“Bist du bei mir”, J. S. Bach.

Cierto, de algún modo la ópera deja de ser para un grupo de la élite cultural para poder llegar a muchos y que aprecien la belleza, sin que por ello la calidad disminuya. Acercar la alta cultura a la cultura de masas es sin duda un paso importante para mantener la tradición. En una ocasión en Milán, ilusamente, pesé que podría comprar un boleto para la Scala, pero estaban agotados y un poco caros para el presupuesto de estudiante que llevaba. Sin mencionar la etiqueta.

Por desgracia no es tan fácil entrar a la Scala, adquirir un boleto siendo estudiante o un joven es complicado. Porque aunque hay un número de boletos que dejan para el último minuto, tienes que ir a la oficina a registrarte y estar al pendiente durante todo el día por si realmente quedaron boletos sobrantes. ¿Quién puede estar al pendiente todo el día? Aunque tuvieras todas las ganas de ir, si no tienes el dinero, tampoco puedes permitirte faltar a la jornada laboral. Eso delimita mucho al público. Lo ideal sería que fuera más fácil, pero estamos en Milán y así funciona la etiqueta. En una ocasión, un chico entró con retraso y sudado porque aunque tenía el boleto, en la entrada no lo dejaban entrar por vestir jeans. Entonces tuvo que correr a H&M a comprar un pantalón que se viera más formal y regresar corriendo.

En cuestiones más personales. ¿Cómo empezó tu interés por la ópera y tu vocación como cantante?

Desde que los seis años empecé a tocar el pianoforte. Entonces ya tenía interés por la música, pero aún no descubría la voz. A los diez años mis padres compraron un CD con diferentes versiones del Ave María de Schubert, y cuando lo escuché, intenté imitar cantarla y me di cuenta de que alcanzaba los tonos. Así descubrí mi voz. Poco después una tía, que adoraba la lírica, me enseñó la ópera de La Traviata y no había visto nada tan bello. Pensé que era un sueño y que ese era el mundo en el que quería vivir. La música me sedujo. 

La ópera por lo regular es en italiano, alemán y francés. ¿Cuántos idiomas debes aprender o basta con memorizar el libreto?

Un cantante tiene una formación muy completa, sobre todo si eres americano, porque la ópera no es nuestra, como lo es para lo europeos. En España está la zarzuela, Italia y Alemania tienen una tradición de ópera y música de cámara y por eso la mayor parte de la música clásica está en esos idiomas. En el conservatorio estudiamos esas lenguas, aunque eso no significa que lo hablas como si lo hubieras aprendido viviendo en el lugar. Cuando te preparas, estudias el texto, lo traduces, entiendes el sentido del texto y así puedes exprimirlo. Además de que los músicos tenemos buen oído y así podemos imitar los acentos. 

Ópera The Telephone de Menotti.

Vaya que tienen muy buen oído y capacidad de imitación, ya quisiera yo un poco para mejorar el acento. Tienes una formación muy completa, pero sigues formándote. ¿Cómo compaginas la formación y los conciertos con la maternidad?

Basta decirte una palabra: abuelos. Sin ayuda uno no puede hacer nada. Por fortuna mi madre ha podido pasar mucho tiempo con nosotros. Claro que también ayuda mi suegra. Y ahora mi padre está pasando una temporada aquí. Después vendrá mi madre para la siguiente temporada de conciertos.

Los abuelos son una parte fundamental en la crianza. Cambiando un poco el tema, ¿qué personaje te gustaría interpretar o cuál de los que interpretaste es tu favorito y por qué?

Que pregunta tan difícil, porque no es que tenga un personaje favorito. Siempre me gusta descubrir música nueva, no sólo ópera, también música de cámara como Bach. Yo me enamoro de las piezas que estudio en ese momento. Por ejemplo, ahora estoy estudiando a Lulú, de Berg, que es una ópera muy difícil. Berg fue un compositor austriaco que vivió durante la primera parte del siglo veinte y fue estudiante de Schoenberg. En este momento Lulú y su aria es la que me ha invadido la cabeza. De hecho encontré en línea el primer y segundo acto, pero el tercero no estaba y podías encargarlo por precios exorbitantes. Hace algunos días estuve en Budapest y saliendo del concierto, encontré una librería de libros de música usados. Y ahí, esperándome, encontré el tercer acto. Lo necesitaba para comprender mejor a Lulú. Y ahí estaba, justo en el librero, con mi nombre escrito; sabes, son esas cosas bellas de la vida, esos pequeños dones que nos esperan y sorprenden.

Elizabeth Hertzberg en la Ópera y Ballet de Sofia, Bulgaria.
Elizabeth Hertzberg en la Ópera y Ballet de Sofia, Bulgaria.

El tercer acto era para ti, te aguardaba donde menos lo hubieras pensado. Tienes este proceso de enamorarte de la pieza y después ¿cómo te preparas para interpretar?

El momento culmen es el concierto, y claro que es muy bello, pero mi parte preferida es el trabajo previo par lograr la interpretación. El trabajo que haces con los músicos es muy importante, porque juntos descubrimos muchas cosas y matices. Entonces puedes experimentar la belleza de la música. Cantar es algo muy especial, muy íntimo, porque la voz es un instrumento y tu cuerpo a la vez. Escuchas tu timbre y tu propia resonancia e interpretas. Aprendes de los compositores, lees sus notas y pasas tiempo con los textos escritos por diferentes poetas y libretistas, incluso algunas veces por los propios compositores. Mientras más profundizas con el texto comprendes más cosas y así tienes tu propia experiencia musical.  Y después transmites esa experiencia a los espectadores.

Sobre esta experiencia, puede ser muy conmovedora. A veces es muy visible que un cantante se conmueve, pero la voz no se entrecorta y sigue cantando. ¿Cómo puedes cantar si te conmueves?

Cuando cantas en público, en un concierto, debes tener la fuerza mental para controlarte. Dejarte auto-conmoverte es un acto un tanto egoísta, porque tu ya viviste esa experiencia, y en el momento del concierto se trata de dar. Me ha sucedido en las prácticas que me conmuevo, el otro día estaba practicando la Sommerabend y otras piezas de la Heine Lieder de Castelnuovo-Tedesco. Sentí la atmósfera del verano, los grillos, el río y de pronto me conmoví, porque pensé, que bello es que así mantenemos vivos a estas personas. Estos compositores increíbles, sus almas y sus pensamientos que están en papel, vuelven a la vida con la música. Continuamos recordándolos y al mantener viva su música luchamos contra el tiempo y el olvido. Espero hacer justicia a aquello que escribieron. Porque la voz es el corazón y el instrumento que logra comunicar los tiempos pasados, los sentimientos y la vida.

Mirar con los ojos del tiempo la cotidianeidad: Conversación con Domitille Cure

La importancia del adviento

Por Pbro. Mario Arroyo

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¿Por qué es tan importante el adviento en la vida de la Iglesia? Casi podríamos decir que la Iglesia vive en un continuo adviento, en la continua espera de la venida de Cristo al mundo. Lo decimos, quizá sin darnos demasiada cuenta, cada vez que rezamos el Padrenuestro: “venga a nosotros tu reino”; en la santa Misa también, diversas oraciones nos ponen a la espera de la segunda venida de Cristo.

El Adviento nos conduce a mirar simultáneamente hacia adelante y hacia atrás. Las primeras tres semanas del adviento miramos hacia adelante, anhelamos, por así decir, la segunda venida de Jesucristo, cuando sea consumado el tiempo y venga a poner orden en este mundo tan revuelto. A partir del 16 de diciembre comenzamos la novena de la Navidad, en la que miramos hacia atrás, recordando y preparándonos para conmemorar la primera venida de Jesús. La síntesis de esta mirada alternativa, hacia el pasado y hacia el futuro, da su fruto en el presente, en el tiempo de adviento, donde somos invitados a acentuar nuestra vida de oración e incrementar nuestras obras de misericordia. La mirada hacia el pasado y hacia el futuro nos permite transformar el presente, haciéndolo fecundo y profundo a la vez.

La Iglesia es Cristocéntrica, y el adviento la avoca a mirar a Cristo en dos facetas diferentes: en la humildad de su primera venida, y en la gloria de su segunda venida. Pero San Bernardo nos habla de una tercera venida, oculta, al corazón de cada uno de los cristianos en el presente, es decir, mientras se esfuerzan por vivir bien el adviento. Ahora bien, el sentido de la Iglesia es presentar a Jesús y preparar el Reino de Cristo, en palabras del último Concilio, es ser germen e inicio, signo e instrumento del reinado de Cristo. La Iglesia tiene, en este sentido, un carácter “adventual”, de espera ansiosa y activa, de esa segunda venida.

Christus vivit, Christus regnat, Christus imperat.

Por eso el tiempo de adviento es, por excelencia, el tiempo de la esperanza, y tiene como modelo o punto de referencia imprescindible, a la Virgen María, a la que contemplamos en estado de buena esperanza, es decir, embarazada con la gozosa espera del nacimiento de su Hijo. María es modelo de esperanza, el contenido de la esperanza es Cristo.

Quizá nuestra época está caracterizada por la necesidad de la esperanza auténtica. Los problemas, las crisis, la pandemia, el fracaso de las utopías políticas nos han ido arrebatando la esperanza; tantos dolores y fracasos han mermado la esperanza de la humanidad. Tenemos muchas pequeñas esperanzas que nos ayudan a afrontar el sinsentido de la existencia, pero nos falta la gran Esperanza, con mayúscula, que dota de sentido a este mundo y nuestra vida.

El adviento es entonces tiempo de espera, pero no pasiva. La mirada alternativa hacia el pasado y el futuro encuentra una síntesis creativa en el tiempo presente. Es en el “ahora” cuando se nos invita a vivir intensamente el adviento. ¿Cómo podremos hacerlo? Es un cóctel espiritual que contiene tres ingredientes: oración, penitencia y obras de misericordia. Oración que nos ayude a centrar nuestra mirada en Jesús y a poner toda nuestra esperanza en Él; penitencia que nos ayude a desprendernos de los bienes materiales, a ser sobrios en su uso y goce, para ser capaces de elevar nuestra mirada al cielo; obras de misericordia que nos lleven a salir de nosotros mismos al encuentro del necesitado y del que sufre, rubricando así la auténtica piedad, que no es meramente intimista, sino que se abre en abanico y da frutos en el entorno.

Corona de Adviento.

Para vivir bien el adviento la sabiduría de la piedad popular nos ofrece un poderoso elemento, que vale la pena rescatar, en la “Corona de Adviento”. A veces nos apresuramos demasiado a poner el árbol de navidad, y se nos olvida la corona de adviento. En ella, pacientemente, vamos encendiendo, semana a semana las velas, al compás de nuestras oraciones, penitencias y obras de misericordia. ¡Ojalá que no falte en ningún hogar cristiano, junto con el Nacimiento, la corona de adviento!, para recordarnos que estamos en este tiempo de espera, y vivir su dimensión espiritual, tantas veces amenazada por el consumismo de las compras navideñas. Adviento, tiempo de mirar hacia adentro y hacia adelante, mientras nos esforzamos por vivir la sobriedad y la caridad con el prójimo.

Mirar con los ojos del tiempo la cotidianeidad: Conversación con Domitille Cure

No son sólo los años


No son sólo los años,
es la distancia del camino andado.
Son los riscos, las sierras y los peñascos
las palabras y heridas de los fracasos.

No son sólo los años,
son los niños que nos hablan cuando
soñamos.

Es tu cuerpo de madre que se abre
al abrazo, que se abre al milagro.
El olvido permanente de lo amargo.
La presencia de aquel que se fue, sin
apenas haber llegado.

No son sólo los años,
son las penas, frustraciones y retrasos.
Las promesas de un hombre que envejece
sin apenas haberse despertado.
Las historias, las naciones y las
lenguas que a ti y a mi nos cobijaron.

No son sólo los años,
es la distancia y la dureza del camino andado.

La entereza de una mujer “corazón
de hierro”, que acompaña a
su hombre para sobrevivir al naufragio.

No, no son solo los años.

14 de febrero, 2016

En un hospital de la Ciudad de México.

Atardecer Metepec, Mx. EGAM
MDNMDN