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¿Día de la Filosofía? ¿Y para qué?

por | Nov 24, 2023 | 0 Comentarios

Desde 2005, cada tercer jueves de noviembre se celebra el Día Mundial de la Filosofía por iniciativa de la UNESCO.

En este artículo quiero hacer una revisión de los motivos por los cuales define la UNESCO que el 16 de noviembre de este año se conmemoró por decimoctava vez a la filosofía. Por otro lado, quiero revisar si estos motivos son claros y valiosos para propiciar un examen sobre lo que estudié y, quiero pensar, ejercito profesionalmente.

Estudié filosofía como carrera universitaria y mientras estudiaba tuve varias dudas respecto a lo que hacía y se supone que quería aprender. No obstante, siguiendo una vía anti-Cartesiana hay puntos de los que en mi experiencia creo que no podemos “dudar”, porque no vale la pena hacerlo. Y esto es distinto de aquellos otros puntos respecto a los cuales sí vale la pena “sospechar”

Rene Descartes (1596-1650), filósofo que propuso la Duda Metódica como base del ejercicio filosófico.

No podemos dudar que hay un conjunto de vocabularios, que constituyen las diversas tradiciones de la “filosofía”. Tampoco, que hay un conjunto de preguntas que guían nuestra investigación sobre las tradiciones y problemas que nos acontecen. Y también, ciertas fuentes relevantes que destacan en su literatura. El método, ya lo define con cierta obscuridad Aristóteles en los Tópicos, es la inferencia y la argumentación. 

No creo necesario proponer el “análisis filosófico” como método. Aunque sí una “actitud filosófica” que guie como una “ética de la investigación” y hasta una forma vaga de “hacer bien las cosas” o cierto “modo de vida”.

En lo personal, sospecho de todas las investigaciones que en su nombre justifican su campo en la filosofía añadiendo: “análisis filosófico” o “aproximación filosófica”. Esto no significa que descarte su valía por ello, pues a menudo el “nombre” es sólo un infortunio.

En su “Mensaje (…) con Motivo del Día de la Filosofía” del 2022, de una sola página de extensión, Audrey Azoulay, quien es Directora General de la UNESCO, rescata ambos elementos de mi definición: “la filosofía se alimenta de las tradiciones de todo el mundo”; y, es “un ejercicio vivo de cuestionamiento” para definir lo que es, podría y queremos que sea el mundo.

Además, define que el valor de la filosofía reside en el “enfoque” que nos ayuda a enfrentar los cambios y posicionarnos ante la incertidumbre .

Como frutos de la UNESCO con este enfoque, Audrey Azoulay ejemplifica la “Declaración del Genoma Humano y los Derechos Humanos (1997), y la “Recomendación sobre la Ética de la Inteligencia Artificial” (2022). Se trata de dos casos interesantes de frutos con los que la “actitud filosófica” ha impactado en el mundo contemporáneo.

En su “Mensaje” de 2022, Audrey sugiere que estos frutos son resultado de nuestra respuesta a ¿qué significa ser humanos? Pregunta que sólo puede responderse con precisión y completitud en una argumentación que conecta las diversas perspectivas humanas y un punto de partida “ecologista”.

Lo anterior no sólo implica una apertura a la pluralidad de tradiciones, sino también a las diversas investigaciones actuales a partir de las cuales, nos dice Audrey, la “reflexión puede traducirse en acción”. 

A menudo, “El Pensador (Le Penseur)” de Auguste Rodin (1840 -1917) se vuelve una caricatura de la filosofía, ¿realmente es un símbolo valioso y preciso para los filósofos y las filósofas actuales?

En particular, esta última parte me impresiona por su sencillez y por la descripción de nuestra responsabilidad como filósofas y filósofos. Audrey destaca que esta responsabilidad implica aprender a enseñar “las herramientas de la filosofía para reinventar un mundo común, desde la más temprana edad”

Entonces, la responsabilidad de los filósofos y las filósofas no sólo se da respecto a la solidez y practicidad de sus investigaciones, al ponerlas en el ruedo con las investigaciones de otras disciplinas; sino también respecto la enseñanza efectiva de las mismas.

Los filósofos pragmatistas como Dewey y Peirce destacan que la cooperación intelectual y la enseñanza son ejercicios que potencian los “frutos filosóficos”, porque impulsan el aprendizaje y aclaran el vocabulario de nuestras investigaciones.

Precisamente desde ahí se da la definición de la “Proclamación del Día Mundial de la Filosofía” de 2005 por la UNESCO: “disciplina que estimula el pensamiento crítico e independiente, capaz de actuar en favor de una mejor comprensión del mundo y de promover la tolerancia y la paz” (p. 5).

No sostengo que la estimulación del “pensamiento independiente” sea la finalidad de la filosofía. Al contrario: sostengo, parafraseando mis lecturas de Peirce, que la filosofía potencia nuestros “instintos sociales“. Esto es un infortunio en la definición de la UNESCO y propiamente no es lo que se dice en la misma.

Por lo mismo, coincido en que el hábito filosófico, en su propagación social, significa actuar en favor de una comprensión de un mundo “bueno“, con la que se promueve la tolerancia y la paz entre las personas. Esto es “filosófico”; pero es, más bien, común al proyecto humano. 

En su ensayo de 1891, “El Filósofo Moral y la Vida Moral”, William James se esfuerza en colocar el poder de la investigación filosófica ante la vida humana: ¿cuál es la autoridad de los filósofos y filósofas al prescribir lo que es bueno? La conclusión: la investigación filosófica está sujeta a los procesos sociales y forma parte de algunas de sus transformaciones morales.

Y ya que toda la humanidad formamos parte de un experimento complejo y falible, de interacciones y correcciones que llamamos “moralidad”; no podemos observarnos bajo el ojo de la “autonomía” respecto al resto de nuestros coetáneos ni de nuestros antepasados. 

De manera que la moralidad no es traslúcida al ojo de una “conciencia”, ni mucho menos la tenemos los filósofos y las filósofas, sino que se ha construído históricamente y continúamos construyéndola socialmente mediante apuestas que medimos por sus consecuencias en nuestras interacciones con otras personas. 

Ciertamente, esto indica la necesidad que subraya Audrey de transformar la “actitud filosófica” en dispositivos accesibles (y aquí implico: claros) que sirvan para guiarnos en la experimentación de este mundo común y hacerlo “bueno”.

Tal es la utilidad de que quienes investigamos, nos esforcemos en hacernos entender y comunicarnos cuando apostamos por la precisión de las palabras, para aclarar el diseño “moral” de nuestras interacciones sociales y valorar la dirección que llevamos. No somos infalibles, sino filósofos.

Este trabajo no es propio de quienes estudian alguna carrera que se llame “humanidades” o “filosofía”, sino de cualquier persona interesada en que como humanos nos vaya bien y tenga una convicción estructurada al respecto. Así, al parecer del filósofo Peirce, en el siglo XIX y XX la filosofía y la ciencia cambiaron de cunas: ¿podríamos llevar esto aún más lejos?

Peirce distingue al filósofo del científico de su época por la “voluntad de aprender” de los segundos. Estos son los genuinos filósofos. Por otro lado, Peirce define a los renombrados filósofos de su época como meros “recolectores” de todo lo que creen que vale la pena saber. Incluso: como investigadores que pretenden la novedad con métodos para fijar sus creencias que distan mucho del desarrollo empírico de una investigación.

Extendería este argumento a lo que filósofos como Quine y Pereda advierten: no todo lo que es verdad o podría serlo, vale la pena. Creo que esto tendría que impulsarnos a cambiar nuestra disposición hacia ciertas fuentes y tendencias de la investigación filosófica actual.

El “Mensaje” de Audrey, Directora General de la UNESCO, me resulta suficiente como un llamado a la acción para los filósofos y las filósofas actuales. Acepto los claroscuros de su mensaje como los comienzos de un camino que nos aclara suficientemente para definir lo que los filósofos y filósofas podemos ser.

La filosofía no consiste en “idealizar” la realidad, o, verla desde un conjunto de palabras o fragmentos de algún filósofo o filósofa “clásicos”. Directamente me atrevo a decir que no podríamos decir que quienes ven o practican la filosofía de este modo, lo son genuinamente; o, por lo menos, útilmente.

En mi opinión, defender una Filosofía “pragmatista” o que “produce cosas” (más aún: “cosas buenas”) es una incurrencia en la redundancia.

“These things ought ye to have done, and not to have left the others undone” palabras de John Dewey (1859-1952) en Democracia y Educación de 1916. En español: “Estas cosas debemos hacerlas nosotros y no dejarlas sin hacer a los otros”.

Por ello, me rehúso a adoptar cierto nombre romántico y abiertamente feo que se hizo famoso entre mis compañeros y compañeras de carrera: “filo-filósofos”. Esto es: no pretender ser filósofos o filósofas, sino aceptar estar al margen de serlo. Los gérmenes de esta propuesta pueden encontrarse en la “Crítica de la Razón Pura” (1781) de Kant.

Sin embargo, creo que el ejercicio filosófico ya comprende un margen entre el conocimiento y la verdad, entre la incertidumbre y el deseo del bien. Tal parece ser la raíz del mito de Pitágoras quien se llamo a sí mismo “filósofo” y no “sabio”.

De este modo, invito a que tomemos nuestra responsabilidad y dejemos de cavilar tanto sobre ¿Qué es filosofar?¿Cómo podríamos filosofar? Ya hay mucho escrito al respecto, diría John Dewey. Y una página podría ser suficiente para aclararlo, como creo que Audrey logra en su “Mensaje” del 2022. Lo que falta es hacer filosofía, producir frutos, y dialogar y enseñar para aprender a propagar este ejercicio genuinamente en nuestras comunidades.

Binnui Navarro Romo

Binnui Navarro Romo

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