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Pessoa y Ratzinger

Hace muchos años, yo, fan de Fernando Pessoa que era (y que soy aún), fui a una librería y me compré todos los libros que encontré de él, sin mirarlos ni ojearlos. Sólo los compré. Ya había leído el Libro del desasosiego y el de La hora del Diablo para sentir que todo lo que escribiera me iba a gustar. Pero, como es mi costumbre, no los leí en ese momento. Los dejé en mi librero para leerlos en otra ocasión. Y así pasaron los años, diez, quince quizás, y yo no me decidía a tomar y leer los libros. 

Así, hasta que llegó la pandemia. Con la pandemia encima de nosotros, decidí dejar de comprar libros y sólo leer lo que ya tenía. Y qué mejor que comenzar con el gran Fernando Pessoa. Así que busqué los libros que había comprado hace años, que afortunadamente aún tenía, y los empecé a leer y descubrí qué había adquirido en realidad. 

De los libros que compré, dos eran de poemas, gloriosos poemas, hay que decirlo. Pero uno, El regreso de los dioses, resultó ser de ensayos. Yo sabía que Pessoa era ensayista, pero, de haber sabido que era de ensayos, no creo haberlo comprado, la verdad. El chiste es que ya lo tenía, y lo leí. 

El libro, que cuenta con la fabulosa prosa de Pessoa, resultó ser una apología al paganismo, neo paganismo, para ser exactos, y una crítica al cristianismo. En pocas palabras, Pessoa dice que las grandes religiones van de salida, y los dioses, el paganismo, vienen de regreso. Tiene frases como: “El odio entre católicos y protestantes, o entre católicos y masones, o entre cristianos y librepensadores modernos, todo esto tiene la ferocidad y lo disparatado del odio entre sectas de la misma religión”. Y otras como: “Con el asedio y la decadencia de la religión cristiana, con su debilitación, sobre todo, de su poder en los espíritus, y de su valor en las evaluaciones de la vida social (…) sucedió que muchos espíritus intentaron, en cuanto les era posible, reconstruir el sentimiento pagano”. 

Leí el libro con asombro, pero también con recelo. El cristianismo, en su conjunto, cuenta, según datos que he leído, con un tercio de la población mundial ¿Paganismo? ¿Dónde? Al menos, eso pensaba yo. 

Luego, otro día, de otro mes, estaba en casa de mis padres y miraba el librero de mi mamá. Cosa que hago a menudo (con el librero de mamá, y con todo librero que me topo en la vida) Y me encontré con otro libro: Ser cristiano en la era neopagana, de Joseph Ratzinger. Cardenal todavía cuando publicó ese libro allá por el año 1994. Obviamente me llené de intriga. ¿Era neopagana? ¿El cristianismo a contracorriente? Bueno, sólo hay una manera de averiguarlo. Leyendo el libro.

Así que lo leí también. En él, Ratzinger habla sobre muchas cosas, y da un diagnóstico sobre el cristianismo de hace ya varias décadas, pero, siento yo, vigente todavía. Contiene temas como el anhelo del regreso a la Europa Católica, la gran disyuntiva entre las nuevas formas de vida y las cristianas y cómo llevar una vida plenamente cristiana en estos tiempos contemporáneos, entre otros temas. Por ejemplo, contiene frases como: “Existe una diferencia fundamental entre el programa moral del cristianismo y las ideas actuales sobre la vida”. Y otras como: “Podría decirse que así como los hombres en Occidente se han cansado de la religión y la fe, la tercera generación en la Unión Soviética se ha cansado del ateísmo, pues logra descubrir en aquellas un elemento de esperanza”.

Yo estaba asombrado. Pessoa escribió su libro a principios del siglo XX y nunca vio la luz durante su vida. En español se publicó hasta 1986. ¿Será que Pessoa tiene razón?

Ahora bien. A veces creo que neopagano quiere decir todo lo que no pertenece a una gran religión. Es decir, si haces yoga, no sabes en qué crees y no vas a misa, eres neopagano. Ergo, no necesitas creer en dioses antiguos para esto. Si vamos a la RAE por definiciones, encontramos que pagano quiere decir: “Que no es cristiano ni de ninguna de las otras grandes religiones monoteístas. Especialmente referido a los antiguos griegos y paganos”; y “dicho de una persona: Que no ha sido bautizada”. 

Y no hay definición de neopagano. 

Lo que no entiendo es: ¿Vamos para adelante o para atrás? Si el mundo avanzó con el cristianismo, ¿seguirá avanzando con el neo paganismo? ¿Qué está pasando? ¿Y dónde están todos esos neopaganos? 

Ratzinger dice: “Europa está hoy a punto de volver a ser de nuevo pagana”. Esto lo dijo hace casi treinta años. Y luego, algunas líneas después, agrega: “(…) muchos prefieren refugiarse en lo esotérico, en lo mágico, allí donde parece abrirse la atmósfera del misterio”. 

Y puede ser. La Iglesia ha perdido el monopolio de la imaginación espiritual. No sé si para bien o para mal, pero el mundo de ángeles y diablos rondando por la tierra, buscando almas perdidas, ya pocos lo creen. ¡Y deja tú que ya no haya temor de Dios, ya no hay temor del infierno, ancla importantísima del cristianismo!

“Somos pocos, los suficientes para no ser ningunos, pero puede ser que mañana vengan a nuestro encuentro aquellos a quienes hablamos la lengua olvidada de la civilización”, dice Pessoa en algún momento de su libro. Y parece que fue profeta. 

MDNMDN