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Nicaragua, un grito en la oscuridad

por | Ago 22, 2022 | 0 Comentarios

Sacerdote Daniel Valdez García

«Por eso me complazco en mis flaquezas, en las injurias, en las necesidades, en las persecuciones y las angustias sufridas por Cristo; pues, cuando estoy débil, entonces es cuando soy fuerte»

(2 Corintios 12, 10)

Desde sus inicios la Iglesia ha generado hostilidad en su contra, como la padeció nuestro Señor Jesucristo con los líderes religiosos de su tiempo que le arrancaron a Poncio Pilato la sentencia de muerte en cruz.

Los apóstoles y sus sucesores también enfrentaron ambientes adversos, así nos los expresa el propio San Pablo: «Por eso me complazco en mis flaquezas, en las injurias, en las necesidades, en las persecuciones y las angustias sufridas por Cristo; pues, cuando estoy débil, entonces es cuando soy fuerte» (2 Corintios 12, 10). Esa paradoja pone a los enemigos de Cristo aparentemente empoderados y a algunos católicos los deja atemorizados y confundidos.

En México, con el presidente Plutarco Elías Calles se dio la persecución y la creación de una supuesta “iglesia nacionalista” y sierva del gobierno; pero el Pueblo de Dios se levantó en armas en la llamada Guerra Cristera. Hubo diversos mártires como el jovencito Joselito, el padre Romo, el padre Pro y otros más que al grito de “¡Viva Cristo Rey, Viva la Virgen de Guadalupe!” defendieron a la Iglesia y el derecho que todos tenemos de buscar a Dios. Existe incluso el relato de un niño que estaba jugando con sus canicas y en su sombrero se leía la leyenda citada antes. Le ordenaron los soldados quitarse el sombrero y decir: “¡Viva el presidente Calles!”; el niño hizo caso omiso y siguió jugando. Y un truhan soldado lo ejecutó. También al grito de la Iglesia católica en México se hizo caso omiso y tuvo que defender su fe heroicamente.

Hoy por hoy en medio del bullicio del mundo, ante el clamor de la porción de la Iglesia católica que peregrina en la hermana República de Nicaragua, parece un grito en la oscuridad, en la soledad y ante el silencio de las poderosas naciones que en su agenda 2030 prevén alcanzar la justicia y la paz.

Rosario Murillo Zambrana es la extravagante esposa y vicepresidenta de Nicaragua con Daniel Ortega y su gobierno sandinista; es una mujer siniestra y verduga de una de sus hijas que acusó a Ortega de haberla violado, y Murillo se puso del lado de su marido.

Murillo es la arquitecta de los maquiavélicos planes para seguir controlando, ella practica la brujería y el esoterismo. Todo aquel que se oponga a los planes Ortega-Murillo es violentado, hay muchos presos políticos, víctimas de estos dementes dictadores.

Tengamos presente que en 1979, tras la dictadura de la dinastía Somoza, los obispos de Nicaragua vieron un signo de esperanza y publicaron la carta pastoral titulada “Compromiso Cristiano para una Nicaragua Nueva”. El primer gobierno sandinista que dirigió Nicaragua permaneció hasta 1990. La Junta de Liberación Nacional entregó el poder a Daniel Ortega en 1985 al haber ganado las elecciones en 1984. Y 40 años después las hostilidades y persecuciones se repiten. 

De 1979 a 1990 tres sacerdotes promotores de la teología marxista de liberación asumieron cargos en el gobierno sandinista. El Papa San Juan Pablo II fue enfático al decir a los obispos nicaragüenses: “Una ideología atea no puede ser el instrumento orientador del esfuerzo de promoción de la justicia social, porque priva al hombre de su libertad, de la inspiración espiritual y de la fuerza del amor al hermano, que tiene su fundamento más sólido y operante en el amor a Dios”. En total fueron suspendidos cuatro sacerdotes por no renunciar a sus cargos e ideologías.

El primero en denunciar los abusos de Daniel Ortega y de impedir la difusión de la llamada “Iglesia popular” fue el Arzobispo de Managua Mons. Miguel Obando y Bravo, quien fue hecho cardenal por el Papa San Juan Pablo II.

Los abusos de Ortega no son nuevos, pero han subido de tono. Hubo fracasos en su intento para ser presidente. En julio de 2003, el exguerrillero Daniel Ortega incluso pidió perdón por los “excesos” y “errores” de su gobierno contra los católicos en la década de 1980. Poco le duró el arrepentimiento.

En 2009 Daniel Ortega trató de silenciar las críticas que varios obispos expresaron sobre su gobierno: los obispos instaron a luchar por la justicia sin dejar la oración. En el tercer período de Ortega los obispos nicaragüenses denunciaron que tales elecciones quedaban en entredicho.

La actual crisis en Nicaragua se inició en abril de 2018, durante el cuarto periodo de Daniel Ortega en el que se ha intensificado la persecución contra la Iglesia.  Obispos y sacerdotes han recibido amenazas de muerte. Mons. Báez está exiliado en Miami. Este año Ortega cerró 100 ONGs, cerró los medios de comunicación de la Iglesia; además confiscó los bienes y expulsó a las 18 misioneras de la caridad que tenían más de 30 años sirviendo a los más pobres. La comunidad internacional ha sido INDIFERENTE. Desde el 4 de agosto Mons. Rolando Álvarez, que ya había sido amenazado, fue recluido en la sede del Obispado con cinco sacerdotes, dos seminaristas y tres laicos.  Recientemente Mons. Álvarez fue llevado por la fuerza policial a casa de sus papás y ahí está bajo arresto domiciliario.

La abogada Martha Patricia Molina Montenegro, integrante del Observatorio Pro Transparencia y Anticorrupción, publicó recientemente la investigación “Nicaragua: ¿una iglesia perseguida? (2018-2022)”. En ella documenta 190 ataques y profanaciones contra la Iglesia Católica hasta mayo de este año.

Nuestro pueblo hermano de Nicaragua grita en la noche del silencio de las naciones que no hacen nada por ese pueblo y menos por la Iglesia sufrida y perseguida.

Mientras el ser humano y la comunidad internacional de naciones calla, Dios escucha el clamor de sus hijos nicaragüenses. Sin Dios nada es posible, para él nada es imposible. El mal nunca ha vencido al bien. Por pequeño que sea el bien es más consistente que el mal. No hay poder humano ni infernal que prevalezca sobre la Iglesia, la Iglesia es de Cristo. Pero no hacer nada por los que sufren nos hace cómplices del mal.

Oremus ad invicem.

Redacción

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