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La libertad está en el interior

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Salvo por la pena de muerte que, desgraciadamente, todavía existe en algunos órdenes jurídicos, la cárcel es la pena física máxima que se puede imponer a una persona, por lo menos en los regímenes civilizados.

En la historia de la literatura se cuentan numerosos casos de escritores y poetas que han pasado –justa o injustamente– un tiempo en prisión, y que desde su experiencia de reclusión han producido bellísimos ejemplos del poder liberador de las letras.

Todos sabemos que el Quijote nació en la Cárcel Real de Sevilla, mientras Cervantes (que ya había sido prisionero 5 años en Argel) enfrentaba un proceso por malversación de fondos públicos como resultado de su trabajo como recaudador de impuestos, pero su caso, si bien célebre, no es inusual.

El gran poeta y místico español, San Juan de la Cruz, pasó 8 meses en reclusión dentro de la cárcel conventual de los carmelitas de Toledo, debido a los conflictos derivados de la pugna entre calzados y descalzos; y durante esos meses de injusta cárcel comienza la composición de una de sus obras más apreciadas, el Cántico espiritual, en el que se refleja la desolación de un alma –la esposa– que se ve abandonada de su amado, que es como San Juan de la Cruz se refiere a Dios:

¿Adónde te escondiste,
amado, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste,
habiéndome herido;
salí tras ti, clamando, y eras ido.

Pastores, los que fuerdes
allá, por las majadas, al otero,
si por ventura vierdes
aquél que yo más quiero,
decidle que adolezco, peno y muero…

Cántico espiritual
San Juan de la Cruz.
Óleo Vicente Berdusán, 1676.

Por su parte, el poeta maldito Paul Verlaine tuvo que pasar dos años en la cárcel de Mons, en Bélgica, por haberle disparado a su joven amante, el también poeta, Arthur Rimbaud, en un ataque de celos y delirio alcohólico.

Durante su periodo de reclusión, Verlaine escribió Romanzas sin palabras, basado en su tormentosa relación con Rimbaud, así como un libro de poemas llamado Carcelariamente, que nunca se publicó.

Llora en mi corazón
como llueve en la ciudad.
¿Qué es esta desazón
que hiere mi corazón?
¡Dulce rumor de la lluvia
por tierra y en los tejados!
¡Para un alma con abulia,
oh el canto de la lluvia!
Porque llueve sin razón
en esta alma que se asquea.
¡Cómo! ¿ninguna traición?
Este duelo es sin razón.
Es, claro, la pena peor,
la de no saber por qué,
sin encono y sin amor,
siente mi alma tal dolor.

Romanzas sin palabras – Llueve suavemente sobre la ciudad
Paul Verlaine. Foto: M. Dornac, museo Carnavalet.

Oscar Wilde pasó también dos años en la cárcel, acusado de sodomía y de grave inmoralidad, debido a su relación con Lord Alfred Douglas, hijo del marqués de Queensberry. Para el carácter sensible y delicado de Wilde, la cárcel de Reading fue un tormento, y durante el tiempo que permaneció ahí escribió su libro-epístola, De Profundis, dirigido a su antiguo amante, en la que alcanza verdaderas cimas estéticas en medio del dolor. Pero también es producto de su experiencia en la cárcel, la Balada de la cárcel de Reading, un poema escrito después de su liberación, pero en el que refleja sus impresiones a partir del ahorcamiento de un excompañero de prisión, Charles Wooldridge, que había sido miembros de la Guardia Real y que fue condenado a muerte por haber asesinado a su propia esposa.

No tenía ya chaqueta roja
como es el vino y es la sangre;
y sangre y vino eran sus manos
cuando le hallaron el cadáver
de la pobre mujer que amaba,
y a la que dio muerte el infame.

Andaba él entre los presos
con traje gris y con gorrilla:
Parecía feliz su paso.
Mas nunca antes ví en la vida
un hombre tal que, intensamente,
mirara así la luz del día…

Balada de la cárcel de Reading
Oscar Wilde, 1882.
Foto: Napoleon Sarony.

Pero quizá uno de los mayores ejemplos de poeta encarcelado que encontró en las letras una forma de liberarse, hasta trascender su propia realidad de encierro, es Miguel Hernández, poeta de la Generación del 36, que durante el tiempo que pasó en la cárcel de Torrijos, como resultado de su filiación política republicana, después de la guerra civil española, recibió una carta de su mujer, en la que le contaba que sólo tenía pan y cebollas para comer. El poeta escribe a partir de esa carta sus maravillosas Nanas de la cebolla, en las que si bien se refleja el dolor y la impotencia que siente por estar separado de su familia, también dirige su pensamiento hasta su hijo recién nacido, que se alimenta sólo de la leche de su madre, y le recomienda la risa, la alegría y la esperanza, como un signo del futuro y de la vida que no se apaga.

Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en los ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que en el alma al oírte,
bata el espacio.

Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.

Es tu risa la espada
más victoriosa.
Vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.

Nanas de la cebolla

Como si ser privado de la libertad no fuera suficiente castigo, las personas que pasan por la experiencia de la cárcel muchas veces afrontan, además, maltratos, injusticias y humillaciones. Quizá por eso, la cárcel también es un espacio en el que algunas personas, sobre todo las que están dotadas de un especial talento o sensibilidad, buscan formas de expresión que los libere internamente.

Las nanas de la cebolla de Miguel Hernández. Música Joan Manuel Serrat.

Espiritualidad: ¿Búsqueda, dogma o moda?

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Jesús Rogelio Alcántara

El fenómeno de la espiritualidad como búsqueda de algo o alguien trascendente, intangible y exterior a nosotros mismos es tan antiguo como la humanidad misma. ¿Cuál es la relación de la espiritualidad con la fe, las grandes religiones bíblicas, otras religiones como el hinduismo y el budismo? ¿Cuál es la relación de la espiritualidad con el arte y con las prácticas religiosas?

Quien malas mañas ha, tarde o temprano las pagará. El caso del príncipe Andrés.

Quien malas mañas ha, tarde o temprano las pagará. El caso del príncipe Andrés.

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La mayoría de las personas asocian a los miembros de la realeza únicamente con el aspecto ceremonial –casi decorativo– que cumplen las familias reales en algunos países europeos (por ahora, dejemos de lado a las monarquías asiáticas, que tienen mucho más poder político real).

Sin embargo, en los últimos años, los escándalos en los que se entrecruzan el mundo de la realeza y el de las finanzas, han hecho que los nombres de algunos miembros prominentes de familias reales salten de las páginas de las revistas del corazón a los titulares de la prensa, lo que pone de manifiesto un aspecto poco discutido de la realeza: más allá de sus diversas funciones constitucionales, un título real trae consigo una influencia social que puede ser muy apreciada en el ámbito de los negocios, y eso rosa peligrosamente con el tráfico de influencias y los vicios que se le asocian.

El caso más reciente ha sido el del príncipe Andrés, duque de York, el tercer hijo de la reina Isabel II del Reino Unido, que no sólo se ha visto involucrado en problemas económicos, sino en un escándalo sexual que ha ensombrecido el ya de por sí complicado panorama actual de la familia real inglesa.

Príncipe Andrés en una conferencia en Belfast, 2013. Crédito: Titanic Belfast.

El príncipe Andrés nació el 19 de febrero de 1960, cuando la reina Isabel y el príncipe Felipe, duque de Edimburgo, habían superado ya las crisis matrimoniales de su juventud y pasaban por una época feliz como pareja. Quizá por eso, la reina sintió siempre un especial cariño por ese hijo que, según se dice, es su favorito.

Después de un paso brillante por el internado de Gordonstoun –donde su hermano, Carlos, había fracasado estrepitosamente– Andrés ingresó en la Marina Real, en la que llegó a alcanzar el grado de Vicealmirante.

Durante la Guerra de las Malvinas, y con el apoyo de la reina, el príncipe Andrés se integró a la tripulación del portaviones Invincible, en el que se desempeñó como piloto de helicóptero en diversas misiones, tanto de ataque como de rescate.

Cuando regresó al Reino Unido, Andrés comenzó una relación formal con Sarah Ferguson, una antigua amiga suya, que provenía de una familia aristocrática con antecedentes militares.

Fergie, como se le llama popularmente, era conocida por ser extrovertida y alegre. Por haberse conocido desde niños, la relación entre ella y el príncipe Andrés se desarrolló con bastante naturalidad, a diferencia de lo que había pasado con la pareja formada por los príncipes de Gales, Carlos y Diana.

En marzo de 1986 se hizo el anuncio formal del compromiso entre Andrés y Fergie. Con ocasión de la boda, que se celebró el 23 de julio de ese año en la abadía de Westminster, la reina concedió a su hijo el prestigioso ducado de York, que había pertenecido a su padre, el rey Jorge VI.

Andrés y Sarah tuvieron dos niñas, las princesas Beatriz y Eugenia, y aunque el matrimonio parecía ser el único bien avenido de la familia real, las obligaciones militares de Andrés lo mantenían fuera de casa por largas temporadas. Según ha revelado Fergie, en esa época llegaron a vivir juntos sólo 40 días al año.

El matrimonio duró una década, pero finalmente decidieron divorciarse cuando la prensa dio a conocer fotografías que confirmaban los rumores de relaciones extramaritales por parte de la duquesa. A pesar de todo, Andrés y Fergie mantuvieron una relación cercana y forjaron una amistad que sigue hasta la fecha.

Ya divorciado y relevado de sus obligaciones militares, el príncipe Andrés decidió dar un giro a su vida y comenzó a dedicarse al fomento de los intereses comerciales del Reino Unido, como promotor de inversiones de alto nivel. 

Por esa época, una conocida socialité británica llamada Ghislaine Maxwell presentó al príncipe con el millonario norteamericano Jeffrey Epstein.

Ghislaine Maxwell
Jeffrey Epstein

Epstein era uno de los asesores financieros mejor conectados en los Estados Unidos, entre sus clientes y asociados se contaban personajes tan prominentes como Bill Clinton, Donald Trump o Bill Gates. El duque de York no lo dudó y comenzó una relación personal con Epstein al que, durante los siguientes 12 años, llegó a hospedar en la residencia real de Sandringham o a invitarlo a la fiesta cumpleaños de su hija mayor, la princesa Beatriz; además de haber compartido con él viajes tanto de negocios como de placer.

La investigación del caso Epstein develó que su modus operandi era el de ofrecer encuentros sexuales con menores a hombres de alto perfil, a cambio de jugosos negocios y contactos. Dichos encuentros tenían lugar en las múltiples propiedades de Epstein, tanto en los Estados Unidos como en su residencia de lujo en las Islas Vírgenes, a donde él y sus invitados volaban a bordo de un jet privado al que se conocía como el Lolita Express.

Cuando se revisó la lista de personajes que habían volado en el Lolita Express apareció, entre otros, el nombre del príncipe Andrés, lo que atrajo de inmediato el interés del público británico. Además, una de las víctimas de Epstein, la norteamericana Virginia Giuffre, lo acusaba directamente de haber mantenido relaciones sexuales con ella, cuando Virginia tenía apenas 17 años.

Con el propósito de acallar los rumores, Andrés tomó la decisión de dar una extensa entrevista a la BBC. El resultado no pudo ser más contraproducente.

Confrontado con la evidencia de una fotografía en la que se veía al príncipe tomando por la cintura a la joven Virginia, el duque de York sólo acertó a decir que no recordaba haberla conocido y que creía que esa fotografía estaba manipulada.

Extracto de la entrevista con la BBC.

Su “coartada” era que el hombre que aparece en la fotografía lleva un pantalón oscuro y una camisa abierta y que cuando él sale en Londres siempre lleva traje y corbata; además, refirió que, según el relato de la víctima, la noche en la que dice haber sostenido relaciones con el príncipe, éste sudaba abundantemente y, según el propio Andrés, debido a un choque de adrenalina que sufrió en la Guerra de las Malvinas, él prácticamente no suda. Además, abundó, en la fecha del supuesto encuentro, él se encontraba en la ciudad de Woking, a una hora de Londres, y como su exesposa se encontraba de viaje, no podía haber dejado solas a sus hijas adolescentes esa noche.

Los argumentos del príncipe fueron ampliamente ridiculizados por la prensa. Básicamente se resumen en que él no suda, ni se quita nunca el saco y la corbata en Londres y que, siendo un responsable padre de familia, no podía darse una escapada de una noche.

En vez de convertirse en la operación de control de daños que él planeaba, la entrevista propició que el príncipe tuviera que renunciar a todos sus compromisos púbicos como miembro activo de la familia real, lo que le supuso una pérdida de ingresos de cerca de medio millón de libras esterlinas al año.

Pero, además, la irrisoria defensa pública del príncipe fortaleció la posición de Virginia Giuffre quien, a finales de agosto de 2021, lo demandó por la vía civil en los Estados Unidos, exigiendo una reparación por abuso sexual.

La demanda fue notificada a los abogados del príncipe en Londres en septiembre del mismo año. Después de la notificación, el equipo legal de Andrés tuvo acceso a los documentos de un acuerdo entre Jeffrey Epstein y Virginia Guiffre, por el que ella recibió una indemnización a cambio de liberar de responsabilidad a todos los socios o asociados de Epstein. En virtud de tal acuerdo, los abogados del príncipe solicitaron a la corte de Nueva York que desechara el caso por falta de legitimación de la demanda, pero su solicitud fue denegada.

Por tratarse de una demanda civil, la libertad del príncipe nunca estuvo en riesgo, sin embargo, la posibilidad de que tuviera que responder por sus actos frente a una corte norteamericana y, sobre todo, que fuera declarado responsable de un abuso sexual, suponía una amenaza devastadora para la imagen pública de la Corona, que se ha visto ya muy afectada en fechas recientes por los agrios desencuentros públicos entre el príncipe Harry y el resto de la familia real.

Pero, aunque la posición de Virginia Giuffre siempre fue que ella buscaba una reivindicación pública frente a uno de sus abusadores más que una compensación económica, el 15 de febrero de 2015 llegó a un acuerdo extrajudicial con la defensa del príncipe, lo que puso fin a la posibilidad de confrontarlo en juicio.

Aunque la suma final del acuerdo no fue revelada, las filtraciones de prensa apuntan a una cantidad que ronda los 15 millones de dólares. Dada la actual situación financiera del príncipe, todo indica que tanto sus gastos legales como el pago del acuerdo serán solventados por la reina Isabel quien, además del presupuesto que recibe del gobierno británico, posee una cuantiosa fortuna privada, derivada de las rentas y productos de un conjunto de empresas y propiedades vinculadas con el ducado de Lancaster, del que es titular. Los ojos del público británico están atentos a que ni una libra de dinero público sea gastado en el príncipe Andrés, quien también ha sido despojado de todos sus honores militares.

A sus 62 años, y ya abuelo de un niño y una niña, Su Alteza Real el príncipe Andrés duque de York enfrenta un incierto futuro. Por ahora depende enteramente de su madre quien, a los 95 años, está celebrando el jubileo por sus 70 años en el trono de la Gran Bretaña. Pero cuando en el futuro –necesariamente no tan lejano– el trono sea ocupado por su hermano, el príncipe Carlos, su situación podría volver a complicarse, pues todo apunta a que el príncipe de Gales planea hacer un amplio recorte a los privilegios de la familia real extendida y limitarlos al núcleo directo del monarca y su heredero.

Las 5 enseñanzas que nos deja la narración más antigua de la historia: la Epopeya de Gilgamesh

Las 5 enseñanzas que nos deja la narración más antigua de la historia: la Epopeya de Gilgamesh

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La Epopeya de Gilgamesh es un poema con una antigüedad de más de 4,000 años. Es el texto narrativo más antiguo que conserva la humanidad. Fue escrito por la civilización sumeria con caracteres cuneiformes sobre tablillas de arcilla, en la región entre el Tigris y el Éufrates que hoy conocemos como Irak.

La historia de Gilgamesh todavía tiene mucho que decir a los seres humanos de nuestro tiempo. Es, a final de cuentas, la primera y la más importante de todas las aventuras: la aventura de buscar un sentido para la vida humana.

Por eso, sin reducirla a estas pocas líneas, sino con el ánimo de invitar a que sea más conocida y disfrutada, aquí se proponen cinco grandes verdades contenidas en la Epopeya de Gilgamesh, que el lector podrá descubrir si se adentra en el texto.

Quinta tabla de la Epopeya del Gilgamesh en el museo Sulaymaniyah, Iraq.
Quinta tabla de la Epopeya del Gilgamesh en el museo Sulaymaniyah, Iraq.

El poder debe limitarse para evitar la tiranía.

Gilgamesh, rey de la ciudad de Uruk, es el hombre más poderoso del mundo, más divino que humano. Su fuerza, la efectividad de sus armas, la gloria y la majestad de su liderazgo indiscutido no tienen par en toda la tierra y, precisamente por eso, porque no existen límites materiales a sus deseos, inevitablemente se convierte en un tirano: esclaviza a los hijos de sus súbditos, toma por la fuerza a las mujeres de su pueblo para saciar sus impulsos más básicos.

En medio del éxito y la riqueza, el ser humano es retratado en Gilgamesh con toda su miseria: cuanto más poder tiene, tiende más a la tiranía; porque el mundo de los deseos es desordenado, y si no se le limita, engendra la monstruosidad.

Los habitantes de Uruk claman a los dioses para que pongan freno a las injusticias de su glorioso rey. No quieren deshacerse de él, no piden que sea fulminado por el rayo o destruido por las fuerzas sobrenaturales; lo que piden es que pueda medirse frente a un semejante, que encuentre –como diríamos en México– la horma de su zapato.

El poder político, militar, económico o de cualquier otro tipo no puede ser destruido. Tiene la característica de que, si alguien lo deja, otra persona inmediatamente lo toma, porque es quizá el recurso más deseado del mundo, el que da la capacidad de hacer valer la propia voluntad. Por lo que la única manera de evitar su corrupción es enfrentarlo a otro poder igual.

Estatua de Gilgamesh en la Universidad de Sidney.
Estatua de Gilgamesh en la Universidad de Sidney.

La igualdad puede dar miedo, pero es una condición indispensable para el amor.

La respuesta de los dioses ante el clamor de los habitantes de Uruk es crear a un hombre, Enkidu, tan fuerte como el propio Gilgamesh, al que ubican fuera de la ciudad, como un salvaje que vive entre las bestias.

Ante la noticia de que los dioses han creado a un hombre que lo iguala en fuerza, Gilgamesh siente temor. Tiene pesadillas acerca de cómo ese otro ser puede despojarlo de su poder, quitarle la veneración de sus súbditos y reducirlo a vasallaje.

La intuición de Gilgamesh sobre Enkidu es que tendrán que luchar hasta que uno prevalezca, pero la conclusión de la batalla entre ellos es que dos seres iguales no pueden ni vencer ni quedar derrotados entre sí. La constatación de esa realidad aplaca sus miedos y su ira, y da pie a una relación de auténtica amistad, tan profunda que engendra el amor.

El amor entre Gilgamesh y Enkidu no es un amor erótico, es un amor que nace del reconocimiento mutuo y desvela una realidad más profunda: el auténtico amor sólo puede darse entre personas que se reconocen como iguales.

Una persona que se ama sólo puede amar en otra aquello que identifica como reflejo de lo que ama en sí misma. Otro tipo de relaciones provienen de la carencia que se quiere resolver, la admiración que se quiere expresar o el deseo que se quiere realizar; pero el amor en libertad, sin el factor necesidad de por medio, exige necesariamente la igualdad.

El amor que nace entre Gilgamesh y Enkidu es transformador también, porque aleja a Gilgamesh de la tiranía y lo empuja fuera de su reino a emprender aventuras nuevas, junto a su amigo. Es un amor que se reafirma constantemente en el trabajo de equipo, en los logros y las dificultades que se comparten. Es un modelo de amor que puede trasladarse a otros ámbitos además de la amistad, desde la pareja hasta la familia y la sociedad.

Busto de Gilgamesh tallado en piedra.
Busto de Gilgamesh tallado en piedra.

La sexualidad tiene un poder civilizador.

Muchos piensan en la sexualidad como una fuerza instintiva, casi animal. Irónicamente, la Epopeya de Gilgamesh reconoce en la sexualidad más bien un ejercicio de inculturación.

El poderoso Enkidu, tan fuerte como Gilgamesh, vivía libre de toda civilización antes de encontrarse con el que se convertiría en su mejor amigo; creció en medio de las bestias, se comunicaba con ellas, comía la hierba y abrevaba en el lago junto a las gacelas, vivía en esa forma de Edén al que algunos filósofos luego llamaron “estado de naturaleza”.

Antes de presentarse con Gilgamesh, Enkidu experimentó un proceso de civilización a través del sexo.

Shamhat, una prostituta (probablemente sacerdotisa de la diosa Ishtar), es enviada al abrevadero para encontrarse con Enkidu cuando las gacelas bajaran a beber. En el momento mismo en que Enkidu la ve, Shamhat se desnuda y él es inmediatamente atraído hacia ella.

Seis días y siete noches pasó Enkidu haciendo el amor con Shamhat, pero cuando por fin sació todos sus impulsos sexuales, las bestias –que antes eran sus hermanas– huyeron de él, no lo reconocieron más, perdió la vida como la conocía, para poder abrirse a una nueva etapa en la que ganó, tanto sabiduría como capacidad de conocer y darse a conocer a otro ser humano, con un lenguaje que entre las bestias nunca alcanza ese nivel de eficiencia comunicativa.

En definitiva, la sexualidad humana en la Epopeya de Gilgamesh, sin renunciar a su esencia de impulso, y hasta en cierta medida de instinto, es sobre todo una forma de comunicación y por lo tanto de cultura.

Estatua de Gilgamesh, 
Universidad de Sidney.
Estatua de Gilgamesh,
Universidad de Sidney.

Tarde o temprano hay que enfrentar la finitud.

Gilgamseh y Enkidu ganaron incluso más fama y poder juntos, pero en el camino, también se enemistaron con los dioses. Después que Gilgamesh rechazara la oferta de matrimonio de la diosa Ishtar, ésta amenazó con hacer surgir de la tierra a todos los muertos para que superaran a los vivos (el primer apocalipsis zombie) si Gilgamesh no era castigado, por lo que el dios Anu decide enviar al toro del cielo para que castigue la insolencia de Gilgamesh, pero él y Enkidu –magníficos y poderosos– matan al toro del cielo, con lo que desatan una auténtica confrontación entre los dioses y los hombres.

El viejo sueño humano de erigirse en dios de sí mismo está ya retratado en este primer poema épico de la humanidad, pero como cualquiera sabe, entre los dioses y los hombres hay una diferencia sustancial: la muerte.

El consejo de los dioses decide castigar directamente a la dupla y hace enfermar gravemente a Enkidu que, viendo la muerte cercana, maldice toda su vida, maldice sus logros, maldice a la mujer que lo hizo hombre y muere en medio de la confusión y de la tristeza.

Gilgamesh se enfrenta por primera vez con una realidad que lo sobrepasa y que no puede evitar: su mejor amigo, el gran amor de su vida, está muerto y él no puede hacer nada más que llorar; ordena que lloren todos los súbditos de su ciudad, vela a Enkidu, transido de dolor y desesperación como una leona que ha sido privada de sus cachorros, y lo despide con un glorioso funeral.

La realidad de la muerte lo atormenta y piensa que debe haber una manera de evitarla. Sabe que hay un hombre inmortal en la tierra, Utnapishtim “el lejano”,que sobrevivió al diluvio construyendo un arca (sí, es el primer Noé), y a quien los dioses concedieron la inmortalidad junto a su esposa, aunque a costa del exilio.

Sólo que Utnapishtim le hace ver a Gilgamseh que la inmortalidad es patrimonio exclusivo de los dioses y sólo ellos pueden concederla. A lo mucho, le enseña que existe una planta que le puede devolver la juventud.

Gilgamesh consiguió la planta, pero la pierde al fin, porque una serpiente se la robó. Con lo que a Gilgamesh no le queda más que encontrar la resignación en la idea de que, sin importar cuánta gloria haya conseguido, también su vida debe terminar en algún momento.

Cansado, derrotado al fin, simplemente se detiene, no tiene ya más qué buscar.

La verdadera felicidad está en las cosas pequeñas.

El mensaje de la Epopeya de Gilgamesh podría parecer desolador, por más bello que sea el texto, sin embargo, la más importante de sus enseñanzas da al lector un auténtico sentido, no sólo para la aventura de su personaje, sino para la vida humana en general.

En la antigua versión babilonia de la Epopeya de Gilgamseh, Siduri la tabernera, diosa de la fermentación del vino y la cerveza, trata de persuadir a Gilgamesh de buscar la inmortalidad –empresa inútil– con unas palabras que mantienen una vigencia eterna:

Haz de cada día un gozo,
baila y toca instrumentos día y noche.
Ponte ropa limpia,
lávate el pelo y báñate.
Contempla al pequeño que te toma la mano.
Deja que tu esposa disfrute tu abrazo repetidamente.
Pues ese es el destino del hombre mortal.

Por lo que la principal enseñanza es esta: la vida de los grandes y de los pequeños es igual en dignidad, su destino es el mismo, su alegría consiste en disfrutar los pequeños placeres cotidianos y la vida familiar. Todo lo demás, o bien carece de importancia, o bien engendra dolor.

La Natividad de San Juan

Hoy, 24 de junio, celebramos la Natividad de San Juan Bautista. Sólo hay tres personas cuyo nacimiento se celebra en el calendario litúrgico: N.S. Jesucristo, la Stma. Virgen y S. Juan Bautista.

El evangelio de Lucas especifica que al momento de la Anunciación (concepción virginal del Señor), Santa Isabel -prima de la Virgen y madre de Juan- se encontraba en el sexto mes del embarazo. Por lo tanto, el nacimiento de Juan se celebra hoy, cuando faltan exactamente 6 meses para la Víspera de Navidad.

La figura de Juan el Bautista es monumental en la historia de la salvación: voz que clama en el desierto “enderecen los caminos del Señor”; quien identifica por primera vez a Jesús como Cordero de Dios; último de los profetas del Antiguo Israel y mártir por amor a la verdad y a la ley. De él dijo el Señor que no hay, de entre los nacidos de una mujer, ninguno mayor que Juan.

MDNMDN