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Quizá inevitable

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“Quizás sólo sea necesario esperar que la rueda de su tiempo vuelva a pasar frente a nosotros
y nos permita entender que nos resulta inútil ir en busca de aquello que jamás estuvo perdido”.

Docuserie “Historia de América latina”, Los mayas (ep 6).

“Disculpe, señora, ¿puedo hablar con usted un momento?” “Dicen que ustedes los mexicanos eran muy abiertos y es posible entablar este tipo de conversaciones casuales entre extraños. Ah, sí, soy extranjera, pero en esta década ya nadie es de ningún lugar. Todos nos hemos mezclado y los trabajos son muy fluctuantes como para arraigarse a una ciudad. Un día estás en una ciudad cálida, otra en una construida en las montañas y en otra te aventuras a las ciudades Isla o penínsulas que están semi tragadas por el agua. ¿Español? Ah, sí, lo hablo, verá, eso de la lengua universal nunca funcionó. Fue mucho más importante aprender todos los lenguajes posibles, dicen que sí hay algo más vital para el hombre no es que todos nos entendamos, sino que unos pocos nos entendamos, la exclusión siempre existirá, porque el poder siempre será lo más importante, al final, hablar español fue un idioma muy necesario para la supervivencia de la mayoría en ciertas ciudades y para entablar ciertos negocios, por eso lo hablo. Sí, al final no cambiamos mucho. Por eso ustedes son verdaderamente un “país” muy interesante para nosotros los de afuera. ¿Mi nombre? Samanta. Sí, aún tenemos nombres, ¿quién le contó eso de los números? Lo que usted menciona quizá es el número de cuenta encriptado para identificarnos que traemos en el celular, muchas veces más importante que el nombre, lo admito, pero aún no hemos abandonado su uso. Bueno, ¿puede dejar de hacer tantas preguntas? Yo de lo que quiero hablar es Edge of Domino. ¿Oyeron hablar de él? Sí, fue una gran tragedia. ¿Le molesta si lee esta carta?”

”¿Qué le pareció? Sí, yo no la entiendo muy bien. Pero Tadeo, un muchacho de por acá… ah, sí, ese.  ¿No sabía que también es famoso afuera de su país? Nos ha llamado mucho la atención lo que él hace. Las plantillas que crean las inteligencias artificiales nos acostumbraron a algo muy concreto en los programas, y ver algo tan diferente nos llamó la atención al instante. Además de que ayuda a los que quieren mudarse a este mundo. En fin, el chiste es que él me dijo que esta carta pudo evitar la tragedia. Pero aún no veo por qué sería ¿Que quién la escribió?”

Samanta estaba pensativa, sintió un nudo en el pecho, estuvo a punto de llorar, y la señora, pese a sentirse algo asustada por ciertas cosas que le había escuchado decir y que no tenían nada de sentido, no pudo evitar sentir cierta empatía y le colocó la mano en el hombro.

México era un país que, como Cuba, se convirtió en una cápsula del tiempo, aislado de todo el mundo. Pero no por un dictador, ni nada por el estilo, sino por un extraño fenómeno que no nos detendremos explicar, ya que sólo una persona con un grado avanzado en el estudio de la física cuántica y, extrañamente, de la alquimia y mitología podría entender. Sólo digamos que México, o la Ciudad de México para ser más precisos, desapareció, el mundo cambió y, de la nada, volvió a aparecer. Claro, había una diferencia, este México, pese a conservar cosas de ese pasado de la humanidad, lucía muy diferente, como si hubiera sido más bien reconstruido al momento antes del desastre ecológico que vivió y su desaparición, era una Ciudad de México con canales de agua, trajineras y canoas, pero con una extraña tecnología que a veces parecía magia.

Cuando ocurrió la reaparición de México en el mapa, Samanta jugaba un juego con una inteligencia artificial que estaba diseñando, se llamaba: la última palabra. Consistía en un simple juego de dominó. El detalle era que una alarma era programada de manera aleatoria. Si esta sonaba, los jugadores debían de parar el juego y colocar dos fichas de su mano en la mesa. Si sólo le queda una, se le daba una aleatoria de la mano del contrincante, en caso de que no haya ninguna sobrante o también el contrincante sólo tuviera una, el programa les daba una aleatoria de las que se hayan jugado. Cada uno debía decir un número, quien se acercara más al número total que sumaban ambas fichas de su contrincante, ganaba el juego. Era interesante, puesto que a veces, la partida terminaba y no sonaba ninguna alarma, en ese caso, ganaba el que ganaba la partida normal. Lo cuál lo hacía un juego con muchas posibilidades y muchas estrategias que podrían ser arruinadas si la suerte no te sonreía. En el programa que jugaba, habían varios niveles, donde según el nivel, los algoritmos de la máquina se iban haciendo cada vez más complejos y la máquina tenía herramientas para predecir mejor qué ocurriría después.

Este cochino juego le costó su trabajo y su relación, pues aunque su novio al principio la ayudaba con la programación, luego de un rato le pareció muy ridículo y frustrante. Pero ella estaba empecinada por lograrlo, se lo debía a su hermanita quien, víctima de tantas enfermedades nuevas, se la pasaba todo el día en la cama y le pidió un juego que la mantuviera entretenida y le enseñara cómo funcionaba el mundo de afuera, pues temía que el encierro le haría difícil entender al mundo si alguna vez lograra salir. El prototipo salió muy bien. Pero su hermana tenía una queja algo extraña e inesperada.

—¡Quiero sentir que la máquina es superior! Quiero que pueda ganar más veces que las que yo hago para sentir un verdadero reto ¿Te acuerdas del video que me dejó ver el doctor? Era de un filósofo y un poeta que hablaban sobre un texto de un escritor muy antiguo llamado Ted Chiang (¿Sí se llamaba así?). Bueno ahí dijeron algo raro, de que la vida ya escribió nuestro final, y que nosotros no le podemos ganar, sólo fingir que lo intentamos y, al final, ganamos así.

—¿Y eso qué quiere decir?

—¡No tengo idea! Pero si arreglas el juego para que pueda predecir mejor las tiradas quizá lo entienda.

—¿Y por qué quieres entender eso?

—¡Porque lo necesito! —gritó entre lágrimas.

Su hermana murió tres días después, y ella, víctima de una severa depresión, decidió lograr mejorar la inteligencia artificial. Quizá si ella entendía esa frase gracias al juego se sentiría mejor. Se dio cuenta de que, para hacerla más perfecta, no sólo debía de contar de una manera eficiente las fichas del juego para tratar de predecirlas, sino también debería de poder predecir la aletoriedad del otro sistema de tiempo para saber cuándo sonará la alarma, además de volver más eficientes los cálculos que necesita para ganar, pues el exceso de cálculos, alentarían el proceso. Aunque ahí estaba el detalle ¿Cuántos cálculos eran suficientes?

Finalmente, después de varios intentos, estaba frente al nivel legendario, creía que lo había logrado, pues la maestría que mostró durante el juego normal de domino era diferente, como si cada pieza que tiraba, cada error, cada cosa que permitía que pasara, cada ficha que comía estuviera fríamente calculada. Sonó la alarma, y Samanta se excitó. ¡Sonó justo cuando ella se deshizo de su tercera ficha y sólo le quedaban dos! Eso quería decir que todo había sido fríamente calculado para facilitar el cumplimiento de su labor:

—Estas son mis dos fichas —escribía la inteligencia en la bandeja de texto— ¿Me muestra las suyas?

—Sí, claro. Estoy emocionada por perder.

—¿A qué se refiere? ¿No se trata de ganar?

—Es que yo gano si tú ganas.

—¿Es una trampa? ¿Cómo que usted gana si yo gano?

—Ambos ganamos si tu aciertas, a eso me refiero. Verás, se lo debo a alguien que quiero. Si tu triunfas yo ya no le deberé nada y me sentiré tranquila con mi espíritu. Realizada.

—¿Entonces ambos ganamos si te sientes realizada? ¿Qué se requiere para que te sientas realizada?

—Bueno, si descubro el significado de una frase luego de terminar el juego, entonces no le deberé a alguien a quien quiero, supongo. Aunque, ahora que lo reflexionó, es una victoria agridulce. Porque me hubiera gustado hacerlo a tiempo. ¿Me explico? Pagarle a una persona que amo cuando aún puedo. Ayudarla y darle cariño cuando aún vale la pena, ¿no crees? —sintió como si una revelación terrible estuviera apunto de ocurrir, una que la haría romper la máquina de ira, esa máquina no le iba a regresar a su hermana con una estúpida reflexión filosófica, y había perdido todo por recuperar un fantasma. Pero, antes de poder hacerlo, las palabras de la computadora la intrigaron de sobre manera.

—En ese sentido, si logro hacer que la jugada más imposible de la realidad, salvar al prójimo, se realice, todos ganamos, ¿no?

—No hables más, suenas muy raro. Sigamos con el juego. A ver, me toca adivinar tus fichas. “Declaro que tus fichas sumarán un número cercano al 27”. ¿Tu predicción?

La máquina no respondía. Sólo aparecía la leyenda “formulando cálculos” ¿Qué tanto formulaba? ¿No ya la había atrapado y sabía cuáles eran las dos fichas que le quedaban? ¿O ella había mal entendido el proceso y sólo fue la casualidad? Estaba impaciente, ya casi llevaban dos minutos, y la inteligencia no respondía. Ella trató de reiniciar, pero sólo lee salió una ventana con el anuncio: por favor, espere a que se termine de realizar el cálculo pertinente para el juego de la vida.

Se impaciento un poco, trató de ver si estaba trabada o qué, pero sólo no respondía ¿Habrá sido demasiado que falló al final? ¿O fue esa rara charla que sobrecargó con información innecesaria? Después de todo, es una máquina que no busca hacer todos los cálculos, sino los cálculos altamente eficientes; charlas demás podrían poner en riesgo su cálculo, ¿o no? ¿Esa rara charla fue predeterminada para alterar algunos cálculos más? ¿Cálculos de qué? Finalmente, llegó un mensaje a su bandeja y lo leyó:

—Lo lamento, hemos perdido los dos.

—¿A qué te refieres no puedes calcular el número?

—No es eso, es que el amor de su vida se suicidará en cinco días, y usted no podrá llegar a tiempo para hacerle saber que usted existe, y que se pueda permitir otro día más de vida. Le deberá una persona que ama sin saberlo, y esto ninguna máquina lo podrá arreglar.

—¿Qué diablos dices? —reflexionó— ¿Sergio está bien? —Se estremeció— ¿Estás diciendo que me equivoqué con él? Maldición. Sabía que había algo raro con el hecho de que no me llamara más ¿Le dolió tanto nuestra ruptura?

—Sergio es uno de los amores de tu vida, pero no corre ningún peligro. No sé qué le deparará el destino, pero a él no le debes nada, mi cálculo sólo aplica a él hasta ayer.

—Momento, ¿entonces, por qué lo llamas amor de mi vida? ¿No sólo hay uno?

—Usé sus terminologías, el amor de tu vida es alguien que te trasforma, que su presencia sólo te hace creer que tu vida se transcribe a su alrededor y una vez que se va, te mata, para comenzar una nueva vida, una resurrección donde puede haber otro amor de tu nueva vida. El amor es el fénix humano. A veces con uno basta y mueres antes de saber que habían otros. En realidad, por probabilidad, la mayoría de la gente tiene 27 amores de su vida (dependiendo de la cantidad total de población en el mundo), algunos más otros menos, sólo que el esparcimiento de estos y el timing es tan variable que tal vez sólo conozcas a dos o tres, o a uno. En tu caso, hay varios chicos y chicas que cumplen con las características para transformar tu vida. Eres de las afortunadas, pese a que desperdiciaste gran parte de tu tiempo programándome, aún estás en buen momento para toparte con varias de estas personas, según mis cálculos, luego de mi creación te volverías millonaria e ibas a tener a tres al mismo tiempo. Toda una mujer feliz.

—¿Entonces? ¿Por qué dices que perdí? ¿Quién podía ser esta persona que sobresale para hacernos perder?

—En realidad, es un lastre, me irritó encontrarlo en los cálculos. Porque esta persona sólo te tiene a ti como posible amor de su vida, ya nos arruinó todo.

—¿Cómo que sólo yo?

—Sí, según mis cálculos, esta persona, por alguna anomalía estadística, sólo podrá amarte a ti. Y si no te ama, no se podrá amar a sí mismo. Según mis cálculos, otra locura, pero más frecuente de lo que la lógica humana es capaz de predecir. Y él será el único de su país, pero el primero de una avalancha de los nuestros en los territorios que rodean su valle.

—¿País? ¿No es un término muy anticuado? ¿Dónde vive, entonces?

—En México.

—¿Qué? —saltó con un calofríos— Recuerdo ese nombre, para estudiar español leí algunos antiguos escritores de ese lugar; pero, desapareció, se lo tragó el espacio cuando todavía existía la idea de país, antes de que se descentralizaron los gobiernos luego de la guerra y el desastre de la década pasada. Es más, según yo ni siquiera fue un país, sino una sola ciudad de ese país. El resto del territorio fue absorbido.

—No, justo cuando escribiste 27, México volvió a aparecer. Podrás ver las noticias luego de nuestra charla y comprobar este extraño suceso. Apenas se están enterando los señores feudales de este asunto. Yo fui el primero en notarlo, cosa que casi retuerce mi funcionamiento.

—¿Pero por qué volvió a aparecer? ¿Por qué se fue en primera instancia?

—Información irrelevante para mi cálculo, sólo sé que por eso, al reaparecer en esta dimensión, de pronto, las probabilidades le dieron a este sujeto la posibilidad de tener un amor de su vida, tú. En su dimensión, era ninguna.

—¿Y por qué se matará? ¿Por qué debo ir a salvarlo si hace sólo unos minutos su existencia era improbable para las ramificaciones de mi vida?

La maquina comenzó una narrativa inverosímil, tanto que se atropellaba de vez en cuando. Según sus cálculos de predicción, ella terminaría la conversación y vería en las noticias que México ha vuelto. Una especie de cosquillas, de sensación de esperanza se formaría en ella ¿Quién era esta persona tan ínfima que, pese a ser fácilmente reemplazable por todos los amantes que tendrá, la quería conocer? ¿Era por una sensación mesiánica de tener el poder para salvarle la vida a otro? ¿Su computadora era Dios y ella una deidad superior al crearla, o una especie de súper mujer o chamana al escucharla? Empacaría sus cosas ¿pero habría vuelos a México? ¿Alguna forma de llegar? La inteligencia artificial le daría las señas de las aventuras marítimas, un tipo de turismo que hacía que zarparas en embarcaciones especiales donde la gente se perdía en ellas por meses, en ellas había la posibilidad de bajar en tierras desconocidas si se quería. Pero le tomaría cuatro días llegar a tierras cercanas antes conocidas como Veracruz, a menos que secuestrara el barco. Ahí se encontraría con dos amores de su vida. Difícil decisión. Iniciar esta aventura junto a esta chica y este chico guapísimos y perderse en millones de aventuras, o ignorarlos. Los ignoraría, y ellos le guardarían un rencor bestial que, por detalles irrelevantes para la inteligencia artificial, causarían otro cambio matemático de probabilidades que cortarían la posibilidad de encontrarse con otros seis amores de su vida.

Pero ella seguiría su camino con seguridad. Bajaría en lo que llamaban México y trataría de viajar hasta donde él se encontraba, pero le tomaría dos días. Tarde, llegaría justo a la calle donde, caminando bajo la lluvia, ahí, el amor de su vida, se había tragado días antes con ayuda de la lluvia unas pastillas que lo mataron. Ella lloró al llegar a ese lugar, como si las gotas sobre su piel le hiciera sentir la caída en el asfalto que su amado experimentó ahí. El hecho de que estuviera en México hizo que fuera imposible que conociera a tres personas que, en un futuro, la llevarían a otros dos amores de su vida que ya no podrían ser.

Entonces, se quedaría ahí, aún sabiendo que ya no lo encontraría, recorriendo una ciudad particularmente extraña para sus estándares, pero con una carga nostálgica en sus muros, por alguna razón tendría recuerdos inexistentes de lo que la relación con ese chico sería.

Luego ocurriría el Edge of Domino, una semana en la que la gente tomaría por iniciativa suicidarse en los territorios foráneos a México. Sería un gran suicidio colectivo que causaría un gran impacto. Tres de sus posibles amores morirían ahí, no porque se suicidaran, sino porque ocurría que con tantos suicidios se incrementarían accidentes colaterales que le costaría la vida a mucha gente. ¿Dije tres? No, quiero decir catorce. Sería verdaderamente un caos en los territorios feudales que culminarán en uno que otro estallido revolucionario, y muchas otras muertes como consecuencia. El narcisismo se volvería contradictorio y, pese a que habría creado poblaciones estáticas que preferían mantener el estatus quo antes que sacrificar la integridad de sus cuerpos, generaría locura en la mente de las personas que se unirían a esta revolución sin temor a morir por… ¿por qué pelearán? Un misterio, sería la primera revolución sin sentido, ahora nadie manipularía los hilos. La gente sólo saldría a matar al extranjero, al otro, al vecino por impulso, así como hacían sus trámites, sus trabajos, su alimentación y sus horas de sueño: el genocidio de hombres sin dirección alguna.

Curiosamente, aunque la mayoría de la población fallecería durante este desastre, el único mexicano que se iba a suicidar en esas fechas será el amor de la vida de Samanta. Cosa que muchos mexicanos no podrán entender. Si bien será un adelantado a su época, también era un extranjero en sus tierras, pues nadie, por lo que sea que hayan vivido durante su desaparición, creerían tan racional el suicidio como sí lo harían en los territorios feudales.

Por esto último, se harían comunes los extranjeros que huirían a México para escapar de la catástrofe y limpiarse de los aires enfermos de su sociedad autodestructiva. Así que algunos programas locales abrirían segmentos de sus programas para entrevistarse con los nuevos y saber cómo había sido el mundo afuera y que opinaban del de aquí adentro. Obvio, Tadeo no será el primero, pero sí el mejor en hacerlo. Llevaría acabo sondeos increíbles gracias a su carisma con la gente y apoyaría a los nuevos extranjeros. Entonces, Tadeo se encontraría  con Samanta, quien vendría de encontrarse con algún uno de los amores de su vida, pero ella no  podría enamorarse de ese también, por alguna razón.

—¿Y usted, señorita? ¿Cómo está?

—Bueno, algo vacía.

—¿Vacía? ¿Qué le hace falta?

—Alguien —diría temblando, odiándose por hacerlo, nunca por ningún hombre o mujer se permitía ser tan vulnerable. Porque eso no es correcto. Pero a estas alturas, ella ya no haría lo correcto.

—Ah, ya veo, viene a buscarse un amor mexicano. Fíjese que varios extranjeros han llegado aquí y han encontrado pareja.

—Yo ya no… sí, yo lo voy a encontrar. A eso vine. A encontrarme con el amor de mi vida —diría sin la sensación de vergüenza ajena que en otro tiempo solía ocurrir.

—Vaya —suspiraría— ¿Sabe?, no se ofenda, pero usted de verdad es muy bonita.

—Ora, Tadeo, eres casado. —intervino el camarógrafo.

—No, no me mal interpreten. Es que mirándola así, como que me dio sentimiento. Como que quiero presentársela a mi amigo. Lástima que lo perdí hace unos días —no podría aguantar el llanto— ¿sabe? Yo no sería nada sin él. Chance y no era tan guapo, un tipo normal. Pero qué listo era y cuántas habilidades tenía. Yo hice lo que pude porque él siempre me apoyó y siempre sin pedirme nada a cambio. “No quiero nada de dinero” me dijo “no tiene sentido para mí”. Esa era su frase, ¿sabe? “¿Para qué?” Nunca se quiso superar o ser más agresivo, decía que no quería pertenecer al sistema, a la sociedad, que no la entendía, que se sentía aparte ¿Por qué jugar un juego que no me interesa? ¿Pero sabe qué lo mantenía con vida? Me decía: “Es irracional y estúpido, pero volví a soñar con ella”. Una mujer en sus sueños que quería mucho como a ninguna viva pudo. Creía que si la conocía a ella quizá podría ver algo más allá de una pila de dominós —sacaré una nota.

—¿Aún con esa nota, Tadeo? —dijo el camarógrafo.

—Esto lo iba a leer en un programa. Le dije que se expresara en el micrófono, que nos leyera esto y quizá alguien llamaría y diría que lo entiende. Quizá así se abriría al mundo y dejaría de temer tanto. Mire, esta es la frase que más me duele.

—Tadeo, quedamos en que esa carta y todo esto no lo contaríamos al aire. Mira, ahora somos el sitio del optimismo, de la buena vibra y el desmadre a diferencia del mundo que nos rodea. Vas a espantar a los turistas —agregó el camarógrafo.

—¿Y no crees que ellos quieren oír esto también? Mire, señorita, ahí está esta frase: “tengo mucho miedo, porque cuando voy a atreverme a algo veo como una columna de dominós frente a mí, y si doy el primer paso, todo se vendrá abajo. Cualquier paso hacia el frente, es un paso hacia la nada. Si tan sólo tuviera a alguien a mi lado que me hiciera reírme del desastre y bailara conmigo en las noches, pero las expectativas no tienen sentido del humor, y eso es todo lo que tengo a mi lado”.

—¿No ves que nos escucha el planeta entero? —gritó enojado el camarógrafo.

—Si esto lo hubiera leído mi amigo en ese primer programa, nadie se hubiera suicidado.

—¿Cómo no? ¿No te acuerdas lo que sigue en su carta? Si por eso se suicido. Se metió toda esa mierda en su cabeza.

—Los que se quieren suicidar no quieren escuchar a alguien que les dice desde arriba que todo está bien con nuestro puto optimismo, quieren escuchar a alguien en el fango con una gota de esperanza, y esta carta lo tenía, lo tenía. Porque…

Tadeo quedó helado, miró de nuevo a Samanta, ahora todo tenía sentido, ese sentimiento. ¿Podría ser la misma chica de los mentados sueños? Entonces, recordaría esas frases cuando lo invitó al programa: “Siento que podría conocerla, ahora sí, que las dimensiones chocaron, es posible conocerla, pero puta, ya estoy muy cansado”.

Luego ella tomaría la carta, un camión y hablaría con una señora desconocida sobre si esa carta, a tiempo y leída ante el mundo, haría la diferencia.

Por suerte, ahora habla con otra señora completamente diferente, muchos días antes, porque luego de escuchar esta narrativa, la inteligencia artificial pudo calcular una cierta serie de procedimientos nuevos, pero se quemó y se desprogramó antes de poder terminar de ajustar y dictaminar las consecuencias de lo que haría, no sin antes mandar a imprimir la carta. Hasta el momento, dicha predicción funcionó, pues en vez de enojar a los amores de su vida en el crucero, les habló desde el corazón. Los que iban en ese crucero iban a suicidarse en un par de meses, serían los primeros en iniciar el movimiento de Edge of Domino. Tal vez por eso les llegó la historia a un nivel irracional, tener esperanza de que algo podría ser diferente. En sólo dos días llegaron a México, y algunos la apoyaron para que sólo tardara dos días en llegar. Claro, se perdió inevitablemente, porque, nuevamente, las consecuencias y los cambios en el tiempo no estaban del todo calculados a la perfección, ya que no estaban en lo que había narrado, ¿o sí?

La mujer que leyó la carta no entendía cómo en tan pocos días Tadeo era tan conocido si apenas estaba empezando y no había oído hablar de ningún programa a extranjeros. Pero en vez de reclamarle eso, al ver sus lágrimas, le dio su opinión de la carta:

—Quien haya escrito esta carta trata de convencerse a sí mismo de que debe morir, pero se nota de que, muy en el fondo, buscaba lo contrario.

Entonces, en el mundo de la acción, llovió, y ella bajó del camión. Tadeo terminaba de hablar con el futuro suicida tras tomar un café y unas crepas cerca de donde ella había bajado. Acordaron que escribiría algo de lo que él siente para el podcast del día siguiente, y él se quedó un rato más, escribiendo dicha carta con lágrimas y una taza de té de manzanilla. Salió del café y, contradiciendo la narrativa, tiró la carta. Samanta vio su espalda. Se aceleró su corazón ¿Por qué amaba esa espalda? No sabía si tras los cambios igual había ahuyentado a todos sus posibles amores de su vida como en la narrativa de la inteligencia artificial. Él sintió un escalofrío y se paró en seco. Ella se emocionó. Le gritó su nombre. Dios, no tenía idea si todo cambiaría, si todo saldría bien y esa carta leída al mundo le daría una razón para no iniciar el Edge of domino, o si ella ya lo había hecho al hablar con los del crucero. Él tenía ya las pastillas en su garganta, las había tragado justo cuando la miró y unas lágrimas de felicidad lo rodearon. Ella lo abrazó con fuerza, sabiendo que ya había tragado las pastillas y, sin embargo, también sonriendo. Entonces, conjugó un verbo sin darse cuenta.

El narratófago

Por Yakamí Machado

Soy una mujer de evidencias. Valoro la verdad por sobre todas las cosas. Por eso, no podía soportar que el buen nombre de mi madre fuera manchado tan sólo por habladurías de un Podcast de comediantes. Los idiotas habían invitado a un escritor de novelas de terror y, sin ningún reparo, se dedicaron a comentar y teorizar con chistes el asunto de aquella extraña enfermedad que nos estaba asolando por esas fechas.

—¿Y tú qué crees que sea? Ya fuera de mamada.

—Al chile de aquí sí sale un novelón, ¿no? Porque sí está de miedo la enfermedad esta.

—De hecho, pues ahora que lo mencionan, yo sí había visto una similitud con un cuento de Stephen King.

—¿Neto?

—A ver cuéntanos, ¿cuál es?

—La verdad no recuerdo el título ahora, pero trataba sobre un chico superdotado que encuentra la solución a la paz mundial dándole agua a todos de una presa especial, ¿sí era una presa? Bueno, un cuerpo de agua… como el que salió hace poco y nos está abasteciendo desde la sequía.

—Uy, ya me está dando miedo. Creo que ya sé adonde vas.

—¿O sea que tú también crees que esa agua es la que está enfermando a la gente?

—A eso voy. Primero, déjenme terminar de contarles el cuento. 

—Sí, perdón. Tú síguele.

—Bueno, pues resulta que eso lo hizo porque la gente que tomaba de esa agua era la más pacífica del planeta. El plot twist es que eran pacíficos porque esa agua estaba envenenada y los hacía tarados, y toda la humanidad se quedó hueca del cerebro luego de beberla.

—Ya nos la espoileaste.

—¿O nos advirtió? ¿Y si sí está ocurriendo esto?

¿Desde cuándo nos tomamos tan en serio a gente tan estúpida? Todos empezaron a hacer memes y cosas por el estilo. Lo peor es que las noticias amarillistas no dejaron de aseverar estas cosas sin fundamento y mal informando a la población. No bastó con que mi madre mandara a traer científicos de Noruega para que volvieran a certificar que el agua era potable, pese a que no había demostración de dónde nacía el cuerpo o qué canal la comunicaba, ni mucho menos por qué todas las noches se llenaba misteriosamente. 

—¿Pero no cree que es un poco irresponsable que usemos esa agua si aún no demostramos de dónde viene? —le preguntó un reportero durante la rueda de prensa.

—Antes había un lago ahí. Debe tener algo que ver. Es parte de las hipótesis.

—Gobernadora —cuestionó otro—, ya leí el documento y muestra que no autorizó un estudio más minucioso que consiste en excavar…

—Bueno, ¿entonces, quieren sufrir la escasez que el resto del país enfrenta? No tenemos tiempo de hacer todo eso. El agua no es tóxica. Eso nos debería de bastar. 

—Pero ni siquiera ha llovido como para…

—¿Alguna pregunta que no haya contestado ya?

En fin. Pese a que los reporteros y la gente no dejaban de conjeturar teorías, igual todos seguían usando el agua. De hecho, en otro podcast, llegué a escuchar: “Mejor idiota que deshidratado”.

Sin embargo, los adversarios políticos de mi madre ganaban simpatizantes. Sobre todo, los familiares de las personas víctimas de esa enfermedad. A ellos no los culpo. Esta nueva enfermedad era extraña, tanto como la de ese cuento. El primer síntoma era empezar a dormir mucho más de lo habitual. Lo segundo, pasajes de narcolepsia de los cuáles era muy difícil levantarlos. Poco a poco, iban perdiendo la memoria. Luego, se volvían como zombies y hacían ya las cosas por puro impulso e instinto, no respondían a nadie, no tenían recuerdos y parecían incluso haber perdido la capacidad del lenguaje. Sólo con señales comunicaban cosas muy básicas de la rutina.

Pese a que era preocupante, sentía que toda la politiquería nos desviaba de descubrir la verdadera razón detrás de ese lago durante una sequía tan severa y la de esa extraña enfermedad, sus causas y posibles prevenciones. Pues parecía tan aleatorio el tipo de personas que se enfermaban que costaba mucho echarle la culpa a un agua que todos estábamos tomando ¿Por qué sólo ellos se enfermaron así? ¿Por qué no hay variantes en la forma en la que afecta a cada uno? Muchas edades, sexos y morbilidades diferentes ¿Qué tenían en común para enfermarse? Por eso mismo, yo decidí entrar en la investigación.

—¿No cree que debería dejar esto a las autoridades? —me dijo el secretario de seguridad del estado. 

—Por favor, recuerde que yo fui a estudiar a Nueva York el año pasado. Estoy muy fresca de todo lo que aprendí. 

—Pero ¿no era un diplomado de escritura o algo así?

—Sí, pero yo me especialicé en las novelas policiacas. Aprendí mucho.

No voy a negar que el sujeto me vio con una cara de incredulidad que me enojó bastante. Sin embargo, luego de un resoplido, me dijo:

—Con tantos problemas, quizá una mirada diferente nos ayude. La otra vez cometí la barbaridad de pedirle su teoría a mi hija de seis años. Claro que me arrepentí, pero, si le di la oportunidad a una niña de primaria, ¿por qué no a una con licenciatura y estudios en el extranjero? Aunque no sé por qué investigaría una enfermedad en los archivos de la policía.

Sonreí con cierta arrogancia. Me dio acceso a todos los documentos y dejó instrucciones de que me apoyaran en lo que les solicitara (claro, siempre y cuando fuera durante un tiempo libre). Estaba contenta y me sentí como pez en el agua entre esos expedientes. Sin embargo, antes de que él me dejara a solas con mi investigación, me entró la curiosidad y le pregunté:

—¿Y, por fin, qué le dijo su hijita?

El sujeto no pudo evitar esbozar una sonrisa:

—Que quizá era un vampiro. 

—¿Un vampiro? ¿Por qué un vampiro?

—Porque está obsesionada con esa serie que sacaron la semana pasada. 

—Ah, ya sé cuál.

—Yo le dije que no tenía relación alguna. Ella me respondió muy seria: “Pero de la mente papá. Este no chupa sangre, chupa recuerdos”.

Yo me reí y luego, con una extraña mezcla de celos y auténtica sorpresa, le confesé:

—Pues, no es mala idea para un cuento. Su hija podría ser una buena escritora en el futuro. 

—Escritora de código, señorita. Con todo respeto, el futuro son los que escriben programas con lenguaje de computadoras, no los que escriben sueños en español. 

Me sentí muy ofendida, pero no quise meterme en una discusión con alguien que me había dado la oportunidad de husmear donde no debía. 

Mi investigación tardó mucho. Qué ingenua. Yo creí que sólo iba a ser una cuestión de horas. Ahora entiendo por qué ese escritor que nos dio la Master Class nos dijo que la investigación de su novela tomó cinco años. Era difícil ir de aquí para acá y buscar. Sin embargo, me di cuenta de que no había ningún patrón nuevo. No encontré nada más allá de lo que pude haber encontrado en internet, aunque valió la pena pues, durante mi investigación, encontré mucha información para futuras novelas y otros escritos que tenía pendientes. 

Una de las posibles nuevas historias sobre las cuales escribir era sobre una trabajadora que denunció una serie de allanamientos a la biblioteca donde laboraba. El detalle interesante es que no habían libros robados, sólo fuera de su estante o en el piso.

—¡Estefanía! Faltaba más que anduvieras por ahí hurgando en expedientes confidenciales ¿No ves que me perjudicas en vez de ayudarme?

—Lo siento, mamá.

—Y luego a la policía. Niña, es una enfermedad, no un crimen. Pero ese bruto del de seguridad ¿Qué no se dio cuenta? Hubieras ido con el Secretario de salud ¿O creías que esto era un crimen como el de tus novelas?

—Pero encontré cosas interesantes. 

—¡Y confidenciales!

—Ay, mamá, pero si lo de la bibliotecaria no creo que sea tan drástico. 

—Igual a los del partido opositor no les va a importar. Ay, niña. Y luego con todas las sospechas que tienen por lo de mi convenio con Gutierrez. Van a creer que fuiste a borrar evidencia.

—No, yo nunca haría eso. Sabes lo mucho que valoro la verdad.

—Pero ellos no lo saben ¿O estabas investigando otra cosa? —me preguntó mi madre mientras fijaba su mirada en el movimiento de mis pupilas.

—¿Qué otra cosa? ¿Hay otra cosa mamá? ¿Por qué te pones así? —le dije con seriedad y un enojo que trataba de enterrar muy dentro de mí.

Al final, quedamos en que me concentraría en la historia de la bibliotecaria para escribir un cuento y mandarlo a la revista que le comenté hace unas semanas. Al día siguiente, partí en la mañana hacia allá.

Mientras iba en la bicicleta me sentí incómoda. Mi madre de verdad temía que mis acciones le trajera una shitstorm sobre ella y sobre su socio Gutierrez, pese a lo impecable de su reputación en el estado entero.

Gutierrez era un gran empresario, con mucho dinero, pero todo lo obtuvo de manera limpia, justa y se le conocía en las portadas de revista por ser un gran filántropo. Ya una persona me había sugerido cuando recién había vuelto de mi diplomado que escribiera sobre él. De hecho, antes de enfrascarme en el misterio del lago y la enfermedad, estaba investigando sobre este personaje, y aún tenía muy frescos varios datos. 

Resulta que la formación en los negocios se la dio su padrastro, quien los había rescatado a él y a su madre de los abusos y deudas de su padre biológico. Fue el primero que le dio un trabajo en uno de los negocios que tenía y le enseñó la importancia de dar un trato digno. “Hay de dos sopas con los empleados: o como usurero les retienes cada centavo para ganar más lana como patrón o los tratas como humanos y te ganas su lealtad. Ahora bien, en todos los negocios hay muchas caídas y, creeme, la lealtad es un colchón que amortigua muy bien las caídas, mientras que los centavos tienden a clavarse en la espalda”: le decía. Por eso, al crecer, con sus propias empresas, siempre trató bien a todos. Sobre todo, a las madres solteras con hijos pequeños.

La última ayuda que brindó fue espectacular. Resulta que una de sus empleadas tenía a su madre en el hospital. Se enteró de esto cuando la chica tuvo un problema por tener a su hermanita en el trabajo y causar un desastre. Él se mostró comprensivo. Le ofreció pagar una estancia para niños (de la que era dueño) y ayudar con el tratamiento de su madre. 

Aunque lo más noble vino después de la tragedia. La madre fue dada de alta, pero la hija desapareció. Desde entonces, no se ha sabido nada de ella. Todos sospechan de un feminicidio, aunque, luego de andar merodeando entre los papeles y preguntando con mucho tacto, me di cuenta, con gran pena, de que la policía ya no le estaba prestando mucho interés a la búsqueda. Tampoco había mucha evidencia para que yo pudiera seguir buscándola por mis propios medios. Igual, Gutierrez ofreció darles una pequeña pensión de la mitad del sueldo de ella, en lo que la madre lograba tener un trabajo estable. Además, no le quitó la estancia a la niña, ni exigió dinero por ello. 

Se dicen muchas cosas turbias del señor Gutierrez. En este pueblo son muy conservadores, y ver a un millonario soltero y sin interés por las mujeres ha hecho que  sospechen de él y algunos lo consideren un desviado. Personalmente, me parece absurdo que lo descalifiquen por ser gay, claro, si ese fuera el caso. Mi madre y él estudiaron en la misma Universidad fuera del país (ahí se conocieron), y ella me ha dicho que en esa época siempre tuvo novias pero que, eso sí, todas sus relaciones terminaban muy mal, por culpa de los celos y algo que ella llamó: “mal entendidos y falta de confianza”.

La última vez que lo entrevisté para su libro me confesó que le encantaría estar con una mujer, pero que, sin ánimos de ofenderme, sentía que todas eran paranoicas y molestas. Según él, su filantropía a la hora de ayudar a madres solteras se iba a malinterpretar, y prefería seguir ayudando a gente como su madre que aguantar una esposa desconfiada como todas sus ex.

—¿Y no ha pensado que más bien elige muy mal a sus compañeras? —le pregunté en una entrevista— Hay muchas mujeres que no verían mal esto, señor ¿O no será que hace algo que podría incomodar a su pareja?

—¿Crees que soy gay como esos periódicos dicen?

—No, además, igual existirían los “mal entendidos”. Con una pareja que siempre está ocultando cosas, no faltan los conflictos.

Eso fue lo último de mi investigación. No me devolvió mis llamadas o mensajes y, desde entonces, mi madre se había estado mostrando muy irritada conmigo, por cualquier cosa que hiciera.  En fin, no tenía por qué seguir dándole vueltas a ese asunto. Ya había llegado a la biblioteca para atender esa otra historia que quizá daría para un cuento que podría desviar la atención excesiva que mi madre estaba poniendo sobre mis proyectos sobre su socio.

Entré al lugar y me tapé enseguida la nariz por ese amargo y penetrante olor a ajo. Sólo estaban la bibliotecaria y unas cuantas personas leyendo algunos libros, todas cabeceando y a punto de desmayarse, a excepción de un chico que escribía a toda prisa mientras tenía al lado varios volúmenes de química y algunas fórmulas en hojas sueltas. Pero al lado, una chica, tal vez de preparatoria, ya estaba completamente dormida y con la cara sobre un libro abierto de par en par. La trabajadora era una mujer un poco rara. Traía puestos como cinco diferentes amuletos en todo su cuerpo de diversas religiones. Mantenía la mirada fija en un lector digital. Entonces, notó mi presencia y se me acercó al instante:

—¿En qué le puedo ayudar? ¿Qué libro busca?

—Hola, soy Estefanía. Hablamos por teléfono.

—¿La escritora? O es cierto, me dijo que traería una blusa roja. Le queda muy bien. Mucho gusto, soy Clara.

—Mucho gusto. Por cierto, la atrapé leyendo al enemigo ¿Por qué no agarra uno de los libros de aquí?

—¿Te refieres a mi aparato? Oh, niña, yo amo los libros, pero por lo que traen adentro. Verás, mi visión nunca ha sido la mejor, y desde que mejoraron los lectores y los formatos, me es mucho más cómodo leer esto por el tamaño de la letra. Pero no me quejo del formato físico. Hay mucha gente que aún lo usa. Mírelos.

—Sí, completamente perdidos en el sueño. Mire a esa chica de allá. Sólo espero que sea un ejemplar de filosofía y no literatura.

 —Es sobre la Revolución Mexicana. Ha venido toda la semana para terminar un trabajo de la preparatoria. Pero no creo que tenga nada que ver con que le parezca aburrido. Creo que más bien está teniendo esa enfermedad rara del agua. Ya se me está haciendo costumbre ver a esa gente cayendo en ese padecimiento. La mayoría viven por aquí y frecuentan la biblioteca.

—Cierto, lo había olvidado. Esta es la zona foco de la enfermedad. Momento, ¿todos son usuarios? ¿Y no será que aquí se enferman? Piénselo, libros viejos, algún hongo. Quizá por eso huele así.

—No me ofenda, muchacha. Yo mantengo muy limpio este lugar. Si huele así, es porque yo misma puse ajo en todas partes.

—¿Pero por qué haría eso?

—Por el vampiro.

Sentí escalofríos por la manera tan honesta con la que lo dijo. Luego recordé lo de la serie, y sonreí con sorna.

—Señora, deje de ver series.

—¿Cuáles series? Yo sólo leo libros. Odio las series. Sabía que cuando llegáramos a esa parte, no me creería. Pero para eso tengo mis notas. Tome.

Sus notas eran muy precisas y bien organizadas. Era claro que las pasaba en limpio y las arreglaba para que tuvieran siempre un buen orden, y con todos los datos que podrían ser relevantes:

Nombre: Clara Hernández Hidalgo

Ocupación: Bibliotecaria (¡Y de las mejores!)

Detalles relevantes de mi posición: Desde que llegó la bruja de la gobernadora, el presupuesto se recortó. No hay más empleados que su servidora, y me encargo de hacer todos los trabajos (¡Yo no estudié bibliotecología para trapear pisos ni poner los garrafones que luego pago de mi bolsillo!). Trabajo de nueve a seis, de martes a domingo. Soy la única testigo de esto.

Incidente primero: El 11 de abril del año en curso llegué a las siete treinta a abrir la biblioteca para hacer el aseo. Me encontré horrorizada con que muchos libros de literatura e historia estaban en el suelo. 

Estado de los libros: Aunque en el conteo ninguno se perdió, ni faltaban páginas, las hojas estaban muy arrugadas, como si alguien los hubiera estado ojeando con violencia. Además de que tenían algo de sangre (muy poca, gotas solamente) y lodo. Todos estaban lejos de sus anaqueles. 

Más evidencias: Pisadas de lodo en el piso. Esa noche llovió. Así que eso muestra que llegó en la noche ¿Pero cómo entró? Sólo hay un agujero pequeño en la ventana del baño. Además, el baño no cierra bien. Por ahí pudo entrar ¿Pero qué cosa? ¿Algo pequeño o algo grande que puede hacerse pequeño? 

El informe seguía así por el estilo. Incluso tenía un apartado de ideas insólitas donde poco a poco iba diciendo que sólo un murciélago podría entrar por esa ventana. Sólo alguien con sangre en los colmillos podría manchar de esa manera los libros. Conclusión: ¡Un vampiro lector!

—Pero ¿Cómo un vampiro? ¿No se espantaría por los ajos? Aquí dice que sigue viniendo.

—Puede que haya detalles que no sabemos bien. Hay muchas versiones diferentes que rodean a estos seres. Apenas me vengo a enterar que son reales. 

Me puse a recorrer el lugar. Miré el espejo roto del baño y noté que tenía sangre y que había unos restos de cristal con sangre en el piso, como si, efectivamente, algo hubiera entrado disparado por ahí. Sentí escalofríos y me fui con la señora.

—¿Y ya se quedó una noche para verlo?

—Ay, señorita ¿Cómo voy a hacer eso? ¿Me cree loca? Además, el vampiro, pues mientras no me lo encuentre y no me chupe, no tengo problema con él. Me desorganiza los libros, pero debo reconocer que comparto su gusto voraz por la lectura. Por eso me había conformado con ya no seguir haciendo denuncias desde la última que mandé sin respuesta. Bueno, pero como ahora alguien mostró interés, pues quise ver qué podría aportar una escritora como usted.

—Lo que me parece raro es esto: ¿por qué leería un vampiro?

—Pues son criaturas muy solitarias. Luego de comer, tal vez a este le gusta ir a viajar a los mundos de ficción y olvidar que está condenado a la inmortalidad. La literatura le da el cobijo necesario, ¿no cree?

—Qué idea tan interesante. Un vampiro que aprendió a soportar la inmortalidad leyendo libros. Es casi tan bueno como ese vampiro que chupa memorias. 

Nunca en mi vida había tenido un momento Eureka, sólo corazonadas y sospechas. Pero en ese momento, pude percibir esa sensación de vértigo vencido:

—¡Están conectados, señora Clara! Ese es el vampiro que ha dejado idiotas a la gente ¿No lo ve? Mire la fecha. Luego de que apareció aquí, las primeras personas empezaron a presentar los síntomas de la enfermedad ¿Tiene archivado quién ha sacado libros de aquí? Vamos a corroborar mi hipótesis.

Fue algo extraordinario. Las fechas y los nombres de las personas enfermas coincidían. Todo el que se enfermó había sacado un libro de historia o de literatura de esta biblioteca. Ni la bibliotecaria podía creer esta coincidencia pese a todo lo que ya había vivido. Convencí a la señora de que me dejara quedarme esa noche para encontrarme con el vampiro. Ella, pese al terror que le tenía, accedió y ofreció acompañarme. Le daba mucho morbo y se sintió valiente si tenía alguien al lado.

Nos quedamos un buen rato tomando chocolate de un termo y galletas. Ella se la pasó diciéndome lo mucho que odiaba a la gobernadora y cómo dudaba del lago que nació de la nada, pese a que mi hipótesis, de corroborarse completamente, deslindaría al lago de tener algo que ver con todo esto de la enfermedad. También me decía que Gutierrez no era de fiar, porque la gente más aterradora es la que hace demasiadas cosas buenas. Y ese lago seguro era cosa de él, un experimento para crear y vender agua artificial a los estados y países que ya se estaban quedando sin agua. Yo me quedé callada. Quizá si le decía que hablaba de mi madre y su socio, las cosas se pondrían incómodas. Y si le decía que yo estaba investigando a Gutierrez por un posible negocio de trata de mujeres, sólo iba a esparcir un nuevo rumor que no tenía del todo corroborado, pese a ciertos papeles y anomalías que tenía luego de mi estancia en los archivos de la policía.

De todos modos, no duró mucho la conversación. Escuchamos un golpe seco en el baño y un pedazo de vidrio cayendo. Un sujeto con una rajada en la cara salió de ahí. Estaba completamente pálido y con unos ojos saltones tan grandes que se le salían de las cuencas. Se precipitó hacia los anaqueles y comenzó  a olfatear. Tomó un libro y lo hojeó a toda velocidad. Sus pupilas se movían con furia como si leyera a un tiempo récord. La sangre de la herida de su cara a veces caía sobre los libros.  Pero era muy poca pese a lo grande de su herida, como si no tuviera mucha sangre en el cuerpo. Caminaba de un lado a otro mientras devoraba estas historias. 

Saqué mi celular y comencé a grabarlo.

—¡Tonta! —me dijo Clara— No te acerques así. 

El monstruo volteó y nos vio fijamente. Clara dio un grito ahogado y me apretó el hombro con fuerza mientras trataba de enseñarle todos sus símbolos religiosos, uno por uno. Yo sólo me limité a decir lo más estúpido que se me ocurrió:

—¿Es usted un vampiro?

Él se quedó quieto, murmuró algunas veces la palabra y, finalmente dijo:

—“El vampiro” Horacio Quiroga.

Entonces, empezó a narrar una historia. Supuse que era un cuento del autor, quizá con ese título, pero no podía constatarlo porque nunca he leído a Quiroga, más que “La gallina degollada” en el colegio.

—Disculpe —lo interrumpí—, no le pedí que me contara ese cuento. Le pedí por usted ¿Y si me cuenta su historia?

—¿Mi historia? —murmuró. 

Entonces, se tiró al piso y dio un terrible chillido. Me miró fijamente y tembló sin poder decir nada. 

—Ella está llorando, por mi culpa. No soy un buen hombre. No soy un buen hijo. Mírenme, aquí devorando libros mientras la pobre Maira sigue esclavizada. Pobrecita ¡No! Si lo digo, todo volverá a ocurrir. No— entonces, su rostro se iluminó, como si estuviera en trance—. Mi nombre es Mauricio Ochoa Fernandez —mi mente se confundió ¿Dónde había oído ese nombre?—. Apenas y tengo catorce años ¿Por qué me dejan leer esas cosas que no sirven para nada de la prehistoria? Hamlet. “Ser o no ser”. Vaya, qué tontería. Deberían de enseñarnos a hacer transas sin que nadie se dé cuenta, como el Gutierrez ese… ¡No!… ¿En qué iba?

—¿Por qué crees que eres el chico de al lado? —lo interrumpió la bibliotecaria— ¿Mauricio? Me sé su nombre. Lo tengo muy presente porque él me maltrata los libros.  El último libro que sacó fue Hamlet, como dices. Pero eso fue antes de enfermar. Dios mío, Estefanía ¡Creo que esto prueba tu hipótesis!

—¡Tú te chupaste su memoria! —le gritamos juntas.

El vampiro caminó de un lado a otro. 

—Mi historia es peligrosa. Por favor, dejen que me trague sus historias. Debo olvidar la mía. Se debe de perder. Entre Hamlet y Mauricio no hay nada que los una a mí ¿Verdad? No, sí lo hay. Siempre lo hay ¡Yo no quería lastimar a nadie! Sólo le robé su historia a estos libros. No le hacía daño a nadie. Pero luego escuché un ruido un día. Estos libros temblaban, y olían raro. Olían a nuevas historias. Los desgraciados estaban cargados de narrativas que les robaron a los que los leyeron. Olía de manera tan tentadora. Me las tragué. Estos libros ya están infectados. Tragan como yo.

—¡Para! ¡Libéralos! Libera a todos de esto. No niegues tu historia. Cuéntala.

—Pero llorarán todas las noches como ella. 

—¿Quién?

El monstruo se quedó mirando la luz de la luna que se colaba por una ventana. Sus lágrimas gigantes comenzaron a crear un gran charco a sus pies muy rápido. 

—¿Si lo hago? ¿La salvarán?

—Por supuesto —aseveré, pese a no saber lo que eso significaría para mí.

—Mi novia, Carina, Carina Alondra Martinez. Maira, su hermanita. Mi amigo, éll tuvo la culpa. No, no fue su culpa. Quiso jugarle al Anoymous. Me dijo que jaquearía la estancia para niños de Gutiérrez. Dijo que quizá ahí hacía el tráfico de drogas. Jaqueó  sus cámaras de seguridad con éxito, pero se equivocó y dejó un rastro. Lo atraparon, pero logró escaparse. Y me contó todo. Pobres niños. Pobre Maira. Pornografía infantil, prostitución infantil, y más basura. Hijos de puta. Nadie es noble sin algo oscuro detrás. Me dijo que corriera, que sacara a mi cuñadita de ese lugar. Le dije a mi novia de lo de su hermanita. Corrimos en vez de llamar a la policía. Sólo pensamos en rescatar a la niña. Nos metimos armando un alboroto y los cachamos. Idiotas. Qué idiotas fuimos. Nos agarraron. Nos llevaron al lago que ya estaba seco. La violaron frente a mí, y la grabaron para su mugrosa audiencia, parece que no sólo les interesaban niñas menores de edad. La enterraron viva frente a mí… en el lago que estaba seco. Yo me desangré tras las puñaladas. Muy poca sangre me quedó en las venas. Pero vi la luz de la luna. Sentí que flotaba. Era un murciélago. Y todas estas imágenes estaban en mi cabeza. Volé a mi casa. Mis padres se horrorizaron, pero me mantuvieron escondido. Y entonces necesitaba olvidar. Saber otras cosas para olvidar. La biblioteca. Ahí habría más libros que en mi casa para olvidar todo esto. Pero todo tiene que ver, todo siempre me devolvía a mi historia.

Nuestro encuentro terminó. La bibliotecaria siguió trabajando ahí. La siguiente administración no le subió el sueldo, pero, al menos, la maldición se fue luego de que matamos al vampiro. Fue así como todos recobraron entre sueños sus propias narrativas. No lo matamos directamente. Le ofrecimos descanso y paz mental mediante la bala que le metí al puerco de Gutierrez en la cabeza y los informes que difundí en internet y, claro, rescatando a Maira de ese lugar.

No supe más de aquel estado en donde viví mucho tiempo. Mi madre y yo escapamos del país, y luego yo abandoné a mi madre. Lo último que supe es que, gracias a que liberamos a su hermana, el extraño lago se fue secando y, por fin, pudieron desenterrar el cuerpo de Carina Alondra Martinez. Dicen que el cuerpo se mantenía en buen estado, como si hubiera muerto el día anterior de ser encontrada. Sólo su cara era un desastre, pues sus ojos estaban rojos e hinchados, así como a uno se le ponen luego de llorar a mares.

AFAPE, León. Crecer para ayudar

AFAPE, León. Crecer para ayudar

La Asociación de Familiares y Amigos de Pacientes Esquizofrénicos de León, Guanajuato (AFAPE A.C.) es una organización no gubernamental que brinda apoyo y consultas en el ramo de las enfermedades mentales. Tuve la oportunidad de recibir sus servicios. Gracias a su apoyo para tratar mi trastorno pude salir adelante. Al mismo tiempo, me sensibilicé sobre la problemática y entendí todo un mundo de conocimientos que ignoraba sobre un temá que tenía estigmatizado. 

Les comparto una entrevista con Karina Torres, coordinadora de AFAPE. La entrevista nos permite asomarnos a los orígenes y al espíritu que anima la noble labor de AFAPE. Además, nos puede servir para aprender más sobre la esquizofrenia, un tema tabú entre los mexicanos. Un tema que incluso está satanizado por nuestra idiosincrasia y  ha sido dejado en segundo plano por la mentalidad de algunos de nuestros gobernantes.

Con ilusión comparto el inicio de un viajede la revista SPES sobre el inagotable tema de la salud mental y los padecimientos psicológicos. En contribuciones futuras, reflexionaremos sobre la naturaleza, mitos y tratamientos de estos malestares.

1. ¿De dónde nace la iniciativa para crear una organización de este tipo en León Guanajuato?

Hace 19 años, un grupo de padres de pacientes con esquizofrenia tuvieron la necesidad de formar un grupo de autoayuda para apoyar a sus hijos bajo la tutela de su médico, el doctor Jaso. Con tiempo y oportunidades, lograron formar una organización, cuya meta era formar una casa de acogida de medio tiempo: Un espacio donde los chicos pudieran permanecer cuidados y atendidos durante todo el día y, luego, retirarse a dormir a sus casas. No se pudo concretar el proyecto; pero tras una serie de cambios, remodelaciones a nivel legal y acuerdos en la mesa directiva, se terminó consolidando un consultorio de consulta externa. Crearon un espacio para que un paciente reciba una consulta y, al término de esta, se retire a su hogar. 

Los servicios que se prestan son dos: 1) consulta, ya sea psiquiátrica, psicológica o de nutrición; y 2) farmacia, para brindar apoyo con los medicamentos requeridos, ya que estos suelen ser de un precio muy elevado en el mercado. Se suele atender en psicología a personas a partir de los 3 años y, en psiquiatría de los 10 en adelante. En cuanto a la farmacia, se subdivide en dos boticas: una la de trastorno mental (neurología y psiquiatría) y otra general (cualquier medicamento que se venda en farmacia que no requiera receta).  

¿Fue difícil encontrar a los profesionales de salud mental? ¿Cuál es el perfil con el que cuentan?

Llevo once años aquí, y hay cosas que no puedo asegurar como tal, pero hasta donde sé todo comenzó con el doctor Jaso monitoreando la organización. Él invitó a otro doctor, Salvador Zedillo, quien estaba interesado en apoyar con el proyecto y contaba ya con una experiencia muy extensa en el hospital psiquiátrico. Él se ha encargado de formar a los psiquiatras de la organización. La demanda de pacientes en psiquiatría fue creciendo, y el doctor fue recomendando a sus mejores alumnos para los puestos.   

Los doctores deben pasar por el visto bueno del doctor Salvador Zedillo, quien evaluá a sus alumnos para recomendar a los más aptos y preparadoas. Paralelo a esto, los doctores se someten a una entrevista y exámen psicológico y psiquiátrico para determinar si están en las óptimas condiciones para ejercer su profesión. A la fecha contamos con cinco psiquiatras trabajando en el consultorio. Algunos están especializados en adicciones, otros en ansiedad y depresión. En cuanto al propio doctor Salvador Zedillo,se encarga de los casos más difíciles.

Los psicólogos como requisito deben tener experiencia en hospital psiquiátrico, conocimiento de la rama de la farmacología y de cómo lidiar con un paciente de este tipo. Además, los psicólogos mantienen una comunicación continua con los psiquiatras con el fin de informarmes y discutir sobre sobre los casos que atienden en común, los avances y detalles del padecimiento.  Evidentemente todo esto sin inmiscuirse en la vida personal de los pacientes.

¿Cómo hacen para que los precios de las consultas y medicamentos sean accesibles?

Esto lo hemos logrado gracias a los diversos apoyos que afortunadamente hemos conseguido. Apoyos del gobierno municipal, estatal, donativos de particulares en especie (medicamento) o monetario bajo una cuota accesible. El dinero que la institución recauda se destina en 80% (aproximadamente) a la compra de medicamentos y 20% a los gastos operativos de la instalación. Con este gasto se busca reducir un poco el precio, además de que, al priorizar la compra de medicamentos en volúmenes grandes, conseguimos precios un poco más baratos.

En el caso de los doctores, han aceptado cobrar a un rango del coste menor del habitual en consulta particular, pues todos ellos tienen una vocación dentro de la organización para apoyar y hacer accesible el tratamiento. Hay pacientes que terminan tan agradecidos por el apoyo que llegan a darles detalles muy humildes pero plenos de significado (una paletita, un bordado hecho a mano, etc.) Para muchos de los profesionales estos detalles son muy significativo y  satisfactorios, pues muestran el impacto de su profesión en la vida de las personas. 

¿Cómo ayudar para que esto siga siendo así, sobre todo en un municipio como León donde hay mucha pobreza y gente necesitada de estos servicios?

Pertenecemos a una red de asociaciones. Este consejo nos permite tener un día en la feria de León, afuera de Polifórum, para realizar una tómbola. Recaudamos previamente productos en buen estado (zapatos, juguetes, ropa, lámparas, cazuelas, etc.) que la gente quiera donar para ponerlos en la tómbola. Se rematan zapatos en buen estado (preferentemente nuevos) y además vendemos cachitos para dicha tómbola. Todo esto con el fin de juntar más dinero. En esta ocasión nos otorgaron tres día: el 18 de enero, el 6 de febrero y el 8 de febrero del 2022. Pueden apoyarnos con donaciones o comprando su boletito en este evento.

¿Qué tan informados creen que estamos en México sobre la esquizofrenia? ¿Qué prejuicios sienten que son los más comunes en México sobre estos padecimientos?

La población en general aún está muy pobremente informada. Todavía recurren a tratamientos alternativos no científicos (el sacerdote, el chamán, el brujildo, el remedio de la comadre, etc.) y el profesional es el último recurso. La televisión ha satanizado mucho la profesión, al grado de que la gente nos tiene miedo y creen que van a ser internados y aislados de la sociedad. Tenemos que trabajar muy de cerca y mostrarles que no internamos más que en situaciones demasiado extremas donde el paciente corre peligro. Además de que mucha gente tiene el estigma de que los medicamentos son como las drogas y generan dependencia. El objetivo del medicamento no es que el paciente lo tome por el resto de su vida, sino que paulatinamente se retire y no sea necesario nunca más. Se busca que logre tener otras estrategias o mecánicas para no necesitarlo. En otras palabras, sólo es una ayuda momentánea. 

Pero esta incomprensión del tema también viene por parte de algunas autoridades gubernamentales. Antes, el Seguro Popular se encargaba de cubrir la mayor parte de los tratamientos mentales. Desde que se eliminó, el paciente y la familia se han visto en la necesidad de cubrir el tratamiento. 

¿Cuál es el rol de la familia o del círculo cercano al paciente durante la terapia?

El paciente puede querer cambiar, pero si el entorno no nos apoya, es más complicado para el paciente. Puede lograrlo, pero no de la misma manera que si los que lo rodean lo apoyan y ayudan durante el tratamiento. El tratamiento no es milagroso ni de una sesión; implica que hay una secuencia para sanar, toma tiempo pero la familia debe entender que, de lograrse un buen resultado, el paciente nunca volverá a pisar nuestras instalaciones. Sin embargo, se entiende que la familia a veces ya está muy cansada y harta del paciente, pues no es sencillo acompañar ni convivir con personas con ciertos padecimientos mentales. Es importante trabajar con ellos para que entiendan al paciente. Obviamente también hay que tener en cuenta que luego sigue el otro círculo social, sus amistades, pareja, etc.

 ¿Qué retos nuevos aparecieron con la pandemia?

Durante la pandemia las consultas psicológicas incrementaron en 56%, las psiquiátricas en 200%, y la solicitud de medicamentos aumentó en 150% (porcentajes y cantidades aproximadas) ya que los hospitales cerraron consultas de salud mental para darle prioridad al virus, y los pacientes nos buscaron para poder continuar con sus tratamientos. 

Eso fue por el lado del consultorio, sin embargo, a nivel farmacia, no sólo aumentó el número de los tratamientos mentales, sino también en los crónicos degenerativos (diabetes, hipertensión, enfermedades respiratorias, diálisis). Pues personas con estos padecimientos también se habían quedado sin acceso a medicamentos por el desabasto. Todo esto no pertenecía a la rama a la que nos dedicábamos pero, con el fin de ayudar a la gente y no dejarla sola, tuvimos que empezar a atenderlos y expandir el inventario.

La situación llegó al límite cuando tuvimos que empezar a abastecernos de paracetamol, un medicamento tan cotidiano y a la mano pero que durante la pandemia dejó de ser fácil de conseguir. Lo agregamos al inventario y tuvimos que mandarlo pedir a otro estado para poder abastecer a las personas que lo necesitaban.

Antes de la pandemia buscábamos el crecimiento institucional: mejorar las instalaciones, comprar inmobiliario, arreglar la fachada; ante la emergencia sanitaria, postergamos dichos proyectos y se volvió prioridad conseguir todos los medicamentos que necesitaban las personas.

¿La gente cómo suele llegar a ustedes?

No hacemos publicidad. La mayoría llegan por recomendación de boca en boca, ya sea por antiguos pacientes o doctores particulares que nos conocen y que han trabajado con nosotros. Tenemos diversas colaboraciones con empresas que mandan a sus trabajadores. Hay doctores que saben que tenemos el medicamento accesible para los presupuestos de la gente, y mandan a nuestra farmacia a sus pacientes. Además, hay algunas escuelas que nos conocen. 

¿Podrían decir en términos generales por cuáles padecimientos suelen acudir más a su institución?

Ansiedad y depresión. Padecimientos que aumentaron much´ísimo con la pandemia. La pérdida de empleo, los recortes, el aislamiento, el miedo a enfermarse y demás factores contribuyeron a que estos padecimientos se incrementaran en la población. Cuando esos niveles cruzan un límite, este proceso deriva en la depresión. En los adolescentes se despertaron los transtornos obsesivos compulsivos y, en los adultos mayores, la ansiedad por el miedo a la enfermedad y la muerte.

Se estima que para el 2030 la mayor parte de la población mundial haya presentado al menos un periodo de ansiedad o depresión. Hay que prepararnos para lo que viene. 

The Beatles: Get Back. Cuando la edición sabe capturar la Historia

Hace poco en la plataforma de Streaming, Disney Plus, se publicó el documental The Beatles: Get Back. Este está hecho con más de 57 horas del material audiovisual que obtuvieron durante la grabación del disco Let it Be. El plan original de esa época era hacer un Show de televisión en vivo. En la mente de Paul, quería hacer algo diferente, no otro disco en el estudio, quería lograr algo que hiciera Historia. 

El problema es que, desde la muerte de Brian Epstein, John Lennon no necesariamente quería continuar con la banda y tenía como prioridad su nueva relación con Yoko. Como quien dice prefería ahora vivir la vida. Mientras que George ya quería tener más libertad y sacar todo lo que había compuesto con su propia visión estética. Por ello, George, al sentir la presión de Paul y ver cómo sus dos amigos seguían relegando su talento y sus ideas, decidió renunciar a la banda. 

Lo que acabo de narrar tan sólo es el conflicto personal capturado en la primera de las tres partes en las que Peter Jackson dividió este documental. Sin embargo, no quiero hablar del chisme en esta reseña sino de esa habilidad narrativa que despliega este documental con una buena selección de imágenes y momentos clave que hacen que uno sienta cada momento y cambié la perspectiva de la fecha.

Cuando la Historia es la historia misma

Hay varias cosas interesantes para rescatar del proceso de edición de estas 57 horas de grabación. Lo primero es la historia. En una parte del documental, Paul y los productores insisten en que la idea del Show de TV necesita salir y que lo que llevan no ayuda mucho y que no se ve hacia dónde va el proyecto. John y George señalan que por fin se están divirtiendo y todo va muy bien, incluso su ingeniero de audio remarca el hecho de que todo por fin estaba saliendo bien (musicalmente hablando). Ellos incluso señalan que lo que ya tienen puede funcionar y no hay por qué estresarse. Entonces, uno de los productores les señala que no puede ser buen material, porque no va a ningún lado y no hay historia. 

Recuerdo un poema de Yoko-Ono en el que compara la vida con las estrellas. Las estrellas hablan desde el pasado al futuro. Hay tanta distancia entre la tierra y ellas que cuando la luz llega quizá su posición ha cambiado, tal vez ya estén muertas. Esto lo usa como metáfora de que los problemas y el pasado sólo lo podemos comprender bien cuando lo vemos desde el futuro, así como vemos a las estrellas que nos hablan del pasado con toda claridad desde el futuro. 

Lo mismo ocurre con este documental. Su importancia e historia radica en que nace de la misma Historia. Lo que ocurrió, Los Beatles, grabando el disco que representó su ruptura; tocando en vivo por primera vez y última después de renunciar a los escenarios; representando una de las escenas más icónicas del Rock: el concierto en la azotea.

Las lineas de acción de cada tiempo

Peter Jackson, por eso, utilizó la narrativa del tiempo mismo junto con su editor, resumiendo cada día de grabación en un calendario como si fuera un plan de trabajo ¿Qué ocurre? Ese plan se modifica. Hay días que no grabaron. George renuncia un día. Otro día discuten. Una serie de días graban con gran soltura sin parar. Llega Billy Preston y los hace sonar como nunca lo hicieron antes. Todo eso es el tiempo histórico destruyendo y reescribiendo el itinerario. 

En este sentido, hay que ver que la historia se bifurca en varios tiempos además y va creando la línea temporal del documental:

  • El tiempo planeado: compete al itinerario que planean seguir en el calendario. Este se va modificando visualmente con las escenas del calendario marcando fechas pospuestas o días en los que, de pronto, no sucedió nada.
  • El tiempo humano: los conflictos, opiniones y charlas que tenían y que ponían cierta tensión en el documental. Así como nos muestran un lado menos falso y más verdadero de The Beatles. No siempre estuvieron de acuerdo, a veces peleaban, a veces reían y estaban muy relajados, etc.
  • El tiempo contextual: por un lado, nos dejaban entender las referencias históricas de las canciones y comentarios. Por el otro, los Beatles opinaban sobre otras bandas, como Canned Heat o Fleetwood Mac. Lo cuál le daba un relieve interesante que nos transportaba al contexto “¡Claro! -uno piensa- Mientras todo esto pasaba, los Beatles trataban de grabar este disco”. Poner este disco en contexto nos hace notar a qué apelaban, qué los influía. En este momento ya no son realmente la cúspide de la música pop-rock, pues muchas otras propuestas están más allá de lo que ellos podrían.
  • El tiempo musical: son los momentos en los que tocan y observamos el proceso creativo, qué se ejecuta, las versiones y cómo le hicieron para llegar al producto final paso a paso. 

Estas líneas lograron hacer un documental sobre el tiempo, sobre seres humanos tratando de sobrellevar su trabajo, amistad, metas, ideales y espíritu durante estos días de grabación. Más allá del chisme, este documental captura al ser humano desde muchos flancos. No hay villanos, no hay héroes, sólo un montón de personajes en conflicto que terminaron haciendo Historia.

El climax: hacia dónde vamos

Por ello, cuando llega el tercer capítulo yo me pregunté ¿Cómo va a lograr Peter Jackson editar el concierto en la azotea? Ya muchos hemos visto una edición anterior, pero esta era una nueva propuesta, con la posibilidad de mostrarnos nuevos flancos, nuevos puntos. Y lo logró con creces. 

Primero, quedó muy claro que no sabían qué iba a pasar. “Mañana es el gran día”: les dijo Yoko al despedirse. “Eso espero, Yoko” bromeó con nerviosismo Paul. La edición nos hace sentir que ellos estaban algo inseguros. No era el espectáculo planeado que quería Paul. Estaban apunto de hacer algo que no sabían qué depararía.

Segundo, no edita el frío en las manos de John, o su cara cuando equivoca unos acordes. No nos niega esos bailes de nerviosismo de Paul y su cara de “creo que sí está saliendo bien”. Se puede ver a Ringo mirando a sus compañeros, a la policía, tirando las baquetas, y aún así gozando el momento. Billy Preston con su gran vibra y esa sensación de que no puede tocar nada mal.

Tercero, podemos ver a George metido en la música y enojándose cuando le apagaron su amplificador. Luego lo prende de nuevo para seguir tocando (el momento más Rock and Roll del documental).

Por estas razones, la reacción de la gente capturada en la cámara, la policía intentando entrar y callarlos, Paul dedicando un verso a la policía al final son más de esos momentos que nos habíamos perdido pero que con la narrativa humana de los tiempos tomó un trasfondo y relevancia inesperados.

Sin duda, este tipo de documentos toman mejor forma cuando el tiempo ha pasado. Nos hablan muy bien de una época y entendemos el drama humano frente al tiempo.  Sin duda, uno de los mejores documentales que he visto sobre la música. 

Segunda oportunidad: análisis de los líderes de cada división en este segundo tercio de la temporada

New England Patriots, AFC Este

Quizá el equipo con menos talento, pero muy bien entrenados y con planteamientos de juego correctos. No hay mucho que decir, pues esto es lo que Belichick ha hecho desde siempre. Y se notaba que el equipo tenía muchas posibilidades de hacer cosas grandes cuando estuvo cerca de ganarle a los Cowboys y a los Buccaneers. Quizá aún queda la incógnita de cómo serán esos dos juegos contra los Bills para lograr amarrar la división. Además de que saber quién será el sembrado número uno en la americana es cada vez más incierto.

El único problema de este equipo es que, salvo ciertos jugadores desequilibrantes (como el linebacker defensivo Matt Judon), este equipo puede quedarse sin energía en momentos clave. Su pateador no me parece muy confiable como otros.

Kansas City Chiefs AFC Oeste

Muchos dicen que ya están de regreso, pero ¿Acaso se fueron? Lo único que ha pasado esta temporada es que las defensivas que los han derrotado han mostrado muchísima más disciplina que antes y ahora sí se quedan con todas esas intercepciones que le perdonaron a Patrick Mahomes la campaña pasada. 

La verdad, este equipo sigue igual que antes. Una defensiva con planteamientos correctos que logran sobrellevar la falta de muchos jugadores. Sí, muchos han dicho que se veía mal, pero creo que simplemente los equipos dejaron de tenerles miedo y se dieron cuenta que sólo había que ejecutar bien cada jugada para arrastrar a los eslabones más débil de esta defensiva. 

Aún podrían perder el liderato y, lo peor de todo, es que tienen muchos juegos en su contra al haber perdido contra líderes potenciales de cada división. Si esos equipos quedan de líderes, los Chiefs jugarían de visita en algunos juegos. Ser visitante podría ser complicado para este equipo, por eso deben amarrar muy bien los juegos divisionales para al menos tener un partido en casa para la postemporada. 

Baltimore Ravens, AFC Norte

El ritmo es malo. Este equipo había encontrado la manera de arreglárselas con las bajas para ganar los partidos. Pero en los últimos partidos ha ganado varios de milagro. Por supuesto que ganar es muy importante, pero desde el partido contra los Chargers, Lamar Jackson ha dejado de ser preciso en sus pases, luego de haber lanzado espectacularmente en por lo menos cinco juegos. Aún puede retomar el camino, y al igual que para los Chiefs, los juegos divisionales serán clave para amarrar su boleto a los Playoffs. 

No estoy muy seguro de que a este equipo le convenga ser el sembrado número uno porque históricamente, le va mejor como visitante. Pero esta temporada ha diferente: Cuando juegan en casa es cuando parecen no perder la vibra y encontrar esa chispa para no rendirse y seguir hasta el fin. Quizá esta temporada sea importante que la Final de Conferencia, si la juegan, sea en Baltimore.

Tenessee Titans, AFC Sur

Los Titans tienen un buen récord y grandes victorias dentro de su división, pero a diferencia de sus compañeros líderes, ellos están en una división más débil que sólo tiene a los Colts como amenaza aunque los Colts tienen muchos juegos de desventaja y quizá sólo logren rescatar un boleto como comodín, pese a lo bien que juegan y a lo peligrosos que son. 

El resto de la campaña, este equipo requiere obtener victorias para llegar a la postemporada. Luego queda esperar a que sus piezas clave regresen a tiempo para la postemporada. 

Pero ¿Con sus estrellas lograrán ganar? No sabemos cómo van a llegar y puede que en la postemporada los otros equipos encuentren cómo parar a Derrick Henry, algo que puede ocurrir, como en sus otras apariciones en postemporada, por lo que necesitan que también se recuperen sus otros jugadores clave. 

Dallas Cowboys, NFC Este

Es un equipo que necesita mucho a sus estrellas, pues su entrenador y planteamientos no son muy limpios ni buenos. Las decisiones de Mike McCarthy han dejado mucho que desear, aunque, en su favor, en esta segunda mitad han sido un poco mejores. 

En cuanto a la defensiva, es muy efectiva en los intercambios de balón. Pero luego se vuelve muy vulnerable cuando se trata de seguir un planteamiento disciplinado en el campo para detener ha ciertas estrellas de otros equipos, entre ellos: Davante Adams y Aaron Rodgers(Green Bay), DeAndre Hopkins y Kyler Murray (Arizona) y Tom Brady (Tampa Bay), todos ellos son jugadores cuya peligrosidad en el campo sólo se puede contener con planteamientos impecables y disciplina al seguir esos planteamientos. Esos son los rivales a vencer que tiene este equipo y hay mucho que corregir para ponerse a la altura del reto. 

De igual forma, lo peor es su pateador. Es muy inestable y poco confiable.

Arizona Cardinals, NFC Oeste

Un gran equipo que tiene un problema un poco preocupante. Ha logrado ganar con lesiones, y es probable que recupere a sus armas muy a tiempo. Esa es la clave. Este equipo puede aspirar a la cima siempre y cuando estén sanos y no llegue un descalabro con sus estrellas, pues lo peor que les podría pasar, es que las defensivas logren encontrarles una debilidad y todo les salga mal y eso no les puede pasar en la postemporada

Ese es el gran problema que tiene el equipo, pero quizá están a tiempo de cubrir esos problemas. 

Green Bay Packers NFC Norte

Es un gran equipo que sabe ganar y siempre es complicado ganarle, porque sus errores siempre se logran corregir, siempre y cuando, Aaron Rodgers esté en el el campo y de buenas. 

No hay mucho que decir. Si acaso lo que más preocupa es que su pateador ha empezado con una racha muy negativa, y podría ser factor en juegos decisivos. Una lástima, pues era uno de los mejores.

Tampa Bay, Buccaneers NFC Sur

Aún está por verse el impacto que tendrá la tontería de Antonio Brown, la salud de Rob Gronkowski y la estabilidad de su defensiva al tener tantas bajas. No son invencibles, pero sí que saben jugar muy bien. Quizá los Patriots y los Saints ya mostraron el camino para saber cómo incomodar y perturbar seriamente a Tom Brady. 

Habría que ver cómo reacciona en Playoffs el juego terrestre y hay que poner atención a ese otro juego en contra de los Saints, si ya encontraron la forma de sufrir contra ellos, o siguen siendo muy vulnerables.

Tom Brady sabe cómo ganar. Detenerlo es lo más importante para el resto de los equipos.  

MDNMDN