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El cronopio de Cortázar

Difíciles de describir, los verdes y húmedos cronopios, son más un concepto que un ser en el imaginario del escritor Julio Cortázar. Y sin embargo sabemos que un cronopio es el centinela de su tumba. La sencilla tumba de granito blanco, que además es difícil de localizar en el vasto cementerio de Montparnasse, podría pasar casi desapercibida, si no fuera por la escultura del cronopio realizada por Julio Silva. Cortázar está junto con Carol Dunlop la artista canadiense y última pareja del escritor.

Los lectores de todo el mundo rinden homenaje a Cortázar dejando flores, libros anteriormente escribían mensajes en la piedra blanca. Desde hace algunos años se colocó una pequeña placa en la que se pide: “estimados admiradores de Julio Cortázar y de su obra, gracias por respetar la claridad y la calma de esta tumba.” El mensaje ha ayudado a preservarla blanca. Es notoria la cantidad de billetes de metro que se dejan en la tumba: una alusión a Rayuela y los cuentos.

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Baudelaire: el poeta maldito

El cementerio de Montparnasse –en París- es famoso por los personajes ilustres que allí reposan. Uno de ellos es el célebre poeta maldito, Charles Baudelaire, autor de Las flores del mal. En el conjunto de poemas, Baudelaire, caracteriza al poeta como un ser maldito que tras el tedio encuentra la belleza en lo no bello y grotesco. El poeta maldito es consciente del mal y propone un giro copernicano en la concepción de lo bello. Baudelaire con su genio poético tradujo y dio a conocer a Edgar Allan Poe en Europa.

Fruto de su vida bohemia, Charles Baudelaire –el gran poeta maldito- murió a los 46 años en 1867 y está enterrado junto a su madre y su padrastro –Jacques Aupick, un héroe de guerra- a quien paradójicamente detestaba. Algunos visitantes podrán detenerse ante el general Aupick, pero muchos otros dejan coronas de flores, versos y besos al poeta maldito.

Cuéntanos en los comentarios: ¿qué epitafio escribirías?

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