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El Rey de los Elfos: entre la razón y la imaginación

por | Jun 17, 2021 | 0 Comentarios

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La mitología germano-danesa tiene una figura muy relevante para la literatura universal, al grado que ha sido reinterpretada en otras obras literarias y musicales: el Rey de los alisos. Los alisos son unos árboles, parientes de los abedules, muy importantes para la mitología nórdica que considera que los primeros hombres fueron creados a partir de alisos y fresnos ¿Quién es el Rey de los alisos? Se trata del Rey del bosque. Johann Gottfried von Herder se inspiró en este personaje y escribió un poema Ellerkang, usando la palabra en danés. Goethe cambió el término en su poema y lo renombró como el Rey de los Elfos (Der Erlkönig) y lo incorporó a la opereta La pescadora.

La historia dice que Goethe se inspiró, para escribir su famoso poema, en la leyenda nórdica y en una experiencia propia. La leyenda cuenta que todo aquel que toque al Rey de los Elfos morirá. Cada vez que el Rey de los Elfos se aparece es un presagio de muerte: si su expresión es pacífica augura una muerte tranquila, mientras que si su expresión luce malvada, se tratará de una muerte dolorosa.

Sobre la vivencia de Goethe dicen que una noche obscura –y seguramente fría– Goethe visitaba a un amigo, cuando vislumbró una figura cabalgando. La misteriosa imagen cargaba un bulto. Goethe se enteró que se trataba de un granjero que llevaba a su hijo en brazos y cabalgaba a toda velocidad en busca de un médico.

Este poema en específico ha influido en el imaginario musical, varios compositores lo han musicalizado, pero la composición más importante es la de Franz Schubert de 1815. Schubert compuso más de 140 piezas y en ese momento eligió al barítono Michael Vogl para interpretar varias de ellas, la interpretación de Erlkönig fue especialmente aclamada. El galope del caballo se representa con las notas graves y constantes del piano, las notas ascendentes y descendentes dan la sensación de movimiento, y que aumentan en la última estrofa para detenerse bruscamente en el desenlace.

Vídeo Erlkönig Schubert animación Ben Zelkowicz

Otra interpretación es la del padre del rock alemán Achim Reichel, fundador de la banda The Rattles que tocó junto con los Rolling Stones y los Beatles. Reichel no solamente se ha interesado por el rock, sino que también ha musicalizado canciones tradicionales y poesías alemanas. En el 2002 grabó el disco Wilder Wasserman en el que incluye la canción Erlkönig. Su interpretación es de mi favoritas; su voz ronca nos transmite la desesperación del padre y del hijo. Mientras que la amenaza del Rey de los Elfos se repite en el coro. 

Versión Erlkönig de Achim Reichel.

El poema comienza con una pregunta: ¿quién cabalga tan tarde casi atravesando la noche y el viento? Es un padre que sostiene firmemente a su hijo procurando darle calor. De pronto, la expresión del niño cambia, se espanta, y el padre pregunta qué sucede; a lo que el hijo responde con otra pregunta “¿Acaso no ves, padre, al Rey de los Elfos con su corona y su séquito?” El padre responde racionalmente que aquella aparición fantástica debe ser solamente la niebla. 

Mientras tanto el Rey de los Elfos le habla al niño: “Querido niño, ven conmigo. Jugaré lindos juegos contigo. Hay flores en la ribera y mi madre viste ropajes de oro”. La invitación del Rey parece atractiva, pero en lugar de seducir al niño lo asusta, con ansiedad clama a su padre, “¿padre, acaso no escuchas lo que susurra el Rey de los Elfos?” El padre intenta calmarlo porque seguramente lo que escucha es el sonido del viento entre las hojas. El Rey susurra de nuevo, “querido niño ¿no vendrás conmigo? Mis hijas te esperan y bailarán su danza nocturna para arrullarte.” El niño con ansiedad pregunta: “¿padre, no ves a las hijas del Rey de los Elfos bailando en ese lugar oscuro?” De nuevo la voz de la razón se alza y afirma: hijo mío, veo con claridad, son los sauces grises.

A continuación, el Rey de los Elfos profiere su amenaza: “te amo, me fascina tu hermosa figura. Y  si no estás dispuesto usaré la fuerza”. (”Ich liebe dich, mich reizt deine schöne Gestalt; Und bist du nicht willig, so brauch’ ich Gewalt.“)

El niño ya ha sido advertido y, con desesperación, grita a su padre que el Rey de los Elfos lo ha tocado y lo ha herido. El niño no habla más. Goethe describe lo que ocurrió, el padre tiembla y cabalga lo más rápido que puede. El niño gime entre sus brazos. Llega al pueblo con dificultad y urgencia. Pero entre sus brazos el niño yacía muerto.

Rey de los Elfos. Fresco Carl Gottlieb Peschel, Belvedere, 1840.

Goethe narra una historia, pero los diálogos también muestran la lucha entre lo racional y la fantasía o la imaginación, una contraposición fundamental para comprender el movimiento romántico.

Por un lado, el mundo fantástico nos muestra que el niño bien podría ver y escuchar al Rey de los Elfos no sólo como un presagio de muerte, sino como alguien que le quitaría la vida. En lugar de representarnos a la muerte como la parca con una hoz, aquí el Rey de los Elfos invita a jugar al niño, primero intenta convencerlo dulcemente, pero pronto cambia el tono.

Por otro lado, el padre es la voz de la razón, que encuentra una explicación razonable a cualquier aspecto fantástico. Lo que el niño escucha es el viento y lo que ve son los árboles, si acaso el niño viera al Rey de los Elfos, se trataría de una alucinación producida por la fiebre.

Para algunas personas resulta más sencillo dejarse arrastrar por lo sobrenatural, pero para otros es complicado y encuentran una justificación racional y casi científica para todo. Quizá el significado alude a un término medio, ni la pura razón, ni la pura imaginación. 

El Rey de los Elfos. Óleo Moritz von Schwind en Galería Belvedere.

La frase “y si no estás dispuesto usaré la fuerza” (Und bist du nicht willig, so brauch’ ich Gewalt.) es relativamente popular en Alemania; los niños leen el poema en el colegio y quizá esa es la parte que más les impresiona. No resulta extraño pues contiene una interpretación más oscura. La mitología apunta que los elfos son bastante longevos, aunque no pierden su aspecto juvenil. Es implícito que el Rey de los Elfos es un personaje adulto, que declara su atracción por un niño: “te amo y me fascina tu hermosa figura”.

A pesar de los juegos, los ropajes de oro, las flores y las danzas, el niño le tiene miedo al Rey de los Elfos y no quiere aceptar su oferta.  Es entonces que se inserta un componente violento: si no estás dispuesto a venir conmigo, entonces usaré la fuerza. Goethe escribe “so brauch ich Gewalt”. El término Gewalt tiene tres acepciones: violencia, poder o fuerza que se ejerce sobre alguien. El Rey de los Elfos está dispuesto a tomar aquello que desea usando cualquier medio. Es por ello que el niño irremediablemente morirá. Así pues los profesores enseñan la moraleja oculta a los estudiantes: no irse con desconocidos a pesar de las maravillas que les pueden ofrecer.

El padre cabalga a toda velocidad con su hijo moribundo en brazos, luchando contra el llamado de la temible aparición, una carrera contra una muerte inevitable. La razón lucha por explicar lo sobrenatural y aquello que resulta aparentemente inexplicable.

El padre quiere arrancar a su hijo de las garras de la muerte, bajo cualquier forma que se presente. Una cabalgata en medio de la oscuridad y en contra del fuerte viento, algo que cualquier padre haría por un hijo enfermo.

En ocasiones, no podemos correr y ocultarnos de lo inevitable, así como en ocasiones no podemos explicarlo. La razón y la imaginación confluyen en un mismo espacio. El padre no buscó explicaciones ante el cuerpo sin vida de su hijo. Simplemente, lo sostuvo en sus brazos. 

Johann Wolfgang von Goethe, óleo de Joseph Karl Stieler, 1828.

A continuación pueden leer el poema en alemán y la versión en español de Darío Valencia.

Erlkönig 
W. Goethe

Wer reitet so spät durch Nacht und Wind?
Es ist der Vater mit seinem Kind;
Er hat den Knaben wohl in dem Arm,
Er fasst ihn sicher, er hält ihn warm.

Mein Sohn, was birgst du so bang dein Gesicht? –
Siehst, Vater, du den Erlkönig nicht?
Den Erlenkönig mit Kron’ und Schweif? –
Mein Sohn, es ist ein Nebelstreif. –

„Du liebes Kind, komm, geh mit mir!
Gar schöne Spiele spiel’ ich mit dir;
Manch’ bunte Blumen sind an dem Strand,
Meine Mutter hat manch gülden Gewand.“ –

Mein Vater, mein Vater, und hörest du nicht,
Was Erlenkönig mir leise verspricht? –
Sei ruhig, bleibe ruhig, mein Kind;
In dürren Blättern säuselt der Wind. –

„Willst, feiner Knabe, du mit mir gehn?
Meine Töchter sollen dich warten schön;
Meine Töchter führen den nächtlichen Reihn
Und wiegen und tanzen und singen dich ein.“ –

Mein Vater, mein Vater, und siehst du nicht dort
Erlkönigs Töchter am düstern Ort? –
Mein Sohn, mein Sohn, ich seh’ es genau:
Es scheinen die alten Weiden so grau. –

„Ich liebe dich, mich reizt deine schöne Gestalt;
Und bist du nicht willig, so brauch’ ich Gewalt.“ –
Mein Vater, mein Vater, jetzt faßt er mich an!
Erlkönig hat mir ein Leids getan! –

Dem Vater grauset’s; er reitet geschwind,
Er hält in Armen das ächzende Kind,
Erreicht den Hof mit Mühe und Not;
In seinen Armen das Kind war tot.

El rey de los elfos

¿Quién tan tarde cabalga por entre la noche y el viento? 
Es el padre con su hijo; 
bien lo sostiene en sus brazos, 
con firmeza lo abraza, tibio lo mantiene. 

“Hijo mío ¿por qué con miedo escondes tu rostro?” “¿No ves, padre, al rey de los elfos?
¿Al rey de los elfos con corona y séquito?”
“Hijo mío, es solo niebla.” 

“Querido niño ¡ven conmigo! 
Contigo jugaré hermosos juegos; 
resplandecientes flores hay en la playa, 
dorada vestimenta tiene mi madre.”

“Padre mío, padre mío ¿no oyes 
lo que el rey de los elfos suavemente me promete?” “Cálmate, guarda la calma, hijo mío: es sólo el viento entre las hojas secas.”

“¿Vendrás conmigo, delicado niño? 
Mis hijas te colmarán de atenciones; cada noche mis hijas nos harán bailar, te arrullarán, cantarán y danzarán para ti.” 

“Padre mío, padre mío, ¿no ves allá entre las brumas a las hijas del rey?” 
“Hijo mío, veo muy bien los antiguos sauces ahora grises.” 

“Te quiero, me encanta tu hermosura, pero si no vienes te llevaré a la fuerza.” 
“Padre mío, padre mío ¡ya me sujeta! ¡El rey de los elfos me hace daño!” 

El padre se estremece, con rapidez cabalga, sostiene en sus brazos el gimiente niño, con dificultad alcanza su destino: 
el niño en sus brazos yace muerto.

Andrea Fajardo

Andrea Fajardo

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