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¿Verdad o mentira?

¿Verdad o mentira?

Enrique Krauze fue a la marcha por la democracia y, comentó, que ésta se parecía a la del 68. La del 68, que fue perseguida y reprimida, y en la que jóvenes fueron asesinados; no creo que haya tenido nada que ver con una marcha como esta que se realizó y transcurrió de manera pacífica.

¿Por qué diría eso Don Enrique?

Claramente sabe que no fue así. ¿Quiere acaso generar furor? Puede ser. Estimular a las personas a sentirse en un momento estelar siempre ayuda a la causa que sea. 

¿Manipular? Esta versión, aunque también posible, yo la veo demasiado perversa. No creo que el historiador sea tan vil y malvado.

Porque, si lo dijo por manipular, significa que él piensa que el país se está enderezando, y no quiere; lucha por lo opuesto.

¿Lo habrá dicho porque no sabe qué más decir? Esto también puede ser. Los opositores de AMLO han optado por no presentar muchas propuestas propias, y centrar su narrativa en criticar al actual presidente de México. Que, si bien tiene mucho de qué ser criticado, también tiene mucho que celebrar. 

Me queda claro que es una lucha de narrativas. Andrés Manuel empuja la suya, y Enrique Krauze y compañía otra. Pero faltarle al respeto a muertos y genuinos perseguidos políticos me parece que fue un paso muy exagerado del ingeniero.

            Las tragedias

            Las tragedias

Nací en Cancún. En 1982. Aún recuerdo el primer huracán que nos tocó. El méndigo Gilberto. Fue una locura. Eso sí, siempre supimos que era un canijo. Nunca lo menospreciamos. De todas formas, pegó con fuerza y saña. Y dejó un sentimiento de desolación y desasosiego entre los habitantes de la zona por años. Me atrevo a decir, que hay aspectos que nunca superamos.

            Porque puedes reconstruir, volver a poner, cambiar, comprar; pero, ¿y luego?

            No es tan fácil. Cancún era un lugar caro; turismo de alto poder adquisitivo iba nada más. El Gilberto lo cambió todo. Porque para que la gente regresara bajamos los precios, y nunca volvimos a los precios de antes. Podríamos decir que el todo incluido y los tiempos compartidos se los debemos a ese huracán venido de los infiernos.

            Recuerdo, muy vívidamente, que mientras pasaba el huracán, lo podía ver. Mi mamá me decía: el aire no se ve, pero puedes ver para dónde va, ¿no? Y sí, podía ver para donde iba el aire. No por las plantas que se movían, no por los objetos. Si no por el aire, que se veía pasar.

            Cuando se fue, yo, escuincle como era, jugaba en el agua (todo se encharcó) con mis hermanos.   

            Pero sí, fue algo muy serio. Todo Cancún se alistó. Pusimos cinta adhesiva en los vidrios (preámbulo que después se volvió en los anticiclónicas, que ahora todo Cancún tiene) compramos mucha comida y agua.

            Luego vinieron más huracanes. Uno, incluso, lo pasé jugando en el parque con mis amigos (ah, la estúpida juventud). Algunos llegan muy fuerte, otros no tanto. Pero siento que hay cierto hábito, cierto conocimiento, cierto saber, de cuando llegan y se van. Yo, por mucho tiempo, pensé que los huracanes causaban más que nada una afectación económica. Porque eso era lo que provocaban los huracanes, un parón económico, y luego volvíamos a arrancar.

            Lo de Acapulco nunca lo he vivido. Mi saber y mi imaginación no llega a entender lo que están viviendo.

MDNMDN