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El pesebre de Belén

por | Dic 24, 2021 | 0 Comentarios

Por Pedro Peón Espejo

El velo de la noche se aproxima:
concluye la bucólica tarea,
descienden los pastores de la cima
y emprenden el retorno hacia la aldea. 

Los tintes del crepúsculo se extinguen
(el malva y el naranja y el añil)
y, en el domo celeste, se distinguen
los astros cuya luz aún es sutil. 

“El agua en el ambiente se congela
y nacen las estrellas de cristal”
(imagínase en la torre el centinela
mirando el firmamento sideral). 

Los montes aledaños palidecen,
de escarcha la ventisca los corona.
Las madres a los hijos adormecen,
dispuesta a descansar está la zona.

Son reino de una paz inalterable
las tierras milenarias de Judea.
Sólo se oye el rumor imponderable
de la nieve ligera que golpea. 

Advierte el centinela un movimiento:
un par de peregrinos, ya los ve:
María viene encima de un jumento,
guiado por el santo y buen José.

“Venimos desde lejos –dice el hombre–
¡posada! que está encinta mi mujer…
Soy hijo de David, José es mi nombre,
¡posada! que mi hijo va a nacer.”

El frío y el silencio: la respuesta.
“Dios no nos abandona, ya verás”,
consuela el carpintero, aunque le cuesta
creer que lo que ha dicho no es falaz.

El guardia de la torre los observa,
¡conmuévese de pena en su interior!
Una gruta muy húmeda y con hierba,
no tiene más que eso el buen señor. 

Les dice aquel vigía: “Bienvenidos,
han llegado a las puertas de Belén.
Semejan a estas horas forajidos,
nadie va a recibirlos, como ven.

“Quisiera yo ofrecerles hospedaje
que sea digno de un hijo de Israel.
Sólo tengo un incómodo paraje:
la cueva que se ve en el patio aquel.”

Dan gracias con el alma y va María
a instalarse entre el asno y entre el buey.
¡Un pesebre con paja! ¿se diría
que es la cuna adecuada para un Rey? 

El Rey de la justicia y de la gloria,
Creador del universo y de la vida,
nació en la plenitud de nuestra historia
cumpliéndose la Alianza prometida.

Siendo el Amo y Señor de cuanto existe
bien pudo preferir comodidad,
quiso en cambio un pesebre frío y triste.
¡Lección incomparable de humildad!

Jesús siendo tan rico se hizo pobre
para así compartirnos su riqueza,
demos gracias a Dios de que así obre
pues nos enriqueció con su pobreza.

Ahí está el Salvador omnipotente:
durmiendo sobre paja, en un pañal.
Lo arropan con su aliento suavemente
las bestias y las aves del corral. 

La bienaventurada y dulce Madre
contempla la inocencia de su faz…
José, que es bueno y santo y es su padre,
admira al niño, Príncipe de Paz.

En esta Navidad que ya se acerca
concédeme Señor algo especial:
en vez de aquel pesebre, ven más cerca,
nace en mi corazón, no estarás mal.

Pedro Peón Espejo

Pedro Peón Espejo

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