
Toda mi vida he sido un cristiano católico más o menos convencido, a veces más, a veces menos. Yo lo considero un regalo y estoy agradecido por ello. Muchos podrían decir de mí que soy un pobre iluso que no ha entendido que esos son mitos del pasado y que hoy en día lo razonable es creer únicamente en la ciencia, o al menos en un dios impersonal, al que en realidad no podemos conocer, pues cabe cómodamente en una concepción práctica de las cosas.
Yo por mi parte no me voy a poner a defender el catolicismo como la única vía razonable de entender el mundo. Para empezar, estoy convencido de que la fe es, como ya dije, un regalo, algo que se te da, no que se obtenga por medio de grandes esfuerzos. Además, de ninguna forma me atrevo a decir que entiendo a fondo muchos de los misterios de la que vivo como mi fe. Basta voltear a ver la Cruz para quedar profundamente desconcertados. Tuve y posiblemente volveré a tener épocas de duda por este y otros motivos. Es sano plantearse constantemente si estamos o no en lo correcto, creas lo que creas. Y en este “creas” incluyo a la ciencia como explicación última de la realidad. Decir que todo se limita a lo material y lo explicable mediante el método científico es también una creencia, no una verdad absoluta.
No, no estoy negando a la ciencia. Sería muy poco razonable comparar una creencia religiosa con una creencia científica, pues una es comprobable en el mundo físico y la otra no. Sin embargo, el que la ciencia nos explique el cómo de las cosas no quiere decir que explique el por qué. Pensar que la física, la química y la genética han desmentido irrefutablemente la existencia de Dios es tan risible como pensar que los huesos de los dinosaurios fueron plantados por Satanás para confundirnos, como defienden algunos creacionistas radicales.
El único género de religión que quedaría desmentido con los descubrimientos científicos es el de las religiones naturalistas, donde se adora a los fenómenos físicos como dioses, y aún no puede negarlas del todo, pues saber que la lluvia cae como resultado del proceso de condensación, el cuál puede observarse y explicarse paso a paso, no implica necesariamente que no hay un ser superior responsable de la caída de la lluvia. Perfectamente podría ser que Tlaloc, Indra, Thor o cual fuera su nombre, siga siempre el mismo proceso para hacer llover y no porque lo hiciera ordenada y metódicamente en lugar de agitando una varita mágica dejaría de ser cierto, si lo fuera.
Es un error igual de grande negar la ciencia que negar la fe. Quizá los es un poco más la negación de la fe, pues aún para saber ciencia necesitamos creer en lo que otros han descubierto. No todos nos vamos a poner a probar la existencia de la gravedad o que la tierra es redonda o que el sol es una masa gigante de hidrógeno y helio ardiente. La mayoría lo creemos porque es razonable y porque así nos lo han dicho otros.
Ciencia y fe deben complementarse. Antes que nada, porque se ocupan de contestar preguntas distintas. Una el cómo, otra el por qué. Luego es importante reconocer y aceptar que ninguna de las dos terminará nunca de desplegarse en su totalidad. Cada vez que se responde una pregunta, surgen tres o veinte más, como una hidra mítica. La realidad nos sobrepasa, es un hecho. Quien intente abarcarlo todo terminará siempre decepcionado. Las personas verdaderamente sabias son también muy humildes, pues se ven claramente a sí mismas como seres pequeños frente a la verdad de las cosas. Quien cree que ya entendió todo es víctima de su soberbia y vive una vida limitada por su propia voluntad, en una jaula invisible de su propia hechura.
Para mí, la conclusión de mis épocas de duda ha sido que nuestras creencias están determinadas más por nuestras experiencias personales que por nuestras grandes capacidades de razonamiento y análisis crítico. Yo soy católico primeramente porque nací en una familia católica y así me criaron. Con los años he interiorizado mis creencias a través de experiencias que me han marcado fuertemente. El proceso de razonar y poner a prueba siempre es posterior a la experiencia. No por esto es menos importante cuestionarse las cosas. Es indispensable. Nadie puede profundizar en ningún tipo de conocimiento sin preguntar. En mi caso, la duda me ha llevado a conocer mucho más mi fe, otras religiones, otros puntos de vista, incluyendo argumentos agnósticos y ateos, terminando siempre, hasta ahora, en un convencimiento más profundo de mi fe. Sin embargo, soy consciente de que no lo veo todo y no lo sé todo. Puede ser que nada de lo que creo sea cierto. Me parece poco probable, pero puede ser.
Esto no quiere decir entonces que todas las creencias son válidas y que da igual si crees en Cristo, Buda, Ahura Mazda o en nada. No todos podemos tener la razón. Si Buda predicó la verdad entonces Cristo fue un mentiroso porque se dijo Dios, Ahura Mazda no existe porque todo es parte de una unidad inmanente, y los ateos materialistas son los más desconectados de todos, pues niegan la espiritualidad. Si alguna creencia tiene la razón, quiere decir que todas las demás no la tienen. Si bien no es tan simple, pues la vida no es en blanco y negro y muchas creencias tienen rasgos de verdad, tampoco es tan complicado. Cuando dos afirmaciones contradictorias se contraponen, o una o ninguna tiene la razón, nunca las dos.
Un ciego le toca la trompa al elefante y cree que es una serpiente. Otro encuentra la pierna y cree que se trata de un árbol. Otro más toca el lomo y asegura que es una pared. Uno un poco más despierto le da la vuelta al elefante y siente las piernas, la cola, el lomo y la trompa. ¿Alguien diría que ese último no tiene un entendimiento más completo del elefante? Quien busque la verdad puede encontrarla, aunque sea de forma siempre incompleta. Aplíquese tanto para la ciencia como para la fe.
En el campo de la ciencia, es verdad que es un poco más sencillo. Se puede verificar que la tierra es redonda y no plana con un experimento simple y fácil de ejecutar. Entender cómo es que el sol está compuesto principalmente de hidrógeno y helio está al alcance de todos. La fe es un terreno complicado, pues buscamos alcanzar verdades que no son evidentes a nuestros sentidos físicos. Sin embargo, sí es posible poner a prueba los argumentos del catolicismo, del budismo, del zoroastrismo, del ateísmo materialista y de todas las demás creencias, sistematizadas o no.
Yo soy de la idea, dado lo que he vivido y estudiado con el paso de los años, de que la religión católica es la única verdadera y el mejor camino para la plena realización de las personas. Le he intentado dar vueltas al elefante, sin quedarme solo en la trompa o en la cola, y me parece que esa es la verdad. Eso no quiere decir que ya acabé ni que estoy absolutamente seguro de tener la razón. Quizá nunca salí de la trompa. Seguiré buscando, escuchando y estudiando y espero nunca dejar de hacerlo.
Vivamos despiertos y con los ojos bien abiertos, siempre escuchando, siempre reflexionando, siempre con un sano escepticismo de todo, incluidas nuestras propias ideas, aunque sea cansado y desconcertante. Solo así conoceremos un poco más. Solo así podremos acercarnos a entender qué es un elefante.



