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A propósito de El trabajo intelectual

por | Jun 30, 2022 | 0 Comentarios

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El trabajo intelectual
Jean Guitton, Rialp (Madrid),
2005. pp. 160.

En esta civilización “archisaturada” de conocimientos y medios para adquirirlos, todos alguna vez nos hemos sentido desalentados porque utilizamos imperfectamente nuestra energía mental y porque en el siglo XXI nuestro saber ya no puede ser enciclopédico.  No obstante, el maestro Guitton nos ofrece una guía para ordenar nuestros estudios y mejorar su rendimiento, “para perfeccionar la memoria, nervio del entendimiento; para entrelazar el espíritu con el cuerpo, obtener un esfuerzo y una labor absolutos y mantenerse, sin embargo, alegres.” Nos enseña cómo tener un tesoro sin que se pierdan ninguno de nuestros esfuerzos,  ya que “lo que desalienta en los estudios, es ver que los conocimientos no se acaban de adquirir jamás, que no se conservan, no se agregan unos a otros en un desarrollo continuo y sustancial”. Así, este pensador nos orienta sobre cómo recoger, mediante signos, el trabajo del espíritu, fijar el pensamiento propio y el de los demás, para que podamos volver a pensar sobre lo que una vez hemos conocido y amado en ese movimiento de retorno que representa el conocimiento. 

Jean Guitton, pensador católico, doctor en letras y miembro de l’Académie française, nos regaló hace más medio siglo un valiosísimo libro llamado: El Trabajo Intelectual. Podría sonarnos ajeno este título, porque usualmente descuidamos ese aspecto que es el único que al final del día nos colma de satisfacción. Pero es un error pensar que las fatigantes actividades del trabajo diario no puedan compaginarse con semejante delicia. Es aquí donde entra monsieur Guitton para compartirnos con la elocuencia de un sabio, su experiencia y consejo en este respecto.

 Enriquecido con referencias tanto interesantes como divertidas  y haciendo el libro sumamente ameno al incluir anécdotas suyas y de sublimes personajes de la talla de Simone Weil, Pascal, Victor Hugo y Napoleón, el autor nos invita a tomar el tiempo en nuestras manos  y convertirlo en una experiencia provechosa. 

Portada del libro.

Con la sencillez y amenidad de un maestro que no ha dejado de ser alumno, nos guía por el camino que debemos seguir para ejercitar nuestra voluntad y sacar provecho de nuestra existencia cotidiana. Nos recuerda cómo disponer de las herramientas que nos permitirán emplear de la mejor manera nuestra actividad intelectual y que precisamente se encuentran tan sólo en nosotros mismos. Desde cómo tomar notas, cómo dejar correr al monstruo, los  beneficios de guardar de vez en cuando nuestro detritus, y qué tipo de libros disfrutar. 

Además, sus palabras nos ponen de manifiesto que el esfuerzo intelectual puede realizarse incluso cuando se ha trabajado todo el día en la oficina. ¿Por qué escindir de los deberes de nuestra profesión las alegrías del ocio que nos concede el goce de la libertad pura? El chiste es tener siempre una atención y disposición vivaz puesto que las vicisitudes de esta vida tienen ritmos y suspensos en los cuales puede alojarse una acción del alma. Aunado a esto, “una obligación regular, que no exige una atención excesiva, pero que obliga a hacer gestos sin poner en ellos el alma, […] sirve a muchos de sostén y reposo para el trabajo del espíritu. Lo que hay que evitar es ser absorbido por ella…”

Con máximas verdaderas, simples y esenciales Guitton nos invita a ser nuestro propio maestro interior y a enriquecer la propia vida con la sustancia de lo que leemos y hacemos, puesto que todo concurre a nutrir. La clave está en “que el espíritu debe aprender a concentrarse y a encontrar en el tema, cualquiera que fuere,  su punto de aplicación; que debe hacer trabajar al reposo y a los intervalos del tiempo, a fin de madurar; [y en] que le hace falta expresarse para conocerse…”

Considero que en una ciudad caótica, en un mundo sumamente atareado, conocemos el valor del tiempo y es por eso que estamos obligados a pensar en los métodos que nos permitan utilizarlo del modo más provechoso, cosa que este profesor francés nos facilita. 

En fin, este brillante librito nos mueve a conferir un valor absoluto al acto de atención, a la perfección formal o a la tarea de un día, al reiterarnos que todo acto de atención, de paciencia, de afán de mejoramiento por mínimo que sea, encuentra en sí mismo su recompensa, independientemente del provecho y de todo resultado. 

Después de todo esto, cabe decir, sin embargo, que no nos obliga a adoptar métodos rigurosos ni resoluciones heroicas. Al contrario, nos tranquiliza e infunde confianza puesto que el progreso se logra con una práctica simple de aplicación cotidiana, como él bien refiere. Los grandes hombres no son de una esencia diferente a la nuestra, todo  hombre posee una vida intelectual en su ser y sólo es cuestión de ser creativos para engrandecer todas nuestras pequeñas tareas.

Jean Guitton Foto: Marc Gantier/ Agencia Rapho.

Pero no me mal entiendan.  El Trabajo Intelectual  no es cualquier libro de superación personal, es un manjar suculento que no se nos ofrece ya digerido y vulgarizado de manera simplona como un “libro de tips”. Jean Guitton nos permite saborear ese manjar del crecimiento intelectual y espiritual en carne propia. Nos ilumina sutilmente, cual luciérnaga posada sobre una flor, para que con nuestra paciencia aguardemos el glorioso amanecer del esfuerzo que ilumina nuestra vida.

Mejor regalo que el que hace Jean Guitton a la inteligencia y a la energía incansable de la juventud no se puede ofrecer. Sin embargo, no es un libro sólo para jóvenes. Guitton es un maestro que ningún alma ávida de pasión intelectual debe evitar. De esta forma, se nos brinda a los no tan jovencitos, la oportunidad de reflexionar sobre nuestra temprana educación escolar que frecuentemente criticamos por sus carencias, pero que examinada a la luz de lo que somos hoy y lo que nos resta por ser guarda un gran tesoro precisamente por esa imperfección.

Pensar es un arte que la sociedad actual ha dejado de valorar, pero como en todo arte, es preciso dominar las técnicas y métodos que los grandes hombres han usado, para así estar en aptitud de crear y recrear nuestro propio ser. Tengan la certeza de que esta breve joya les permitirá hacer gozar el alma en medio del propio trabajo.

Irene González Hernández

Irene González Hernández

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