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Una taza de té

por | Abr 16, 2024 | 2 Comentarios

Por Adrián Chacón Juárez

Una tarde, un joven aprendiz se acercó a su maestro lleno de dudas y hasta un poco cansado del ritmo de aprendizaje y de ciertas respuestas de su maestro, que no lo conducían a la acción, sino a la mera contemplación. En tal estado de duda, enojo y confusión preguntó a su maestro si no habría alguien que le pudiera enseñar temas más aptos y relevantes para la vida moderna.

El maestro un poco triste al escuchar la pregunta de su aprendiz, pero convencido de que responderle de la manera lo más precisa posible era lo mejor, le contestó:

-Existe un gran sabio maestro al norte del país. Lo llaman el maestro del té, él te puede enseñar todo cuanto es relevante para la vida moderna, si es eso a lo que aspiras.

A lo que el alumno respondió velozmente que sí, el maestro le dio el nombre del gran sabio maestro del té y le indicó cómo llegar a las montañas del norte, donde podría encontrarlo.

El joven alumno tuvo miedo al escuchar que debía cruzar todo el país y subir montañas para conocer al maestro del té, pero lleno de esperanza, pues aún confiaba en la sabiduría de su maestro, emprendió el largo y arduo camino.

En su camino al norte, donde moraba el maestro del té, el alumno se encontró con un gran río que debía cruzar, tal como se lo había anticipado su viejo maestro. Por su fuerte caudal, el río debía cruzarse solo durante ciertas temporadas del año, pero aún así requería un gran esfuerzo físico, porque las corrientes exigían aún a los más avispados nadadores.

Aprovechando que faltaban aún algunos meses para la bajada del caudal, el joven aprendiz comenzó a ejercitarse, nadando algunos minutos diariamente en el río, y alejándose cada vez un poco más de la orilla.

Pronto conoció a alguien que, junto con él, se preparaba para cruzar el río. Pero que luego de unas semanas decidió intentar el cruce. Todos en el pueblo, le señalaron que sería un error ya que el caudal aún era copioso y las corrientes feroces. Sin embargo, éste no cambió su decisión e incluso invitó a nuestro joven aprendiz a intentarlo el mismo.

No obstante la insistencia de su compañero, nuestro joven aprendiz, más guiado por el miedo que por otra cosa, decidió no intentarlo y esperar la bajada del río. Cuando su compañero lo intentó estuvo apunto de ahogarse en más de una ocasión, pero siempre era devuelto a la orilla por el tremendo caudal. Al anochecer, y sin haber conseguido cruzar el río, finalmente cesó en sus vanos intentos. La vergüenza llenó sus ojos y se apartó del lugar sin hablar con nadie y para nunca mas intentarlo.

Tan sólo unas pocas semanas más tarde, el joven aprendiz presenció la bajada importante en la cauda del río y más fortalecido que nunca por las semanas de preparación hizo su intento de cruzar el río. Lo logró con esfuerzo, pero sin peligro.

Nuestro aprendiz continuó su camino hasta que una tarde se detuvo en un poblado a presenciar un festival del año del mono. En el festival llamó poderosamente su atención una hermosa bailarina que tenía una gracia física que era casi espiritual. Apenas alcanzaba a apreciar sus ojos tras los hermosos tocados que adornaban su tradicional danza.

Pensó por un momento en marcharse y continuar su camino sin demora, pero fue tal su infatuación que decidió permanecer en aquel pueblo para intentar conocer a la dama.

Más pronto que tarde consiguió un trabajo de alfarero, y poco más adelante se cruzó nuevamente con esos ojos. La conoció y comenzaron a entablar amistad. Por mucho que él disfrutaba de platicar con ella y de su compañía, y aún y cuando esos ojos mágicos seguían haciendo surgir en él una gran emoción, pronto se dio cuenta de que, continuar con aquella aventura, le impediría conocer al maestro del té. Por lo que decidió que había andado ya mucho tiempo, y pasado muchas vicisitudes, para ahora dejarse detener por lo que él consideró un impulso desmedido de sus emociones y prosiguió su camino. Despidiéndose, no sin dolor, de aquellos ojos, que al despedirse de él se llenaron de llanto.

Finalmente, una tarde, luego de años de andar se encontró a las faldas de las montañas del norte, donde, de acuerdo con las palabras de su maestro, habría de encontrar al maestro del té.

Subió el monte con la agilidad y esperanza de ver sus esfuerzos retribuidos y se encontró con una sencilla choza negra de carrizo y al pie de ésta, un anciano. El maestro del té.

Corrió hacia él, y se arrojó a sus pies, apresuradamente le contó de su largo trayecto y de su intención de adquirir de él su gran conocimiento.

El maestro del té accedió a tomarlo por alumno, no sin antes reprenderlo por abandonar a su maestro.

A la mañana siguiente, el maestro del té se despertó muy temprano, antes del amanecer, y sin dar aviso se encaminó a realizar sus actividades ordinarias.

Poco más tarde, el emocionado aprendiz despertó y lo buscó sin poder hallarlo, por lo que decidió que mientras esperaba su regreso cortaría leña del bosque para prepararse para la fría anoche.

Ya muy tarde, bien entrada la noche, el maestro del té regresó y se sorprendió al ver que su nuevo aprendiz había hecho ya varias cosas para esperarlo; segado el arroz, cortado leños, cargado agua del pozo, comenzado la construcción de su cuarto, entre otras cosas menores.

El maestro casi en silencio lo invitó a sentarse al lado del fogón, donde con calma colocó un pocillo con agua que vertió parsimoniosamente.

Esperó en silencio que el agua hirviera para después poner en ella cuidadosamente unas cuantas hojas de té y permanecer en silencio y casi sin moverse.

En ese silencio, y en esa calma el aprendiz entendió la lección del maestro y prorrogando el silencio espero que el agua con aquellas hojas hiciera infusión.

Redacción

Redacción

2 Comentarios

  1. Paola coppe

    Enhorabuena abogado 👏🏻👏🏻👏🏻 que la pasión por la lectura y escritura sigan siempre presentes

    Responder
  2. Roberto Holguin M.

    Este es un cuento que me hizo reflexionar acerca de la paciencia que es un atributo fundamental en nuestras vidas. Por cierto, no muy común. Más bien la inmediatez domina la reacción de las generaciones más jóvenes.

    Responder

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