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Trascendencia

Trascendencia

En México tenemos una curiosa tradición: Hacer “altares de muertos”. A tal efecto se consigue flor de cempasúchil, manteles de rico colorido, calaveras de dulce -chocolate y azúcar principalmente-, platos con alimentos que le gustaban al difunto o a los difuntos, “pan de muerto”, fotografías de los seres queridos que se van a recordar en esa ocasión y veladoras. Suele estar coronado con algún elemento religioso, como una Cruz o una imagen de la Virgen de Guadalupe. Un amigo me hizo notar, curiosamente, que este año, en la universidad que él dirige, se encontró con un altar de muertos dedicado a un perro, a una mascota; no sabía si reír o llorar. Era el ejemplo de una cultura fusión, primero entre la prehispánica pagana y la cristiana española, pero ahora enriquecida con la animalista postmoderna.

Su narración me hizo recordar un percance reciente del Papa Francisco. Él mismo lo relata: se acercó una señora con una carriola, pidiéndole la consabida bendición. El Papa sonrió y se acercó para ver al bebé y bendecirlo. ¡Cuál no sería su sorpresa al descubrir que no era un bebé sino un perrito lo que llevaba! El manso y paciente Francisco se enojó – ¡vaya que tiene mérito conseguir hacerlo enojar! – y regañó a la señora, señalándole que había muchos niños que mueren de hambre y que no era justo tratar así a un animal. Le parecía un exceso ese trato dirigido a un animalito, cuando no cuidamos de igual forma de nuestros semejantes; por su parte, a mi amigo le parecía desproporcionado dedicar un “altar de muertos” a una mascota.

¿Por qué? Por la trascendencia. El animal, la planta, viven y ya está, en su vida está el cumplimiento de su función. A veces incluso en su muerte: los animales y las plantas que son sacrificados para nuestra supervivencia, para nuestra alimentación. El animal no tiene necesidad ni posibilidad de trascender. El ser humano, en cambio, sí la tiene; más incluso, es su aspiración espiritual fundamental. Es la muestra práctica de que no sólo es materia convenientemente organizada -como lo son el animal y la planta-, sino poseedor de un alma espiritual y, por lo tanto, trascendente a nuestras coordenadas de espacio y tiempo.

¿Qué es la trascendencia? Una necesidad espiritual del hombre. Una necesidad vital de su naturaleza, por la cual quiere ir más allá de lo que le ha sido dado materialmente. Es una prueba de la existencia de la realidad espiritual, precisamente porque supone una sed de algo inmaterial, de una realidad que en cierta forma no perciben nuestros sentidos inmediatamente, pero que está ahí, esperando ser descubierta. Es el imperativo de ir más allá de la satisfacción de nuestras necesidades vitales y de la especie: comer, beber, reproducirse, descansar, disfrutar. Es el prurito de romper las barreras del tiempo y del espacio con la fuerza del espíritu.

Son diversos los modos con los cuales el espíritu humano trasciende. Es clásico el refrán de que hay que cumplir con tres requisitos en esta vida: tener un hijo, plantar un árbol y escribir un libro. Los tres son modos de que algo de nuestro yo permanezca a través del tiempo, cuando ya nuestro cuerpo haya vuelto a la tierra de donde salió. Si reflexionamos un poco, descubrimos la increíble envergadura que supone tener un hijo. Porque los padres proporcionan la materia fundamental para su formación -el óvulo y los espermatozoides-, pero Dios le infunde el alma espiritual, de forma que ese nuevo ser creado con la cooperación humana, va a durar para siempre. El cuerpo muere, pero a la larga resucita, mientras que el alma perdurará para siempre, el universo material habrá alcanzado su muerte térmica y, sin embargo, el alma perdurará todavía, es -en expresión teológica- “eviterna”; es decir, tiene un principio, pero no tiene fin. Traer un hijo al mundo es una de las formas por excelencia de trascendencia.

No es la única forma de trascender que tiene el ser humano. El arte, la ciencia y la técnica lo son también. En general todo aquello que manifieste nuestra capacidad creadora, lo que nos permita hacer surgir algo auténticamente nuevo, ya sea para la contemplación -como es el caso del arte: literatura, pintura, escultura, arquitectura, danza, etc.-, o para el uso y servicio de nuestros semejantes, con la ciencia y la técnica. Toda capacidad creadora de belleza, o que sirva para la transformación y mejoramiento del mundo, constituyen formas propiamente humanas de trascender, de las que los animales carecen.

Pero la trascendencia por excelencia es espiritual, religiosa. Consiste en cultivar nuestra vida interior, nuestra riqueza interior, descubrir -asombrados- cómo somos capaces de entrar en un diálogo vivo con Dios. Porque si bien tanto el arte, como la ciencia y la técnica, son formas de trascender, no sacian, sin embargo, nuestras hambres de infinito, de trascendencia. Es como decir: “sí, eso era, pero todavía anhelo más”. Por ello, muy bien dice san Agustín: “nos hiciste Señor para Ti y nuestro corazón está inquieto hasta que no descanse en Ti”. Sólo Dios puede colmar nuestras hambres de infinito y de trascendencia, siendo esta “sed de Dios”, de lo eterno, una prueba de su existencia y de la componente espiritual de nuestra naturaleza.

Por eso tiene sentido hacerle un “altar de muertos” a una persona, pero no a un perro. A un perro se le puede bendecir, pero no puede ocupar el lugar de un hijo, aunque eso parezca estar de moda; en realidad, esta actitud encierra un profundo error antropológico y tarde o temprano pasará factura, sea a las personas en particular que a la sociedad en general.

Dr. Salvador Fabre

masamf@gmail.com

Mexico’s Conundrum: The proposed electoral Reform Is a Threat to Its Young Democracy

By Víctor Gómez Villanueva

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“Democracy is like a streetcar. When you come to your stop, you get off,” said President Tayyip Erdogan of Turkey. Mexico’s President López Obrador, who was democratically elected, would probably agree with the spirit of the quote. Four years into his administration, López Obrador has now succeeded in getting his electoral reform passed, one that Human Rights Watch deems as a threat to the country’s young democracy.

López Obrador’s reform was proposed as an overarching constitutional amendment to the electoral framework, allegedly in an attempt to cut public spending – only 0.2% of the country’s budget is assigned to the electoral authority, though. As envisaged originally, the reform was much more aggressive, as it would have put seats within the electoral authority’s general counsel up to the popular vote, seriously jeopardizing its already battered autonomy. This first proposal had little chance to get passed, however, because amendments to the Constitution require an absolute majority, something that López Obrador’s party (MORENA) does not have at the moment. Following large demonstrations in several cities, the opposition firmly rejected the most aggressive version of the reform, so López Obrador had to resort to his watered-down but still aggressive “Plan B.”

“Plan B”

The “Plan B” consisted of a package of amendments to the electoral law, which just needed a simple majority to get passed. In the end, this pathway bore fruits for the López Obrador administration, as it got passed before the end of the legislative session in December.

Essentially, the approved reform aims at rendering the electoral authority inoperative in the long run, by cutting its headcount by over 80%. It also reduces the number of district bodies, jeopardizing the installation of polling stations and the vote count. Overall, the authority’s ability to organize and oversee elections will be seriously hindered by this reform, whenever it is finally implemented.

It is worth noting that elections in Mexico are already violent, especially in rural areas where security presence is rare and subject to considerable interference from both organized crime and the ruling party. The reform will thereby exacerbate such risks and will surely reduce the competitiveness of the opposition – already fragmented and lacking credible leadership –  in the coming elections, strengthening the hold of MORENA on power and lessening  the chances of political alternation in the coming years. By reducing penalties for those who violate the electoral law, candidates will also have a greater incentive to instigate violence, especially against female rivals that dare to run for public office.

The opposition to the López Obrador administration has rightly called out several inconsistencies between the approved package and the Constitution, which they already brought to the Supreme Court. López Obrador’s “Plan B” would thus be pending a court’s resolution to be enforced in the 2024 presidential elections. However, since López Obrador has successfully increased his influence in the Supreme Court, a favorable resolution to most of “Plan B” is possible. Mexico’s democracy is convalescent at the young age of 22 years.

Other Signs of a Crumbling Democracy

The electoral authority is López Obrador’s most recent target, but hardly the only one through his administration. The dismantling of regulatory authorities, an ongoing militarization, and a complete disregard for freedom of the press are other signs of Mexico’s endangered democracy.

As mentioned above, López Obrador has so far dismantled more than 100 autonomous agencies, trust funds, and regulators whose functions have been assumed by government ministries, weakening their regulatory and supervisory functions. 

Militarization also gained traction during the López Obrador administration: The former Federal Police was transformed into a militarized police called “Guardia Nacional” that is now controlled directly by the army. Tasks that used to fall on civil authorities, such as supervising customs or building infrastructure, now belong entirely to the army. The army also enjoys a larger budget that has had no impact on the ongoing security crisis related to the drug cartels. The army has few institutional restraints and its finances remain opaque to public scrutiny. 

As the head state of one of the deadliest countries for journalists, López Obrador often disdains or even attacks journalists who criticize his administration. When renowned news anchor Ciro Gómez Leyva recently survived an attempt on his life, López Obrador went to the extreme of suggesting it might have been carried out to destabilize his government. His words, and even more his lack of action added to the near total impunity of crimes against journalists might be instigating others to perpetrate such attacks.

Relevance and Repercussions

On the global stage, Mexico’s democratic backsliding is no minor issue. It is occurring at the very doorstep of the US, which is currently juggling domestic polarization, Chinese competition, and Russia’s ill-planned challenges to the world order. 

Being Mexico the second largest democracy in LATAM, more governments in the region might be tempted to get off the democracy streetcar too, if they are not already doing so (i.e., Guatemala, El Salvador). The US’s failure at restoring trust in the democratic values among its neighbors is a narrative that Chinese and Russian adversaries will happily exploit.

Mexico’s democratic backsliding could further increase the US’s polarization thanks to even larger flows of migrants. Governments that incrementally erode democracy tend to perform poorly both in supporting free markets and in creating a welfare state, which certainly is a reason for people to seek an opportunity elsewhere. Dealing with even larger flows of migrants, and what that implies to domestic polarization, might keep distracting the US from the serious challenges to the world order.

In a context where companies might have the incentive to reduce their exposure to geopolitical risks from China, Mexico’s backsliding might mean a missed opportunity for trade. Large investors can handle political risk, but how much are they willing to tolerate? Mexico, one of the largest trading partners of the US, might lose its chance to attract foreign investment if security does not improve within its boundaries. López Obrador’s policy of “hugs instead of bullets” (“abrazos no balazos”) has so far stopped no criminals from firing daily their deadliest bullets. 

La grandeza mexicana: filosofía náhuatl

Por padre Daniel Valdez García

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Es tiempo de abordar la filosofía náhuatl del imperio azteca, que ocupó el centro y el sur de lo que hoy es México. Pero también es justo decir que hay mucho que se perdió y es irrecuperable, primero con la gran reforma del sacerdote mexica Tlacaélel quien ordenó quemar una enorme cantidad de códices (amoxtli en náhuatl), y luego con la llegada de los invasores capitaneados por Hernán Cortés que llevaron a la hoguera otros tantos. Es cierto que Fray Bernardino de Sahagún hicieron grandes esfuerzos por conservar mucho esa esa sabiduría pero ellos mismos fueron el filtro de lo que no entendieron.
 
En la revista científica “Aeon” de la Universidad Estatal de Nueva York (SUNY) en Cortland, EE.UU, Lynn Sebastian Purcell, profesor asociado de filosofía, publicó que tienen muchos volúmenes de textos grabados en su lenguaje náhuatl. El padre y doctor Angel María Garibay junto Miguel León Portilla y el filósofo estadounidense James Maffied fueron grandes estudiosos de la sabiduría Náhuatl.
 
La filosofía y ética de las virtudes náhuatl no tiene nada que ver con la obra de Aristóteles, pero no por ello es menos brillante y clara. Por ejemplo, el Códice Florentino, obra recabada por el misionero franciscano Fray Bernardino de Sahagún, reproduce el discurso de un Huey Tlatoani (malamente llamado emperador azteca) antes de asumir su cargo, Allí habla de cómo vive un hombre “venerado” es “defensor y sustentador”, dice, “como el árbol de ciprés, en el cual las personas se refugian”.
Pero ese mismo hombre también “llora y se aflige”. El Huey Tlatoani entonces se pregunta: “¿Hay alguien que no desee la felicidad?”. Para los aztecas tener buena vida y ser feliz no estaban asociados, algo propio de la filosofía de Occidente.

Los aztecas creían que por más bueno, talentoso o inteligente que fueras, podrían pasarte cosas malas. O incluso podrías equivocarte, resbalarte y caer. Lo decían con un refrán: “resbaladiza, escurridiza es la tierra”.

Agustín de Iturbide: padre de la Patria mexicana

Agustín de Iturbide: padre de la Patria mexicana

Por Raúl González Lima

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Agustín de Iturbide, fue el español mexicano “criollo” que se transformaría en el padre de la patria mexicano español. Y con su transformación, México se convertiría en nación independiente. Personaje histórico, controvertido y polémico hasta la fecha. Nace en Valladolid (hoy Morelia), el 27 de septiembre de 1783, seis años antes del inicio de la Revolución Francesa, y catorce años después del nacimiento de Napoleón Bonaparte.  Su nombre completo era: Agustín Cosme Damián de Iturbide y Aramburu. 

El día y mes del nacimiento de Iturbide serían el día y el mes de la entrada del Ejército Trigarante, victorioso, a la Ciudad de México. Todavía hay algunos, los menos, quienes pretendiendo denostar y mostrar a Iturbide como egocéntrico, reclaman a Iturbide haber escogido la fecha de su cumpleaños para hacerla coincidir con la entrada triunfante a la Ciudad de México del Ejército que había formado bajo las tres directrices (garantías) del Plan de Iguala. Ante la ocurrencia de los principales acontecimientos que consumarían la independencia de México (los Tratados de Córdoba en agosto de 1821, y la capitulación de la capital de la Nueva España en septiembre de 1821), era cuestión de un simple acomodo de escasos días para hacer coincidir la entrada del Ejército Trigarante a la Ciudad de México con el 27 de septiembre de 1821. ¡Qué mejor celebración de cumpleaños, para el líder indiscutible que era Iturbide, que el triunfo de la campaña militar y política que había iniciado en Iguala en febrero de 1821, y que terminaba felizmente en ese día!

Es precisamente el 27 de septiembre de 1821, la fecha que muchos historiadores han considerado como el día más feliz en la historia de México, por la inmensa algarabía que significó la entrada del Ejército Trigarante a la Ciudad de México, logrando así la consumación de la anhelada independencia de la nación mexicana, y que lamentablemente dejó de ser considerada como gran fiesta nacional en la primera mitad del siglo XX. Pero antes de esa fecha, hubo varios acontecimientos para hacer posible este inicio de la nación mexicana independiente, los cuales nos permiten comprender mejor la figura del gran personaje de la historia patria que fue Agustín de Iturbide.

Entrada del Ejército Trigarante en 1821,

En 1797, Agustín de Iturbide decide, a los 14 años, seguir la carrera militar en Valladolid, su ciudad natal y una de la más importantes de la Nueva España, nación que era entonces parte de la Monarquía española, y cuya máxima autoridad de gobierno estaba a cargo de un Virrey nombrado por el Rey español. Por nación entendemos, para estos efectos, al conjunto de personas de un mismo origen, que habitan un territorio, y que generalmente hablan un mismo idioma y tienen una tradición común. Eso era la Nueva España, una nación que había comenzado su gestación a partir de la Conquista española iniciada con la caída de Tenochtitlán en 1521, la principal ciudad de los Mexicas, quienes ejercían el control político y militar de una parte importante de Mesoamérica. El territorio conquistado sería llamado Nueva España, por Hernán Cortés, para integrarlo así a la Monarquía de Carlos V, entonces rey de Castilla y de otros territorios en la Península Ibérica y en Europa (Imperio Español), y para expandir significativamente este territorio, hacia el norte y hacia el sur, durante los siglos XVI, XVII y XVIII.

La Nueva España estaba conformada preponderantemente por población indígena que habitaba el territorio mesoamericano; en segundo lugar, por población mestiza constituida principalmente por las distintas combinaciones de indígenas con españoles; y en tercer lugar, por españoles, nacidos en Europa, o por hijos de españoles, nacidos en la Nueva España, y que posteriormente, fueron llamados criollos. Esta circunstancia poblacional, refleja dos aspectos: (i) la Conquista española, que representó la derrota del predominio político, militar y económico mexica sobre otras poblaciones indígenas, fue llevada a cabo por alrededor de 500 españoles en alianza con miles de guerreros indígenas opositores a la opresión mexica; y (ii) el mestizaje natural y cultural que comenzó  a darse por la eventual unión entre hombres españoles y mujeres indígenas, que contribuiría a crear un nuevo perfil racial y cultural, en adición a la población indígena y española, que sería característico de la nación novohispana y mexicana. A principios del siglo XIX, en 1804, la población de la Nueva España ascendía aproximadamente a seis millones de habitantes, de acuerdo con estimaciones de Alejandro von Humboldt, de los cuales aproximadamente 2,400,000 habitantes eran indígenas (40%), 2,400,000 habitantes eran mestizos (40%), 1,130,000 habitantes eran criollos (19%), y tan solo 70,000 habitantes eran españoles (1%).

Con respecto a su territorio, la Nueva España llegó a abarcar, durante sus tres siglos de existencia, gran parte de lo que hoy conocemos como los Estados Unidos, el territorio actual de México, las islas Filipinas, la mayor parte de Centroamérica y una parte del Caribe. Cuando México se convirtió en país independiente, es decir, a partir del 27 de septiembre de 1821, el Imperio Mexicano comprendía un territorio que abarcaba desde los actuales estados de California, Nevada, Arizona, Utah, Colorado, Nuevo México y Texas en los Estados Unidos, hasta lo que es hoy es la República de Costa Rica. Un vastísimo y muy rico territorio novohispano, gran parte del cual México, como nueva nación, habría de perder en los siguientes 30 años de su vida independiente, principalmente por razones políticas y militares, pero también por su incapacidad como nación para gobernarse con estabilidad y eficacia, producto de un divisionismo ideológico estéril que provocó un atraso económico y cultural en la nueva nación, así como un absoluto desorden en la economía y las finanzas públicas, como resultado de innumerables pronunciamientos y asonadas militares, guerras civiles, golpes de estado, y una permanente inestabilidad política y económica.

La Nueva España, además del territorio y población, compartía entre gran parte de su población un mismo idioma, el castellano, una misma religión, la católica, y un mismo gobierno, el virreinal, como parte integrante de la Monarquía Española. Por otra parte, la literatura, la arquitectura, la minería, la medicina, las instituciones educativas y científicas, y otras artes y oficios, florecieron de manera significativa en la Nueva España, llegando a ser una potencia económica y cultural en los siglos XVII y XVIII. 

Óleo, castas: mestizo.

Sin embargo, la Revolución Francesa de finales del siglo XVIII y el Imperio Napoleónico de principios del siglo XIX, habrían de afectar a la Monarquía en España, y terminarían por afectar también a la Nueva España, y a la nueva nación mexicana, con consecuencias políticas y militares a lo largo del siglo XIX, y por tanto, también en la historia contemporánea de México.

La vida militar de Iturbide transcurre principalmente en las primeras dos décadas del siglo XIX, y tiene su punto álgido a partir de una serie de acontecimientos políticos y militares en España en 1808, y sus efectos inmediatos en la Nueva España. La invasión napoleónica al territorio español y el derrocamiento de la Monarquía española sacuden políticamente a la Nueva España, en conjunto con las nuevas ideas liberales, creando la oportunidad para la defensa de la Monarquía española desde América, desconociendo al nuevo gobierno español auspiciado por los invasores franceses, para lo cual se requería la autonomía política de la Nueva España mientras se reponía a la Monarquía española. Las conspiraciones independentistas que surgen en la Nueva España en 1808, tenían este propósito más que el crear una nueva nación independiente, incluyendo la revuelta civil y militar iniciada por Miguel Hidalgo el 16 de septiembre de 1810, que sería contenida por el ejército realista a principios de 1811. Sin embargo, los acontecimientos en España, incluyendo las nuevas ideas liberales, la idea de que la soberanía radica en el pueblo, y la instauración de una constitución liberal en Cádiz en 1812, darían un nuevo aire a los movimientos independentistas, principalmente al insurgente que había iniciado Miguel Hidalgo, y después liderado por José María Morelos. Iturbide participa desde un inicio, como teniente, combatiendo al movimiento insurgente, cumpliendo como militar realista sus funciones de mantener el orden, y derrotando a las guerrillas insurgentes en distintos puntos del territorio novohispano. El movimiento insurgente casi estaba derrotado alrededor de 1815, e Iturbide, quien ya estaba a cargo del Ejército del Norte, había ganado fama como eficaz oficial del ejército realista. 

Después de servir con lealtad a dos virreyes, Venegas y Calleja, Iturbide se ve inmiscuido en algunos asuntos de corrupción y se aleja parcialmente de sus actividades militares en 1816. En enero de 1817, después de derrotar al insurgente Ramón López Rayón, Iturbide confía al entonces Capitán Filisola, su idea de evitar tanto derramamiento de sangre y la facilidad con que se lograría la independencia si se pusiesen de acuerdo las tropas mexicanas que militaban bajo la bandera del Rey con los insurgentes que aún se mantenían combatiendo. Esta idea habría de germinar poco tiempo después. En 1820, siendo Apodaca el último virrey de la Nueva España, y como resultado de la restauración de la constitución liberal de Cádiz en España, que había sido abolida pocos años después de haber sido promulgada en 1812, se acrecientan nuevas conspiraciones para lograr la autonomía política de la Nueva España, incluyendo la conspiración de La Profesa, en la cual sería invitado Iturbide a participar.

Para entonces, Iturbide ya había comenzado a elaborar su propio plan de independencia, y los acontecimientos se irían desencadenando a favor del plan de Iturbide. Los notables de La Profesa recomiendan a Iturbide con el virrey Apodaca para ser nombrado comandante del Ejército del Sur. Iturbide combate a las fuerzas de Vicente Guerrero en enero de 1821, cerca de Acapulco, y en febrero de 1821, Iturbide y Guerrero llegan a un acuerdo para el cese del fuego, y unir sus fuerzas para lograr la independencia de México. El 24 de febrero de 1821, Iturbide proclama el Plan de Iguala, el cual firma Vicente Guerrero. El Plan de Iguala, entre otras cosas, establecía la independencia política de México de España, y que el ejército que se formaría a partir de esta proclama se denominaría “Trigarante” por el lema y las tres garantías de dicho Plan: religión, independencia y unión.

Abrazo de Acatempan. Óleo Román Sagredo.

A propósito de las tres garantías del Plan de Iguala, vale la pena enunciarlas brevemente en cuanto a su significado, y como genialidad de dicho Plan, que constituiría el manifiesto político fundacional de la nueva nación mexicana, cuya autoría intelectual corresponde a Agustín de Iturbide, y que sería secundado y apoyado por los propios insurgentes y otros oficiales realistas. Seguimos el orden en que las tres garantías fueron enunciadas en el Plan de Iguala y representadas en los colores de la bandera Trigarante original, que data de febrero de 1821. Religión: la católica como religión de Estado (simbolizada por el color blanco, e inspirada por la Fe verdadera); Independencia: autonomía política y económica de la metrópoli española (simbolizada por el color verde, e inspirada por la Esperanza en libertad); y Unión: de todos los habitantes y los nacidos en la Nueva España (simbolizada por el color rojo, e inspirada por la Caridad fraterna). Este significado contrasta con los principios antropocéntricos de la Revolución Francesa: Igualdad, Libertad y Fraternidad, que algunos equivocadamente han llegado a equiparar con las tres virtudes teologales cristianas, confundiendo los pretendidos valores enunciados por la Ilustración y la “modernidad”, con la ejemplaridad de las tres virtudes a las que los hombres solo pueden aspirar por intermediación de la Gracia Divina, a través de los sacramentos.

Posterior a la entrada triunfante del Ejército Trigarante, el 28 de septiembre de 1821, se firma el Acta de Independencia del Imperio Mexicano. Agustín de Iturbide queda a cargo de la Primera Regencia encargada de gobernar a la nueva nación independiente, en conjunto con la Junta Provisional Gubernativa, órgano legislativo responsable de crear la primera constitución del México independiente. Todo esto conforme al Plan de Iguala de febrero de 1821, y a los Tratados de Córdoba firmados en agosto de 1821. Faltaba designar también al monarca del Imperio Mexicano, en espera que algún miembro la Monarquía española aceptara dicho ofrecimiento. La Monarquía española no solo no aceptó el ofrecimiento del recién creado Imperio Mexicano, sino que desconoció en marzo de 1822 los Tratados de Córdoba que habían sido firmados en 1821 por Juan O’Donojú e Iturbide. Agustín de Iturbide fue nombrado emperador el 18 de mayo de 1822, por una iniciativa popular y dicho nombramiento fue aprobado por el Congreso al día siguiente.

El nombramiento de Iturbide como emperador despertó todo género de pasiones y ambiciones personales y políticas entre quienes habían jurado lealtad al Plan de Iguala y los Tratados de Córdoba, incluyendo a los antiguos insurgentes, los partidarios de un régimen republicano, los liberales radicales pertenecientes a logias masónicas, los militares del nuevo Ejército mexicano, y los españoles defensores del régimen monárquico borbón. En un de repente, el llamado libertador y consumador de la independencia de México, se convierte en “tirano” y villano a quien derrocar. Ante la efervescencia y desorden políticos generados por las inconformidades de los liberales y la sublevación del ejército liderada por Antonio López de Santa Anna, el 19 de marzo de 1823, Iturbide renuncia (abdica) como emperador, y decide exiliarse para evitar más conflictos en la nueva nación. 

Iturbide queda aislado y traicionado políticamente. Se exilia con su familia en Italia. El 3 de abril de 1824, el Congreso declara a Iturbide traidor a la Patria y fuera de la ley en caso de que regresara al país, lo cual ratifica en el mismo mes el recién creado congreso constituyente. Iturbide ignora estas decisiones, y a principios de mayo se embarca en Inglaterra con destino a México, al enterarse de planes europeos para desconocer la independencia de México y ocupar eventualmente el territorio nacional. Recién llegado a México es detenido y será fusilado en Padilla, Tamaulipas el 19 de julio de 1824, en cumplimiento del decreto que lo declaraba “traidor y fuera de la ley”.

Hasta aquí, el recuento sucinto de la gloria y tragedia de Agustín de Iturbide, consumador de la independencia de México, y de algunos datos para reflexionar sobre la figura histórica del consumador de la independencia nacional, a quien la historia oficial ha denostado y pretendido olvidar. El 7 de octubre de 1921, la Cámara de Diputados acordó borrar el nombre inscrito en letras de oro de Agustín de Iturbide del salón de sesiones, decisión que fue ratificada el 30 de noviembre de 1936 por decreto de Lázaro Cardenas.

México, como nación independiente, sufriría en los 50 años siguientes a la muerte de Iturbide, de muchos infortunios políticos y militares, incluyendo la pérdida significativa de su territorio y guerras civiles que traerían atraso y pobreza material y espiritual a nuestra nación. Posiblemente, los mexicanos todavía estemos “pagando”, en nuestro destino histórico como país, las consecuencias del parricidio cometido en la persona del principal padre de la patria, Agustín de Iturbide.

La grandeza mexicana: los primeros pobladores

Por padre Daniel Valdez García

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Por mucho tiempo, siguiendo la teoría conocido como el “Consenso de Clovis”, se propuso que los primeros pobladores del Continente Americano procedían de Asia y que entraron cruzado la región llamada Beringia, lo que hoy es el estrecho de Bering, a través de un “corredor verde” llamado Corredor Libre de Hielo (IFC, por sus siglas en inglés)  de Bering, entre 30.000 y 10.000 años a. de C..
 
Los recientes descubrimientos en el sur de México y otros países sudamericanos ponen en discusión el tema del poblamiento de América; por ejemplo, el estudio, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences, cuya autora es la doctora Jorie Clark, los hallazgos evidenciaron dicha presencia humana en Idaho (noroeste de los EE.UU.), que se remontan a entre 15,000 y 16,000 años atrás de la datación dada; dicho estudio da un fuerte respaldo a la teoría de que los primeros pobladores de América llegaron al continente a través de la costa del Pacífico y, por lo tanto, por vía marítima.
Esto es importante porque cambia la versión de la historia como la hemos conocido.
 
En el 2012 en la península de Yucatán, dentro de la cueva Chan Hol II, se encontró osamenta que se remontaban al Pleistoceno tardío durante la última era glaciar. El profesor alemán Dr. Wolfgang Stinnesbeck y el biólogo mexicano Arturo Gonzáles Gonzáles, fecharon el esqueleto en por lo menos 13,000 años de antigüedad, basándose en una estalagmita que creció en el hueso de la cadera. Posteriores hallazgos contabilizan siete fósiles, entre los cuales están los llamados la Mujer de Naharon, la Mujer de las Palmas y el Hombre del Templo, Naia.
 
Brasil, Venezuela y Chile tienen vestigios datados hasta con 33,360 años de antigüedad. En julio de 2020 se realizó un nuevo hallazgo en la cueva del Chiquihuite, en el estado de Zacatecas, México que permite datarlos hasta en 30,000 años de  antigüedad.
 
Quisiera concluir con un poema de Celerina Sánchez, mujer de una etnia que habla de la migración:
 
“Apenas entendítomé el camino que me enseñó el soltroté en el mundo ahora soy migrante como mucha gente, pero sé cuál es mi camino eso nunca se olvida siempre se regresa al origen”.

La grandeza mexicana

Por padre Daniel Valdez García

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Las culturas prehispánicas se originaron en el llamado horizonte arqueolítico y se calcula que comprende de 22,000 a 14,000 años a. de C., cuyas actividades eran la cacería y la recolección, en este sentido cabe destacar el hallazgo de Tlapacoya que se encuentra a 25 km de la Ciudad de México; hay otras excavaciones en Caulapan, Puebla, la Cueva del Diablo en Tamaulipas y la Laguna de Chapala en Jalisco.
 
El horizonte cenolítico abarcó desde hace 14,000 a 7,000 a. de C., el cambio climático favoreció el cambio de actividades dando paso a la proto-agricultura y el uso de las prendas de algodón de los pueblos precolombinos aumentando en número de población.
 
El horizonte preclásico es la etapa que va del 2,300 a.de C. al 100 d. de C., y se caracteriza por la integración de una área cultural en Mesoamérica. Destacan la fase de Tehuacán del 2,300 al 1,500 a. C., cuyos vestigios de cerámica son los más antiguos. Las civilizaciones de este periodo se desarrollaron en la costa del Golfo de México, el Altiplano Central, Oaxaca y las regiones mayas y de occidente, la más importante fue la Olmeca, que significa  “habitantes de la región del hule”, y se desarrolló en el territorio de los actuales estados de Tabasco y Veracruz. Los olmecas fueron los primeros en fundar sociedades y centros urbanos. Sus prácticas culturales y religiosas se integrarían a los posteriores grupos, entre esos rasgos y vestigios culturales están la serpiente emplumada, por ejemplo, Coatzacoalcos, zona eminentemente Olmeca, quiere decir: “Lugar donde se esconde la serpiente”, que fue donde cuenta la leyenda que Quetzalcoatl se fue para Mesoamérica.
 
Los hallazgos arqueológicos más antiguos de la cultura Olmeca datan del 1,200 a. de C., y los más recientes del 400 d. de C., los cuales proceden de Tres Zapotes, La Venta y San Lorenzo. Por los motivos expuestos es llamada la “Cultura Madre”.
 
Para finalizar cito este pequeño y significativo poema de una etnia:
 
“Que en cada instante mi corazón sea templo de flores y manantial de cantos. Por mi boca se escucha el Otomí, sonido primordial de los Menxihmehöi, la Primera Humanidad. El mismo lenguaje armónico que cantaron con aves nuestros ancestros Olmecas, Cuicuilcas, Tlatilcas, Toltecas, Teotihuancanos, Xiquipilcas; con él elevaron sus plegarias Otontecuhtli, Conin y Tlahuicole. De estas voces vienen los mensajes de paz y dignidad; de este idioma renancen las teas que no ahúman, luces del nuevo amanecer Otomí”.

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