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Elucubraciones

por | Abr 1, 2022 | 0 Comentarios

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Presentamos aquí, un cuento del libro Elucubraciones, de Rodrigo Musi. Si les gusta, lo pueden encontrar completo en la tienda Kindle, bajo el título del libro y del autor.

Julio Cesar decide invadir la isla de Bretaña

Estaba en su caballo, mirando al horizonte, hacia la isla, pero su mente estaba en Roma. Había que volver, o más bien, había que dejar de venir a la Galia cada año. Roma ya era demasiado grande, y eso era lo que había que conquistar ahora, su grandeza, su eternidad, su decadencia. A veces se sentía parado en la cima del mundo, y otras al borde de un precipicio. Sus soldados eran suyos: su consciencia, su vida, su heroísmo. Lo que él dijera ellos lo harían. Eran sus robots y sus perros. Pero podía ver a través de sus ojos y sabía que no estaban convencidos con la idea. 

Roma traería caminos, escuelas, casas, solo los primeros años eran difíciles y Cesar lo sabía. Sabía que Roma sería buena y era buena para el mundo, pero sin esos años los bárbaros nunca entenderían. Y con esa isla en frente, nunca tendría esos años, pero ¿y si moría? Excederse en ambición era tan caro como quedarse corto de ella. ¿Y si perdía? Eran bárbaros, sí, pero ¿quiénes eran, en realidad? Si él perdía y alguien más llegaba después, ese alguien se llevaría todo el crédito del trabajo que él, y solo él, había estado haciendo por años. Tantos riesgos, tantos sacrificios, ¿para qué? ¿Para que otro romano se llevara la gloria? Ése era el peor escenario. No solamente tenía que ser tiempo de Roma de ir para allá, también tenía que ser su tiempo, de Julio Cesar, si no, no tendría sentido.

Poco se sabía de ese lugar. Demasiado poco. En realidad, no se sabía nada, salvo que eran bárbaros amigos de estos bárbaros.

Pero si no iba…

Finalmente se dio cuenta que no tenía opción, que sus dados estaban echados. Como antes ya le había sucedido, no sabía hasta dónde su suerte estaba echada, pero sí que, fuera como fuera, había que cruzar el canal.

Miró unos segundos más hacia la isla y, mientras encaminaba su caballo al campamento, volteó a mirar a Roma.

Redacción

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