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Agradecimiento a “mi Mary”

Agradecimiento a “mi Mary”

Por Irene Hernández Oñate

Dios ha bendecido mi casa con la presencia y el trabajo doméstico de una persona a quien admiro y respeto: la Sra María Pedro Pablo originaria de Nochixtlán, Oaxaca. Llegó conmigo para alivianar la carga de mi trajín doméstico. Cuando la conocí, me limité a preguntarle si estaba casada y si tenía hijos. Me contestó que estaba casada sólo por la iglesia y que tenía dos hijos: Alberta de siete años y Carlos Daniel de cuatro.

Acto seguido le indiqué sus responsabilidades, los días que necesitaba que viniera a trabajar y su paga diaria. En esa época no me interesaba conocer más de las circunstancias de su vida. Así dio inicio una relación que empezó siendo sólo laboral a secas, que dura ya más de veinte años y que ha madurado y se ha convertido en una relación fraterna-laboral. Durante los primeros diez años de convivencia, ella padeció muchas vicisitudes en su vida personal: al poco tiempo de nacer su ultimo hijo Oswaldo, su frustrado esposo comenzó a golpearla y pasado el tiempo también comenzó a golpear a su hijita Alberta, de diez años, hasta que el hombre acabó abandonando a su familia.

Mujer indígena. Ilustración Claudio Linati del libro
“Costumbres civiles, militares y religiosas de México”.

María vivía arrimada, con sus tres niños pequeños, en un cuartito con techo de lámina propiedad de su padre; sus hermanos solteros comenzaron a maltratar física y psicológicamente a sus niños mientras ella tenía que trabajar.  Dejaba su cuartito muy temprano en la mañana pues hacía dos horas de camino a su lugar de trabajo, es decir, mi casa; y regresaba ya de noche con sus niños. Al abandonarla, su esposo la despojó del único patrimonio que entre los dos estaban creando: un terrenito en un área popular del estado de México. 

Pasados tres años de todas estas vicisitudes, la Sra. María me sorprendió un día con una solicitud desesperada: “Sra. Irene, necesito que me preste $5,000.00 para no perder un terrenito que estoy pagando. Mis padres y mis hermanos no tienen la voluntad ni los medios para ayudarme. Mi padre me increpó porque las mujeres no saben nada de negocios y que mejor debo dejar perder el terreno y no meterle más dinero bueno al malo”. Nunca me esperé que con el magro ingreso que obtenía de trabajar conmigo (a estas alturas ya trabajaba conmigo cinco días a la semana y yo era su única patrona), todavía tuviera la “disciplina financiera” de limitar sus gastos (básicamente agua, luz, gas y comida para ella y sus tres hijos) y poder pagar ella sola los abonos mensuales de un nuevo terrenito. Ustedes pensarán: qué buen corazón de la Sra. Irene. ¡Le prestó los cinco mil pesitos! Pues no, realmente no le creí lo del pago del terrenito en mensualidades, así que le pedí los papeles donde constara dicha situación. ¡Y me los trajo!  Me quedé con el ojo cuadrado, y ahora sí, le presté los $5,000.00 los cuales fue pagando semana a semana. 

  Pasada una década de relación, Dios nos iluminó a mi esposo y a mí, para reconocerle su trabajo diligente y honrado y convenimos en otorgarle una gratificación para que pudiera construir un cuartito y poder así, liberarse ella y sus hijos del infierno en el que vivían por ser arrimados en casa de su padre. ¿En dónde creen que iba a construir el susodicho cuartito? Pues ni más ni menos que en el terrenito que ella sola terminó de pagar y del cual me trajo sus papeles de posesión. Se trata de un área en el Estado de México regularizada durante la gestión del presidente Vicente Fox. Mi esposo y yo le pedimos que nos trajera un presupuesto del costo de dicho cuartito y le dimos su gratificación.  ¡Esta mujer hace milagros con el dinero! Le alcanzó para hacer dos cuartitos en lugar de uno y callarle la boca a su padre. Su padre es trabajador de la construcción y terminó por ayudarle con su mano de obra y su “know-how” de albañil. 

 Mirando en retrospectiva ella es la roca invisible, inadvertida que sostiene mi cordura por su constancia, su honradez, su lealtad y su diligencia, así como la suave discreción que caracteriza su personalidad. Y por ello tiene mi eterno agradecimiento. Tristemente su personalidad discreta proviene del sometimiento machista que a la fecha vive en su propia familia (ahora sus dos hijos varones son los que la hacen sufrir) y del que vivió con el padre de sus hijos hasta que la abandonó.

El Papa Juan Pablo II -en su discurso dirigido a los colombianos en el parque El Tunal en Bogotá el jueves 3 de julio de 1986- decía que entre ustedes, hijos de Dios “… habrá muchos que encuentran en el trabajo grandes satisfacciones. Un trabajo seguro, con un salario suficiente para poder sustentar la propia familia; felices de poder ofrecer a los hijos una mesa bien servida, en un hogar decente y acogedor, vestirlos bien, darles una buena educación con miras a un futuro mejor”. Si este es tu caso el Papa te aconseja:  “Mostrad por ello siempre un corazón agradecido a Dios”.  Pero el Papa también te pide que no pierdas de vista  que hay “también no pocos con grandes dificultades. Me refiero a cuantos sufrís el dolor de ver a los hijos privados de lo necesario para su alimento, vestido, educación; o que vivís en la estrechez de un humilde cuarto, carentes de los servicios elementales, lejos de vuestros sitios de trabajo; un trabajo a veces mal remunerado e incierto; angustiados por la inseguridad del futuro. Y hay también, por desgracia, muchos de entre vosotros que sois víctimas del desempleo. Sufrís porque no tenéis trabajo, después de haberlo buscado inútilmente y a pesar de estar capacitados para ello”.  

Esta última descripción del Papa señala a cabalidad las angustias de la mayoría de las “Marys”, conserjes y chóferes particulares de mi colonia; y he corroborado que a muchas de mis “vecinas patronas” no les interesa conocer la vida personal de sus “Marys” y mucho menos involucrarse en sus vicisitudes. Desgraciadamente, las patronas que más aguantaron, a los tres meses del encierro forzoso por la pandemia despidieron a sus “Marys”.

La muchacha de la escuderia. Lienzo Jean-Baptiste Simeon Chardin

En mi familia hicimos un gran esfuerzo, pero apoyamos a la Sra. María pagándole íntegro su sueldo durante 10 meses y medio sin que tuviera que venir a trabajar, para evitar así que se expusiera al Covid por tener que usar transporte público. Si antes de la pandemia tú eras una patrona agraciada con el privilegio de tener una “Mary” a tu servicio, deseo de corazón que hayas hecho un esfuerzo por pagarle su día o semana o mes a pesar de no aceptarla a trabajar en tu casa por el riesgo que corría tu familia de contagiarse de Covid19 y de no correrla dejándola a su suerte.

Me despido con una última reflexión del Papa Juan Pablo II del mismo discurso antes mencionado: “El trabajo, que lleva siempre el sello de la dignidad del hombre, no es superior o más digno porque sea objetivamente más importante o mejor remunerado; también los trabajos más humildes y fatigosos tienen como distintivo propio la dignidad personal. En consecuencia, no olvidéis que la dignidad del trabajo depende no tanto de lo que se hace, cuanto de quien lo ejecuta que, en caso del hombre, es un ser espiritual, inteligente y libre”. 

¿Tú has admirado a alguna de las “Marys” que Dios ha puesto en tu vida? ¿Alguna de ellas ha crecido en humanidad al trabajar para ti?

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