Cavar el suelo cada vez con más ira,
clavar la pala con el dolor de la tierra;
ir hacia delante en mundos de sombras,
y hallarse siempre ante un pecado.
Nada es impuro, por purificar se vive;
la vida es un prisma de vértices infinitos,
y nuestra historia profunda, siempre la superficie,
del alma donde entrañan las dificultades.
Y aunque se avance por la luz del hecho,
dando forma a la fe del cambio:
corto es el acto; y su recuerdo, extenso.

Dibujo por Sara P. Arriaga Lovera.



