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Justo en el Blanco

por | Ago 16, 2021 | 0 Comentarios

Lo habíamos decidido, un juego de dardos señalaría al futuro novio de la hermana de nuestro compañero. No tenía por qué temer. Yo era muy hábil para estas destrezas. Ella sería mi novia sin lugar a dudas. 

Llegamos al lugar. Éramos la chica, su hermano, mi adversario y yo. Mi primer tiro no fue del todo bueno. Maldición.

Entonces, la gente a nuestro alrededor se ríe. Es turno de mi contrincante. Me lleva, me gana por dos puntos. Comienzo a ponerme nervioso. Mi segundo tiro va a parar, patéticamente, en la pared. Hago un gran berrinche. Los borrachines de al lado se empiezan a interesar.

—¿Por qué tanto escándalo, muchachos? —pregunta uno.

—Es que el que gane se queda con la güerita.

—Uy, no, con lo linda que está. Échale ganas, compadre, o te me quedas soltero.

—Mejor apueste en algo que sí sepa jugar.

Miro a mi alrededor. Ahora, no sólo mi novia, sino mi reputación está en juego. El siguiente tiro de mi rival es bastante malo. Yo me concentro, y mi tiro da justo en el centro.

—Ya se enojó.

—¿Cuánto le apuestan al morrito? Ya me cayó chido.

Todos hacen su alboroto. Nos convertimos en un gran espectáculo para todos. Mis tiros son cada vez mejores, y los de él se vuelven muy poco afortunados. Parece que lo pone muy nervioso tener público, pese a que son contra mí los chistes.

Nos queda un último tiro. Jugamos un piedra, papel o tijeras para decidir quién tira primero. Gané, pero que él tire primero, creo que me concentro mejor bajo la presión del público.

Se trata de tranquilizar. Según su tiro, puede ganar, forzarme al empate o darme una oportunidad. Vaya, un tiro decente, pero muy lejos de ser perfecto. Él lo sabe y se hinca con las manos en la cabeza. Si en mi turno final le vuelvo a dar al centro, me quedo con la chica y con la reputación intacta. Final de fotografía. Los borrachines están muy emocionados, así como algunos amigos que fueron llegando para ver el chisme. El público ya creció. Todos me tienen en una alta expectativa por los últimos tiros que he hecho. Muchos justo en el centro. Miro hacia todos lados y veo a nuestro premio. Es un imbécil mi contrincante, en su mirada, se puede ver que ella desea que yo gane. Me sonríe y me susurra:

—Me gustas.

Me preparo para tirar. Esperen ¿Le gusto? ¿Entonces, por qué estamos aquí peleando por ella? ¿No sería más fácil haberme correspondido desde un principio? ¿Por qué dejó que continuáramos con este reto? Momento ¿Por qué estamos haciendo todo este ridículo show? ¿Qué tiene que ver tirar dados con ser un buen novio?

—Ya, muchacho. Échale, sin temor al éxito.

No puedo tirar el dardo. Esa duda me llena de interrogantes ¿Y si perdía? ¿No iba a estar con quien ella quiere por un juego tonto? ¿En qué tontería nos estábamos dejando llevar?

—Tira —dice ella emocionada.

—¿Ya ves, compadre? Hasta la güerita quiere que ganes.

Tomo impulso. Me pongo serio como nunca antes lo había hecho. Tiro con toda mi fuerza y le doy a una de las botellas de uno de los comensales.

A ella se le ve un poco decepcionada. Mi rival está eufórico y va a besar a su nueva novia. El hermano se echa a correr. Supongo que le dio miedo participar en la coperacha para pagar esa botella que había roto. Todos los demás se echan a reír. Me aproximo a la mesa:

—Una disculpa. Les pagaré lo de su bebida.

—No te preocupes, carnal. Con ese fallo, creo que ya perdiste mucho más. No te queremos amargar más la tarde.

—Gracias.

Me voy del lugar sintiendo que había estafado a los de la botella. Realmente, quería pagarles, pero no sabía cómo explicarles que ese último tiro no fue un fallo, fue el más certero que había hecho en toda mi vida.

YakamÍ Machado

YakamÍ Machado

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