Generic selectors
Exact matches only
Search in title
Search in content
Post Type Selectors
Derechos y relativismo cultural: Lo problemático de concebir al hombre como un ser con derechos

Derechos y relativismo cultural: Lo problemático de concebir al hombre como un ser con derechos

Síguenos en nuestro canal de Telegram:
https://t.me/spesetcivitas

El mundo contemporáneo se ha conducido bajo el paradigma de que el humano es un “ser con derechos”. Pareciera que hoy prevalece, en palabras de Pierre Manent, “un solo principio espiritual, una sola referencia ética, un solo argumento legítimo” en lo que respecta a la forma de conducirnos en la sociedad: los derechos humanos. Desde muchos frentes, se nos propone reorganizar y recomponer todos nuestros arreglos sociales sobre la base de este único principio. En el imaginario colectivo y en la convivencia ordinaria esto se traduce en el derecho ilimitado del individuo a que su particularidad sea reconocida por las instituciones públicas. Como si la única razón de ser de las instituciones fuera garantizar y proteger el derecho ilimitado de toda persona para definir y regular su vida como mejor le parezca.

Sin embargo, no es tan fácil ordenar la vida en sociedad a partir de los derechos del individuo cuando se sospecha que toda noción de bien obstaculiza los derechos individuales. La política contemporánea ha separado a la justicia, comprendida en su raíz etimológica (ius) “derecho” de la cuestión del bien del otro. Para muchas personas, hoy el bien se concibe como una noción ciega: “Cada quien tiene derecho a buscar su propio bien”. Por lo tanto, afirmar el Bien (con mayúscula) implica poner en peligro los derechos. Si postulamos una cierta idea de la felicidad, si la proponemos como merecedora de orientar lo individual y lo colectivo, ponemos en peligro y en duda el derecho de cada uno a decidir lo que le conviene, a buscar la felicidad como le plazca. Así, la sociedad más justa se vuelve la que más autoriza, la que mayores derechos concibe.

Lo que se promueve hoy es la llamada ‘diferencia cultural’, el supuesto derecho a la diferencia, el derecho a ser diferente. Se reclama el reconocimiento público de un contenido concreto en nombre de un derecho abstracto. Pero este supuesto “derecho a la diferencia” encubre una total indeterminación respecto de lo humano, su bien y su perfeccionamiento, al impulsar un número ilimitado de derechos.

Bajo este marco de los derechos (ilimitados), cuesta cada vez más trabajo pensar en lo común, pensar en el bien, y sobre todo, pensar en el bien común. A partir de la modernidad se da por sentado que no nos podemos poner de acuerdo sobre los bienes humanos y precisamente por este desacuerdo se quiso organizar la vida común sobre la base de derechos y no sobre la base de bienes o fines.

Pierre Manent, 2011. Crédito: Semaines Sociales de France.

La contradicción de “todas las culturas son iguales”

Otra problemática que suscita la exaltación dogmática de los derechos del hombre tiene que ver con la comprensión de la cultura y las distintas culturas.

Cuando miramos otras culturas, culturas exóticas, consideramos que tenemos el deber de no juzgarlas, nos jactamos de ser de mente abierta y les buscamos un sentido aceptable porque ¿acaso no cada cultura es un todo congruente y coherente con su propia lógica? Pero, cuando se trata del entorno en el que vivimos, nos gana un afán por modificar nuestros ordenamientos sociales y morales. En “otros lugares” nos apena querer cambiar cualquier cosa de “sus costumbres”, pero en nuestra sociedad vemos mal el querer conservar ciertas costumbres. Pierre Manent afirma: 

“En “otra parte” suspendemos el juicio, porque debemos por encima de todo cuidarnos de hacer una apreciación [de sus] … costumbres “exóticas” que sugiera o implique que nuestra forma de vida podría ser superior; [y] “aquí” tenemos todo el tiempo la urgencia de juzgar para reformar y sería inadmisible dejar las cosas en el estado en el que están, porque nada es más apremiante ni más justo … que reconocer, declarar y hacer valer nuestros derechos, todos nuestros derechos, los derechos humanos.”

P. Manent, La ley natural y los derechos humanos, p. 9.

Hoy se afirma que los derechos humanos son un principio universal que vale para todos, pero, también se plantea que todas las culturas, todas las formas de vida son igualmente valiosas y que juzgarlas sería discriminatorio y atentaría contra la igualdad de todos los seres humanos. Al mismo tiempo, el hombre contemporáneo sostiene que todos los hombres son iguales y que todas las culturas tienen derecho a igual respeto, pero cae en el absurdo de que incluso aquellas que violan la igualdad de los seres humanos merecen ser respetadas, porque si no, con nuestro juicio, suscitamos esa desigualdad que nos choca y que queremos combatir.

Reconocemos un criterio universal para juzgar, pero a la vez nos abstenemos de aplicar ese juicio cuando se trata de otros. Esta contradicción derivada del dogmatismo de los derechos humanos y el relativismo cultural sustantivo que pone en plano de igualdad a todas las culturas, desata una disociación que contribuye a la “confusión del debate público acerca de la mejor manera de asegurar la cohesión social y la amistad cívica”. 

La universalidad de los derechos humanos contrasta con la gran diversidad de culturas. Sin embargo, una práctica cultural que atenta contra los derechos humanos hoy se justifica (o al menos no podemos juzgarla) bajo el principio de igualdad que está al interior de los mismos derechos humanos. Y así “una filosofía que exige la mayor libertad e igualdad entre los hombres [se muestra también] favorable a la diversidad humana en la que abundan formas de vida que [vulneran] la libertad y la igualdad”, siguiendo a Manent.

El hombre moderno que redujo la compresión de su humanidad a una libertad sin ley, a un mero ser con derechos. Considera que la práctica cultural más exótica y bárbara manifiesta de manera excelsa su nota más distintiva, la libertad. Hoy no tenemos idea de qué es el hombre, pero lo que sí sabemos es que es un ser con derechos y un animal cultural, un ser de cultura.  

¿Y qué conclusiones se deducen de esta comprensión de lo humano? De manera simplona asumimos que la diversidad de culturas, la plasticidad ilimitada de la “cultura”, prueba que no hay naturaleza o que nuestra naturaleza es la libertad indeterminada. Por eso mismo, si condenamos las prácticas culturales que violan derechos humanos, esto supondría que la naturaleza humana prescribe un orden y eso es inaceptable para el hombre moderno. 

Una postura más razonable, pero que choca con este dogmatismo de los derechos y su mancuerna del relativismo cultural, sería que no podemos comprender la valía de una práctica cultural al margen del bien humano. 

Existe el bien y la posibilidad del mal, esto es un presupuesto para la libertad. Si el bien o el mal sólo existieran de forma subjetiva, entonces no existiría la libertad. La libertad humana requiere la noción de orden o ley y de naturaleza y finalidad, de otra manera no se tiene libertad sino indeterminación, anarquía. La libertad no es un fin en sí misma; es una condición para alcanzar el bien y la verdad. Nuestra libertad se subordina a la ley de nuestra naturaleza de creatura.

Me parece más sensato pensar que la libertad es un bien común de la creatura racional, y que la condición del ser humano sólo cobra sentido como libertad bajo la ley (de la naturaleza y de Dios). La ideología de los derechos pretende desestimar justamente esta posibilidad. Atrapados entre la afirmación de la igualdad de los derechos humanos y la afirmación de la igualdad de las “culturas”, quedamos en una perplejidad insuperable que paraliza cualquier intento de buscar el bien común.

Foto: Anderson Guerra

El Estado de Naturaleza como origen de los derechos

¿Pero cómo llegamos hasta aquí? El profesor francés, Pierre Manent, estudioso del liberalismo, apunta algunas consideraciones valiosas para entender el origen de nuestra actual condición.

Para Manent, el estado de naturaleza es la construcción filosófica que “fue la base y la matriz de la doctrina de los derechos del hombre” y de la actual concepción del mundo humano como libertad sin ley. Tanto la antigüedad clásica como el cristianismo concibieron la libertad humana como libertad bajo la ley (de la naturaleza o de Dios). Pero en la modernidad, esta idea es reemplazada por la de una humanidad que comienza en una libertad sin ley y que sólo por necesidad (guerra de todos contra todos) se ve obligada a darse leyes, pero con la intención de seguir viviendo “tan libre como antes”. A partir de entonces, la ley y el Estado sólo tienen legitimidad si ayudan a garantizar los derechos de los individuos.

Manent descubre en Hobbes que el soporte de los derechos humanos es el individuo, cuya naturaleza no es la de una creatura racional ni social, sino que posee únicamente una naturaleza biológica de ser vivo egoísta con un ius in omnia, con un derecho a todo; una naturaleza que no nos dice nada sobre lo que es ser humano. Sólo una naturaleza tan pobre y abstracta como ésta resulta compatible con todas las “culturas” posibles o imaginables. Así, todo lo que experimentamos como hombres es humano. Al disolver lo natural en el hombre a mera individualidad, el “fenómeno humano … se vacía … de toda determinación natural … se le ‘desnaturaliza’ de manera radical”. Bajo esta concepción, el ser humano es ALGO (indefinido), separado y distinto de otros sólo por su materia, pero IGUAL, y que tiene el DERECHO “natural” a ser cualquier cosa, es un ser con derechos.

Foto: Kosygin Leihangthem.

La política antigua VS la política moderna

Este cambio radical se dio en la modernidad política. El mundo antiguo era movido por la búsqueda del bien; al mundo moderno le basta con huir del malestar. Sólo si sé quién soy puedo ser movido por mi bien. Para el mundo moderno el hombre es una incógnita, y, más bien, lo humano se deduce de la animalidad y el des-orden. ¿Qué hay más molesto que la incómoda ley? Hay que huir de la ley en nombre de la naturaleza y huir de la naturaleza en nombre de la libertad.

Al respecto, Manent atribuye un papel importante a John Locke quien piensa que el hombre es un producto de sí mismo, y que es él quien crea arbitrariamente sus leyes morales. El hombre no busca el bien (una finalidad objetiva) sino que huye del malestar, ese es el fondo de la antropología lockeana. Este “hombre” es el sujeto perfecto de la sociedad comercial. El hombre de Locke fabrica sus “valores” y tiene derechos, haga lo que haga, posee sus derechos.

Aquí Manent descubre otro contraste antropológico fuerte en comparación con la antigüedad. El hombre antes se concebía como agente que actúa y busca el bien, y existía en él una tensión entre potencia y acto, entre lo realizado y lo deseado: quien busca la verdad o la justicia sabe que no las posee. Pero el hombre moderno, que declara sus derechos y exige se le respeten, sabe que los posee y que esto no cambia independientemente de lo que haga. Los derechos humanos de un sin vergüenza o de un héroe siempre son iguales. “[R]econocer … la nueva definición del hombre como ser que tiene derechos nos obliga a desterrar las modalidades tradicionales del ser”: potencia y acto.

Esta nueva ontología vuelve al hombre impenetrable, hermético al ser. Antes la filosofía se preguntaba por el ser del hombre, por pensar lo propio del ser humano. Ahora, el hombre no tiene nada que hacer para ser: “toda la humanidad del hombre está contenida en sus derechos y en el hecho de que tiene derechos; y esos derechos están definidos exhaustivamente por el hecho de que son derechos del hombre”.

Ayuda humanitaria en Lituania. Foto: Artüras Kokorevas.

El reto de organizar el mundo social concibiendo al hombre como “ser con derechos”

La postura hegemónica del liberalismo actual radicaliza la comprensión del hombre como ser con derechos y como ser de cultura. Si los derechos humanos no tienen su origen en la naturaleza, en el fondo lo que anhelamos es regresar al estado de naturaleza que hoy en su versión más sofisticada llamamos posmodernidad. Sin las leyes de la naturaleza y de Dios como criterio de orden, lo humano se puede construir y deconstruir según nos plazca. Así desatados, los derechos humanos se convierten en un movimiento social, moral y político indefinido, sin rumbo. Esta filosofía de los derechos humanos radicaliza no sólo la igualdad sino la libertad, y nos deja sin límites claros en la vida social mientras fomenta la deconstrucción de lo humano.

A su vez, esta transformación moderna por la cual la igualdad ya no es inherente a los seres humanos como especie sino a los seres humanos como individuos, genera el mismo dilema que el relativismo cultural. Tanto el dogmatismo liberal de los derechos como el relativismo cultural se refuerzan mutuamente y provienen de la disolución de la noción de naturaleza humana en la modernidad. En la indeterminación del estado de naturaleza, el hombre moderno encuentra su naturaleza completa. En la determinación de cada cultura particular, el hombre moderno encuentra la naturaleza indeterminada. Finalmente, la plasticidad de la naturaleza humana en el estado de naturaleza lleva a la plasticidad de los derechos en la sociedad.

Cuando Aristóteles define al hombre como zoon politikon pone el énfasis en su naturaleza social y fundamenta la vida humana en la deliberación y la acción. Cuando la modernidad define al hombre como “el ser que tiene derechos”, derechos humanos que puede exigir en todo momento y lugar, no decimos nada sobre lo que constituye y da forma a la vida humana. Paradójicamente, siguiendo a Hobbes, fundamos la vida social y política en un estado a-político pre-humano; en un estado sin racionalidad, sin sociabilidad y sin personas.

Los derechos ilimitados, el derecho a ser lo que queramos, los derechos humanos sin saber quién es el hombre, no nos dicen nada sobre qué debemos hacer, cómo actuar en sociedad, o cómo contribuir al bien común. Hoy se quiere organizar el mundo a partir de los derechos de un ser sin naturaleza y sin ley para dirigir su vida. Desgraciadamente, el derecho de cada uno a buscar su propio bien se acaba convirtiendo en el derecho / autorización a no buscar el bien común. Empieza como una autorización, después se vuelve una sugerencia, y acaba imponiéndose como una ley que permite ser indiferente al bien. Insistir en que se respete mi derecho a ser lo que yo quiera (o sienta), implica sólo una relación conmigo mismo, no sugiere ningún principio de acción y no aporta a la vida común. 

Vale la pena seguir pensando las implicaciones de los derechos humanos en la vida social y en la vida práctica. Concebirnos como sujetos pasivos de derechos, sin saber qué es la persona, su dignidad y su naturaleza, de cierta forma nos des-naturaliza y des-humaniza. Unos derechos verdaderamente humanos deberán desarrollarse sobre la base de una sólida antropología que fomente el bien común.

Derechos y relativismo cultural: Lo problemático de concebir al hombre como un ser con derechos

Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos

Síguenos en nuestro canal de Telegram:
https://t.me/spesetcivitas

Cuando la gente piensa en México, a la mayoría le viene a la mente su rica cultura y tradiciones. Los mexicanos deben muchas de éstas al enriquecedor encuentro que se produjo entre los españoles y las culturas indígenas. Sin embargo, hay quienes piensan que México fue una colonia española con una situación similar de los países africanos bajo el dominio europeo, pero tal idea es completamente errónea y absolutamente ignorante de la historia mexicana. 

Si pensamos en una relación en cierta forma perjudicial para México, deberíamos re-enfocar nuestra mirada hacia sus vecinos del norte. Pero, ¿por qué es así? ¿Acaso los españoles no mataron a gran parte de la población indígena? ¿Qué no invadió Estados Unidos a México una sola vez? 

Las diferencias entre estos dos países son más profundas que la evidente diferencia socioeconómica y la “oposición entre desarrollo y subdesarrollo, riqueza y pobreza, dominación y dependencia”, afirma Octavio Paz en el texto Posiciones y contraposiciones: México y Estados Unidos. Para comprender la compleja relación entre México y Estados Unidos y las profundas diferencias entre ambos, es necesario retroceder en el tiempo. 

La oposición entre México y Estados Unidos es antigua y se remonta a la América precolombina. “El norte del continente estaba poblado por naciones nómadas y guerreras; Mesoamérica, en cambio, conoció una civilización agrícola, dueña de complejas instituciones sociales y políticas”. Unos pobladores eran cazadores y otros, agricultores. Esta división influyó enormemente en las políticas de los ingleses y los españoles hacia los nativos americanos.

Las diferencias entre los ingleses y los españoles que respectivamente fundaron “Nueva Inglaterra” y “Nueva España” también fueron decisivas: “en Inglaterra triunfó la Reforma mientras que España fue la campeona de la Contrarreforma”. Conquista y evangelización, ambas palabras profundamente españolas y católicas, describen mejor lo que ocurrió en México. La expansión colonial de Inglaterra no tuvo relación con ellas.

El catolicismo traído a México por los españoles estuvo lleno de asimilación y hubo una mezcla de culturas. De la cultura indígena, México conservó: la familia, la amistad, las actitudes hacia el padre y la madre, la imagen de la autoridad y el poder político, la visión de la muerte, el trabajo y la fiesta. De la cultura española, México conservó: la lengua, la religión, las instituciones políticas y el espíritu aventurero y valiente. México es una nación nacida de dos civilizaciones con un rico pasado, tanto de los indígenas como de los españoles. 

Por el contrario, en Estados Unidos no hay ningún elemento indígena. La mayoría de los nativos americanos fueron exterminados, y los pocos que quedaron fueron recluidos en “reservaciones”. Como escribió el premio Nobel mexicano Octavio Paz, “los Estados Unidos se fundaron sobre una tierra sin pasado”. Estados Unidos no tiene raíces, y exactamente lo contrario ocurre con México, que tiene una herencia muy vasta. En uno de sus ensayos, Octavio Paz sugiere que la actitud del catolicismo hispano es incluyente, y la del protestantismo inglés es excluyente: asimilación vs. segregación.

Otra oposición significativa se relaciona con la actitud de cada nación hacia el trabajo y la fiesta. Para la sociedad novohispana, el trabajo no redimía, y el trabajo manual era servil. El hombre superior mandaba, contemplaba y disfrutaba. El ocio era noble. Y si se tenía riqueza, se construían iglesias y palacios y se hacían grandes celebraciones. Por el contrario, la sociedad protestante de Estados Unidos, afirmaba el valor redentor del trabajo y rechazaba el valor de la fiesta. Para los puritanos, el trabajo era redentor porque liberaba al hombre, y esa liberación era una señal de la elección divina. 

La sociedad mexicana era muy heterogénea, por lo que requería un gobierno central fuerte controlado por el monarca español y la Iglesia católica. La situación de Estados Unidos era diferente. Las pequeñas comunidades coloniales eran más bien homogéneas, y las instituciones democráticas podían florecer allí más fácilmente. 

Para Octavio Paz, el mayor contraste entre estos países es su posición respecto al tiempo. Estados Unidos es una sociedad orientada hacia el futuro. “El norteamericano vive en el límite extremo del ahora, siempre dispuesto a saltar hacia el futuro. El fundamento de la nación no está en el pasado sino en el porvenir… su acta de fundación, fue una promesa de futuro”. La posición de México es justo la contraria. “[E]l ideal fue perdurar a imagen de la inmutabilidad divina… pluralidad de pasados, todos ellos presentes y combatiendo en el alma de cada mexicano… La utopía, para ellos, no consistía en construir el porvenir sino en regresar al origen, al comienzo.”

Estas historias y caminos distintos han hecho que ambos países sean profundamente diferentes. Sin embargo, hay que decir que la sociedad mexicana era más rica y próspera que la estadounidense hasta finales del siglo XVIII. Pero todo cambió…

Justo después de la independencia de México, Estados Unidos, comenzó a perturbar aún más la inestable situación de la nueva nación. Una de las figuras más oscuras del imperialismo estadounidense y uno de sus mejores espías y alborotadores fue Joel R. Poinsett, el primer agente especial estadounidense en Sudamérica y ministro plenipotenciario de Estados Unidos en México. Era un oficial protestante, masón, anticatólico, antihispano, antimonárquico, codicioso y de mente clara, decidido a obtener el mayor beneficio para Estados Unidos de la situación política mexicana. Podríamos decir que era bastante anti-mexicano.

Fue enviado a promover un ajuste fronterizo que concediera a Estados Unidos dos tercios del territorio mexicano. Por supuesto, su petición fue denegada. Pero tras sus intentos fallidos, optó por una estrategia diferente: dividir a los mexicanos y fomentar intrigas entre ellos. Para ello, estableció las logias masónicas, que desde entonces han manejado y desgraciado a los gobiernos mexicanos. Además, fomentó la “leyenda negra” antiespañola que dice que los españoles solo robaron y asesinaron a las grandes culturas indígenas. Pero esto no es preciso. La nación mexicana es mestiza, lo que significa que surge de la mezcla de españoles e indígenas. Por supuesto hubo algunos abusos, pero el balance es más positivo que negativo. La situación en México propició los primeros desarrollos de la noción de los derechos humanos por parte de los misioneros religiosos y México no tuvo esclavos como Estados Unidos porque sus ciudadanos eran súbditos directos del reyes españoles como lo pidió la reina Isabel desde que Colón descubrió estas tierras. 

Las malas intenciones de Poinsett también fomentaron la expulsión de los españoles que quedaban, lo que produjo una mayor crisis en México en muchos sentidos: hubo una pérdida de población en varias regiones que quedaron como presa fácil para americanos ambiciosos, una pérdida de capital e industria necesarios para el desarrollo del nuevo país, y la pérdida de muchos sacerdotes y misioneros. Finalmente, se pidió la expulsión de Poinsett del país por toda la inestabilidad que estaba provocando. Pero en 1847, Estados Unidos invadió México, lo ocupó y le impuso terribles y pesadas condiciones de paz. Fue la guerra mexicano-estadounidense en la que Estados Unidos obligó a México a ceder más de la mitad de su territorio. La codiciosa expansión territorial del presidente Polk dejó a México con una agitación interna peor, muchas vidas perdidas y un sentimiento nacional en un estado de degradación y ruina.

Durante gran parte del siglo XIX, México sufrió guerras civiles, y los liberales mexicanos (principalmente masones dejados por obra de Poinsett) trataron de implantar una república democrática enfrentándose a la Iglesia católica. Esto supuso una ruptura radical con el pasado y produjo más división interna. Esta ruptura con la Iglesia hizo colapsar la educación y produjo que mucha gente quedara analfabeta y pobre. Las guerras acabaron produciendo el militarismo que llevó a la dictadura del presidente Díaz, que a su vez condujo a la Revolución Mexicana, que no pudo implantar una verdadera democracia sino sólo un régimen autoritario con una máscara de democracia. La desigualdad social y la acción de los monopolios económicos, entre ellos los de Estados Unidos, han dificultado desde entonces en gran medida el desarrollo de México. 

Hasta estos días, la injerencia estadounidense en la política mexicana continúa pero se ha transformado en la presión económica de las grandes empresas y su poder para manipular y abusar de las frágiles instituciones mexicanas corroídas por la corrupción. Además, Estados Unidos abusa de alguna manera de la dependencia de su vecino del sur y se aprovecha de la mano de obra barata sin proporcionar derechos laborales ni seguridad a las familias de los empleados. 

Una situación particular de injusticia en las relaciones México-Estados Unidos que puede ser retratada como una “sombra global” es la relacionada con la guerra contra las drogas. Es una sombra multifacética de poder, privilegio, inconsistencia e irresponsabilidad porque el gobierno de Estados Unidos ha avanzado poco en la reducción de la demanda y el consumo de drogas ilegales. Esto ha fomentado el crecimiento del mercado de las drogas, lo que detona también el crecimiento de los cárteles y desencadena muchos círculos viciosos al mismo tiempo. La violencia del narcotráfico destruye las comunidades y muchos jóvenes mueren por la violencia relacionada con las drogas o por sobredosis. Las madres tienen que trabajar en fábricas (lejos de sus casas) para mantener a sus hijos, y mientras tanto, los niños quedan solos a merced de los cárteles de la droga que los enrolan para su negocio. El consumo de drogas es un mal social, pero los más afectados son los más vulnerables. A Estados Unidos parece importarle sólo su beneficio económico y se lava las manos proporcionando más armas para combatir a los cárteles, pero no hace nada para solucionar el vicio de sus ciudadanos que causa todos los problemas. Mientras tanto, además de todos sus problemas, México mismo se está convirtiendo en un consumidor de drogas, y la legalización de la marihuana en algunas jurisdicciones estadounidenses ha empujado a las organizaciones del narco a concentrarse en drogas más duras.

Caricatura M. Wuerker.

Una solución podría ser reducir el consumo mediante campañas serias y no fomentar más el consumo mediante la legalización de las drogas. Hay que cambiar la cultura. La enfermedad de Estados Unidos es moral, y su hedonismo es otra cara de la desesperación. El libertinaje no es libertad. La libertad no es hacer lo que uno quiera. La verdadera libertad es hacer el Bien. Enseñemos a nuestros jóvenes a usar su libertad para servir al prójimo con amor.

Los defensores de la legalización de las drogas dicen que se erradicará el mercado negro, pero bien podrían seguir vendiendo marihuana a menor precio y a los menores de edad. NO a la marihuana y SÍ a la educación. Al buscar el bien común, el Estado debe proteger a sus ciudadanos. Ejerciendo la verdadera libertad, uno no se perjudica a sí mismo ni a los demás…  

El genial Octavio Paz termina su perspicaz ensayo sobre México y Estados Unidos –publicado en The New Yorker en 1979– con una advertencia que sigue siendo válida hoy: 

“Hoy los Estados Unidos se enfrentan a enemigos muy poderosos pero el peligro mortal no está fuera sino dentro: no es Moscú sino esa mezcla de arrogancia y oportunismo, ceguera y maquiavelismo a corto plazo, volubilidad y terquedad, que ha caracterizado a su política exterior en los últimos años … Para vencer a sus enemigos, los Estados Unidos tienen primero que vencerse a sí mismos: regresar a sus orígenes. Pero no para repetirlos sino para rectificarlos: el otro y los otros —las minorías del interior tanto como los pueblos y naciones marginales del exterior— existen. Si los Estados Unidos han de recobrar la entereza y la lucidez, tienen que recobrarse a sí mismos y para recobrarse a sí mismos tienen que recobrar a los otros: a los excluidos del Occidente”.

Octavio Paz, “Reflections Mexico and United States”.

La frase “Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de los estados Unidos” se atribuye a Porfirio Díaz.

Derechos y relativismo cultural: Lo problemático de concebir al hombre como un ser con derechos

Evolución o degeneración: Emojis, lenguaje y comunicación

Por Doris Morales

Síguenos en nuestro canal de Telegram:
https://t.me/spesetcivitas

Según las estadísticas de Unicode, el 92% de la población mundial que utiliza redes sociales incluyen los emojis en sus comunicaciones. Estos emojis representan rostros, edificios, alimentos, animales, banderas e incluso tienen la capacidad —o se la hemos otorgado— de simbolizar sentimientos, estados de ánimo, ideas y el contexto cultural de los usuarios.

Un emoji es una representación gráfica: un pictograma. Entonces, ¿cómo es que los pictogramas se “colaron” dentro de nuestra comunicación escrita? Para empezar hay que comprender que un pictograma siempre es referencial a un objeto, por lo que el dibujo o signo gráfico expresa un concepto que se relaciona con el objeto.

El uso de los pictogramas tiene sus raíces en la prehistoria, cuando el ser humano sentía la necesidad de materializar las vivencias o aconteceres diarios mediante las pinturas rupestres. Todo esto previo al desarrollo del lenguaje. Con el surgimiento de la escritura, la importancia de los pictogramas aumentó para representar realidades, símbolos y creencias. 

Como ejemplo tenemos a los egipcios, quienes durante su período clásico, utilizaban cerca de 700 signos diferentes, sin embargo para los últimos siglos de su historia alcanzaron más de 5,000 signos. El diseño de los pictogramas y su evolución dio origen a las primeras representaciones de la escritura cuneiforme. 

Kharga, Egipto. Foto: L. Escabia.

Pero si la evolución de los pictogramas dio como resultado el desarrollo de la escritura y posteriormente la aparición del alfabeto ¿por qué seguimos incorporando símbolos gráficos en nuestros textos?

Los pictogramas facilitan la comunicación y derrumban las barreras del idioma debido a que pueden ser comprendidos universalmente; tal es el caso de la señalética urbana como las señales de alto, siga, vuelta a la derecha y curva. La música o el dibujo arquitectónico también son considerados un lenguaje universal ya que no están supeditados a ningún idioma en particular. 

La intención de expresarnos de manera más puntual y exacta nos orilla a buscar alternativas y elementos que precisen la idea que buscamos comunicar. Resulta importante recordar que a diferencia de la comunicación oral, la comunicación escrita no posee entonación, lenguaje corporal y expresiones faciales que nos ayuden a expresarnos con mayor especificidad. Sino que, por el contrario, la comunicación escrita, conlleva cierta ambigüedad. 

Así que los emojis  —como la señalética urbana— son un lenguaje universal. Aunque no son un idioma establecido, facilitan y permiten una comunicación global. Pueden ser considerados un lenguaje paralelo, para un grupo específico de personas definidas por el emisor.

Emojis. Por Roman Odintsov.

Agnese Sampietro, doctora en Lingüística, afirma: “en las interacciones cotidianas entre personas cercanas como familia o amigos los matices extralingüísticos son muy relevantes. Estos usuarios en la comunicación cotidiana quieren entenderse y mantener sus lazos de amistad y afecto. De ahí que las caritas con expresiones positivas sean las dominantes. En otros contextos el uso puede ser diferente”.

Expresarnos de manera más específica, subrayar nuestra intención, matizar nuestro mensaje, reducir la ambigüedad, mostrarnos cercanos, generar ambientes de conversaciones relajadas, expresar nuestros sentimientos y emociones son algunas de las razones del uso de los emojis en nuestras conversaciones cotidianas. 

El uso de los emojis no solo es exclusivo del contexto cultural en el que nos encontramos  sino también depende de la persona quien los usa. Algunos emojis son personalizados por el usuario —el color de piel, el color de cabello— y forman parte de sus elementos de expresión cotidianos.

Estos elementos complementan la comunicación escrita y sin embargo no sustituyen la riqueza lingüística propia de los idiomas.

¿El lenguaje evoluciona o se degenera? Algunos expertos comentan que el lenguaje no puede degenerarse, sino evolucionar. De forma constante, ciertas palabras de nuestro idioma tienden a desaparecer ya que lo que significan deja de existir, se sustituye o cambia su connotación. Por otro lado, también importamos palabras o términos de otros idiomas y los utilizamos en nuestro día a día, por ejemplo: closet, clickear, kindergarten, volován, y muchas otras.

Esto mismo ocurre con los emojis, los incorporamos a nuestras comunicaciones escritas para profundizar y contextualizar nuestros diálogos. Acompañan  nuestros mensajes para darles un sentido más cercano y cálido a nuestras conversaciones. Crean momentos de empatía y ayudan a generar recuerdos, ya que relacionamos los emojis con expresiones propias o expresiones utilizadas por nuestro receptor.

Nos imaginamos a nuestro receptor diciendo el mensaje, sonriendo de medio lado o cerrando un ojito. Normalizamos el uso de emojis para darle un significado más profundo a nuestros mensajes y hemos aprendido a diferenciar la comunicación formal de la casual o de la familiar.

Adoptamos emojis como sello personal, nos identificamos con ellos, ya que a través de un símbolo podemos comunicar más de lo que podríamos expresar con una sola palabra. El lenguaje no se degenera, se enriquece con las adecuaciones e incorporaciones que día a día se suman a nuestro bagaje oral y escrito. 

El lenguaje y la escritura son, como todo, hijos de su tiempo. No puedo imaginarme a Charlotte Brontë escribiendo Jane Eyre e incorporando emojis. Pero, ¿qué sucedería si un joven reinterpretara este clásico de la literatura con la ayuda de los emojis? ¿Estaría adaptándose a su tiempo, contextualizando la lectura y tendríamos como resultado una versión más gráfica, cálida y sobre todo universalmente comprensible? 

Cara divertida con relleno sólido
Derechos y relativismo cultural: Lo problemático de concebir al hombre como un ser con derechos

Mirar con los ojos del tiempo la cotidianeidad: Conversación con Domitille Cure

Únete a nuestro canal de Telegram:
https://t.me/spesetcivitas

Otros idiomas: 🇫🇷 🇬🇧

Con el paso de las estaciones nos damos cuenta del avance de la vida. La temporalidad cambia de colores: los árboles cambian del verde al amarillo hasta perder el follaje; las mandarinas que encontramos en otoño se cambian por las fresas y cerezas del verano; los vestidos ligeros y coloridos de algodón dan paso a los abrigos pesados y obscuros. 

La vida, dividida en cuatro temporadas, nos enseña a lidiar con los constantes cambios. Simbólicamente representamos la primavera con la infancia, el verano con la juventud, el otoño con la madurez y el invierno con la vejez. Las plantas, los animales y los hombres pasan por un ciclo, claramente hay un comienzo y un final; sin embargo no creo que podamos decir con tanta simpleza que la vejez es invernal y la infancia es primaveral. Me parece que somos seres estacionales, a veces nos sentimos más veraniegos, otras veces primaverales y otoñales. A veces una estación puede durarnos años y otras meses. En ocasiones pensamos que un amigo es más solar, siempre sonriente y viste con colores brillantes; y otras veces encontramos una ciudad, como Berlín, casi siempre vestida de negro, como un eterno otoño-invierno. Así que lejos de asociar el invierno con la decrepitud, simplemente hay que observar que así como la tierra necesita de una helada para preparar de nuevo el florecimiento de las flores; del mismo modo nosotros debemos pasar por altos y bajos. 

Colaboración para el Berliner Planze Kalender 2022
Ilustración: La Météo

Nuestros recuerdos también se mueven dentro de esta temporalidad, recordamos la cerveza que tomamos con una amiga en el parque para aprovechar los primeros días soleados de primavera; un verano en la costa; alguna caminata con amigos mientras pisamos las hojas otoñales; la última Navidad de alguien. Y la vida se nos representa con este ciclo que va y viene. Las estaciones son el reloj del mundo.

La Météo, en francés, significa el tiempo o el clima. En palabras más técnicas, la meteorología estudia los fenómenos climáticos y atmosféricos para pronosticar el tiempo o el clima de un lugar específico. Precisamente esto hace Domitille Cure, con su marca de ilustraciones La Météo. Domitille estudia las estaciones, los colores, temperaturas, predice y graba la temporalidad en sus impresiones. 

Podría parecer banal, pero una decoración adecuada puede ayudarte a sentirte en casa. En mi caso, después del caos de la mudanza, me encontré con las paredes desnudas y su palidez me pedía a gritos un poco de color. Diariamente tenemos que lidiar con lo que colgamos en las paredes, así que la imagen que verás mientras bebes tu café diario tiene que encantarte. 

Imagiers La Météo.

Jamás he entendido a los coleccionistas de arte que compran una obra por estatus. Se debería comprar por la estética que te transmite. Como en el caso del famoso falsificador-pintor Wolfgang Beltracchi, quien tiene la habilidad de copiar el estilo de varios pintores y sus copias eran tan fabulosas que cualquiera podía jurar que se trataba de una obra perdida de algún pintor importante. Cuando lo descubrieron, siguió pintando con los diversos estilos que podía imitar, pero firmaba con su nombre. Pues la falsificación se produce solamente hasta que se firma con otro nombre. Sin embargo algunos de los que compraron sus obras, decidieron que perdieron valor, porque compraban una firma y un estatus, no una pintura que les gustara y evocara algo. Pero no es mi intención escribir un texto sobre estética. Quedémonos con una idea: que te guste y disfrutes lo que miras en tu casa.

Era finales de otoño cuando coincidí con Domitille Cure en una clase de alemán. Cuando llegó el invierno con sus mercadillos navideños compré mis primeras ilustraciones: unos limones (citrons) y un gato (chat). Cada vez que entro a la cocina, lo primero que veo son sus colores vivaces que me recuerdan el verano y tierras soleadas lejanas de Berlín. 

Domitille es una artista francesa que estudió diseño en la Universidad de Glasgow y vive en Berlín, una ciudad en la que confluyen artistas internacionales y que cuenta con una gran variedad cultural. Desde hace tres años Domitille, junto con la artista sueca Maja Björk –quien ilustra imágenes de la vida y la cotidianeidad– participan en un mercado de arte. La pandemia cerró por mucho tiempo los lugares públicos y aunque los mercados son al aire libre, la vida cultural berlinesa está regresando lentamente desde el verano pasado; esto dio pie a que los ilustradores pasaran de las exhibiciones al Etsy, que tiene la ventaja de llegar a cualquier ciudad. Las impresiones de Domitille han llegado a México, Corea y varios países de Europa. 

Platón consideraba que el artista era un entusiasmado, con un dios dentro (en-theos) y que su obrar era inspirado. En ocasiones se piensa que la inspiración es un impulso irracional que aparece sorpresivamente, pero me parece que la inspiración, aunque puede llegar a cualquier hora, también requiere del ejercicio constante. En palabras de Picasso: “la inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando”. Para comprender un poco mejor el trabajo, el esfuerzo y la inspiración de las ilustraciones que adornan mis paredes conversé con Domitille.

Retrato de Domitille Cure por Maja Björk.

Muchas gracias por tomarte el tiempo para esta entrevista, creo que a muchos que conocen tu trabajo les da también curiosidad conocer un poco más a la ilustradora. Elegir una ilustración para decorar tu hogar u oficina es algo íntimo y se produce un vínculo, una relación entre el ilustrador, la imagen y quien la mira. De cierta forma, miramos el mundo a través de tus ojos. Y quisiera que me hablaras un poco sobre ese mundo. Por lo regular tus ilustraciones no son composiciones, sino que son imágenes precisas: tomates, mariposas, flores, animales. ¿Por qué dibujas lo que dibujas? Y ¿qué significan para ti tus ilustraciones? ¿Qué buscas transmitir?

Gracias por tan bello retrato de la esencia de mi mundo. Como bien dices, mi marca, La Météo, se inspira en las estaciones del año, en Francia, en la botánica y sobre todo en la idea de la temporalidad: tomo un elemento efímero de una estación y lo inmortalizo en otra. En los años 90, en Francia teníamos estos carteles inspirados en imagiers, que es un libro de imágenes, con animales o dibujos botánicos que se utilizaban a menudo como decoración de la cocina. Las imágenes se clasifican por temas y tienen su nombre asociado debajo. Es un concepto bastante simple, pero me gustó la idea de reapropiarme de él con mi propia estética y también de perpetuar la idea de un arte popular accesible para todos.

Para mi tus ilustraciones muestran pequeños detalles y escenas de la vida; como una invitación a poner atención a lo cotidiano y aprender a apreciarlo. Quisiera saber un poco más sobre tu proceso creativo, ¿cómo pasas de la observación a la ilustración?

¡Eso es exactamente! Mis dibujos pretenden realzar las cosas cotidianas que pueden parecer banales o que a veces nos olvidamos de mirar, dándoles una nueva mirada o un nuevo color, literalmente. Me gusta pensar que con la elección de paletas brillantes, mis ilustraciones pueden tener el efecto de las vitaminas en invierno, aunque claro, que también a veces son un poco nostálgicas. 
Mi proceso creativo se basa en mis exploraciones en la naturaleza, viajes, libros iconográficos como los de Taschen, imaginarios botánicos clásicos o las películas de la Nouvelle Vague. Me empapo de lo que veo y trato de inmortalizarlo en un boceto, un collage o un juego de colores. A veces mis imágenes son sencillas e iconográficas, como la serie botánica inspirada en los imagiers, otras veces intento expresar un momento concreto, como la escena del desayuno inspirada en la película Le Rayon VertEl rayo verde– que me recuerda los veranos vividos en Francia y evoca la nostalgia de un momento pasado. 

Cuatro postales de paisajes. La Météo.

No me parece una coincidencia tu nombre artístico, La Météo, en relación con tus ilustraciones. Creo que las estaciones influyen en tu proceso creativo. ¿Cómo comenzaste con este proyecto? 

Absolutamente, quería expresar algo cambiante como una estación, pero expresarlo en relación con nuestras emociones y como una metáfora de nuestra espiritualidad. La Météo no trata sólo del tiempo y las estaciones, sino también del paso del tiempo y de los pequeños y sencillos momentos que forman parte de nuestras vidas. En el otoño de 2019 creé La Météo, justo cuando nos conocimos. Había empezado a trabajar en una serie de collages y quería encontrar la forma de imprimirlos. En esa época descubrí la risografía y empecé a imprimir mis ilustraciones en Drucken3000, una imprenta berlinesa especializada en este proceso. Y así comencé a imprimir con ésta técnica, en la que era necesario limitar la elección de colores, pero mantener los atrevidos contrastes de mis collages iniciales.

En cuestiones un poco más técnicas, el papel debe tener cierta porosidad para que el color se vea tan vivaz. ¿Podrías describir brevemente y de forma sencilla el proceso técnico de la impresión? O ¿cómo trabajas en tu taller? 

Por supuesto. Utilizo dos procesos de impresión para mis grabados: la risografía y la serigrafía. Me gustan ambas técnicas por diferentes razones. La risografía por la textura granulada que da la tinta. La tinta es más transparente que la serigrafía y cuando las tintas se superponen, se pueden crear increíbles combinaciones de colores. Con  solamente tres colores básicos se pueden crear varios de tonos diferentes. Y la serigrafía me gusta por los colores vivos y el aspecto casi pintado de la impresión final. Con esta técnica puedo crear contrastes ricos e interesantes. Me fascina el proceso de mezclar cada color antes de la impresión, es una parte realmente importante de mi trabajo porque definirá todo el ambiente de la ilustración final. Finalmente imprimo personalmente las serigrafías en el estudio que comparto con otros artistas en el barrio de Wedding y las risografías en Rosenthaler Platz. Todo mi trabajo se crea e imprime en Berlín, aunque con mi toque personal francés.

Domitille en el taller de impresión.

Quisiera abordar cuestiones más personales con dos preguntas muy concretas. ¿Dibujabas desde pequeña? Y ¿cuál fue la reacción de tu familia cuando decidiste ser ilustradora? 

Sí, siempre me ha gustado dibujar y desde pequeña he sido creativa. Creo que encaja con mi personalidad soñadora y a veces me ayuda a expresarme sin necesidad de utilizar palabras. En el instituto, descubrí el movimiento fauvista, artistas como Gauguin y Matisse que pintaron mujeres y paisajes con colores vivos. El color aportaba mucha emoción a las obras, al tiempo que hablaba de viajes y descubrimientos. Esto me llamó la atención e inspiró mi forma de dibujar o pintar con el color. Más tarde, cuando tenía 20 años, viví una temporada en el sur de Francia siguiendo los pasos de los fauvistas, descubrí la Provence, cuyas paletas han inspirado mi trabajo en los últimos años. 
Sobre tu segunda pregunta, diría que no hubo realmente ese momento teatral –que te puedes imaginar en las películas– en el que anuncié: “mamá, papá, voy a ser ilustradora” (risas). No, fue más bien algo que se estableció orgánica y lógicamente con el tiempo. Mis padres no siempre entendieron a dónde iba y por qué, pero siempre me apoyaron en mis decisiones de ir a vivir al extranjero o de estudiar arte en la Escuela de Arte de Glasgow.

Todos tenemos algún libro, canción o pintura que nos ha influido en nuestra percepción de la vida. ¿Quién o qué ha sido tu mayor influencia?

Creo que la inspiración evoluciona y cambia a medida que conocemos gente nueva y descubrimos cosas nuevas, y esto es lo que principalmente construye y enriquece nuestra identidad creativa. Si tuviera que definir una obra que haya inspirado mi trabajo de forma continua durante años, creo que es el movimiento cinematográfico de la Nouvelle Vague de los años 60, en particular las películas de Eric Rohmer. Me parece que este director domina el arte de la sencillez a la perfección. De hecho, todas sus películas se hacen sin guiones. Representa una Francia del pasado, un poco ingenua y llena de ligereza en una atmósfera muy rica en colores, típica de la estética de este movimiento cinematográfico.

Domitille Cure en Design-Market:
imagiers y Le Rayon Vert. La Météo.

Quizá sea difícil decidir cuál es tu ilustración favorita. Pero ¿cuál es la ilustración más vendida y por qué crees que eligen más esa? 

Me gusta mucho la ilustración del desayuno inspirada en la película Le Rayon Vert de Eric Rohmer. Es la que me resulta más íntima y la que, en definitiva, más evoca esta idea de estacionalidad. Para mi, esta imagen, es mi magdalena (madeleine) de Proust de mis veranos en Francia. Desayunar al aire libre, bajo el sol, leyendo el periódico mientras bebo un café en una taza grande. Es curioso porque otros franceses me han dicho que también les recuerda a eso y me alegro de haber conseguido captar ese fugaz momento.

Muchas veces en las entrevistas de trabajo preguntan: “¿dónde te ves en cinco años?” Esa pregunta siempre me ha parecido difícil de responder, porque en lo personal me cuesta planificar o tener un esquema de la vida. Por el contrario, creo que la vida muchas veces acontece como menos lo esperábamos. Así que me parece un poco injusto preguntarte sobre el futuro y que adivinemos sobre el porvenir. Aunque sí quisiera saber un poco sobre tus planes… no sobre las ilustraciones de los siguientes años, pero al menos si ya tienes una idea de la próxima. Y si te gustaría ilustrar en otros materiales, por ejemplo bolsas de algodón, playeras, cuadernos o libros.

Esa es una buena pregunta. Me interesa mucho seguir trabajando en ilustraciones inspiradas en películas y también quisiera recopilar todos mis dibujos botánicos en un libro infantil. Más allá de las ilustraciones en papel, me encantaría ofrecer artículos de papelería o de moda, como, por ejemplo, unos bonitos calcetines afrutados. Estoy impaciente por seguir desarrollando y perfeccionando este proyecto tan querido para mí.

Auto-retrato.

Si quieres conocer más sobre el trabajo de Domitille Cure o conseguir alguna de sus ilustraciones puedes visitar el Instagram de La Météo o su tienda de Etsy.

MDNMDN