Piedras de tropiezo

En 1966 comenzó el artista Gunter Demnig un proyecto llamado Stolpersteine, que podríamos traducir como piedras de tropiezo.

En 1966 el artista Gunter Demnig comenzó un proyecto llamado Stolpersteine, que podríamos traducir como piedras de tropiezo. Berlín amaneció desde entonces con adoquines que saltan a la vista: una piedra de concreto de 10 cm cubierta con una placa de metal. Tras una investigación, se colocan las Stolpersteine, en el último lugar de residencia de las víctimas del nazismo. Los nombres, la fecha de nacimiento, de deportación y de muerte están grabados en la placa. Con el tiempo las piedras de tropiezo se difundieron por toda Europa.

Estas pequeñas piedras nos hacen recordar, por ejemplo a la pintora Charlotte Salomon, quien huyó a la Costa Azul; después de unos meses fue deportada a Auschwitz y murió –embarazada– en la cámara de gas; así como a su padre Albert Salomon –un famoso médico– y su madrastra Paula Lindberg –una cantante de ópera– quienes lograron sobrevivir.

Charlotte Salomon
“Aquí vivió Charlotte Salomon, nacida en 1917, huyó en 1938 a Francia. Internada en los campos de Gur y Drancy en 1940. Deportada y asesinada en Auschwitz en 1943.»

Las tumbas nos traen a la memoria a aquellos que partieron primero, pero ¿qué sucede cuando no hay una tumba que nos permita recordar? Estas piedras que «nos hacen tropezar», porque saltan a la vista, son un llamado a la memoria.

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