La lógica y la investigación como actos religiosos

La lógica y la investigación, más que herramientas de razonamiento, pueden entenderse como actos religiosos que nos conectan profundamente con nuestras convicciones. A través del refinamiento de nuestras creencias y hábitos, estos actos nos re-ligan a aquello en lo que depositamos nuestra fe, integrando reflexión y acción en nuestra vida diaria.

En esta sexta conmemoración del Día Mundial de la Lógica, quisiera compartir mi convicción de que la lógica surge del profundo deseo de aprender a investigar y explicar en qué consiste esta afirmación desde mi perspectiva.

Investigar es una actividad más compleja que simplemente percibir, pensar o razonar, al menos bajo una definición restringida del razonamiento como el proceso de obtener conclusiones o validar su obtención. La investigación implica un esfuerzo más amplio: busca responder y plantear preguntas sobre nuestras convicciones, es decir, sobre aquello en lo que depositamos nuestra fe. Además, conecta nuestras convicciones con nuestros actos.

La fe, en este sentido, no abarca todo el acto religioso. Este último no se limita a la voluntad de creer, ya que aquello que nos «re-liga» plenamente a nuestras convicciones no consiste únicamente en avivar el deseo de creer, sino en el cuidado y la refinación tanto del hábito de creer como de aquello en lo que creemos. La investigación es el acto que nos conecta con nuestra fe, haciendo del acto religioso algo más pragmático y, por ende, más controlado en su ejercicio.

El acto religioso al que me refiero no es una búsqueda desesperada de renovación ni un esfuerzo por superar nuestras convicciones. Es un ejercicio continuo de refinamiento de nuestras creencias y su conexión con nuestros actos, que solo concluye con la vida misma. De esta forma, podríamos dejar de inducir a jóvenes y adultos a esperar repentinas iluminaciones, las cuales solo llegan a quienes las buscan con inocencia o a quienes, aunque no las persiguen obstinadamente, se preparan para recibirlas. La grandeza de los científicos que recordamos radica tanto en la sorpresa que caracterizó sus hallazgos como en la capacidad que desarrollaron para comprenderlos. De manera similar, el descubrimiento de lo divino y las conversiones comparten esta cualidad inesperada y previsiva.

El acto religioso del que hablo se encuentra en común entre figuras como Aristóteles, Newton o Fahraday, así como en los santos Agustín, Benito o Ignacio. Ciertamente, aunque no profundizaré en ello, los métodos de razonamiento que brinda la lógica y el panorama que aclaran del conocimiento posible son precisamente lo que nos permite descubrir tanto las leyes de la naturaleza como aclarar la revelación de Cristo. Inducir es el hábito de conectar experiencias con sus explicaciones y principios; deducir, el hábito de obtener consecuencias de ciertos principios y conectarlos con nuevas experiencias; y abducir o generar hipótesis, el hábito de razonar sobre lo desconocido y hacerlo plausible. Estos hábitos del razonamiento, en su conjunto, conforman un sencillo camino que educa al entendimiento humano en la búsqueda y vivencia de las verdades que nos importan.

Sería valioso que este principio de conexión entre la investigación y los actos religiosos se enseñara en las clases de lógica. Sin embargo, es probable que esté fuera del enfoque de la mayoría de los profesores y pedagogos de esta disciplina. La juventud, ese momento en que se forma el germen de la adultez, es la etapa ideal para proporcionar esta luz, ya que durante esos años solemos enfrentar cierta oscuridad e incertidumbre en cuanto a los modos y los cómos. Por ello, especialmente a esa edad, necesitamos aprender tanto a razonar como a comprender por qué hacerlo y su importancia para nuestra plenitud como personas.

Así, el método de investigación que ofrece la lógica tiene como objetivo principal enseñarnos a cuidar nuestras creencias y hábitos. Aunque la lógica no puede proporcionar reglas específicas, y mucho menos hiper específicas, para lograr este propósito, puede ayudarnos a aclarar el panorama mediante los principios más elementales de cualquier investigación. No necesariamente como una profesión, sino como un modo de vida que nos aclare el significado de nuestras convicciones y refine nuestros hábitos. Para esto podemos comenzar por suprimir todo esfuerzo y dar el primer paso en esta dirección.

Recordar esto en el marco de esta conmemoración resulta de suma importancia, ya que la lógica, en su esencia, no solo es una herramienta para el pensamiento riguroso, sino un camino para cuidar nuestra conexión con lo que creemos y valoramos.

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