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Meditación sobre la desesperanza

Meditación sobre la desesperanza

Por Pbro. Mario Arroyo

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Hechos lamentables, como la legalización del aborto en México o la implantación de un régimen comunista en el Perú o, más cercanamente, la aparente ineficacia de las oraciones para pedir por enfermos de COVID-19 o de otra enfermedad, nos dejan sentir con fuerza perturbadora la tentación de la desesperanza.

Más de una persona me ha planteado, dolorida, si Dios nos ha abandonado, si escucha nuestras oraciones, si de algo nos sirve rezar o, en los casos más extremos, si Dios existe, o  no será más bien que todo es fruto del ciego azar.

Van estas líneas con la esperanza de que, sin perder el realismo de su cruda verdad, arrojen una luz tenue pero consistente de esperanza, concretamente frente a la reciente legalización del aborto en México. Legalización a al que mucha gente se opuso participando cívicamente para garantizar la protección de la vida humana desde el momento de la concepción. Estas modestas reflexiones pueden extenderse a los demás rubros “desesperanzadores”, y quieren ser el esbozo de una “teología de la esperanza”.

¿A qué da lugar esta realidad perturbadora? A la sospecha de la banalidad de los esfuerzos y las luchas humanas por defender la dignidad de la vida humana, de toda vida humana desde el momento de la concepción. De pronto nos sentimos ingenuos peones en un tablero en el que nuestras convicciones cívicas, ciudadanas, cuentan poco o nada; y donde todo lo deciden oscuros y omnipresentes poderes que manejan la sociedad como a una marioneta. Es la frustración de la impotencia frente a la prepotencia del poder económico o mediático, que vuelve aparentemente ridícula e insignificante nuestra participación ciudadana, por más sacrificada y convencida que sea.

En situaciones así ¡cómo echamos de menos figuras como las de san Juan Pablo II! que con fuerza y convicción puedan gritar a los cuatro vientos: “¡no tengan miedo!”

No tenemos ahora a un san Juan Pablo II, pero siguen siendo válidas sus palabras,  y sigue siendo  eficaz la oración, pues como dice la Escritura Santa “no se ha empequeñecido la mano del Señor” (Isaías 59,1). Lo cierto es que los parámetros del Señor no son los nuestros; “sus caminos no son nuestros caminos” parafraseando al profeta Isaías (cfr. Isaías 55,8). Para Dios “mil años son como un día y un día como mil años.” (2 Pedro 3, 8) Dios nos invita a seguir trabajando con fe, fe que “es la seguridad de las cosas que no se ven” (Hebreos 11,1) con esperanza, con visión de eternidad, que es la visión de Dios; de forma que poco a poco, a pesar de los constantes descalabros —pareciera que el catolicismo social está en permanente retirada— nos volvamos “inasequibles al desaliento”, en expresión de san Josemaría.

Es lógico que hechos como estos nos duelan. Los miles, quizá millones de niños que no alcanzarán a ver la luz  gritan clamando justicia. La justicia que nosotros, por ahora, somos incapaces de garantizar y que, en expresión del Papa Emérito Benedicto XVI “sólo Dios puede crear”. Las injusticias nos pueden doler, nos pueden pesar, pero no nos debieran sorprender. Un atento examen de la Sagrada Escritura nos enseña que esto ya estaba previsto. Basta mirar la Segunda Epístola a los Tesalonicenses o el Apocalipsis para caer en la cuenta de que no nos estamos saliendo del guion, y de que continuamos siendo protagonistas.

Farol Buenos Aires. Foto: Mariana Barry.

Es duro, pero es  parte de la revelación, de aquellas verdades inconmovibles que Dios en su infinita sabiduría ha querido comunicarnos: “primero tiene que venir la apostasía, y manifestarse el Hombre impío, el hijo de la perdición… el misterio de la impiedad ya está actuando” (2 Tesalonicenses 2, 3-7) Primero viene el desbordarse de la iniquidad —creo que eso es lo que estamos viviendo ahora.

Ahora bien ¿qué es lo que nos toca a nosotros? “mantenernos firmes”, o como dice el Apocalipsis: “Aquí se requiere la paciencia y la fe de los santos” (Ap. 13, 10). Por eso, no debemos desertar del mundo al que amamos.

En esta palestra Dios nos forja, nos hace crecer, desarrolla nuestra paciencia, mientras sucede lo que ya estaba profetizado en el Apocalipsis (22, 11): “Que el injusto siga cometiendo injusticias y el manchado siga manchándose; que el justo siga practicando la justicia y el santo siga santificándose”. Ahí entramos nosotros, siendo justos, santificándonos, y esperando con humildad una salvación que no será obra de nuestras manos, sino de las de Dios. Por eso podemos seguir fortaleciendo nuestra esperanza.

¿Qué hacer entonces? Seguir trabajando, con la esperanza puesta en Dios y una sonrisa en los labios, amparados en las frases de la Escritura: “mis elegidos no trabajarán en vano” (Isaías 65, 22-23) y “conscientes de que vuestro trabajo no es vano en el Señor” (1 Corintios 15,58) Sabiendo que a través de muchas derrotas al final la victoria es de Dios.

¿Y ante el desaliento presente por las batallas perdidas? Recordemos las bellas palabras de Nican Mopohua: “¿no estoy yo aquí, que soy tu Madre, no estás por ventura en mi regazo y entre mis brazos?, ¿qué más necesitas?”

Meditación sobre la desesperanza

La falacia de supresión de pruebas y sus repercusiones

Por Patricia Cocom Góngora
Mtra. Ciencias de la salud y patología experimental

La falacia de supresión de pruebas, también conocida como falacia de evidencia incompleta o cherry picking (que se traduce del inglés como selección de cerezas), se da cuando de manera deliberada se seleccionan ciertos datos, información o argumentos que nos ayudan a respaldar una postura, ignorando de este modo las evidencias que contradicen esos supuestos.

En la ciencia este error lógico puede darse como resultado de formular hipótesis. Después de que se conocen los resultados (en estos casos) los investigadores buscan datos que respalden una hipótesis inicial con el fin de dar mayor peso y validez a su investigación, sin importar el sesgo en los resultados finales. No hay que olvidar que como parte del método científico es necesario aportar hipótesis o conjeturas a probar durante el desarrollo de una experimentación, estas hipótesis son las que dictan por donde irá la investigación, dependiendo si se trata de probarlas o refutarlas.

El manipular las evidencias en ciencia pude ser debido a múltiples causas, como conflictos de intereses, asegurar ciertos resultados para obtener publicaciones o reconocimientos en el gremio científico, asegurarse de conseguir fondos económicos, entre otros.

Evidentemente, estamos ante una postura antiética de investigadores que pasan por alto el método científico, los reglamentos de los centros de investigación, engañando primeramente a colegas e inversores, aportando un sesgo a los resultados que son cuestionables, pudiendo crear falsas expectativas sobre un tema en específico, ya que otros científicos pueden verse inducidos a replicar esa investigación o bien darle continuidad, usando los tiempos y recursos limitados que tiene la ciencia, especialmente en países subdesarrollados como México.

Este tipo de falacia en ciencia ha sido denominada como “La escoba de Occam”,  el principio por el que hechos inconvenientes se ocultan bajo una alfombra con la intención de dar una interpretación clara de una realidad que es cuando menos confusa. Esta es una mala aplicación de la navaja de Occam, que es un principio que indica que, ante una igualdad de condiciones, se debería preferir la hipótesis que necesita una menor cantidad de suposiciones.

Esto nos lleva a pensar si la falacia de supresión de pruebas en la ciencia se lleva a cabo en todos los casos, por ignorancia, una mala intención o un subconsciente que nos traiciona, imaginemos por ejemplo que un investigador labora en Nigeria, el país más pobre de África subsahariana, y desea realizar una investigación sobre la fiebre de Lassa, una enfermedad reciente que cursa por fiebres y hemorragias mortales. La probabilidad de tener financiamiento extranjero no es solamente poca, sino que es nula, pues los países desarrollados patrocinan investigaciones que afectan a sus ciudadanos, o bien para probar medicinas en experimentación y que promueve el crecimiento de la industria farmacéutica, una rama millonaria que realiza medicinas para aquella población que tenga los recursos para comprarlas. 

¿Qué debería hacer este investigador si quiere estudiar esta enfermedad? Tal vez debería buscar alguna relación con enfermedades del primer mundo o bien investigar si ha afectado a extranjeros, si los hallazgos hasta el momento son útiles para encontrar vacunas, manipular organismos, etc. 

Foto: Karolina Grabowska

Y es que para ser sinceros tampoco sería conveniente hacer todo lo contrario a esta falacia, porque ¿Quién en su sano juicio iniciaría una investigación científica sobre un aspecto en el cual todo parece resuelto o la probabilidad de resolverlo es nula? Buscar el justo medio presentando pruebas a favor y en contra, analizando los costos y beneficios, son los que deben primar para la realización de un proyecto de investigación en el área de la salud.

Hay que analizar que una investigación científica requiere de una gran inversión en tiempo, esfuerzo, recursos humanos, permisos, pasar controles bioéticos, inversiones millonarias. Investigaciones como las vacunas y medicamentos en general llevan años de experimentación: primero en cultivos celulares, después en ratas y ratones, animales más grandes como gatos, perros, chimpancés, antes de llegar a las personas, después de un análisis costo-beneficio.

Por ejemplo, la vacuna contra el covid-19 se ha realizado en un tiempo extraordinario ante la emergencia mundial y la pérdida inminente de vidas humanas, afectaciones económicas, etc. Ante estos casos, los científicos no pueden titubear ni planificar a gran escala, deben trabajar ante una gran presión, tomando las mejores decisiones.

Podremos imaginarnos ahora que la decisión de qué pruebas aportar para una hipótesis es diferente estando en un flamante laboratorio de primer nivel de una empresa multimillonaria, al de un investigador solitario en África.

También podríamos meditar sobre el proceso de aporte de pruebas, ya que en este mundo donde la información que se genera día a día es incalculable, es humanamente imposible poder entender, revisar, tener acceso a la cantidad de investigaciones y hallazgos hasta el momento generados, para ello tendríamos que hablar muchos idiomas, tener una formación multidisciplinaria, experiencia científica y años invertidos sólo para poder generar una hipótesis que más se acerque a nuestros entendimiento y a la información revisada. Eso obviamente es imposible de pensar, la ciencia debe avanzar junto con la tecnología, debemos limitar la investigación preliminar a ciertos autores, revistas de prestigio, recomendaciones e intuiciones para tener un número de revisiones suficiente, para ensamblar una hipótesis válida.

Viéndolo de esta forma es imposible omitir por completo caer en la falacia de supresión de pruebas, ya que es inviable presentar todas las pruebas a favor y en contra conocidas hasta el día de hoy, por las limitaciones humanas, tecnológicas y temporales ya mencionadas.

Comprender de forma más profunda y en todas sus vertientes a este tipo de falacia, no ayudará a emprender proyectos científicos más sustentados, también a cuestionar y analizar las hipótesis que originan tal o cual resultados.

Entender las causas que nos llevan a caer en esta falacia, podría servir para tomar en cuenta estos factores ante el aporte de pruebas, como trabajar con un equipo multidisciplinario de diferentes niveles de experiencia, manejar mejor la búsqueda de datos y el uso de la tecnología, apoyarse en colegas de otros países para obtener puntos de vista diferentes, que aporten a nuestro conocimiento y entendimiento de las complejas problemáticas que dan origen a las investigaciones científicas en el área de la salud.

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