Prudentia Dei: El Papado de cada Pontifice como un regalo de Dios en la historia

Por Rodrigo Guerra

Publicado orignalmente en inglés el 26 de febrero de 2025.

Traducción Spes: Irene González

El Papa Francisco se encuentra actualmente en el Hospital Gemelli de Roma recibiendo tratamiento por una doble neumonía. Los rumores sobre su salud y el ejercicio de su ministerio aumentan. ¿Cómo vive este momento la Curia romana? ¿Cómo ve el Vaticano a la Iglesia en Estados Unidos? ¿Cómo debemos interpretar la carta que el propio Francisco envió recientemente a los obispos estadounidenses? ¿Qué nos pueden enseñar estos momentos sobre el significado de “ser Papa”?

Para ayudar a responder estas preguntas, Where Peter Is entrevistó a Rodrigo Guerra, Doctor en Filosofía por la Academia Internacional del Principado de Liechtenstein; miembro de la Academia Pontificia de Ciencias Sociales; miembro ordinario de la Academia Pontificia para la Vida; fundador del Centro de Investigación Social Avanzada (CISAV-México); y Secretario de la Pontificia Comisión para América Latina de la Santa Sede.

¿Cómo es trabajar en el Vaticano durante la enfermedad y hospitalización del Papa?

RG: Estamos muy atentos a la evolución de la salud del Santo Padre, pero seguimos con nuestro trabajo habitual en cada uno de los Dicasterios. Por la tarde, casi todos los que colaboramos al servicio del Papa nos reunimos en la Plaza de San Pedro para rezar el Rosario, que dirigen el cardenal Pietro Parolin, el cardenal Tagle y otros. Estos momentos son una hermosa oportunidad para expresar nuestro amor y fidelidad al Sucesor de Pedro. Me viene inmediatamente a la mente la expresión del filósofo francés Gabriel Marcel: “Amar es decir: ¡no morirás!”. El don de la vida es un misterio de gratuidad. Debemos estar siempre agradecidos por este don y rezar para que el Papa siga dándonos el don de su presencia, de su palabra y de su ministerio providencial, que tanto nos corrige y nos educa.

¿Qué piensa de quienes han manifestado que les gustaría ver un cambio en la cabeza del gobierno de la Iglesia más pronto que tarde?

RG: Los buitres, cuando vuelan en círculos, anuncian la muerte o deseos de muerte. El evangelio de la vida no va en esa dirección. Los buitres, a veces disfrazados de palomas, exhiben públicamente una contradicción perversa.

¿Hasta qué punto estará limitado el Papa Francisco en su capacidad de guiar a la Iglesia después de una enfermedad tan grave?

RG: Los límites son una dimensión constitutiva de la condición humana. Sin embargo, Dios concede gracias especiales al Sucesor de Pedro para ejercer su ministerio de manera constante. El Papa, incluso en el hospital, sigue trabajando en el gobierno de la Iglesia y permanece atento a la escena mundial. Sus recientes declaraciones sobre el pueblo ucraniano martirizado o sobre el desafío que enfrentan los obispos en Estados Unidos son ejemplos de esto.

¿Cómo ve usted, desde su perspectiva en la Pontificia Comisión para América Latina (CAL), el catolicismo de origen latinoamericano en Estados Unidos?

RG: Estados Unidos es un país muy complicado. Tiene una población de aproximadamente 335 millones de habitantes, de los cuales casi 70 millones son católicos. El 45 por ciento de los católicos en Estados Unidos son de origen hispano. Además, el 60 por ciento de los católicos menores de 18 años son hispanos. Esto significa que la transformación demográfica de la Iglesia católica en Estados Unidos es significativa. Los latinoamericanos tienen un protagonismo notorio en la vida pastoral de la Iglesia estadounidense, y traen consigo esperanza, alegría y elementos del espíritu comunitario de la Iglesia en América Latina.

¿Por qué cree que este cambio demográfico no se refleja en la composición del episcopado y el liderazgo pastoral en Estados Unidos?

RG: Mi impresión es que estamos en un momento comprensible: las estructuras de gobierno y organización pastoral en Estados Unidos siguen estando lideradas mayoritariamente por católicos anglosajones. Sin embargo, es previsible que poco a poco el liderazgo hispano vaya adquiriendo mayor relevancia en las estructuras de gobierno eclesial. La sinodalidad nos invita, entre otras cosas, a tomar decisiones para abrir espacios, derribar muros y superar cualquier barrera que impida a grupos tan significativos como la comunidad hispana jugar un papel decisivo en el presente y futuro de la Iglesia en Estados Unidos.

¿La Pontificia Comisión para América Latina también tiene la mirada puesta en Estados Unidos, aunque no sea oficialmente de su competencia?

RG: El Papa Francisco ha animado a la CAL a acompañar y animar a las comunidades católicas de origen latinoamericano en Estados Unidos y a fomentar el diálogo y la colaboración Norte-Sur. En el contexto de la actual reconfiguración política y social global, esto será cada vez más relevante.

¿Cómo debemos entender e interpretar la reciente carta del Papa Francisco a los obispos estadounidenses en el contexto de las deportaciones anunciadas por la nueva administración?

RG: Mi opinión es que el Papa Francisco ha querido, en primer lugar, manifestar su paternidad sobre los obispos y la Iglesia católica a través de esta importante carta. El Papa es el Pastor universal, el signo principal de la unidad eclesial y el garante de la correcta interpretación del Evangelio. En segundo lugar, la carta del Papa pasará a la historia como una valiente proclamación de un aspecto a menudo “olvidado” de la verdad del ser humano revelada en Jesucristo: todos tenemos la misma dignidad y estamos llamados a vivir juntos como hermanos. Cualquier respuesta a un desafío social que se deba afrontar no puede ignorar este hecho, que es el factor legitimador fundamental de todo Estado de derecho y de toda sociedad auténticamente solidaria y democrática.

Muchos han discutido sobre cómo el Papa Francisco habla en su carta sobre el verdadero “ordo amoris” que debemos promover frente al desafío actual de las migraciones. Algunos críticos han tratado de desacreditarlo contraponiendo sus palabras a las de San Agustín o San Bernardo. ¿Qué piensa de estas críticas?

RG: Agradezco mucho esta pregunta. En primer lugar, es necesario decir que la noción de ordo amoris es análoga, no unívoca. Se puede hablar de ordo amoris en varios planos y niveles. Enseguida me ha venido a la mente el maravilloso libro Metafísica del amor de Dietrich von Hildebrand, en el que hay valiosas reflexiones sobre este tema. En segundo lugar, al hablar del ordo amoris es necesario que evitemos oponernos al Magisterio del Santo Padre, aislando frases o citas de una comprensión integral de cómo enseñaban la doctrina del amor San Agustín o San Bernardo. Ambos santos, referentes intelectuales en la Iglesia, hicieron valiosas aportaciones a una comprensión “personalista” del amor. El amor se despliega de muchas maneras. Sin embargo, en sus aspectos más eminentes y arquetípicos, el amor consiste en hacer el bien al otro por el otro. En otras palabras, el ordo amoris fundacional es el amor benévolo que Dios dispensa a todos nosotros y que todos estamos llamados a vivir como norma suprema de vida. Desde este punto de vista, el Papa Francisco no podría haber sido más claro, contundente y pedagógico: en la parábola del “Buen Samaritano” podemos encontrar una manera increíblemente transformadora de entender un poco del corazón de Jesucristo al morir en la cruz por la salvación de todos. Es el amor in extremis –no en una perspectiva individualista sino comunitaria– lo que permite repensar nuestra respuesta a los inmensos desafíos actuales en materia de inmigración.

¿No es cierto que cuando se trata de amar, primero debemos comenzar por los más cercanos y luego cuidar a los más lejanos, como ha dicho el vicepresidente de los Estados Unidos?

RG: En su carta a los obispos estadounidenses, el Papa Francisco disipa y descarta una interpretación formalista del “amor al prójimo” que fácilmente conduce a una especie de individualismo expansivo. En efecto, en la carta, el Papa afirma de manera muy concisa algo que ya ha explicado muchas veces en otros lugares, en fiel continuidad con el Evangelio, los Padres y Doctores de la Iglesia y el Magisterio papal anterior: ¡debemos amar al prójimo!

Pero ¿quién es nuestro “prójimo”? Esta pregunta es fundamental.

El vicepresidente Vance intentó responderla mediante un modelo de círculos concéntricos, por decir lo menos, incompleto. La pregunta sobre la esencia de la noción de “prójimo” fue planteada a Jesucristo por un Maestro de la Ley, como podemos ver en el Evangelio de Lucas, capítulo 10. La respuesta de Cristo fue precisamente la parábola del Buen Samaritano. En su exégesis del Buen Samaritano en el extraordinario Capítulo II de Fratelli Tutti, el Papa Francisco explica extensamente el criterio supremo que está en la raíz de cualquier comprensión legítima del ordo amoris.

¿Estaría de acuerdo con esto San Juan Pablo II?

RG: En mi opinión, San Juan Pablo II estaría completamente de acuerdo con el Papa Francisco. De hecho, en su mensaje de Cuaresma de 1982, trata directamente esta cuestión. Además, como filósofo, Karol Wojtyla, en cierto modo, abordó la misma cuestión al formular la validez universal de la norma personalista de la acción: “Persona est affirmanda propter seipsam!” – ¡hay que amar a la persona por sí misma y nunca utilizarla como un mero medio! Este principio moral no admite excepciones y está en la base de la actual crítica pontificia a la “cultura del descarte”.

¿Cómo debemos aplicar este principio a la situación de los millones de inmigrantes indocumentados en los Estados Unidos?

RG: En cualquier estado gobernado por el estado de derecho, una persona debe tener siempre protección legal, incluso si entró al país de manera irregular. Esto es muy importante. La norma positiva no es el fundamento de la dignidad humana. Al contrario, la dignidad es el fundamento de los derechos humanos. Y los derechos humanos son, por su naturaleza, anteriores a las leyes del Estado. Todo ser humano, en cualquier circunstancia en que se encuentre, es persona y, por tanto, sujeto de derechos inalienables. Las leyes deben reconocer este principio para ser consideradas justas. Por eso, los especialistas en migración suelen reconocer que no existen “personas ilegales”. Toda persona es “legal”, es decir, un bien jurídicamente protegido por el mero hecho de “ser persona”. La situación jurídica irregular de un migrante que ha entrado clandestinamente en un país debe ser regulada de acuerdo con la ley. Si un migrante irregular comete un delito, debe ser tratado con “el debido proceso”. Si un migrante irregular no comete un delito, debe ser tratado con respeto y con comprensión de su condición particularmente vulnerable. Por otra parte, la Doctrina Social de la Iglesia siempre ha señalado que es necesario afrontar las causas estructurales que están en el origen de la necesidad de migrar o de buscar refugio. Esto implica la necesidad de promover el desarrollo humano integral en los países de donde parten los migrantes, tanto por parte de ellos como de la comunidad internacional.

Algunos críticos del Papa Francisco han argumentado que fue demasiado lejos al afirmar que Jesucristo era un migrante similar a los migrantes de hoy. ¿Es esto correcto?

RG: El Papa Francisco, con gran agudeza, citó a Pío XII, quien sostuvo en su Constitución Apostólica sobre estos temas que la familia de Nazaret es el modelo, ejemplo y consuelo de los migrantes y refugiados de todas las épocas. Me agradó que, al final de la página, el Santo Padre también haya colocado la cita original en latín del Papa Pacelli, para que su significado y contenido sean muy claros. Esta doctrina ha sido constantemente ratificada por el Magisterio de la Iglesia desde entonces.

Los sectores tradicionalistas de la Iglesia nos recuerdan constantemente que el Papa no es infalible en su enseñanza social o en sus decisiones disciplinarias y de gobierno. Argumentan que existe un derecho legítimo a disentir en estas áreas. ¿Cómo debe acoger un católico las enseñanzas que el Papa Francisco promulga en documentos como la carta dirigida a los obispos de Estados Unidos?

RG: El tema de la obediencia al Magisterio requeriría una explicación extensa, que no podemos dar en el marco de esta entrevista. Sin embargo, brevemente señalaré tres cosas. En primer lugar, la carta que el Papa Francisco envió a los obispos de Estados Unidos es verdadero Magisterio ordinario. En segundo lugar, está plenamente vigente el canon 752, que enseña: “Se ha de prestar un asentimiento religioso del entendimiento y de la voluntad, sin que llegue a ser de fe, a la doctrina que el Sumo Pontífice o el Colegio de los Obispos, en el ejercicio de su magisterio auténtico, enseñan acerca de la fe y de las costumbres, aunque no sea su intención proclamarla con un acto decisorio; por tanto, los fieles cuiden de evitar todo lo que no sea congruente con la misma”.

¿Cuál fue el tercer punto?

RG: Hay, de hecho, algunos sectores eclesiales que se consideran “más fieles a la Tradición”. La verdadera Tradición en la Iglesia es la Tradición apostólica, y no la que esta o aquella sensibilidad “tradicionalista” define como tal. Cualquier forma de “tradicionalismo” que no tenga esto en cuenta llega rápidamente a callejones sin salida, negando, por ejemplo, la autoridad del Concilio Vaticano II o de los Papas postconciliares.

En otras palabras, la guía del Magisterio de la Iglesia es decisiva para una adecuada interpretación de la auténtica Tradición apostólica. Sin ella, se favorece la constitución de una especie de “nuevo protestantismo” —conservador, pseudotradicionalista, ajeno a la verdadera Iglesia—. Por eso, en ocasiones, me parece pertinente y pedagógico recordar a quienes adhieren a estas nociones un breve texto de un autor particularmente citado por ellos:

“Cuando se ama al Papa, no se discute sobre lo que Él dispone o exige, o hasta dónde debe llegar la obediencia, y en qué cosas hay que obedecer; cuando se ama al Papa, no se dice que Él no ha hablado con suficiente claridad, como si Él estuviera obligado a repetir al oído de todos esa voluntad claramente expresada tantas veces no sólo de voz, sino por cartas y otros documentos públicos; no se ponen en tela de juicio sus órdenes, dando el pretexto fácil de quienes no quieren obedecer, de que no es el Papa quien manda, sino quienes lo rodean; no se limita el campo en el que Él puede y debe ejercer su autoridad; no se antepone a la autoridad del Papa la de otras personas por doctas que sean que disienten del Papa.” (Discurso del Santo Padre San Pío X a los sacerdotes de la Unión Apostólica, 18 de noviembre de 1912).

Ese texto es muy incisivo.

RG: Lo es. Es muy fácil ser fiel al Papa cuando pienso que está de acuerdo con mis ideas, con mis prejuicios y con mi modo subjetivo de entender la fe. Sin embargo, el Sucesor de Pedro es un custodio de la objetividad de la fe. Nos educa y nos corrige. El Papa —sea quien sea— es la ayuda providencial que Dios da para guiar a la Iglesia en cada momento de la historia. Así como agradecemos el don de San Juan Pablo II o del Papa Benedicto XVI, hoy estamos llamados a acoger la persona y la enseñanza del Papa Francisco, que ha tenido el enorme mérito de invitarnos a todos a una recepción más profunda del Evangelio y del Concilio Vaticano II.

¿Definiría usted a Francisco como un Papa “providencial”? ¿Qué cree que nos depara el futuro? RG: El Papa Francisco es, sin duda, un Sucesor “providencial” de Pedro. La Providencia —dice Santo Tomás de Aquino— es la “prudentia Dei”, la prudencia de Dios. Y la prudencia de Dios siempre nos tiene reservadas sorpresas.

Sobre el autor:

Rodrigo Guerra López es secretario de la Comisión Pontificia para América Latina.

Originario de Ciudad de México, se licenció en Filosofía por la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP); posteriormente obtuvo el grado superior en Humanismo Universitario por la Universidad Iberoamericana (México) y el doctorado en Filosofía por la Academia Internacional de Filosofía del Principado de Liechtenstein.

Ha desempeñado el cargo de coordinador académico del Instituto Pontificio Juan Pablo II de la Ciudad de México y ha sido profesor de metafísica, bioética y filosofía del derecho en la Universidad Panamericana, México. En 2013 impartió las Conferencias Conmemorativas Karol Wojtyla en la Universidad Católica de Lublin, Polonia.

De 2004 a 2007 dirigió el Observatorio Socio Pastoral del Consejo Episcopal Latinoamericano. En 2008 fundó el Centro de Investigación Social Avanzada (CISAV), del que es profesor-investigador de la División de Filosofía y miembro del Consejo de Gobierno.

Es miembro de la Comisión Teológica del Consejo Episcopal Latinoamericano y de la Pontificia Academia para la Vida, y autor de numerosas publicaciones en el campo de la antropología, la bioética y la filosofía social.

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