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Límpiame

por | Sep 30, 2022 | 0 Comentarios

Por padre José Antonio Coronel

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Con la posibilidad inminente (o como dicen los actuarios, con la mayor probabilidad del
evento leucemia), es seguro que se me olvidarán muchas experiencias de gratitud al
despedirnos: todo el arsenal de la Biblia, tantas enseñanzas repasadas en medios de formación.
Una muy sencilla, es de san Josemaría: “nos deberíamos despedir (al morir) con un hasta
luego”. Allí se resume el giro copernicano que Jesús imprimió al cese de la vida. Cuando
Esteban muere apedreado, la Biblia dice que “se durmió en el Señor”. Por eso, poco a poco se
fue cambiando el nombre del lugar de los fallecidos. Antes se llamaban necrópolis, es decir
ciudades de muertos. Ahora lo cristianos llamamos cementerios, es decir dormitorios. Sitios
en que nuestros despojos están durmiendo hasta que Cristo nos resucite.
En un sermón por zoom debido al covid, resumí mis motivos de gratitud. Lo grabó un
amigo y se puede ver en CANAL DE YOUTUBE [la homilía se encuentra disponible en el
siguiente enlace:



Faltaron detalles como la compañía de mis otros amigos de catequesis en la colonia
Guerrero; me dio mucho gusto encontrarme con Arturo el mero día de mi ingreso al hospital;
faltó consignar fundamental la amistad con las niñas de ciencias de ciencias y del Colmex,
pues también me han ido enseñando que ser sacerdote es ser amigo; varios conocen lo mucho
que me animó una a emprender el camino célibe, Dios se lo ha de pagar.
He contado mucho que mi pase en macro economía lo debo a la misericordia del Colmex,
y a varios compañeros que sabían más que yo. Amistad, gente que te ayuda,
[seguramente quiso extenderse más sobre esta idea].


El otro pensamiento que me viene no es tan nuevo. Es la petición de un niño de 4 años.
Estábamos él -un terrorista nato- y uno de sus hermanos a la entrada del pasillo largo de mi
casa. Mirándome, me dijo sin más: -límpiame mis moquitos-. Al momento saltó la mamá
gritándole desde el fondo del pasillo que eso NO debía decirse, o algo así.
Además de morirme de risa, pensé que sería estupendo entrar así en el cielo; pidiendo, a
mi papá Dios que me limpie la nariz.


Le he dado muchas vueltas a ese deseo, y lo encuentro muy adecuado. Primero, porque sé
que la enormidad de nuestros fallos ha sido lavada por la entrega sangrienta de Jesús. Dice
Sto. Tomás que una sola gota limpia toda la herida del mundo, así que por grandes que sean
nuestras imbecilidades, no hay ninguna que quede fuera del pañuelo divino.


Eso de ser niños delante de Dios, cualquiera puede hacerlo suyo siguiendo a san Juan y a san Pablo,
que nos dicen que somos hijos de Dios.
Y, luego, oyendo al fundador del Opus Dei, que hablaba
de empaparse, de saturarse de que Padre y muy Padre nuestro es el Señor que está junto a nosotros.
Un Padre, delante del Cual, somos más pequeños que delante de nosotros, un pequeño de dos años.
Mi siguiente tarea cara a una probable partida tiene que ser la gratitud. La más inmediata es a
Diosito y a los que mandaron porras, sangre, plaquetas… parecería trabajo inútil viendo que no le
ganamos a la enfermedad. Pero, pero dice Isaías que electi mei non laborabunt frustra, que los
elegidos de Dios nunca trabajan en vano. Una amiga nos escribía en el wasap de mi grupo de
actuarios, que todo es ganancia. Todas las mañanas un padrecito de mi casa me traía la Comunión

Un mes y días en el hospital, con plena conciencia, han sido mi última escuela técnica de
agradecimiento. Vi especialmente a los doctores, Omar Coronel y al Dr. Ahumada aplicarse con
dedicación obsesiva al mejor tratamiento contra la bestia que me estaba atacando. Obviamente, los
doctores de apoyo. Y luego… la constelación de enfermeros de terapia. Te dan unas 8 horas de su
vida en cada turno. Es imposible no llegar a pensar en Ana, Elizabeth, Itzel, Séfora, María Piedad,
Fabiola, Juanita, Beatriz, Arturo, Beto, Elías, Ezequiel…
Tercera impresión, que continúa la anterior.


La debo a muchos, fundamentalmente en plan vivencial, a san Josemaría, en sus catequesis sobre
la Eucaristía. A Benedicto XVI, a Scott Hahn y a Guardini.
Voy a tratar de resumir a ese último.


La locura de que Dios se presente en el mundo es la Encarnación. Todo Dios va a autolimitarse –
no dejando ver su majestad-, primero en María, luego, por 36 años a lo largo y ancho de Palestina,
habiendo sido emigrante bebé en Egipto. En esos años de estreno, pudo decir Jesús a Felipe, en el
ámbito de la institución de la Eucaristía: Felipe, quien me ve a mí, ve al Padre.


Precisamente la Eucaristía (“esto es mi cuerpo que es entregado por ustedes”) hará que la entrega
de Cristo ponga a nuestra disposición constante una invasión de toda la gloria en altares, de nuestro
planeta). Tuve que dejar de celebrar, aunque casi todos los días literalmente sintonizaba con una
misa en la que me fingía estar presente. Pero ya no se me quitó esa idea del asalto de la gloria a
través de los boquetes de la Misa.


Y se me vino el ejemplo visto a la inversa de los agujeros negros que se tragan la materia y la luz
de lo que tienen cerca. Aquí pasa al revés, el boquete de la Misa pone luz, paz, verdad, belleza,
cariño, alegría que vienen del cielo.


¿Por qué Rusia-Ucrania?, etc. Si esa Luz parece hacerse humo negro y mortal… es porque no la
aprovechamos suficientemente; pero la Luz que sí se refleja (gente que reza, gente que quiere y
sirve) hace que este mundo no sea un infierno total. Benedicto recordaba que, con la Encarnación,
Dios ha se había abreviado.


Vuelvo al casi principio, ahora que se me acerca el cielo (quizás con el delay del purgatorio), la
imagen más esperanzadora (para mí) es la del niño que le pide a su Papá que le limpie la nariz.
Lo que aprendí aquí


[Fin del escrito]
El P. José Antonio Coronel falleció alrededor de la 1 am del jueves 21 de septiembre. Pocas horas
antes recibió nuevamente la absolución, la Unción de Enfermos, la Comunión y la bendición papal,
con indulgencia plenaria. Hasta el último minuto pidió por sus familiares y amigos, a quienes
amaba entrañablemente.


Agradeció enormemente todas las muestras de cariño que recibió a lo largo de su vida y, en
especial, durante su última enfermedad. Le dolía no haber podido responder a cada uno en lo
individual. Sin embargo, pidió que, como muestra de gratitud, les enviara el video de una homilía
que pronunció en 2022.


Aprovecho para enviarles también esta carta que estaba redactando. A pesar de que no pudo
concluirla, las tres páginas que alcanzó a escribir son una joya. No alcanzó a plasmar por escrito
lo que aprendió las últimas semanas en el hospital (ahí se trunca la carta), pero algunas ideas al
respecto aparecen en la homilía que pronunció el P. Ricardo Furber en la Misa de Exequias,
celebrada en la Parroquia de San Josemaría Escrivá, en Santa Fe (Ciudad de México); se encuentra
disponible en el siguiente enlace: (Lecturas a
partir del minuto 19:35, Homilía a partir del minuto 23:30).

Redacción

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