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¿Personas cultas al poder?

por | May 18, 2021 | 0 Comentarios

Sería deseable que las personas que terminan gobernando una ciudad o un país sean inteligentes, educadas e incluso cultas, pero ¿por qué?

Ya en el siglo IV a.C., Platón proponía, en la República, el ideal del “rey filósofo”. En diálogo con Glaucón, Sócrates sostiene que a menos que los gobernantes practiquen noble y adecuadamente la filosofía, no habrá tregua para los males públicos.

Platón
Detalle de La escuela de Atenas, Rafael Sanzio

A lo que se refiere Platón, a través de Sócrates, es a que las personas responsables de tomar decisiones que afecten a toda la sociedad deben ser las más aptas, las que sepan razonar para distinguir la verdad sobre los problemas y se apeguen a esa verdad para resolverlos. Si eso no pasa, la consecuencia lógica es que los problemas de la colectividad se mantendrán irresolutos.

A lo largo de la historia, distintas figuras se han identificado –más o menos– con el ideal de ese gobernante intelectualmente superior, desde Alejandro Magno –que fue instruido nada menos que por Aristóteles– hasta Federico el Grande, rey de Prusia o Catalina la Grande, emperatriz de Rusia. Se ve que, entre los monarcas, aquellos que son considerados los más “grandes” sí contaban con una formación intelectual destacada, y llevaron a cabo grandes proyectos de gobierno; aunque si tomamos esos mismos casos como referencia, es fácil reconocer que, junto a su cultura e inteligencia, muchos de esos gobernantes tuvieron también un historial de despotismo y autoritarismo poco deseable para la democracia contemporánea.

Quizá por eso, el principal representante de los sistemas republicanos democráticos modernos –los Estados Unidos de América– siempre ha tenido una actitud de desconfianza hacia los intelectuales que aspiran al gobierno.

Si bien, la mayoría de los presidentes de los Estados Unidos han tenido educación universitaria, sólo uno –Woodrow Wilson– obtuvo formalmente un doctorado, en Ciencia Política. De entre los demás, los que tuvieron estudios de posgrado se inscribieron más bien en programas de especialización en derecho o negocios, disciplinas liberales más técnicas que humanísticas.

Reagan, Clinton Y Bush. Streetart Berlín. Foto: A. Fajardo

Y es bien sabido que ningún candidato a la presidencia norteamericana se presenta nunca como un intelectual de altos vuelos, pues eso más que sumarle, le restaría puntos frente al electorado, que prefiere un gobernante que se conecte, entienda y comparta los intereses y las preocupaciones de la gente común.

En México tenemos una historia poco alentadora cuando de presidentes intelectuales se trata.

Todos recordamos, por ejemplo, que en el proceso electoral del 2012, el entonces candidato Enrique Peña Nieto hizo uno de los peores ridículos de la campaña cuando –en el contexto de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara– fue incapaz de citar tres libros que hubieran marcado su vida.

E. Peña Nieto en la FIL Guadalajara 2016.

Y es que, aunque en México parece gustarnos la idea de que nuestros gobernantes estén intelectualmente bien dotados,; entre los presidentes de nuestra historia reciente, la formación académica e intelectual no parece haber asegurado que un desempeño satisfactorio.

Todos los presidentes civiles de México después de la Revolución han tenido educación universitaria, algunos de ellos incluso con una trayectoria académica destacada.

Miguel de la Madrid hizo estudios de posgrado en Harvard, al igual que Felipe Calderón. Ernesto Zedillo obtuvo su doctorado en Ciencias Económicas por la Universidad de Yale y Carlos Salinas de Gortari fue un destacado estudiante que obtuvo dos maestrías (administración pública y economía política) además del doctorado en economía política y gobierno en la Universidad de Harvard.

En el ámbito del interés intelectual, quizá el caso más destacado sea el de José López Portillo que, además de haber sido un apreciado profesor y doctor en Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México, tenía un gran interés por la filosofía, la alta cultura y el arte, y fue autor de obras nos sólo técnicas sino también literarias.

Y a pesar de todo, los presidentes mexicanos mejor formados y más intelectuales no son ni los más valorados ni los que condujeron los gobiernos necesariamente más exitosos. De hecho, justamente los más destacados en el ámbito intelectual –Salinas y López Portillo– son recordados como dos de los más corruptos de nuestra historia reciente.

Claramente, tanto la formación académica como la curiosidad intelectual son buenos atributos en una persona, pero no son la garantía de un buen gobernante.

Presidentes de México.

En cambio, lo que sí parece relevante para tener mejores gobiernos, no es tanto la formación y cultura de los presidentes, sino de la ciudadanía.

De acuerdo con datos del Banco Mundial, las poblaciones más educadas y con mejores indicadores de comprensión lectora y habilidades matemáticas son las que inciden de manera más relevante en la calidad de sus gobiernos; no sólo son más exigentes en sus demandas, sino que identifican con más precisión los problemas públicos que no se están resolviendo, además de que se convierten en electorados más sofisticados durante los procesos electorales.
De ahí que, si bien es deseable que los gobernantes sean cultos, es mucho mejor que lo sean los gobernados.

Jesús Rogelio Alcántara

Jesús Rogelio Alcántara

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