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El teatro de Elena Garro, una mirada desde el otro lado

por | Jul 16, 2021 | 0 Comentarios

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@Spesetcivitas

Obras reunidas II: Teatro
Elena Garro
Fondo de Cultura Económica, 2009

Mi relación con Elena Garro es curiosa, pues lo único que conozco de ella es su producción teatral, y no como lector, sino como “actor” escolar. En la preparatoria, tomé clases de teatro y presenté alguna que otra obra en el auditorio de la escuela. A veces era el personaje principal, otras jugaba el papel del sujeto cómico y otras, como en el caso de “La dama boba” de Elena Garro , era el Jilote, un personaje ocasional sin mucha importancia pero que, quizá, fue mi favorito de todos los que interpreté en esos años.

La obra me había volado la cabeza, pese a que entonces no tenía gran sensibilidad literaria. Si bien el argumento no era nada del otro mundo, todo lo que ocurría, la magia y los diálogos, me parecía algo completamente diferente a lo que representé en otras ocasiones, a todo lo que veía en la televisión y el cine. Parecía un mundo suspendido donde la magia, la oscuridad y lo fantástico tomaba otra dimensión. 

Lástima que éramos alumnos de preparatoria y que no le hicimos justicia a la poética de las frases con nuestras pobres actuaciones; y aún así, no puedo olvidar que, cada vez que mi compañera decía el siguiente diálogo, la piel se me enchinaba y el espíritu se me iba a otra parte: “Lo oigo, maestro, y le digo que el tiempo dura y no dura. A veces es largo como la enfermedad de un día, y a veces corto, tan corto como los noventa años de mi abuelita, que se fueron retratados en un abrir y cerrar de ojos de mi abuelo”. Aún a esta edad lo vuelvo a leer y me quedo maravillado de la capacidad con la que Elena resume la sensación de la temporalidad desde un lado tan humano y tan diferente.

En fin, Elena, desde esos momentos, se convirtió en una joya inalcanzable, porque, por más que buscaba, no la encontraba por ningún lado. Finalmente, ya estando en la carrera de letras, mi hermano, como regalo de cumpleaños, me dio esta edición Obras reunidas II: Teatro de la mismísima Elena Garro. Mismo que ahora reseñaré.

La genialidad de hacer lo que no se tiene que hacer

Existen ciertas aberraciones lingüísticas, un montón de malabares, que parecen sonar profundas, pero que no logran decir nada en concreto. Las primeras propuestas dramáticas de Elena Garro reunidas en esta edición son todo lo contrario. También hay cierta tendencia en la poética moderna de la literatura a que los personajes hablen lo más parecido a como lo haría una persona en la vida real. Pero nadie en la vida habla de la manera en la que hablan varios de los personajes de las obras de Garro, ni hace esas observaciones poéticas tan fuera del tono. 

Hay un momento en una obra donde los personajes se detienen a explicar que un zapato es un corazón y profundizar sobre la idea. Todos estos horrores de la escritura moderna, en manos de Garro, son súmamente exquisitos. No recuerdo la última vez que leí un diálogo y me quedé flotando en el universo por la belleza de su poesía, como este que se encuentra en “Andarse por las ramas”: “No se irrite, don Fernando. En los platos de sopa a veces caen estrellas, hay eclipses, naufragios. Y los niños se quedan mirando… ¿Quiere usted que le cuente cuando la luna cayó en mi plato de lentejas?”. La poeta nos muestra cómo las reglas se hicieron para romperse. Leer algo que ya es tan raro de encontrarse se vuelve sublime.

No obstante, hay que hacer unas aclaraciones, para que un escritor joven no se vaya con la pinta y crea que los consejos que se le dan no son importantes y sigue escribiendo en el sinsentido. El caso es la excepción y no la regla. Elena Garro empezó su teatro después de los cuarenta, ya con bastantes lecturas, vida y trabajo poético detrás de ella. Elena se permite transgredir ese realismo y esa prosa gracias a una habilidad bastante madura con el lenguaje que sabe crear metáforas, imágenes, captura conceptos profundos del día a día (los niños jugando con la comida) con paralelismos poéticos completamente fascinantes que te hacen mirar la realidad desde otra perspectiva. 

Y yo creo que ahí radica su genialidad al dinamitar esa poética realista: finalmente, su fin sigue siendo la realidad, o una vuelta hacia ella mirando desde otro lado. La escritora no toma la metáfora o los espacios oníricos suspendidos en el tiempo con personajes de recursos mentales y lingüísticos sorprendentes, ni la explicación de las acciones o demás como un pretexto para hacer malabares, sino lo utiliza para hacer eso que decían los formalistas rusos que era el lenguaje literario: el extrañamiento de lo cotidiano, la desfamiliarización de la lengua.

Para mostrarnos la misma realidad desde otra perspectiva hay que reinterpretar el uso de la lengua y replantear el concepto de la misma para reemplazar el uso pragmático del lenguaje por el uso poético del mismo. La maestría de Garro está en volver a presentarnos una realidad que nosotros hemos dejado a un lado. La realidad no es una evasión, sino el fin mismo de la poesía, sólo que la busca despojada de lo alienada que ya está por nuestras costumbres. Por eso tiene tanta sustancia y por eso se le perdonan todos estos “errores”, porque no son errores como tal, sino es un estilo verdaderamente artístico con un sentido y un efecto que va más allá de la sorpresa, busca el verdadero contacto con la idea principal del texto y la historia, tiene un concepto.

La realidad vista de nuevo

No quiero aburrir al lector con un repaso de todas las obras (pues prefiero que lean el lenguaje como tal de los diálogos de Garro), sólo quisiera mencionar que muchas de ellas toman ideas de la intelectualidad, el nacionalismo o eventos coyunturales de nuestra historia y los revuelve, los azota contra la pared, los exhibe y nos presenta a los humanos que viven en estas épocas y nos hace repensar nuestra realidad, no sólo con sus recursos poéticos, sino con la manera en la que los personajes se relacionan. 

En “Felipe Ángeles” se suma a esta necesaria producción de literatura que criticó y cuestionó la “revolución mexicana”. En sus conflictos exhibe sus contradicciones y la lucha de poderes, así como la injusticia que vivían los justos. En “La dama Boba”, se cuestiona la idea de “llevar cultura a los incultos”, sin caer en la clásica civilización y barbarie, donde se trata de invertir los papeles, sino, con algunas limitantes, dotarlos de sus propias complejidades y contradicciones, ni el campo es tan idílico ni la “cultura occidental” está por sobre ellos. Pero tampoco busquen que hable el verdadero campo o la verdadera ciudad, al final, el simbolismo y la naturaleza humana impera sobre la realidad vivida y vuelve este viaje un acto más general y humano que particular.

También en “Sócrates y los gatos” se desnuda un poco el movimiento “socialista”  de los sesentas y se muestra un mundo enfilado a la política que todos conocemos y aborrecemos donde los acuerdos, las traiciones y demás basura no le son ajenas, todo mientras un drama sucede dentro de un personaje. Y finalmente, debo recomendar la lectura atenta de “Benito Fernández”, donde un vendedor de cabezas nos hace darnos cuenta cómo el futuro y la vida que llevamos a cabo están ya determinados por nuestra posición social. 

En conclusión, el teatro de Elena Garro es altamente desenmascarado, tanto del lenguaje como de las costumbres y los ideales basados en interpretaciones sesgadas de la realidad. La lectura de sus textos te hará ver la realidad desde otra perspectiva.

YakamÍ Machado

YakamÍ Machado

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