Generic selectors
Exact matches only
Search in title
Search in content
Post Type Selectors

¿POR QUÉ LO BUENO ES BUENO?

Por Esteban Morfín de la Parra

Síguenos en nuestro canal de Telegram:
https://t.me/spesetcivitas

Somos afortunados. Nos ha tocado vivir en una época de grandes cambios, en la que se está escribiendo el destino de las futuras generaciones de una manera determinante. Todo se renueva. Todo se cuestiona. Los paradigmas y las tradiciones son sometidas a examen. Las reglas sociales se reescriben. Las normas morales y éticas son pasadas por las armas para dar vida a una nueva versión de lo que es el bien y el mal.

La Historia nos enseña que estos momentos de grandes cambios dirigen a la humanidad, en general, hacia un mejor futuro. No cabe duda de que así será con todos los procesos que se están viviendo en la actualidad. Sin embargo, también es cierto que en estos momentos de cambio tan fuertes también surgen crisis. 

Ahora mismo estamos experimentando una crisis de desprecio hacia los valores y la moralidad. No es solamente una reestructuración de las consideraciones sobre el bien y el mal, sino que se trata de una destrucción y sepultura de la moralidad y la ética. Todo es relativo. Todo se vale. Todo depende de cada quién. Si nací hombre, pero me siento mujer, puedo ser mujer. Si más adelante me siento caballo, puedo ser caballo. Si decido que me quiero casar con mi perro, nadie puede decirme que estoy mal. Puedes creer lo que quieras y portarte como quieras. Todo es igualmente válido porque la verdad depende de cada quién.

Todas las experiencias son, no solamente permisibles, sino valiosas. Cualquier esfuerzo de análisis sobre la conveniencia (por no decir bondad o maldad) de llevar a cabo cualquier tipo de proyecto personal o social es visto como el acto de una mente cerrada y primitiva, estancada en un pasado lleno de mojigatería y tristeza. No importa de qué se trate, especialmente en el ámbito de la sexualidad. Pareciera que, si no has vivido experiencias íntimas de todo tipo en realidad, no has vivido, y la complejidad de la vida se reduce al acto sexual. El bien y el mal ya no existen. La única regla es dejar en paz a los demás. Aunque luego nos quejemos de la indiferencia. Todos pueden hacer de su vida un papalote mientras no afecten a los demás. El respeto y la indiferencia son ahora los valores universales. El más virtuoso de todos es aquel que nunca deja de experimentar cosas nuevas y no expresa jamás una opinión negativa acerca de los demás.

Si bien cuestionar el statu quo puede resultar sumamente saludable para una generación, rechazar toda la sabiduría acumulada de las generaciones anteriores es un gravísimo error. Este intento de negar el bien y el mal como “constructo social” en favor de una libertad absoluta se trata más bien de un intento de justificar una vida de libertinaje completamente desatada, sobre todo, como ya dijimos, en el aspecto sexual. 

El bien y el mal existen, y todos podemos ver sus frutos en la historia, en los demás y en nuestra propia vida. Negarlo es un absurdo que difícilmente se sostiene. Quizá es posible defender esa trinchera en cuestiones banales como la bondad o maldad de comer un helado antes de la comida, mas ¿Quién es el mentecato que se atrevería a defender ese argumento luego de leer en las noticias que Pornhub hizo negocio con videos de violaciones? ¿O quién dirá que todo es relativo si lo asaltan y lo acuchillan? A lo mejor alguien diría rápidamente que esos hechos se tratan aparte, pues los que perpetran estas maldades están rompiendo la regla de oro al transgredir los derechos de los demás, cruzando sus límites, metiéndose en su vida. La respuesta es que ningún acto es completamente individual. Nada de lo que hagas deja de tener consecuencias para ti y para los que te rodean. De modo que “hacer lo que quieras mientras no afectes a los demás” se vuelve imposible e insostenible, a menos que decidieras aislarte del mundo y vivir como ermitaño, lejos de todo y todos.

Cierto es que las cosas no son buenas o malas porque sí, ni porque lo diga la Iglesia, el Dalai Lama ni nadie. En este sentido, los cuestionamientos modernos tienen toda la razón y hay que celebrar y motivar esta línea de pensamiento. Sin embargo, las cosas sí son buenas o malas de forma objetiva. ¿Objetiva? Sí, objetiva, dígase no dependiente de la forma en que se analice o de quién sea el que lo viva o haga. Los humanos sí tenemos la capacidad (y el deber) de entender la bondad o maldad de los actos. 

Ojo, no juzgamos a las personas, solamente a los actos. Alguien puede ser una buena persona con maravillosas intenciones en su corazón y realizar atrocidades por equivocación. Si yo mato a alguien por accidente, yo no soy malo, pero el hecho sí que lo es. Que venga alguien y lo niegue.

¿Qué es entonces lo que hace que algo sea bueno o malo? La respuesta, en papel, es muy sencilla: lo bueno es bueno porque construye y hace feliz, lo malo es malo porque destruye y hace miserable. 

En la práctica, todo se complica, pues la vida no es en blanco y negro, sino que existe toda una gama de colores. Ningún hecho es en sí mismo completamente bueno o malo. Las circunstancias, los actores, las motivaciones, todo debe ser tomado en cuenta.

Aprendamos de la época actual. Tomemos lo bueno. No dejemos de cuestionar los estatutos sociales. Sigamos analizando la supuesta bondad o maldad de tal o cual acto. Hagamos de todo un tema de debate y reflexión. Enfrentemos las viejas teorías con nuevas formas de pensar y ver las cosas. No dejemos de poner a prueba las ideas y los postulados de antaño, pero tampoco exterminemos todo lo anterior como si de una plaga se tratara, queriendo justificar una vida sin ataduras ni responsabilidades.

Las condiciones y posibilidades para una vida buena

Las condiciones y posibilidades para una vida buena

Por Lorena Armendáriz

La noción de vida buena -en griego eudaimonia para Aristóteles- puede ayudar a responder las interrogantes: ¿qué aspectos de la vida buena están en poder de los sujetos? y ¿cuáles dependen en mayor medida del capital económico, del capital cultural y del capital social que posea? 

Desigualdad social: un camino tortuoso para la vida buena 

La desigualdad –siguiendo el concepto económico, se refiere a la distribución de los ingresos de un país- es uno de los rasgos definitorios del orden global. Tres cuartas partes de la población del planeta vive en sociedades donde la disparidad en la distribución del ingreso es mayor a la que existía hace dos décadas y es probable que la actual pandemia incremente la desigualdad en todo el mundo según estimaciones realizadas en 2021 por distintos organismos internacionales como el Banco Mundial (BM), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). 

Es pertinente mencionar que la desigualdad social no es resultado de un esfuerzo individual diferenciado, sino de modelos socioeconómicos que producen y reproducen esta condición, configurando canales sociales separados que limitan o potencian las opciones individuales (elecciones de vida) y colectivas en función del volumen, distribución y trayectoria de distintos tipos de capitales. Datos de la OCDE ubican a México entre las naciones con mayor desigualdad de los países miembros de este organismo (2017). 

Stencyl niño.
Foto: A. Fajardo

El asunto con la desigualdad social es que se produce y reproduce no sólo por factores económicos, políticos y sociales, sino también por la distribución desigual de recursos culturales y simbólicos que posibilitan el acceso a los bienes culturales que determinada sociedad promueve, limitando las facultades de transformar la estructura social desigual en aquellos que les afecta (Romeu, 2018). 

Lo antes expuesto permite sugerir que la desigualdad social representa un obstáculo para la vida buena, es decir, para la plenitud de la vida humana, en el sentido que ésta tiene que ver con la libertad. Toda persona debe ser libre y capaz de ejercer las acciones que desee y optar por las vías capaces de conducirle a la vida buena, a la vida agradable y digna de ser vivida. 

El proceso de diferenciación de un determinado universo social 

De acuerdo con Bourdieu, el mundo social, como espacio multidimensional, está conformado por una estructura dada por la distribución de las propiedades capaces de otorgar fuerza, poder y provecho a sus poseedores. Dichos poderes sociales son: el capital económico en sus diversas especies, el capital cultural en sus distintos tipos, el capital social y el capital simbólico; de modo que, dependiendo del volumen y de la composición del capital que poseen y su trayectoria en el espacio social, a los agentes y grupos de agentes se les asigna una posición, una situación o una clase determinada de posiciones. 

De suerte que las clases construidas pueden ser caracterizadas como conjuntos de agentes por el hecho de ocupar posiciones similares (distribución de poderes) en el espacio social; ello implica también condiciones similares de existencia y factores condicionantes que les dotan de disposiciones similares y les llevan a desarrollar prácticas semejantes. 

En otro sentido y retomando las ideas de Aristóteles, nos guiamos a través de propósitos e intenciones y nos fijamos metas (honor, fama, riqueza o saber). Dichas metas son las que perseguimos en todos y cada uno de nuestros actos para conducir la propia vida, de forma que las actividades determinan la vida, sin embargo, como se ha expuesto antes, existe un proceso de diferenciación y ubicación en el espacio social, a través del cual se determina el funcionamiento de la realidad social y se deciden las oportunidades de éxito de las prácticas / acciones; y es probable que los agentes o grupos de agentes que tengan realmente la facultad de elección de vida sean aquellos poseedores de mayor volumen de capital económico y social y con trayectoria más prolongada de esos mismos capitales. 

Aristóteles

Condiciones y posibilidad de una vida buena mediada por el capital económico, simbólico, social y cultural

Desde la perspectiva de Bourdieu, el capital es trabajo acumulado en forma de materia o como configuración interiorizada (“incorporada”) y requiere tiempo. 

El capital es una fuerza inscrita en la objetividad de las cosas, y la estructura de distribución de los diferentes tipos y subtipos de capital en un momento determinado del tiempo corresponde a la estructura inmanente del mundo social, es decir, a la totalidad de fuerzas que le son inherentes. 

Fundamentalmente, se reconocen tres maneras en que se presenta el capital: capital económico, capital cultural y capital social. 

El capital económico es inmediatamente convertible en dinero y resulta especialmente indicado para la institucionalización en forma de derechos de propiedad. 

El capital cultural puede existir en tres estados: en estado interiorizado (forma de disposiciones duraderas del organismo); en estado objetivado (en forma de bienes culturales); y en estado institucionalizado (capital cultural trasmitido en el seno de la familia y la titulación académica). 

Pierre Bourdieu

Por su parte, el capital social es constituido por la totalidad de los recursos potenciales o actuales asociados a una red duradera de relaciones más o menos institucionalizadas de conocimiento y reconocimiento mutuo (pertenencia a un grupo), el capital total que posee cada miembro del grupo les sirve a todos.


En este punto, se alcanza a vislumbrar que la condición y posibilidad de una vida buena radica principalmente en el capital cultural incorporado, pues la acumulación de la cultura en estado incorporado presupone un proceso de interiorización, es decir, quién se esfuerza por adquirir la cultura trabaja sobre sí mismo. De este modo, el capital cultural es una posesión que se convierte en parte integrante de la persona (en habitus), pero también el capital cultural se trasmite por vía de la herencia social y logra combinar el prestigio de la propiedad innata (familia) con los méritos de la adquisición. Lo anterior establece cierta resonancia con las propuestas de Aristóteles en torno a las virtudes y concretamente con aquellas que perfeccionan el intelecto. 

Unabhängigkeit. “Independencia” escrito con monedas. Exhibición “Geld” en Berlin. Foto: A. Fajardo
MDNMDN