Hoy fue un día muy especial. Por una combinación de carambola, tuvimos la Procesión del Corpus Christi hoy. En Italia se mueve al domingo (¡ya ni en Roma es el jueves!, como sí lo es en México). El domingo fue la procesión del Papa en Madrid y, para no hacerle sombra, se pasó al domingo siguiente. De modo que tuve la fortuna de vivir la procesión del Corpus en Cavabianca. La casa se diseñó de hecho tomando en cuenta que aquí se celebraría con especial piedad y realce la procesión del Corpus Christi. La casa está diseñada como un pequeño pueblo medieval italiano. Me parece que san Josemaría se inspiró principalmente en Viterbo, aunque tomó ideas de muchos lados más. Pero, y eso es lo importante, desde el principio se pensó dónde se pondrían los altares de la procesión y cómo se decoraría el entorno. La procesión siempre la dirige el Prelado del Opus Dei. La gente de la casa trabaja días en la confección de las alfombras de flores y sus diseños, el coro se luce en sus cantos a tres lenguas: latín, castellano e italiano. En fin, fue un auténtico banquete espiritual.
Acabada la procesión me fui a Roma sin rumbo preestablecido. Iba a ir a donde mis pies me condujeran. Al final caminé un poco menos que ayer, sumando sólo 21 kilómetros. Comencé por la Piazza del Popolo, con su majestuoso obelisco egipcio, de ahí tomé Vía del Corso un tramo, para dar vuelta en Via Condotti y ver la majestuosa Piazza Spagna, con su fuente de Bernini, que representa a la Iglesia, con siete bocas de agua, representando los siete sacramentos. Disfruté de la escalera monumental que sube a la Iglesia Trinitá dei monti. Luego está la columna de la Inmaculada, justo enfrente de la embajada de España, a la que los bomberos ponen una corona de flores todos los 8 de diciembre y donde el Papa viene ese día a rezar el rosario con el pueblo de Roma.
Luego decidí callejear por la Roma medieval y barroca. Mis pasos me condujeron a la Fontana de Trevi, donde ya te cobran para acercarte a la fuente (eso no sucedía en 2020, en mi viaje precedente). Es decir, ahora, además de echar la moneda a la fuente con la esperanza de volver a Roma, tienes que pagar un “peaje”. Por este motivo no aventé la moneda, espero poder regresar a Roma más adelante, a pesar de ser tacaño. La siguiente estación fue la Iglesia de San Ignacio, con su soberbia “Apoteosis de san Ignacio”, una obra que cubre el techo de la Iglesia, con una perspectiva maravillosa, representando las misiones de los jesuitas en los 4 continentes conocidos hasta entonces (todavía Australia no se conocía) y con san Ignacio en el centro, muy cerca de Dios. Tienes dos opciones para gozar del fresco: cansarte con el cuello hacia arriba, o ver el espejo que está colocado abajo para disfrutar de la perspectiva.
El Pantheon fue la siguiente estación. Es el monumento romano -del imperio romano me refiero- mejor conservado. La segunda cúpula más grande después de la de San Pedro en Roma. Donde está enterrado Rafael Sanzio y algunos de los reyes de Italia. En Pantheon era el templo de “todos los dioses” (eso es lo que significa la raíz etimológica de la palabra “Pantheon”). Cuando el Imperio Romano se convirtió al cristianismo dejó de tener razón de ser. Pero muy pronto, el 13 de mayo del 609 d.C., ante las incursiones violentas, cada vez más frecuentes, en Roma, se trajeron muchas reliquias de los mártires que estaban en las catacumbas, es decir, en las afueras de la ciudad, para custodiarlas en el Pantheon, que estando dentro de la ciudad se encontraba más protegido. El templo cambió de nombre y tomó el de Santa María ad Martyres. El aniversario de la translación de las reliquias al Pantheon (13 de mayo) se conmemoró litúrgicamente como la fiesta de todos los santos. Sin embargo, pocos siglos después se cambió la fiesta al 1 de noviembre, con la intención expresa de cristianizar la fiesta celta del Samhain, el famoso Halloween actual. Lamentablemente, también ahora cobran por entrar al Pantheon, cosa que no sucedía en el 2020. Yo me salvé de pagar porque los sacerdotes entramos gratis. Italia a veces es clerical.
Ya dentro del recinto tuve una experiencia espiritual. Es famoso el Pantheon porque en el centro del domo, tiene un agujero. En lugar de “piedra angular”, tiene un “circulo angular”, y la presión hace que no se caiga la cúpula. Pero ese agujero es muy grande, y habiendo un sol de justicia en Roma, con un cielo azul sin nubes y unos 30 grados, entra por ahí un vistoso haz de luz, que resalta mucho con la relativa oscuridad del resto del templo. Al colocarme en ese punto y cerrar los ojos, cegado por el sol, al tiempo que siento el calor intenso -en la sombra se estaba fresco-, comprendí que así es la gracia de Dios: te devuelve la ilusión por la vida y recuperas las ganas de vivir. Por lo menos eso experimenté ahí en unos breves momentos espirituales, de gracia de Dios, en medio del bullicio de los turistas.
Justo al lado del Pantheon se encuentra la iglesia de Santa María sopra Minerva. La iglesia está construida sobre el templo romano de la diosa Minerva. Tiene una sencilla plazoleta enfrente, decorada con una escultura de un elefante, sobre la que está colocado en obelisco pequeño. Dentro de esta iglesia, en el altar, se conserva el cuerpo de santa Catalina de Siena (menos la cabeza, que está en Siena). Es una santa a la que le tengo mucha devoción, por lo que aproveché para hacer allí un rato de oración. El ambiente estaba particularmente recogido, pues un fraile tocaba el órgano, que servía de música de fondo para mi diálogo con Dios.
La siguiente estación fue Piazza Navona, con sus maravillosas fuentes, especialmente la que recuerda a los 4 grandes ríos, coronada también por un obelisco. De ahí pasé a Campo dei Fiori, una de mis plazas favoritas, muy popular para la gente de Roma, pues acoge un mercado ambulante. Ahí hay colocada una estatua de Giordano Bruno, mandada construir por los librepensadores italianos, recordando que fue en ese lugar donde fue quemado por hereje, en el año 1600 d.C. En fin, hay que decir que Giordano Bruno no fue científico, sino hereje. Aunque, ciertamente, no es algo de lo que pudiéramos enorgullecernos los católicos.
Luego siguió un paseo por el antiguo barrio judío de la ciudad. Allí se encuentra una Iglesia donde san Pablo vivió cuando fue enviado prisionero a Roma, según narran los Hechos de los Apóstoles, entre los años 61 y 63 d.C. Se piensa que durante ese periodo escribió las cartas a los Filipenses, Colosenses y Efesios. La Iglesia, que no es muy bonita, se llama San Paolo allá Regola. El barrio judío es marcadamente medieval, pero destaca también porque en algunos edificios las ruinas romanas se integran o aprovechan para la construcción de los edificios. Quizá el más destacado es el Teatro Marcello, donde sobre unas ruinas romanas se construyó una especie de castillo o fortaleza medieval, todavía en uso.
De ahí me encaminé al templo de Vesta y, en frente, a la Iglesia de Santa María en Cosmedin. Esa una Iglesia famosa porque ahí se encuentra la famosa escultura conocida como la “bocca della veritá”. Es un bajo relieve romano, con una cara y en el centro, una boca abierta. La tradición señala que debes meter la mano en la boca y, si eres mentiroso, la boca se cierra y te quedas sin mano. Como había una cola inmensa, para semejante tontería, no probé mi veracidad en esta ocasión. Pero lo mejor de esa iglesia son sus pisos, del famoso cosmatescos, es decir, una especie de pedazos de mármol, colocados artísticamente en el piso, tomando formas decorativas. Luego las columnas, que se ve, claramente, como han sido tomadas de edificios romanos anteriores. Luego tiene una especie de catacumba, donde estaban enterrados varios mártires, entre ellos san Valentín, el del 14 de febrero, cuya cabeza se conserva en una urna como reliquia.
De ahí me encaminé a la “Isola Tiberina”, una isla en medio del Tíber, que guarda, ni más ni menos, la reliquia de San Bartolomé, uno de los apóstoles. En mis anteriores estancias nunca había podido entrar. Siempre estaba cerrada. Ahora corrí con más suerte. Esta Iglesia recuerda también a los mártires del siglo XX. Se encarga de atenderla la Comunidad de San Egidio. Han hecho en las capillas laterales una exposición de los mártires del siglo XX. Está dividida por continentes y también hay mártires del marxismo y del nazismo (es decir, personas asesinadas por marxistas o nazistas). Hay varias reliquias mexicanas, algunas de los cristeros y el báculo del Cardenal Posadas, asesinado en Guadalajara en extrañas circunstancias. Tienen también el misal que estaba utilizando San Óscar Arnulfo Romero cuando fue asesinado.
Luego pasé a una de mis partes favoritas de Roma: el Trastévere (lo que está al otro lado del Tíber). Es un barrio medieval, muy bien conservado. Tiene dos iglesias monumentales: santa Cecilia, donde pude visitar las ruinas romanas sobre las que se asienta, y ver la famosa estatua de la santa realizada por Stefano Maderno, inmortalizando la forma en como apareció su cuerpo incorrupto el año 1599 d.C., lo cual es un milagro no pequeño, tomando en cuenta que ella vivió entre el 180 y el 230 d.C. Me dio gusto porque tampoco había podido visitar las ruinas romanas de ese lugar en mis anteriores etapas romanas.
De santa Cecilia me fui a Santa María en Trastévere. Una iglesia monumental, por sus columnas romanas de diferentes tamaños y capiteles y, sobre todo, por el maravilloso mosaico del ábside. Es la Iglesia dedicada a la Virgen más antigua en Roma (y quizá del mundo, no lo sé), anterior aún a Santa María la Mayor. En esa Iglesia hice mi oración, disfrutando de sus magníficos mosaicos, cargados de piedad y teología.
De ahí decidí regresarme a la estación de Flaminio, para volver a la casa, caminando al lado del Tevere, protegiéndome del sol con los inmensos árboles llamados plátanos (pero no los de la fruta). En ese camino, largo, pasé al lado del Palacio de Justicia, obra monumental y mamotrética del siglo XIX italiano. Poco después está la Iglesia “Del Sagrado Corazón del Sufragio”, que tiene un pequeño “museo”, con recuerdos o testimonios de las ánimas del purgatorio. También me dio gusto visitarlo, pues no lo había hecho en mis anteriores estancias en Roma, siendo que es el único lugar en el mundo donde se conservan testimonios de las ánimas del purgatorio.
De ahí me fui al tren y luego caminé a la casa, sumando entonces 21 km a pie el día de hoy



