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El amor no es como lo pintan

por | Feb 10, 2021 | 0 Comentarios

¡El amor! ¡El amor! ¡Sí, su ardor ha perturbado todo mi ser! La célebre aria, Ah, lève toi, soleil, del segundo acto de la ópera Romeo y Julieta, de Charles Gounod, empieza con esas maravillosas palabras.

Y, ciertamente, todos los que nos hemos enamorado alguna vez (o varias) podemos identificarnos con esa sensación de ser sobrecogidos por un sentimiento poderosísimo, que nos absorbe y nos subyuga.

Pero por más románticos y cariñosos que nos queramos poner, es difícil que al amanecer podamos decirle al ser amado: levántate, sol, haz palidecer a las estrellas, sin suscitar más vergüenza que encanto.

No pretendo decir que el amor no sea, quizá, la emoción más intensa o, por lo menos, una de las más intensas que experimentamos los seres humanos; pero sí parece útil hacer una distinción entre la realidad del amor y la representación que hacemos del amor; porque de la confusión entre esas dos cosas, muchas veces surgen problemas que terminan afectando nuestra vida emocional y de pareja.

Tú puedes, por ejemplo, preguntar a tu pareja si te quiere, incluso, si te quiere mucho, y seguramente te responderá que sí (por algo está contigo); pero es imposible que sepas con seguridad si lo que esa persona siente es realmente lo mismo que tú sientes cuando dices que le quieres, y menos aún si la intensidad de ese sentimiento es comparable o no con la de tu amor.

Para comunicarnos esa experiencia, necesitamos realizar de algún modo lo que sentimos; para eso, los seres humanos nos tocamos, nos besamos, nos apoyamos en los momentos complicados, nos hacemos regalos, tenemos sexo, pasamos tiempo juntos, incluso desarrollamos rituales, tanto privados como sociales.

Pero llevar a cabo todo ese performance tampoco es lo mismo que amar. Algunas personas, por ejemplo, aman intensamente y, sin embargo, nunca dicen “te amo”, ni se sienten cómodas con las muestras públicas de afecto.

Del mismo modo, hay quienes tienen grandes gestos románticos con sus parejas, publican cada mensaje y cada fotografía de su relación y la viven con mucha intensidad, pero lo hacen más bien por el placer o por la emoción de involucrarse en toda esa vorágine, aunque su amor sea variable como “la inconstante luna, que cada mes cambia al girar en su órbita”, para usar las palabras de Shakespeare.

Ninguno de esos extremos es necesariamente malo –siempre que no se lastime a las personas involucradas–, pero la mayoría de las personas no conducen sus relaciones de esa forma; sino que, casi todas las parejas van desarrollando su propia manera de ubicarse en un punto medio.

Lo que sí parece un poco más común es que haya una cierta distancia entre lo que cada quien considera como un ideal del amor y la realidad de lo que vive en sus relaciones amorosas. Y esa distancia puede llegar a ser fuente de frustración o de dolor, por lo que es necesario tomar conciencia al respecto y tratar de asumir la situación de modo sano.

Por ejemplo, si esperas vivir una gran historia de amor, en la que conozcas a una persona, conectes con ella automáticamente en el nivel más profundo, se cuenten sus pensamientos más íntimos y resulte que compaginan a la perfección, además, compartan momentos dignos de una película y sean capaces de superar cualquier dificultad para poder estar juntos para siempre… lo más seguro es que tu relación con ese amigo de la universidad, el noviazgo con esa ex compañera del trabajo o con esa prima de tu mejor amigo, te desilusione un poco.

Y, sin embargo, eso no quiere decir que tu amor sea menos puro, menos intenso o menos legítimo que el de Orfeo, que descendió al inframundo por Eurídice, o el de Romeo y Julieta que prefirieron morir a separarse.

Por el contrario, lo que significa es que tu amor sí es real, con todas las restricciones, los defectos y las rutinas que tiene la vida de los seres humanos reales.

De vez en cuando, llega la ocasión de expresar el amor de manera extraordinaria, pero el amor no tiene por qué ser extraordinario; si lo fuera, no se podría vivir en pareja, porque la vida –aunque a veces se nos olvide– es de lo más ordinario que hay en este mundo.

Así que, si tienes a alguien a quien amar y que te ame, no te digo que dejes de esforzarte o que no pongas lo mejor de ti en esa relación, ni mucho menos que te conformes con algo que no te satisface; sin embargo, tampoco te embrolles preguntándote si debería ser de otra forma, ni pierdas la oportunidad de ser feliz por obsesionarte con un ideal.

Lo mejor es disfrutar la realidad como venga, porque ahí es donde está la verdadera aventura.

Jesús Rogelio Alcántara

Jesús Rogelio Alcántara

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