Buscando un manual para el desamor
El amor de Dios no limita nuestro deseo de amar, sino que lo engrandece; es decir, lo educa. Y esto del mismo modo que el amor de Dios no elimina la esperanza humana, sino que la conduce y hasta la sostiene. El mayor consejo de Guitton siempre parece ser que hay que dejarse conducir por Dios: hay que permitirnos aprender y para ello hay que estar dispuestos a tomar decisiones y asumir las consecuencias, para cambiar nuestro rumbo cuando se pueda, y sea conveniente, cambiarlo.