Mente literaria en cuerpo sano

por | Jul 19, 2021 | 0 Comentarios

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Yakamí Machado

La otra vez, me lastimé la cadera por cargar dos garrafones al salir de compras. El ortopedista me regañó, pues no sólo fue por una mala técnica, sino porque mi cuerpo no estaba en buena condición. Por la desidia de la pandemia y no querer trapear antes de poner mi tapete, abandoné el Yoga por un año y mis demás ejercicios, eso trajo como consecuencia que me lastimara. Lo más interesante es que la rehabilitación eran: ejercicios. Al final, el ejercicio es vital para que todos tus músculos se mantengan bien, sanos, fuertes, y puedas hacer tu rutina del día al día y tengas una mejor calidad de vida.

Ante esto me pregunto ¿No será lo mismo la lectura de literatura? Muchos no nos damos cuenta de lo que necesitamos hasta que nos enfermamos, sería bueno ver la literatura ya no desde la funcionalidad pragmática inmediata, sino mediante lo que su práctica provoca en nuestra mente ¿Será que la literatura es un ejercicio saludable?

Literatura y ejercicio: la desfamiliarización de lo cotidiano

Todos los días nos movemos, caminamos de un lado a otro para tomar el transporte, cargamos mochilas, bolsas del mandado, garrafones, etc. El lenguaje también es algo que practicamos todos los días, desde los buenos días, los mensajes con camaradas, minutas del trabajo y la lectura de los menús de fondas o precios en las carnicerías. 

Sin embargo, esto es cotidiano. Por parte del movimiento, no podemos evitar agacharnos mal, tener malas posturas, cargar de manera equivocada o simplemente forzar sin darnos cuenta partes de nuestro cuerpo que no están realmente fortalecidas, y nuestro cuerpo, aunque no lo sintamos, hace un esfuerzo descomunal e involucra otras partes que no deberían para facilitarnos el trabajo. Igualmente, todos los días hablamos, pero escribimos con faltas de ortografía y redactamos mal las ideas que, sólo por contexto, nos entiende nuestro interlocutor, sin mencionar que, si alguien transcribiera nuestras conversaciones habladas, el número de incoherencias, malas pronunciaciones y mala gramática sería descomunal. 

Desfamiliarizar es, literalmente, hacer que algo deje de ser familiar, cotidiano. El ejercicio hace esto. Al estar en rehabilitación, hice movimientos que en la vida voy a hacer, desfamiliarizados ¿La razón? Estos mueven cosas y activan músculos importantes, el fortalecimiento y elasticidad de eso que no vemos es vital para que, cuando carguemos algo, nuestro cuerpo no tenga que hacer locuras y movimientos equivocados. 

Voy a poner un ejemplo. Tienes una línea de trabajadores armando un zapato, si el que le pone las suelas es flojo, va a retrasar a todos. Alguien, para sacar el trabajo, hará su trabajo, pero eso comprometerá su propio trabajo y el de los demás. Tú podrás ver al final un zapato bien hecho, pero adentro ya se armó todo un desastre y en una de esas se van a pelear, o uno va a renunciar, o se va a cansar y empezará a salir mal la producción. Así es tu cuerpo, un trabajo de equipo que sólo hasta que salga mal el producto visible notaremos que desde hace rato ya había problemas que debíamos atender.

Una crítica muy común a la formación es decir: ¡Es que eso de qué sirve si en la vida diaria no se ocupa! Lo siento, pero eso es no ver el trabajo interno, entender el acto complejo del movimiento del cuerpo y saber que todo se debe activar. Es tratar de pasar todo de un lado a otro con obviedad, y así no funciona la realidad, pues esta es menos obvia de lo que uno cree

Los formalistas rusos (llamados así peyorativamente, pero eso es otra historia que no incumbe) fueron un grupo de teóricos literarios que se interesaron por ver el funcionamiento de la literatura, ya que había un exceso de ver al arte desde medios abstractos o ideológicos. Fue así que se dieron a la tarea de analizar desde la objetividad cómo opera el arte y qué lo hace ser lo que es desde las evidencias en la construcción de los textos, por ejemplo. 

De ellos deviene la idea de que la literatura es un “Extrañamiento”, “Desfamiliarización” del lenguaje cotidiano ¿A qué se refiere? En la vida normal usamos metáforas, decimos: la pata de la mesa. La mesa no es un animal, pero usamos esta palabra para referirnos a su parte constitutiva similar. No obstante, esa metáfora es muy funcional y la usamos tanto que apuesto a que muchos a penas se van a dar cuenta que hemos estado usando metáforas en el habla cotidiana sin querer ni afanes artísticos ¿Qué pasa entonces con la literatura? Pasa esto: 

La soledad está sola.

Y sólo el solo la encuentra

que encuentra la sola ola

de la mar en que se adentra.

“El inmenso Atlántico”, Juan Ramón Jiménez.

Si hablamos con un amigo le decimos: “Me siento solo”, tiene poder porque tiene el contexto de nuestra amistad, de lo que sea que sepamos que estamos viviendo, etc. La literatura no tiene nada de eso, lo que tiene es que, como en el ejemplo, revuelve los usos de la lengua y repite palabras “encuentra”, juega con “sólo” de “solamente” y “solo” de “soledad” para remarcar ese carácter inmenso, inevitable y depredador del sentimiento. La poesía incluso va a un nivel más profundo. Las patas de la mesa no es una idea tan descabellada como “La soledad está sola” ¿Puede estar sola la soledad? Algunos teóricos dicen que esto es la literatura, te lanza una cachetada y te deja muy en claro que usa figuras retóricas, que es raro lo que estás viendo, a diferencia de la pata de la mesa que ya la has vuelto rutina y no tiene magia alguna. 

El uso también de la musicalidad del poema (el uso de la “s” y cómo acomoda las palabras para que suenen diferente al uso cotidiano) te reta y te lleva de la mano, imitando el movimiento de la ola. En el ejercicio, levantar tu pelvis y mantenerla cinco segundos en el aire para ejercitar el glúteo, es un movimiento tan poco “familiar” que hace que otra cosa se active. Y si te sientes solo, tal vez en este momento ves que hay una manera más profunda de realmente definir tu soledad más allá de un “me siento solo”, porque esta frase se queda corta, pero el poeta no se quedó corto. Entonces, activa tu mente, reta tu pensamiento, tu pronunciación y tu forma de ver la vida. Dices más reestructurando el lenguaje de otra forma, y despiertas instintos y conceptos diferentes en el lector.

Encontrarte con el lenguaje enrarecido te hace ejercitar tu habilidad lingüística que, lleno de frivolidad por el uso diario, vuelve a tomar sentido, vuelve a decir cosas más profundas que le negabas con decir sin notar: “pásame una calza que la pata de la mesa está coja”.

Practicar un deporte: ficción vs realidad

Imaginemos que ahora quieres llevar el ejercicio más allá y vas a practicar un deporte. Fútbol. Bien, pues es el momento en el que el ejercicio toma la idea del juego. Usas cada parte de tu cuerpo de una manera “poco común” y aplicas trabajo en equipo, jugadas planeadas, etc. Sin embargo, cada partido es diferente. Cada partido va retando cosas nuevas. Quizá tienes enfrente a un buen jugador que les causa problemas, o sólo la gente que ahí juega es un poco más hábil. Al final, en este simulacro (porque eso es un juego) del movimiento podrás crecer en muchos aspectos… o no, si haces trampa, faltas, o le pagas al arbitro para ganar. 

La literatura como palabra a veces hace referencia a todo lo que está escrito. Personalmente, nunca me ha gustado hacer eso, pues prefiero hablar de libros, teorías, ensayos,  testimonios, biografías, etc. que de literatura, término que me gusta emparentar con la ficción. Y es que la tendría muy fácil si hablo de la literatura como lengua escrita, pues desde el físico que lee ensayos, investigaciones y demás hasta el conductor tiene que leer las normas de tránsito, es inevitable tener que leer para hacer bien las cosas. 

Prefiero usar literatura como ficción, porque aquí es donde se relega al ocio, a lo inútil, al juego, a la fruslería. Personalmente, esto es más divertido, porque entramos en el problema de la verdad, donde los que la estudiamos solemos reírnos (con cierta patanería) de las otras disciplinas: nosotros trabajamos con algo que no es verdad, pero ustedes se matan por tratar de decir la verdad, aunque está siempre se les escapará. 

Todo texto y teoría, de cualquier disciplina, es una “representación”, es una idea, quizá con evidencias, quizá con mucho trabajo mental, pero que al final, sólo desde la irresponsabilidad podemos decir que es absolutamente real. La Historia se ha encontrado con problemas de que la información varía mucho dependiendo de quién cuenta el suceso y que, más allá de lo que se cuenta, los documentos, las leyes y otras cosas creadas a partir de los sucesos, de pronto, distan mucho, sin mencionar que, a veces, sobre todo en lugares como México, esos documentos dicen algo, pero lo que se hacía era algo diferente. La física y las matemáticas también tienen sus limitantes, y los economistas, ni se diga, aunque crean que trabajan con la realidad que mueve al mundo de la oferta y demanda, a veces el planeta no necesariamente sigue sus predicciones y hay mucho de ficción y de intereses detrás de cada idea. 

La literatura se ríe de estas disciplinas, se reclina y se dedica a imaginar posibilidades y escenarios diferentes. En los pasillos de la Facultad se solía decir que la literatura funcionalmente está escrita en subjetivo, es la escritura del hubiera ¿Qué pasaría si la sociedad fuera controlada por el placer? Un mundo Feliz, Aldous Huxley ¿Qué pasaría si viéramos la vida desde el desencanto del sueño americano? Factotum, Bukowski ¿Estamos en condiciones de llegar a una verdad de los hechos? Crónicas de una muerte anunciada, Gabriel García Márquez. Toda literatura es un simulacro llevado hasta sus últimas consecuencias de una premisa. 

Pero, espera ¿Entonces, de qué sirve si nada más se pone a imaginar en lugar de hacer? La economía, la historia y la física al menos nos han llevado a logros ¿La literatura qué?

Lamentablemente, si uno sólo viaja en las nubes, la literatura se vuelve poco fructífera y serviría más como una droga escapista. El asunto es que nunca es así. Siempre hay una gran influencia. Recuerdo que en un documental un sujeto declara que terminó de rogarle a una chica por su amor y decidió seguir su camino lejos de ella luego de leer:

Hay peores cosas que

estar solo

pero a veces toma décadas

darse cuenta de esto,

y la mayoría de las veces

cuando lo haces

es demasiado tarde

y no hay nada peor

que

demasiado tarde.

Oh, sí, Charles Bukowski.

Pero entonces me van a decir: ¡Qué horror! Sí, por eso muchos se suicidaron al leer el Werther de Goethe. Sí, y no. La literatura y la ficción son complicadas, a veces debes de estar dispuesto a hacerle caso, y otras veces debes de ser prudente con lo que escuchas. Lo peor que puedes hacer con una ficción es tomarla desde el punto de vista literal.

Terminas de leer Momo de Michael Ende y no se trata de que digas:

–¡Dios, es verdad, me obligan a correr y a destruir mi vida! Tengo que hacer algo al respecto, pero ¿Dónde encuentro esa tortuga mágica que usó Momo para llegar con el padre tiempo?

¡Error! Debes hacer una lectura simbólica, no literal del libro. Una vez más es decir: oye, este ejercicio es un movimiento que nunca voy a hacer en la vida normal, pero ejercita otras partes importantes. Igualmente, cuando practicas un deporte, nunca vas a tener que tirar un gol que llegue a portería, pero la disciplina, la paciencia y el trabajo de equipo sí.

Quizá esto es culpa de los libros motivacionales que se presentan como instrucciones literales, o de los casos fanáticos que llevan al extremo literal postulados de libros ficcionales, pero tal vez estaría cayendo en un error, pues el terrible Neoclasicismo también nos arruinó muchas fiestas por esta clase de tonterías literales. Momo es una lectura muy rica y entretenida pero, como la buena literatura, no es un libro de instrucciones, es una experiencia estética que te puede hacer ver las cosas de otra forma. Pero sobre esto, se hablará más adelante.  

Otro punto importante del deporte: mañana hay otro partido. En la literatura: siempre hay otro poema o libro que leer. La ficción es la oportunidad, puede morir un personaje y no tiene las mismas consecuencias que la muerte de un familiar en la vida real (O al menos eso espero) ¿Qué estás esperando para ver más escenarios? La ficción te da la posibilidad de tener experiencia de muchas vidas, miradas o temporalidades que no podrías con la única vida que tienes. Con la literatura, lo harás a través del lenguaje y eso marcará mucho de cómo piensas, cómo te relacionas con tu entorno a nivel lingüístico y en otros aspectos más. Si sólo lees de una cosa, si sólo haces un ejercicio para la cadera y no lo varías, no le das su ritmo, tampoco sirve mucho, hay que leer de todo para que esto tenga más sentido. 

La responsabilidad

Hasta este punto crees que me he contradicho: ¿Cómo puedes darle tanto peso a la ficción y aún así seguir diciendo que no le importa la realidad? Quizá este es el punto más complejo, pues la relación entre ficción y realidad es por demás problemática. Volvamos al ejercicio y al deporte. Uno juega para ganar, pierde su partido, se baña y se va a comer con sus compañeros y están felices pese a que perdieron porque, aunque el punto es ganar en el juego, no pasa nada si pierdes, mañana hay otro juego y ya ganaste mucho. Así es la ficción y por eso, ante la neurosis de la perfección y los altos estándares de nuestra sociedad, no pasa la prueba, porque la ficción transgrede la realidad porque tiene algo que decir pero esto no es literalmente aplicable y exponencial. Como si tuviera un juego contra la complejidad de la realidad, suele perder y no importa, lo que importó fue el partido en sí, la experiencia y todo lo que trajo con ella.

Sobre esto, hay un artículo breve pero contundente :

Yo debo responder  con mi vida por aquello que he vivido y comprendido en el arte, para que todo lo vivido y lo comprendido no permanezca sin acción en la vida. Pero con la responsabilidad se relaciona la culpa. La vida y el arte no sólo deben cargar con una responsabilidad recíproca, sino también con la culpa. Un poeta debe recordar que su poesía es la culpable de la trivialidad de la vida, y el hombre en la vida ha de saber que su falta de exigencia y de seriedad en sus problemas existenciales son los culpables de la esterilidad del arte.

“Arte y responsabilidad”, Bajtín

Unos ya dirán que esto me contradice, la cosa es que sólo vuelve más compleja la analogía con un partido. Me encanta esta cita de Bajtin porque es cierto, uno debe hacerse responsable con sus acciones, pero, ojo, esta responsabilidad es del autor y del lector. No podemos  creer que sólo el autor va a cargar con todo, si el lector también tiene que hacerse responsable se su vida, de qué le va a permitir al escrito influenciar a su vida, qué otras lecturas van a complementar sus ideas y, sobre todo, cómo se va a enfrentar a un texto y qué culpas va a aceptar de su decisión. El lector no es una víctima, es un cómplice, y la ignorancia son las letras chiquitas que uno debe saber que existen y leerlas cuando sea necesario en vez de lanzarse a repetir cosas. 

El escritor, por su parte, claro que debe de ser responsable, sobre todo, siendo sincero con lo que plasma, trabajando el texto para que realmente exprese lo que quiere, con la investigación, el tiempo y la ayuda que este requiera, no sólo entregar por cumplir. En este caso ya quedará si en un sistema industrial que necesita de la producción en masa para subsistir se puede ser completamente responsable o uno se obliga a delegar su responsabilidad por el bien presente, sabiendo que el hombre es imperfecto y tiene límites que, si bien se pueden romper, también lo pueden romper a uno. Pero eso ya tendrá sus propias respuestas, espero.

La cosa aquí es que por eso existe el pacto de ficción. Tú y el texto ponen las reglas de qué se va a dar por real, y qué postura vas a tomar independiente de la del narrador: si vas a criticar a Werther por ser un “exagerado” enamorado, dejando de lado que él ya tenía muchos problemas más allá de los amorosos. Al terminar se establece otro pacto que es el de la trascendencia de ficción o de la catarsis: vas a suicidarte, vas a sentirte liberado de tu tristeza luego de que alguien se mató en tu lugar, o vas a llevar tu tristeza a otras reflexiones que tendrán impacto en la vida, como es ir a terapia o, en el caso de otra persona, ser más empático con una persona con depresión.  

El pacto deja muy claro que hay dos inmiscuidos. Culpar a una ficción de algo a veces no es un acto de crítica, sino un acto de falta de responsabilidad lectora. Quien sobre exige a la ficción algo que no puede darle a veces es un acto irresponsable del lector con su propia realidad. Actúa en el mundo, no convenzas a los escritores de que hagan lo que tú crees que es correcto, sólo porque es más fácil amenazar a una persona que resolver los verdaderos problemas. Es un activismo escapista. No esperes que una ficción cambie, busca al otro escritor que sinceramente lo quiera hacer y apóyalo. No le exijas a Disney que te presente una ficción inteligente si no estás dispuesto a ir a la cinética y consumirla de otra persona que la quiere hacer (la gente que sí lo hace es responsable con lo que consume). El lector debe buscar, no esperar cómodo a que le llegue lo que quiere. Esa es su responsabilidad, y para con la realidad, hablar de ello.

Volviendo al ejercicio, sería como ir al gimnasio, hacer pesas y luego echarle la culpa porque no “ligaste” con una chava y no funcionó ¿Ya viste que no sabes hablar? ¿Que eres un patán y no la tratas como ser humano? ¿No crees que estás haciendo ejercicio por las razones equivocadas? La ficción simplifica la realidad para presentar un argumento coherente, la realidad requiere de más de un argumento coherente, porque es incoherente, caótica, no tiene sentido. 

La literatura, en su carácter ficcional y como arte del lenguaje, lo ayuda a uno a ejercitar. Hay literaturas más ligeras, ejercicios sin peso. Pero hay otras más complejas, más profundas, ejercicios con peso. Es aquí donde la unidad responsable, para mí, toma otra dimensión: no te excedas. El exceso de ejercicio es malo para el cuerpo. La obsesión por el cuerpo perfecto a veces te va a dejar inválido.

Lo mismo ocurre con la literatura. Su lectura y estudio son buenas, y la exigencia de complejidad y búsqueda de esta también, pero exagerar, puede volverte loco. Puedes obtener la enfermedad del intelectual, puedes volverte quisquilloso, criticón. Los hay desde los que se vuelven puristas hasta los que se vuelven tan profundos que terminan apoyando arte conceptual mal ejecutado. Y digo arte conceptual mal ejecutado, porque este arte en sí no es malo o un fraude. La cosa es que hay que saber identificarlos a través del concepto, de lo que plantean. Un purista se irá a buscar los clásicos y un profundo te sacará una tesis de algo sin sentido. Esta gente ya está inválida. Hay que saber no exagerar, descansar, admitir que el arte más placentero y sencillo no es malo de vez en cuando, lo malo es hacerlo siempre. Exigir no es gritar, criticar no es repudiar, cuestionar no es negar, responsabilizarte no es ser un neurótico. A veces se pierde el partido, no hay problema. 

El problema de la responsabilidad también tiene más aristas, se pueden resolver con la lectura de “La triple mimesis” de Paul Riceour, pero, lamentablemente, eso haría aún más largo el texto. En algún otro lugar lo retomaré.

El entrenador, la cátedra. 

Se puede ser autodidacta, pero esto siempre tiene sus límites. Un buen entrenador es vital para conocer tu cuerpo como nunca antes lo habías conocido. Pero este es otro pacto completamente nuevo con más responsabilidades y culpas por repartir.

Un entrenador te puede ayudar a entender tu cuerpo y a mejorar en muchos nuevos aspectos, o puede venderte esteroides, suplementos alimenticios, darte malos consejos, encaminarte a la enfermedad, lastimarte o sólo robarte tu dinero. 

La cátedra, el que te enseña a leer de manera crítica es esta parte. Aquí es donde la literatura se vuelve oscura y donde más incide en la realidad, a veces para mal. La manipulación para hacer que un texto inocente se vuelva aterrador está aquí. Desde convencerte de que algo que te gusta es “lo peor que existe en el mundo y debe ser erradicado” porque promueve determinados valores hasta hacer una lectura fanática de otro texto y llevar a cabo cosas aterradoras en el día a día o, peor, quizá el autor ni decía eso, pero retorcieron tanto el texto y tu no lo leíste que por eso te dejas llevar.

Sin embargo, la literatura ya tiene un antídoto, y lo he revelado antes: es coherente, la realidad, no. La mayoría de las lecturas ideológicas más perjudiciales de la literatura se delatan porque son coherentes. Momento, me dirás ¿No dijiste que hay que ser honesto al escribir? ¿Eso no es ser congruente con tus pensamientos e ideales? ¿Eso no es coherencia? Ese es el problema, no es lo mismo, uno puede ser muy sincero, pero muy incoherente, uno puede ser sincero en dos épocas diferentes, pero incongruente entre las dos propuestas. 

Esto es más complicado de explicar, porque también la responsabilidad es un acto de coherencia con respecto a la sinceridad. Como diría Quiroga en su decálogo: “No escribas bajo el imperio de la emoción. Déjala morir, y evócala luego. Si eres capaz entonces de revivirla tal cual fue, has llegado en arte a la mitad del camino”. 

Escribes algo, es sincero, pero lo dejas reposar, investigas, lo evocas luego y corriges. Esto no quiere decir que no fuiste sincero al principio o que te vas a censurar luego. Eres sincero en todos y cada uno de los estadios. 

¿Qué implica esto? Sólo que te hiciste responsable con tu arte, para que quede bien, para que diga algo interesante y lo que de verdad te interesa expresar. Eso no quiere decir que lo segundo no va a ofender a nadie o a todos les va gustar, sino que es un acto de verdadero compromiso contigo. Lo digo como algo nuevo para mí, pues he escrito muchas cosas de las que me arrepiento, y esto es porque fueron escritos no poco sinceros, sino inmaduros, hechos en el calor del momento, la responsabilidad es madurez. Si lo que haces, lo modificas para otros, no para hacerlo más accesible o comprensible, sino para traicionar estilo por agradar a otros, eso también es inmadurez. 

¿Esto es la sinceridad? Sí, y si la evalúas siempre cambiará. Como Neruda cambió de tipo de poesía, lo cuál no hace menos sincera ninguna de sus poesías, ni mucho menos una mejor que la otra. La lectura ideológica, en cambio, te hará casarte con una sola idea y “mochará” todo lo que no vaya acorde a ello, o encontrará con malabares hasta donde pueda un error o un problema en el texto literario. Este es un mal maestro. No buscamos con lupa los errores, porque siempre los encontraremos, buscamos el ejercicio sano de nuestra mente. 

Lo bueno es que, a diferencia de la invalidez corporal, la intelectual que te puede causar un mal maestro es más probable de curar. Sólo hay que leer. Leer otras cosas, permitirse, como decía Roland Barthes en El placer del texto, dejarse llevar por el texto. Ahí veremos que, aunque el texto cojee de algo, aún tiene muchas cosas que decir. Dejamos de verlos como totalizadores, unívocos, congruentes de una sola lectura, y los vemos imperfectos, siempre ayudados de otras lecturas y beneficiados de mayor apertura. No hay una receta para el texto perfecto, no hay una visión totalizadora de la realidad, hay miradas literarias.     

Comprensión de una realidad espiritual

Para completar la idea de la mirada expuesta anteriormente, me parece prudente hablar de algo que ya dije en Spes sobre Elena Garro. En una reseña que le hice en esta revista, dije que la metáfora es bella porque su búsqueda es la verdad. Una vez más, el propósito de jugar un partido es ganarlo. Pero ganarlo, definir la realidad como es, eso muchas veces es imposible. La literatura es rica porque nos hace ver desde otras perspectivas, no nos da la perspectiva correcta. Una vez más, no es un manual de instrucciones, no es una narrativa coherente inmutable.

Quizá porque lo inmutable es imposible. Ya se dijo que Neruda era diferente, pero eso no hace a un Neruda mejor que otro. La poesía, con humildad y sinceridad, busca rescatar momentos de la realidad y presentárnoslos, los inmortaliza para que nos demos cuenta de esta desfamiliarización del lenguaje y nos recuerda cosas.

Sobre lo último Maria Zambrano en Los sueños y el tiempo hace una observación muy interesante, sólo que por cuestiones de lenguaje no voy a citarla, ya que sería (con la analogía usada aquí) como ponerlos a cargar cien kilos en la máquina de ejercicio. 

La filósofa nos dice que la rutina, lo cotidiano que hacemos con el piloto automático se convierte en una parte de nuestra vida que se pierde en el tiempo porque no es trascendental, no importa. En ese sentido, lo repetitivo, prosaico y rutinario es como una muerte en vida. 

¿Qué hace la poesía? Trae todo eso común (el lenguaje en nuestro ejemplo) y lo vuelve memorable, trascendente. Es un acto que resucita partes de nuestra vida y le da valor, es un acto de vida. La literatura, pues, es un momento que nos hace volver a mirar, volver a encontrarnos con eso que dejábamos morir, como una simple cebolla:

la tierra

así te hizo,

cebolla,

clara como un planeta,

y destinada

a relucir

constelación constante,

redonda rosa de agua,

sobre

la mesa

de las pobres gentes.

“Oda a la cebolla”, Pablo Neruda

El poema es más extenso, pero ya con estos versos vemos a la cebolla más allá de su naturaleza sin chiste con la que la tratamos en la vida cotidiana. Ha hecho memorable la existencia de una cebolla para nosotros, los que leemos el poema. En una vida de vaivén que se nos pasa en el ajetreo intenso de horas de trabajo y trayectos en el transporte público, llegar a casa y leer un poema es un acto de resistencia contra la vorágine de nuestra sociedad que nos invita a ser pasivos y productivos, y la otra vorágine de nuestra vida breve. 

La otra ventaja es, justamente una ya enunciada, la posibilidad de vivir mil vidas sin la necesidad de renacer, sino a través de personajes que no siempre piensan como nosotros ni tienen nuestras mismas condiciones.

Irónicamente, otra ventaja es justo fijar los límites de ficción ¿A qué me refiero con esto? A que ver la ficción con manipulación se arregla… con más ficción, pero diferente. Hoy lees un cómic, mañana a Gilgamesh, el día siguiente una novela de Onetti, acto seguido un poemario de Elena Garro, y luego una serie de cuentos de Lovecraft. Cosas diferentes, diferentes géneros e ideas que luego pueden tomar mayor penetración si se contraponen. Jean Marie Schaeffer nos dice en ¿Por qué la ficción? que la gente le teme a la ficción desde un postulado platónico, olvidando todos los avances en el entendimiento psicológico del sujeto y su aprendizaje. 

A partir de la lectura del anterior libro he reflexionado algunas cosas. Es curioso que el miedo a pasar literalmente la ficción a la realidad responde a un trastorno psicológico real: mitomanía. Y más curioso aún que la gente que propone vigilar a la ficción para que tome cartas en el asunto y le diga a la gente lo que debe de hacer o dé una completa visión de la realidad, sea incentivar a que haya una lectura mitómana de la literatura, claro, de la que YO crítico, pensador social y gente buena creo que es la mejor y la auténtica. 

Otro dato es que la ficción misma vista como juego sí es aprendizaje, y el que no es mitómano es porque estuvo expuesto a la ficción y al juego desde niño ¿Por qué? Porque, como todo, cuando un niño aprende, se relaciona y alguien le enseña bien, aprende a distinguir el bien del mal, la realidad de la ficción

Siento que un lector de literatura crítico puede tener más claro que estamos rodeados de narrativas: comerciales, campañas políticas, ideologías, prensa, figuras públicas (que son pulidas y vueltas coherentes cual personaje de ficción), etc. Leer literatura no te dice las claves del éxito, pero si te pone en un vaivén entre la ficción y la realidad que te vuelve poco a poco más sensible para identificar una máscara de mentira, sólo por la argumentación. Si conoces cómo opera una ficción, sabrás cuando están haciendo pasar a una por verdad, o por lo menos, lo pondrás en duda. Así como la persona que no sale a matar porque un personaje lo hizo en un libro. 

No sean ingenuos y le pidan a un libro totalizar un hecho, pues si ni la Historia, la Economía y las ciencias matemáticas pueden hacerlo ¿Por qué le exigen eso a la ficción? ¿O le estarán exigiendo que se asemeje a su ideología? Es sólo una visión sesgada, como la de cualquier humano, que está trabajada, eso sí. El artista no es DIOS, es sólo un hombre que con sinceridad y algo de valor se atrevió a sacarse los ojos para que veas el mundo a través de ellos.  

Conclusión

He quedado a deber con este texto, hay muchas cosas más de las que hablar, como la literatura oral y la lectura, las artes y su diferencia con la literatura, los contextos literarios, el dilema de la atención, y demás cosas interesantes. Si a la gente le gusta el tema y quiere saber más y veo verdadero interés por profundizar en cada tema e ir más allá podría hacer, no un artículo, sino escribir un libro completo de la importancia de la literatura en el siglo XXI. Eso lo haré si veo apoyo e intenciones de compra del mismo pues, por más que lo desee, uno necesita comer y no puede escribir todo de manera altruista. 

Sólo me despediré con una breve reflexión. La literatura es el arte del lenguaje. Así como hay ejercicios que se enfocan en el abdomen, otros en las piernas y otros en los bíceps, unos en la respiración, otros en el músculo, todo arte tiene su importancia a partir de lo que desfamiliariza. El cine, por muy multimedia que sea, no es completamente lenguaje, ni completamente sonido. Es un ejercicio que cubre varias partes del cuerpo intelectual, pero es siempre importante hacer ejercicios específicos que fortalecen más las zonas y otros músculos perdidos que no vemos. Por eso, siempre va a ser importante leer literatura. 

YakamÍ Machado

YakamÍ Machado

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