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Goce griego, cine absurdo

por | Jun 30, 2022 | 0 Comentarios

Por Gabriela Llanos Elizondo

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Si nunca has escuchado de las películas griegas, continúa leyendo. Las historias que presentan muestran escenarios verosímiles. No suelen incluir elementos fantasiosos ni extraordinarios. Al contrario, tratan de convencerte de que aquello podría suceder. Lo único extraño es que se trata de una situación que no hemos conocido. Incluso la extrañeza que produce la interacción entre los personajes y la ejecución de los diálogos podrían persuadirte de que los griegos simplemente son así. Más fácil resulta convencerse de eso cuando los personajes se desenvuelven de esta manera en una y otra película. Quizá reflejan algo real de la gente griega. No obstante, demos el beneficio de la duda y supongamos que los directores sencillamente disfrutan de retratar este tipo de ambiente. 

Algunas tramas son brillantemente desconcertantes. Directores y escritores como Yorgos Lanthimos, Babis Makridis, Efthymis Filippou y Athina Rachel Tsangari han desarrollado un estilo excepcional. Generan un ambiente trastocado donde la sátira y el patetismo se apoderan de la vida de los personajes. Esto es fácil de notar en películas como Pity, donde un hombre apasionado por la infelicidad vive en un mundo que no es lo suficientemente cruel con él. En lugar de provocar compasión por el personaje principal, los directores logran ridiculizar el querer que otros sientan lástima por uno. Este tipo de crítica o humor puede resultar muy lejano a la cultura latinoamericana y, para mí, es doblemente fascinante.

Aunque es difícil recomendar algo del cine griego, me parece que las películas de Lanthimos son las más accesibles a la mentalidad occidental. O, al menos, son las más populares. Un cortometraje amable para empezar puede ser Nimic (2019). En un foro, alguien se lamentaba profundamente de no haber conocido la obra fílmica de Lanthimos antes, pues desperdició la oportunidad de preguntarle, a su cara, ¿qué rayos está mal contigo? Según Lanthimos, es porque no tienen presupuesto que hacen películas pequeñas y baratas, pero difícilmente es el presupuesto la razón por la cual este tipo de películas es así. 

L, 2012

Son joyas absurdas contemporáneas de premisas ridículas y trágicas. Presentan una frenética inadaptación social y nudos psicológicos que no se logran destensar. Hay quienes opinan que este tipo de películas no aportan nada: que son bizarras, desorientadoras y desagradables. Y lo son. Aunque favorablemente así, en mi opinión. El absurdo en ellas se mezcla con un humor amargo que provoca comicidad. Más que de un humor retorcido, me parecen catárticas.

Lo que separa a los filmes griegos de otros es la energía que descargan los personajes. Los diálogos se ejecutan derrochando una cantidad de humor impresionante. Si uno ya tiene el gusto por lo incómodo, por el incremento suave pero firme de tensión psicológica, lo cómico e inesperado, no puede perderse estas joyas, que retratan el absurdo de manera única. No hay recato en explorar la incomodidad y en inventarse relaciones e interacciones humanas sin sentido. La realidad que crean y el desenvolvimiento de los sucesos, así como el actuar y los diálogos de los personajes son estupendos. Me regodeo viendo cómo actúan los personajes, cómo su comportamiento tiende hacia lo psicótico y cómo sus acciones son retratadas de maneras alegres, ridículas o ácidas. 

En ocasiones se debe a los rostros inexpresivos, a veces a situaciones tal como rentar la presencia de alguien para suplir la ausencia de alguien que falleció (Alps, 2011) y otras veces a los diálogos casi incoherentes que en el espectador se genere una sensación de desasosiego e incomodidad. Las situaciones extravagantes, estúpidas e incluso dolorosas brotan una tras otra. El desconcierto que provoca lo inesperado es lo que inspira sentimientos fuertes en las personas que ven estas películas. A veces a favor y otras veces en contra. Hay quienes reconocen la incomodidad que les genera y están fascinados por ella. 

Dogtooth, 2009

Una mezcla de lo irracional, la incomodidad y la expectativa generan poco a poco una tensión que termina sin resolverse. Uno puede disfrutar del patetismo exacerbado, las relaciones incómodas y el absurdo inabarcable, o bien sentir repulsión inmediata. Quizá es fácil sentirse ajeno a los ambientes inhóspitos o inusuales que construyen, pero alegremente confieso que te puedes acostumbrar. O bien, si ya tienes el gusto por el teatro experimental y absurdista, rápido sentirás cariño por estos filmes. Sólo en ese tipo de teatro he visto algo parecido. 

Advierto que algunas películas pueden ser o tener partes crueles o violentas. Se valen de toda clase de recursos para presentar la experiencia humana en toda su incomodidad, incluso si esto provoca que muchos desaprueben de estas películas o sientan un profundo rechazo hacia ellas. El tono psicológico puede ser siniestro o perturbador. La violencia gráfica es en ocasiones brutal, aunque suele fugarse tan repentinamente como aparece. Dura lo suficiente como para dejarnos la sangre fría o recordarnos el verdadero tono de la narración. No se da sin propósito, como parecen hacerlo otros directores, sino para que la violencia y el abuso agranden lo que ya burbujeaba. Lo sexual, por su parte, tiende a ser risible, incómodo y carente de pasión, manteniendo el patetismo característico de estas películas. Todo esto, así como personajes odiosos, pueden hacer que uno sienta profundo rechazo hacia la trama de alguna película, pero valen la pena, pues este tipo de cosas no suelen ser centrales. 

Attenberg, 2010

Muchos espectadores teorizan sobre el mensaje que hay detrás de alguna película o su intención oculta para descifrar. No obstante, llega un punto en donde esto me resulta inútil y desacertado. Hay películas como Birds (Or How To Be One) (2020), donde la gente busca convertirse en pájaros, que me parecen completas así como están, aún si no hubiera un gran mensaje detrás. Integra muchos puntos que invitan a la reflexión, pero hay otras partes que simplemente son para disfrutarse. Y si la película no tuviera una coherencia perfecta en su totalidad, lo que lograron me parece suficiente como es. 

Estas películas tienen un peso muy fuerte en su performatividad. Si uno quiere extraer moralejas y conclusiones está muy bien, pero estos filmes no serían menos valiosos si carecieran de esa intención. El cine griego se enfoca más en la actuación y en el desarrollo de los eventos que en retratar un mensaje o idea, aunque manifiesten varios. Es por la actuación y desarrollo de eventos, así como el ambiente único que han creado directores tales como los mencionados (Yorgos Lanthimos, Babis Makridis, Efthymis Filippou y Athina Rachel Tsangari), que me parece que el cine griego ha desarrollado su propio género. Invito al lector a gozar de estas creaciones. 

Redacción

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