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Trascendencia

Trascendencia

En México tenemos una curiosa tradición: Hacer “altares de muertos”. A tal efecto se consigue flor de cempasúchil, manteles de rico colorido, calaveras de dulce -chocolate y azúcar principalmente-, platos con alimentos que le gustaban al difunto o a los difuntos, “pan de muerto”, fotografías de los seres queridos que se van a recordar en esa ocasión y veladoras. Suele estar coronado con algún elemento religioso, como una Cruz o una imagen de la Virgen de Guadalupe. Un amigo me hizo notar, curiosamente, que este año, en la universidad que él dirige, se encontró con un altar de muertos dedicado a un perro, a una mascota; no sabía si reír o llorar. Era el ejemplo de una cultura fusión, primero entre la prehispánica pagana y la cristiana española, pero ahora enriquecida con la animalista postmoderna.

Su narración me hizo recordar un percance reciente del Papa Francisco. Él mismo lo relata: se acercó una señora con una carriola, pidiéndole la consabida bendición. El Papa sonrió y se acercó para ver al bebé y bendecirlo. ¡Cuál no sería su sorpresa al descubrir que no era un bebé sino un perrito lo que llevaba! El manso y paciente Francisco se enojó – ¡vaya que tiene mérito conseguir hacerlo enojar! – y regañó a la señora, señalándole que había muchos niños que mueren de hambre y que no era justo tratar así a un animal. Le parecía un exceso ese trato dirigido a un animalito, cuando no cuidamos de igual forma de nuestros semejantes; por su parte, a mi amigo le parecía desproporcionado dedicar un “altar de muertos” a una mascota.

¿Por qué? Por la trascendencia. El animal, la planta, viven y ya está, en su vida está el cumplimiento de su función. A veces incluso en su muerte: los animales y las plantas que son sacrificados para nuestra supervivencia, para nuestra alimentación. El animal no tiene necesidad ni posibilidad de trascender. El ser humano, en cambio, sí la tiene; más incluso, es su aspiración espiritual fundamental. Es la muestra práctica de que no sólo es materia convenientemente organizada -como lo son el animal y la planta-, sino poseedor de un alma espiritual y, por lo tanto, trascendente a nuestras coordenadas de espacio y tiempo.

¿Qué es la trascendencia? Una necesidad espiritual del hombre. Una necesidad vital de su naturaleza, por la cual quiere ir más allá de lo que le ha sido dado materialmente. Es una prueba de la existencia de la realidad espiritual, precisamente porque supone una sed de algo inmaterial, de una realidad que en cierta forma no perciben nuestros sentidos inmediatamente, pero que está ahí, esperando ser descubierta. Es el imperativo de ir más allá de la satisfacción de nuestras necesidades vitales y de la especie: comer, beber, reproducirse, descansar, disfrutar. Es el prurito de romper las barreras del tiempo y del espacio con la fuerza del espíritu.

Son diversos los modos con los cuales el espíritu humano trasciende. Es clásico el refrán de que hay que cumplir con tres requisitos en esta vida: tener un hijo, plantar un árbol y escribir un libro. Los tres son modos de que algo de nuestro yo permanezca a través del tiempo, cuando ya nuestro cuerpo haya vuelto a la tierra de donde salió. Si reflexionamos un poco, descubrimos la increíble envergadura que supone tener un hijo. Porque los padres proporcionan la materia fundamental para su formación -el óvulo y los espermatozoides-, pero Dios le infunde el alma espiritual, de forma que ese nuevo ser creado con la cooperación humana, va a durar para siempre. El cuerpo muere, pero a la larga resucita, mientras que el alma perdurará para siempre, el universo material habrá alcanzado su muerte térmica y, sin embargo, el alma perdurará todavía, es -en expresión teológica- “eviterna”; es decir, tiene un principio, pero no tiene fin. Traer un hijo al mundo es una de las formas por excelencia de trascendencia.

No es la única forma de trascender que tiene el ser humano. El arte, la ciencia y la técnica lo son también. En general todo aquello que manifieste nuestra capacidad creadora, lo que nos permita hacer surgir algo auténticamente nuevo, ya sea para la contemplación -como es el caso del arte: literatura, pintura, escultura, arquitectura, danza, etc.-, o para el uso y servicio de nuestros semejantes, con la ciencia y la técnica. Toda capacidad creadora de belleza, o que sirva para la transformación y mejoramiento del mundo, constituyen formas propiamente humanas de trascender, de las que los animales carecen.

Pero la trascendencia por excelencia es espiritual, religiosa. Consiste en cultivar nuestra vida interior, nuestra riqueza interior, descubrir -asombrados- cómo somos capaces de entrar en un diálogo vivo con Dios. Porque si bien tanto el arte, como la ciencia y la técnica, son formas de trascender, no sacian, sin embargo, nuestras hambres de infinito, de trascendencia. Es como decir: “sí, eso era, pero todavía anhelo más”. Por ello, muy bien dice san Agustín: “nos hiciste Señor para Ti y nuestro corazón está inquieto hasta que no descanse en Ti”. Sólo Dios puede colmar nuestras hambres de infinito y de trascendencia, siendo esta “sed de Dios”, de lo eterno, una prueba de su existencia y de la componente espiritual de nuestra naturaleza.

Por eso tiene sentido hacerle un “altar de muertos” a una persona, pero no a un perro. A un perro se le puede bendecir, pero no puede ocupar el lugar de un hijo, aunque eso parezca estar de moda; en realidad, esta actitud encierra un profundo error antropológico y tarde o temprano pasará factura, sea a las personas en particular que a la sociedad en general.

Dr. Salvador Fabre

masamf@gmail.com

Rupnik, el arte y el pecado

Rupnik, el arte y el pecado

Por Salvador Fabre

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Recientemente ha causado conmoción el escándalo del P. Marko Rupnik S.J. Quien fue excomulgado por absolver a su cómplice en una relación sexual, aunque ya se le levantó la excomunión. Después han surgido multitud de voces femeninas que lo han denunciado por abuso sexual y psicológico. La Compañía de Jesús ha tomado medidas disciplinares cautelares en su contra. Pero esta triste y dolorosa situación ha llevado a preguntarse: ¿qué hacemos con sus obras de arte?

Rupnik ha sido calificado como el Miguel Ángel del siglo XXI. San Juan Pablo II destinó el dinero que le regalaron por sus cincuenta años de sacerdocio a la elaboración de la Capilla Redemptoris Mater en el Vaticano, obra de Rupnik, y lugar donde habitualmente hace los ejercicios espirituales la Curia Romana en cuaresma, encabezada por el Papa. Su obra es a la par bella y profunda, y se ha diseminada por todo el mundo católico: el Vaticano, los Santuarios de Lourdes, Fátima, la Basílica de san Juan Pablo II en Cracovia, en el Santuario Nacional de Juan Pablo II en Washington, la Catedral de la Almudena en Madrid, o el Santuario del Padre Pio en San Giovanni Rotondo, en el sur de Italia.

Capilla Redemptoris Mater. Fuente: Vaticano.

Sobra decir que su arte profundamente cristiano ha ayudado a muchas personas a encontrar a Dios a través del camino de la belleza. ¿Debemos retirar esas obras de arte porque la vida de su autor desdice del significado de su obra? He ahí la difícil cuestión, el dilema moral. Podríamos afirmar que se trata de un divorcio entre la bondad y la belleza, entre la ética y el arte. ¿Qué hacer con su obra?

Personalmente pienso que destruir o eliminar su obra sería un crimen contra el arte, contra la belleza. ¿Por qué motivo? Porque una cosa es ser santo y otra ser artista. Lo ideal sería que se unieran las dos características como en el Beato Fra Angélico O.P. Pero en la mayoría de las ocasiones no es así, el mundo en el que vivimos no es ideal, sino “humano, demasiado humano”. Muchos grandes artistas han tenido una vida personal más que cuestionable. Mozart, que compuso maravillosas misas, estaba obsesionado por lo obsceno (parece ser que tenía síndrome de Tourette) y lo vulgar. Caravaggio fue asesino, y ¿qué hacemos con la Capilla Sixtina si se comprueban los rumores de que Miguel Ángel era gay? Es frecuente que en el mundo artístico personas de gran talento tengan una vida azarosa.

Volviendo al caso del Padre Rupnik, creo que no hay duda de su gran talento. Cito las palabras de Piero Marini, Maestro de las celebraciones litúrgicas pontificias de san Juan Pablo II, con ocasión de la capilla Redemptoris Mater en el Vaticano: “La Capilla «Redemptoris Mater» se convierte, así, en un ejemplo eficaz de un posible itinerario para una nueva evangelización, un verdadero «lugar teológico» donde el misterio de Dios y su manifestación epifánica en Cristo se pueden contemplar no sólo en la verdad teológica que todo lo envuelve, sino también en la estética teológica, gracias a la cual llegamos a entender que la categoría de la belleza corresponde ante todo a Dios y a la bondad y belleza de todas sus obras. Entre ellas es central la Encarnación salvadora del Hijo de Dios en ese icono de la Iglesia y de la humanidad redimida que es la Toda santa Madre de Dios.”            

Capilla en Fátima, Portugal.

Vuelvo a la pregunta, ¿qué hacemos con la obra de Rupnik? Conservarla sin duda. El bien que hace la belleza como cauce hacia lo divino, la forma en cómo eleva el alma del hombre a la trascendencia, le permitirán a Marko Rupnik pagar por sus pecados. Una persona puede tener gran talento y no hacerlo todo bien en su vida, tener una doble vida o cometer abusos sexuales. ¿Qué quiere decir eso? Que es una persona real, frágil, pecadora, pero con gran talento.

Nosotros no debemos juzgar las conciencias de las personas, obviamente no podemos aprobar su comportamiento inmoral, por el que debe pagar una pena -ya lo está haciendo-, pero el hecho de que haya hecho algo malo, y muy malo, no quita que también en su vida haya hecho cosas buenas, y muy buenas. Que la maldad real y existente en el mundo, no nos orille a destruir la belleza, porque finalmente la que pierde es la humanidad. Como diría san Pablo: “no te dejes vencer por el mal, vence al mal con el bien.”

Rupnik, el arte y el pecado

Mirar con los ojos del tiempo la cotidianeidad: Conversación con Domitille Cure

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Con el paso de las estaciones nos damos cuenta del avance de la vida. La temporalidad cambia de colores: los árboles cambian del verde al amarillo hasta perder el follaje; las mandarinas que encontramos en otoño se cambian por las fresas y cerezas del verano; los vestidos ligeros y coloridos de algodón dan paso a los abrigos pesados y obscuros. 

La vida, dividida en cuatro temporadas, nos enseña a lidiar con los constantes cambios. Simbólicamente representamos la primavera con la infancia, el verano con la juventud, el otoño con la madurez y el invierno con la vejez. Las plantas, los animales y los hombres pasan por un ciclo, claramente hay un comienzo y un final; sin embargo no creo que podamos decir con tanta simpleza que la vejez es invernal y la infancia es primaveral. Me parece que somos seres estacionales, a veces nos sentimos más veraniegos, otras veces primaverales y otoñales. A veces una estación puede durarnos años y otras meses. En ocasiones pensamos que un amigo es más solar, siempre sonriente y viste con colores brillantes; y otras veces encontramos una ciudad, como Berlín, casi siempre vestida de negro, como un eterno otoño-invierno. Así que lejos de asociar el invierno con la decrepitud, simplemente hay que observar que así como la tierra necesita de una helada para preparar de nuevo el florecimiento de las flores; del mismo modo nosotros debemos pasar por altos y bajos. 

Colaboración para el Berliner Planze Kalender 2022
Ilustración: La Météo

Nuestros recuerdos también se mueven dentro de esta temporalidad, recordamos la cerveza que tomamos con una amiga en el parque para aprovechar los primeros días soleados de primavera; un verano en la costa; alguna caminata con amigos mientras pisamos las hojas otoñales; la última Navidad de alguien. Y la vida se nos representa con este ciclo que va y viene. Las estaciones son el reloj del mundo.

La Météo, en francés, significa el tiempo o el clima. En palabras más técnicas, la meteorología estudia los fenómenos climáticos y atmosféricos para pronosticar el tiempo o el clima de un lugar específico. Precisamente esto hace Domitille Cure, con su marca de ilustraciones La Météo. Domitille estudia las estaciones, los colores, temperaturas, predice y graba la temporalidad en sus impresiones. 

Podría parecer banal, pero una decoración adecuada puede ayudarte a sentirte en casa. En mi caso, después del caos de la mudanza, me encontré con las paredes desnudas y su palidez me pedía a gritos un poco de color. Diariamente tenemos que lidiar con lo que colgamos en las paredes, así que la imagen que verás mientras bebes tu café diario tiene que encantarte. 

Imagiers La Météo.

Jamás he entendido a los coleccionistas de arte que compran una obra por estatus. Se debería comprar por la estética que te transmite. Como en el caso del famoso falsificador-pintor Wolfgang Beltracchi, quien tiene la habilidad de copiar el estilo de varios pintores y sus copias eran tan fabulosas que cualquiera podía jurar que se trataba de una obra perdida de algún pintor importante. Cuando lo descubrieron, siguió pintando con los diversos estilos que podía imitar, pero firmaba con su nombre. Pues la falsificación se produce solamente hasta que se firma con otro nombre. Sin embargo algunos de los que compraron sus obras, decidieron que perdieron valor, porque compraban una firma y un estatus, no una pintura que les gustara y evocara algo. Pero no es mi intención escribir un texto sobre estética. Quedémonos con una idea: que te guste y disfrutes lo que miras en tu casa.

Era finales de otoño cuando coincidí con Domitille Cure en una clase de alemán. Cuando llegó el invierno con sus mercadillos navideños compré mis primeras ilustraciones: unos limones (citrons) y un gato (chat). Cada vez que entro a la cocina, lo primero que veo son sus colores vivaces que me recuerdan el verano y tierras soleadas lejanas de Berlín. 

Domitille es una artista francesa que estudió diseño en la Universidad de Glasgow y vive en Berlín, una ciudad en la que confluyen artistas internacionales y que cuenta con una gran variedad cultural. Desde hace tres años Domitille, junto con la artista sueca Maja Björk –quien ilustra imágenes de la vida y la cotidianeidad– participan en un mercado de arte. La pandemia cerró por mucho tiempo los lugares públicos y aunque los mercados son al aire libre, la vida cultural berlinesa está regresando lentamente desde el verano pasado; esto dio pie a que los ilustradores pasaran de las exhibiciones al Etsy, que tiene la ventaja de llegar a cualquier ciudad. Las impresiones de Domitille han llegado a México, Corea y varios países de Europa. 

Platón consideraba que el artista era un entusiasmado, con un dios dentro (en-theos) y que su obrar era inspirado. En ocasiones se piensa que la inspiración es un impulso irracional que aparece sorpresivamente, pero me parece que la inspiración, aunque puede llegar a cualquier hora, también requiere del ejercicio constante. En palabras de Picasso: “la inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando”. Para comprender un poco mejor el trabajo, el esfuerzo y la inspiración de las ilustraciones que adornan mis paredes conversé con Domitille.

Retrato de Domitille Cure por Maja Björk.

Muchas gracias por tomarte el tiempo para esta entrevista, creo que a muchos que conocen tu trabajo les da también curiosidad conocer un poco más a la ilustradora. Elegir una ilustración para decorar tu hogar u oficina es algo íntimo y se produce un vínculo, una relación entre el ilustrador, la imagen y quien la mira. De cierta forma, miramos el mundo a través de tus ojos. Y quisiera que me hablaras un poco sobre ese mundo. Por lo regular tus ilustraciones no son composiciones, sino que son imágenes precisas: tomates, mariposas, flores, animales. ¿Por qué dibujas lo que dibujas? Y ¿qué significan para ti tus ilustraciones? ¿Qué buscas transmitir?

Gracias por tan bello retrato de la esencia de mi mundo. Como bien dices, mi marca, La Météo, se inspira en las estaciones del año, en Francia, en la botánica y sobre todo en la idea de la temporalidad: tomo un elemento efímero de una estación y lo inmortalizo en otra. En los años 90, en Francia teníamos estos carteles inspirados en imagiers, que es un libro de imágenes, con animales o dibujos botánicos que se utilizaban a menudo como decoración de la cocina. Las imágenes se clasifican por temas y tienen su nombre asociado debajo. Es un concepto bastante simple, pero me gustó la idea de reapropiarme de él con mi propia estética y también de perpetuar la idea de un arte popular accesible para todos.

Para mi tus ilustraciones muestran pequeños detalles y escenas de la vida; como una invitación a poner atención a lo cotidiano y aprender a apreciarlo. Quisiera saber un poco más sobre tu proceso creativo, ¿cómo pasas de la observación a la ilustración?

¡Eso es exactamente! Mis dibujos pretenden realzar las cosas cotidianas que pueden parecer banales o que a veces nos olvidamos de mirar, dándoles una nueva mirada o un nuevo color, literalmente. Me gusta pensar que con la elección de paletas brillantes, mis ilustraciones pueden tener el efecto de las vitaminas en invierno, aunque claro, que también a veces son un poco nostálgicas. 
Mi proceso creativo se basa en mis exploraciones en la naturaleza, viajes, libros iconográficos como los de Taschen, imaginarios botánicos clásicos o las películas de la Nouvelle Vague. Me empapo de lo que veo y trato de inmortalizarlo en un boceto, un collage o un juego de colores. A veces mis imágenes son sencillas e iconográficas, como la serie botánica inspirada en los imagiers, otras veces intento expresar un momento concreto, como la escena del desayuno inspirada en la película Le Rayon VertEl rayo verde– que me recuerda los veranos vividos en Francia y evoca la nostalgia de un momento pasado. 

Cuatro postales de paisajes. La Météo.

No me parece una coincidencia tu nombre artístico, La Météo, en relación con tus ilustraciones. Creo que las estaciones influyen en tu proceso creativo. ¿Cómo comenzaste con este proyecto? 

Absolutamente, quería expresar algo cambiante como una estación, pero expresarlo en relación con nuestras emociones y como una metáfora de nuestra espiritualidad. La Météo no trata sólo del tiempo y las estaciones, sino también del paso del tiempo y de los pequeños y sencillos momentos que forman parte de nuestras vidas. En el otoño de 2019 creé La Météo, justo cuando nos conocimos. Había empezado a trabajar en una serie de collages y quería encontrar la forma de imprimirlos. En esa época descubrí la risografía y empecé a imprimir mis ilustraciones en Drucken3000, una imprenta berlinesa especializada en este proceso. Y así comencé a imprimir con ésta técnica, en la que era necesario limitar la elección de colores, pero mantener los atrevidos contrastes de mis collages iniciales.

En cuestiones un poco más técnicas, el papel debe tener cierta porosidad para que el color se vea tan vivaz. ¿Podrías describir brevemente y de forma sencilla el proceso técnico de la impresión? O ¿cómo trabajas en tu taller? 

Por supuesto. Utilizo dos procesos de impresión para mis grabados: la risografía y la serigrafía. Me gustan ambas técnicas por diferentes razones. La risografía por la textura granulada que da la tinta. La tinta es más transparente que la serigrafía y cuando las tintas se superponen, se pueden crear increíbles combinaciones de colores. Con  solamente tres colores básicos se pueden crear varios de tonos diferentes. Y la serigrafía me gusta por los colores vivos y el aspecto casi pintado de la impresión final. Con esta técnica puedo crear contrastes ricos e interesantes. Me fascina el proceso de mezclar cada color antes de la impresión, es una parte realmente importante de mi trabajo porque definirá todo el ambiente de la ilustración final. Finalmente imprimo personalmente las serigrafías en el estudio que comparto con otros artistas en el barrio de Wedding y las risografías en Rosenthaler Platz. Todo mi trabajo se crea e imprime en Berlín, aunque con mi toque personal francés.

Domitille en el taller de impresión.

Quisiera abordar cuestiones más personales con dos preguntas muy concretas. ¿Dibujabas desde pequeña? Y ¿cuál fue la reacción de tu familia cuando decidiste ser ilustradora? 

Sí, siempre me ha gustado dibujar y desde pequeña he sido creativa. Creo que encaja con mi personalidad soñadora y a veces me ayuda a expresarme sin necesidad de utilizar palabras. En el instituto, descubrí el movimiento fauvista, artistas como Gauguin y Matisse que pintaron mujeres y paisajes con colores vivos. El color aportaba mucha emoción a las obras, al tiempo que hablaba de viajes y descubrimientos. Esto me llamó la atención e inspiró mi forma de dibujar o pintar con el color. Más tarde, cuando tenía 20 años, viví una temporada en el sur de Francia siguiendo los pasos de los fauvistas, descubrí la Provence, cuyas paletas han inspirado mi trabajo en los últimos años. 
Sobre tu segunda pregunta, diría que no hubo realmente ese momento teatral –que te puedes imaginar en las películas– en el que anuncié: “mamá, papá, voy a ser ilustradora” (risas). No, fue más bien algo que se estableció orgánica y lógicamente con el tiempo. Mis padres no siempre entendieron a dónde iba y por qué, pero siempre me apoyaron en mis decisiones de ir a vivir al extranjero o de estudiar arte en la Escuela de Arte de Glasgow.

Todos tenemos algún libro, canción o pintura que nos ha influido en nuestra percepción de la vida. ¿Quién o qué ha sido tu mayor influencia?

Creo que la inspiración evoluciona y cambia a medida que conocemos gente nueva y descubrimos cosas nuevas, y esto es lo que principalmente construye y enriquece nuestra identidad creativa. Si tuviera que definir una obra que haya inspirado mi trabajo de forma continua durante años, creo que es el movimiento cinematográfico de la Nouvelle Vague de los años 60, en particular las películas de Eric Rohmer. Me parece que este director domina el arte de la sencillez a la perfección. De hecho, todas sus películas se hacen sin guiones. Representa una Francia del pasado, un poco ingenua y llena de ligereza en una atmósfera muy rica en colores, típica de la estética de este movimiento cinematográfico.

Domitille Cure en Design-Market:
imagiers y Le Rayon Vert. La Météo.

Quizá sea difícil decidir cuál es tu ilustración favorita. Pero ¿cuál es la ilustración más vendida y por qué crees que eligen más esa? 

Me gusta mucho la ilustración del desayuno inspirada en la película Le Rayon Vert de Eric Rohmer. Es la que me resulta más íntima y la que, en definitiva, más evoca esta idea de estacionalidad. Para mi, esta imagen, es mi magdalena (madeleine) de Proust de mis veranos en Francia. Desayunar al aire libre, bajo el sol, leyendo el periódico mientras bebo un café en una taza grande. Es curioso porque otros franceses me han dicho que también les recuerda a eso y me alegro de haber conseguido captar ese fugaz momento.

Muchas veces en las entrevistas de trabajo preguntan: “¿dónde te ves en cinco años?” Esa pregunta siempre me ha parecido difícil de responder, porque en lo personal me cuesta planificar o tener un esquema de la vida. Por el contrario, creo que la vida muchas veces acontece como menos lo esperábamos. Así que me parece un poco injusto preguntarte sobre el futuro y que adivinemos sobre el porvenir. Aunque sí quisiera saber un poco sobre tus planes… no sobre las ilustraciones de los siguientes años, pero al menos si ya tienes una idea de la próxima. Y si te gustaría ilustrar en otros materiales, por ejemplo bolsas de algodón, playeras, cuadernos o libros.

Esa es una buena pregunta. Me interesa mucho seguir trabajando en ilustraciones inspiradas en películas y también quisiera recopilar todos mis dibujos botánicos en un libro infantil. Más allá de las ilustraciones en papel, me encantaría ofrecer artículos de papelería o de moda, como, por ejemplo, unos bonitos calcetines afrutados. Estoy impaciente por seguir desarrollando y perfeccionando este proyecto tan querido para mí.

Auto-retrato.

Si quieres conocer más sobre el trabajo de Domitille Cure o conseguir alguna de sus ilustraciones puedes visitar el Instagram de La Météo o su tienda de Etsy.

Rupnik, el arte y el pecado

Ensayo en defensa del ánime

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La popularidad creciente del ánime a nivel mundial contrasta con la opinión de muchas personas que, sin jamás haber visto uno (o uno bueno), lo rechazan tajantes y afirman que simple y sencillamente no les gusta. Algunos llegan a aceptar que la historia de algún ánime les interesa, pero que no pueden sobreponerse al formato animado. Curiosamente, las producciones occidentales como las de Disney o DreamWorks no suelen tener estos reparos.

Desde hace un tiempo, se ha estereotipado al consumidor habitual de ánime como un otaku (una persona con una afición intensa al ánime o al manga) y, esta denominación, socialmente, suele tener una connotación negativa. Las características del otaku son claras: gente extravagante que, joven o adulta, vive con sus padres y se pasa los días consumido en videojuegos y caricaturas chinas; gente que no sale y no se baña, salvo cuando se disfraza para sus convenciones de cosplay.

Aunque la comunidad otaku suele destacar por sus pintorescas expresiones de afición, la verdad es que el rechazo que siente mucha gente respecto al ánime no sólo se debe al mundo que lo rodea, sino que aquél ya resulta bastante extraño por sí solo. Basta pensar en esos personajes de diseño gracioso, que gritan mucho, se desenvuelven raro y, originalmente, no hablan en inglés. Los prejuicios que se tienen sobre el ánime, aunque un poco injustos, no están del todo equivocados. El ánime es extraño. Por otro lado, considero que, con un poco de perspectiva, estos prejuicios se pueden suavizar e incluso volver ocasiones de curiosidad y enriquecimiento.

Creo que puede ser útil, antes de dar cualquier razón en favor del ánime, hacer una descripción muy general de éste y de sus características principales, con la intención de que empiecen a disiparse algunos prejuicios. A grandes rasgos, podría decirse que el ánime son todas las formas de animación que se producen en Japón o que se asocian con él, y que, en su gran mayoría, están basados en un manga (esto es, la historieta japonesa). Sin embargo, el país de origen no parece ser lo más importante. Aunque entre una y otra forma de animación japonesa pueden haber muchísimas diferencias, me referiré a algunas similitudes técnicas, estéticas y de contenido que hacen del ánime un tipo de animación muy particular.

Las casas de animación suelen utilizar técnicas diversas, ya sea en dibujos a mano o a computadora. Se juega con encuadres, acercamientos, ángulos y demás efectos elocuentes de la “cámara” que nos recuerda a la cinematografía. El ánime tiene la peculiaridad de concentrarse más en el realismo de estos efectos que en la animación misma del movimiento. Los pioneros de la animación japonesa no contaban con muchos recursos para elaborar una animación tan detallada y continua, por lo que se limitó el movimiento de los personajes. No obstante, aunque hoy en día mejor tecnología y grandes presupuestos acompañen a las casas de animación, el elemento de la animación de movimiento limitado sigue siendo un recurso frecuente. Esto, que en un inicio se debía a razones tan prácticas como ahorrar tiempo y dinero, terminó por fungir como vehículo artístico y creativo.

Seitarou Kitayama, Jun’ichi Kouchi y Oten Shimokawa, pioneros de la animación japonesa

La animación de los personajes también tiene características distintivas: los ojos suelen ser desproporcionadamente grandes y el cabello, muchas veces de forma extravagante, no es raro encontrarlo en colores llamativos como azul o naranja chillón. Pero, de nuevo, esto no es una regla. Hay ánimes más realistas y discretos con el aspecto de sus personajes, depende mucho del género y la estética de la historia que se quiere contar. El ánime suele tener una manera romántica de narrar y, para esto, se sirve de elementos técnicos y visuales. El aspecto de los personajes, el ambiente que les rodea, ciertas imágenes y signos faciales, fungen como recursos narrativos que nos dicen cosas de la historia y de los sentimientos de los personajes: un fondo azul oscuro te muestra su tristeza; elementos como flores o burbujas pueden indicar enamoramiento; el efecto del viento en el cabello siempre añade dramatismo a una escena y, si se quiere dar un tono más cómico, siempre están las clásicas expresiones faciales que, exageradas, cumplen con su función.

Naruto, My Hero Academia, Inuyasha, Sailor Moon

De esta manera se puede entender cómo la animación puede variar dependiendo qué se quiera contar y cómo se quiera contar. El ánime es sólo un estilo de animación, un medio para contar historias que pueden ser de cualquier género, por lo que ningún contenido específico es absoluto. En Tumba de las luciérnagas se cuentan las vivencias trágicas de dos hermanos huérfanos que luchan por sobrevivir a finales de la Segunda Guerra Mundial. No era muy probable que, para una historia así, Isao Takahata decidiera que sus personajes se animaran con gestos, cabello y proporciones poco naturales, así como sí es probable que se encuentren estos elementos en ánimes de acción o fantasía.

Comedias románticas blancas y dulces como Kimi ni Todoke; dramas melancólicos, introspectivos, que indagan sobre el valor de la vida, la amistad, o la salud mental como Neon Genesis Evangelion u Orange; historias que presentan problemas clásicos como la tensión entre humanidad y naturaleza como en La princesa Mononoke; o historias sobre temas tan cotidianos como un deporte que, narrado de cierta manera, se eleva a ser un auténtico drama, como en Haikyu!! Ánimes gore, históricos, de suspenso, de acción. Hay de todo y para todos. Al final, fue el ánime el que popularizó los medios de entretenimiento animado para el público no infantil.

La tumba de las luciérnagas (Hotaru no Haka)

El cuento de la princesa Kaguya (Kaguya-hime no Monogatari), Los niños lobo (Ōkami Kodomo no Ame to Yuki)

Otro de los rasgos representativos del ánime es que tiende a reflejar aspectos característicos de la cultura japonesa. Esto podría ser algo que genere resistencia en un primer acercamiento. Es natural que el ánime le resulte extraño a nuestra sensibilidad occidental, a la que Estados Unidos—nuestra gran fuente de entretenimiento—nos tiene tan acostumbrados. Nos parece raro que los japoneses utilicen sufijos en los nombres o que referirse a alguien por su nombre de pila denote una gran intimidad; que se descalcen al entrar en una casa; que los estudiantes hagan la labor de limpieza en la escuela; que se separe algo de la comida para ofrecerlo a algún familiar difunto; o todo aquello que, para ellos, suele ser motivo de humor, vergüenza, agradecimiento. Todos estos son ejemplos de un imaginario distinto al nuestro, de otros límites afectivos, de nuevos órdenes sociales.

Estados Unidos ha dominado tanto tiempo el mundo del entretenimiento que, para bien o para mal, hemos asimilado muchas de sus expresiones culturales en nuestra propia cosmovisión. Pienso que confrontarnos con otras culturas y sus formas particulares de entender el mundo no sólo es refrescante, sino que también es necesario. Las diferencias culturales que nos parecen tan extrañas se vuelven oportunidades para hacer de lo ajeno familiar, conocer nuevas perspectivas, sensibilidades y, en general, hacer de nuestra experiencia en el mundo algo mucho más amplio y rico.

Your Name (Kimi no Na wa)

El último punto que quisiera tocar es uno que adelanté cuando me referí a la parte más técnica y estilística del ánime: su dimensión artística. Lo que puede decirse de la literatura, del cine y la pintura, también puede decirse del ánime: hay unos buenos y hay otros malos. Como en todo, con experiencia, uno puede aprender a seleccionar lo que vale la pena ver. Hay muchos criterios técnicos y especializados dentro del campo de la animación que determinan la calidad de ésta, pero el que un ánime sea arte o no, parece ir más allá de los aspectos meramente técnicos. 

Es una discusión compleja que daría pie para otro artículo. Me limito a mencionar aquí lo que el filósofo y esteta Hans-Georg Gadamer consideraba un elemento imprescindible a la hora de considerar algo como arte: la fusión de dos mundos para dar lugar a uno nuevo. Esto no quiere decir otra cosa más que el espectador, con todo su bagaje emocional, intelectual y vital, se enfrente con una obra (en este caso, un ánime) y el resultado sea una experiencia completamente nueva y particular: todo lo que ese ánime le enseña al espectador sobre el mundo y sobre sí mismo. Mucha gente llama a esto romanización. 

Romanizar la vida por el arte. Es decir, que uno ve belleza y encanto en el mundo cuando las reconoce primero en alguna obra. Es el arte que revela cosas del propio mundo que antes no se habían notado. El ánime definitivamente cumple con esto. No por nada hay tantos memes y videos de compilación con la pregunta de por qué el mundo es más bello o por qué la comida se ve más rica cuando está animada. Después de ver cómo personajes de Ghibli preparan sus tasas de té, andan en bicicleta o van a la escuela, es casi imposible no querer replicar el efecto estético cuando uno mismo lo hace. 

El recurso de animación de movimiento limitado del que hablé antes, por lo mismo, también tiene una razón estética: el espectador tiene que hacer un esfuerzo un poco más activo para interpretar los movimientos y dar un sentido coherente a todo lo que pasa en la historia. Similar, tal vez, a lo que pasa en los cuadros impresionistas, en los que no hay tantos detalles ni acabados realistas: se deja que la imaginación del espectador complete la obra y le dote de sentido. Creo que es por esta participación más activa del espectador que, así de involucrado, se encuentra como raptado por la obra. Como un buen libro de ficción, el ánime también te transporta a nuevas realidades. Hay que imaginar todos los mundos e historias posibles que pueden crearse cuando no se tienen las limitantes de conseguir una buena escenografía o de invertir millonadas en efectos especiales para que las escenas parezcan creíbles. Cuando el mundo es animado, las posibilidades de crear se vuelven más diversas y los límites terminan por ser el talento y la imaginación del animador.

Aun considerando todo lo anterior, es perfectamente válido que a la gente no le guste el ánime. Puede que sean los aspectos técnicos lo que no disfrute, esas “tomas” complejas y efectos de “cámara”; o tal vez no gusten el tipo de recursos visuales de los que se vale para expresar los sentimientos y pensamientos de un personaje (aunque aquellos sean tan versátiles y dependan tanto del género narrativo); o si el desagrado tiene más que ver con las expresiones culturales de Japón… bueno, ese ya sería un prejuicio de otro tipo. De cualquier manera, creo que basta con decir que el ánime es el vehículo de muchísimas historias y, como cualquier medio, no siempre es bueno. Hay ánimes que (no hay otra manera de ponerlo) son basura. Pero así, también hay muchos otros que son imperdibles. Esos que, como toda buena historia, trascienden las particularidades culturales y temporales para decirnos algo universal. Cosas de humanidad, cosas del corazón. Historias y personajes que vibran, acompañan y crecen con uno, mundos llenos de encanto para perderse y encontrarse. Eso es algo que uno tiene que descubrir por sí mismo, sobre lo que se tiene que formar gusto y opinión. No hay que perderse de buenas historias por prejuicios que, con un poco de perspectiva, se vuelven puras oportunidades.

Por leer hasta acá, arigato gozaimasu.

Rupnik, el arte y el pecado

Criptoarte: ¿Alternativa o dilema?

Por Aldo Téllez Olmos

La pandemia que el mundo entero ha sufrido en el último año y el cierre de espacios artísticos y culturales para evitar aglomeraciones han provocado que el mundo digital evoluciona de una manera inimaginable. El mundo del arte no ha sido la excepción a este fenómeno. Muchos museos a lo largo del mundo han tenido que adaptarse a estos tiempos y modernizar sus páginas web y sus plataformas para que el público pueda seguir recorriendo sus pasillos y tener acceso a las obras de arte de manera virtual. 

El Museo del Prado en Madrid y La National Gallery de Londres son grandes ejemplos de espacios culturales con uno de los mejores contenidos para poder recorrer y conocer sus piezas artísticas de manera virtual. El MoMa de Nueva York ha producido distintos podcasts y cursos en línea de forma gratuita para acercar al público al mundo del arte. 

También las galerías de arte han sufrido el impacto de la pandemia y han tenido que reinventar el mundo artístico, no sólo con la venta en línea, sino al adaptarse y crear inauguraciones y exposiciones virtuales o mirar hacia el arte digital, que dadas las circunstancias, logra ser más accesible para las personas. En este sentido, el arte digital es importante para la democratización del arte y la cultura. Sobre todo ha cambiado su imagen y perspectiva, ya que hoy hasta un meme puede ser considerado una pieza artística, pues más que la pieza en sí, importa lo que significa y representa.

Galeria. Foto: Adrianna Calvo

Otras alternativas para el acceso a la cultura, además de las plataformas digitales de los museos o exposiciones artísticas de manera virtual por parte de galerías, ha sido la creación de aplicaciones móviles como la francesa Ask Mona, un chat automático que te recomienda exposiciones o eventos culturales según los intereses que cada uno tenga. Desde hace varios años se acrecentaron las plataformas de streaming de espectáculos artísticos como obras de teatro, ballet, óperas o hasta espectáculos circenses. Un gran ejemplo es la plataforma francesa Marqueé TV en donde puedes reproducir grandes espectáculos y que funciona con membresías mensuales, tal y como lo hace Netflix o Amazon Prime Video.  En el mercado latinoamericano también podemos encontrar la plataforma argentina Selecta TV, en la cual se pueden reproducir conciertos, ballet y óperas de la misma manera que como funcionan las anteriores. 

Youtube también ha sido parte fundamental en la difusión y emisión de espectáculos artísticos en todo el mundo, tanto que compañías tan afamadas como la National Theatre de Inglaterra que ha subido obras gratuitas para verlas temporalmente en su canal de Youtube con actores de renombre internacional como Gillian Anderson o Josh O’Connor, entre muchos otros. 

Sin embargo, fue en marzo pasado, cuando el mundo cultural vivió  un hecho sin precedentes. El artista digital estadounidense de 39 años Mike Winkelmann, mejor conocido como Beeple, se hizo famoso por vender una pieza suya titulada “Every Day: The First 5 Thousands Days”, encriptada en NFT’s, por la exorbitante cantidad de 69 millones de dólares, a través de la famosa casa de subastas británica Christie’s. Con esto, Beeple ha logrado posicionarse entre la élite de los artistas que, junto con Jeff Koons y David Hockney, son hoy en día los artistas más cotizados en el mundo del arte. 

“Everydays: The First 5000 Days” de Beeple en Christie´s

La pieza artística es un collage de imágenes digitales que Beeple ha creado a lo largo de su carrera y la gran noticia no es la venta de una obra digital, ya que el arte digital ha existido desde hace ya unas cuatro décadas. Lo que se vuelve trascendente es que es la primera venta de arte a través de una casa de subastas con Token No Fungibles (por su traducción del inglés) y legitima una nueva práctica en el mercado artístico y coleccionista. 

¿Pero qué son los NFT’s? ¿Qué es el criptoarte? Y ¿Cómo esto puede estar relacionado a la preservación del patrimonio cultural? 

Los NFT’s (Non Fungible Token) son certificados de autenticidad digital y utilizan lo que se conoce como tecnología “blockchain”, que por su nombre en inglés, son literalmente bloques que contienen una base de datos y que resguardan la información encriptada como una especie de libro contable y esto los convierte en certificados mucho más seguros que los ya conocidos hasta ahora, ya que cada NFT es único e imposible de ser reemplazado. 

Beeple ha comercializado su arte desde el año 2007 a través de su página web, sin embargo, para avalar la autenticidad de sus piezas, solía hacer envíos a sus compradores de un “kit”.  Este paquete llegaba a contener un marco digital donde se proyectaba la obra que había comprado, junto con un tubo de cristal que contenía un pelo del artista para demostrar que la pieza artística era de Beeple, ya que al ser arte digital, se podía reproducir de una manera más fácil y era una de las maneras para que el comprador se sintiera seguro con la obra que había adquirido.

Si bien la obra de Beeple no ha sido la primera pieza digital en ser subastada como criptoarte, ya que en el 2014 la pintura del artista francés Youl “Last Bitcoin Super” fue vendida a través de eBay por 4.64 Bitcoins, ninguna casa de subastas había vendido una pieza a través de NFT’s y mucho menos se habrían imaginado que la pieza sería vendida en esa cantidad de millones dólares, ya que en un inicio la casa de subastas británica Christie’s estimaba que la pieza se vendería alrededor de unos 10 mil dólares. La subasta no se llevó a cabo en un solo día sino que se realizó en aproximadamente dos semanas, ésta comenzó con 100 dólares. Sin embargo, después de unas cuantas horas la obra ya estaba siendo subastada en 50 mil dólares y una semana después ya había alcanzado un valor de 1 millón de dólares, pero fue hasta el 11 de marzo de este año que la obra se vendió en la módica cantidad de 69 millones de dólares, superando las expectativas de una manera increíble y abrió el panorama para las ventas millonarias de obras intangibles. 

Beeple explica: ¿Qué es un NFT´s? Canal: Sam and Niko

Otra de las particularidades de la pieza artística de Beeple es que, aunque se han vendido más obras a través de criptomonedas, esta pieza rompe paradigmas, porque no es una sola pieza sino es el conjunto de varias, dentro de las cuales también contiene memes encriptados y GIFs lo que la convierte en una pieza disruptiva para el mundo del arte tradicional. 

Uno de los elementos más relevantes en el proceso de creación del arte que lo caracteriza de otras disciplinas es la capacidad de proteger su trabajo y que no pueda ser reproducible, también debe tener originalidad y ser único, para que no sea duplicable sin la autorización del artista. En este sentido, si una persona crea algún contenido digital, en este caso una obra de arte digital, corre el riesgo de que sea replicada y reproducible infinidad de veces, lo que conlleva a que la pieza artística vaya perdiendo su valor con el paso del tiempo ya que se convierte en algo común que se puede encontrar por todos lados. 

Es aquí donde el criptoarte juega un papel de innovación para los artistas de esta rama y que sus piezas no se devalúan. Sencillamente el criptoarte es una  pieza creada por un artista que contiene una firma encriptada de manera de blockchain, y esto conlleva que avala su autenticidad, con esto se logra una venta de la pieza y el comprador obtiene una pieza cien por ciento original y verificada.  A diferencia de las obras físicas y convencionales que conocemos en cualquier museo o galería de arte, el criptoarte avala que cada pieza creada tiene un identificador (NFT’s) exclusivo, que sirve para  verificar y rastrear todo el historial dentro del blockchain. Con ello, la pieza artística puede ser grabada en el libro público digital inmutable del blockchain lo que significa básicamente “tokenizar” o grabar. 

Es en este sentido en donde la tecnología de blockchain abre una nueva alternativa a la posibilidad de que se pueda guardar evidencia de patrimonio cultural material e inmaterial de cualquier sociedad y es en este caso donde la artista y arquitecta Azra Aksamija, originaria de Bosnia y Herzegovina, con su pieza artística “Matriz de Memoria”, interviene para preservar el patrimonio que se encuentre bajo conflictos bélicos étnicos o nacionalistas, como es el caso de la guerra de Siria

Memory Matrix Crowd-funding. Azra Aksamija

La Matriz de Memoria es un monumento temporal en continuo proceso de construcción y desmantelamiento. El proyecto cuestiona la ética de la preservación a través de experimentos en la creación futura del patrimonio, particularmente en tiempos de guerra. La pieza despliega más de 20,000 pequeños elementos fluorescentes de píxeles cortados con láser y grabados con contornos de sitios del patrimonio mundial desaparecido y amenazado. Estos esquemas se diseñan en talleres transculturales participativos y se producen utilizando técnicas de fabricación digital. La Matriz de Memoria toma diferentes constelaciones en varios lugares para crear distintas imágenes que contengan la forma de fragmentos del patrimonio cultural amenazado o desaparecido. El proyecto tiene como objetivo mejorar nuestra comprensión del patrimonio cultural global común a través del arte contemporáneo, creado con la colaboración de estudiantes, artistas e innovadores en territorios culturales en disputa, lo que lo convierte en un proyecto interdisciplinar e intercultural.

La primera instalación de este proyecto tuvo lugar en el MIT de Boston, Massachusetts. Los píxeles se colgaron en andamios y vallas fronterizas para crear una imagen tridimensional del Arco del Triunfo, recientemente destruido, de la antigua ciudad de Palmyra, en lo que hoy es el territorio de Siria y que es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Siria lleva ya 11 años en constantes conflictos bélicos y crisis humanitaria, sin embargo, es un país con una gran riqueza cultural y su patrimonio debe ser preservado. 

El Arco de Triunfo de Palmyra fue construido en el siglo III para el emperador Septimio Severo y fue destruido por ISIS en octubre de 2015, aunque algunos restos siguen en pie. La Matriz de Memoria critica el uso de las imágenes de destrucción medidas, que fueron producidas como arma. El arco, en la pieza de Azra Aksamija, solo se puede visibilizar a través del movimiento que el mismo espectador realiza al caminar por la obra y cuando es animado por la luz y el viento. 

Arco del triunfo de Palmyra. Foto: Bernard Gagnon.

Azra Aksamija, dado su origen y pasado en la guerra de los Balcanes, ha trabajado constantemente en la herencia cultural de dicha zona por los conflictos bélicos y el actual conflicto del Medio Oriente. 

La UNESCO, como entidad internacional destinada a resguardar, promover y preservar el patrimonio cultural de la humanidad y otras instituciones internacionales han tratado de resolver y trabajar para poder conservar el patrimonio que existe en zonas de guerra por todo el mundo a través de la captura de dicho patrimonio e ingresarlo en una base de datos, sin embargo, el simple hecho de tener un registro, no resuelve la problemática de su destrucción y/o de la preservación de los mismos. 

Por esto las nuevas alternativas digitales como el criptoarte y la tecnología de blockchain puede responder a esta problemática y marcar una diferencia en cómo se han llevado a cabo estas prácticas no solo de preservación sino también en la difusión del patrimonio cultural, y darle continuidad al mismo, puesto que la única manera de que el patrimonio cultural se mantenga vivo es darle continuidad. 

La particularidad más evidente de este tipo de tecnología y que puede fungir como una ventaja para la preservación del patrimonio cultural son las herramientas criptográficas que la misma blockchain genera para verificar la autenticidad del patrimonio a través de firmas y mensajes más seguros en los que se inserta información imborrable y esta información se queda almacenada en la base de datos a nivel mundial. 

Poniendo esto en la praxis, sería increíble que el patrimonio de diversas culturas alrededor del mundo pueda ser verificable, así como, se pueda documentar de esta manera su forma de ser, de vivir y sus prácticas culturales. Lo anterior, podría ser también una herramienta para preservar el patrimonio cultural inmaterial, que en ocasiones puede ser el más difícil de conservar y que en conflictos bélicos como el de Siria, a pesar de ser desplazados o en los conflictos de los Balcanes con la limpieza étnica que se llevó a cabo, su patrimonio pueda dar evidencias de la cultura y seguir vivo. 

Al término de este proyecto, se busca que cada pixel se convierta en distintas piezas de joyería para poder financiar talleres de educación que están dirigidos por los mismos estudiantes del MIT para los refugiados de Siria en Jordania, Alemania y Austria. Cada pixel de la pieza de la artista bosnia Azra Aksamija se ha registrado y codificado con la tecnología de blockchain para que se mantenga vivo y se cuente con un registro imborrable. 

A pesar de que este proyecto es una pieza artística creada con la intención de dar a conocer el patrimonio cultural de Siria y que no es netamente una edificación que ya sea considerada como patrimonio o una práctica cultural reconocida abre la puerta a que se conozca y se difunda ese patrimonio. En este sentido, Azra Aksamija le está dando continuidad al patrimonio para que se mantenga vivo en nuestra sociedad. 

Esto da cabida a la posibilidad de pensar que esta herencia se pueda registrar de una manera criptográfica. Lo que significa que se puede almacenar valor, demostrar un origen, transmitir información y dejar una huella y un testimonio de la historia del mundo.

Museo Louvre, París. La Gioconda de Leonardo da Vinci.

Aunque aún falta mucha información al respecto y crear legislaciones que regulen todo este tema, sin que el patrimonio cultural se convierta en propiedad de unos cuantos, como lo hace con el arte digital, al ser el comprador de la pieza el único propietario o que solamente sea una práctica mercantil y de coleccionismo, también abre grandes oportunidades para reflexionar y comprender que el mundo digital también puede ayudar a la preservación y difusión del patrimonio cultural de la humanidad y que puede ser una manera segura de resguardarlo. 

También es cierto que el mundo cibernético, a pesar de vivir en una era digital, nunca sustituirá al patrimonio material e inmaterial, ni tampoco podrá reemplazar los espacios culturales y artísticos presenciales como fue el caso de la reapertura del Centro Pompidou en París, que después de haber estado casi siete meses cerrado por la pandemia y que no se esperaba que tuviera mucha demanda, el mismo día de su reapertura se registraron filas de asistentes ávidos y necesitados de poder reencontrarse con espacios de cultura que los haga sentir, pensar y reflexionar. 

La sociedad y los seres humanos estamos en una constante búsqueda de nuestros orígenes e historia, tener una identidad es fundamental para el desarrollo de una cultura y sin esta identidad, la cultura y el arte se evaporan. Es por eso que el patrimonio cultural debe ser preservado y dado a conocer y qué mejor que aprovechar las herramientas que nuestra era nos proporciona para hacer uso de ellas y tener claro que lo digital no está peleado con la historia, con el arte y con la cultura. 

El ser humano vive y necesita del arte. La tecnología se reinventa constantemente, y somos nosotros, como seres que vivimos la cultura, los que debemos resguardar y comprender que este mundo es dinámico. El arte y la cultura se transforman, y el patrimonio se debe reinventar como lo hizo Azra Aksamija, pues no se le quita valor ni significado al patrimonio cultural, sino que lo resignifica y lo preserva de una manera en que la modernidad y el mundo contemporáneo pueda entenderlo y hacerlo suyo. 

MDNMDN