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¿POR QUÉ LO BUENO ES BUENO?

por | Oct 18, 2021 | 0 Comentarios

Por Esteban Morfín de la Parra

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Somos afortunados. Nos ha tocado vivir en una época de grandes cambios, en la que se está escribiendo el destino de las futuras generaciones de una manera determinante. Todo se renueva. Todo se cuestiona. Los paradigmas y las tradiciones son sometidas a examen. Las reglas sociales se reescriben. Las normas morales y éticas son pasadas por las armas para dar vida a una nueva versión de lo que es el bien y el mal.

La Historia nos enseña que estos momentos de grandes cambios dirigen a la humanidad, en general, hacia un mejor futuro. No cabe duda de que así será con todos los procesos que se están viviendo en la actualidad. Sin embargo, también es cierto que en estos momentos de cambio tan fuertes también surgen crisis. 

Ahora mismo estamos experimentando una crisis de desprecio hacia los valores y la moralidad. No es solamente una reestructuración de las consideraciones sobre el bien y el mal, sino que se trata de una destrucción y sepultura de la moralidad y la ética. Todo es relativo. Todo se vale. Todo depende de cada quién. Si nací hombre, pero me siento mujer, puedo ser mujer. Si más adelante me siento caballo, puedo ser caballo. Si decido que me quiero casar con mi perro, nadie puede decirme que estoy mal. Puedes creer lo que quieras y portarte como quieras. Todo es igualmente válido porque la verdad depende de cada quién.

Todas las experiencias son, no solamente permisibles, sino valiosas. Cualquier esfuerzo de análisis sobre la conveniencia (por no decir bondad o maldad) de llevar a cabo cualquier tipo de proyecto personal o social es visto como el acto de una mente cerrada y primitiva, estancada en un pasado lleno de mojigatería y tristeza. No importa de qué se trate, especialmente en el ámbito de la sexualidad. Pareciera que, si no has vivido experiencias íntimas de todo tipo en realidad, no has vivido, y la complejidad de la vida se reduce al acto sexual. El bien y el mal ya no existen. La única regla es dejar en paz a los demás. Aunque luego nos quejemos de la indiferencia. Todos pueden hacer de su vida un papalote mientras no afecten a los demás. El respeto y la indiferencia son ahora los valores universales. El más virtuoso de todos es aquel que nunca deja de experimentar cosas nuevas y no expresa jamás una opinión negativa acerca de los demás.

Si bien cuestionar el statu quo puede resultar sumamente saludable para una generación, rechazar toda la sabiduría acumulada de las generaciones anteriores es un gravísimo error. Este intento de negar el bien y el mal como “constructo social” en favor de una libertad absoluta se trata más bien de un intento de justificar una vida de libertinaje completamente desatada, sobre todo, como ya dijimos, en el aspecto sexual. 

El bien y el mal existen, y todos podemos ver sus frutos en la historia, en los demás y en nuestra propia vida. Negarlo es un absurdo que difícilmente se sostiene. Quizá es posible defender esa trinchera en cuestiones banales como la bondad o maldad de comer un helado antes de la comida, mas ¿Quién es el mentecato que se atrevería a defender ese argumento luego de leer en las noticias que Pornhub hizo negocio con videos de violaciones? ¿O quién dirá que todo es relativo si lo asaltan y lo acuchillan? A lo mejor alguien diría rápidamente que esos hechos se tratan aparte, pues los que perpetran estas maldades están rompiendo la regla de oro al transgredir los derechos de los demás, cruzando sus límites, metiéndose en su vida. La respuesta es que ningún acto es completamente individual. Nada de lo que hagas deja de tener consecuencias para ti y para los que te rodean. De modo que “hacer lo que quieras mientras no afectes a los demás” se vuelve imposible e insostenible, a menos que decidieras aislarte del mundo y vivir como ermitaño, lejos de todo y todos.

Cierto es que las cosas no son buenas o malas porque sí, ni porque lo diga la Iglesia, el Dalai Lama ni nadie. En este sentido, los cuestionamientos modernos tienen toda la razón y hay que celebrar y motivar esta línea de pensamiento. Sin embargo, las cosas sí son buenas o malas de forma objetiva. ¿Objetiva? Sí, objetiva, dígase no dependiente de la forma en que se analice o de quién sea el que lo viva o haga. Los humanos sí tenemos la capacidad (y el deber) de entender la bondad o maldad de los actos. 

Ojo, no juzgamos a las personas, solamente a los actos. Alguien puede ser una buena persona con maravillosas intenciones en su corazón y realizar atrocidades por equivocación. Si yo mato a alguien por accidente, yo no soy malo, pero el hecho sí que lo es. Que venga alguien y lo niegue.

¿Qué es entonces lo que hace que algo sea bueno o malo? La respuesta, en papel, es muy sencilla: lo bueno es bueno porque construye y hace feliz, lo malo es malo porque destruye y hace miserable. 

En la práctica, todo se complica, pues la vida no es en blanco y negro, sino que existe toda una gama de colores. Ningún hecho es en sí mismo completamente bueno o malo. Las circunstancias, los actores, las motivaciones, todo debe ser tomado en cuenta.

Aprendamos de la época actual. Tomemos lo bueno. No dejemos de cuestionar los estatutos sociales. Sigamos analizando la supuesta bondad o maldad de tal o cual acto. Hagamos de todo un tema de debate y reflexión. Enfrentemos las viejas teorías con nuevas formas de pensar y ver las cosas. No dejemos de poner a prueba las ideas y los postulados de antaño, pero tampoco exterminemos todo lo anterior como si de una plaga se tratara, queriendo justificar una vida sin ataduras ni responsabilidades.

Redacción

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