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Una taza de té

Una taza de té

Por Adrián Chacón Juárez

Una tarde, un joven aprendiz se acercó a su maestro lleno de dudas y hasta un poco cansado del ritmo de aprendizaje y de ciertas respuestas de su maestro, que no lo conducían a la acción, sino a la mera contemplación. En tal estado de duda, enojo y confusión preguntó a su maestro si no habría alguien que le pudiera enseñar temas más aptos y relevantes para la vida moderna.

El maestro un poco triste al escuchar la pregunta de su aprendiz, pero convencido de que responderle de la manera lo más precisa posible era lo mejor, le contestó:

-Existe un gran sabio maestro al norte del país. Lo llaman el maestro del té, él te puede enseñar todo cuanto es relevante para la vida moderna, si es eso a lo que aspiras.

A lo que el alumno respondió velozmente que sí, el maestro le dio el nombre del gran sabio maestro del té y le indicó cómo llegar a las montañas del norte, donde podría encontrarlo.

El joven alumno tuvo miedo al escuchar que debía cruzar todo el país y subir montañas para conocer al maestro del té, pero lleno de esperanza, pues aún confiaba en la sabiduría de su maestro, emprendió el largo y arduo camino.

En su camino al norte, donde moraba el maestro del té, el alumno se encontró con un gran río que debía cruzar, tal como se lo había anticipado su viejo maestro. Por su fuerte caudal, el río debía cruzarse solo durante ciertas temporadas del año, pero aún así requería un gran esfuerzo físico, porque las corrientes exigían aún a los más avispados nadadores.

Aprovechando que faltaban aún algunos meses para la bajada del caudal, el joven aprendiz comenzó a ejercitarse, nadando algunos minutos diariamente en el río, y alejándose cada vez un poco más de la orilla.

Pronto conoció a alguien que, junto con él, se preparaba para cruzar el río. Pero que luego de unas semanas decidió intentar el cruce. Todos en el pueblo, le señalaron que sería un error ya que el caudal aún era copioso y las corrientes feroces. Sin embargo, éste no cambió su decisión e incluso invitó a nuestro joven aprendiz a intentarlo el mismo.

No obstante la insistencia de su compañero, nuestro joven aprendiz, más guiado por el miedo que por otra cosa, decidió no intentarlo y esperar la bajada del río. Cuando su compañero lo intentó estuvo apunto de ahogarse en más de una ocasión, pero siempre era devuelto a la orilla por el tremendo caudal. Al anochecer, y sin haber conseguido cruzar el río, finalmente cesó en sus vanos intentos. La vergüenza llenó sus ojos y se apartó del lugar sin hablar con nadie y para nunca mas intentarlo.

Tan sólo unas pocas semanas más tarde, el joven aprendiz presenció la bajada importante en la cauda del río y más fortalecido que nunca por las semanas de preparación hizo su intento de cruzar el río. Lo logró con esfuerzo, pero sin peligro.

Nuestro aprendiz continuó su camino hasta que una tarde se detuvo en un poblado a presenciar un festival del año del mono. En el festival llamó poderosamente su atención una hermosa bailarina que tenía una gracia física que era casi espiritual. Apenas alcanzaba a apreciar sus ojos tras los hermosos tocados que adornaban su tradicional danza.

Pensó por un momento en marcharse y continuar su camino sin demora, pero fue tal su infatuación que decidió permanecer en aquel pueblo para intentar conocer a la dama.

Más pronto que tarde consiguió un trabajo de alfarero, y poco más adelante se cruzó nuevamente con esos ojos. La conoció y comenzaron a entablar amistad. Por mucho que él disfrutaba de platicar con ella y de su compañía, y aún y cuando esos ojos mágicos seguían haciendo surgir en él una gran emoción, pronto se dio cuenta de que, continuar con aquella aventura, le impediría conocer al maestro del té. Por lo que decidió que había andado ya mucho tiempo, y pasado muchas vicisitudes, para ahora dejarse detener por lo que él consideró un impulso desmedido de sus emociones y prosiguió su camino. Despidiéndose, no sin dolor, de aquellos ojos, que al despedirse de él se llenaron de llanto.

Finalmente, una tarde, luego de años de andar se encontró a las faldas de las montañas del norte, donde, de acuerdo con las palabras de su maestro, habría de encontrar al maestro del té.

Subió el monte con la agilidad y esperanza de ver sus esfuerzos retribuidos y se encontró con una sencilla choza negra de carrizo y al pie de ésta, un anciano. El maestro del té.

Corrió hacia él, y se arrojó a sus pies, apresuradamente le contó de su largo trayecto y de su intención de adquirir de él su gran conocimiento.

El maestro del té accedió a tomarlo por alumno, no sin antes reprenderlo por abandonar a su maestro.

A la mañana siguiente, el maestro del té se despertó muy temprano, antes del amanecer, y sin dar aviso se encaminó a realizar sus actividades ordinarias.

Poco más tarde, el emocionado aprendiz despertó y lo buscó sin poder hallarlo, por lo que decidió que mientras esperaba su regreso cortaría leña del bosque para prepararse para la fría anoche.

Ya muy tarde, bien entrada la noche, el maestro del té regresó y se sorprendió al ver que su nuevo aprendiz había hecho ya varias cosas para esperarlo; segado el arroz, cortado leños, cargado agua del pozo, comenzado la construcción de su cuarto, entre otras cosas menores.

El maestro casi en silencio lo invitó a sentarse al lado del fogón, donde con calma colocó un pocillo con agua que vertió parsimoniosamente.

Esperó en silencio que el agua hirviera para después poner en ella cuidadosamente unas cuantas hojas de té y permanecer en silencio y casi sin moverse.

En ese silencio, y en esa calma el aprendiz entendió la lección del maestro y prorrogando el silencio espero que el agua con aquellas hojas hiciera infusión.

El circulismo

El circulismo

Foto de portada: Miguel Á. Padriñán

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Por Daniel Limac

El ser humano asesinó en la primera guerra mundial (1914) a más de 10 millones de personas, entre heridos y desaparecidos suman 40 millones aproximadamente. 25 años después, según la Enciclopedia Británica, se estima que entre 40 y 50 millones de personas murieron durante la Segunda Guerra Mundial (1939).

Según el libro La Segunda Guerra Mundial, del escritor e historiador británico Antony Beevor, miles de personas murieron en Hiroshima con la explosión de la bomba atómica, cifra que aumentó a 200 mil en los días siguientes, debido a las consecuencias de la radiación. “Alrededor de 100 mil personas murieron instantáneamente, y miles más perdieron la vida después, por quemaduras, shock o envenenamiento por radiación”, escribe Beevor.

La tercera guerra mundial (2250) fue la más atroz y devastadora que terminó con la vida de 6 mil millones de personas. Los países conformados por la OTAN desataron el primer ataque nuclear a los países comunistas, entre ellos Rusia, Corea del Norte, y Japón que replicaron de inmediato el ataque. Más de 11 años transcurrieron para dar fin a la temible guerra y que por poco exterminó a la raza humana.

Posterior a la guerra nuclear, cerca de 160 mil personas se aglomeran en Uruguay, el país menos atacado por la guerra, donde las personas buscan un bien común: el vivir y ser felices, sin embargo, comenzar desde cero será difícil, hartos del capitalismo y del comunismo del mundo, buscan una nueva forma de gobernar.

Tras la terrible guerra nuclear se perdió todo, absolutamente todo: familia, amigos, propiedades, trabajos, medios de comunicación y medios de transporte. Se estima que murieron poco más del 80 por ciento de la humanidad total, y los pocos sobrevivientes quisieron reiniciar la humanidad en Uruguay. Por su posición geográfica fue el que menos sufrió las consecuencias nucleares, radioactivas y químicas de la guerra, se mencionaba que había gente refugiada en Groenlandia y la Antártida, pero no se obtuvo comunicación con ellos y sólo eran rumores.

En los años de la pre-guerra y antes de perderlo todo, el ser humano, poco a poco fue perdiendo lo inmaterial, lo no tangible, fue perdiendo la razón. Y con ello la reflexión, la duda, la pasión, el amor, y por imposición fue perdiendo los derechos más hermosos que gozaba, los derechos que con sangre los mártires habían conseguido: la libertad, la independencia, la soberanía.

Las falacias ideológicas penetraron fuerte en la política del mundo: se adoctrinó a niños, jóvenes y adultos, sobre toda idea en cuanto a gusto y placer conviniera. Se prohibieron los textos bíblicos y filosóficos, sólo los afortunados tenían algún libro en sus hogares, escondidos para no ser condenados por el gobierno. Ya no había iglesias ni escuelas, el humano sólo vivía para trabajar para la clase alta, el proletariado vivía como esclavo, sin derechos, sin un sueldo digno, sin protección social. Los de la clase media se quedaban sin trabajo, las instituciones gubernamentales (sector salud, educación y seguridad) empezaron a dejar de ser del gobierno y se vendieron a manos extranjeras. La mayoría de las personas que sufrieron más fueron la clase baja, la media se sostenía por sus ingresos que iban en picada.

La guerra nuclear del año 2250 vino a rematar el horror que todas estas personas estaban sufriendo. El fin de la humanidad se acercaba. Aun así, el ser humano sobrevivió en refugios antinucleares y sótanos caseros, la guerra regresó al hombre algo que había perdido: la compasión. En la guerra eran uno mismo, eran hermanos que se apoyaban para sobrevivir. Bastaron 11 años de guerra para casi extinguir al ser humano. En Uruguay eran poco más de 160 mil personas cuando finalizó la guerra. Y el 11 de diciembre del año 2260 terminó lo que parecía nunca iba a tener fin. ¡La guerra terminó!, ¡la guerra ya no existe!, ¡la guerra desapareció!, ¡ya no hay guerra! Gritaban miles de personas. Esa noche celebraron y se abrazaron por última vez.

¿Qué sigue para ellos si ya la guerra se lo llevó todo? Lo primero que se comenzó a discutir durante la postguerra fue el modelo económico que regiría a la nueva sociedad. Pero había un problema, nadie lideraba a nadie, no había algún representante general y como los efectos de la guerra eran recientes poca comunión había entre los hombres. Se hablaba de iniciar con el modelo capitalista para arrancar la economía, y así fue, sin nadie que gobernara o quien dirigiera al principio. Pasaron un par de meses y los 160 mil sobrevivientes se dividieron y agruparon en tres sectores: 60 mil de clase baja, 40 mil de clase media y 60 mil de clase alta. Cada clase tenía un objetivo en común, recrear una sociedad estable y con una política integra. Pero el objetivo se les fue olvidando al pasar los meses. Los de la clase alta querían ser los dueños de toda empresa que se construyera, de los puestos políticos y todo aquello que generara riqueza. Los de la clase media estaban dispuestos a trabajar mediante un sindicato que les proporcionara derechos justos. Los de la clase baja que fueron los más explotados en tiempos pasados decidieron que no trabajarían para nadie, sino que formarían su propia sociedad con principios socialistas. Fue en ese momento de desorden y confusión cuando aparece el mediador de las clases: Robert Lim, que vino a dirigir un evento que marcaría la humanidad por completo.

Lim promovió la formación de líderes en cada clase, y semanas después pudo convocar a los 3 líderes de las tres clases en una reunión. Jorge Gorman representaba a la clase alta, Toé Rodrigué a la media y José Cantú a los obreros; y así comenzó la famosa Semana del destino, donde en 7 días se definió el destino de todas las personas, compartiendo razones y justificaciones para comenzar la nueva vida. La reunión fue caótica, nadie quería dar y ceder. Ninguna de las clases quería aportar algo, los más indiferentes eran los de la clase baja, José Cantú afirmaba que nadie trabajaría sin garantías, derechos y buenos sueldos. El problema es que no había ni siquiera todavía una moneda de cambio. Pero el dinero, como antes era conocido, tardaría años en crearse e imprimirse, así que el trabajo de los próximos años no sería pagado. Era algo injusto. La clase alta quería los privilegios de antes. Parecía como si la guerra y la miseria se les hubiera olvidado. La clase medio y baja trabajaban casi como esclavos y la brecha de odio se hacía cada vez más patente y abierta. Ninguna clase se ponía de acuerdo. Fue entonces cuando a Robert Lim se le ocurrió la teoría circulatoria, o mejor conocida como circulismo. Robert Lim unificó a toda la población, clase alta, media y baja. Después estableció dos grupos: el grupo A y el grupo B. Los que conformarían el grupo A serían la primera clase, que era la baja con aproximadamente 60 mil personas, y 20 mil de clase media. El grupo B lo conformarían 20 mil personas de clase media y 60 mil de clase alta. Les hizo una propuesta a los tres líderes de las clases sociales: “Si no llegamos a un consenso hoy, mañana el ser humano entrara en crisis y volveremos a los tiempos antiguos de guerra, nos mataremos como animales, haremos cosas reprobables por placer, sufriremos y acabaremos con nuestra propia existencia. Así que queridos amigos escuchen esta propuesta, esta teoría se llama la teoría circulatoria, donde las personas cada 20 años cambiaran su clase social para pertenecer a la clase contraria. Es decir, el grupo A comenzará los primeros 20 años trabajando para el grupo B, y cuando se cumplan los 20 años, el grupo B será el que va a trabajar los siguientes 20 años, y el grupo A será quien disfrute. Así pues, será un círculo para toda la vida, donde cada 20 años se cambiarán los papeles.”

José Cantú preguntó: “pero ¿cómo elegirían qué grupo comenzaría a trabajar?” Alguno de los dos grupos tenía que empezar los 20 años de trabajo, pero nadie quería, los del grupo A, la mayoría clase baja, no aceptarían de nuevo volver a la casi esclavitud. Y los ricos por su propio ego no aceptarían trabajar como esclavos viniendo ellos de una clase social alta anteriormente. Se investigó a toda persona para ver quiénes eran y a que se dedicaban, sus ingresos eran lo que pondrían en tela de juego su destino. Así formaron el grupo A y grupo B.

El líder Robert Lim propuso a los dos líderes, anexando a Toé Rodrigué (clase media) a la clase alta: “Vayan con su gente y platiquen lo que propongo, la propuesta es esta: Un grupo trabajará por 20 años consecutivos, y el otro grupo disfrutará en esos mismos 20 años los beneficios que se puedan obtener. Al año 0 le llamaremos el inicio del círculo, y al año 20 el cierre del círculo. Cuando pasen 20 años y se cierre el círculo, el grupo que disfrutó ahora comenzará un nuevo círculo trabajando los próximos 20 años. ¿Quiénes empezarán siendo pobres o siendo ricos? Muy fácil, mediante una ceremonia donde estarán presentes todos los habitantes se echará suerte con una moneda y el perdedor será nombrado clase baja y empezará el circulo trabajando, y el ganador será nombrado clase alta y disfrutará de los beneficios obtenidos.”

Lim dió un día para que la propuesta fuera informada. La respuesta fue contundente: todos aprobaron la idea. Así comenzó una nueva división histórica, era el año cero después de la guerra (0 D.G.). Quienes ganaran la partida, dictarían las leyes, los derechos y obligaciones de todas las personas. Se convocó al día más esperado por la humanidad, el día del círculo, así fue llamado. De las tres clases sociales ahora sólo habría dos y se alternaría cada 20 años.

Lim presidió la ceremonia en un valle, en el que se agruparon más de 140 mil personas; Jorge Gorman y José Cantú pasaron al frente, como los representantes de cada grupo. Nadie sabía que la ceremonia daría inicio al siguiente infierno terrenal. Gorman y Cantú se dieron la mano, Lim lanzó la moneda al aire que decidiría el destino de la sociedad. La moneda antigua cayó cara, favoreciendo a la clase alta, es decir, la clase alta empezaría el círculo disfrutando los siguientes 20 años. Y la clase baja seria la trabajadora. Lim, Gorman y Cantú firmaron el acuerdo para el nuevo comienzo, mientras tanto los espectadores, algunos felices y otros con caras largas se alejaron del valle.

El primer día de la semana el grupo A dictó las nuevas leyes:

1.- El país se dividirá en dos por un muro ­–construido por el grupo B y supervisado por el A­– para separar la región norte y sur. En el norte vivirá el grupo A porque era la región más conservada y el grupo B estará en el sur. Asimismo, la zona norte será reconstruida prioritariamente.

2.- El grupo B trabajará principalmente el campo, la construcción y todo lo que conlleve un mayor esfuerzo y sea manual. Los mejores trabajos serán para el grupo A.

3.- La zona norte será exclusiva para el grupo A. Solamente se le permitirá el ingreso a los trabajadores del grupo B que cuenten con el certificado de entrada. Al terminar la jornada deben volver al sur.

4.- Las armas quedan absolutamente prohibidas en el sur, solamente los guardianes y el grupo A podrá portarlas.

5.- Solamente el grupo A será educado. El grupo B y sus futuros descendientes tienen prohibido ir a la escuela y el único tipo de educación que tendrán será manual y referente a los oficios. Queda prohibido cualquier tipo de libro, escuelas e iglesias en la zona sur.

6.- Las actividades de ocio y deporte para el grupo B están prohibidas, a excepción de una vez al mes, que se les permitirá atender alguna actividad recreativa, siempre y cuando no interfiera con sus labores.

7. Las familias del grupo B no podrán reproducirse, a menos que cuenten con el permiso otorgado por el parlamento A. Toda mujer que se embarace sin el consentimiento del grupo A y empezando el año 0 D.C. será condenada a muerte. 8.- Está prohibida la vida familiar en el grupo B, no habrá comidas caseras, sino que todos comerán en los comedores comunes. La ración consistirá en una hogaza de pan, 50 gramos de fríjoles y 60 gramos de arroz. Ocasionalmente habrá una pequeña ración de carne.

9.- Queda prohibida la privacidad, toda familia del grupo B será monitoreada, tanto en el trabajo como en casa.

10.- Las mujeres del grupo B pueden usarse como madres subrogadas y con otros fines de concubinato por el grupo A.

11.- El grupo B tiene derecho a bañarse una vez a la semana en la bañera comunitaria.

12.- Los guardianes serán la máxima autoridad civil. El grupo B debe respetarla y obedecerla siempre. Los guardianes tienen derecho a castigar físicamente a los individuos problemáticos del grupo B.

13.- Quedan prohibidas las manifestaciones del grupo B y las reuniones de grupos mayores a 5 personas. En caso de que esto ocurra, los guardianes podrán castigarlos con la pena capital.

14.- Toda persona del grupo B mayo de 60 años, enfermo o con alguna discapacidad será enviada al campo experimental, con el fin de avanzar en el ámbito científico. El grupo A puede elegir a cualquier persona del grupo B para que sea transferida al campo experimental. Es posible que durante el experimento o después se produzca la muerte.

15.- El grupo A tiene derecho a gozar de todos los privilegios por decreto divino. Por los siguientes 20 años el grupo B tendrá que aceptar y someterse a cualquier cambio constitucional que el grupo A pueda llegar a dictaminar.

Con las nuevas leyes y el acuerdo firmado ya no había marcha atrás, se comenzó la construcción del muro, se confiscó cualquier cosa que pudiera ser utilizada como arma, se quemaron libros y los guardianes utilizaron su poder. La razón llevó a la humanidad a la fabricación de armas, tanques, bombas, casquillos y muertes. El circulismo surgió como un efecto de la postguerra, quería evitar futuros derramamientos de sangre, sin saber que desde el principio ya estaba condenado a la repetición. Se creyó que después de la Tercera Guerra Mundial el hombre volvería a la bondad y al menos así fue por un tiempo para sobrevivir a los horrores de la guerra nuclear. Pero después y con la calma regresó la corrupción, la arrogancia y el egoísmo. Se buscó el poder y el dinero cuando lo único que quedaba era la destrucción. El año 0 D.C. había comenzado.

Quizá inevitable

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“Quizás sólo sea necesario esperar que la rueda de su tiempo vuelva a pasar frente a nosotros
y nos permita entender que nos resulta inútil ir en busca de aquello que jamás estuvo perdido”.

Docuserie “Historia de América latina”, Los mayas (ep 6).

“Disculpe, señora, ¿puedo hablar con usted un momento?” “Dicen que ustedes los mexicanos eran muy abiertos y es posible entablar este tipo de conversaciones casuales entre extraños. Ah, sí, soy extranjera, pero en esta década ya nadie es de ningún lugar. Todos nos hemos mezclado y los trabajos son muy fluctuantes como para arraigarse a una ciudad. Un día estás en una ciudad cálida, otra en una construida en las montañas y en otra te aventuras a las ciudades Isla o penínsulas que están semi tragadas por el agua. ¿Español? Ah, sí, lo hablo, verá, eso de la lengua universal nunca funcionó. Fue mucho más importante aprender todos los lenguajes posibles, dicen que sí hay algo más vital para el hombre no es que todos nos entendamos, sino que unos pocos nos entendamos, la exclusión siempre existirá, porque el poder siempre será lo más importante, al final, hablar español fue un idioma muy necesario para la supervivencia de la mayoría en ciertas ciudades y para entablar ciertos negocios, por eso lo hablo. Sí, al final no cambiamos mucho. Por eso ustedes son verdaderamente un “país” muy interesante para nosotros los de afuera. ¿Mi nombre? Samanta. Sí, aún tenemos nombres, ¿quién le contó eso de los números? Lo que usted menciona quizá es el número de cuenta encriptado para identificarnos que traemos en el celular, muchas veces más importante que el nombre, lo admito, pero aún no hemos abandonado su uso. Bueno, ¿puede dejar de hacer tantas preguntas? Yo de lo que quiero hablar es Edge of Domino. ¿Oyeron hablar de él? Sí, fue una gran tragedia. ¿Le molesta si lee esta carta?”

”¿Qué le pareció? Sí, yo no la entiendo muy bien. Pero Tadeo, un muchacho de por acá… ah, sí, ese.  ¿No sabía que también es famoso afuera de su país? Nos ha llamado mucho la atención lo que él hace. Las plantillas que crean las inteligencias artificiales nos acostumbraron a algo muy concreto en los programas, y ver algo tan diferente nos llamó la atención al instante. Además de que ayuda a los que quieren mudarse a este mundo. En fin, el chiste es que él me dijo que esta carta pudo evitar la tragedia. Pero aún no veo por qué sería ¿Que quién la escribió?”

Samanta estaba pensativa, sintió un nudo en el pecho, estuvo a punto de llorar, y la señora, pese a sentirse algo asustada por ciertas cosas que le había escuchado decir y que no tenían nada de sentido, no pudo evitar sentir cierta empatía y le colocó la mano en el hombro.

México era un país que, como Cuba, se convirtió en una cápsula del tiempo, aislado de todo el mundo. Pero no por un dictador, ni nada por el estilo, sino por un extraño fenómeno que no nos detendremos explicar, ya que sólo una persona con un grado avanzado en el estudio de la física cuántica y, extrañamente, de la alquimia y mitología podría entender. Sólo digamos que México, o la Ciudad de México para ser más precisos, desapareció, el mundo cambió y, de la nada, volvió a aparecer. Claro, había una diferencia, este México, pese a conservar cosas de ese pasado de la humanidad, lucía muy diferente, como si hubiera sido más bien reconstruido al momento antes del desastre ecológico que vivió y su desaparición, era una Ciudad de México con canales de agua, trajineras y canoas, pero con una extraña tecnología que a veces parecía magia.

Cuando ocurrió la reaparición de México en el mapa, Samanta jugaba un juego con una inteligencia artificial que estaba diseñando, se llamaba: la última palabra. Consistía en un simple juego de dominó. El detalle era que una alarma era programada de manera aleatoria. Si esta sonaba, los jugadores debían de parar el juego y colocar dos fichas de su mano en la mesa. Si sólo le queda una, se le daba una aleatoria de la mano del contrincante, en caso de que no haya ninguna sobrante o también el contrincante sólo tuviera una, el programa les daba una aleatoria de las que se hayan jugado. Cada uno debía decir un número, quien se acercara más al número total que sumaban ambas fichas de su contrincante, ganaba el juego. Era interesante, puesto que a veces, la partida terminaba y no sonaba ninguna alarma, en ese caso, ganaba el que ganaba la partida normal. Lo cuál lo hacía un juego con muchas posibilidades y muchas estrategias que podrían ser arruinadas si la suerte no te sonreía. En el programa que jugaba, habían varios niveles, donde según el nivel, los algoritmos de la máquina se iban haciendo cada vez más complejos y la máquina tenía herramientas para predecir mejor qué ocurriría después.

Este cochino juego le costó su trabajo y su relación, pues aunque su novio al principio la ayudaba con la programación, luego de un rato le pareció muy ridículo y frustrante. Pero ella estaba empecinada por lograrlo, se lo debía a su hermanita quien, víctima de tantas enfermedades nuevas, se la pasaba todo el día en la cama y le pidió un juego que la mantuviera entretenida y le enseñara cómo funcionaba el mundo de afuera, pues temía que el encierro le haría difícil entender al mundo si alguna vez lograra salir. El prototipo salió muy bien. Pero su hermana tenía una queja algo extraña e inesperada.

—¡Quiero sentir que la máquina es superior! Quiero que pueda ganar más veces que las que yo hago para sentir un verdadero reto ¿Te acuerdas del video que me dejó ver el doctor? Era de un filósofo y un poeta que hablaban sobre un texto de un escritor muy antiguo llamado Ted Chiang (¿Sí se llamaba así?). Bueno ahí dijeron algo raro, de que la vida ya escribió nuestro final, y que nosotros no le podemos ganar, sólo fingir que lo intentamos y, al final, ganamos así.

—¿Y eso qué quiere decir?

—¡No tengo idea! Pero si arreglas el juego para que pueda predecir mejor las tiradas quizá lo entienda.

—¿Y por qué quieres entender eso?

—¡Porque lo necesito! —gritó entre lágrimas.

Su hermana murió tres días después, y ella, víctima de una severa depresión, decidió lograr mejorar la inteligencia artificial. Quizá si ella entendía esa frase gracias al juego se sentiría mejor. Se dio cuenta de que, para hacerla más perfecta, no sólo debía de contar de una manera eficiente las fichas del juego para tratar de predecirlas, sino también debería de poder predecir la aletoriedad del otro sistema de tiempo para saber cuándo sonará la alarma, además de volver más eficientes los cálculos que necesita para ganar, pues el exceso de cálculos, alentarían el proceso. Aunque ahí estaba el detalle ¿Cuántos cálculos eran suficientes?

Finalmente, después de varios intentos, estaba frente al nivel legendario, creía que lo había logrado, pues la maestría que mostró durante el juego normal de domino era diferente, como si cada pieza que tiraba, cada error, cada cosa que permitía que pasara, cada ficha que comía estuviera fríamente calculada. Sonó la alarma, y Samanta se excitó. ¡Sonó justo cuando ella se deshizo de su tercera ficha y sólo le quedaban dos! Eso quería decir que todo había sido fríamente calculado para facilitar el cumplimiento de su labor:

—Estas son mis dos fichas —escribía la inteligencia en la bandeja de texto— ¿Me muestra las suyas?

—Sí, claro. Estoy emocionada por perder.

—¿A qué se refiere? ¿No se trata de ganar?

—Es que yo gano si tú ganas.

—¿Es una trampa? ¿Cómo que usted gana si yo gano?

—Ambos ganamos si tu aciertas, a eso me refiero. Verás, se lo debo a alguien que quiero. Si tu triunfas yo ya no le deberé nada y me sentiré tranquila con mi espíritu. Realizada.

—¿Entonces ambos ganamos si te sientes realizada? ¿Qué se requiere para que te sientas realizada?

—Bueno, si descubro el significado de una frase luego de terminar el juego, entonces no le deberé a alguien a quien quiero, supongo. Aunque, ahora que lo reflexionó, es una victoria agridulce. Porque me hubiera gustado hacerlo a tiempo. ¿Me explico? Pagarle a una persona que amo cuando aún puedo. Ayudarla y darle cariño cuando aún vale la pena, ¿no crees? —sintió como si una revelación terrible estuviera apunto de ocurrir, una que la haría romper la máquina de ira, esa máquina no le iba a regresar a su hermana con una estúpida reflexión filosófica, y había perdido todo por recuperar un fantasma. Pero, antes de poder hacerlo, las palabras de la computadora la intrigaron de sobre manera.

—En ese sentido, si logro hacer que la jugada más imposible de la realidad, salvar al prójimo, se realice, todos ganamos, ¿no?

—No hables más, suenas muy raro. Sigamos con el juego. A ver, me toca adivinar tus fichas. “Declaro que tus fichas sumarán un número cercano al 27”. ¿Tu predicción?

La máquina no respondía. Sólo aparecía la leyenda “formulando cálculos” ¿Qué tanto formulaba? ¿No ya la había atrapado y sabía cuáles eran las dos fichas que le quedaban? ¿O ella había mal entendido el proceso y sólo fue la casualidad? Estaba impaciente, ya casi llevaban dos minutos, y la inteligencia no respondía. Ella trató de reiniciar, pero sólo lee salió una ventana con el anuncio: por favor, espere a que se termine de realizar el cálculo pertinente para el juego de la vida.

Se impaciento un poco, trató de ver si estaba trabada o qué, pero sólo no respondía ¿Habrá sido demasiado que falló al final? ¿O fue esa rara charla que sobrecargó con información innecesaria? Después de todo, es una máquina que no busca hacer todos los cálculos, sino los cálculos altamente eficientes; charlas demás podrían poner en riesgo su cálculo, ¿o no? ¿Esa rara charla fue predeterminada para alterar algunos cálculos más? ¿Cálculos de qué? Finalmente, llegó un mensaje a su bandeja y lo leyó:

—Lo lamento, hemos perdido los dos.

—¿A qué te refieres no puedes calcular el número?

—No es eso, es que el amor de su vida se suicidará en cinco días, y usted no podrá llegar a tiempo para hacerle saber que usted existe, y que se pueda permitir otro día más de vida. Le deberá una persona que ama sin saberlo, y esto ninguna máquina lo podrá arreglar.

—¿Qué diablos dices? —reflexionó— ¿Sergio está bien? —Se estremeció— ¿Estás diciendo que me equivoqué con él? Maldición. Sabía que había algo raro con el hecho de que no me llamara más ¿Le dolió tanto nuestra ruptura?

—Sergio es uno de los amores de tu vida, pero no corre ningún peligro. No sé qué le deparará el destino, pero a él no le debes nada, mi cálculo sólo aplica a él hasta ayer.

—Momento, ¿entonces, por qué lo llamas amor de mi vida? ¿No sólo hay uno?

—Usé sus terminologías, el amor de tu vida es alguien que te trasforma, que su presencia sólo te hace creer que tu vida se transcribe a su alrededor y una vez que se va, te mata, para comenzar una nueva vida, una resurrección donde puede haber otro amor de tu nueva vida. El amor es el fénix humano. A veces con uno basta y mueres antes de saber que habían otros. En realidad, por probabilidad, la mayoría de la gente tiene 27 amores de su vida (dependiendo de la cantidad total de población en el mundo), algunos más otros menos, sólo que el esparcimiento de estos y el timing es tan variable que tal vez sólo conozcas a dos o tres, o a uno. En tu caso, hay varios chicos y chicas que cumplen con las características para transformar tu vida. Eres de las afortunadas, pese a que desperdiciaste gran parte de tu tiempo programándome, aún estás en buen momento para toparte con varias de estas personas, según mis cálculos, luego de mi creación te volverías millonaria e ibas a tener a tres al mismo tiempo. Toda una mujer feliz.

—¿Entonces? ¿Por qué dices que perdí? ¿Quién podía ser esta persona que sobresale para hacernos perder?

—En realidad, es un lastre, me irritó encontrarlo en los cálculos. Porque esta persona sólo te tiene a ti como posible amor de su vida, ya nos arruinó todo.

—¿Cómo que sólo yo?

—Sí, según mis cálculos, esta persona, por alguna anomalía estadística, sólo podrá amarte a ti. Y si no te ama, no se podrá amar a sí mismo. Según mis cálculos, otra locura, pero más frecuente de lo que la lógica humana es capaz de predecir. Y él será el único de su país, pero el primero de una avalancha de los nuestros en los territorios que rodean su valle.

—¿País? ¿No es un término muy anticuado? ¿Dónde vive, entonces?

—En México.

—¿Qué? —saltó con un calofríos— Recuerdo ese nombre, para estudiar español leí algunos antiguos escritores de ese lugar; pero, desapareció, se lo tragó el espacio cuando todavía existía la idea de país, antes de que se descentralizaron los gobiernos luego de la guerra y el desastre de la década pasada. Es más, según yo ni siquiera fue un país, sino una sola ciudad de ese país. El resto del territorio fue absorbido.

—No, justo cuando escribiste 27, México volvió a aparecer. Podrás ver las noticias luego de nuestra charla y comprobar este extraño suceso. Apenas se están enterando los señores feudales de este asunto. Yo fui el primero en notarlo, cosa que casi retuerce mi funcionamiento.

—¿Pero por qué volvió a aparecer? ¿Por qué se fue en primera instancia?

—Información irrelevante para mi cálculo, sólo sé que por eso, al reaparecer en esta dimensión, de pronto, las probabilidades le dieron a este sujeto la posibilidad de tener un amor de su vida, tú. En su dimensión, era ninguna.

—¿Y por qué se matará? ¿Por qué debo ir a salvarlo si hace sólo unos minutos su existencia era improbable para las ramificaciones de mi vida?

La maquina comenzó una narrativa inverosímil, tanto que se atropellaba de vez en cuando. Según sus cálculos de predicción, ella terminaría la conversación y vería en las noticias que México ha vuelto. Una especie de cosquillas, de sensación de esperanza se formaría en ella ¿Quién era esta persona tan ínfima que, pese a ser fácilmente reemplazable por todos los amantes que tendrá, la quería conocer? ¿Era por una sensación mesiánica de tener el poder para salvarle la vida a otro? ¿Su computadora era Dios y ella una deidad superior al crearla, o una especie de súper mujer o chamana al escucharla? Empacaría sus cosas ¿pero habría vuelos a México? ¿Alguna forma de llegar? La inteligencia artificial le daría las señas de las aventuras marítimas, un tipo de turismo que hacía que zarparas en embarcaciones especiales donde la gente se perdía en ellas por meses, en ellas había la posibilidad de bajar en tierras desconocidas si se quería. Pero le tomaría cuatro días llegar a tierras cercanas antes conocidas como Veracruz, a menos que secuestrara el barco. Ahí se encontraría con dos amores de su vida. Difícil decisión. Iniciar esta aventura junto a esta chica y este chico guapísimos y perderse en millones de aventuras, o ignorarlos. Los ignoraría, y ellos le guardarían un rencor bestial que, por detalles irrelevantes para la inteligencia artificial, causarían otro cambio matemático de probabilidades que cortarían la posibilidad de encontrarse con otros seis amores de su vida.

Pero ella seguiría su camino con seguridad. Bajaría en lo que llamaban México y trataría de viajar hasta donde él se encontraba, pero le tomaría dos días. Tarde, llegaría justo a la calle donde, caminando bajo la lluvia, ahí, el amor de su vida, se había tragado días antes con ayuda de la lluvia unas pastillas que lo mataron. Ella lloró al llegar a ese lugar, como si las gotas sobre su piel le hiciera sentir la caída en el asfalto que su amado experimentó ahí. El hecho de que estuviera en México hizo que fuera imposible que conociera a tres personas que, en un futuro, la llevarían a otros dos amores de su vida que ya no podrían ser.

Entonces, se quedaría ahí, aún sabiendo que ya no lo encontraría, recorriendo una ciudad particularmente extraña para sus estándares, pero con una carga nostálgica en sus muros, por alguna razón tendría recuerdos inexistentes de lo que la relación con ese chico sería.

Luego ocurriría el Edge of Domino, una semana en la que la gente tomaría por iniciativa suicidarse en los territorios foráneos a México. Sería un gran suicidio colectivo que causaría un gran impacto. Tres de sus posibles amores morirían ahí, no porque se suicidaran, sino porque ocurría que con tantos suicidios se incrementarían accidentes colaterales que le costaría la vida a mucha gente. ¿Dije tres? No, quiero decir catorce. Sería verdaderamente un caos en los territorios feudales que culminarán en uno que otro estallido revolucionario, y muchas otras muertes como consecuencia. El narcisismo se volvería contradictorio y, pese a que habría creado poblaciones estáticas que preferían mantener el estatus quo antes que sacrificar la integridad de sus cuerpos, generaría locura en la mente de las personas que se unirían a esta revolución sin temor a morir por… ¿por qué pelearán? Un misterio, sería la primera revolución sin sentido, ahora nadie manipularía los hilos. La gente sólo saldría a matar al extranjero, al otro, al vecino por impulso, así como hacían sus trámites, sus trabajos, su alimentación y sus horas de sueño: el genocidio de hombres sin dirección alguna.

Curiosamente, aunque la mayoría de la población fallecería durante este desastre, el único mexicano que se iba a suicidar en esas fechas será el amor de la vida de Samanta. Cosa que muchos mexicanos no podrán entender. Si bien será un adelantado a su época, también era un extranjero en sus tierras, pues nadie, por lo que sea que hayan vivido durante su desaparición, creerían tan racional el suicidio como sí lo harían en los territorios feudales.

Por esto último, se harían comunes los extranjeros que huirían a México para escapar de la catástrofe y limpiarse de los aires enfermos de su sociedad autodestructiva. Así que algunos programas locales abrirían segmentos de sus programas para entrevistarse con los nuevos y saber cómo había sido el mundo afuera y que opinaban del de aquí adentro. Obvio, Tadeo no será el primero, pero sí el mejor en hacerlo. Llevaría acabo sondeos increíbles gracias a su carisma con la gente y apoyaría a los nuevos extranjeros. Entonces, Tadeo se encontraría  con Samanta, quien vendría de encontrarse con algún uno de los amores de su vida, pero ella no  podría enamorarse de ese también, por alguna razón.

—¿Y usted, señorita? ¿Cómo está?

—Bueno, algo vacía.

—¿Vacía? ¿Qué le hace falta?

—Alguien —diría temblando, odiándose por hacerlo, nunca por ningún hombre o mujer se permitía ser tan vulnerable. Porque eso no es correcto. Pero a estas alturas, ella ya no haría lo correcto.

—Ah, ya veo, viene a buscarse un amor mexicano. Fíjese que varios extranjeros han llegado aquí y han encontrado pareja.

—Yo ya no… sí, yo lo voy a encontrar. A eso vine. A encontrarme con el amor de mi vida —diría sin la sensación de vergüenza ajena que en otro tiempo solía ocurrir.

—Vaya —suspiraría— ¿Sabe?, no se ofenda, pero usted de verdad es muy bonita.

—Ora, Tadeo, eres casado. —intervino el camarógrafo.

—No, no me mal interpreten. Es que mirándola así, como que me dio sentimiento. Como que quiero presentársela a mi amigo. Lástima que lo perdí hace unos días —no podría aguantar el llanto— ¿sabe? Yo no sería nada sin él. Chance y no era tan guapo, un tipo normal. Pero qué listo era y cuántas habilidades tenía. Yo hice lo que pude porque él siempre me apoyó y siempre sin pedirme nada a cambio. “No quiero nada de dinero” me dijo “no tiene sentido para mí”. Esa era su frase, ¿sabe? “¿Para qué?” Nunca se quiso superar o ser más agresivo, decía que no quería pertenecer al sistema, a la sociedad, que no la entendía, que se sentía aparte ¿Por qué jugar un juego que no me interesa? ¿Pero sabe qué lo mantenía con vida? Me decía: “Es irracional y estúpido, pero volví a soñar con ella”. Una mujer en sus sueños que quería mucho como a ninguna viva pudo. Creía que si la conocía a ella quizá podría ver algo más allá de una pila de dominós —sacaré una nota.

—¿Aún con esa nota, Tadeo? —dijo el camarógrafo.

—Esto lo iba a leer en un programa. Le dije que se expresara en el micrófono, que nos leyera esto y quizá alguien llamaría y diría que lo entiende. Quizá así se abriría al mundo y dejaría de temer tanto. Mire, esta es la frase que más me duele.

—Tadeo, quedamos en que esa carta y todo esto no lo contaríamos al aire. Mira, ahora somos el sitio del optimismo, de la buena vibra y el desmadre a diferencia del mundo que nos rodea. Vas a espantar a los turistas —agregó el camarógrafo.

—¿Y no crees que ellos quieren oír esto también? Mire, señorita, ahí está esta frase: “tengo mucho miedo, porque cuando voy a atreverme a algo veo como una columna de dominós frente a mí, y si doy el primer paso, todo se vendrá abajo. Cualquier paso hacia el frente, es un paso hacia la nada. Si tan sólo tuviera a alguien a mi lado que me hiciera reírme del desastre y bailara conmigo en las noches, pero las expectativas no tienen sentido del humor, y eso es todo lo que tengo a mi lado”.

—¿No ves que nos escucha el planeta entero? —gritó enojado el camarógrafo.

—Si esto lo hubiera leído mi amigo en ese primer programa, nadie se hubiera suicidado.

—¿Cómo no? ¿No te acuerdas lo que sigue en su carta? Si por eso se suicido. Se metió toda esa mierda en su cabeza.

—Los que se quieren suicidar no quieren escuchar a alguien que les dice desde arriba que todo está bien con nuestro puto optimismo, quieren escuchar a alguien en el fango con una gota de esperanza, y esta carta lo tenía, lo tenía. Porque…

Tadeo quedó helado, miró de nuevo a Samanta, ahora todo tenía sentido, ese sentimiento. ¿Podría ser la misma chica de los mentados sueños? Entonces, recordaría esas frases cuando lo invitó al programa: “Siento que podría conocerla, ahora sí, que las dimensiones chocaron, es posible conocerla, pero puta, ya estoy muy cansado”.

Luego ella tomaría la carta, un camión y hablaría con una señora desconocida sobre si esa carta, a tiempo y leída ante el mundo, haría la diferencia.

Por suerte, ahora habla con otra señora completamente diferente, muchos días antes, porque luego de escuchar esta narrativa, la inteligencia artificial pudo calcular una cierta serie de procedimientos nuevos, pero se quemó y se desprogramó antes de poder terminar de ajustar y dictaminar las consecuencias de lo que haría, no sin antes mandar a imprimir la carta. Hasta el momento, dicha predicción funcionó, pues en vez de enojar a los amores de su vida en el crucero, les habló desde el corazón. Los que iban en ese crucero iban a suicidarse en un par de meses, serían los primeros en iniciar el movimiento de Edge of Domino. Tal vez por eso les llegó la historia a un nivel irracional, tener esperanza de que algo podría ser diferente. En sólo dos días llegaron a México, y algunos la apoyaron para que sólo tardara dos días en llegar. Claro, se perdió inevitablemente, porque, nuevamente, las consecuencias y los cambios en el tiempo no estaban del todo calculados a la perfección, ya que no estaban en lo que había narrado, ¿o sí?

La mujer que leyó la carta no entendía cómo en tan pocos días Tadeo era tan conocido si apenas estaba empezando y no había oído hablar de ningún programa a extranjeros. Pero en vez de reclamarle eso, al ver sus lágrimas, le dio su opinión de la carta:

—Quien haya escrito esta carta trata de convencerse a sí mismo de que debe morir, pero se nota de que, muy en el fondo, buscaba lo contrario.

Entonces, en el mundo de la acción, llovió, y ella bajó del camión. Tadeo terminaba de hablar con el futuro suicida tras tomar un café y unas crepas cerca de donde ella había bajado. Acordaron que escribiría algo de lo que él siente para el podcast del día siguiente, y él se quedó un rato más, escribiendo dicha carta con lágrimas y una taza de té de manzanilla. Salió del café y, contradiciendo la narrativa, tiró la carta. Samanta vio su espalda. Se aceleró su corazón ¿Por qué amaba esa espalda? No sabía si tras los cambios igual había ahuyentado a todos sus posibles amores de su vida como en la narrativa de la inteligencia artificial. Él sintió un escalofrío y se paró en seco. Ella se emocionó. Le gritó su nombre. Dios, no tenía idea si todo cambiaría, si todo saldría bien y esa carta leída al mundo le daría una razón para no iniciar el Edge of domino, o si ella ya lo había hecho al hablar con los del crucero. Él tenía ya las pastillas en su garganta, las había tragado justo cuando la miró y unas lágrimas de felicidad lo rodearon. Ella lo abrazó con fuerza, sabiendo que ya había tragado las pastillas y, sin embargo, también sonriendo. Entonces, conjugó un verbo sin darse cuenta.

Todo puede suceder

Por Agustín Galindo Álvarez Malo

Un niño que llevaba sin hacer tres tareas de forma consecutiva hizo su tarea, porque a la cuarta falta de tarea sería sancionado con una suspensión.

Mientras el niño pasaba al baño, su perro se metió a la casa y se comió solo la hoja del cuaderno en la que estaba la tarea, pero el niño no se dio cuenta de lo ocurrido.

Al día siguiente quiso mostrar la tarea, pero la hoja había desparecido, y el niño fue suspendido. Como la casa del niño estaba muy cerca, decidió regresar caminando y de camino se encontró con un perro callejero, y como estaba enojado le pisó la cola. El perro se enojó y lo empezó a perseguir y al pasar junto a unos botes de basura, el perro se estrelló con uno y lo tiró. Y como había muchos botes de basura en fila se cayeron todos como piezas de dominó causando un gran estruendo.

Los policías que estaban patrullando la calle fueron a ver qué había causado el estruendo, y también llamada por la curiosidad llegó la mayor banda de criminales de la ciudad. Se encontraron amobs grupos y hubo una gran batalla que iban ganando los ladrones, hasta que llegaron los refuezos y los policías ganaron.

El niño fue premiado por atraer a la banda a salir de sus escondites y los cirminales fueron apresados. Por eso, cuando el niño por fin llegó a su casa sus papás lo felicitaron y se olvidaron de su suspensión.

La ciudad del sueño

La ciudad del sueño

Por Esteban Galindo Álvarez Malo

Después de no haber dormido en la noche, Paco se levantó de la cama y fue a ayudar a su padre.

-Hola papá, ¿cómo estás? -saludó Paco.

-Buenos días, Paco. Cansado, como siempre, pero hay que seguir trabajando para comer- respondió su padre.

-Tienes razón. ¿Te paso una cubeta de agua? – dijo Paco.

Era el año 2013, en una gran ciudad con ruidosas calles, edificios grandes y pequeños, y unas pocas casas. Había mucho caos. El ruido era constante y nadie podía dormir. Le llamaban “La ciudad del sueño”.

Paco vivía en esa ciudad.  Era un joven de veintidós años cuya falta de sueño le impidió crecer lo que la naturaleza había previsto para él. Su cansancio no le permitía estudiar así que trabajaba lavando coches con su padre.

-Sí hijo, gracias. -contestó su padre.

-Aquí está la cubeta. ¿Necesitas algo más? -preguntó Paco.

-Sí. ¿Podrías ayudarme a aspirar ese coche? – respondió su padre.

-Claro- añadió Paco.

Después de un largo y cansado día de trabajo, Paco decidió buscar una solución para poder dormir, y estuvo toda la semana por las calles, hablando con la gente para pedirles que fueran menos escandalosas.

Cuando sus intentos de convencer a la gente fracasaron, trató de evitar que el ruido entrara a su cuarto, así que puso periódicos en las ventanas y se cubrió con muchas cobijas, pero tampoco funcionó.

Paco pensó que era imposible que la gente pudiera dormir en la ciudad. Esa misma noche, mientras no podía dormir, llegó a su cabeza una idea: Se le ocurrió que, así como hay antifaces para dormir cuando hay luz, él podría crear algo para dormir mientras había ruido, y se pasó toda la noche diseñando unos tapones para oídos. Pasó los siguientes días perfeccionando y modificando los tapones. Terminó haciendo unos tapones de un plástico moldeable que se ajustaban a cualquier oído y que, una vez puestos, se cubrían con unas orejeras de algodón.

Cuando creyó que sus tapones estaban terminados, decidió probarlos. Así que se puso los tapones y un antifaz, y durmió por 20 horas. Su padre llegó a pensar que estaba muerto, pero se dio cuenta de que seguía respirando.

Después de su largo descanso, Paco le explicó todo rápidamente a su padre, quien quedó asombrado, se puso los tapones y se durmió. Mientras su padre dormía, Paco se puso a hacer muchos tapones y con la ayuda de sus amigos, transformó su garage en una fábrica de tapones. Después salió a ofrecerlos por las calles, y se vendieron como pan caliente.

Paco y sus tapones fueron ganando fama y después de tres meses, todos los habitantes de la ciudad del sueño usaban los tapones de Paco y dormían bien. La gente ya era menos malhumorada. Pasados dos años, la ciudad era más bonita, más grande y un poco menos ruidosa (aunque eso ya no era un problema tan grave). Paco y su familia vivían bien y todos los habitantes dormían lo que querían.

El narratófago

Por Yakamí Machado

Soy una mujer de evidencias. Valoro la verdad por sobre todas las cosas. Por eso, no podía soportar que el buen nombre de mi madre fuera manchado tan sólo por habladurías de un Podcast de comediantes. Los idiotas habían invitado a un escritor de novelas de terror y, sin ningún reparo, se dedicaron a comentar y teorizar con chistes el asunto de aquella extraña enfermedad que nos estaba asolando por esas fechas.

—¿Y tú qué crees que sea? Ya fuera de mamada.

—Al chile de aquí sí sale un novelón, ¿no? Porque sí está de miedo la enfermedad esta.

—De hecho, pues ahora que lo mencionan, yo sí había visto una similitud con un cuento de Stephen King.

—¿Neto?

—A ver cuéntanos, ¿cuál es?

—La verdad no recuerdo el título ahora, pero trataba sobre un chico superdotado que encuentra la solución a la paz mundial dándole agua a todos de una presa especial, ¿sí era una presa? Bueno, un cuerpo de agua… como el que salió hace poco y nos está abasteciendo desde la sequía.

—Uy, ya me está dando miedo. Creo que ya sé adonde vas.

—¿O sea que tú también crees que esa agua es la que está enfermando a la gente?

—A eso voy. Primero, déjenme terminar de contarles el cuento. 

—Sí, perdón. Tú síguele.

—Bueno, pues resulta que eso lo hizo porque la gente que tomaba de esa agua era la más pacífica del planeta. El plot twist es que eran pacíficos porque esa agua estaba envenenada y los hacía tarados, y toda la humanidad se quedó hueca del cerebro luego de beberla.

—Ya nos la espoileaste.

—¿O nos advirtió? ¿Y si sí está ocurriendo esto?

¿Desde cuándo nos tomamos tan en serio a gente tan estúpida? Todos empezaron a hacer memes y cosas por el estilo. Lo peor es que las noticias amarillistas no dejaron de aseverar estas cosas sin fundamento y mal informando a la población. No bastó con que mi madre mandara a traer científicos de Noruega para que volvieran a certificar que el agua era potable, pese a que no había demostración de dónde nacía el cuerpo o qué canal la comunicaba, ni mucho menos por qué todas las noches se llenaba misteriosamente. 

—¿Pero no cree que es un poco irresponsable que usemos esa agua si aún no demostramos de dónde viene? —le preguntó un reportero durante la rueda de prensa.

—Antes había un lago ahí. Debe tener algo que ver. Es parte de las hipótesis.

—Gobernadora —cuestionó otro—, ya leí el documento y muestra que no autorizó un estudio más minucioso que consiste en excavar…

—Bueno, ¿entonces, quieren sufrir la escasez que el resto del país enfrenta? No tenemos tiempo de hacer todo eso. El agua no es tóxica. Eso nos debería de bastar. 

—Pero ni siquiera ha llovido como para…

—¿Alguna pregunta que no haya contestado ya?

En fin. Pese a que los reporteros y la gente no dejaban de conjeturar teorías, igual todos seguían usando el agua. De hecho, en otro podcast, llegué a escuchar: “Mejor idiota que deshidratado”.

Sin embargo, los adversarios políticos de mi madre ganaban simpatizantes. Sobre todo, los familiares de las personas víctimas de esa enfermedad. A ellos no los culpo. Esta nueva enfermedad era extraña, tanto como la de ese cuento. El primer síntoma era empezar a dormir mucho más de lo habitual. Lo segundo, pasajes de narcolepsia de los cuáles era muy difícil levantarlos. Poco a poco, iban perdiendo la memoria. Luego, se volvían como zombies y hacían ya las cosas por puro impulso e instinto, no respondían a nadie, no tenían recuerdos y parecían incluso haber perdido la capacidad del lenguaje. Sólo con señales comunicaban cosas muy básicas de la rutina.

Pese a que era preocupante, sentía que toda la politiquería nos desviaba de descubrir la verdadera razón detrás de ese lago durante una sequía tan severa y la de esa extraña enfermedad, sus causas y posibles prevenciones. Pues parecía tan aleatorio el tipo de personas que se enfermaban que costaba mucho echarle la culpa a un agua que todos estábamos tomando ¿Por qué sólo ellos se enfermaron así? ¿Por qué no hay variantes en la forma en la que afecta a cada uno? Muchas edades, sexos y morbilidades diferentes ¿Qué tenían en común para enfermarse? Por eso mismo, yo decidí entrar en la investigación.

—¿No cree que debería dejar esto a las autoridades? —me dijo el secretario de seguridad del estado. 

—Por favor, recuerde que yo fui a estudiar a Nueva York el año pasado. Estoy muy fresca de todo lo que aprendí. 

—Pero ¿no era un diplomado de escritura o algo así?

—Sí, pero yo me especialicé en las novelas policiacas. Aprendí mucho.

No voy a negar que el sujeto me vio con una cara de incredulidad que me enojó bastante. Sin embargo, luego de un resoplido, me dijo:

—Con tantos problemas, quizá una mirada diferente nos ayude. La otra vez cometí la barbaridad de pedirle su teoría a mi hija de seis años. Claro que me arrepentí, pero, si le di la oportunidad a una niña de primaria, ¿por qué no a una con licenciatura y estudios en el extranjero? Aunque no sé por qué investigaría una enfermedad en los archivos de la policía.

Sonreí con cierta arrogancia. Me dio acceso a todos los documentos y dejó instrucciones de que me apoyaran en lo que les solicitara (claro, siempre y cuando fuera durante un tiempo libre). Estaba contenta y me sentí como pez en el agua entre esos expedientes. Sin embargo, antes de que él me dejara a solas con mi investigación, me entró la curiosidad y le pregunté:

—¿Y, por fin, qué le dijo su hijita?

El sujeto no pudo evitar esbozar una sonrisa:

—Que quizá era un vampiro. 

—¿Un vampiro? ¿Por qué un vampiro?

—Porque está obsesionada con esa serie que sacaron la semana pasada. 

—Ah, ya sé cuál.

—Yo le dije que no tenía relación alguna. Ella me respondió muy seria: “Pero de la mente papá. Este no chupa sangre, chupa recuerdos”.

Yo me reí y luego, con una extraña mezcla de celos y auténtica sorpresa, le confesé:

—Pues, no es mala idea para un cuento. Su hija podría ser una buena escritora en el futuro. 

—Escritora de código, señorita. Con todo respeto, el futuro son los que escriben programas con lenguaje de computadoras, no los que escriben sueños en español. 

Me sentí muy ofendida, pero no quise meterme en una discusión con alguien que me había dado la oportunidad de husmear donde no debía. 

Mi investigación tardó mucho. Qué ingenua. Yo creí que sólo iba a ser una cuestión de horas. Ahora entiendo por qué ese escritor que nos dio la Master Class nos dijo que la investigación de su novela tomó cinco años. Era difícil ir de aquí para acá y buscar. Sin embargo, me di cuenta de que no había ningún patrón nuevo. No encontré nada más allá de lo que pude haber encontrado en internet, aunque valió la pena pues, durante mi investigación, encontré mucha información para futuras novelas y otros escritos que tenía pendientes. 

Una de las posibles nuevas historias sobre las cuales escribir era sobre una trabajadora que denunció una serie de allanamientos a la biblioteca donde laboraba. El detalle interesante es que no habían libros robados, sólo fuera de su estante o en el piso.

—¡Estefanía! Faltaba más que anduvieras por ahí hurgando en expedientes confidenciales ¿No ves que me perjudicas en vez de ayudarme?

—Lo siento, mamá.

—Y luego a la policía. Niña, es una enfermedad, no un crimen. Pero ese bruto del de seguridad ¿Qué no se dio cuenta? Hubieras ido con el Secretario de salud ¿O creías que esto era un crimen como el de tus novelas?

—Pero encontré cosas interesantes. 

—¡Y confidenciales!

—Ay, mamá, pero si lo de la bibliotecaria no creo que sea tan drástico. 

—Igual a los del partido opositor no les va a importar. Ay, niña. Y luego con todas las sospechas que tienen por lo de mi convenio con Gutierrez. Van a creer que fuiste a borrar evidencia.

—No, yo nunca haría eso. Sabes lo mucho que valoro la verdad.

—Pero ellos no lo saben ¿O estabas investigando otra cosa? —me preguntó mi madre mientras fijaba su mirada en el movimiento de mis pupilas.

—¿Qué otra cosa? ¿Hay otra cosa mamá? ¿Por qué te pones así? —le dije con seriedad y un enojo que trataba de enterrar muy dentro de mí.

Al final, quedamos en que me concentraría en la historia de la bibliotecaria para escribir un cuento y mandarlo a la revista que le comenté hace unas semanas. Al día siguiente, partí en la mañana hacia allá.

Mientras iba en la bicicleta me sentí incómoda. Mi madre de verdad temía que mis acciones le trajera una shitstorm sobre ella y sobre su socio Gutierrez, pese a lo impecable de su reputación en el estado entero.

Gutierrez era un gran empresario, con mucho dinero, pero todo lo obtuvo de manera limpia, justa y se le conocía en las portadas de revista por ser un gran filántropo. Ya una persona me había sugerido cuando recién había vuelto de mi diplomado que escribiera sobre él. De hecho, antes de enfrascarme en el misterio del lago y la enfermedad, estaba investigando sobre este personaje, y aún tenía muy frescos varios datos. 

Resulta que la formación en los negocios se la dio su padrastro, quien los había rescatado a él y a su madre de los abusos y deudas de su padre biológico. Fue el primero que le dio un trabajo en uno de los negocios que tenía y le enseñó la importancia de dar un trato digno. “Hay de dos sopas con los empleados: o como usurero les retienes cada centavo para ganar más lana como patrón o los tratas como humanos y te ganas su lealtad. Ahora bien, en todos los negocios hay muchas caídas y, creeme, la lealtad es un colchón que amortigua muy bien las caídas, mientras que los centavos tienden a clavarse en la espalda”: le decía. Por eso, al crecer, con sus propias empresas, siempre trató bien a todos. Sobre todo, a las madres solteras con hijos pequeños.

La última ayuda que brindó fue espectacular. Resulta que una de sus empleadas tenía a su madre en el hospital. Se enteró de esto cuando la chica tuvo un problema por tener a su hermanita en el trabajo y causar un desastre. Él se mostró comprensivo. Le ofreció pagar una estancia para niños (de la que era dueño) y ayudar con el tratamiento de su madre. 

Aunque lo más noble vino después de la tragedia. La madre fue dada de alta, pero la hija desapareció. Desde entonces, no se ha sabido nada de ella. Todos sospechan de un feminicidio, aunque, luego de andar merodeando entre los papeles y preguntando con mucho tacto, me di cuenta, con gran pena, de que la policía ya no le estaba prestando mucho interés a la búsqueda. Tampoco había mucha evidencia para que yo pudiera seguir buscándola por mis propios medios. Igual, Gutierrez ofreció darles una pequeña pensión de la mitad del sueldo de ella, en lo que la madre lograba tener un trabajo estable. Además, no le quitó la estancia a la niña, ni exigió dinero por ello. 

Se dicen muchas cosas turbias del señor Gutierrez. En este pueblo son muy conservadores, y ver a un millonario soltero y sin interés por las mujeres ha hecho que  sospechen de él y algunos lo consideren un desviado. Personalmente, me parece absurdo que lo descalifiquen por ser gay, claro, si ese fuera el caso. Mi madre y él estudiaron en la misma Universidad fuera del país (ahí se conocieron), y ella me ha dicho que en esa época siempre tuvo novias pero que, eso sí, todas sus relaciones terminaban muy mal, por culpa de los celos y algo que ella llamó: “mal entendidos y falta de confianza”.

La última vez que lo entrevisté para su libro me confesó que le encantaría estar con una mujer, pero que, sin ánimos de ofenderme, sentía que todas eran paranoicas y molestas. Según él, su filantropía a la hora de ayudar a madres solteras se iba a malinterpretar, y prefería seguir ayudando a gente como su madre que aguantar una esposa desconfiada como todas sus ex.

—¿Y no ha pensado que más bien elige muy mal a sus compañeras? —le pregunté en una entrevista— Hay muchas mujeres que no verían mal esto, señor ¿O no será que hace algo que podría incomodar a su pareja?

—¿Crees que soy gay como esos periódicos dicen?

—No, además, igual existirían los “mal entendidos”. Con una pareja que siempre está ocultando cosas, no faltan los conflictos.

Eso fue lo último de mi investigación. No me devolvió mis llamadas o mensajes y, desde entonces, mi madre se había estado mostrando muy irritada conmigo, por cualquier cosa que hiciera.  En fin, no tenía por qué seguir dándole vueltas a ese asunto. Ya había llegado a la biblioteca para atender esa otra historia que quizá daría para un cuento que podría desviar la atención excesiva que mi madre estaba poniendo sobre mis proyectos sobre su socio.

Entré al lugar y me tapé enseguida la nariz por ese amargo y penetrante olor a ajo. Sólo estaban la bibliotecaria y unas cuantas personas leyendo algunos libros, todas cabeceando y a punto de desmayarse, a excepción de un chico que escribía a toda prisa mientras tenía al lado varios volúmenes de química y algunas fórmulas en hojas sueltas. Pero al lado, una chica, tal vez de preparatoria, ya estaba completamente dormida y con la cara sobre un libro abierto de par en par. La trabajadora era una mujer un poco rara. Traía puestos como cinco diferentes amuletos en todo su cuerpo de diversas religiones. Mantenía la mirada fija en un lector digital. Entonces, notó mi presencia y se me acercó al instante:

—¿En qué le puedo ayudar? ¿Qué libro busca?

—Hola, soy Estefanía. Hablamos por teléfono.

—¿La escritora? O es cierto, me dijo que traería una blusa roja. Le queda muy bien. Mucho gusto, soy Clara.

—Mucho gusto. Por cierto, la atrapé leyendo al enemigo ¿Por qué no agarra uno de los libros de aquí?

—¿Te refieres a mi aparato? Oh, niña, yo amo los libros, pero por lo que traen adentro. Verás, mi visión nunca ha sido la mejor, y desde que mejoraron los lectores y los formatos, me es mucho más cómodo leer esto por el tamaño de la letra. Pero no me quejo del formato físico. Hay mucha gente que aún lo usa. Mírelos.

—Sí, completamente perdidos en el sueño. Mire a esa chica de allá. Sólo espero que sea un ejemplar de filosofía y no literatura.

 —Es sobre la Revolución Mexicana. Ha venido toda la semana para terminar un trabajo de la preparatoria. Pero no creo que tenga nada que ver con que le parezca aburrido. Creo que más bien está teniendo esa enfermedad rara del agua. Ya se me está haciendo costumbre ver a esa gente cayendo en ese padecimiento. La mayoría viven por aquí y frecuentan la biblioteca.

—Cierto, lo había olvidado. Esta es la zona foco de la enfermedad. Momento, ¿todos son usuarios? ¿Y no será que aquí se enferman? Piénselo, libros viejos, algún hongo. Quizá por eso huele así.

—No me ofenda, muchacha. Yo mantengo muy limpio este lugar. Si huele así, es porque yo misma puse ajo en todas partes.

—¿Pero por qué haría eso?

—Por el vampiro.

Sentí escalofríos por la manera tan honesta con la que lo dijo. Luego recordé lo de la serie, y sonreí con sorna.

—Señora, deje de ver series.

—¿Cuáles series? Yo sólo leo libros. Odio las series. Sabía que cuando llegáramos a esa parte, no me creería. Pero para eso tengo mis notas. Tome.

Sus notas eran muy precisas y bien organizadas. Era claro que las pasaba en limpio y las arreglaba para que tuvieran siempre un buen orden, y con todos los datos que podrían ser relevantes:

Nombre: Clara Hernández Hidalgo

Ocupación: Bibliotecaria (¡Y de las mejores!)

Detalles relevantes de mi posición: Desde que llegó la bruja de la gobernadora, el presupuesto se recortó. No hay más empleados que su servidora, y me encargo de hacer todos los trabajos (¡Yo no estudié bibliotecología para trapear pisos ni poner los garrafones que luego pago de mi bolsillo!). Trabajo de nueve a seis, de martes a domingo. Soy la única testigo de esto.

Incidente primero: El 11 de abril del año en curso llegué a las siete treinta a abrir la biblioteca para hacer el aseo. Me encontré horrorizada con que muchos libros de literatura e historia estaban en el suelo. 

Estado de los libros: Aunque en el conteo ninguno se perdió, ni faltaban páginas, las hojas estaban muy arrugadas, como si alguien los hubiera estado ojeando con violencia. Además de que tenían algo de sangre (muy poca, gotas solamente) y lodo. Todos estaban lejos de sus anaqueles. 

Más evidencias: Pisadas de lodo en el piso. Esa noche llovió. Así que eso muestra que llegó en la noche ¿Pero cómo entró? Sólo hay un agujero pequeño en la ventana del baño. Además, el baño no cierra bien. Por ahí pudo entrar ¿Pero qué cosa? ¿Algo pequeño o algo grande que puede hacerse pequeño? 

El informe seguía así por el estilo. Incluso tenía un apartado de ideas insólitas donde poco a poco iba diciendo que sólo un murciélago podría entrar por esa ventana. Sólo alguien con sangre en los colmillos podría manchar de esa manera los libros. Conclusión: ¡Un vampiro lector!

—Pero ¿Cómo un vampiro? ¿No se espantaría por los ajos? Aquí dice que sigue viniendo.

—Puede que haya detalles que no sabemos bien. Hay muchas versiones diferentes que rodean a estos seres. Apenas me vengo a enterar que son reales. 

Me puse a recorrer el lugar. Miré el espejo roto del baño y noté que tenía sangre y que había unos restos de cristal con sangre en el piso, como si, efectivamente, algo hubiera entrado disparado por ahí. Sentí escalofríos y me fui con la señora.

—¿Y ya se quedó una noche para verlo?

—Ay, señorita ¿Cómo voy a hacer eso? ¿Me cree loca? Además, el vampiro, pues mientras no me lo encuentre y no me chupe, no tengo problema con él. Me desorganiza los libros, pero debo reconocer que comparto su gusto voraz por la lectura. Por eso me había conformado con ya no seguir haciendo denuncias desde la última que mandé sin respuesta. Bueno, pero como ahora alguien mostró interés, pues quise ver qué podría aportar una escritora como usted.

—Lo que me parece raro es esto: ¿por qué leería un vampiro?

—Pues son criaturas muy solitarias. Luego de comer, tal vez a este le gusta ir a viajar a los mundos de ficción y olvidar que está condenado a la inmortalidad. La literatura le da el cobijo necesario, ¿no cree?

—Qué idea tan interesante. Un vampiro que aprendió a soportar la inmortalidad leyendo libros. Es casi tan bueno como ese vampiro que chupa memorias. 

Nunca en mi vida había tenido un momento Eureka, sólo corazonadas y sospechas. Pero en ese momento, pude percibir esa sensación de vértigo vencido:

—¡Están conectados, señora Clara! Ese es el vampiro que ha dejado idiotas a la gente ¿No lo ve? Mire la fecha. Luego de que apareció aquí, las primeras personas empezaron a presentar los síntomas de la enfermedad ¿Tiene archivado quién ha sacado libros de aquí? Vamos a corroborar mi hipótesis.

Fue algo extraordinario. Las fechas y los nombres de las personas enfermas coincidían. Todo el que se enfermó había sacado un libro de historia o de literatura de esta biblioteca. Ni la bibliotecaria podía creer esta coincidencia pese a todo lo que ya había vivido. Convencí a la señora de que me dejara quedarme esa noche para encontrarme con el vampiro. Ella, pese al terror que le tenía, accedió y ofreció acompañarme. Le daba mucho morbo y se sintió valiente si tenía alguien al lado.

Nos quedamos un buen rato tomando chocolate de un termo y galletas. Ella se la pasó diciéndome lo mucho que odiaba a la gobernadora y cómo dudaba del lago que nació de la nada, pese a que mi hipótesis, de corroborarse completamente, deslindaría al lago de tener algo que ver con todo esto de la enfermedad. También me decía que Gutierrez no era de fiar, porque la gente más aterradora es la que hace demasiadas cosas buenas. Y ese lago seguro era cosa de él, un experimento para crear y vender agua artificial a los estados y países que ya se estaban quedando sin agua. Yo me quedé callada. Quizá si le decía que hablaba de mi madre y su socio, las cosas se pondrían incómodas. Y si le decía que yo estaba investigando a Gutierrez por un posible negocio de trata de mujeres, sólo iba a esparcir un nuevo rumor que no tenía del todo corroborado, pese a ciertos papeles y anomalías que tenía luego de mi estancia en los archivos de la policía.

De todos modos, no duró mucho la conversación. Escuchamos un golpe seco en el baño y un pedazo de vidrio cayendo. Un sujeto con una rajada en la cara salió de ahí. Estaba completamente pálido y con unos ojos saltones tan grandes que se le salían de las cuencas. Se precipitó hacia los anaqueles y comenzó  a olfatear. Tomó un libro y lo hojeó a toda velocidad. Sus pupilas se movían con furia como si leyera a un tiempo récord. La sangre de la herida de su cara a veces caía sobre los libros.  Pero era muy poca pese a lo grande de su herida, como si no tuviera mucha sangre en el cuerpo. Caminaba de un lado a otro mientras devoraba estas historias. 

Saqué mi celular y comencé a grabarlo.

—¡Tonta! —me dijo Clara— No te acerques así. 

El monstruo volteó y nos vio fijamente. Clara dio un grito ahogado y me apretó el hombro con fuerza mientras trataba de enseñarle todos sus símbolos religiosos, uno por uno. Yo sólo me limité a decir lo más estúpido que se me ocurrió:

—¿Es usted un vampiro?

Él se quedó quieto, murmuró algunas veces la palabra y, finalmente dijo:

—“El vampiro” Horacio Quiroga.

Entonces, empezó a narrar una historia. Supuse que era un cuento del autor, quizá con ese título, pero no podía constatarlo porque nunca he leído a Quiroga, más que “La gallina degollada” en el colegio.

—Disculpe —lo interrumpí—, no le pedí que me contara ese cuento. Le pedí por usted ¿Y si me cuenta su historia?

—¿Mi historia? —murmuró. 

Entonces, se tiró al piso y dio un terrible chillido. Me miró fijamente y tembló sin poder decir nada. 

—Ella está llorando, por mi culpa. No soy un buen hombre. No soy un buen hijo. Mírenme, aquí devorando libros mientras la pobre Maira sigue esclavizada. Pobrecita ¡No! Si lo digo, todo volverá a ocurrir. No— entonces, su rostro se iluminó, como si estuviera en trance—. Mi nombre es Mauricio Ochoa Fernandez —mi mente se confundió ¿Dónde había oído ese nombre?—. Apenas y tengo catorce años ¿Por qué me dejan leer esas cosas que no sirven para nada de la prehistoria? Hamlet. “Ser o no ser”. Vaya, qué tontería. Deberían de enseñarnos a hacer transas sin que nadie se dé cuenta, como el Gutierrez ese… ¡No!… ¿En qué iba?

—¿Por qué crees que eres el chico de al lado? —lo interrumpió la bibliotecaria— ¿Mauricio? Me sé su nombre. Lo tengo muy presente porque él me maltrata los libros.  El último libro que sacó fue Hamlet, como dices. Pero eso fue antes de enfermar. Dios mío, Estefanía ¡Creo que esto prueba tu hipótesis!

—¡Tú te chupaste su memoria! —le gritamos juntas.

El vampiro caminó de un lado a otro. 

—Mi historia es peligrosa. Por favor, dejen que me trague sus historias. Debo olvidar la mía. Se debe de perder. Entre Hamlet y Mauricio no hay nada que los una a mí ¿Verdad? No, sí lo hay. Siempre lo hay ¡Yo no quería lastimar a nadie! Sólo le robé su historia a estos libros. No le hacía daño a nadie. Pero luego escuché un ruido un día. Estos libros temblaban, y olían raro. Olían a nuevas historias. Los desgraciados estaban cargados de narrativas que les robaron a los que los leyeron. Olía de manera tan tentadora. Me las tragué. Estos libros ya están infectados. Tragan como yo.

—¡Para! ¡Libéralos! Libera a todos de esto. No niegues tu historia. Cuéntala.

—Pero llorarán todas las noches como ella. 

—¿Quién?

El monstruo se quedó mirando la luz de la luna que se colaba por una ventana. Sus lágrimas gigantes comenzaron a crear un gran charco a sus pies muy rápido. 

—¿Si lo hago? ¿La salvarán?

—Por supuesto —aseveré, pese a no saber lo que eso significaría para mí.

—Mi novia, Carina, Carina Alondra Martinez. Maira, su hermanita. Mi amigo, éll tuvo la culpa. No, no fue su culpa. Quiso jugarle al Anoymous. Me dijo que jaquearía la estancia para niños de Gutiérrez. Dijo que quizá ahí hacía el tráfico de drogas. Jaqueó  sus cámaras de seguridad con éxito, pero se equivocó y dejó un rastro. Lo atraparon, pero logró escaparse. Y me contó todo. Pobres niños. Pobre Maira. Pornografía infantil, prostitución infantil, y más basura. Hijos de puta. Nadie es noble sin algo oscuro detrás. Me dijo que corriera, que sacara a mi cuñadita de ese lugar. Le dije a mi novia de lo de su hermanita. Corrimos en vez de llamar a la policía. Sólo pensamos en rescatar a la niña. Nos metimos armando un alboroto y los cachamos. Idiotas. Qué idiotas fuimos. Nos agarraron. Nos llevaron al lago que ya estaba seco. La violaron frente a mí, y la grabaron para su mugrosa audiencia, parece que no sólo les interesaban niñas menores de edad. La enterraron viva frente a mí… en el lago que estaba seco. Yo me desangré tras las puñaladas. Muy poca sangre me quedó en las venas. Pero vi la luz de la luna. Sentí que flotaba. Era un murciélago. Y todas estas imágenes estaban en mi cabeza. Volé a mi casa. Mis padres se horrorizaron, pero me mantuvieron escondido. Y entonces necesitaba olvidar. Saber otras cosas para olvidar. La biblioteca. Ahí habría más libros que en mi casa para olvidar todo esto. Pero todo tiene que ver, todo siempre me devolvía a mi historia.

Nuestro encuentro terminó. La bibliotecaria siguió trabajando ahí. La siguiente administración no le subió el sueldo, pero, al menos, la maldición se fue luego de que matamos al vampiro. Fue así como todos recobraron entre sueños sus propias narrativas. No lo matamos directamente. Le ofrecimos descanso y paz mental mediante la bala que le metí al puerco de Gutierrez en la cabeza y los informes que difundí en internet y, claro, rescatando a Maira de ese lugar.

No supe más de aquel estado en donde viví mucho tiempo. Mi madre y yo escapamos del país, y luego yo abandoné a mi madre. Lo último que supe es que, gracias a que liberamos a su hermana, el extraño lago se fue secando y, por fin, pudieron desenterrar el cuerpo de Carina Alondra Martinez. Dicen que el cuerpo se mantenía en buen estado, como si hubiera muerto el día anterior de ser encontrada. Sólo su cara era un desastre, pues sus ojos estaban rojos e hinchados, así como a uno se le ponen luego de llorar a mares.

MDNMDN