I. Experiencia y Pensamiento
Nuestras palabras y conceptos, al igual que nuestras ciudades, están impregnados de historia.
Los conceptos clave de la política: poder, honra, autoridad, acción política, participación, liderazgo, organización y legalidad, por mencionar algunos, se gestaron como respuesta a experiencias de la vida en la ciudad. Desligados de las experiencias que les dieron origen y de la tradición histórica a la que pertenecen, estos conceptos son sólo voces vacías, susceptibles de ser manipuladas por cualquier gobernante sin escrúpulos a fin de asegurarse un puesto público o de justificar restricciones a la libertad y a la participación ciudadana.
Los sistemas totalitarios, dictadores, demagogos y tiranos están siempre listos para arrancar de su contexto e historia cualquier concepto político, y prostituirlo en aras de conseguir sus fines particulares. La reescritura de la historia llevada a cabo tanto por nazis como por comunistas en el siglo XX no era una característica accidental de ambos regímenes: era parte esencial de su proyecto de dominación y estaba ligada a una completa distorsión de nuestro vocabulario político, a través de la cual palabras como “justicia” se volvían carentes de significado.
De ahí que para proteger los conceptos políticos sea necesario “llenarlos” de sentido en las experiencias históricas que les dieron origen. En los siguientes posts profundizaremos y ampliaremos la perspectiva del análisis sobre la Ciudad a través de un recorrido en la historia.
La Política surgió en la Polis, un tipo de ciudad específico desarrollado por los griegos en la Antigüedad. Proveer nuestro pensamiento de las experiencias históricas que se encuentran en el origen de la política amplía nuestra capacidad de entender conceptos políticos claves y aplicarlos mejor a nuestros problemas políticos actuales.
Buscaremos entonces formular una “gramática” de nuestro vocabulario político. Intentaremos tanto analizar por separado las palabras que componen nuestra red conceptual política, como precisar las relaciones que existen entre los diversos conceptos de dicho vocabulario y las funciones que cada palabra lleva a cabo en este sistema. Experiencia y pensamiento sobre la experiencia son el camino para una gramática de la política.
II. La Ciudad Antigua: Egipto

Pirámide y esfinge de Giza
Antes de la política existió la Ciudad. La política nació con la Polis, y la Polis —como institución y forma de vida— se nutrió de las experiencias de otras ciudades anteriores. En dichas ciudades no se dio una vida “política” en estricto sentido, pero sí encontramos elementos prepolíticos importantes que vale la pena considerar.
Los expertos están de acuerdo en que las primeras ciudades aparecieron en la zona de Mesopotamia (hoy Irak) alrededor del año 5000 a.C. Algunos siglos más tarde, asentamientos al margen del Nilo crecieron y dieron lugar a la ciudad de Egipto, de la cual nos ocuparemos en este post.
Las características definitorias de la Ciudad Antigua son:
- Cohesión topográfica y administrativa: población concentrada de modo permanente en un mismo lugar y con un mismo órgano administrativo.
- Variedad de los materiales de construcción.
- Difundida división del trabajo y especialización: en las ciudades, a diferencia de las villas, cada persona se especializa en una sola actividad productiva: agricultura, ganadería, carpintería, construcción, etc. Esto provoca el desarrollo, dominio y perfeccionamiento de cada actividad y permite a la vez un aumento de productividad significativo con respecto a la villa.
- Población numerosa y socialmente diferenciada en correspondencia con la actividad laboral o productiva que cada clase realiza.
- Centralización de funciones de gobierno y económicas en una sola persona o una sola clase que se ocupa del manejo de la ciudad y de sus alrededores.
- Asentamiento que es punto de reunión para el comercio y los ritos religiosos.
Las primeras ciudades empezaron como una concentración y orientación de las capacidades de diversos seres humanos bajo el liderazgo dominante de una sola persona: el monarca (palabra cuya etimología significa: “un solo gobernante; un solo jefe”).
En el caso de Egipto, el faraón era una figura absoluta de autoridad. Los egipcios entendían su sociedad al modo de una pirámide con el faraón en su vértice. El faraón se consideraba descendiente del sol y unificaba en su persona la autoridad civil, religiosa y científica-tecnológica.
La ciudad antigua era sobre todo un instrumento de la clase gobernante para dirigir y controlar a los habitantes de la ciudad y sus alrededores. Vivir en la ciudad, por lo tanto, implicaba obedecer al faraón y acatar sus disposiciones. A pesar de esta dominación, la afluencia de emigrantes a la ciudad se mantuvo en aumento durante los años de plenitud del imperio egipcio (2133 a 1991 a.C.).

Vista del río Nilo en Egipto
¿Qué ofrecían las ciudades antiguas, Egipto por ejemplo, que atraían a ellas personas de toda la región?
- El mayor atractivo de la ciudad desde la antigüedad era la posibilidad de una vida segura, estable y con relativa paz. La seguridad de la ciudad tiene dos vertientes: por una parte, la ciudad es un refugio contra las fuerzas de la naturaleza. La infraestructura de Egipto, construida por los faraones, permitía dominar los ciclos naturales de desbordamiento y descenso del Nilo y aprovecharlos para producir comida en abundancia. Por otra parte, la buena administración del faraón permitió a sus siervos sobrevivir a las hambrunas que azotaban la región. El Génesis recoge la historia de Jacob y sus hijos, quienes acuden a Egipto y se subordinan a la autoridad del faraón para escapar de la muerte; también narra cómo los dueños de tierras aledañas a la ciudad de Egipto no dudaron en vender sus terrenos al faraón y volverse sus siervos a cambio de que él les asegurara el sustento diario (Cf. Gen. 37 ss). La ciudad, además de ser un refugio contra las fuerzas de la naturaleza, es un refugio contra la violencia de otros grupos humanos. Con las ciudades nació la legalidad: el establecimiento de normas para la convivencia formuladas por la autoridad legítima y respaldadas por sanciones en caso de su violación. La seguridad de la ciudad es desde su inicio un efectivo modo de disminuir la violencia en la convivencia de los seres humanos. Ingresar a la ciudad implicaba e implica adquirir cierta “urbanidad”: un modo de vivir de acuerdo a ciertas reglas y bajo una autoridad.
- Las magníficas construcciones del Imperio Egipcio dan testimonio de otro de los grandes atractivos de la ciudad: la promesa de inmortalidad. El hecho predominante de la cultura egipcia era la muerte: momias, sarcófagos de piedra, máscaras mortuorias, retratos esculpidos y las imponentes pirámides son todas obras que resultan del afán humano de escapar a la muerte. A veces, en las discusiones contemporáneas sobre el poder, quizá por la influencia del cristianismo, no se toma en cuenta la vinculación entre poder y ansia de inmortalidad. Pero en el origen de la noción de poder está presente el ansia de inmortalidad. Los siervos del faraón veían en la magnanimidad de las construcciones que llevaban a cabo una muestra evidente de poder, un poder que pretendía estar por encima de la muerte. El afán de inmortalidad que impregna cada una de las piedras de las pirámides es una constante en la historia de los pueblos, los imperios y las naciones. Basta mirar por encima los himnos nacionales de la mayoría de los países para constatar las pretensiones de gloria inmortal que promulgan: «…que en el cielo tu eterno destino, por el dedo de Dios se escribió».
Los atractivos de la ciudad antigua dejan entrever elementos tradicionales de la noción del poder:
- El poder es efectivo: si bien el poder como se daba en el antiguo Egipto implicaba la dominación de uno —el faraón— sobre todos y su exaltación hasta el absurdo, y por tanto no era un poder político, es innegable que permitía también la organización y dirección de las acciones de los súbditos para fines específicos. El poder del faraón daba resultados. Gracias a la autoridad del faraón y a la obediencia de sus siervos, los egipcios lograron construir un imperio cuyas huellas han perdurado por más de cuatro mil años.
- El poder está vinculado a la religiosidad, al temor y a la ignorancia: las primeras ciudades surgieron alrededor de centros sagrados de reunión donde grupos humanos diferentes retornaban periódicamente para realizar ceremonias rituales. La religiosidad antigua está fundamentada en el miedo: miedo a la muerte y miedo a la naturaleza. De ahí que sea una religiosidad centrada en el culto a los muertos y a las fuerzas naturales personificadas por los dioses. Sumado al miedo estaba la ignorancia: el faraón y la casta gobernante monopolizaban el conocimiento científico teórico y eran por tanto los únicos capaces de su aplicación técnica.

Sarcófago de Inuia. Oficial egipcio de alto rango. De la dinastía XVIII y XIX, entre 1400 y 1290 a.C. Museo de Louvre © R.M.N./P. Leroy.
El faraón en Egipto acumuló mucho poder porque ofreció una vida estable y segura a sus siervos y, no menos importante, llevó a cabo grandes obras que aspiraban a la permanencia a través de los siglos. Para ello se valió por una parte de la buena administración de los recursos, y por otra de conocimientos científicos y técnicos; sin embargo, también alimentó el miedo de la población a las fuerzas “divinas”; monopolizó el conocimiento y condenó a sus siervos a la ignorancia, que es una variante de la esclavitud.
Significativo en el caso de Egipto, y creo que quizá en el de cualquier ciudad antigua, es que la autoridad se fundaba en una desigualdad esencial, original e infranqueable: el faraón era descendiente de los dioses, tenía contacto con lo divino y con los antepasados; el faraón sabía y el pueblo era y se mantendría ignorante.
También descubrimos en Egipto otro rasgo distintivo de las ciudades poderosas: el lujo desbordante. Si bien la división de la labor y el trabajo permitía mayor productividad, el excedente iba a manos de la clase gobernante, que usaba de él para darse una vida de lujos y excesos. Este es el lado más oscuro de Egipto, el de la dominación del pueblo y el monopolio del conocimiento. Por contraste, es innegable que la figura del faraón —un mando estable con fines claros y autoridad— permitió organizar, dirigir y dar forma a una civilización admirable aún hoy en sus obras.
VI. Bibliografía
Datos de este texto proceden del Nuevo Pauly (‘Der Neue Pauly’), sin duda la enciclopedia más importante que existe sobre la Antigüedad. El NP es la última de 4 enciclopedias con el mismo objetivo: recopilar de modo sintético toda la información posible sobre el mundo antiguo occidental.
- Galindo, Fernando. “Mundo Común y Política: el espacio de la acción Hannah Arendt”. Tesis de Maestría para la UNAM. 2004.
- Manville, Philip B. “The Origins of Citizenship in Athens”. Princeton UP, Princeton. 1990.
- Mumford, Lewis. “The City in History”. Pelican Books, London. 1966.
- Fleming, William. “Arte, Música e Ideas”. McGraw Hill, México. 1989.
- Row, Christopher. Introduction. “The Cambridge History of Greek and Roman Political Thought.” Christopher Rowe, Malcolm Schofield, eds. Cambridge UP, Cambridge. 2000.
- Raaflaub, A. Kurt. ‘Poets, lawgivers, and the beginning of political reflection in archaic Greece.’ “The Cambridge History of Greek and Roman Political Thought.” Christopher Rowe, Malcolm Schofield, eds. Cambridge UP, Cambridge. 2000.
- Der Neue Pauly. Tomo 8. Hubert Cancik ed. Editorial Metzler, Stuttgart. 2000.
- Der Neue Pauly. Tomo 11. Hubert Cancik ed. Editorial Metzler, Stuttgart. 2001.
- Arendt, Hannah. “The Human Condition”. Chicago, Chicago UP. 1958.
- Arendt, Hannah. “Was ist Politik”. Ursula Ludz, ed. Pieper, Munich. 1993.



