
Por José de Jesús Rivera
El propósito de este artículo es mostrar algunas de las meritorias características de la vida del santo cardenal inglés John Henry Newman y que sirva como aliciente para la difusión de sus enseñanzas con el fin de contribuir al fortalecimiento de la fe en una sociedad que paulatinamente ha desertado de la experiencia religiosa para sustituirla por el consumismo.
¿Qué hay de apasionado y apasionante en la vida del cardenal Newman?
John Henry Newman nació el 21 de febrero de 1801 en Londres. Fue en su juventud cuando tuvo un profundo acercamiento hacia la teología calvinista, pues consideraba que esta poseía sólidas doctrinas. Durante esta etapa de su vida, atravesó ciertas crisis vocacionales, pues creía que su verdadera vocación solo podría hallarse al servicio de la iglesia, de tal manera que se interesó cada vez más por el estudio de su fe cristiana. En 1822, se ordenó como presbítero anglicano.
Cabe señalar que la Iglesia Anglicana de su tiempo se hallaba en una etapa de decadencia—debido en buena medida a grupos protestantes adversos—por lo que el entonces presbítero deseaba y buscaba la renovación de esta institución con una vuelta a las raíces apostólicas, junto con la restauración de las fracturadas relaciones entre la Iglesia de Inglaterra y Roma.
Su proximidad con los textos de los Padres de la Iglesia en el verano de 1828, a pesar de haberlos comprendido desde una perspectiva protestante, contribuyó de manera considerable en su conversión al catolicismo. Hacia finales de 1829, Newman decidió adoptar el celibato como forma de vida.
Newman viajó a Roma, en compañía de su amigo Hurrell Froude, para realizar una visita a Wiseman, rector del Colegio Inglés de la Ciudad Eterna, con quien mantuvieron una interesante entrevista acerca de la solidez que representa el catolicismo, aunque Newman, instalado en su férreo carácter británico, tuvo aún ciertos prejuicios que no le convencían de aceptar el catolicismo. Pero, en Roma, Newman se percató de la piedad popular, del sentido religioso del catolicismo y, sobre todo, del fundamento doctrinal que la sostiene, características que quedaron anuladas en el anglicanismo.
De vuelta a Inglaterra, dio inicio el Movimiento de Oxford, liderado entre otros por Newman, cuyas pretensiones iniciales consistían en formular una Vía Media entre el protestantismo y el catolicismo, basándose en las siguientes premisas: el protestantismo ha roto sus vínculos con la tradición apostólica y el catolicismo; el anglicanismo, por otro lado, a pesar de conservar la tradición apostólica, contiene innovaciones. Se concluye entonces que el anglicanismo es el verdadero sucesor de la Iglesia antigua y medieval. Newman ya había sentido una atracción hacia la iglesia romana (con relación a lo doctrinal y lo religioso), pero sus intenciones en ese momento eran beneficiar y restaurar a la Iglesia de Inglaterra a partir de las raíces de la Iglesia de Roma.
Newman emprendió la tarea intelectual de componer y distribuir los Tractos (breves folletos en los cuales se debatían puntos de vista sobre asuntos religiosos), proyecto intelectual y religioso, al cual se le denominó más tarde como Movimiento Tractariano. El propósito inicial de este movimiento consistía en retornar a la Sucesión Apostólica y a la defensa de su Liturgia. Sus principales exponentes fueron Keble, Newman y Froude. En los Tractos, se solicitaba que la Iglesia anglicana retornara a los sacramentos, a los oficios litúrgicos antiguos y al conocimiento profundo de los Santos Padres de la Iglesia. Se publicaron 90 tractos, de los cuales 25 fueron escritos por Newman.
El Tracto 90 es quizá uno de los escritos más significativos de Newman, pues en él expuso la afinidad de la Iglesia de Inglaterra con el catolicismo más que con el protestantismo, de acuerdo con los 39 Artículos. Según el texto, dichos artículos, una de las bases de la fe anglicana, censuraban las corrupciones existentes en el catolicismo romano, pero admitían como cierta la doctrina católica y, por lo tanto, eran susceptibles a una interpretación católica, no protestante. El Tracto 90 fue tema de discusión en la Cámara de los Comunes, tildándolo como una prueba de deslealtad a la Iglesia de Inglaterra por parte de Oxford. En consecuencia, el Tracto 90 fue censurado por la Universidad de Oxford, pues estaban en desacuerdo con su propuesta.
Newman percibió que las circunstancias no favorecían la renovación del anglicanismo. Aunque en su momento no contempló su entrada en la Iglesia católica, sintió que había algo de verdad en ella. Posteriormente decidió abandonar Oxford para trasladarse a Littlemore e inició un periodo de ayuno, oración y penitencia. En octubre de 1845 ingresó a la Iglesia católica, asistió a su primera misa y poco a poco comenzó a relacionarse con los católicos.
“Si se pregunta al autor por qué se hizo católico, sólo puede dar la respuesta que la experiencia y la mente le presentan como la única verdadera, es decir, que vino a la Iglesia católica sencillamente porque creía que ella y sólo ella era la Iglesia de los Padres; porque creía que había una Iglesia sobre la tierra, y solamente una, hasta el fin del tiempo; y porque a menos que esta Iglesia fuera la de Roma y solamente ella, no había ninguna” (Cfr. Difficulties of Anglicans XII, 367).
Si con tal profundidad, coherencia y belleza incomparables hubiere de hablar Newman respecto a su conversión al catolicismo, no son de extrañar las críticas que despertó entre varios de sus colegas anglicanos y familiares más cercanos, sorprendidos por su conversión a una fe que siempre habían criticado. A pesar de ello, Newman prosiguió su camino sin que eso le preocupara demasiado; sabía en su interior que estaba en búsqueda de la verdad.
Después de pasar un tiempo en Roma, Newman sintió un profundo interés por el Oratorio de San Felipe Neri, el cual buscará replicar más tarde en Inglaterra con el permiso del Papa Pío IX.
Inicialmente se instalaron en Maryvale (anteriormente conocido como Oscott), pero posteriormente vieron en Birmingham la oportunidad idónea para ejercer la tarea espiritual propia de los oratorianos. Birmingham contaba con una presencia mínima del anglicanismo. Por esa razón, los oratorianos deciden mudarse a esa ciudad, que cada vez se volvía más famosa por el desarrollo industrial pero que carecía de pastores para las almas católicas. Newman nunca estuvo a salvo de las críticas que le hacían los anglicanos por haberse cambiado de “bando”, pero él continuó empeñado en cumplir el deber de contribuir en la viña del Señor con la fundación del Oratorio en Birmingham. Bien dijo Jesús que “si el mundo los odia, sepan que antes me han odiado a mí” (Jn 15:18).
Contra viento y marea, Newman sostuvo su compromiso de afianzar el Oratorio, primero en Birmingham y posteriormente en Londres, aunque sólo estuvo al frente del segundo por poco tiempo, pues prefirió regresar a Birmingham, en donde pudo dedicarse de lleno a la labor pastoral de predicación, catequesis y confesión, además de reservar un tiempo para el estudio y la atención a las correspondencias que recibía. Newman, junto con los oratorianos, experimentó la pobreza franciscana conjugándola con ayunos y oraciones.
Newman recomendó a los conversos al catolicismo que el proceso no debía realizarse de manera precipitada, sino que había que emplear tiempo, oración y reflexión antes de tomar cualquier decisión. Baste con recordar que, en el arduo proceso de su conversión al catolicismo, en Newman intervinieron diversas circunstancias, como la deslumbrante visita a la Ciudad Eterna, el encuentro con la coherencia del sistema católico, y el cómo Dios lo guio a puerto seguro por medio de las deleitosas y sustanciales obras de los Padres de la Iglesia. La radical transformación de Newman, en plena crisis del anglicanismo languideciente de su tiempo, tuvo su impulso definitivo con la iniciativa del Movimiento de Oxford.
Cabe mencionar, como un detalle no sólo curioso sino también de profunda significación simbólica, el hecho de que Newman considerara que la Universidad de Irlanda debía convertirse en la universidad católica de lengua inglesa para el mundo, haciendo competencia a Oxford (de confesión anglicana). Se convirtió en rector de esta universidad el 4 de junio de 1854. Sin embargo, los ataques en su contra no tardaron en llegar por ser un inglés entrometido en asuntos que sólo competían a los irlandeses, lo que terminó orillándolo a abandonar ese proyecto y retirarse de nuevo a Birmingham para continuar viviendo en cristiana sencillez. Prosiguió una intensa actividad pastoral en el Oratorio y no dejó de confesar hasta los 80 años. No fue sino hasta 1854 que la Universidad de Oxford empezó a admitir a alumnos católicos.
Newman poseía una mente privilegiada, que le permitió abarcar un extenso campo de temas, entre los cuales destacan la política, las ciencias y la literatura. Una de sus actividades predilectas fue la redacción de cartas en las cuales expresaba con claridad sus sentimientos y pensamientos. Él consideraba que era el mejor medio para comunicarse con los demás.
Newman descubrió que la Vía Media anglicana era imposible y que la verdadera vía era la romana. En la Apologia Pro Vita Sua (1864), Newman expuso la defensa de sus creencias religiosas; en Grammar of Assent (1870) explicó que todos los creyentes poseen razones fundadas para creer, aunque no todos sean capaces de exhibir una razón. Finalmente, en Letter to the Duke of Norfolk (1875) mencionó que los ciudadanos católicos pueden ser súbditos leales en cualquier Estado. No existe oposición alguna entre la conciencia y la autoridad.
El 12 de mayo de 1879 fue nombrado cardenal por el Papa León XIII. El 11 de agosto de 1890, Newman partió a la Casa del Padre en Birmingham. El 22 de enero de 1991, Juan Pablo II declaró las virtudes heroicas de Newman. Fue beatificado el 19 de septiembre de 2010 por el Papa Benedicto XVI y canonizado por el Papa Francisco el 13 de octubre de 2019.
El Papa Benedicto XVI destacó algunos puntos en su homilía acerca de la beatificación de Newman:
“Las virtudes heroicas de este santo inglés / Jamás se cansó de dar un testimonio elocuente de Cristo / Vivió entregado al ministerio sacerdotal / Se volcó en enseñar, predicar y escribir / Con el estudio buscó una sabiduría humana y amor intenso al Señor / Comprendió que la vida cristiana es una llamada a la santidad / Vio en la oración un efecto natural en el alma, que la espiritualiza y eleva / Vio que el divino Maestro nos asigna una tarea específica a cada uno / Su tarea fue aplicar su inteligencia y su pluma a exponer la fe / Trabajó de modo particular la relación entre fe y razón / Vio clara la importancia de ofrecer una educación integral a los laicos / Quiso formar laicos que, conociendo su religión, supieran dar razón de su fe y conocieran la historia para aclarar prejuicios difundidos durante siglos / Cuidó el ministerio pastoral con un enfoque cálido y humano / Dedicó muchas horas a rezar, visitar enfermos y pobres, consolando al triste o atendiendo a los encarcelados, en los años vividos en el Oratorio” (José Manuel Mañú Noain, San John Henry Newman, pp.39-40)
Tardía fue su conversión al catolicismo, pero qué fecunda y valiosa para la cristiandad. Sus virtudes heroicas, su entrega al ministerio sacerdotal, su comprensión sobre la vida cristiana que es una llamada a la santidad y su incesante búsqueda por encontrar una adecuada relación entre la fe y la razón le valieron el proceso de beatificación por parte del papa Benedicto XVI cuando éste realizó una visita pastoral al Reino Unido en el 2010 y posteriormente la canonización por el papa Francisco en 2019.
Newman trastocó los paradigmas al tomar la decisión de cambiarse de credo, lo que fue tomado como una grave e ignominiosa ofensa a las autoridades de la Iglesia de Inglaterra y a su pueblo. Actualmente, la asombrosa vida de Newman es semilla de nuevos conversos, la mayoría de ellos, en búsqueda de una espiritualidad más enriquecida con los sacramentos y la Tradición apostólica.
REFERENCIAS
Mañú Noain, José Manuel. San John Henry Newman. Madrid: Ediciones Palabra, 2019.
Morales, José. Newman. Madrid: Ediciones RIALP, 2010.



