Nadie es invencible

Ya estábamos hartos. Todos los recreos eran lo mismo con Octavio. Sus zancadas de mamut sacudían todo el polvo del patio mientras pedía a cada miembro del grupo un arancel de bocadillos para saciar su hambre prehistórica. Si vieran lo flaquito que me había puesto por no comer bien, porque a mí era el que […]